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Categoría: Unión Europea (página 16 de 23)

Falsificar la contabilidad para financiar el rearme europeo

Atendiendo a la cuantía de los gastos militares, la Unión Europea es una potencia militar mundial. Los presupuestos militares europeos son muy elevados. Sumados, en 2023 los 27 Estados miembros gastaron casi 300.000 millones de dólares. Es el tercer mayor presupuesto militar del mundo después de Estados Unidos (900.000 millones de dólares) y China (algo más de 300.000 millones de dólares). Los tres marchan muy por delante de Rusia, que gasta 126.000 millones de dólares en sus ejércitos.

Los gigantescos gastos militares que consumen los países europeos no sirven para nada y aumentarlos supone aumentar el despilfarro actual. Un ejército necesita un mando militar unificado y una dirección política coherente que Europa no tiene. Hasta ahora los intentos de lograrlo, que datan de los años cincuenta del siglo pasado, siempre han fracasado y nada hace pensar que ahora vayan a tener éxito.

En 1992 el Tratado de Maastricht inició una política común de defensa, reforzada por la Declaración de Saint Malo en 1998 y la creación de la PESD (Política Europea de Seguridad y Defensa) en 1999.

En 2004 el Tratado de Lisboa crea la AED (la Agencia Europea de Defensa) y la PESD se transforma en PCSD (Política Común de Seguridad y Defensa).

En 2017 el discurso de Jean Claude Juncker, durante su presidencia de la Comisión Europea, insistió en la importancia de mejorar la eficacia del gasto en defensa en Europa.

Las iniciativas europeas, como la brújula estratégica, y la Revisión Estratégica de la OTAN de 2021 trataron de delimitar las funciones de la OTAN y de la Unión Europea ante el rearme y la guerra.

Las triquiñuelas contables de Ursula

Ursula von der Layen quiere elevar el gasto militar de la Unión Europea a 800.000 millones de dólares, lo cual es imposible. Ni siquiera puede alcanzar la mitad de esa cifra.

El rearme ha puesto a la Unión Europea ante sus propias contradicciones internas. Como se vio durante la crisis económica de Grecia de 2009, durante décadas Bruselas ha impuesto una montaña de reglas muy estrictas que llaman de “consolidación fiscal”. Su objetivo es aflorar los déficits ocultos de los países miembros para reducirlos.

Ahora todo eso lo quieren tirar por la borda para financiar el rearme con deuda pública y ocultar el déficit. Se trataría de lograr dos cosas a la vez: gastar en armas sin límites de ningún tipo y, a la vez, disimular el despilfarro real y que el déficit no se note demasiado.

Von der Leyen ha propuesto una primera triquiñuela propia de contables poco escrupulosos, que en las oficinas de Bruselas llaman “cláusula general de salvaguardia”. Pero como muy bien sabe la Presidenta de la Comisión Europea, es una solución puramente temporal y ella quiere algo definitivo que les permita gastar en armas sin ningún tipo de cortapisas contables.

Otra triquiñuela es una malversación de fondos apenas disimulada: financiar una parte del gasto militar desviando los fondos Next Generation, aunque el importe es pequeño y se extiende sólo hasta el año que viene.

Tampoco es una solución definitiva, pero serviría para acostumbrar a los europeos al déficit y al despilfarro poco a poco.

La Unión Europea también podría establecer un nuevo programa europeo destinado a la financiación del militarismo y la guerra. Sin embargo, la emisión de deuda de la Unión Europea en el marco de un nuevo programa exige que los Estados miembros aporten más dinero a la hucha de Bruselas para evitar que la deuda europea se degrade.

Es muy complicado y en una campaña electoral cualquier aumento del gasto suena muy mal, sobre todo si está destinado a Bruselas. Además, algunos países indigentes, como España, no están acostumbrados a poner dinero en Europa, sino a llevárselo.

