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Categoría: Salud (página 46 de 88)

Pfizer sube un 50 por ciento el precio de las vacunas que suministra a la Unión Europea

La Unión Europea negocia con Pfizer el mayor contrato de la historia para suministrar vacunas. Se trata de comprar 1.800 millones de dosis, una cifra astronómica que representa cuatro veces la población de los 27 Estados miembros y el 23 por ciento de la población mundial.

Con motivo del nuevo pedido, que suma 41.000 millones de dólares, la multinacional ha aumentado su precio en más de un 50 por ciento, de 12 a 19,50 euros, según el Primer Ministro búlgaro, Boiko Borissov.

“Hay una terrible guerra comercial que está inflando los precios con fuerza”, dice Borissov en un vídeo difundido en Facebook.

“Pfizer estaba a 12 euros, luego pasó a 15,50 euros. Y ahora están firmando contratos por 900 millones de vacunas a 19,50 euros”, dijo el primer ministro búlgaro. “Son 18.000 millones de euros. ¡Aparecerán muchas variantes, y así tendremos una primera inyección, una segunda, luego una tercera y una cuarta! Esto repercutirá en los presupuestos de los próximos años”, añadió Borissov.

Actualmente la Comisión Europea se encuentra en conversaciones con Pfizer para cerrar el suministro de vacunas para 2022 y 2023, y uno de los factores de la negociación son unos precios al alza.

La Comisión Europea se ha negado hasta ahora a revelar el precio de las vacunas. Sin embargo, el pasado mes de diciembre la secretaria de Estado belga, Eva De Bleeker, compartió el coste de las vacunas negociados por la Comisión, así como la cantidad de dosis compradas por su gobierno. Luego, se supo que la dosis de AstraZeneca cuesta 1,78 euros en comparación con los 12 euros de Pfizer.

Recientemente la RAI italiana ha publicado los contratos firmados por la Unión Europea con Pfizer (1) y Moderna (2) para el suministro de vacunas y que Bruselas ha tratado de mantener en secreto hasta ahora.

La demanda y los precios actuales de las vacunas “no están determinados por las condiciones normales del mercado”, dice Frank D’Amelio, director financiero y vicepresidente de Pfizer. “Están impulsados por la situación de pandemia en la que nos encontramos y la necesidad de los gobiernos de adquirir dosis de varios proveedores de vacunas”, dijo el directivo. 

“Lo que creemos es que las fuerzas normales del mercado entrarán pronto en acción. Factores como la eficacia, la capacidad de potenciar la inmunidad, serán aún más críticos, y lo vemos como una gran oportunidad para la demanda de nuestra vacuna y para el precio. Así que, en resumen, hay mucho por venir”, añadió.

(1) https://www.rai.it/dl/doc/2021/04/17/1618676600910_APA%20BioNTech%20Pfizer__.pdf
(2) https://www.rai.it/dl/doc/2021/04/17/1618676613043_APA%20Moderna__.pdf

El exceso de mortalidad supera los 100.000 fallecimientos durante la pandemia en Francia

Esta semana Francia ha superado oficialmente la marca de las 100.000 víctimas del “covid” lo que, en términos relativos, supone un incremento del 16 por ciento respecto al año anterior, un porcentaje inferior al de España.

Como cualquier dato que procede de fuentes públicas, la cifra es falsa sin ningún género de dudas, aunque son aún más falsas las predicciones que se emitieron al inicio de la pandemia para justificar el confinamiento. Macron habló de 400.000 muertos.

No hay alarma sin exageración. Como los datos no cuadran, los medios que a lo largo de la pandemia han ido fabricando histeria, como Le Monde, aseguran que la cifra oficial es inferior a la real.

La realidad es que la cifra es falsa porque los números se han inflado y así lo han admitido algunas instituciones públicas. Se han imputado al fantasma “covid” muertos que no tenían ni la más remota relación con ningún virus. Así lo han asegurado varias familias, cuyos allegados sufrían patologías previas muy graves.

Lo mismo que en España, la contabilidad se apoya sobre los certificados extendidos por los médicos, cuya fiabilidad es cero. Incluso ha bastado la más insignificante alusión al “covid” para ponerla en primer plano, por encima de cualquier otra patología.

La edad media de los fallecidos “por covid” en Francia es de 85 años y las comorbilidades sólo se mencionan en el 65 por ciento de los informes, según datos del 6 de abril de este año, lo cual es una auténtica vergüenza (y no sólo para los médicos franceses).

