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La única historia de las conspiraciones y las teorías de la conspiración empieza con la CIA

Sobre la expresión “teoría de la conspiración” conviene saber tres cosas. La primera es que surgió en Estados Unidos; la segunda es que surgió en 1964; la tercera es que la propagó la CIA.

Cuando en 1964 la Comisión Warren dio la versión oficial de que el asesinato de Kennedy había sido obra de un asesino actuando en solitario, el mundo estuvo al borde de extinguirse de un ataque multitudinario risa. Pero en la Casa Blanca las carcajadas de los demás siempre han importado muy poco.

Tras publicarse el informe, el New York Times aludió a cinco teorías sobre el magnicidio, conspiranoicas todas ellas, pero mucho más verosímiles de que las de la Comisión Warren. A partir de entonces la plaga se fue extendiendo.

En los años recientes, el término “teoría de la conspiración” aparece anualmente en 140 artículos del New York Times como promedio. En Amazon hay una categoría de libros dedicada a las “teorías de la conspiración” que incluye 1.300 obras. Una búsqueda en internet muestra millones de resultados para dicha expresión.

El profesor Lance de Haven-Smith, antiguo presidente de la Florida Political Science Association, publicó su libro “La teoría de la conspiración en Estados Unidos”, inaugurando el tratamiento académico del asunto (*).

Esta obra incorporó documentos confidenciales obtenidos gracias a la Ley de Libertad de Información que sugerían que fue la CIA quien generalizó el término “teoría de la conspiración”, al que le dio un sentido peyorativo como instrumento de manipulación de las opiniones políticas.

Cuando las implicaciones de las altas esferas de Washington, incluido el Presidente Lyndon B. Johnson, empezaban a salir a la luz como responsables del magnicidio, la CIA sacó su conejo de la chistera e inventó la “teoría de la conspiración” como algo peyorativo.

A partir de entonces la CIA demostró que es la mejor universidad del mundo. Sus doctrinas, sus palabras y sus informaciones sientan cátedra en todo el mundo, aprovechando el norme número de gregarios sumisos que proliferan por doquier.

En 1967 empezó a enviar directrices a sus sicarios en las redacciones y salas de prensa ridiculizando como “teorías de la conspiración” a todas aquellas hipótesis que contradecían la versión oficial del asesinato de Kennedy. Pero había que “matar al mensajero” y los autores de las mismas eran sujetos paranoicos, irracionales y padecían todo tipo de taras psiquiátricas.

Pero en su obra Lance de Haven-Smith va un poco más allá, asegurando que para que la campaña de la CIA triunfara, mucho antes se había preparado el terreno teórico que era necesario para ello. En la década de los cuarenta, dice, se dieron cambios importantes en la metodología política dominante en Estados Unidos que rebajaron la importancia de las explicaciones conspirativas en la historia.

Hasta entonces uno de los teóricos más influyentes en las teorías políticas de Estados Unidos era el historiador Charles Beard, que ponía el acento en el papel nefasto de las conspiraciones en el seno de la oligarquía dominante de Washington, favorables a un sector reducido aunque perjudiales para la gran mayoría.

En Estados Unidos las teorías políticas siempre han sido cutres y superficiales. No obstante, nunca pretendieron que todos los acontecimientos históricos tuvieran causas ocultas o secretas. No obstante, la existencia de tramas y conspiraciones siempre fue admitida por tratarse de una evidencia hisorica, de manera que investigarlas era unan de las tareas de los historiadores, absolutamente loable.

Pero Beard fue uno de los oponentes a la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y al acabarse resultó marginado en el mundo académico, hasta que falleció en 1948. Lo mismo les ocurrió a otros historiadores que seguían las corrientes académicas tradicionales.

Dos intelectuales mediocres como Karl Popper y Leo Strauss se convirtieron en las nuevas estrellas de la bazofia política imperialista. Estados Unidos necesitaba un refuerzo ideológico y desde su nacimiento la CIA se encargó de ello, tanto en la biología, con la delirante campaña contra Lysenko, como en la sicología, la economía, la política o la historia.

Como buen lacayo ideológico de la burguesía monopolista, Popper negaba la existencia de conspiraciones en las altas esferas y criticaba a los historiadores que investigaban sobre ellas. Consideraba que la creencia en conspiraciones era una “enfermedad social” que había conducido al surgimiento del fascismo “y otras ideologías totalitarias”.

Leo Strauss es aún peor que Popper. No obstante, su crítica se basa en motivos totalmente opuestos. Las conspiraciones de las oligarquías son necesarias para mantenerlas alejada de la chusma y la gentuza ignorante que pretende influir sobre los asuntos políticos de un Estado.

Las conspiraciones les protegen de “la anarquía y el totalitarismo”, pero hay que tratar de que se mantengan secretas, alejadas de las miradas indiscretas de las masas. Según Strauss el problema de las conspiraciones no es que existan, ya que sí existen, sino que las masas las conozcan.

No hay nada mejor para el buen funcionamiento de la sociedad capitalista que mantener alejadas a las masas de los asuntos públicos mediante una buena y permanente conspiración, siempre que se mantenga en secreto. Incluso es conveniente para ello que el gobierno imponga una regulación estricta de los secretos oficiales. Eso es algo sobre lo que no se puede ni se debe investigar, de tal manera que si a algún curioso se le ocurre meter las narices en los secretos del Estado, hay que desacreditarlo como un loco, un bicho raro.

Hay cosas que los gobernantes no pueden decir y otras que siempre deben negar. “No hay pruebas ni las habrá”, dijo Felipe González en referencia a la conspiración del gobierno del PSOE y de los Estados español y francés en la creación y dirección de los GAL.