El Bundesbank también quiere falsificar la deuda para impulsar el rearme

En Alemania la “consolidación fiscal” es una norma consagrada en la Constitución para poner freno al endeudamiento público. De ahí pasó luego a la contabilidad europea. La norma limita el déficit presupuestario al 0,35 por cien del Producto Interior Bruto (PIB).

Pues bien, el martes el Bundesbank propuso una reforma de la norma que podría proporcionar al gobierno hasta 220.000 millones de euros en liquidez adicional para la guerra durante la próxima década.

Al igual que otros países de la Unión Europea, Alemania quiere aumentar los gastos militares, sobre todo después de que Estados Unidos haya suspendido la ayuda militar a Ucrania. Para ello el nuevo gobierno tendrá que “relajar las normas fiscales”, un eufemismo que hace referencia al endeudamiento y a la falsificación contable de la misma.

El Bundesbank propone aumentar el margen de maniobra del Estado para endeudarse hasta un máximo del 1,4 por cien del PIB, siempre que la deuda sea inferior al 60 por cien del PIB, con 0,9 puntos porcentuales de la inversión total gastada.

Si la deuda supera el 60 por cien del PIB, la capacidad de endeudamiento se limitaría al 0,9 por cien, que se gastaría íntegramente en inversiones. Si la proporción de deuda es inferior al 60 por cien, la capacidad de deuda aumenta para 2030 en un monto acumulado de 220.000 millones de euros en comparación con las normas actuales.

Si las previsiones de deuda superan el 60 por cien del PIB, la cifra alcanzaría 100.000 millones de euros en 2030.

La deuda bruta de Alemania se sitúa actualmente en torno al 62 por cien del PIB y ahora tiende a bajar. Es un porcentaje relativamente bajo en comparación con las economías más grandes del mundo.

Las cifras del Bundesbank indican que su pronóstico es que la deuda siga cayendo por debajo del 60 por cien, lo cual es un delirio total. En una época de recesión y rearme militar llegarán los grandes déficits, los aumentos de impuestos, las reducciones de salarios, las rebajas de las pensiones, los recortes de plantillas, los aumentos de impuestos… Lo mismo de siempre.

Una ‘coalición de voluntarios’ para instalar tropas en las mismas narices de Rusia

El domingo el primer ministro británico, Keir Starmer, inauguró en Londres otra “cumbre” dedicada al monotema del momento: la formación de una “coalición de voluntarios” para instalar a los ejércitos en las mismas narices de Rusia.

Como viene ocurriendo últimamente, no es posible clasificar esta “cumbre”, ni explicar qué organismo europeo la ha convocado, ni por qué acuden unos países europeos (Ucrania) y otros no (Hungría, Eslovaquia). Hasta donde sabemos, Reino Unido abandonó la Unión Europea en 2017. Canadá, que participó en la “cumbre”, nunca ha estado en Europa, la OTAN no dio señales de vida porque Estados Unidos no quiere saber nada de estos chanchullos…

¿Por qué estuvieron presentes Ursula von del Layen y Antonio Coscta si sólo se podían representar a sí mismos? No hay manera de saber qué criterio han seguido los convocantes del acto. Participaron 18 países para inventar un nuevo vocablo que los medios van a poder de moda, “coalición de voluntarios”, o sea, para situar tropas lo más cerca posible de Rusia, como dijo el polaco Donald Tusk.

La Guerra de Ucrania empezó para alejar a las tropas de las fronteras de Rusia y los participantes quieren repetir el mismo error, o sea, provocar otra guerra.

Reino Unido y Francia han ido más lejos que los demás en la provocación, pero quieren invitar a otros para que hagan lo mismo, dijo Starmer. Ante la jaulla de grillos, no les ha quedado otro remedio porque tienen prisa por poner tropas en Ucrania.

Pero el ejército británico no opina como Starmer y sabe que no puede desplegar 12.000 soldados en Ucrania. Los militares no están preparados para un despliegue de ese tipo en el extranjero. Las fuerzas armadas están en el momento más bajo de su historia.