En Italia las cifras oficiales son aún más contundentes: no ha existido ningún exceso de mortalidad en la población por debajo de los 50 años, sino todo lo contrario; la mortalidad es inferior a la de años anteriores (1).

Según las cifras del Insee, el instituto francés de estadística, el año pasado el exceso de mortalidad con respecto al anterior es de 55.000, aunque la reserva es idéntica: aún suponiendo que dicha cifra sea real, de ninguna manera se puede aseverar que las muertes se puedan atribuir al “covid”.

Si se analiza el exceso de mortalidad por tramos de edad, la conclusión para Francia es la misma que en Italia: no se ha producido ningún exceso de mortalidad entre la población con menos de 65 años.

“La epidemia que afectó a Francia en 2020, muestra un exceso de mortalidad nulo para los menores de 65 años (es decir, el 80 por ciento de la población) y un exceso muy bajo para los mayores de 65 años (máximo del 3,34 por ciento para este grupo de edad). Este resultado está muy lejos de la hecatombe anunciada y para la que se han aplicado medidas sanitarias desproporcionadas”, según un estudio científico dirigido por Laurent Toubiana (2).

Por lo tanto, cuando aparece un exceso de mortalidad sólo entre los ancianos, las causas no hay que buscarlas en el “covid” sino en otros lugares, como las restricciones sanitarias, el aplazamiento de operaciones urgentes, el aislamiento de los ancianos, el aumento del número de suicidios o el mayor consumo de antidepresivos, como el rivotril.

Me gustaría llamar la atención sobre este último punto, que también es parecido al caso español. El 28 de marzo del año pasado un decreto del gobierno francés autorizó el uso de ese fármaco en caso de “infección por coronavirus” (3).

El rivotril es la marca comercial del clonazepam, un ansiolítico de la familia de las benzodiacepinas que comercializa la multinacional Roche. Los médicos prescriben su uso en casos de epilepsia, depresión y otros. Además, se suele recetar en los asilos para que los ancianos tengan una “muerte dulce”. La prensa francesa asegura que durante la pandemia los médicos han recetado rivotril a los ancianos como una forma de eutanasia (4).

No les falta razón; basta leer las contraindicaciones en letra pequeña: no se puede recetar rivotril a quienes padecen una insuficiencia respiratoria severa (5), que es el síntoma más característico de eso que llaman “covid”. Por lo tanto, ¿cómo es posible que el gobierno francés haya autorizado un medicamento contraindicado en casos de dificultad respiratoria?

Blanco y en botella: lo mismo que en España, el exceso de mortalidad sólo aparece en Francia entre la población de edad avanzada, la cual no ha fallecido por ningún “covid” fantasmal, sino por abandono e ingesta de tranquilizantes. No han muerto; los han matado.

(1) https://www.istat.it/it/files//2021/03/Report_ISS_Istat_2020_5_marzo.pdf
(2) https://recherche.irsan.fr/fr/documentation/index/voir/154-
(3) https://www.legifrance.gouv.fr/affichTexte.do?cidTexte=JORFTEXT000041763328&categorieLien=id
(4) https://www.theprairie.fr/rivotril-la-france-facilite-t-elle-leuthanasie-dans-les-ehpad/
(5) https://base-donnees-publique.medicaments.gouv.fr/affichageDoc.php?specid=68429141&typedoc=N

Más información:
— La pandemia en España: ¿cuántos han muerto y a cuántos han dejado morir
— El exceso de mortalidad en España durante la pandemia
— El exceso de mortalidad en España tampoco ha sido consecuencia de la pandemia exclusivamente

La oferta de vacunas supera rápidamente a la demanda en Estados Unidos

La oferta de vacunas está empezando a superar rápidamente la demanda en Estados Unidos. Las cobayas no acuden a las citas y los gobiernos están implementando diversas formas de incentivarlas.

Hasta el viernes, el 49 por ciento de los adultos estadounidenses había recibido al menos una dosis de la vacuna.

Una encuesta reciente reveló que sólo el 61 por ciento de los adultos dice haber recibido la vacuna o quiere hacerlo cuanto antes, un 13 por ciento dice que “definitivamente” no se vacunará y el 7 por ciento dijo que sólo se vacunaría si fuera necesario.

Las autoridades sanitarias afirman que el país necesita alcanzar una tasa de vacunación de entre el 70 por ciento y el 90 por ciento para lograr eso que los “expertos” llaman “inmunidad de rebaño”.

