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Acuerdo sobre aranceles entre Estados Unidos y la Unión Europea

El domingo Estados Unidos y la Unión Europea llegaron a un acuerdo sobre aranceles que, más bien, parece un anuncio publicitario destinado a generar titulares para los medios de comunicación.

Es la clásica estrategia de Washington: centrarse primero en el espectáculo y posponer los riesgos para el futuro.

El comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, asegura que se ha alejado el fantasma de la guerra comercial, lo mismo que algunos medios, como Financial Times o Associated Press).

Lo cierto es que este acuerdo es parte integrante de la guerra comercial, que empieza ahora.

El acuerdo ha sorprendido a los medios de comunicación europeos, que se han pronunciado en contra. Esperaban mucho más contra Trump y no ocultan su decepción. Ha sido una auténtica bajada de pantalones.

La explicación de la sumisión europea a Estados Unidos es un trueque: Europa paga todas las facturas a cambio de que Estados Unidos vuelva a la política de apoyo a Ucrania y enfrentamiento con Rusia.

La discordia dentro de la Unión Europea está  servida porque las negociaciones han estado dirigidas por los intereses alemanes, que eran lo más necesitados de un acuerdo, ya que son una potencia exportadora.

Habría que escuchar lo que tienen que decir empresas como la finlandesa Nokia o la siderúrgica sueca SSAB. El primer ministro francés, François Bayrou, dice que el acuerdo demuestra la “sumisión” de Europa a Estados Unidos.

El acuerdo es un golpe de realismo. El atlantismo, el viejo contubernio entre Estados y Europa, se acabará resintiendo. Finalmente, los 27 países de la Unión Europea se han dado cuenta de que no pueden arrastrar a Estados Unidos a su terreno y se han visto obligados a firmar un acuerdo que no pueden digerir.

La Unión Europea no es una potencia económica capaz de plantar cara a países como Estados Unidos o China. Durante mucho tiempo se ha presentado como una superpotencia exportadora y defensora del libre comercio, pero no tiene los medios para defender ninguna de ambas cosas.

Los aranceles han pasado del 1,5 al 15 por cien, el mismo que para Japón. Para Reino Unidos el arancel básico es del 10 por cien, bastante mejor que el del resto del Continente.

La Unión Europea hace todas las concesiones y Estado Unidos hace muy pocas, por no decir ninguna. Para que Estados Unidos firme Europa se ha comprometido a comprar 750.000 millones de dólares en energía y 600.000 millones de dólares en inversión en la economía estadounidense. En otras palabras, lo mismo que Japón, Estados Unidos quiere que los demás países del mundo paguen sus deudas, como ya hemos dicho en varias ocasiones.

Ahora bien, las promesas de la Unión Europea de comprar energía e invertir no son vinculantes, es decir, son compromisos de futuro sin fuerza legal. Habrá que estar a la evolución de los acontecimientos.

Estados Unidos aún se enfrenta a aranceles del 50 por cien sobre materias primas industriales importantes como el acero, el aluminio y el cobre de la Unión Europea, materiales esenciales para la construcción, la defensa y la industria estadounidenses.

Una de las primeras víctimas: Irlanda

Irlanda es una de las primeras víctimas del acuerdo entre Washington y Bruselas. La economía irlandesa depende en buena medida de las multinacionales estadounidenses farmacéuticas (Pfizer, Eli Lilly y Johnson), atraídas por un país que es casi un paraíso fical dentro de la Unión Europea.

También hay otros monoplios estadounidenses afectados, como Apple, Google y Meta/Facebook.

Durante décadas, los ingresos públicos han encadenado importantes superávits presupuestarios para Irlanda.

Irlanda ha mantenido un enorme crecimiento económico desde la década de los noventa, gracias a la introducción de niveles particularmente bajos de impuestos a las empresas que llegaron a establecerse en el país.

Los grandes laboratorios, especialmente en Estados Unidos, albergan ciertas patentes en el país para pagar menos impuestos, que se alimenta de ingresos fiscales.