Según la publicación británica The Independent, ahora mismo el ejército británico no podría desplegar más de 25 tanques para el combate.

Por eso la primera ministra italiana, la fascista Giorgia Meloni, quiere ayudar y se ha sumado al carro. Su homólogo polaco, Donald Tusk, también lo ha hecho, añadiendo que, además de Ucrania, habría que poner tropas también en… Finlandia lo que, como venimos insistiendo, rompe el tratado de paz firmado en 1945 con Rusia.

El jueves el Consejo Europeo celebrará una reunión extraordinaria para reincidir en la chapuuza: una nueva ayuda financiera masiva de varios cientos de miles de millones de euros a Ucrania para que la guerra no pare nunca.

Lo dicho: la Unión Europea se está conviertiendo en un bloque militar.

La Unión Europea destina 60 millones de euros a la defensa de Moldavia

Los países del este de Europa creen que la Unión Europea es la “nave nodriza”, cuya leche puede amamantarles permanentemente, aunque no formen parte de los Veintisiete, como Moldavia.

La presidenta de Moldavia, Maia Sandu, ha aprovechado muy bien las paranoias que circulan por los frenopáticos de Bruselas para conseguir un pellizco de 60 millones de euros. No es mucho, pero también Moldavia es pequeña.

En Chisinau han sabido explotar el incidente de la Casa Blanca entre Trump y Zelesnky durante una visita a la capital moldava, del presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa.

La “amenaza rusa” obra milagros, sobre todo en países, como Moldavia. Si tienen fronteras con Rusia son un tesoro y si las tienen con Ucrania, como Modavia, también.

Los 60 millones están destinados a financiar los gastos de defensa de este año, aunque la cantidad ni siquiera alcanza esa cifra porque Bruselas ya ha pagado 37 millones en virtud del llamado acuerdo del Mecanismo Europeo para la Paz (FEP) que, a pesar de su nombre, es un mecanismo de guerra.

Después de Ucrania, Moldavia es la segunda beneficiaria de ese tipo de fondos destinados a la “paz”.

La Unión Europea cada vez parece más un bloque militar que una mercadillo. Moldavia quiere unirse a los Veintisiete para 2030 y ha empezado estrechando lazos en el ámbito de las armas y las guerras.

Es un mal comienzo. El pasado mes de mayo, Moldavia firmó una asociación en materia de seguridad y defensa con la Unión Europea, convirtiéndose en el primer país en celebrar un acuerdo de este tipo con Bruselas.

Una muestra de las paranoias que están promoviendo en Europa son las declaraciones de Macron el domingo en una entrevista con un periódico francés: después de invadir Ucrania, Putin va a por Moldavia y tal vez más allá de Rumanía… si los europeos no logran frenarle.

El problema de Moldavia y de la Unión Europea es que los rusos no necesitan “invadir” nada porque su ejército ya está presente en Transnistria, la parte oriental del país, desde 1992.

El contingente militar ruso opera como “fuerza de mantenimiento de la paz” y su presencia se fundamenta en un acuerdo bilateral firmado con Moldavia tras el colapso de la URSS.

Por lo tanto, la cuestión no es que los rusos lleguen, sino que se vayan, para lo cual es necesario un segundo acuerdo entre Moldavia y Rusia.

En 1999, en la Cumbre de la OSCE en Estambul, Rusia se comprometió a retirar sus tropas y municiones de Transnistria, un proceso que nunca se ha completado.

Para firmar la retirada de tropas, el gobierno moldavo deberá esforzarse por mejorar sus infames relaciones con Moscú (y de rebote con el gobierno de Transnistria), algo que no hace porque todo su empeño va en la dirección contraria, lo cual ocurre por órdenes de Bruselas. Es el precio a pagar por ejercer de pelele.

En 2022 el gobierno de Chisinau condenó la invasión rusa a Ucrania y las relaciones entre Chisinau y Moscú se han deteriorado considerablemente.