Ideológicamente Popper siempre fue un tendero cuya eficacia nunca dependió de la calidad de sus argumentos sino de que su insignificancia mide el tamaño intelectual de una clase social, la burguesía imperialista, y de sus académicos y universitarios, en la segunda mitad del siglo XX. Pero aunque las ideologías mediocres necesitan de autores igualmente mediocres, también necesitan influencias, enchufes y patrocinadores, que en el caso de Popper proceden de fuentes, como el magnate Soros.

La colusión de la insignificancia intelectual con las grandes fortunas causa los estragos a los que asistimos cada día, tanto en las universidades como en los medios.

En 1964 un inepto rematado como el profesor Richard Hofstadter criticaba lo que calificaba como un “estilo paranoico” muy asentado en el pensamiento político estadounidense propenso a creer en toda clase de conspiraciones. Eso era cierto y sigue siéndolo. No obstante, el propio Hofstadter tenía sus propias paranoias que, como es lógico, para él no eran tales. Creía que en México se escondían decenas de miles de tropas comunistas chinas preparadas para conquistar San Diego al asalto.

Les ocurre a todos los que despotrican contra los demás, acusándoles de conspiranoicos, empezando por el senador MacCarthy, que convirtió en política de Estado una pesadilla personal: el Comité de Actividades Antimericanas. Los comunistas se habían adueñado de las instituciones públicas y había que desalojarlos de ellas.

Todos esos charlatanes que en sus blogs despotrican contra las teorías de la conspiración están cortados por el mismo patrón impuesto por la CIA desde 1964. Quieren forjar intelectos a su imagen y semejanza: gregarios, dóciles, aborregados. A veces se atreven a llamarlo “comunidad científica”. El más minimo asomo de pensamiento crítico, diferente, debe desaparecer por completo.

‘¡Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos!’

En el mundo hay poblaciones que están condenadas a no ser conocidas porque nos referimos a la humanidad como si toda ella no fuera más que este occidente “civilizado”, una parte insignificante. Lo que no ocurre aquí, no ocurre, no existe.

También hay poblaciones que necesitan ser masacradas para ser conocidas, con muchas dificultades, como Armenia o Ruanda. En el país africano asesinaron a 800.000 personas y nosotros llenos de “humanidad”, muy pocas veces lo recordamos. Eso es lo que a cada paso nos permite llenarnos la boca con frases altisonantes, como “genocidio”, en cuanto mueren unas pocas personas (siempre muy cercanas a nosotros mismos).

Ocultamos las grandes matanzas detrás de la fraseología y con ellas ocultamos a los pueblos que las padecen. Eso en plena era de viralidad, cuando -según dicen- hay mucha “información” circulando muy velozmente. Nada más lejos de la verdad. Occidente, es decir, “la humanidad”, nunca ha sido más analfabeta que ahora y el analfabetismo es la plaga más contagiosa que existe.

En los seis años de guerra en Siria no se han conocido matanzas como las que en época de paz están padeciendo los rohingyas en Myanmar (Birmania), donde los desplazados suman unos 300.000. Nos preocupa mucho más “el problema” por antonomasia del mundo: Corea del norte y sus misiles. ¿Cuántas personas han muerto a causa de los misiles que lanza Pyongyang?

Algunos gobiernos estúpidos, como los de Perú o México, han roto relaciones diplomáticas con Corea del norte a causa del lanzamiento de misiles, pero ¿por qué no han hecho lo propio con el de Myanmar?

Dado el desgaste de palabras, como “genocidio”, el año pasado la ONU calificó las matanzas de rohingyas como un “crimen contra la humanidad”, que es otro vocablo en auge para los amantes de las sensaciones fuertes que no apartan sus manos del teclado del ordenador.

El canal Al Yazira, preocupado porque los rohingyas son correligionarios, asegura que el ejército birmano no se ha detenido en asesinar a los recién nacidos, como Herodes en las narraciones bíblicas. La soldadesca tiene orden de matar a todo el que no se largue de sus casas.

El llamamiento desesperado del Primer Ministro bengalí para que alguien frene el río de sangre no ha llegado a ninguna pantalla de televisión.

El gobierno de Myanmar tiene carta blanca para matar porque está dirigido por alguien impecable, Aung San Suu Kyi, la Premio Nobel de la Paz de 1991 cuya imagen las grandes cadenas no pueden ensuciar sin ensuciar el Premio mismo y todos los Premios habidos y por haber, como el Sajarov, otorgado por el Parlamento Europeo en 1990 que, hay que recordarlo, es un Premio a la Libertad de Pensamiento.

Los repugnantes gobiernos de la Unión Europea siempre están por encima de cualquier sospecha, aunque sostengan las matanzas del gobierno birmano. Por eso condecoran el genocidio, la limpieza étnica, los crímenes contra la humanidad, las matanzas, las decapitaciones, las violaciones, las torturas y los saqueos.

Los rohingyas han tenido muy mala suerte porque Myanmar tampoco es Venezuela; los medios nunca van a hacer del país asiático la diana de su baboseo y sus tertulias. Incluso China está ocultando las matanzas en un país donde el budismo es la religión oficial.

Por eso el gobierno de la Sra. Premio Nóbel de la Paz se permite el lujo de impedir el acceso de la prensa al Estado de Rajin, el lugar de los hechos, e incluso a los delegados de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Hay muy poca información y lo que se conoce es gracias al testimonio de quienes han logrado escapar de la muerte.

A través de satélites espaciales, algunas ONG han observado los incendios y las devastaciones que ha llevado a cabo el ejército en las aldeas rohingyas del norte. Los refugiados cuentan que el ejército, la policía y milicias budistas llegan a las aldenas rohingyas, encierran a la población en recintos improvisadas de bambú y les prenden fuego.