La economía irlandesa depende en gran medida de las empresas estadounidenses, tanto farmacéuticas, como tecnológicas o financieros.

El año pasado la farmacia representó casi la mitad de las exportaciones irlandesas, 100.000 millones de euros, de los cuales cerca del 40 por cien corresponden a Estados Unidos. Emplea directamente a unos 50.000 trabajadores.

Una gran proporción de medicamentos fabricados en Irlanda son marcas de los que el país es a veces el único productor, como Botox o Viagra, productos que proporcionan grandes márgenes de beneficios.

La economía irlandesa también depende de los grandes gigantes tecnológicos, que también se sienten atraídos por las ventajas fiscales. Han hecho de Irlanda su sede europea y transferidos parte de sus derechos de propiedad intelectual.

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Un tribunal neerlandés levanta el embargo sobre las propiedades de Gazprom

Un tribunal de La Haya ha levantado la orden de embargo de los activos de Gazprom en Países Bajos, poniendo fin a la medida de seguridad anterior impuesta debido a las reclamaciones de dos empresas ucranianas, Slavutich-Invest y Zhniva, solicitando indemnización por pérdidas vinculadas a las acciones de Rusia en Ucrania.

Los activos secuestrados fueron las acciones de Gazprom en los productores de gas Wintershall Noordzee y Gazprom International Projects B.V.

El tribunal neerlandés dictamina que la incautación de los activos públicos rusos viola el principio de inmunidad del Estado, que en virtud del derecho internacional impide a los tribunales de cualquier país juzgar las acciones de un Estado extranjero o de sus entidades, como Gazprom. La incautación ha quedado anulada, lo mismo que el decomiso.

Es un aviso para navegantes. Los embargos impuestos por la Unión Europea al Banco Central de Rusia y otras empresas públicas son un expolio. Si los euoropeos quieren alcanzar la paz en Ucrania, no sólo tendrán que enviar a negociar a Zelensky. También ellos están obligados a devolver las propiedades rusas que han robado desde 2022 en un acto sin precedentes desde los tiempos de la piratería.

Lo mismo que las sanciones económicas, el embargo ha supuesto un sonoro fracaso, ya que las frases altisonantes de los ministros europeos de “aplastar” a Rusia, tanto económica como militarmente.

Por lo demás, el embargo de los bienes públicos de Rusia es, en sí mismo, un acto de guerra, es decir, que el actual choque militar en Europa oriental no sólo enfrenta a Ucrania con Rusia sino, además, a la Unión Europea con Rusia.

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Alemania y Reino Unido se mueven para sostener en pie a Ucrania

Los amigos suelen dar buenos consejos, pero no es el caso de Alemania y Reino Unido que a cada paso demuestran que su objetivo es sostener en pie a Ucrania, “cueste lo que cueste”. En la reunión del Grupo de Contacto celebrada el lunes, han prometido nuevos suministros militares. El grupo de contacto reúne a todos los países de la OTAN, más 20 escuderos suyos.

En la reunión participó por primera vez desde hace meses un alto dirigente estadounidense, Pete Hegseth, que está al frente del Pentágono. Esto confirma un giro importante en la política de la Casa Blanca, que ha vuelto a las amenazas conra Rusia.

Desde el comienzo de su segundo madato a finales de enero, Trump decidió no entregar más armas estadounidenses directamente a Ucrania, aunque la Cámara de Representantes votó recientemente por una amplia mayoría la continuación de la ayuda a Ucrania.

Lo de las reuniones de grupo de contacto es una forma de hablar porque hace tiempo que lo hacen por videoconferencia. El secretario de Defensa británico, John Healey, anunció, junto con su colega alemán, Boris Pistorius, el inminente suministro de nuevos sistemas de defensa aérea.

Los equipos los suministran las industrias militares británicas aunque las pagan los alemanes. El precio son 170 millones de euros. Respondiendo de una manera a la fecha límite de 50 días para que el Kremlin encuentre un acuerdo de paz con Kiev, Londres ha anunciado una campaña de 50 días para rearmar a Kiev.