El viernes el gobernador de Pensilvania, Tom Wolf, hizo un llamamiento para que los residentes se vacunen, ya que las clínicas de todo el estado informaron de que cada día cientos, si no miles, de citas estaban quedando disponibles.

Casi la mitad de los trabajadores de los asilos de Pensilvania han rechazado la vacuna, una prueba más de “lo difícil que será superar la reticencia a vacunarse en un futuro próximo”.

En algunos Estados las tasas de vacunación son tan bajas que sus dirigentes están estudiando diversas formas de incentivarlas.

Luisiana ha recurrido a las bandas de música tocando en los puestos de vacunación que funcionan las 24 horas diarias y con dosis entregadas a los pescadores comerciales a pocos minutos de los muelles.

El Departamento de Salud de Alaska está estudiando la posibilidad de crear clínicas de vacunación en los aeropuertos.

El instituto sanitario de Ohio ha pedido a los proveedores de vacunas que establezcan lugares cerca de las paradas de autobús y que consideren la posibilidad de ofrecer servicios de vacunación móviles.

En Connecticut, el departamento de salud ha puesto en marcha una iniciativa para llamar directamente a los residentes para concertar citas.

Mississippi trabaja con organizaciones locales para llevar las vacunas directamente a las viviendas de los ancianos.

La agencia sanitaria de Alabama ha estudiado la reticencia a las vacunas para elaborar mensajes que acaben con las dudas sobre las mismas.

—https://www.dailymail.co.uk/news/article-9482291/America-hits-vaccine-wall-Thousands-appointments-unfilled.html

Sigue la corrupción en la OMS, cuyos informes seudocientíficos aparecen y desaparecen a la medida

Hace un año, cuando la primera oleada de la pandemia llegó a Italia, el gobierno presionó a la OMS para desestimar un informe crítico sobre la gestión política de la misma. Posteriormente, para limpiar su imagen, la OMS presionó al epidemiólogo encargado del informe para que silenciara el asunto.

El personaje de la foto de portada, Ranieri Guerra, subdirector de la OMS, presionó con amenazas, algunas de ellas de tipo econnómico, para encubrir la responsabilidad del gobierno italiano en la primera ola de la pandemia y, por lo tanto, de él mismo como responsable de los planes de prevención de epidemias.

Los hechos se remontan al 13 mayo del año pasado. La OMS publicó un informe crítico hacia el gobierno italiano titulado “Un desafío sin precedentes, la primera respuesta de Italia al Covid-19” y lo borró veinticuatro horas después. Tiempo atrás, Italia había hecho una contribución económica de 10 millones de dólares a la OMS.

Los tribunales italianos investigan si Guerra amenazó con retirar la subvención a la OMS para que olvidara el informe crítico, aprovechando su doble condición: tenía un pie en la OMS y el otro en el Ministerio de Sanidad italiano.

Guerra era juez y parte y estaba directamente implicado en el informe. La OMS se ha apartado de Guerra y afirma que el documento no se convalidó antes de su publicación. Pero, como cualquier organismo corrupto, la OMS miente más que habla: los fiscales de Bérgamo han descubierto que el informe sí había sido convalidado por la OMS.

Es más, el máximo responsable de la OMS intentó convencer al epidemiólogo Francesco Zambon de que falsificara el informe. Zambon era el encargado de dirigirlo y dimitió el 11 de abril, en cuanto todo empezó a oler a podrido. Le empezaron a llover citaciones, tanto de la OMS como de los tribunales italianos.

La OMS le ordenó a Zambon no declarar, para lo cual debía invocar su inmunidad diplomática.

Es otro ejemplo de que la OMS no es nada distinto de sus Estados miembros y, en consecuencia, sus resoluciones no tienen nada que ver con la ciencia. Sus informes aparecen y desaparecen como por ensalmo.

En diciembre del año pasado, el periódico The Guardian habló abiertamente de “conspiración entre la OMS y el gobierno italiano para eliminar de la web el informe”.

—https://www.ilgazzettino.it/nordest/venezia/ranieri_guerra_oms_indagato_denuncia_francesco_zambon-5889728.html

Rechazo masivo a las vacunas entre el cuerpo de marines de Estados Unidos

El rechazo masivo de las vacunas contra el coronavirus entre los marines está provocando un escándalo en Estados Unidos. Casi el 40 por ciento del cuerpo de élite ha dicho que no se vacunará contra el coronavirus, con porcentajes muy elevados de negativas en algunas bases.

La actitud de los militares estadounidenses hacia las vacunas ha cambiado en sólo unos meses. La aceptación de la vacuna por parte de las tropas era mayor que la de la población estadounidense en general. Hasta ahora, el coronavirus ha infectado a 273.503 fucionarios del Departamento de Defensa.