El acuerdo entre ambos países de 1992 estableció una fuerza tripartita (Rusia, Moldavia y Transnistria) supervisada por una Comisión Conjunta de Control.

En Transnistria hay entre 1.000 y 1.500 soldados, de los cuales una parte son fuerzas moldavas y transnistrias. Además hay dos contingentes rusos: un grupo de mantenimiento de la paz y el Grupo Operativo de Fuerzas Rusas (OGRF), que custodia, entre otras cosas, el depósito de municiones de Cobasna.

El OGRF es una fuerza heredada del 14 Ejército soviético y no forma parte de la misión de paz.

¿Quién va a pagar el rearme europeo?

Esta entrada se podía haber titulado también “¿Cómo se va a pagar el rearme europeo”, pero con cualquier forma de pago, al final alguien debe rebuscar en su bolsillo.

También podíamos haber empezado por obviedades, tales como que el peso del rearme lo van a pagar los trabajadores, no sólo con reducciones de su salario real, sino con recortes de sus derechos.

O podíamos haber dicho que como los países europeos están arruinados, van a recurrir a aumentar la deuda pública, por lo que las generaciones futuras quedarán hipotecadas por los dispendios de las generaciones actuales.

En fin, para acabar con las lamentaciones habría que recordar que los europeos se han enfrentado por las deudas de guerra tanto como por las guerras mismas y que los nazis agitaron la bandera del Tratado de Versalles de 1919 y las reparaciones de guerra para hacerse con el control de Alemania.

Así que un siglo después Europa vuelve al mismo sitio de siempre, porque no basta sólo con que Ursula von der Layen ofrezca unas cifras astronómicas para el rearme, sino que también debería hablar de otros desembolsos fantásticos que están pendientes, como la transición energética o las inversiones en inteligencia artificial.

Pues bien, no hay dinero para nada de eso, ni siquiera eliminando todos los proyectos europeos delirantes para apostarlo todo al rearme, ni tampoco saqueando los fondos rusos depositados en los bancos europeos.

El 2 por cien del PIB que exige la OTAN es una cantidad ridícula, vista la experiencia de una “guerra de desagaste” como la de Ucrania. Europa no se acercaría a sus necesidades ni siquiera con el 8 por cien que ha destinado Rusia en plena guerra por una razón: porque va por dertás y la única manera de reducir la distancia sería gastar mucho más que Rusia.

A todo eso hay que sumar que Trump va a retirar al menos 20.000 soldados de Europa, va a entregar la base aérea de Ramstein y otras instalaciones miltares al ejército alemán. Al mismo tiempo la Armada de Estados Unidos abandonará la nueva base conjunta de la OTAN en Constanza, Rumania.

La actual presencia militar estadounidense en Europa es de 40.000 soldados, que deberían ser sustituidos por otras europeas.

El verdadero objetivo del rearme no es hacer frente a ninguna amenaza rusa. Lo mismo que en la Guerra Fría, el rearme es un fin en sí mismo. Europa quiere abrir una nueva línea de negocio que hasta ahora estaba monopolizada por terceros y el dispendio lo tiene que justificar blandiendo a todas horas la “amenaza rusa”.

En el momento de reducir los salarios y recortar los derechos sociales, el chivo expiatorio será el mismo: la culpa es de Putin.

El Tratado de Versalles

Firmado en 1919, el Tratado de Versalles puso fin oficialmente a la Primera Guerra Mundial declarando que Alemania y sus aliados eran responsables de la guerra y, en consecuencia, debían pagar los daños sufridos por los demás países como consecuencia de la guerra.

Los vencedores imponen sus condiciones a los vencidos porque su fuerza les permite redactar la historia. Entre ellas está el pago de indemnizaciones.