En el siglo XIII un cruzado cristiano que estuvo en la batalla de las Navas de Tolosa, Arnaldo Almaric, dijo aquello de “¡Caedite eos. Novit enim Dominus qui sunt eius!” (¡Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos!) Lo que importa no son los inocentes, los daños colaterales. Ni siquiera importa lo que ocurra en este mundo sino el Más Allá.

Es algo común a los cristianos, los islamistas y los budistas. Gracias a dios, eso les permite matar impunemente a todos, incluidos a los suyos. Les hacen un favor llevándolos al Nirvana, o al paraíso.

Más información:
— Cuando el terror viste ropajes budistas
— El silencio sobre un crimen contra la humanidad muy inconveniente

Google censura a los medios independientes de información

El 25 de abril Google anunció la modificación de su motor de búsqueda para que los usuarios tuvieran más dificultades para acceder a sitios de información independientes de las grandes cadenas mediáticas, esos que suministran información de mala calidad, conspiranoica, magufa y falsa.

Entre dichos calificativos están los sitios que se oponen al fascismo, al imperialismo, a la guerra, cuyo número de visitas ha empezado a descender progresivamente desde entonces en todo el mundo

Los buscadores de internet esconden su parcialidad detrás de complejos algoritmos informáticos (Search Quality Rater Guidelines) que son la expresión lógica y matemática de la ideología dominante, que sigue desarrollando su capacidad para analizar y censurar los contenidos de internet.

Eso que llaman “inteligencia artificial” es artificial pero es muy poco inteligente. No quieren que leamos noticias inconvenientes para nosotros, que nos confundan, que nos lleven al error porque somos así, gilipollas integrales, incapaces de discriminar lo que tenemos delante de nuestras narices.

El modelo es el que las revistas científicas anglosajonas han impuesto desde 1945: la creación de equipos de censores (“peer review”) que evalúan las noticias y los sitios de internet según su propio criterio ideológico. Son los modernos inquisidores, los censores de libros prohibidos, los nuevos martillos de herejes resucitados de la Edad Medieval y las peores épocas de oscurantismo.

El papel de los censores es el de toda la vida, elaborar listas negras, etiquetar a determinados sitios para que no aparezcan entre las dos primeras páginas de Google. De esa manera el buscador tiene la excusa para que no le acusen de censura: entierra la web de tal manera que su localización sea como buscar una aguja en un pajar.

Quien quiera una información de calidad debe acudir al Washington Post, Le Monde, The Guardian, Clarín o La Repubblica.

El mes pasado la Comisión Europea multó a Google con una sanción 2.700 millones de dólares precisamente por manipular los resultados de las búsquedas. La manipulación se lleva a cabo tanto por motivos comerciales como políticos.

Las páginas progresistas que más se leen han visto caer el número de visitantes muy fuertemente, en un promedio del 70 por ciento. Sitios conocidos de información, como Wikileaks, Counterpunch o Global Research han visto que sus índices de lectura se han desplomado. En nuestro caso, desde enero de este año la caída es del 77 por ciento.

El término “noticias falsas” que han creado los imperialistas para sostener su hegemonía ideológica, ha cuadruplicado el número de entradas desde noviembre, coincidiendo con la farsa de las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Para presionar a los buscadores (Google) y las redes sociales (Facebook), el 14 de noviembre el New York Times les acusó directamente de ser los responsables de la victoria electoral de Trump por difundir noticias falsas. Ahora los monopolios informáticos quieren congraciarse con los informativos.

Diez días después el Washington Post dijo lo mismo de una manera aún más clara en un artículo titulado “El esfuerzo de propaganda ruso contribuye a difundir noticias falsas sobre las elecciones”, en el que se apoyaba en PropOrNot, un colectivo anónimo que propaga las tonterías típicas de los informáticos y expertos digitales.

Hasta el Washington Post tuvo que rectificar la chapuza de sus expertos: “No ofrecemos ninguna garantía sobre la validez de los resultados de PropOrNot”. Pero el daño ya está hecho. La censura ha triunfado también en la red. El 7 de abril la agencia Bloomberg anunció que Google trabajaba con el Washington Post y el New York Times para “verificar artículos” y erradicar las “noticias falsas”.

Tres meses después de los 17 sitios etiquetados dentro de la lista negra de Google, el New York Times y el Washington Post, 14 habían experimentado una reducción promedio del 25 por ciento en el número de visitantes. El algunos casos la reducción era del 60 por ciento.

Lo mismo que los colectivos sociales progresistas promocionan sitios de información independientes, también deberían promocionar otro tipo de buscadores que no sea el mismo de siempre, como por ejemplo:

— DuckDuckGo (http://www.duckduckgo.com)
— Searx (http://www.metasearx.com)
— Yippy (http://www.yippy.com)
— Teoma (http://www.teoma.com)
— Gigablast (http://www.gigablast.com)
— Disroot (http://search.disroot.org/)
— Exalead (http://www.exalead.com/search)

Srebrenica: un ‘genocidio’ de geometría variable

Este mes se ha celebrado el 22 aniversario del “genocidio” de Srebrenica, convertido en una rutina protocolaria, en la que han participado los mismos de siempre: el gobierno local, el cuerpo diplomático, las ONG y los periodistas para grabar las escenas.

En una sentencia el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoeslavia, así como el Tribunal Internacional de Justicia, calificaron las muertes de Srebrenica como un acto de genocidio. Obviamente los jueces no tenían ni las más remota noción de lo que es un genocidio o, en caso contrario, se saltaron la ley a la torera.

Los tribunales también aseguraron que en Srebrenica se cometió el mayor crimen de guerra en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, en el que nadie más que los serbios tuvieron ninguna intervención porque lo mismo que la Guerra de Siria ahora, se trató de una “guerra civil”.

