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Categoría: Memoria Histórica (página 9 de 37)

Rusia siempre ha salido fortalecida de los ataques de Occidente

Rusia siempre ha salido fortalecida de los ataques de Occidente, asegura el columnista Bercan Tutar en la edición turca de Sabah (*), que cuenta al menos cinco intentos de agresion a Rusia por parte de Estados occidentales en los últimos 300 años.

En cada una de las ocasiones no sólo ha logrado repeler los ataques, sino que se ha hecho más fuerte.

El primer ataque de Occidente contra Rusia fue la campaña de Napoleón de 1812. La fascinación de los rusos por la cultura francesa tras la revolución de 1789 quedó reducida a la nada. Los sentimientos antioccidentales empezaron a prevalecer en la sociedad rusa.

Tras la revolución de 1917, la llamada “guerra civil” fue el segundo intento de ofensiva occidental contra Rusia. La Guardia Blanca, con ayuda occidental, intentó reprimir el levantamiento obrero y campesino, pero fracasó. Como resultado, nació la URSS, que durante muchos años se convirtió en el principal oponente ideológico de Occidente.

La Segunda Guerra Mundial (“Gran Guerra Patriótica” para los soviéticos) y la Guerra Fría fueron el tercer y cuarto intento de avasallar a Rusia. El último ataque occidental a Rusia, en opinión de Tutar, es el Golpe de Estado fascista de 2014 en Kiev. Como resultado, Rusia ha desatado una guerra que está sacudiendo la estabilidad mundial de las grandes potencias occidentales.

Tutar recuerda que tras cada ataque de Occidente, Rusia actuaba con una nueva identidad política y se hacía más fuerte. Ahora, mientras Estados Unidos, a través del gobierno de Kiev, intenta derrotar a Rusia en el campo de batalla, los rusos recurren a los países que están fuera de la órbita occidental para socavar los cimientos de la hegemonía estadounidense.

A finales del siglo pasado se podía concluir el balance del segundo milenio se resume en lo siguente: los mayores errores del milenio fueron todas las campañas militares contra Rusia.

(*) https://topcor.ru/31070-tureckie-smi-posle-kazhdogo-napadenija-zapada-rossija-stanovitsja-tolko-silnee.html

Hollande confirma que los Acuerdos de Minsk fueron una tomadura de pelo

El antiguo presidente francés, François Hollande, se ha alineado con Poroshenko y Merkel para confirmar que los Acuerdos Minsk fueron una tomadura de pelo, sobre todo para la población del Donbas.

En una entrevista a Die Zeit, el 7 de diciembre Merkel afirmó que los Acuerdos habían sido “un intento de dar tiempo a Ucrania” para reforzarse militarmente de cara a un futuro enfrentamiento con Moscú.

Ahora Hollande dice lo mismo al Kyiv Independent: “Mientras Vladimir Putin avanzaba en el Donbas utilizando a los separatistas prorrusos […] le llevamos a aceptar el formato de Normandía y a venir a Minsk para negociar” (*).

Es un lenguaje repugnante. Hace ocho años ni había “prorrusos” ni tampoco “separatistas”, que son una creación del gobierno nazi ucraniano, con sus brutales agresiones a la población civil del Donbas.

Oficialmente los Acuerdos, firmados el 5 de septiembre de 2014, se celebraron con el objetivo declarado de restablecer la paz entre Kiev y las repúblicas del Donbas. Durante ocho años los bombardeos del gobierno ucraniano han dejado casi 15.000 muertos civiles.

A la pregunta de si las negociaciones de Minsk pretendían retrasar los avances rusos en Ucrania, Hollande responde afirmativamente: “Sí, Angela Merkel tiene razón en este punto. Los acuerdos de Minsk detuvieron la ofensiva rusa durante un tiempo. Lo importante era saber cómo aprovecharía Occidente este respiro para impedir nuevos intentos rusos”.

Por supuesto, en 2014 no hubo ningún “avance ruso”. Es otro invento cínico de Hollande.

La OTAN y Kiev aprovecharon bien el respiro de ocho años: “Desde 2014 Ucrania ha reforzado sus capacidades militares. De hecho, el ejército ucraniano es completamente diferente al de 2014. Está mejor formada y mejor equipada. El mérito de los acuerdos de Minsk es haber dado al ejército ucraniano esa oportunidad”.

Los Acuerdos también impidieron “la expansión de la zona controlada por los separatistas. En el invierno de 2015 los separatistas estaban a las puertas de Mariupol y acababan de ganar dos batallas decisivas, retomando el aeropuerto de Donetsk y la ciudad de Debaltsevo”, añade Hollande.

Curiosamente, Hollande considera necesaria una solución permanente para la paz en Ucrania y, en otro ejercicio de cinismo, afirma que «los acuerdos de Minsk pueden resucitarse para establecer un marco jurídico ya aceptado por todas las partes”.

Hollande también lamenta las divisiones en el seno de la Unión Europea y la ambigüedad alemana, que se “niega a cuestionar el gasoducto Nord Stream 2”. Se declara hoy partidario de imponer sanciones máximas a Rusia y recuerda que él mismo anuló la venta de buques Mistral a Rusia en 2014.

A comienzos de mes las declaraciones de Merkel provocaron la reacción de Putin dos días después. “La confianza es casi inexistente, pero después de tales declaraciones se plantea una cuestión de confianza: ¿cómo negociar, sobre qué, y si es posible negociar con alguien, cuáles son las garantías?”, se preguntó con plena razón el dirigente ruso.

“Aún esperaba que las demás partes implicadas en este proceso fueran sinceras con nosotros. Resulta que también nos engañaban a nosotros. Sólo se trataba de reforzar a Ucrania con armas, preparándola para las hostilidades”, añadió Putin. A la vista de la experiencia, Moscú “tal vez debería haber lanzado antes su operación militar en Ucrania”.

(*) https://kyivindependent.com/national/hollande-there-will-only-be-a-way-out-of-the-conflict-when-russia-fails-on-the-ground

La CIA participó en el asesinato de Kennedy según los últimos archivos desclasificados

Los Archivos Nacionales de Estados Unidos hicieron públicos el jueves 15 de diciembre más de 13.000 documentos relacionados con el asesinato de en 1963. La Casa Blanca ha vuelto a bloquear la liberación de otros miles, como ya ocurrió en 2017. Sin embargo, uno de los presentadores de la cadena Fox, Tucker Carlson, ha entrevistado a una fuente que ha tenido acceso a los documentos que permanecen ocultos, quien habría confirmado que, en efecto, la CIA estuvo implicada en el magnicidio.

Ahora el 97 por cien de los aproximadamente cinco millones de páginas del expediente del asesinato de Kennedy están abiertas. Pero al igual que en 2017, cuando también se desclasificaron archivos, parte de ellos se han mantenido confidenciales. En un memorándum Biden ha indicado que un número limitado de documentos no podía hacerse público. Es necesario para evitar daños a la defensa militar, las operaciones de inteligencia, la aplicación de la ley y la política exterior.

Los esfuerzos para mantener la confidencialidad siguen llegando de la CIA y del FBI.

Carlson recuerda los diversos elementos del caso, señalando que el asesinato de Kennedy fue una secuencia de acontecimientos extraordinaria. Un pistolero solitario asesina al Presidente, y luego, menos de 48 horas después, ese mismo pistolero solitario es asesinado a su vez por otro pistolero solitario. ¿Qué probabilidades hay de que eso ocurra?

La explicación oficial del gobierno, a través de la Comisión Warren, una comisión “turbia y corrupta” según Carlson, no era plausible. Un año después del asesinato de Kennedy, la Casa Blanca, bajo la presidencia de Lyndon B. Johnson, hizo público el informe oficial de la Comisión Warren: tanto Lee Oswald, el asesino de Kennedy, como Jack Ruby, el asesino de Oswald, actuaron por su cuenta. Nadie les ayudó. No hubo conspiración de ningún tipo. Caso cerrado.

Fue en aquella época cuando los estadounidenses que dudaban de la versión oficial empezaron a plantearse preguntas. Entonces apareció el término “teoría de la conspiración” que hasta entonces no existía en la terminología anglosajona. En 1964, el año en que la Comisión Warren emitió su informe, el New York Times publicó cinco artículos en los que aparecía la expresión “teoría de la conspiración”. Son estas mismas expresiones las que hoy se utilizan contra quienes hacen preguntas que los portavoces oficiales no quieren responder.

El siquiatra Louis Joylon West declaró “demente” al segundo pistolero solitario. Pero los que le conocían a Ruby sabian que era mentira. El siquiatra trabajaba para la CIA y fue una pieza clave en el programa Mk-Ultra, en el que la CIA suministraba potentes fármacos siquiátricos a los estadounidenses sin su conocimiento.

El New York Times nunca mencionó que el siquiatra trabajaba para la CIA, y mucho menos su estancia en la celda de Ruby.