El mismo lunes Berlín anunció que ultima un acuerdo con Estados Unidos para la entrega de las baterías antiaéreas Patriot a Kiev. Trump sorprendió a todo su mundo dando luz verde hace ocho días para entregar cinco o seis baterías Patriot… pagadas con dinero europeo.

Berlín, que ya ha donado tres de sus doce baterías Patriot a Ucrania, le proporcionaría dos de sus baterías restantes y comprará otras dos en Washington para sus propias necesidades. Kiev recibiría tres baterías más de varios países europeos, entre ellos Reino Unido y Noruega.

Francia no aparece entre los países que han logrado posibles países que aportan contingentes porque dice que está a la espera de aclaraciones sobre las modalidades de la operación. Desde la primavera del año pasado Francia se ha comprometido a entregar misiles antiaéreos Aster, el único en Europa capaz de interceptar misiles balísticos para las baterías SAMP P/T suministradas a Ucrania.

Pero las promesas pueden tardar mucho. El tiempo de fabricación de los misiles es del orden de 42 meses.

El viernes la Unión Europea aprobó el 18 paquete de sanciones contra Rusia, que es más amplio de lo habitual. En particular, el límite máximo del precio del petróleo ruso adquirido por los occidentales está previsto que sea un 15 por cien inferior al del mercado.

Los anuncios al término de la reunión del grupo de contacto ilustran la preponderancia de Londres y Berlín actualmente en el suministro de armas a Ucrania.

El lunes el ministro francés de Exteriores, Jean Noel Barrot, inició una visita de dos días para animar a Zelensky. Se reunió con él y a la vuelta confirmó que “las empresas francesas han decidido empezar a fabricar drones en Ucrania”.

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Unión Europea

Un tribunal belga bloquea los suministros de armas a Israel

El Tribunal de Primera Instancia de Bruselas se ha sumado a la campaña BDS y en respuesta a una petición de cuatro colectivos, ordenó el jueves el bloqueo inmediato de un contenedor con equipo militar en el puerto de Amberes con destino a Israel.

Además, ha ordenado al gobierno flamenco suspender todo tránsito de equipo militar hacia Israel. La orden judicial podría sentar un precedente en Bélgica y otros países.

El cargamento contenía rodamientos de rodillos cónicos destinado a la empresa de defensa israelí Ashot. Se trata de piezas necesarias para la fabricación de tanques y vehículos blindados. Iban a ser enviadas a la empresa de defensa israelí Ashot Ashkelon Industries. El cargamento en cuestión fue interceptado.

La organización Vredesactie emitió una alerta sobre la presencia de un contenedor con equipo militar con destino a Israel, incluyendo rodamientos de rodillos cónicos, en el puerto de Amberes.

Cuatro colectivos, entre ellos la Liga de Derechos Humanos e Intal, decidieron llevar el caso ante los tribunales. Los demandantes denunciaron la falta de rigor en el control de los cargamentos que transita por el puerto de Amberes.

El jueves de la semana pasada el tribunal falló a favor de los cuatro colectivos. En primer lugar, decretó que la carga no debe salir del puerto bajo ninguna circunstancia. El tribunal también ordenó al gobierno flamenco detener todo tránsito a Israel de mercancías “relacionadas con la defensa y otros equipos de uso militar para los que no existe certeza material de que estén destinados exclusivamente a uso civil”.

Según el diario flamenco De Morgen, no se solicitó ninguna autorización para el envío de este equipo a Israel. Si Flandes autoriza el tránsito de estos materiales, constituye una violación de la legislación flamenca contra el tráfico de armas. También constituye una violación del derecho internacional humanitario.

Según los tribunales, el incumplimiento de la orden judicial conllevará una sanción severa. El tribunal anunció una multa de 50.000 euros por cada infracción.

La resolución pone en aprietos al gobierno flamenco, que hasta ahora se ha mostrado negligente, incluso complaciente, con sus exportaciones de productos de doble uso. Plantea dudas sobre la transparencia del flujo de armas y la responsabilidad de los Estados europeos en guerras de exterminio, como la de Gaza.