Si algún lector ha contratado un viaje turístico a la zona, debe visitar el memorial Potocari, un cementerio inaugurado en 2003 por el antiguo presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton. Una placa conmemorativa indica la enigmática cifra 8372… que es el dato oficial de muertos, que se puede cambiar en cualquier momento porque para eso lleva unos puntos suspensivos.

Eso sí, cuando los puntos suspensivos entren en acción será para tirar la cifra hacia arriba, no hacia abajo, porque el de Srebrenica no le llega al de Camboya (tres millones de muertos inventados) ni a la suela de los zapatos. Lo que no alcance a los 100.000 muertos no se debería llamar “genocidio”.

Además, se trata de un “genocidio” puramente local, urbano. No tiene alcance nacional, ni étnico, ni religioso. Sin embargo, la OTAN le dio una repercusión mundial de tal magnitud que se ha convertido en la seña de identidad de Bosnia-Herzegovina, una de esas nuevas “naciones” creada por la OTAN de la nada.

No existe una “etnia bosnio musulmana”, como cree la Wikipedia. Bosnia-Herzegovina no es una nación sino una colectividad que no tiene en común otra cosa que la misma religión, el islam, diferenciada de la croata (católica) y la serbia (ortodoxa). Alemania y la OTAN no dividieron Yugoeslavia sólo por motivos nacionales, sino también religiosos.

Dado que no es una nación, Bosnia-Herzegovina carece identidad propia, que es lo peor que se puede decir de un Estado amorfo, que se encuentra obligado a inventársela en un ejercicio típico de idealismo histórico. ¿Cómo nos hubiera gustado a los bosnios que hubiera ocurrido la historia? Si unos se inventan la batalla de Roncesvalles, otros hacen lo propio con el “genocidio” de Srebrenica y se engañan a sí mismos: construyen su identidad sobre un fraude.

Es un “genocidio” de geometría variable en el que las cifras son infinitesimales: en la placa conmemorativa de Potocari sólo hay 500 tumbas musulmanas, a los que quizá se podrían añadir otras 70 más que se llevaron hasta allá procedentes de otros lugares para hacer un poco de bulto.

Las cifras no son el único motivo para afirmar que en Srebrenica no hubo ningún genocidio. Por bajas que sean las cifras de muertos, son las suficientes como para comprender que en la Guerra de los Balcanes se produjeron grandes matanzas y no conformarse con las versiones oficiales, y mucho menos para confundir a los víctimas con los victimarios.

Pero a la hora de escribir sobre “genocidios”, los de verdad y los de mentirijillas, hay que tener mucho cuidado. Por presiones de la Unión Europea el nuevo Código Penal serbio ha incluido un artículo que prohíbe dos cosas: negar que hubo un genocidio en Srebrenica y que la autoría del mismo fue obra de los serbios.

Afortunadamente, los fiscales en España no pueden aplicar las leyes serbias, por más que se hayan redactado en Bruselas. De momento aquí podemos decir que la historia de la matanza de Srebrenica no la pueden escribir los juristas y mucho menos a base de mentiras.

Los imperialistas inflaron la cifra de muertos en Srebrenica para acusar a los serbios de ‘genocidio’
Capítulo 1, Capítulo 2, Capítulo 3, Capítulo 4, Capítulo 5, Capítulo 6

Cómo la propaganda imperialista inventó los ataques químicos de la Guerra de Siria

El miércoles 12 de abril de 2017, y esta vez directamente para “Decodex”, Madjid Zerruky y a Adrien Sénécat, ambos periodistas en “Le Monde”, escribían a propósito del ataque químico de Jan Sheyjun del 4 de abril: “Bombardeo químico en Siria: los intoxicados como prueba de los hechos”.

Los dos periodistas añaden que “las pruebas incontestables que demuestran que Assad miente cuando niega el nuevo ataque químico”. Incluso más groseramente añaden: “Las pruebas han sido proporcionadas por el Pentágono y los rebeldes que vigilan el cielo de forma permanente”. Por consiguiente, “Le Monde” toma como moneda de curso legal las investigaciones de los rebeldes, de quienes no se sabe gran cosa salvo que algunos de ellos intentan desde el inicio del conflicto que algún periodista sea asesinado por el ejército sirio, al menos según lo que relata el periodista Alex Thomson de “Channel Four” en junio de 2012, lo que indica una situación particularmente incierta en la zona, y parece ser la verdadera explicación de la ausencia muy temprana entre los “rebeldes” de periodistas de la prensa occidental refugiados en el Líbano, Israel o Jordania.

Respecto a los hechos en cuestión observemos que a parte de hacer grandilocuente un escrito muy débil, esta parte del artículo de “Le Monde” no tiene gran interés, dado que el Estado sirio reconoce la intervención aérea mediante la declaración del ministro ruso de Defensa: “Según los datos objetivos de control ruso del espacio aéreo, la aviación siria ha golpeado cerca de Jan Sheyjun un gran depósito terrorista”. Y en ese depósito situado en una zona totalmente controlado por Al-Nosra había componentes químicos.

En este asunto, “Le Monde” debía dar un barniz de verosimilitud a sus afirmaciones. El aval científico será aportado en cualquier caso por Olivier Lepick, investigador asociado a la “Fondation pour la Recheche”, a quien “Le Monde” hace decir que rechaza categóricamente la tesis siria.

Pero leyéndole aparece mucho más mesurado, precisando que “si tal stock existiera, sería ‘muy improbable’ que esté bajo el control de grupos rebeldes”. Y con motivo. Esta última hipótesis es muy discutible, efectivamente, como vamos a ver.