En 1976 la Cámara de Representantes concluyó que Kennedy fue asesinado “casi con toda seguridad” como resultado de un complot, aunque no mencionaba a los miembros de la conspiración. Obviamente se trataba de la CIA, por lo que es lógico que intente mantener la confidencialidad de los documentos, a pesar de que han transcurrido 60 años.

Los planes de Estados Unidos para desestabilizar Ucrania datan de la época soviética

Las operaciones estadounidenses para desestabilizar Ucrania y distanciarla de Moscú comenzaron en las primeras fases de la Guerra Fría, al menos en la fase de planificación. Según los estadounidenses, un levantamiento antisoviético habría contado con un amplio apoyo en diferentes partes de la República Socialista Soviética de Ucrania, y la línea “a favor” y “en contra” de Moscú habría seguido aproximadamente la frontera que ahora separa las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk y Crimea del resto de Ucrania.

Es lo que se desprende de un estudio titulado “Factores de resistencia y áreas de operaciones de las Fuerzas Especiales en Ucrania – 1957”, encargado por el ejército estadounidense al Proyecto de Investigación de la Universidad de Georgetown. El estudio recuerda en sus temas y enfoque analítico a los surgidos tras la caída de la URSS y el Pacto de Varsovia, en los que se evaluaban las posibilidades de infiltración de agentes e instigación de levantamientos en los países europeos miembros de la OTAN.

La CIA desclasificó este estudio en 2014 (el año en que el Golpe de Estado condujo al derrocamiento del gobierno de Kiev, afín a Moscú), que fue citado en detalle por la BBC en un artículo de 2017 rastreable hoy en su versión rusa.

Bajo la presidencia de Truman, Estados Unidos afrontó la Guerra Fría aplicando una política de “convertir” a los enemigos derrotados (Alemania y Japón) en amigos y a los aliados de la Segunda Guerra Mundial (la URSS) en enemigos.

En respuesta a la Operación Barbarroja, la invasión de la URSS por el Eje, fue el mismo Truman, senador en 1941, quien declaró que “si veíamos que Alemania ganaba, debíamos apoyar a Rusia, pero si Rusia estaba cerca de la victoria, debíamos ayudar a Alemania y, de ese modo, dejarlos que se maten todo lo posible”.

La CIA, creada por el propio Truman en 1947, se convirtió en el principal instrumento de las operaciones clandestinas que caracterizaron la política exterior de Washington.

El estudio de 1957 dividía Ucrania en 12 zonas delimitadas en función de la lealtad a la URSS o del apoyo a un posible levantamiento contra el gobierno soviético, teniendo en cuenta el hecho de que desde 1945 hasta mediados de la década de 1950, las organizaciones de resistencia antisoviética permanecieron activas, tanto en Ucrania como en las repúblicas bálticas anexionadas a la URSS. El informe recordaba que sólo se registró una bolsa de resistencia activa después de 1955, en la región de los Cárpatos.

La parte occidental de Ucrania -en particular las regiones de Volyn y Lutsk, que incluyen ciudades como Kovel, Lutsk, Kostopol y Vladimirovets- fue considerada por los analistas estadounidenses la zona más prometedora para lanzar una insurgencia e infiltrar fuerzas especiales.

El informe atribuía los sentimientos antisoviéticos principalmente a Galitzia (Lvov, Ternopil e Ivano-Frankovsk), en la zona que comprende las regiones de Kiev, Cherkasy, Zhytomyr y Jmelnytsk, donde la población local podría proporcionar “un apoyo significativo a las fuerzas especiales estadounidenses”, ya que en esta zona hubo un fuerte movimiento ucraniano en 1917-1921 y una fuerte resistencia armada durante la colectivización.

Las zonas de Ucrania fronterizas con Hungría y Rumanía también parecían interesantes para la infiltración de fuerzas especiales. Según datos estadounidenses, en Transcarpacia, las formaciones de la resistencia antisoviética ucraniana operaron después de la Segunda Guerra Mundial al norte de Uzhgorod y en las zonas montañosas. Una situación similar se dio en la región de Chernovtsyi, donde los rebeldes ucranianos actuaban en las zonas montañosas.

En cambio, Crimea y Donbass se definieron como “poco prometedoras” porque la mayoría de la población local era progubernamental y, de hecho, se consideraba rusa en lugar de ucraniana (zonas I y II).

El conflicto entre las zonas III-XII y las zonas I-II se describe en el informe de 1957 como “muy probable” y potencialmente “factible”, lo que indica la posibilidad de una creciente oposición dentro de la URSS en preparación de su colapso. En el mismo informe, la CIA estimaba que las Zonas 3, 4 y 5 (Odesa, Jarkov, Zaporiya) también se pondrían del lado del Donbas si estallaba un conflicto de ese tipo.

Por lo tanto, es interesante analizar la cartografía de Ucrania creada por la CIA en 1957 en el contexto de la idea de desplegar unidades de fuerzas especiales estadounidenses en apoyo de la insurgencia. Unos 60 años después, existen varias similitudes con la situación actual.

Desde las regiones decididamente prorrusas de Donbas hasta las regiones “tendencialmente” prorrusas de Odesa, Jarkov, Zaporiya (y Jerson), pasando por las regiones del centro-oeste habitados por una población que ahora es mayoritariamente hostil a Moscú como lo fue durante la Guerra Fría hacia la URSS.

Tras analizar la geografía, el sentimiento de la población y los objetivos estratégicos para el sabotaje, el informe destacaba cinco zonas en las que las fuerzas especiales podrían llevar a cabo ataques eficaces, principalmente en las regiones septentrional y occidental, pero también a lo largo de la costa meridional de Crimea, una zona rica en objetivos militares e infraestructuras en la que, según el informe, las fuerzas especiales estadounidenses contarían con el apoyo de los tártaros de Crimea, considerados antisoviéticos.

En este contexto, la región económica más importante, el Donbas, fue descrita como totalmente inadecuada debido a la falta de lugares donde esconderse, la alta densidad de población y “un gran número de rusos y ucranianos”.

El informe no contiene ninguna indicación sobre cuándo o en qué condiciones podrían haberse desencadenado las operaciones de las fuerzas especiales estadounidenses en la Ucrania soviética, sino que aparece principalmente como una contribución analítica a la planificación de operaciones que se implementarían rápidamente en caso de conflicto y confirma cómo, ya en los primeros años de la Guerra Fría, Ucrania era vista por Estados Unidos como la “bisagra” que unía a Rusia con Europa, en la que destacar y prepararse para golpear los puntos débiles de Moscú.

En 1997, cuarenta años después del estudio encargado por el ejército estadounidense, Zbigniew Brzezinski, politólogo estadounidense de origen polaco que fue asesor de seguridad nacional del Presidente Jimmy Carter, teorizó en su libro “El Gran Tablero de Ajedrez” que sin el control de Ucrania, Rusia perdería su papel de poder en Europa.

Gianandrea Gaian https://www.analisidifesa.it/2022/12/gli-stati-uniti-valutavano-di-infiltrare-incursori-e-destabilizzare-lucraina-gia-nel-1957/

Merkel confiesa que los Acuerdos de Minsk permitieron a Ucrania prepararse militarmente

La antigua canciller alemana Angela Merkel ha confesado que firmó los Acuerdos de Minsk para dar tiempo a que el gobierno ucraniano se preparata militarmente frente a Rusia. “El acuerdo de Minsk de 2014 fue un intento de dar tiempo a Ucrania. También aprovechó este tiempo para fortalecerse, como puede verse hoy. La Ucrania de 2014-2015 no es la Ucrania moderna”, declaró al periódico alemán Die Zeit.

Según ella, “todo el mundo tenía claro” que el conflicto estaba congelado y que el problema no estaba resuelto. “Pero esto es lo que dio a Ucrania un tiempo precioso”. También se pregunta si, entonces, los países de la OTAN hubieran apoyado a Kiev tanto como lo hacen hoy.

Merkel era canciller de Alemania cuando la Estados Unidos dio un Golpe de Estado fascista en 2014 en Ucrania y se inició una guerra civil. La canciller alemana no sólo firmó los Acuerdos sino que se comprometió a garantizar su vigencia. Todo fue una estratagema, reconoce ahora.

El 22 de febrero Putin declaró que los Acuerdos de Minsk habían dejado de existir tras el reconocimiento de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, pero que no era culpa de Rusia. Según él, los Acuerdos habían sido anulados por el gobierno de Kiev mucho antes del reconocimiento de las Repúblicas Populares del Donbas.

Durante varios años la OTAN estuvo preparando al ejército ucraniano para una guerra con Rusia al amparo de los Acuerdos de Minsk. La terminación aparente de las hostilidades en el Donbas permitió pasar de una guerra civil a otra internacional.