Alrededor de 48.000 infantes de marina, es decir, el 40 por ciento del personal, se han negado a recibir la vacuna, mientras que 75.500 han recibido al menos una dosis. Sin embargo, en la base militar de Camp Lejeune, en Carolina del Norte, el porcentaje de marines que la han rechazado fue del 57 por ciento. A otros 102.000 marines aún no les han preguntado si tienen intención de vacunarse.

Después de que estos porcentajes fueran revelados por el periódico Barras y Estrellas, del Cuerpo de Marines, la dirección de la unidad emitió un declaración destinada a salvaguardar la imagen de la institución. La tarea de abordar el escándalo en cuestión recayó en la portavoz del Cuerpo de Marines, Kelly Fruschour, que intentó reducir la controversia sobre los porcentajes, declarando: “Entendemos perfectamente que la aceptación generalizada de la vacuna Covid-19 nos da la mejor oportunidad de derrotar la ‘pandemia’. La clave para vencer la ‘pandemia’ es crear confianza en las vacunas”.

La portavoz trató de dar a la prensa y a las cadenas de televisión una explicación para el elevado número de marines que se oponen a la vacuna, especulando, en primer lugar, que los soldados podrían preferir que otros tuvieran prioridad en la vacunación o, en segundo lugar, que preferirían esperar hasta que las inoculaciones fueran obligatorias por ley.

La última hipótesis de Fruschour es que los marines que se oponen a la vacunación pueden ser alérgicos a las vacunas o haber obtenido ya una vacuna por otras vías. Sin embargo, la portavoz aseguró que “los miembros del servicio que se nieguen un día pueden cambiar de opinión y vacunarse cuando surja la siguiente oportunidad”. El Pentágono se ha comprometido a “fomentar la confianza” de los soldados en las vacunas existentes.

—https://www.ilgiornale.it/news/mondo/bufera-sui-marines-usa-40-loro-rifiuta-vaccino-1938097.html

Las sucesivas olas de muertes y hospitalizaciones de la pandemia corresponderán a los que se vacunen

Las previsiones oficiales del gobierno británico para la tercera ola de la pandemia coronavirus suponen que las hospitalizaciones y las muertes corresponderán a las personas ya vacunadas.

El 31 de marzo la subcomisión SPI-M-O del equipo científico que asesora al gobierno británico publicó las previsiones sobre el efecto que tendría la relajación del toque de queda en las futuras hospitalizaciones y muertes (*). Los datos proceden de las previsiones facilitadas por la Universidad de Warwick, el Imperial College de Londres y la London School of Hygiene and Tropical Medicine.

Como en otros países, las instituciones sanitarias británicas predicen la llegada de una “tercera ola” de la pandemia que recargará los servicios de salud, pero el documento de la SPI-M-O contiene una afirmación sorprendente:

“El resurgimiento, tanto de las hospitalizaciones como de las muertes, está dominado por aquellos que han recibido dos dosis de la vacuna, comprendiendo alrededor del 60 por ciento y el 70 por ciento de la ola respectivamente. Esto puede atribuirse a los altos niveles de aceptación en los grupos de edad de mayor riesgo, de manera que los fallos de inmunización representan más enfermedades graves que los individuos no vacunados”.

Un párrafo posterior reafirma esta hipótesis, señalando que en la tercera oleada “la mayoría de las muertes e ingresos en un resurgimiento posterior a la Hoja de Ruta corresponden a personas que han recibido dos dosis de vacunas”.

El informe del SPI-M-O refleja que las cifras de efectos adversos y muertes tras la vacunación son mucho más importantes de lo que admiten y que así seguirá siendo en el futuro.

(*) https://assets.publishing.service.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/975909/S1182_SPI-M-O_Summary_of_modelling_of_easing_roadmap_step_2_restrictions.pdf

Un tribunal levanta todas las restricciones sanitarias impuestas a los niños en las escuelas de Alemania

La semana pasada el Tribunal de Familia prohibió, con efecto inmediato, que dos escuelas de Weimar exigieran a los alumnos que llevaran mascarillas de cualquier tipo, les impusieran ninguna distancia seguridad entre ellos y les obligaran a hacerse pruebas de coronavirus.

Al mismo tiempo, el Tribunal obligó a mantener la enseñanza presencial en las aulas.