La orden podría sentar un precedente en Bélgica y otros países. Los tribunales belgas podrían obligar a los gobiernos a revisar sus procedimientos de control de las exportaciones. Queda por ver si esta decisión belga se implementará a largo plazo y, aún más importante, si inspirará a otros países europeos.

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El hundimiento económico de Francia arrastrará consigo a los demás países europeos

La situación económica de Francia es desesperada. Con un déficit público del 6,3 por cien del PIB el año pasado, es el país de la eurozona con el mayor agujero, muy por delante de Italia (2,3 por cien) o incluso de Grecia, que ahora registra superávit.

La gran pregunta es hasta qué punto el hundimiento de Francia arrastrará consigo a los demás países europeos.

Ninguna campaña de rearme ni de histeria antirrusa va a lograr encubrir la quiebra. El gobierno tiene que sacar la tijera no sólo para las armas, sino también para pagar la gigantesca deuda. La crisis exige trabajar más y cobrar menos y, sobre todo, una buena campaña de intoxicación para que los franceses lo acepten sin barricadas, con buen talante.

Algunos hablan ya de prolongar la jornada laboral, acabar con los días de fiesta y las vacaciones. Para Amelie de Montchalin, ministra de Contabilidad Pública, trabajar más eliminando los días festivos “es una especie de pacto colectivo”.

El periódico Le Monde pide una “movilización general de los franceses” para ahorrar de 43.800 millones de euros en el presupuesto de 2026. Pero las cifras no cuadran: cada segundo la deuda aumenta en 5.000 euros.

Las demás medidas son harto frecuentes: subidas de impuestos, aumento de tarifas, recortes de las pensiones y de las prestaciones sociales, sanitarias, educativas, vivienda, transporte… Las consecuencias son obvias: los jubilados, que hasta ahora apoyaban a Macron, piensan en votar a la “extrema derecha”, indican los sondeos.

“Francia está entre la espada y la pared”, confiesa Sophie Primas, portavoz del gobierno. El primer ministro, François Bayrou, compara la situación de Francia con la de Grecia en 2008, con la diferencia de que la Unión Europea no puede asumir la deuda de Francia, por su tamaño.

Los capitalistas franceses no tienen mucho donde recortar. Los índices de pobreza ya son muy altos, los más elevados en treinta años.

Si queda algún dinero público, irá a parar a las empresas de armamento. En plenas políticas de austeridad, Macron ha anunciado un gasto militar adicional de 6.500 millones de euros. Al Presidente francés le acusan de preocuparse más por Ucrania que por su propio país.

Los recortes presupuestarios pasarán por encima del Parlamento y de los debates públicos. El primer ministro va a recurrir a una disposición constitucional para aprobarlos por decreto y es probable que eso desate una moción de censura contra el gobierno.

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El desmantelamiento de la fábrica de armas franco-alemana KNDS

Anunciada en 2014, la fusión entre la empresa francesa Nexter Systems y la alemana Krauss-Maffei Wegmann dio lugar a la creación de un holding, llamado KNDS, propiedad a partes iguales del gobierno francés y la familia Bode-Wegmann. Su capital es híbrido, ya que combina intereses privados y públicos.

En marzo, Reuters informó que KNDS estaba considerando una OPV para capitalizar el entusiasmo de los inversores por las acciones vinculadas a la industria armamentística.

La familia Bode-Wegmann, propietaria de KNDS Deutschland (anteriormente Krauss-Maffei Wegmann), pretende vender parte de su participación del 50por cien en KNDS. Sin embargo, para lograrlo, tiene dos opciones: una oferta pública de venta de las acciones o la compra de sus acciones por uno o más terceros. En cualquier caso, esto solo puede tener consecuencias para KNDS Francia. Dado que la paridad entre los accionistas franceses y alemanes debe respetarse escrupulosamente, para que una oferta pública de venta de acciones sea posible, ambos accionistas de KDNS tendrían que acordar vender el mismo porcentaje de capital que poseen.