El gobierno fascista de Kiev aceptó los Acuerdos de Minsk bajo la presión de Occidente, sabiendo perfectamente que nunca se respetarían. Hace unos meses Petro Poroshenko, que asumió la Presidencia de Ucrania tras el Golpe de Estado de 2014, dijo exactamente lo mismo que Merkel. Necesitaban ganar tiempo.

La firma de ambos, tanto la de Merkel como la de Poroshenko, aparece en los Acuerdos. “Nuestro objetivo era, en primer lugar, poner fin a la amenaza o al menos retrasar la guerra: dar ocho años para restablecer el crecimiento económico y crear unas fuerzas armadas fuertes”, comentó Poroshenko.

Las potencias occidentales intentaron convencer a Moscú de que la situación podía resolverse diplomáticamente. Los años de relativa tregua se emplearon en rearmar y reentrenar al ejército ucraniano para un ataque a Rusia.

La invitación a Ucrania para ingresar en la OTAN fue una provocación. Estados Unidos, Alemania, Francia y Ucrania sabían que era una declaración de guerra contra Rusia.

El espía misericordioso que informaba a los soviéticos sobre los ataques atómicos

En 1950 un físico estadounidense, Theodore A. Hall, informó a la URSS de un traicionero ataque furtivo de Estados Unidos con bombas nucleares, evitando el estallido de una nueva guerra mundial. Así lo asegura una nueva película documental, titulada “Un espía misericordioso” (A Compassionate Spy), que cuenta la biografía de Hall, un genio de la física que a los 17 años fue seleccionado para ayudar a fabricar la primera bomba atómica.

Ted Hall

Tras licenciarse en la Universidad Harvard, Hall fue el físico más joven en trabajar en las primeras bombas atómicas elaboradas en Los Álamos, Nuevo México. Intervino en la fabricación de la bomba de plutonio utilizada en la prueba Trinity del 16 de julio de 1945, un mes antes de que matara a decenas de miles de civiles en Nagasaki.

Entre los bombardeos de Hiroshima, el 6 de agosto, y Nagasaki, el 9 de agosto, murieron alrededor de 200.000 civiles, y un número similar falleció en los meses posteriores a causa de la radiación.

El documental afirma que Hall compartió sus conocimientos con los soviéticos para evitar que en la posguerra Estados Unidos se encaminara hacia el fascismo y la dominación mundial, embriagado por el monopolio nuclear. Lo pronosticó correctamente porque en 1946 los especuladores de Wall Street y los industriales del armamento habían convencido a Truman, como muestra la película, para fabricar 400 bombas atómicas más para atacar a la Unión Soviética en 1950, matar a millones de sus habitantes y apoderarse de sus enormes tierras y recursos naturales.

Nueve meses después de empezar a trabajar en la bomba, en octubre de 1944, a Hall le permitieron celebrar su 19 cumpleaños en Nueva York. Fue allí donde hizo su primer contacto con un soviético, Serguei Kurnakov, que era escritor y miembro encubierto de los servicios de inteligencia. Hall entregó a los soviéticos planos detallados de la bomba de plutonio, utilizando a veces como correo a su amigo Saville Sax, con quien compartía habitación en Harvard.

La información de Hall corroboró lo que los soviéticos recibían independientemente del científico Klaus Fuchs. Los científicos soviéticos llegaron a hacer una copia virtual de la bomba de Nagasaki, que era la especialidad de Hall.

Los soviéticos hicieron explotar una bomba de prueba el 29 de agosto de 1949, entre dos y cinco años antes de lo previsto por los estadounidenses. Según el documental, Truman se vio entonces obligado a cancelar sus planes de invadir la URSS por las posibles represalias soviéticas.

Kennedy se enfrentó a un dilema similar durante la Crisis de los Misiles de Cuba de 1962, cuando los capitalistas de Wall Street, el Pentágono y la CIA, creada bajo el mandato de Truman en 1947, vieron la oportunidad de aniquilar a los pueblos soviéticos de varias regiones. Estados Unidos había intentado destruir la Unión Soviética desde que el gobierno de Wilson invadió Rusia tras la revolución bolchevique de 1918. Cuando Kennedy eligió otro camino, un bloqueo naval de Cuba, funcionó. Los misiles fueron retirados. Sin embargo, Kennedy había firmado su sentencia de muerte.

Sin embargo, la política no es el núcleo del documental, sino la historia de amor de Hall y su esposa Joan, entrelazada con la historia de la fabricación de la bomba atómica.

El periodista y productor Dave Lindorff inició la idea de la película en 2018. Junto con el director Steve James y el también productor Mark Mitten, comenzaron entrevistando a Joan, que ahora tiene 93 años. Les entregó una cinta de vídeo que Hall, por sugerencia de su abogado, hizo para la historia, en la que explica su ofrecimiento voluntario como espía soviético en Los Álamos.

Alardeando de ser “la mayor democracia del mundo”, Estados Unidos mató gratuitamente a cientos de miles de civiles japoneses en la Guerra del Pacífico y luego apuntaron a millones más para que murieran en la URSS justo cuando la Segunda Guerra Mundial fue ganada, principalmente por los soviéticos.

Dos científicos, Hall y Klaus Fuchs lo impedieron y merecen el reconocimiento mundial de todos los seres humanos que tengan algún sentido de la solidaridad y la paz mundial.

Los científicos del Proyecto Manhattan

Cuando Hall llegó a Los Álamos, el físico Robert Oppenheimer era el científico al mando, pero todo el Proyecto Manhattan dependía del ejército, con el general Leslie Groves al mando. No había aceras y había que vadear el barro.

Hall odiaba el ejército, pero no tenía elección. En una entrevista grabada, le dice a Joan que los soviéticos eran cálidos, serviciales, encantadores, incluso divertidos; nada autoritarios. Se pusieron de acuerdo sobre cómo llevar a cabo la comunicación, que duró casi dos años. Uno de los métodos consistía en crear códigos a partir de pasajes del poema “Hojas de hierba” de Walt Whitman.

Cuando se produjo la prueba de Los Álamos, el 16 de julio de 1945, los aliados estaban en la Conferencia de Potsdam: Truman, Stalin y Churchill, además de Clement Attlee, que acababa de derrotar abrumadoramente a Churchill para el puesto de primer ministro. Stalin reiteró a Truman el acuerdo con Roosevelt en Yalta de que enviaría tropas soviéticas para ayudar a derrotar a Japón. Pero no era eso lo que Truman quería. Planeaba utilizar la bomba atómica para evitar que los soviéticos compartieran la victoria en la guerra.

Muchos científicos del Proyecto Manhattan no querían que se lanzara la bomba sobre Japón, especialmente sobre los civiles. Cuando el general Groves informó del plan a algunos científicos de alto nivel, uno de ellos, Joseph Rotblat, dimitió. Einstein y el físico danés Niels Bohr, que había recibido el Premio Nobel de Física en 1922, querían que Roosvelt compartiera información sobre la bomba con los soviéticos.

Bohr había huido de Dinamarca al principio de la guerra al enterarse de que las fuerzas nazis de ocupación estaban a punto de detenerle. Pasó a formar parte del Proyecto Manhattan y animó, tanto a Churchill como a Roosevelt, a compartir conocimientos. Roosevelt hizo que el FBI le vigilara.

Justo después de que terminara la guerra en Europa Churchill impulsó su propio plan: la Operación Impensable. Pretendía utilizar tropas alemanas capturadas pero rearmadas y tropas británicas para invadir ciudades de Europa del Este bajo control soviético, y bombardear tres ciudades de la Unión Soviética con bombas atómicas. Truman dijo que tenían que esperar ya que sólo tenía las suficientes para lanzar sobre Japón.

Otros científicos nucleares escribieron una carta a Truman pidiéndole que no lanzara la bomba sobre civiles, sino que invitara a los dirigentes japoneses a presenciar la prueba que se iba a realizar y así fomentar una rendición. Entregaron la carta al general Groves, que decidió no remitirla al Presidente.

Incluso los generales estadounidenses más curtidos no querían que se lanzara la bomba. Acababan de bombardear y devastar 64 ciudades. Sabían de primera mano que Japón estaba acabado.

Eisenhower fue uno de los generales de alto rango que cuestionó la conveniencia de lanzar bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki: “El Secretario de Guerra Stimson visitó mi cuartel general de la Secretaría de Guerra en Alemania [y] me informó de que nuestro gobierno se estaba preparando para lanzar una bomba atómica sobre Japón. Yo era de los que pensaban que había una serie de razones de peso para cuestionar la conveniencia de tal acto: lanzar la bomba era completamente innecesario. Yo [también] pensaba que nuestro país debía evitar escandalizar a la opinión mundial con el uso de un arma cuyo empleo, en mi opinión, ya no era obligatorio como medida para salvar vidas estadounidenses. Yo creía que Japón estaba buscando en ese mismo momento alguna forma de rendirse con la mínima pérdida de ‘prestigio’. El Secretario se quedó profundamente perturbado por mi actitud”.