Ahora va a ocurrir lo mismo: Europa a tener que devolver el dinero robado a Rusia en 2022 y veremos si trata de imponer reparaciones, porque determinados organismos rusos ya han empezado a hablar de las víctimas civiles causadas por la guerra, remontándose a 2014 y la Guerra del Donbas.

Hace un siglo el Tratado de Versalles no estableció la cuantía exacta de las reparaciones, sino que se creó una comisión para fijarla, así como las formas de pagarla.

En 1921 la comisión determinó la cifra en una suma astronómica para la economía alemana de posguerra: 132.000 millones de marcos de oro, que Alemania debía pagar en cuotas anuales.

Las indemnizaciones no solo incluían dinero, sino también algo consustancial a la guerra, el botín de guerra, en forma de entregas en especie, como carbón, acero, maquinaria y barcos, así como la cesión de territorios y recursos. La región del Sarre y sus minas de carbón fueron puestas bajo control internacional durante 15 años.

Alemania no pudo cumplir con los pagos, lo que llevó a renegociaciones como el Plan Dawes (1924) y el Plan Young (1929).

Durante años las reparaciones generaron un enorme resentimiento social y político, contribuyendo al ascenso del nazismo en 1933.

La Guerra de Ucrania ha terminado aunque algunos europeos todavía no se han enterado

Los países occidentales han necesitado tres años de guerra en Ucrania para darse cuenta de que sus cálculos eran erróneos. Son ellos, y no sólo Ucrania, los que han perdido la guerra, a pesar del armamento, de los miles de millones invertidos y de las sanciones económicas.

Ucrania ha perdido 8 millones de habitantes, tiene un millón de soldados muertos, su territorio se ha reducido y su infraestructura y su economía han quedado arrasados.

En palabras del ministro francés Bruno LeMaire, la guerra pretendía “poner a Rusia de rodillas”, pero ha ocurrido todo lo contrario. Rusia ha ganado y la capitulación del gobierno de Kiev mostrará al mundo lo que quiere conseguir el Kremlin en Europa.

Con el respaldo de China e India, Rusia también ha salvado la ofensiva contra su economía.

En estos momentos Estados Unidos no se puede permitir un segundo Afganistán en el centro de Europa. El 24 de febrero dio la espalda a Europa política, diplomática y militarmente porque necesita cambiar de estrategia.

En Riad los negociadores de Washington y Moscú se reunieron sin la presencia de Ucrania, ni de ningún gobierno europeo, y en los escenarios internacionales cuando alguien no se sienta en la mesa es porque forma parte del menú.

Cuando se ha dado cuenta de que era comestible, Europa se ha empeñado en continuar la guerra y no acepta la negociación entre Rusia y Estados Unidos. Es una postura provisional que no interesa a nadie absolutamente.

Un ejemplo: la semana pasada la representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, viajó a Washington para reunirse con el secretario de Estado, Marco Rubio, que no la recibió. Mientras esperaba el vuelo de regreso, Kallas charló con varios senadores y congresistas para hacer tiempo.

No obstante, cuando algunos hablan de “Europa” es difícil adivinar a qué se refieren. Suena a lo mismo que cuando antes hablaban de la “comunidad internacional”. Si alguien es capaz de apoderarse del mundo, también será capaz de apoderarse de un continente.

En Europa hay casi tantas políticas diferentes como países, aunque hay algunos en Bruselas que tratan de acallar a los otros, que parecen menos europeos.

Los caciques de Bruselas tratan de aparentar que es Rusia quien amenaza a Europa porque no quieren acordarse de las palabras de Victoria Nuland en 2014: “¡Que se joda Europa!”.

Bélgica restablece el ‘servicio militar voluntario’

En noviembre el ministro belga de Defensa, Theo Francken, enviará una carta a los 120.000 jóvenes de 18 años que para cumplir un “servicio militar voluntario” (*).

El restablecimiento del “servicio militar voluntario” en Bélgica está incluido en el pacto de la actual coalición de gobierno.

El miércoles Francken explicó los detalles del proyecto, incluido el sueldo que pagarán a los jóvenes reclutas.