En primer lugar observemos que según la CNN, desde diciembre de 2002 agentes privados subcontratistas de la Defensa estadounidense y europea enviados por los gobiernos de los países OTAN han entrenado en Jordania y en Turquía “rebeldes” para seguir, controlar y gestionar stocks de armas químicas en las zonas conquistadas. Por ello, los “rebeldes” han tenido mucho contacto con este tipo de armas, y según todas las apariencias saben manipularlas desde el inicio del conflicto.

Tengamos igualmente en consideración quiénes son estos yihadistas de Liwa Al-Islam y de Al-Nosra, conocidos por sus relaciones con Arabia saudí, que atacaron el 21 de diciembre de 2014 depósitos químicos del ejército sirio para apoderarse de sus stocks, en el momento en que el ejército se preparaba para transportarlos a fin de “evacuarlos desde el puerto sirio de Lataquia, en donde dos cargueros, escoltados por navíos militares daneses y noruegos teniendo como destino el puerto italiano de Gioia Tauro. Las 700 toneladas de agentes químicos más peligrosos potencialmente fueron transferidos al buque ‘Cape Ray’, un navío de la marina estadounidense especialmente equipado para su destrucción, y destruidos en aguas internacionales”.

Destaquemos también que el pasado sábado 15 de abril, el Califato Islámico ha empleado armas químicos en Mossul, y ello no por primera vez según la Agencia AFP.

Recordemos, en fin, que es público y notorio que el juego no interrumpido de alianzas entre brigadas “rebeldes” y brigadas “yihadistas” hace de su clasificación algo muy volátil. Sólo la narración de los medios pro-OTAN es totalmente afirmativa, en perfecta adecuación con las cancillerías oficiales de los países de la OTAN. Por ello estas informaciones indican la posibilidad real y verosímil, aunque esté minimizada por Olivier Lepick, de que los “rebeldes” estén efectivamente en posesión de gases neurotóxicos con el objetivo eventual de poderles usar.

Vamos ahora a las acusaciones. ¿Quién aporta los “mejores argumentos”? La certeza de que “el gas sarín ha sido empleado en Siria en numerosas ocasiones y de forma identificada” es ciertamente real y bien establecida, pero la identidad de los autores de los ataques siempre ha sido debatida.

El determinismo del diario está lejos de ser satisfactorio; por ejemplo en mayo de 2013, el antiguo procurador del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, Carla del Ponte, afirmaba que son los rebeldes sirios quienes emplearon el gas sarín en diciembre de 2012 en Homs, luego en marzo de 2013 en Jobar, cerca de Damasco. El mismo día se podía leer en el diario turco “Turc Zaman” que la policía local turca había encontrado gas sarín a los terroristas de Al Nosra, púdicamente calificados de “grupo rebelde de militantes sirios”, que Estados Unidos incluyó durante mas de un año en su “lista negra” del terrorismo internacional.

¿Y que hacía “Le Monde” en aquella época? Una gran investigación claramente acusador, sin ningún freno deontológico, mientras que los dos periodistas desplazados en la zona que estaban en el origen de los indicios empleados como “pruebas”, reconocían posteriormente y a media voz ser incapaces de determinar quién era el autor de los gaseamientos, y que ningún otro periodista de “Le Monde” estaba en la escena del crimen.

Volviendo al presente, a la entrevista realizada por Les Crises, (un blog condenado al ostracismo por “Decodex”) a Theodore A. Postol, profesor emérito en ciencia, tecnología y política de seguridad nacional en el MIT de Boston, antiguo consejero científico de jefe de operaciones navales del ejército norteamericano.

En la entrevista, Postol rechaza las acusaciones de Elliot Higgins, del blog Bellingcat. Postol declara haber intentado trabajar con él, sin haber obtenido nunca respuesta del bloguero. Elliot había publicado en Bellingcat argumentos para intentar invalidar un informe anterior firmado por Postol y Brown sobre los ataques del 21 de agosto de 2013 en La Ghuta, en las afueras de Damasco.

Postol nos confía casi cuatro años mas tarde su último punto de vista sobre este ataque y es muy claro: “Decimos que no sabemos quien efectuó las ataques, pero que sabemos con certeza que las investigaciones presentadas por la Casa Blanca en septiembre de 2013 no pueden ser correctas de ninguna manera”. Pero hay más. Como nos aconseja “Le Monde”, hemos podido completar esta afirmación con el punto de vista de seis congresistas estadounidenses tanto demócratas como republicanos, que solicitaron acceso a las pruebas, y que han declarado exactamente lo mismo en sus diarios locales respecto a ese ataque del 21 de agosto de 2013.

Por lo demás, al final incluso Obama se ha mostrado prudente. Parecería que si el presidente ha reculado es simplemente porque había prometido a los norteamericanos que solicitaría el voto del Congreso y que se preparaba para asumir un fracaso tan notable como el de Cameron.

A la luz de esta suma de informaciones, examinemos la nueva secuencia francesa que siguió al nuevo ataque químico del 4 de abril de 2017, imputado por los países de la OTAN y “Le Monde” a las fuerzas gubernamentales sirias, así analizado al menos por Madjid Zerruky y Adrien Sénecát el 12 de abril de 2017. Su versión se apoya en la declaración oficial del exministro de Asuntos exteriores Jean Marc Ayrault el miércoles 19 de abril de 2017 en la cadena LCP, justo antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas.

El pueblo de Jan Sheyjun, bajo control rebelde, fue bombardeado por un Sujoi-22 sirio que despegó de la base aérea militar de Shayrat, acusada de albergar un arsenal químico no declarado en 2014. Pese a una nueva intervención de Theodore Postol (versión final de su informe publicado el 18 de abril) que niega la culpabilidad de las fuerzas gubernamentales, nuevas “pruebas” francesas fueron publicadas el miércoles 26 de abril, entre las dos vueltas de las elecciones presidenciales, que hicieron reaccionar a los internautas con fuerza, a la vista de su extrema debilidad. Como en el caso de Obama, el verdadero motivo de esta publicación parece residir en otra cosa que no es la solidez de las pruebas.