Los generales Douglas MacArthur y Curtis LeMay acababan de bombardear casi todas las ciudades japonesas. Ambos tenían la misma opinión que Eisenhower. Además, su uso podría conducir a una mayor proliferación nuclear. Nueve países poseen hoy bombas nucleares.

Repite la misma mentira mil veces

A pesar de que no era necesario, Truman se mantuvo firme. Afirmó que el bombardeo salvaría la vida de 20.000 soldados estadounidenses de morir en combate. No sabemos cómo llegó a esa cifra, pero era demasiado baja para justificar los cientos de miles de civiles muertos por las dos bombas atómicas. En pocos años, la propaganda inventó la cifra de un millón de vidas salvadas.

Truman y otros dirigentes estadounidenses aprendieron de su principal enemigo, el propagandista nazi Joseph Goebbels. Para ganarte a las masas, di una mentira, una gran mentira, repítela en todas partes una y otra vez. Como dice Joan en el documental: “A la población no se la enseña a pensar. Se forman opiniones según lo que les dicen los medios de comunicación y las escuelas”.

La estremecedora información sobre la crueldad de Estados Unidos hacia los civiles japoneses y sus despiadados planes para diezmar a millones de personas de las 193 nacionalidades de la URSS, se ve respaldada en la película por noticiarios de archivo e información desclasificada, incluidos planes de ataque ilustrados por el Pentágono.

Los principales propietarios de bancos, directores ejecutivos e industriales del armamento instaron a Truman a apoderarse de las 15 repúblicas de la URSS, con el fin de engordar los beneficios de Wall Street.

En aquellos tiempos la propaganda gubernamental y los medios de comunicación se inclinaban hacia los soviéticos favorablemente. Estaban sufriendo muchos millones de muertes y, después de tres años de ocupación de gran parte de la URSS por las tropas nazis alemanas y las tropas finlandesas aliadas del Eje, los soviéticos estaban cambiando las tornas.

Además de muchos noticiarios favorables, “Misión en Moscú” es una película de 1943 basada en un libro de 1941 del antiguo embajador de Estados Unidos en la Unión Soviética, Joseph E. Davies. Roosevelt, que quería que se difundieran el libro y la película. El libro vendió 700.000 ejemplares y se tradujo a 13 idiomas. El documental utiliza fragmentos de la película de 1943, financiada por el gobierno para relatar las experiencias de Davies en la URSS.

El 14 de febrero de 1945, sólo tres meses antes del final de la guerra en Europa, la revista Life publicó un favorable artículo de portada sobre la Unión Soviética, lo bien que vivía la gente, lo mucho que sufrían con la guerra y lo valientes que eran. Un año después de los elogios de la revista Life, se estaban preparando varias operaciones de guerra nuclear, entre ellas la Operación Dropshot. En ella se preveía fabricar entre 300 y 400 bombas nucleares y lanzar 29.000 bombas altamente explosivas sobre 200 objetivos en 100 ciudades de la Unión Soviética.

El desolador balance de la Segunda Guerra Mundial

La guerra causó entre 70 y 85 millones de muertos (el 3 por cien de la población mundial) y un número incalculable de heridos graves. La mitad de los muertos fueron ciudadanos de la Unión Soviética y China. Los chinos perdieron entre 15 y 20 millones, aproximadamente el 3-4 por cien de su población. Los soviéticos perdieron entre 16 y 18 millones de civiles y entre 9 y 11 millones de soldados, aproximadamente el 14 por cien de su población.

Un número similar resultó gravemente herido. La URSS perdió 70.000 pueblos, 1.710 ciudades y 4,7 millones de casas. De las 15 repúblicas que componían la URSS, perdió el 12,7 por cien de su población: 14 millones, algo más de la mitad eran civiles. Ucrania perdió casi siete millones, más de cinco millones de civiles, un total del 16,3 por cien de su población.

Estados Unidos perdió sólo 12.000 civiles, 407.300 militares, es decir, menos del 1 por cien de su población. Inglaterra perdió apenas el 1 por cien de su población.

En 2015 el Archivo de Seguridad Nacional, ubicado en la Universidad George Washington, publicó documentos gubernamentales desclasificados que revelaban que, en 1956, tras desechar sus planes anteriores de lanzar bombas atómicas sobre la Unión Soviética, Estados Unidos planeó emplear la nueva bomba de hidrógeno contra las poblaciones de la URSS, Europa del Este y China.

El espía se afilia al Partido Comunista

Tras la guerra, Hall se matriculó en la Universidad de Chicago para obtener el doctorado y conoció a Joan, su mujer. Le contó lo que había hecho en Los Álamos y tenía que jurar guardar el secreto. Joan se sintió orgullosa de él. Sus abuelos eran judíos rusos. Se casaron y se afiliaron al Partido Comunista. Veían a los comunistas de Chicago como buenas personas, que defendían la paz mundial y apoyaban a los negros y a los sindicatos obreros.

Hall fue un científico pionero en técnicas de microanálisis de rayos X y se mantuvo en contacto con la inteligencia soviética, hasta que el FBI llamó a su puerta. El Servicio de Inteligencia de Señales del ejército de Estados Unidos había descrifrado algunos mensajes soviéticos. Era el Proyecto Venona. En enero de 1950, descubrieron dos cables, uno que identificaba a Hall y Sax, y otro a Klaus Fuchs, como espías soviéticos.

Hasta la publicación de los documentos cifrados a principios de 1995, casi todo el espionaje relacionado con el programa nuclear de Los Álamos se atribuía a Klaus Fuchs. Había sido detenido en Gran Bretaña por el MI5. Cumplió 9 de los 14 años de condena y al salir se fue a vivir a Alemania Oriental.

El FBI también vigiló al hermano mayor de Hall, Edward, pero la Fuerza Aérea necesitaba protegerle para que pudiera continuar con la fabricación de cohetes. Fue el padre del programa de misiles balísticos intercontinentales (ICBM) y del misil Minuteman.

El archivo del FBI sobre Edward consta de 130 páginas e incluye comunicaciones entre Hoover y el jefe de la Oficina de Investigaciones Especiales de las Fuerzas Aéreas, el general Joseph F. Carroll, antiguo policía del FBI. En plena caza de brujas del senador McCarthy, Carroll bloqueó la persecución que Hoover pretendía emprender contra Ted Hall, temiendo que su detención obligara a las Fuerzas Aéreas a perder a su hermano, el principal experto en misiles.

En su lugar, las Fuerzas Aéreas ascendieron a Edward Hall a teniente coronel y más tarde a coronel, e impidieron que el FBI detuviera a ninguno de los hermanos. El FBI también necesitaba ocultar a los soviéticos cómo habían descifrado el código. Así que se conformó con interrogar una vez a Hall en marzo de 1951, negándose a responder a las preguntas. Lo intentaron de nuevo unos días más tarde, pero se marchó ante la mirada de los policías. El FBI mantuvo entonces su vigilancia sobre Hall y su mujer Joan, que incluía la intervención del teléfono.

El asesinato de los Rosenberg

Para huir del FBI, Hall dejó Chicago para investigar en biofísica en el Memorial Sloan-Kettering de Nueva York. Un día pasaron por la prisión de Sing Sing, donde Ethel y Julius Rosenberg iban a ser ejecutados ese mismo día. Supuestamente  Julius había participado en la transmisión de información del Proyecto Manhattan a los soviéticos, aunque no trabajaba allí.

Hall se sintió culpable. Debería haberse entregado para salvar a los Rosenberg. Pero su mujer no vaciló. El gobierno, le dijo, le habría apartado de ella y de los hijos, y habrían continuado con la ejecución de Ethel y Julius. Tenía razón.

En 1962 decidieron poner más tierra por medio y se trasladaron a la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, donde le ofrecieron un puesto de investigador en el laboratorio de investigación de microscopía electrónica de Vernon Ellis Cosslett.

Cuando en 1995 se hicieron públicos algunos archivos Venona, Joseph Albright y Marcia Kunstel expusieron en un libro a los científicos que habían espiado para los soviéticos. Los medios de comunicación rodearon la casa de los Hall en Cambridge. Fueron calumniados por los medios como traidores. Samuel T. Cohen, padre de la bomba de neutrones y buen amigo de Hall en Los Álamos, se volvió en su contra. Dijo que debería ser llamado de nuevo al ejército, sometido a un consejo de guerra y ejecutado.

En un fragmento de la serie “Guerra Fría” que la CNN nunca emitió, Hall declara: “Decidí entregar los secretos atómicos a los rusos porque me parecía importante que no hubiera un monopolio que pudiera convertir a una nación en una amenaza y soltarla por el mundo como… si fuera la Alemania nazi. Parecía que sólo había una respuesta a lo que uno debía hacer. Lo correcto era actuar para romper el monopolio estadounidense”.