Es una de las más importantes medidas militaristas de la coalición. A fin de establecer una reserva de defensa territorial, el nuevo gobierno prevé el establecimiento de un “servicio militar voluntario” de 12 meses de duración. En principio, está destinado a jóvenes de entre 18 y 25 años de edad.

“Las personas de entre 18 y 25 años pueden venir a servir al país y servir al país durante 12 meses sin problemas y se pagará”, señaló el ministro. “El servicio se pagará a unos 2.000 euros netos al mes”.

“Creo que está bien pagado, pero tienen que trabajar por ello”, añadió Francken.

El servicio militar voluntario será “una aventura muy interesante. Dará disciplina y amigos. Realmente puedes ser militar. Y eso es magnífico”, dijo el ministro.

El objetivo es mililtarizar a la juventud, inocular el belicismo para que los reclutas se reenganchen. De esa manera el gobierno belga pretende aumentar el tamaño del ejército.

Los reclutas que acudan al llamamiento en noviembre serán invitados a participar en pruebas deportivas y sicológicas que comenzarán en septiembre del año que viene.

(*) https://www.rtl.be/actu/belgique/societe/bientot-un-service-militaire-volontaire-en-belgique-theo-francken-revele-le/2025-02-27/article/740725

La policía rumana detiene a un candidato a la presidencia

Rumanía es la gran vergüenza de la Unión Europea, que se ha abonado al golpismo. Primero anularon las elecciones de diciembre que había ganado Calin Georgescu porque era “prorruso” y hoy le han detenido para que no pueda presentarse a las nuevas elecciones, que se celebrarán en mayo.

Junto con otros 27, el candidato presidencial fue detenido por la policía e interrogado por el fiscal, acusado de financiación ilegal de la campaña electoral.

La policía realizó 47 registros en los domicilios de sus allegados. Posteriormente, el candidato publicó un mensaje anunciando su intención de postularse nuevamente a las elecciones presidenciales de mayo y 30 minutos después, el vehículo en el que viajaba fue detenido en una carretera y le detuvieron.

El montaje consiste en involucrar a Georgescu en un caso contra Horatiu Potra, instructor militar y guardaespaldas del candidato, al que acusan de declarar en falso sobre la financiación de la campaña electoral.

Los medios rumanos han comenzado una campaña intoxicadora para justificar este segundo pucherazo electoral. Afirman que Potra tiene vínculos con Moscú y que han encontrado armas, municiones y grandes sumas de dinero en posesión de Potra y otros aliados de Georgescu.

No es casualidad que hayan detenido al candidato precisamente cuando se disponía a formalizar los trámites para presentarse a las próximas elecciones.

Desde diciembre los tribunales rumanos no han avanzado en probar la injerencia de Rusia en las anteriores elecciones e incluso han aparecido documentos que refutan esas acusaciones.

Ante la ausencia de pruebas sobre la financiación rusa, Bucarest ha recurrido a las medidas más extremas. Ahora han abierto un segundo proceso contra Potra, a quien acusan de destruir el orden constitucional. En realidad, son los tribunales quienes lo destruyeron en diciembre, al anular las elecciones.

—https://m.digi24.ro/stiri/actualitate/justitie/surse-calin-georgescu-ridicat-de-politie-3135949

La Unión Europea corre hacia el abismo a toda velocidad

La Unión Europea corre a toda velocidad hacia el abismo y casi nadie pisa el freno. Han sido tres años de guerra, una explosión de los precios de la energía y la desindustrialización sin precedentes. Se trata de políticas deliberadas y torpes que muestran la ineptitud de los dirigentes de Bruselas, que son los mayores impulsores del famoso “auge de la ultraderecha”.

El FPO austriaco está subiendo, Francia es casi ingobernable y Reino Unido padece un carrusel de primeros ministros.