La demandante fue una madre que exigió a los jueces que protegieran a sus dos hijos, de 14 y 8 años porque estaban sufriendo daños físicos, psicológicos y educativos, sin que eso se compensara con ningún beneficio para los niños o para terceros.

Tras examinar las pruebas, especialmente las periciales, el Tribunal le dio la razón a la madres y concluye que las restricciones sanitarias representan un peligro inmediato para el bienestar mental, físico o psicológico del niño, hasta el punto de que, si siguen desarrollándose, es casi seguro que se produzcan daños considerables.

“Tal riesgo está presente aquí. De hecho, los niños no sólo corren peligro en su bienestar mental, físico y psíquico, en particular por la obligación de llevar mascarillas durante el horario escolar y de mantener la distancia entre ellos y con otras personas, sino que también se ven perjudicados. Esto viola numerosos derechos de los niños y sus padres en virtud de la ley, la constitución y los convenios internacionales. Esto se aplica, en particular, al derecho al libre desarrollo de la personalidad y a la integridad física del artículo 2 de la Ley Fundamental, así como al derecho del artículo 6 de la Ley Fundamental a la educación y al cuidado por parte de los padres”, dice la sentencia.

Los equipos directivos de las escuelas, los profesores y otras personas no se pueden amparar en las disposiciones de la ley estatal en las que se basaban las medidas, ya que eran inconstitucionales y, por tanto, nulas porque violan el principio de proporcionalidad.

Según el principio de proporcionalidad, las medidas destinadas a alcanzar un objetivo legítimo deben ser adecuadas, necesarias y proporcionadas en sentido estricto, es decir, cuando se sopesan las ventajas y los inconvenientes. Las medidas que no se basan en pruebas […] son inadecuadas para alcanzar el objetivo fundamentalmente legítimo que persiguen, a saber, evitar la sobrecarga del sistema sanitario o reducir la incidencia de la infección por el SRAS-CoV-2. Pero son desproporcionadas en el sentido estricto de la palabra, ya que las considerables molestias/daños colaterales que conllevan no se ven compensadas por ningún beneficio perceptible para los propios niños o para terceros”, añade la resolución judicial.

“Debe subrayarse que no son los interesados quienes deben justificar la inconstitucionalidad de la vulneración de sus derechos, sino que el Estado Libre de Turingia, que vulnera los derechos de los interesados mediante sus disposiciones de Derecho público, debe demostrar con las pruebas científicas necesarias que las medidas que prescribe son adecuadas para alcanzar los objetivos previstos y, en su caso, proporcionadas”, concluye.

No obstante, aún más interesante que la sentencia son los informes periciales presentados en el juicio, tanto sobre las mascarillas, como sobre la distancia social o la llamada “enseñanza a distancia”, que intentaremos traducir o, al menos, resumir.

La parte más interesante de dichos informes son los relativos a la experiencia acumulada en Austria, donde los niños siguen acudiendo a clases presenciales a las escuelas sin ninguna clase de mascarillas porque, además de no servir para prevenir nada, perjudican seriamente la salud de los alumnos.

Por lo demás, las conclusiones del juez y de los peritos judiciales sobre las pruebas de coronavirus, tanto la PCR como las “rápidas”, son harto conocidas: esas pruebas no prueban nada.

—https://2020news.de/sensationsurteil-aus-weimar-keine-masken-kein-abstand-keine-tests-mehr-fuer-schueler/

‘Mi madre no murió por la covid sino por el abandono’, dice la hija de una fallecida en un asilo

Ha pasado un año mamá. Pasa el tiempo pero es como si fuese ayer… Es mi tortura diaria, mi rabia, mi dolor, que el tiempo no me alivia. A veces me ronda en la cabeza que en cualquier momento me llaman para decirme que se han equivocado otra vez y que tú sigues viva. Digo esto porque el no poder despedirnos de ella, el no haber podido acreditar personalmente su fallecimiento hace que tenga dudas de su desenlace, después de las numerosísimas mentiras que nos tuvieron diciendo cada día. A mi madre no la mató el covid, a mi madre la mató el abandono, el estar más de dos semanas atada en una cama, sin los cuidados más básicos y sin un mísero vaso de agua. Si algunos auxiliares o enfermeros, dirigentes de cualquier índole, limpiadores, cocineros que estuvieron allí (en Caser, Santo Ángel), en aquellos días, tienen algo de sensibilidad humana, si alguno cree que tiene algo pendiente que le tortura, lo mejor que puede hacer es contar o denunciar lo que vio y vivió en este centro, así podrá encontrar su descanso, de lo contrario para mí personalmente, es cómplice de la crueldad en la que murieron nuestros padres y madres.