Hall murió en 1999 de Parkinson y cáncer renal. Una de las últimas declaraciones públicas que hizo justo antes de morir fue animar a las próximas generaciones a exigir que nadie vuelva a poner al mundo en ante el riesgo de una nueva guerra mundial.

Los crímenes de guerra en los Balcanes vuelven a la actualidad

Una comisión internacional independiente ha investigado el sufrimiento de los pueblos de la región de Srebrenica entre 1992 y 1995, durante la Guerra de los Balcanes. Fue presidida por Gideon Greif, historiador israelí especializado en la historia de los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en los Balcanes. Greif es un erudito de renombre mundial. Ha sido investigador y profesor, entre otras, en las universidades de Tel Aviv, Viena, Austin y Miami.

La Comisión también incluyó a Yukie Osa, vicepresidenta de la Universidad Rikkyo de Tokio, experta en Srebrenica y asistencia humanitaria internacional, y al profesor Roger W. Byard, patólogo forense, que ocupa la cátedra de patología de la Universidad de Adelaida, en Australia.

Los demás miembros de la comisión también son todos eminentes especialistas en sus respectivos campos, entre ellos dos estadounidenses, un italiano, un nigeriano, un austriaco, un serbio y un alemán.

Como es imposible detallar las 1.105 páginas del voluminoso informe redactado por la Comisión (1), resumiremos algunos puntos, basados en el artículo publicado por Nikola Mircovic el 11 de julio del año pasado (2).

Las autoridades serbias de la República Srpska encargaron el estudio y pidieron a Greif que lo dirigiera. La formación académica de Greif le otorga autoridad y competencia para este trabajo de investigación, y para evitar las habituales acusaciones de “negacionismo”.

La Comisión critica al Tribunal Penal Internacional para Yugoslavia por recurrir al término “genocidio”, que se ha acabado desvirtuando completamente. En ningún momento hubo voluntad por parte de los serbios de exterminar a todos los musulmanes bosnios, ni en Srebrenica ni en ningún otro lugar de Bosnia-Herzegovina.

La investigación se centra en la zona de Podrinje y en los cinco barrios de la ciudad de Srebrenica: Srebrenica, Bratunac, Zvornik, Milici y Vlasenica. El informe recuerda que el día de Navidad (7 de enero de 1993, Navidad ortodoxa) entre 3.000 y 4.000 soldados del Ejército de Bosnia y Herzegovina (ARBiH) llevaron a cabo un ataque masivo en los alrededores de Bratunac, especialmente en Kravica. Durante la campaña todos los serbios fueron expulsados de sus viviendas y los pueblos fueron saqueados y quemados.

Las incursiones se llevaron a cabo desde la base de retaguardia de la ARBiH en Srebrenica, que se había convertido en una zona exclusivamente musulmana. Al principio de la guerra, pues, los bosnios ya había realizado la limpieza étnica, casi 2.000 serbios habían muerto y muchos estaban desaparecidos. 150 aldeas serbias en la República Srpska habían sido destruidas.

Los medios de comunicación occidentales nunca mencionaron la tragedia sufrida por la población serbia de la región, del mismo modo que los bombardeos ucranianos sobre la población civil del Donbas, que causaron miles de víctimas, también son ignorados hoy.

La tragedia se ocultó deliberadamente para señalar con el dedo acusador únicamente a los serbios. Desde el comienzo de la Guerra de los Balcanes se desató una campaña masiva de intoxicación para demonizar a los serbios. Los imperialistas que patrocinaban la desintegración de Yugoslavia se esforzaron para enfrentar a unos pueblos con otros. El mismo patrón se repetirá unos años después en Kosovo. Los medios de comunicación sirvieron para desacreditar a los serbios ante la opinión pública mundial. Incluso inventaron la existencia de campos de concentración serbios para llevarlos al campo del Eje del Mal.

Ante el Tribunal Penal Internacional sólo compareció un bosnio, Naser Oric, que fue uno de los cabecillas de la limpieza étnica en Srebrenica. Fue absuelto porque el Tribunal se creó para condenar únicamente a los serbios.

Durante su ofensiva sobre Mosul, el 13 de junio de 2014 el Califato Islámico ejecutó sumariamente a 1.700 soldados irakíes que estaban presos en Tikritt (7), pero no hubo ninguna condena por genocidio. Los defensores de los derechos humanos no han considerado oportuno crear un tribunal especial para juzgar las masacres y los crímenes cometidos por los yihadistas. Sin embargo, se preocupan mucho de la Guerra de Ucrania, donde han reservado a los rusos el papel de “malos de la película”.

Las conclusiones de la investigación han provocado, como era de esperar, reacciones violentas por parte del gobierno bosnio, que ha cuestionado la imparcialidad de la Comisión. Greif no se ha librado del habitual linchamiento mediático. El gobierno alemán decidió no concederle la medalla de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania, lo que no es sorprendente porque Alemania fue una de las potencias que destruyo Yugoeslavia y desató la Guerra de los Balcanes.

En una entrevista con el diario israelí Haaretz, Greif dice que le han informado extraoficialmente de que ya no recibiría el premio y acusó a la Hermandad Musulmana de Bosnia de arruinar su reputación.

Sin embargo, la Comisión no exonera en absoluto a las tropas serbias de ser culpables de crímenes de guerra, sino todo lo contrario. Se estima que entre 1.500 y 3.000 combatientes de la 28 División bosnia fueron capturados por el ejército serbio y asesinados.

(1) https://incomfis-srebrenica.org/
(2) https://stratpol.com/guerre-de-bosnie-icsr-est-formel-il-ny-a-pas-eu-de-genocide-a-srebrenica

La ocupación militar de Europa occidental en 1945 fomentó el servilismo hacia Estados Unidos

Muchos se preguntan por los motivos que conducen a las potencias europeas, especialmente a Alemania, a someterse de una manera aparentemente tan dócil, a la política de Estados Unidos, con graves consecuencias, especialmente económicas.

La explicación es que en 1945 Europa occidental fue ocupada militarmente y los países europeos sólo se han desprendido parcial y limitadamente de la presión estadounidense. La OTAN no fue más que la consolidación de esa ocupación militar, a la que habría que añadir otro tipo de presiones, como la omnipresencia del dólar.

El plan de Estados Unidos para Alemania y los países liberados de la ocupación nazi se llamó “Gobierno Militar Aliado de los Territorios Ocupados” (Allied Military Government of the Occupied Territories, Amgot) (1). Las invocaciones retóricas de posguerra acerca de los países orientales, “ocupados por las tropas soviéticas”, fue una cortina de humo que ocultó la verdadera ocupación militar: la de Europa occidental.

Es un fenómeno conocido en el caso de Alemania, pero no lo es tanto en el de Francia, donde la resistencia se negó a sustituir una ocupación, la alemana, por otra, la estadounidense. Por eso en 1944 las tropas republicanas españolas que encabezaron la liberación de París estaban al mando del general De Gaulle y no de Eisenhower.

A diferencia de Alemania, poblada de nazis que en 1945 pasaron a trabajar para las potencias anglosajonas, De Gaulle consiguió evitar una nueva ocupación e instalar un gobierno provisional francés.

Ya en 1941-1942 Washington planeó imponer a Francia, así como a los futuros perdedores (Italia, Alemania y Japón), un protectorado regido por un gobierno militar, según el modelo previsto en los acuerdos Darlan-Clark de noviembre de 1942 (2).

Estados Unidos quería introducirse en las colonias francesas, propugnando una política de “puertas abiertas” que le diera acceso a las materias primas y donde pudiera instalar bases militares (3).

Roosvelt siempre jugó con las dos barajas: la de De Gaulle y la de Vichy. Por su parte, el gobierno de Vichy hizo lo propio: apoyaba al III Reich, mientras negociaba en secreto con Estados Unidos y Gran Bretaña, tanto en las colonias como en la metrópoli.

Estados Unidos desconfiaba de De Gaulle, al que consideró como una marioneta de los comunistas. Junto con Londres, el 23 de octubre de 1944 reconoció al Gobierno Provisional de la República Francesa dos años y medio después del reconocimiento soviético y poco antes de que De Gaulle firmara con Moscú, el 10 de diciembre, un Tratado de alianza y asistencia mutua para contrarrestar la hegemonía estadounidense en Europa.

El castigo fue sacar a Francia del Tratado de Yalta. De Gaulle no se sentó en la histórica foto junto a Churchill, Stalin y Roosvelt y, aunque evitó una ocupación militar abierta, tuvo que realizar una serie de concesiones importantes. Un memorando secreto relativo a la “participación francesa en la administración del territorio liberado en la Francia metropolitana” establecía lo siguiente:

“Artículo 1: El territorio liberado en la Francia metropolitana será tratado como amistoso. Sin embargo, el Comandante en Jefe de las Fuerzas Aliadas tendrá todos los derechos de ocupación militar resultantes de la guerra. Actuará sobre la base de que en Francia no hay un gobierno soberano. No negociará con el Gobierno de Vichy, salvo para transferir la autoridad a sus propias manos.