Sin embargo, según la prensa alemana, la familia Bode-Wegmann desea desprenderse del 12,5 por cien. Esto significa que París tendría que hacer lo mismo. Dado que KNDS está valorada en 20.000 millones de euros, el gobierno francés podría estar dispuesto a aceptar dicha transacción, especialmente porque generaría 2.500 millones de euros.

Por su parte, el periódico Börsen Zeitung informa que su homólogo alemán está considerando una participación minoritaria de bloqueo del 25,1 por cien de la familia Bode-Wegmann.

En cualquier caso, una oferta pública de venta de acciones de KNDS sin duda interesará a Rheinmetall, con sus sólidas ventas y una cartera de pedidos valorada en más de 55.000 millones de euros. “Si KNDS sale a bolsa y surge una oportunidad para hacer algo, la aprovecharemos”, ha dicho Armin Papperger, su director, a pesar de que en 2018 el holding con sede en Düsseldorf se había fijado como objetivo a largo plazo la adquisición de una participación mayoritaria en KNDS.

Si se descarta la posibilidad de una oferta pública de venta de acciones, Rheinmetall podría lograr parcialmente sus objetivos adquiriendo el capital que la familia Bode-Wegmann pretende vender. Otros actores están en la contienda, incluyendo fondos de gestión patrimonial y empresas alemanas especulativas.

No obstante, Bloomberg plantea una tercera posibilidad. Si las dos primeras no se materializan, la familia Bode-Wegmann podría desmantelar KNDS para eludir las normas establecidas cuando se creó el holding. Franceses y alemanes se llevarían cada uno su parte y el proyecto MGCS (Sistema Principal de Combate Terrestre) podría verse afectado.

“Esta opción se considera actualmente solo una solución de reserva. Sin embargo, podría ser apoyada por algunos parlamentarios y sindicalistas alemanes”, dice Bloomberg.

El asunto se abordará durante la reunión entre Macron y Merz, programada para el miércoles de la semana que viene. También se espera que se trate el tema de la dirección del FCAS, el Futuro Sistema Aéreo de Combate, que no parece tener mucho futuro precisamente, como ya hemos anunciado.

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Varios países europeos se niegan a financiar los envíos de armas estadounidenses a Ucrania

Varios Estados miembros de la Unión Europea, como Francia, Italia, Hungría y la República Checa, se han negado a financiar los envíos de armas estadounidenses a Ucrania.

La negativa de Francia se debe a que Macron quiere vender sus propias armas y no las de Estados Unidos. Los europeos deberían fortalecer sus propias industrias de defensa priorizando las compras de proximidad. De esa manera a Francia siempre le tocará una parte del pastel.

El gobierno francés no tiene un céntimo y lucha por reducir su déficit presupuestario. Ayer el primer ministro, François Bayrou, anunció un ajuste presupuestario de 43.800 millones de euros para 2026, con el objetivo de reducir el déficit público del 5,4 al 4,6 por cien del PIB, en un contexto de una deuda de 3,35 billones de euros, el 114 por cien del PIB.

Este plan combina recortes en gasto social, sanitario y empleo público con un aumento significativo del presupuesto militar, que incluye incrementos de 3.500 millones en 2026 y 3.000 millones en 2027, dentro de una proyección de 67.000 millones para 2030.

La negativa de varios países europeos a financiar los envíos de armas estadounidenses a Ucrania es consecuencia de la quiebra económica y del deseo de favorecer a las industrias de proximidad por encima de los proveedores estadounidenses.

La retirada de la República Checa de una nueva iniciativa de ayuda a Ucrania es política. El primer ministro checo, Petr Fiala, que es el jefe de gobierno más impopular de Europa, ha sufrido por su política decididamente proucraniana. Con las elecciones parlamentarias a la vuelta de la esquina a principios de octubre y ante una probable derrota de su coalición, Fiala ha optado por distanciarse de su apoyo a Zelensky.

La carga financiera que supone la adquisición de nuevas armas estadounidenses también es un factor importante. Además de Francia, muchos países europeos simplemente carecen de los recursos necesarios para pagar las compras.