Un responsable del área de la gestión de las residencias me dijo que para la mayoría de ellos ya les había llegado su hora. Y yo le digo a este señor, ¿acaso es usted Dios que todo lo sabe? ¿La hora de morir de una persona es con dolor y sufrimiento? ¿Es estar atadas en la cama semanas sin atención, sin cambio de pañales, sin comer, sin beber? Solos. Abandonados a su suerte. ¿Esa es su hora? ¿Ese es su final? ¡Pues vaya castigo! ¿Por qué y con qué derecho?

Yo he sido su responsable hasta el 1 de marzo que fue la última vez que la vi, después ya no pudo ser por el estado de alarma, que me pareció correcto, pero hasta el día de su fallecimiento, la poquísima información que desde la residencia me llegaba, ha sido para mentir sobre el estado de mi madre. Fueron días de angustia, dolor e impotencia al no saber nada de ella.

Mi madre muere por la mala gestión de la residencia y por las Administraciones públicas que se suponen que tomaron el mando para atender a los residentes de Caser y no hicieron prácticamente nada. Allí fallecieron más de 40 residentes en esas semanas.

Y yo le digo a la justicia:

¿Responsables?… Mi madre es responsabilidad mía, así lo dictó su Señoría. Usted me dejó ese encargo, y no lo he podido cumplir… No me han dejado cumplir ese mandato que me asignó. Aparte del amor que tengo a mi madre y querer cuidarla, es mi deber vigilar para que esté donde esté, viva bien, medicada y atendida correctamente y con dignidad. No me han dejado hacer nada por ella. He pedido socorro, auxilio, he pedido que la trasladaran a un hospital, incluso después de suplicar una
videollamada para ver cómo estaba y ver el deterioro en el que se encontraba, he tenido que luchar para que le dieran agua o ponerle un suero. Son seres indefensos, totalmente dependientes, como niños. Mi deber es proteger a mi madre y como madre proteger a mis hijos y tutelados, pero no me han dejado. Señoría, esto que le expongo, sólo son matices de lo que he podido vivir durante esos días entre el 23 de marzo y el 2 de abril que fue cuando falleció.

A la Administración regional y a la dirección de Caser, le digo:

¿Quiénes son ustedes para decidir su final? ¿Para decidir que ya es su hora? Nuestros padres y madres no necesitaban paliativos para morir, necesitaban cuidados para vivir y esos cuidados son los que les negaron. Se perdió tiempo, un tiempo precioso y preciso que costó las vidas de nuestros padres y madres por la mala gestión de quien presume dirigirnos, un tiempo muy valioso para salvarles la vida. ¿Para 230 residentes no había médicos en toda nuestra Región? ¿Acaso no había suficientes hospitales donde darle una atención digna? Las familias hemos sido maltratadas, nos han mentido sobre nuestros padres y madres, sobre su estado de salud, diciendo por la mañana que estaba bien y 12 horas después habían fallecido. Todo mentiras y esto tiene que tener su condena. Se quedaron solos y esto tiene que ser investigado y condenado. Repito como tantas veces y no me canso porque no lo puedo aceptar: ¿Por qué? ¿Por qué en marzo y abril, en nuestra Región de Murcia, en nuestra queridísima Región, si no había colapso en los hospitales, había UCI, personal, material… no los atendieron con los medios necesarios? ¿Por qué? ¿Por qué se les negó esa oportunidad, ese derecho fundamental que era suyo?

¿Y qué se ha hecho? Nada… Absolutamente nada, sólo consentir y mirar a otro lado. ¡Qué perverso! ¿Es normal que una hija ruegue en repetidas ocasiones una videollamada para despedirse de su madre, para darle el último adiós y que se lo nieguen?, ¿es normal que un marido quiera dar el último “te quiero” a su mujer y se lo nieguen?

¿Pero qué somos como sociedad? ¡Vulneraron sus derechos con sus protocolos de vergüenza! ¡Fueron abandonados a su suerte y esto es maltrato! Por ello, ni olvido ni perdono. Por ello, pedimos y exigimos justicia para los que fallecieron, para los que dejaron morir de la manera más cruel. Pedimos y exigimos una ley de residencias estatal que considere un cambio de modelo como una inversión en calidad de vida y no como un gasto.