“Artículo 2: Los funcionarios franceses y el personal judicial serían nombrados, o confirmados, por el Comandante en Jefe de los Ejércitos Aliados y por sus delegados autorizados. Estas medidas están destinadas a crear, lo antes posible, las condiciones que permitan el restablecimiento de un gobierno francés representativo de acuerdo con los deseos libremente expresados por el pueblo francés”.

En los territorios europeos ocupados en 1945 por los ejércitos estadounidense y británico, el Amgot dejó en sus cargos a los viejos cuadros nazis (caso de Alemania) o colaboracionsitas (caso de Francia). A otros nuevos los formó a su imagen y semejanza en universidades, como la de Yale o Charlottesville. Es un proceso continuado metódicamente durante la Guerra Fría, que fue una fábrica de europeos incapaces de descolonizarse a sí mismos, ni en el terreno político, ni en el militar, ni en el económico, ni en el cultural.

Europa occidental es un continente que sigue estando dirigido por caballos de Troya.

(1) http://www.ffi33.org/cnr/amgot/amgot5.pdf
(2) El 22 de noviembre de 1942 el almirante François Darlan, en nombre del gobierno colaboracionista de Vichy, y el general Mark W. Clark, en nombre de Roosvelt, firmaron un acuerdo para poner el norte de África a disposición del imperialismo estadounidense
(3) William A. Williams, The Tragedy of American Diplomacy, Dell Publishing, Nueva York, 1959.

Breve recordatorio de un traidor ruso: Andrei Kozyrev

En la oligarquía rusa no es extraño encontrar renegados; lo extraño sería lo contrario, ya que la mayor parte de la burocracia es heredera de los tiempos soviéticos, con los que ninguno de ellos se identifica.

Los traidores son otro gremio bastante común desde el desmantelamiento de la URSS en 1991, e incluso antes. Son aquellos que se pusieron abiertamente al servicio del imperialismo para convertir a Rusia en un Estado vasallo de Estados Unidos.

Uno de estos últimos fue Andrei Vladimirovich Kozyrev, ministro de Asuntos Exteriores entre 1990 y 1996. Era el delfín de Boris Yeltsin, el hombre destinado a tomar el relevo del Kremlin. No escondía su admiración por el “american way of life”, algo que entonces no escandalizaba a nadie en una Rusia hundida y desmoralizada.

Kozyrev cayó a pesar de contar con el apoyo entusiasta de Washington. Era su hombre en el Kremlin.

Yevgeny Primakov, el hombre que reconvirtió el KGB en el FSB, había rellenado un detallado expediente sobre Kozyrev y se plantó ante Yeltsin, aprovechando alguna resaca, para forzarle a despedir al traidor. Había que destituirle como ministro y, desde luego, como futuro presidente de Rusia.

Cayó Kozyrev, le sustituyó Primakov como ministro de Asuntos Exteriores. Luego llegó a ser Primer Ministro, pero la verdadera tarea no era relevar a Kozyrev sino a Yeltsin. En la Rusia de entonces era como encontrar una aguja en un pajar. Debía estar limpio y debía cambiar el rumbo político del país.

Primakov, el bonapartista ruso por excelencia, fue a buscar a su mirlo blanco en sus propias entrañas: el KGB/FSB. No le valían los politicastros oportunistas, ni los nuevos ricos, verdaderos ladrones de guante blanco.

Así es como Primakov encontró a Putin: por eliminación. Su primera tarea fue poner fin al saqueo del país por los oligarcas, encarcelando a los que no habían podido huir a tiempo al extranjero.

La segunda fue acabar con los yihadistas chechenos a sangre y fuego.

La tercera fue poner en marcha la “Doctrina Primakov”, una política exterior que hoy se llama “multilaterialismo”.

En cuanto a Kozyrev, vive actualmente en Estados Unidos, su país favorito. Es uno de los “expertos” que cada día despotrican contra Rusia en las cadenas de televisión de Estados Unidos. Se lamenta de su suerte: podría haber sido un Zelensky ruso si la historia hubiera acelerado el paso.

Primakov y Putin

Los orígenes históricos de la rusofobia: el terrible Iván

He aquí un ejemplo que se remonta mucho más allá del siglo XVI: los sacrificios de niños en Cartago. Las palabras en sí mismas ya son espeluznantes. Se convirtieron en una de las justificaciones ideológicas de la guerra “justa” de Roma contra los púnicos, aunque todo historiador sabe que la esencia del conflicto no era salvar a los niños sino luchar por el dominio del Mediterráneo. Sin embargo, ese mito propagandístico, que se convirtió en uno de los temas bíblicos, ha sobrevivido tranquilamente hasta nuestros días… y sólo ha sido refutado de forma convincente a principios del siglo XXI.

Un equipo internacional de científicos ha llevado a cabo un estudio en profundidad de las tumbas de niños supervivientes de la época de Cartago. Arqueólogos y antropólogos estudiaron cuidadosamente 348 urnas infantiles conservadas utilizando métodos científicos modernos. Una quinta parte de ellos contenía los restos de bebés que murieron en el útero o justo después de nacer. Los otros no contenían ninguna evidencia de muerte violenta. La ubicación de los enterramientos de niños cerca de los lugares sagrados en Cartago no sugiere ninguna evidencia de sacrificio, sino más bien lo contrario: los cartagineses prestaban especial atención a acompañar a los niños muertos a sus tumbas.

Entonces, ¿de dónde provienen las pruebas del sacrificio de niños a los dioses? De los historiadores romanos, cuya parcialidad es bien conocida. En las fuentes romanas, por ejemplo, es casi imposible encontrar información sobre las derrotas en el mar que la flota romana sufría regularmente a manos de Cartago; cada vez, sus barcos se hundían a causa de una “terrible tormenta”. Los que escribieron la historia desde la perspectiva romana tenían un interés muy real en demonizar a su enemigo con los horrores del sacrificio de niños. Pasaron más de dos mil años antes de que los historiadores recuperaran la verdad. Pero esto sólo ocurre si se aborda la historia precisamente como una ciencia y con todo el arsenal del que dispone el investigador.

El reinado de Iván El Terrible

A este respecto, intentemos examinar juntos el problema del nacimiento de la rusofobia en Europa occidental, que tuvo lugar durante el reinado de Iván el Terrible. Es cierto que se trata de una época muy alejada de la actual, pero fue en la era de la primera modernidad cuando se sentaron las bases del sistema moderno de relaciones internacionales. Y si analizamos las principales técnicas de demonización de los rusos, así como los motivos de estas acciones, podemos comprender que muchas de las tendencias que nacieron entonces siguen vivas hoy.

Empecemos por la más sencilla: en nuestro país [Rusia], Iván IV tiene el apodo de Grozny, que no tiene una connotación inequívocamente positiva o negativa. Pero en las lenguas de Europa occidental, a Iván Vasílievich le llaman El Terrible, y aquí la carga semántica es bastante evidente. ¿Cómo ha ocurrido eso?

Para ello, hay que mirar el contexto histórico. En los años ochenta del siglo XV, nuestro país completó un largo y difícil proceso de unificación del Estado bajo el gobierno de los príncipes de Moscú. Al mismo tiempo, se resolvió otra tarea importante: el “gran alto” en el río Ugra en 1480 puso fin al yugo de la Horda. La resolución satisfactoria de estas dos tareas permitió al Estado ruso desarrollarse en relativa paz. Aunque las tensiones en política exterior fueron casi permanentes, la primera mitad del siglo XVI, fue un periodo de considerable fortalecimiento de nuestro país [Rusia].

Estos acontecimientos crearon las condiciones previas para superar el forzado aislamiento político del Estado ruso y entrar en la escena internacional. Como escribió el historiador Vasily Klyushchevsky, “hasta entonces, estaba rodeada por casi todos los lados por otros principados rusos o por las tierras de las ciudades libres, que la protegían de los enemigos externos… Desde mediados del siglo XV, todos esos revestimientos externos desaparecieron, y el principado de Moscú se encontró frente a estados extranjeros… Hasta entonces, las relaciones exteriores de los príncipes moscovitas se limitaban al círculo cercano de sus propios hermanos, los príncipes rusos, grandes y pequeños, y los tártaros. A partir de la época de Iván III, la política de Moscú tomó un camino más amplio”.