Alemania, por su parte, sigue jugando la carta del militarismo, como en el siglo pasado. Quiere ser el motor de la coordinación del apoyo europeo al ejército ucraniano.

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Los capitalistas italianos están alarmados por los efectos devastadores de los aranceles estadounidenses

Italia, uno de los principales países exportadores de la Unión Europea, teme las consecuencias de un recargo aduanero del 30 por cien que penalizaría seriamente a muchos sectores de su economía, como la industria agroalimentaria o la farmacéutica.

No son sólo los aranceles. Hay que tener en cuenta la devaluación del dólar entre el 12 y el 14 por cien, lo que es aún más perjudicial para las exportaciones italianas.

Meloni ha pasado rápidamente del optimismo por el crecimiento italiano, al miedo a la recesión. Un recargo aduanero del 30 por cien provocará una caída de las exportaciones del 20 pr cien, es decir, 12.500 millones de euros, con una pérdida de más de 150.000 puestos de trabajo, más una reducción del PIB del 0,5 por cien.

Los capitalistas italianos rezan para que todo sea un farol de Trump. “En el contexto actual, no tendría sentido desencadenar una guerra comercial entre las dos orillas del Atlántico”, dice Meloni en un informe oficial. “Tenemos confianza en la buena voluntad de todos para llegar a un acuerdo justo que pueda fortalecer a Occidente en su conjunto”, añade el documento.

Los exportadores hablan de “abrir nuevos mercados” y piensan en Mercosur.

Los sectores más afectados serán los mecánicos con exportaciones por valor de casi 15.000 millones de euros el año pasado, la moda (unos 2.000 millones de euros), la industria farmacéutica (más de 10.000 millones de euros), pero sobre todo el sector agroalimentario. Es una declaración de guerra económica, dijo Stefano Berni, director del consorcio de protección del queso parmesano.

Este queso se convertirá en un producto de lujo con un kilogramo de Grana Padano, cuyo precio superará los 50 dólares.

Un recargo aduanero del 30 por cien significa un cuasi-embargo sobre el 80 por cien del vino italiano. El sector vitivinícola transalpino exporta el 24 por cien de su producción a Estados Unidos, con una participación que se eleva al 50 por cien para las pequeñas y medianas empresas. “Nos arriesgamos a la desertificación industrial con la desaparición de las exportaciones a Estados Unidos, que es nuestro segundo mercado”, dijo Claudio Feltrin, presidente de la patronal.

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La formación de un nuevo complejo militar industrial en Europa

La política europea de rearme exige disponer de un complejo militar-industrial, que ahora no existe por la desindustrialización de la década de los ochenta del siglo pasado. Alemania lo está creando a marchas forzadas y a golpe de subvenciones públicas, a pesar de que  durante mucho tiempo en Berlín han sido reticentes a adoptar una política industrial pública, el modelo típico de Francia, y a aumentar el déficit.

El complejo militar-industrial debe ser integrado, es decir, compuesto por industrias militares tanto como civiles. Los fabricantes europeos de armas tienen que recurrir a empresas civiles porque la Guerra de Ucrania ha demostrado que no basta con fabricar armas, como en tiempos de paz: hay que hacerlo en masa y para ello se necesita mano de obra cualificada, capaz de producir en cadena.

El verano pasado el proveedor de automoción Continental AG anunció un acuerdo con Rheinmetall, un gigante armamentístico alemán cuya cartera de pedidos se ha disparado desde el estallido de la Guerra de Ucrania y la política alemana de rearme. Tras este acuerdo, Rheinmetall ha contratado a trabajadores cualificados de Continental AG, cuya planta, afectada por la crisis del sector automovilístico alemán y amenazada de cierre, fue captada por Rheinmetall.

El proveedor automotriz está en conversaciones con Hensoldt, un fabricante de los radares que utiliza el ejército ucraniano. El objetivo es el mismo: aprovechar el hundimiento del sector automotriz para negociar la contratación de varios cientos de trabajadores cualificados.