Es obligatorio una vez más, constatar que el efecto del anuncio prima sobre su contenido, y que “Le Monde”, como a menudo, actúa junto a los intervencionistas, y no de parte de la búsqueda imparcial de la verdad. Una retórica sistemáticamente desencriptada por Anne Morelli quien, en “Principios elementales de propaganda de guerra”, precisa que en el discurso bélico el “enemigo” emplea siempre armas no autorizadas, mientras que nosotros, “los buenos”, no solamente no cometemos atrocidades sino que hacemos la guerra de manera caballeresca.

Esta concatenación de hechos nos lleva al punto central de la discordia entre acusadores y escépticos: la cuestión del móvil. ¿Por qué habría actuada Assad de esta manera? El hecho de que Assad no tenga ningún interés en dar estos golpes parece sin embargo a priori una evidencia que merece ser examinada. Pero para los “decodexeros” de “Le Monde” es un “argumento para despistar”. Los dos compadres de “Le Monde” apartan de un manotazo esta cuestión previa, que es esencial, con la siguiente fórmula: “Un elemento de interpretación que pondría en cuestión la implicación del régimen sirio”.

¿Pero que hay de malo en investigar el móvil de un crimen? ¿No es la base de una investigación interrogarse sobre las razones del criminal? ¿Por qué desde 2013 Assad iba a iniciar una serie de actos tan suicidas? ¿No es ese el mejor método ante la “opinión internacional” de ponerse una cuerda al cuello cuando sabemos que destino tuvo Gaddafi algunos meses antes y Saddam Hussein en 2006?

Comprendemos que a fecha de hoy la única certeza que podemos tener es que solamente una investigación independiente bajo el paraguas de la ONU aportará un verdadero esclarecimiento, y que solo una perfecta clarificación tendrá la capacidad de ser seguida de decisiones diplomáticas fuertes y respetables en tanto que legítimas. Lo que desde luego no es el caso de momento.

—https://anticons.wordpress.com/2017/06/17/le-monde-a-lepreuve-de-la-methode-de-son-decodex/

Más información:
— La OTAN reconoce que está detrás de la ola de censura en la Unión Europea
— ‘Crosscheck’, el último mecanismo de censura en internet

La islamofobia como construcción ideológica de los imperialistas de ayer, de hoy y de siempre

La intoxicación mediática funciona por inundación, según una conocida frase de Goebbels cuyo origen, sin embargo, estuvo en Estados Unidos. Es como cualquier otro abuso, de alcohol o de drogas: una pequeña dosis, una información sesgada, conduce a la pérdida del sentido de la realidad y a asociaciones de ideas que operan automáticamente en las neuronas de millones de personas en todo el mundo.

Así, por más que los medios asocien las matanzas terroristas al islam, es falso. La inmensa mayoría de ellas no tienen que ver con el islam, ni con los musulmanes, como demuestra la base de datos que desde 1970 la Universidad de Maryland mantiene sobre la violencia política y religiosa en el mundo.

Es posible concretar mucho más. Por ejemplo, en 2011 un nazi noruego, Anders Behring Breivik, mató él solito a 76 personas y nadie explicó el motivo de tal masacre: su gobierno se disponía a reconocer al Estado palestino en la inminente Asamblea General de la ONU que estaba a punto de reunirse.

Más que un atentado del islam se trataba de un atentado contra el islam o, por lo menos, contra los palestinos, o contra el conjunto del mundo árabe.

También es posible acercar aún más la lupa a aquella orgía de sangre, cuantitativamente mucho mayor que la que ha padecido Reino Unido en los últimos días. En su manifiesto, al que casi nadie prestó atención, a pesar de que lo puso en internet antes de cometer su crimen, el nazi cita repetidamente a Bat Ye’or, el seudónimo con el que Gisèle Littman-Orebi escribió en 1981 su obra “Le Dhimmi”.

Littman-Orebi ha lamentado que el nazi utilizara su obra como justificación del crimen, porque se produce una asociación de ideas, otra más, que choca con las muchas que ya inundan nuestra cabeza: aunque nacida en El Cairo, la escritora es judía. El seudónimo Bat Ye’or es hebreo y significa “La Hija del Nilo”. ¿Se inspiran los nazis en escritos de los judíos?

Incluso para aquellos que aborrezcan a los nazis, es apasionante adentrarse en esa y otras obras de “La Hija del Nilo” porque encontrará muchas reminiscencias de la islamofobia que hoy se pueden leer en cualquier medio de comunicación de gran tirada, o en las tertulias, o en las redes sociales.

Aunque la autora se suele declarar “apátrida”, es mentira: tiene nacionalidad británica y vive en Suiza. En la obra que inspiró la masacre de Oslo, denuncia la esencia de la paranoia islamofóbica, esa supuesta absorción progresiva de Europa por el mundo árabe que engendrará una entelequia a la que denomina “eurabia”. Para ser más exactos todavía: incluso en el título de sus obras, Littman-Orebi utiliza continuamente el neologismo “dhimmitud” que significa la sumisión de los no musulmanes al islam.

La autora atribuye el término al político libanés Bashir Gemayel, asesinado  casi al mismo tiempo que aparecía aquel libro. Pero Gemayel reunía en su figura dos condimentos que tienen poco que ver con la “dhimmitud”: primero, que no era musulmán sino cristiano, y segundo, que fue Presidente del Gobierno de su país, un cargo nada propicio a la sumisión. En plena guerra civil libanesa, Gemayel más bien representaba todo lo contrario: no la sumisión al islam sino la sumisión del islam dentro del mismo mundo árabe.