Para entonces, Europa ya había desarrollado un sistema de relaciones internacionales, y la diplomacia europea tenía que definir ahora el lugar del Estado ruso en este sistema. “Europa se quedó atónita – escribe K. Marx – al comienzo del reinado de Iván III, que apenas sospechaba la existencia de Moscovia, encajada entre Lituania y los tártaros, se quedó atónito ante la repentina aparición de un vasto imperio en sus márgenes orientales”. ¿No es una descripción muy vívida e imaginativa? Además, Europa ya se había enfrentado antes a una invasión otomana, por lo que la aparición de otra gran formación estatal en el este suscitó inmediatamente el temor a una nueva invasión, ahora de las “hordas moscovitas”.

El intento de legalizar el nuevo Estado confiriendo el título de rey a Iván III chocó con la posición decididamente independiente del gobernante ruso. Como acababa de obtener la soberanía con gran dificultad y sin ayuda de nadie, no consideró necesario confirmar sus derechos con nadie, y mucho menos recibir la corona real del emperador alemán. La posición de Iván III quedó mejor expresada en su respuesta al embajador imperial Nikolai Poppel a través del escribano Fyodor Kuritsyn el 31 de enero de 1489: “Por la gracia de Dios, hemos sido soberanos en nuestro país desde el principio, desde nuestros primeros antepasados… Y los estatutos que no queríamos de nadie antes y seguimos sin querer”.

El título de Gran Duque de Todas las Rusias adoptado por Iván III (que en su época también se llamaba Grozny) era en sí mismo un programa político destinado a restaurar la influencia sobre las tierras perdidas durante el periodo de fragmentación política y conquista de la Horda, es decir, a volver a las fronteras del antiguo estado ruso de la época de Yaroslav el Sabio.

Este nuevo actor en la escena de la política exterior europea también atrajo la atención europea en otro aspecto: las conquistas de los turcos otomanos suponían una amenaza directa para Europa, que necesitaba un aliado. Sin embargo, los intentos de atraer a Moscú a la guerra resultaron infructuosos. En esta etapa, los intereses rusos y turcos aún no habían colisionado objetivamente. El Gran Duque no quería comprometer al país en un conflicto innecesario, lo que naturalmente provocó el descontento de Europa Occidental. Esto contribuyó a la disminución del interés de los gobernantes europeos por el Estado ruso. Además, por razones religiosas, resultaba difícil contraer matrimonios dinásticos con él. Por ello, las relaciones de Moscú con los países europeos seguían siendo muy difíciles a principios del siglo XVI.

Mientras tanto, el principal objetivo de la diplomacia rusa era resolver la cuestión oriental. La incorporación de los vastos territorios de los janatos de Kazán y Astracán a principios del reinado de Iván IV y el establecimiento de relaciones comerciales con Asia Central y las repúblicas del Caspio a lo largo de la ruta del Volga permitieron a Moscú establecer relaciones diplomáticas y comerciales con estos países.

El acceso al Mar Báltico y al comercio de tránsito más lucrativo con Europa era de vital importancia. Era tan urgente que Iván IV dejó de lado todo lo demás. Y el Estado ruso se convirtió en el participante más activo en la resolución de la cuestión del Báltico.

La guerra de Livonia estalló en 1558. Su estallido fue un choque para los europeos. Nadie en Europa Occidental podía imaginar que la confederación de Livonia y, sobre todo, el terror de los siglos pasados, el orden de Livonia, que durante más de tres siglos había gobernado el Báltico a sangre y hierro, sería tan débil como para derrumbarse como un tronco decrépito al primer golpe de las fuerzas rusas. Pero eso es exactamente lo que ocurrió, y todos los temores europeos a una invasión de las “hordas moscovitas” se reavivaron inmediatamente. Esto condujo a una verdadera guerra de información para demonizar a los rusos.

El investigador soviético Yakov Lourié hizo una importante observación, basada en la información de los llamados periódicos voladores (“Fliegende Blätter”, “Zeitungen“). Desde el comienzo de la Guerra de Livonia, consideraron al Estado ruso como un peligro para Europa, al igual que Turquía. Estos folletos fueron el ancestro primitivo de los periódicos. Suelen contener poco texto y a menudo van acompañados de grabados. El historiador austriaco Andreas Kappeler ha descubierto que al menos 62 panfletos de la época de la Guerra de Livonia con características antirrusas han llegado hasta nuestros días.

¿Qué dijeron exactamente? He aquí un ejemplo. En 1561 se publicó un tratado con el siguiente texto: “Es espantoso y horrible, inaudito hasta ahora, las atrocidades que los moscovitas están haciendo a los cristianos cautivos de Livonia, hombres y mujeres, vírgenes y niños, y el mal que les hacen diariamente en su país. De paso, se muestra el peligro y la tragedia del pueblo liviano. A todos los cristianos como advertencia y mejora de su vida pecaminosa, escrito desde Livonia e impreso. Nuremberg. Georg Bresslein. 1561”. Este texto iba acompañado de una ilustración de las atrocidades cometidas por los moscovitas.

Otros “tratados” comparaban a Iván El Terrible con el Faraón, que perseguía a los judíos, con Nabucodonosor y con Herodes. Fue definido como un tirano. El elector sajón Augusto I fue uno de los primeros en comparar públicamente el peligro ruso con el de Turquía. Después, Iván el Terrible fue pintado a menudo con las ropas de un sultán turco, y al mismo tiempo se escribió sobre su harén de decenas de esposas, y sobre el hecho de que mataba a aquellas de las que se cansaba.

Pronto, la propaganda antirrusa formó, en la jerga moderna, un cierto “equipo” de portavoces. Uno de ellos era el príncipe “disidente” Andrei Kurbsky, que en aquella época estaba a sueldo de las autoridades de Rzeczpospolita, que le concedieron fincas. Sus mensajes al zar ruso deben considerarse en el contexto de la guerra de la información. De hecho, Iván el Terrible era sólo en parte el destinatario. En primer lugar, estos textos se difundieron ampliamente en los círculos de la élite europea de la época, es decir, eran puro material de propaganda. Esto significa que la valoración de la correspondencia del zar con Kurbsky dada por los historiadores de la época de los Romanov y repetida muchas veces después es fundamentalmente errónea, ya que no tiene en cuenta el contexto histórico y no es crítica con el contenido escrito por el príncipe fugitivo.

Un documento de 1572, dirigido al gobernador lituano de Livonia, Hetman Jan Chodkiewicz, describe la represión en el Estado ruso. Como en el caso de las cartas de Kurbsky, el verdadero destinatario no era una persona concreta, sino el “público” europeo, a cuyos ojos había que desacreditar a Iván IV.

Al mismo tiempo, la historia de la vida de los autores de las cartas es ahora bien conocida y merece una atención especial. Al comienzo de la Guerra de Livonia, dos pequeños nobles fueron hechos prisioneros por los rusos: Johann Taube, impresor del arzobispo de Riga, y Elehard de Krause, obispo de Dorpat. Como ocurría a menudo en la época, los cautivos decidieron servir a las manos de su captor, lo que ocurrió hacia 1564.

Así es como Taube y Krause acabaron en la “oprichnina” (*) y se ganaron la confianza del zar ruso. Equivocadamente, como resultó ser. En 1567-1571 les encargaron negociar la fundación de un reino vasallo en Livonia. A cambio de la confirmación del rey títere, Magnus, en el trono, ambos fueron promovidos a la Duma y se les concedieron fincas.

Pero en 1571, tras la campaña del kanato hacia Moscú, Taube y Krause traicionaron a Iván IV, que quedó profundamente disgustado. En 1571, tras el ataque a Moscú del ejército del Janato de Crimea, Taube y Krause traicionaron a Iván IV, que quedó totalmente desconcertado. Después, Taube y Krause huyeron a Lituania, donde utilizaron su conocimiento de los asuntos internos del Estado ruso para escribir la carta mencionada. Pero la información que dan es una fuente muy sesgada. Como ha señalado el historiador soviético Ruslan Skrynnikov, los dos traidores simplemente trataron de justificar su propia doble traición con la supuesta crueldad del zar ruso.

Recordemos también la famosa leyenda del asesinato de su propio hijo por parte de Iván el Terrible. Esta versión no aparece en ninguna fuente rusa, pero por ella sabemos de la larga enfermedad del zarevich Iván Ivánovich. En aquella época, debido a la rudimentaria medicina, no era raro que la gente muriera joven.

La acusación del zar por el asesinato de su hijo fue hecha públicamente por el legado papal, un alto miembro de la orden jesuita, Antonio Possevino. Anteriormente, en el curso de las negociaciones, había tratado de obtener de Iván IV una alianza con el Papa y la sumisión de la Iglesia Ortodoxa Rusa al trono papal, pero sin éxito. La acusación de Possevino fue apoyada por el alemán Heinrich von Staden, el inglés Jerome Gorsey y varios otros europeos. Ninguno de ellos pudo presenciar la muerte del zarevich Iván. Hay que tener en cuenta que los historiadores rusos de la época zarista escribieron sobre este tema a partir de fuentes occidentales, a menudo basándose en ellas de forma poco crítica. ¿Y qué tipo de personas eran estos acusadores?