Sonia Vivo, miembro de la Plataforma Marea de Residencias, carta a su madre como un homenaje al cumplirse un año de su muerte en la residencia Caser de Santo Ángel

—https://www.laopiniondemurcia.es/comunidad/2021/04/10/madre-murio-covid-abandono-46403561.html

El volcán de una isla caribeña entra en erupción pero evacúan sólo a los vacunados

El viernes el volcán La Soufriere, situado en la isla caribeña de San Vicente, entró en erupción, enviando una columna de ceniza de 10 kilómetros al cielo. Las 16.000 personas que viven en la zona cercana al volcán trataron de huir, pero ¿a dónde?, ¿cómo salir de una isla?

El primer ministro Ralph Gonsalves echó más leña al fuego de la confusión al decir que no iban a ir a ninguna parte sin vacunarse antes. Sólo hay una cosa peor que un volcán echando lava por los costados como si fuera baba: el maldito coronavirus.

Para complicar aún más las cosas, San Vicente recibió su primer envío de vacunas sólo dos días antes de la erupción. Es posible que el gobierno trate de detener la erupción volcánica para que les de tiempo a preparar las jeringuillas…

No hay nada claro. ¿Que pasará con quienes se nieguen a vacunarse?, ¿los dejarán tirados en tierra? “Los cruceros están evacuando a la gente de la isla”, anunció la cadena CBS, añadiendo que “sólo a los vacunados se permitiría salir de la isla”.

En una rueda de prensa el primer ministro confirmó que los evacuados tendrían que recibir la vacuna antes de embarcar en cualquiera de los cruceros que iban a evacuar a la población.

Las islas vecinas de Santa Lucía, Granada, Barbados y Antigua aceptarían a los evacuados, pero sólo si llegaban ya vacunados.

—https://twitter.com/DrewHLive/status/1380907494252290049

El exceso de mortalidad en España durante la pandemia

Por alguna extraña razón, quienes sustentan la doctrina oficial sobre la pandemia suponen que los críticos minusvaloramos su importancia, o quizá el sufrimiento de los enfermos, o sus familiares, o los trabajadores sanitarios. Es muy común decirnos que si hubiéramos tenido alguna víctima cercana cambiaríamos de opinión.

Incluso hay quien se molesta cuando escucha que los fallecidos no lo han sido por un misterioso “covid” sino por cualquier otra razón.

Este tipo de interlocutores han asumido un punto de vista emocional sobre la pandemia, fundamentado sobre el miedo, y no es sencillo introducir algún argumento racional, sobre todo si se trata de cifras.

No obstante, hay que intentarlo, y creo que habrá un acuerdo bastante amplio si afirmo que en una pandemia deben concurrir al menos dos circunstancias: debe existir un exceso de mortalidad y se debe poder imputar el mismo a una enfermedad, catalogada como contagiosa.

Un planteamiento así deja de lado varios aspectos capitales, con los que podría llenarse un extenso tratado. El primero es que los gobiernos han mentido sistemáticamente sobre todos y cada uno de los aspectos de la pandemia, incluida la cifra de muertes, por lo que no queda otra que recurrir a un concepto indirecto como el “exceso de mortalidad”.

El segundo es que esta pandemia es un fenómeno internacional. El tercero es que involucra aspectos capitales que desbordan a la sanidad, incluida la sanidad pública. El cuarto es comprobar si las medidas represivas aprobadas han tenido por objeto contener un contagio realmente y, en caso afirmativo, si han sido proporcionales al problema que trataban de solucionar.

En cuanto a este punto es necesario tener en cuenta que estamos asistiendo a la más brutal intervención del Estado sobre la sociedad que ha conocido la historia, por lo que el problema sanitario ha tenido que ser de unas dimensiones muy importantes. Si no es así, es porque dicha intervención ha tenido otros objetivos diferentes de los sanitarios.

El primer interrogante deja lugar a pocas dudas, a mi juicio: el año pasado en España hubo un importante exceso de mortalidad, superior al que indican las cifras oficiales y que no van a estar lejos de los 80.000 fallecidos. En los cinco años previos a la pandemia, en España murieron 420.000 personas anualmente, como promedio, y es posible que el año pasado llegaran al medio millón. En términos relativos la mortalidad ha crecido, pues, un 19 por ciento.

Son cifras muy elevadas y, sin embargo, no son las mayores que se han conocido en la historia. Desde luego que son inferiores a la epidemia de “gripe española” de hace cien años, cuando el número de fallecidos se multiplicó por cuatro respecto a los años anteriores.