Desde el comienzo de la guerra, oficialmente la Unión Europea ha reducido su dependencia de la energía rusa en un 75 por cien. Pero eso son los datos que muestran a la galería. En realidad el gas ruso sigue llegando a Europa en forma de gas licuado, que es más caro, a través de intermediarios, mientras que el petróleo ruso llega a través de India, a un precio mucho más elevado.

Hay elecciones en Alemania, donde la economía está en recesión, los grandes monopolios industriales se marchan del país, la inflación galopa… En 2022 la ministra de Asuntos Exteriores Annalena Baerbock lo dejó bien claro: seguiremos apoyando a Ucrania al margen de lo que opinen los votantes. ¡Cómo no se va a producir un “auge de la ultraderecha”!

Los votantes se rebelan -con razón- contra una camarilla que ignora sus intereses por completo.

Al mismo tiempo, Bruselas no desempeña ningún papel en las negociaciones de paz. Washington y Moscú se encargan de ello, pero Europa va a tener que asumir en gran medida el caos ucraniano y su reconstrucción en un momento en el que las deudas difícilmente se lo pueden permitir.

Todo son malas noticias para Europa. Trump ha agravado los problemas del Viejo Continente subiendo los aranceles. La exigencia de contribuir al presupuesto de la OTAN se ha incrementado al 5 por cien del PIB.

A pesar de todo, hay ciertos detalles optimistas. Dinamarca quiere reparar lo que queda del gasoducto ruso NordStream, que es un primer paso hacia la normalización de las relaciones con Rusia.

Pero el tiempo apremia. Los europeos ya son unos segundones económica, política y militarmente. Antes bailaban al son de la música de Estados Unidos. Ahora la música ha cambiado y ya no saben lo que tienen que hacer.

El general Zaluzhny se prepara para relevar a Zelensky

Ucrania agoniza y en su caída arrastra a Zelensky. Está quemado. Durante años fue la mejor vedette de los saraos organizados por los países occidentales, pero ya está amortizado. La política posmoderna no es más que campañas de imagen disfrazadas elecciones y Ucrania necesita renovar su fachada, poner otra cara y otra voz ante las cámaras de las televisiones.

Siguiendo a Putin, Trump ha negado legitimidad a Zelensky, por lo que Ucrania tiene que convocar nuevas elecciones para renovar a las marionetas, encontrar alguien que pueda firmar la capitulación con todas las bendiciones legales y dejar a Zelensky como chivo expiatorio de los males pasados.

Como ya hemos anunciado, el nuevo rostro de Ucrania es el general Zaluzhny, el anterior comandante en jefe del ejército ucraniano y ahora embajador en Londres. Es el favorito de Occidente y, por lo tanto, de Ucrania, pero muy especialmente de las bandas de neonazis.

Hace años que la publicidad trata de lavar la cara a Zaluzhny y lo más destacado es el silencio sobre sus vínculos con cabecillas nazis como Andrei Biletsky.

Antes del estallido de la guerra, Biletsky era el primer comandante del Batallón Azov y fue quien ordenó las operaciones militares en el Donbas desde el Golpe de Estado de 2014.

Es probable que Biletsky se presente a las próximas elecciones para guardar las distancias con Zaluzhny y aparentar que, en efecto, hay una competencia entre los “demócratas” y la “extrema derecha”.

Pero tampoco hay que descartar que Biletsky siga a la sombra de Zaluzhny para reclamar un alto cargo de responsabilidad en caso de la victoria electoral del general.

Pocos meses antes del inicio de la guerra, Dmitry Yarosh, fundador del movimiento nazi “Sector Derecho” (Pravy Sektor) y ferviente admirador de Bandera, anunció su nombramiento como asesor de Zaluzhny.

El nombramiento nunca se confirmó oficialmente porque Yarosh es un personaje polémico y un nazi sin adornos. La Oficina de Relaciones Públicas del Ejército declaró que el nombramiento no se llegó a formalizar y, además, que ese tipo de informaciones son confidenciales.