Un espía inglés del siglo XVI en Rusia: Jerome Gorsey

Tomemos como ejemplo a Jerome Gorsey. Para quienes conocen algo de él, generalmente aparece como un viajero curioso que dejó interesantes recuerdos de nuestro país. Pero este mismo inglés compasivo escribió que durante la campaña de Iván el Terrible en Nóvgorod fueron exterminadas 700.000 personas cuando la población total de la ciudad era de unas 400.000. Una “exageración poética”.

¿Y quién era realmente Gorsey? En dos décadas visitó el estado ruso siete veces, y fueron viajes largos, asociados oficialmente a misiones diplomáticas y asuntos comerciales de la Compañía inglesa en Moscú, que tenía motivos para sospechar de algún negocio indecoroso. En 1590, Gorsey intentó de nuevo cruzar la frontera rusa, en secreto, pero fue identificado y apresado por las autoridades rusas, y al año siguiente fue expulsado. La carta dirigida a la reina Isabel, firmada por Fiódor Ivanovich, afirma que si ella deseaba mantener “la amistad y el amor” con el zar ruso, mantendría la correspondencia con él a través de “personas de bien, no de canallas y sinvergüenzas como Gorsey”.

¿De dónde proceden esas mordaces caracterizaciones en un mensaje diplomático? ¿Qué sabían los rusos de la época sobre este hombre y qué hemos olvidado hoy? El hecho es que los estudiosos ingleses saben perfectamente que Jerome Gorsey era un asociado de Lord Francis Walsingham, que le había sido presentado por su propio tío, Sir Edward Gorsey. El Secretario de Estado Walsingham, miembro del Consejo Real Privado, era responsable de la inteligencia y la contrainteligencia. Fue uno de los fundadores de las redes de agentes en Europa. Los actuales MI-5 y MI-6 (inteligencia militar) se remontan a Walsingham.

Tras ser expulsado del Estado ruso, Jerome Gorsey se convirtió en diputado y permaneció así durante 28 años, y fue nombrado caballero. Y aunque algunos, cautivos de las narrativas liberales del “brillante occidente”, siguen considerando a Gorsey como un mero viajero, para el jefe de la diplomacia rusa, el secretario del embajador Andrei Shchelkalov, un experimentado político de la época, a juzgar por sus acciones decisivas hacia el inglés, todo estaba claro: lo echó de su país por espía.

Volviendo a las “hojas sueltas”, hay que señalar que es bien sabido que se imprimieron en el ejército polaco. Un hombre llamado Lapka creó la primera imprenta de la historia del ejército polaco. La eficacia de su trabajo puede juzgarse por el hecho de que su fundador fue elevado a la nobleza y se convirtió en pan Lapczynski.

Sin embargo, desde mediados de los años setenta del siglo XVI, el tono de las “hojas sueltas” ha cambiado seriamente: de repente se han vuelto favorables a Moscú. Los países afectados volvieron a ver al “moscovita” como un aliado conveniente contra el “turco”. Como resultado, la llama de la propaganda rusófoba se redujo temporalmente.

Pero el estigma de Iván El Terrible permanece hasta hoy. Por supuesto, el zar ruso no era un cordero de Dios, sino un monarca medieval con todas las consecuencias que ello conlleva. Pero no era en absoluto peor que los gobernantes europeos de su época, sino todo lo contrario. Su reinado no se pareció en nada a la Noche de Bartolomé, que envolvió a Francia en una carnicería. En pocas semanas costó hasta 30.000 vidas, más de las que fueron ejecutadas por orden del zar ruso durante su reinado de medio siglo.

Sus contemporáneos, los monarcas ingleses, también perpetraron sangrientas masacres que “El Terrible” no puede igualar. Sólo bajo el reinado de Enrique VIII, decenas de miles de personas fueron ahorcadas en virtud de la “Ley de Vagabundos”. Karl Marx citó la cifra máxima de 72.000. Isabel I no fue menos que su padre: el número de personas ejecutadas por su voluntad se estima, según algunas fuentes, en 89.000. Pero en la historia escrita por los europeos, sólo Iván Vasílievich ha sido llamado “El Terrible”.

¿Cuáles eran los objetivos de la guerra de información antirrusa en el siglo XVI?

Está claro que un Moscú más fuerte era visto como un competidor, y por algunos como un peligro real, y la difusión de la rusofobia jugó un papel movilizador en esta lucha.

Pero también había una segunda razón, de naturaleza obviamente agresiva e invasiva. No se trataba simplemente, como ahora está de moda en Occidente, de “contener a Moscú”, sino también de la perspectiva de colonizar tierras rusas. Por ejemplo, los ingleses, que llegaron al norte de Rusia a mediados del siglo XVI, pronto empezaron a exigir la celebración de tratados desiguales, conocidos como instrumentos de subyugación colonial.

Las autoridades rusas de la época no vacilaron. Pero al final de la Guerra de Livonia, Iván El Terrible cedió y otorgó a los británicos el derecho a comerciar libremente en tránsito con Persia. Deseaba formar una alianza militar con Inglaterra y negoció un matrimonio con una pariente de la reina Isabel I, Mary Hastings, para cimentar la alianza mediante un matrimonio dinástico. Pero no funcionó: Londres tenía sus propios intereses. Al no tener éxito, Iván pronto revocó el privilegio concedido a los ingleses. Pero después, Inglaterra exigió a los rusos la devolución de lo que había considerado suyo durante más de cien años, y sin condiciones. Las negociaciones por parte de los ingleses fueron las siguientes: primero nos devuelven el derecho a comerciar con los persas sin derechos de aduana, y sólo entonces hablaríamos de algo más.

Heinrich von Staden, de Renania del Norte-Westfalia, fue aún más lejos. Al igual que Jerome Gorsey, es más conocido como autor de notas periódicas sobre Moscovia (“El país y el gobierno de los moscovitas, descritos por Heinrich von Staden”). El alemán había estado al servicio del Estado ruso durante unos doce años, de 1564 a 1576, trabajando incluso en la oficina del embajador como intérprete. Mientras estaba en la “oprichnina” (*), Von Staden participó en la campaña de Novgorod. Pero por alguna razón cayó en desgracia y huyó a Europa: primero a Alemania y luego a Suecia, donde intentó entrar al servicio del conde palatino Georg Hans de Veldenz, en cuyo nombre comenzó a describir los asuntos de Moscú.

Von Staden describió a los rusos a los que servía como “no cristianos”, y a Iván El Terrible, que les dio propiedades, como un “terrible tirano”. El antiguo “oprichnik” (*) propuso un plan para la ocupación de “Moscovia”. El documento se discutió durante varios años en embajadas al Gran Maestre de la Orden Alemana (Teutónica), Enrique, así como al rey polaco Esteban Bathory y al emperador romano alemán Rodolfo II. Este último estaba considerando seriamente la posibilidad de crear una nueva provincia imperial en lugar del Estado ruso. Esteban Bathory también quería apoderarse de las tierras rusas, incluyendo Pskov, Nóvgorod y Smolensk.

Von Staden escribe: “La nueva provincia imperial de Rusia será gobernada por uno de los hermanos del emperador. En los territorios invadidos, el poder pertenecerá a los comisarios imperiales, cuya principal tarea será proporcionar a las tropas alemanas todo lo que necesiten a costa de la población. Para ello, hay que destinar a cada fortificación -en un radio de veinte o diez millas- a campesinos y comerciantes que puedan pagar los sueldos de los soldados y entregar todos los productos de primera necesidad”.

Es el “Drang nach Osten” del siglo XVI. Más adelante leemos: “Las iglesias alemanas de piedra deben construirse en todo el país, y a los moscovitas se les debe permitir construir las de madera. Pronto se pudrirán, y en Rusia sólo quedarán las iglesias de piedra alemanas. Así, de forma indolora y natural, habrá un cambio de religión para los moscovitas. Cuando las tierras rusas […] sean tomadas, entonces las fronteras del imperio se unirán a las del Sha de Persia”.

Se puede decir con toda responsabilidad que la idea de la conquista de espacios vitales en Oriente por parte de los europeos se formuló ya en el siglo XVI y se discutió a nivel de los jefes de los estados de Europa Occidental. Y una poderosa campaña de información rusofóbica en Europa jugó un papel de apoyo en la promoción de los planes de colonización de nuestro país [Rusia].

Mijail Kostrikov https://kprf.ru/history/soviet/214670.html

(*) La “oprichnina” era una porción del territorio ruso controlada directamente por Iván IV. Por extensión, designó al periodo de reinado del zar y a su propia corte de consejeros, los “oprichniks”, así como a un nuevo tipo de ejército, alejado de los cánones feudales.

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