Podemos continuar exponiendo cifras parecidas para realizar comparaciones, más o menos gráficas. Por ejemplo, han muerto y siguen muriendo más enfermos por dolencias que no tienen que ver con la pandemia y, sin embargo, nunca han merecido una atención pública proporcional. Cualquier clase de comparaciones que podamos imaginar ponen de manifiesto que la pandemia no ha sido un fenómeno sanitario extraordinario y que lo único realmente extraordinario han sido las medidas políticas aprobadas.

El aspecto fundamental de la pandemia es, no obstante, averiguar las causas de los fallecimientos, otro aspecto en el cual las versiones oficiales son falsas. Fueron apuntadas por la revista The Lancet y se resumen en que no todo el exceso de mortalidad habido durante la pandemia se puede atribuir a una única enfermedad. En otras palabras, no todos han muerto por la misma enfermedad y, además, esa enfermedad no es única para cada uno de los muertos, es decir, que la inmensa mayoría de ellos fallecieron por efecto de varias comorbilidades anteriores a la pandemia.

El que no entienda esto nunca entenderá nada, ni de esta pandemia ni de ninguna otra, pasada o futura.

A partir de ahí se pueden ir poniendo encima de la mesa otros aspectos, que también son importantes y de los que voy a destacar algunos.

En primer lugar, con la pandemia no ha aparecido ninguna enfermedad nueva que la medicina no conociera y no fuera capaz de tratar. Como en otras pandemias anteriores, el llamado “covid” es un refrito de enfermedades ya conocidas, que se han agrupado bajo una misma denominación y a las que se les ha cambiado el nombre previo que tenían.

En segundo lugar, a falta de autopsias, el exceso de mortalidad no es suficiente por sí mismo para averiguar las causas de los 80.000 fallecimientos y en el futuro habrá que desglosar dicho exceso por tramos de edad, de tiempo y de lugar porque —insisto— la pandemia no es ese fenómeno uniforme que nos quieren hacer creer.

Por ejemplo, durante la pandemia también ha existido un exceso de mortalidad entre las personas dependientes, con una cifra escalofriante de 55.000 muertos. Pero la causa de estas muertes no ha sido ninguna enfermedad, sino el abandono o, si se prefiere, el aislamiento impuesto por el estado de alarma.

Cuando la histeria haya pasado, se demostrará en qué sectores sociales  ha concurrido el exceso de mortalidad, aunque algunos datos ya son suficientemente conocidos, como la avanzada edad de los fallecidos, especialmente en las primeras fases de la pandemia, cuando en España la edad media de los muertos alcanzó los 84 años, uno por encima de la esperanza de vida.

El factor principal que explica el exceso de 80.000 muertes ha sido, pues, el confinamiento, un caso evidente en el que se cumple el principio de que “es peor el remedio que la enfermedad”. En España y en otros países, el confinamiento no se se impone en marzo del año pasado porque haya ningún exceso de mortalidad, sino al revés: dicho exceso es posterior al confinamiento.

Otro ejemplo es El Salvador, que al principio fue puesto como modelo de comportamiento de un gobierno ante la pandemia. Se impuso un confinamiento estricto, con el ejército, la policía y las maras cuidando de que nadie saliera a la calle cuando no había ni un muerto ni contagiado. Los muertos llegaron después.

Entre otras muchas cosas, el confinamiento ha supuesto un “cierre sanitario” que ha desatendido a los enfermos habituales, como los crónicos. Los estragos de esta política no sólo se han manifestaron a lo largo del año pasado, sino que se seguirán comprobando en el futuro.

De ese “cierre” forma parte el colapso hospitalario, cuyo origen no está en el aumento de la carga de trabajo o en los numerosos “casos” aparecidos, sino en los recortes presupuestarios, el cierre de instalaciones, la falta de contrataciones de trabajadores sanitarios y el enorme número de bajas laborales causado por la ola de histerismo, que se triplicaron el año pasado respecto a los anteriores.

Los diré con otras palabras: con la pandemia no hado creció la carga de trabajo hospitalario sino que la misma se repartió entre menos trabajadores.

En suma, el exceso de mortalidad tiene el mismo origen que la pandemia: no es un asunto sanitario sino político y, más en concreto, en España, es responsabilidad del gobierno del PSOE y Podemos y los demás partidos que le han seguido el juego en cada una de las comunidades autónomas.

Es lógico que los medios de comunicación lancen tantas cortinas de humo para tapar ese tipo de responsabilidades y, sobre todo, que el estado de alarma no ha sido la causa del exceso de mortalidad sino todo lo contrario: ha evitado que aumentaran más aún, como se empeña en decir Pedro Sánchez.

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