Además de los trabajadores cualificados, Rheinmetall también se quiere apoderar de las fábricas. El grupo anunció recientemente su intención de adquirir la planta de Osnabrück, una fábrica cerrada por Volkswagen, que el monopolio quiere reconvertir. Rheinmetall espera utilizarla para producir vehículos militares.

El grupo armamentista alemán no es el único que se está apoderando de la industria civil. A principios de este año, KNDS adquirió una antigua planta ferroviaria de Alstom en Görlitz, que el grupo tenía previsto cerrar para marzo de 2026. KNDS planea ensamblar allí el tanque de batalla principal Leopard 2 y el vehículo de combate de infantería Puma.

Paralelamente algunos monopolios industriales civiles que buscan diversificar sus fuentes de beneficios tienen la mira puesta en la industria de defensa. Es el caso de Volkswagen, recientemente ha confesado su intención de producir equipo militar. La producción se centrará especialmente en vehículos comerciales, transportes y automóviles individuales susceptibles de ser adaptados para uso militar.

El Ministerio francés del ejército ha contratado a Renault para trabajar en la producción de una fábrica de drones en Ucrania y la empresa alemana Daimler Trucks ha firmado una alianza estratégica con Arquus, fabricante francés de vehículos blindados ligeros.

Acelerar los ritmos de producción

Los fabricantes civiles tienen que aportar una importante experiencia a los militares: la producción en masa. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, los países europeos han comenzado a readaptar sus fábricas a la producción en masa para reponer rápidamente los inventarios, históricamente bajos, ya que la necesidad había desaparecido desde el final de la Guerra Fría. La capacidad industrial operaba a un ritmo lento, justo lo suficiente para garantizar lo mínimo indispensable.

Un fabricante de armas es capaz de producir 500 vehículos, mientras que su homólogo civil produce millones. Para ciertos equipos militares, la capacidad de producir grandes cantidades y simplificar los procesos de producción también implica saber comprar materias primas a granel.

Rheinmetall ha visto aumentar su cartera de pedidos un 45 por cien, de 38.000 millones de euros en 2023 a 55.000 millones de euros el año pasado. Ahora va a recibir 40.000 millones de euros en nuevos pedidos.

Lo mismo ocurre en MDBA, el fabricante europeo de misiles, cuya cartera de pedidos nunca ha estado tan abarrotada (37.000 millones de euros) ni ha tenido ingresos tan elevados (4.900 millones de euros el año pasado).

Esto exige una producción a niveles sin precedentes, una tarea abrumadora para una industria acostumbrada a unos ritmos de producción mucho más lentos. El año pasado el ministro francés del Ejército, Sebastien Lecornu, denunció una producción de armas excesivamente lenta, que se debía a la costumbre de operar “justo a tiempo” y a la falta de suficientes reservas de materias primas y componentes.

La necesidad de reclutar mano de obra cualificada

Después de décadas de desindustrialización, Europa carece de trabajadores cualificados para satisfacer las necesidades de la industria de guerra. Solo Francia necesita 100.000 científicos y técnicos.

El grupo siderúrgico alemán ThyssenKrupp busca 1.500 trabajadores para sus astilleros de Wismar, en el norte de Alemania, donde se fabrican barcos y submarinos. Rheinmetall, por su parte, planea aumentar su plantilla en un 29 por cien para 2028, lo que suponen 9.000 trabajadores adicionales, principalmente ingenieros, técnicos y obreros cualificados.

A los fabricantes de armamento les atraen especialmente los sistemas autónomos, la inteligencia artificial y la conectividad.

De momento las empresas europeas no han podido responder a las expectativas. Desde el estallido de la guerra en Ucrania, el 78 por cien del gasto militar europeo ha beneficiado a otros países. Estados Unidos por sí solo se ha llevado el 63 por cien del pastel.

Alemania tiene otro problema adicional: el coste de la energía. Por eso va a destinar 4.000 millones de euros en subvenciones a sus industrias pesadas para ayudarlas a afrontar el aumento de los costes energéticos.