Es lógico: el comandante en jefe del ejército ucraniano no podía aparecer como con el amigo cercano de un nazi.

Otro notorio nazi, Maxime Jorin, subcomandante de la una Brigada de Asalto y antiguo comandante del Batallón Azov, también fue otro de los principales partidarios de Zaluzhny.

En enero de 2023 se publicó una foto del general con el Batallón neonazi sobre un fondo en el que aparecía Bandera en la cuenta oficial del Parlamento en X/Twitter. La foto provocó reacciones de protesta en Polonia e Israel y fue luego borrada.

Sin embargo, luego Zaluzhny no dudó en publicar una foto de sí mismo sosteniendo la copia de la camisa bordada con una imagen de Bandera que le habían regalado.

Las compañías nazis de Zaluzhny nunca han sido un obstáculo para tener el apoyo de los padrinos europeos de Ucrania, a pesar de la fiebre que recorre el Continente, empeñado en una batalla contra la “ultraderecha” absolutamente falsa e hipócrita.

Lo que Von der Leyen y Álvaro García Ortiz tienen en común

A Ursula von der Leyen la mala fama le precede. No es una novedad que a lo largo de su carrera política la presidenta de la Comisión Europea se haya visto sacudida por una serie de acusaciones graves.

Al final de su mandato como ministra de Defensa alemana (2013-2019), se convirtió en el blanco de una investigación del Tribunal de Cuentas por adjudicar lucrativos contratos a empresas de consultoría externas.

En su informe de 2018 la Oficina Federal de Auditoría de Suiza puso en duda los procedimientos de adjudicación de algunos de aquellos contratos multimillonarios, que se llevaron a cabo sin una evaluación de costos adecuada ni licitación pública.

Una de esas consultoras, McKinsey, con sede en Estados Unidos, atrajo la atención después de que Katrin Suder, directora de su oficina en Berlín, fuera contratada como asistente de Von der Leyen. La empresa acabó consiguiendo contratos multimillonarios del Ministerio de Defensa y, a su vez, la hija mayor de Von der Leyen, Johanna, encontró trabajo en McKinsey.

Cuando los parlamentarios alemanes intentaron presentar los mensajes de texto que contenía el móvil de Von der Leyen como indicio de un caso de corrupción, borraron la memoria. El Ministerio de Defensa alemán explicó que se había hecho “por razones de seguridad”.

¿Qué fue de los mensajes de Von der Leyen en los tiempos de la pandemia?

Durante la pandemia, Von der Leyen llegó a un acuerdo con el director del gigante farmacéutico estadounidense Pfizer, Albert Bourla, para comprar 1.800 millones de dosis de vacunas contra el “covid” que no habían sido probadas, por un valor de unos 37.600 millones de dólares. Von der Leyen negoció el acuerdo a través de una serie de mensajes de texto que finalmente borró del móvil, junto con los que intercambió con su esposo Heiko, el director médico de una empresa de biotecnología vinculada a Pfizer.

Von der Leyen está acusada de corrupción y “usurpación de funciones y título”, y actualmente su caso se investiga en un juzgado de Lieja, que mantiene abierta la investigación a pesar de los esfuerzos de la fiscalía por echar tierra encima.

Los que sigan el caso contra el Fiscal General en España, Álvaro García Ortiz, verán que el borrado periódico de la memoria de los móviles de los políticos y los altos cargos se ha convertido en una precaución imprescindible, naturalmente siempre “por razones de seguridad”.

Si a un usuario cualquiera le borraran la memoria de su móvil, le causarían una verdadera desgracia. Pero los burócratas viven en otro mundo. Para ellos es una necesidad que les garantiza su impunidad ante cualquier investigación. Lo hacen “por razones de seguridad”.

En el mundo posmoderno todo se hace por lo mismo, “por razones de seguridad”, porque nadie quiere problemas, riesgos e incertidumbres. La “seguridad” lo justifica todo.

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