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La Unión Europea quiere formar un frente común contra los aranceles de Estados Unidos

En plena negociación con Estados Unidos, Bruselas prepara diversas respuestas a los aumentos arancelarios estadounidenses. Entre las opciones que se barajan, la Unión Europea podría formar un frente común con Canadá y Japón, también importantes socios comerciales de Estados Unidos.

La decisión de Trump, anunciada en una carta publicada el sábado, ha generado un clima de tensión, mientras las negociaciones comerciales entre Bruselas y Washington continúan.

Esta semana, la comisaria europea de Competencia, Teresa Ribera, viaja a India para profundizar las relaciones con los nuevos acuerdos comerciales y tiene previsto realizar otras paradas en países de la región Asia-Pacífico.

“Necesitamos explorar con otros países hasta dónde podemos llegar en la región del Pacífico”, declaró la comisaria desde Pekín.

En principio el plan parece ser fortalecer el comercio entre los diferentes bloques comerciales castigados por los aranceles de Estados Unidos.

La Unión Europea aún confía en llegar a un acuerdo con Estados Unidos tras las renovadas amenazas de Trump de imponer aranceles del 30 por cien el 1 de agosto, pero la paciencia se agota. “Tengo la intención de volver a hablar con mis homólogos estadounidenses más tarde hoy, ya que no puedo imaginar dejar las cosas como están sin un esfuerzo real”, declaró el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic.

Sin embargo, añadió, “debemos prepararnos para cualquier eventualidad, incluyendo, de ser necesario, contramedidas proporcionadas y bien calibradas para restablecer el equilibrio en nuestra relación transatlántica”.

“La incertidumbre actual causada por aranceles aduaneros injustificados no puede continuar indefinidamente”, apuntó Maros Sefcovic.

Bruselas tiene que cambiar el planteamiento

“Obviamente, la situación desde el sábado debe llevarnos a cambiar nuestro planteamiento”, dijo el ministro francés de Comercio Exterior, Laurent Saint-Martin, en Bruselas el lunes, antes de una reunión de ministros de la Unión Europea. No debe haber “ningún tabú”, insistió, incluso anunciando las primeras represalias.

“Queremos un acuerdo, pero hay un viejo dicho: ‘Si quieres la paz, debes prepararte para la guerra’”, declaró el ministro danés de Asuntos Exteriores, Lars Lokke Rasmussen.

Ursula von der Leyen, que negocia en nombre de los Estados miembros de la Unión Europea, ha optado por esperar por el momento, presionada especialmente por países como Alemania, cuyas ventas a Estados Unidos representan la mayor parte de las exportaciones totales de la Unión Europea.

El domingo anunció que por el momento la Unión Europea no tomaría represalias contra los aranceles estadounidenses al acero y al aluminio, con la esperanza de alcanzar un acuerdo. “Siempre hemos sido muy claros en nuestra preferencia por una solución negociada. Sigue siendo así, y aprovecharemos el tiempo que tenemos hasta el 1 de agosto”, declaró Ursula von der Leyen.

Sin embargo, Bruselas ha preparado un paquete de medidas de represalia adicionales, que podrían implementarse si Estados Unidos opta por aranceles del 30 por cien a las importaciones procedentes de la Unión Europea.

Represalias por valor de 100.000 millones de euros

La Unión Europea ya amenazó en mayo con imponer aranceles a las mercancías estadounidenses por un valor aproximado de 100.000 millones de euros, incluyendo automóviles y aviones, si las negociaciones fracasaban, a pesar de que un diplomático sugirió que la lista final se había reducido a 72 000 millones de euros.

Los países europeos intentan mantenerse unidos en este asunto, aunque sus economías no están igualmente expuestas a las subidas arancelaria de Estados Unidos.

El sábado Macron instó a la Comisión Europea a “defender resueltamente los intereses europeos” y “acelerar la preparación de contramedidas creíbles”. Por su parte, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, advirtió el domingo sobre la posibilidad de una “guerra comercial” en Occidente.

“Europa tiene el poder económico y financiero para afirmar su posición y alcanzar un acuerdo justo y sensato. Italia hará su parte. Como siempre”, declaró en un comunicado.