¿O he entendido mal y Gemayel y su partido falangista a quien eran sumisos era al imperialismo y al sionismo?

Sigamos tratando de esclarecer un poco las cosas: la muerte de Gemayel fue el magnicidio de un cristiano (libanés) cometido por otro cristiano (también libanés), es decir, que nada tenía que ver con su religión porque, aunque se empeñen en decir lo contrario, las religiones tienen muy poco que ver con este tipo de asuntos.

En internet existen dos nombres de dominio, http://www.dhimmi.org/ y http://www.dhimmitude.org, en los que uno se entera de que el neologismo procede del árabe, donde significa “proteger” o, más bien, “protectorado” si le queremos dar un significado un poco más preciso, jurídico. Durante los mil años de expansión árabe (638-1683), los conquistadores (árabes, musulmanes) imponían tratados, naturalmente inicuos, a las poblaciones sometidas (que no eran árabes, ni musulmanas) que, lo mismo que la mafia, otorgaban protección (“dhimma”) a cambio del pago de un precio (un impuesto llamado “yizia” en árabe).

Resumiendo: eso es feudalismo puro y duro, algo que a lo largo de la historia han impuesto todos los conquistadores a sus víctimas, cualesquiera que fuera la religión de unos o de otros (y si opinan lo contrario, pregunten a los americanos).

Lo mismo que todas las tendencias islamófobas que corren por los medios, “eurabia” pretende enfrentar a las dos orillas del Mediterráneo, naturalmente con el objetivo de preservar al Estado de Israel y la criminal política imperialista en Oriente Medio.

Es inútil que el lector busque en internet alguna información en castellano sobre tan vidrioso asunto, pero todo se originó en 1973 con la guerra que los israelíes llaman del Yom Kippur y los árabes del Ramadán, cuando se acabó la era del petróleo barato y los países europeos se vieron obligados a iniciar una nueva política de acercamiento a los países árabes (para sacudirse la tutela de Estados Unidos, entre otras razones).

Para “La Hija del Nilo” aquello era una claudicación en toda regla por parte de Europa: a cambio de petróleo barato, los europeos estaban dispuestos a abrir las puertas a los árabes y, por lo tanto, al islam, una religión que es sinónimo de fanatismo, que no conoce la moderación ni la tolerancia (a diferencia de los judíos o los cristianos). Los que opinamos lo contrario, somos unos ingenuos, ignorantes o incluso algo peor: traidores.

Nosotros —los traidores— somos los continuadores de otra traición, la del mito del Conde Don Julián, el de la batalla de Guadalete que en el año 711 abrió las puertas de España a los “moros” para que nos invadieran. El romancero está lleno de canciones sobre aquella “desgracia” que, durante siglos, ha recorrido los pueblos de la península de boca en boca. La España rancia, inquisitorial y fascista es la antiyihad; vivimos rodeados de “matamoros” por todas partes.

Puntualmente, desde 2007 los nazis convocan todos los años concentraciones en Aarhus, un pueblo de Dinamarca, con la excusa de la defensa de una supuesta identidad europea. Nunca ha habido nadie más europeo que los nazis, aunque en Aarhus apenas agrupen a 200 matones. Frente a ellos, los antifascistas convocan a 4.000, veinte veces más, en el mismo sitio a la misma hora, pero los primeros tienen a la prensa a su lado y de los segundos no habla nadie.

Además de Aarhus, los nazis europeos han convertido a Israel en su “Meca” particular. Desde 2011 también han iniciado sus propias peregrinaciones a Jerusalén (Al-Quds en árabe). El primero de ellos, Louis Aliot, número dos del Frente Nacional francés, se justificaba ante sus fieles diciendo que no es posible luchar contra la islamización de Europa y, al mismo tiempo, tomar partido por los árabes en Oriente Medio.

Aparentemente, los nazis, los fascistas, e incluso nuestros franquistas, siempre fueron antisemitas. No obstante, ahora parece que quieren expiar sus culpas por el “holocausto” congraciándose con “los judíos”. Pero no nos dejemos confundir de nuevo: aquí no hay moros, ni judíos, ni cristianos. No hay otra cosa que imperialismo y una tortuosa manera de justificar sus crímenes (los de antes, los de ahora y los de siempre).

En 2005 Bat Ye’or publicó su última obra “Eurabia: el eje euro-árabe” en la que sigue empeñada en convertir el Mediterráneo en un lodazal y en un mar de sangre. “Bat Ye’or escribe artículos en revistas de todo el mundo y concede entrevistas a la radio y a la televisión, además de haber pronunciado conferencias en el Congreso de los Estados Unidos y en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas”, afirma la Wikipedia.

Nada de eso me sorprende en absoluto. Como no podía ser de otra forma, todos beben de las mismas fuentes (aunque el agua no sea potable). La obra de Bat Ye’or no sólo ha conseguido un renombre mundial entre los nazis, sino que “sus obras son ampliamente citadas y muy valoradas entre los medios de la lucha contra el terrorismo”, o sea, entre la policía, los servicios secretos, la inteligencia y el espionaje, confiesa la Wikipedia.

Tampoco eso me sorprende.

El supuesto gulag de los homosexuales en Chechenia forma parte de la guerra sicológica

La represión contra los homosexuales en Chechenia ha llenado los noticiarios de los medios de comunicación en todo el mundo. Es un dardo directo contra Rusia y un intento —otro más— de desestabilizar sus fronteras en una región tan sensible como el Cáucaso, además de una continuación de la anterior campaña de 2013 contra la persecución de los homosexuales en la propia Rusia.

La embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley, ha aprovechado para poner el grito en el cielo y en las principales capitales imperialistas se han sucedido las manifestaciones ante las embajadas rusas, como el viernes en Madrid, que han tenido un efecto multiplicador de la denuncia. Los movimientos LGTB que están dopados y subsidiados por los imperialistas se han sumado a la campaña como buenos mercenarios que son.

El portavoz oficioso de la CIA, el Washington Post, publicó una entrevista con la periodista Elena Milashina, condecorada en 2013 con el Premio Internacional “Mujer Coraje” que otorga el Departemento de Estado a (casi) todos aquellos que defienden los derechos humanos (según y cómo). Es el colmo del periodismo: los periodistas entrevistando a otros periodistas (1).

La campaña no puede cuadrar mejor contra el gobierno de un país islámico, Chechenia, a su vez sacudido desde hace muchos años por el terror yihadista. ¿Qué se puede esperar de los islamistas, de unos u otros? Algunos cretinos llegaron a hablar de gulag, de purgas, de prisiones secretas, de torturas, de otro Guantánamo y de que se había emprendido una “yihad” en el Cáucaso contra los homosexuales.

Todo tuvo su origen en un artículo publicado el 1 de abril en un diario intoxicador, Novaya Gazeta, que relataba una represión “masiva” contra los homosexuales en Chechenia. Incluso hablaba de 100 detenidos y tres muertos. Un bocado así tuvo un eco inmediato en los medios de siempre, de Deia a la CNN, pasando por los medios “progres”, que fue seguido de declaraciones indignadas de los políticos por ese tipo de situaciones que sólo ocurren en países como Rusia.

El portavoz del gobierno checheno desmintió la información rotundamente y Nicolai Lilin publicó un vídeo en su muro de Facebook (2) en el que desautorizaba la campaña. Pero, como en el bombardeo de Siria, nadie pidió explicaciones, nadie realizó la más mínima comprobación de la noticia porque era funcional a lo que pretende el imperialismo.

Ahora la organización Rusia Gay ha puesto una demanda civil contra Novaya Gazeta porque la noticia original les involucraba falsamente. Afirmaba que la persecución de los homosexuales en Chechenia era consecuencia de una tentativa por parte de dicha organización de promover manifestaciones en Chechenia a favor de la homosexualidad (3).

El litigio se tramita en el tribunal Basmanny de Moscú y la demandante reclama un millón de rublos (unos 15.000 euros) de indemnización, que serían donados a la beneficencia en caso de que ganaran.

En una entrevista con TJournal, el promotor de la iniciativa, Nikolai Alekseiev, ha añadido que, además, quieren que la fiscalía abra una investigación para llevar el asunto también en la vía penal por un delito de difamación.

Tras recibir la demanda, el redactor jefe de Novaya Gazeta, Alexei Polujin, insiste en Facebook en que la represión en Chechenia comenzó porque los partidarios de Alexeiev exigieron su derecho a manifestarse en Chechenia.

En una entrevista al diario RBK, Nadesha Prusenkova, portavoz de Novaya Gazeta declara que su artículo había intentado recordar la declaración de Rusia Gay sobre los desfiles homosexuales en el Cáucaso, lo que condujo a que el gobierno local desatara la persecución. “Ahora parece que quieren lavar sus culpas”, precisó en relación con la demanda.

Fuera de Rusia los medios no han transmitido nada de este litigio, a pesar de que la iniciativa procede de grupos homosexuales. Se hubieran tenido que desmentir a sí mismos, ya que la campaña previa que habían orquestado era falsa, como no podía ser de otra forma.

(1) https://www.washingtonpost.com/news/worldviews/wp/2017/04/15/she-broke-the-story-of-chechnyas-anti-gay-purge-now-she-says-she-has-to-flee-russia/
(2) https://www.facebook.com/nicolai.lilin/videos/10154563157377825/
(3) https://meduza.io/en/news/2017/04/19/lgbt-activists-sue-novaya-gazeta-for-articles-on-persecution-of-gays-in-chechnya

La guerra sicologica de la invasion de Panamá

En 1989 Panamá fue objeto de un experimento infame, una estrategia de manipulación cuidadosamente diseñada y ejecutada con éxito por una unidad especial de operaciones sicológicas del ejército de los Estados Unidos. Las estrategias e instrumentos usados les dieron resultados exitosos cuyos impactos aún afectan la psique del panameño.

Cuando Estados Unidos bombardeó e invadió Panamá, el 20 de diciembre de 1989, llevaba casi dos años trabajando en una operación de manipulación sicológica que siguió hasta bien entrado el año 1990. Los encargados eran los miembros del 4º Grupo de Operaciones Sicológicas (4th Psychological Operations, PSYOP), hoy conocido como el 4th Military Information Support Group, con sede en el Fuerte Bragg en Carolina del Norte, cuyo lema es “Verbum vincet” (La palabra vencerá).

Como en toda operación de esta naturaleza, se buscaba influir en las “emociones, motivaciones, razonamiento objetivo y a la larga en el comportamiento” de los individuos, grupos y autoridades de ambos países. A los de Panamá, para que aceptaran la invasión como una “liberación”; a los de Estados Unidos, para que vieran la guerra injusta a la que sometían a un país muy pequeño, de menos de 1 por ciento de su población, como un “regalo” de democracia y justicia. Como objetivo no declarado, no sólo de la operación sicológica, sino de todo el proyecto de invasión, se quería contrarrestar al Subcomité del Senado sobre Terrorismo, Drogas y Operaciones Internacionales, dirigido por John Kerry, que desde 1986 sostenía que el gobierno de ese país no había hecho nada en cuanto al narcotráfico en la región y, desligar a Reagan y a Bush (en pleno periodo electoral) de las razones que en ese entonces eran desconocidas por el público y que serían admitidas por la CIA en 1998: que el gobierno estadounidense apoyó a los Contra en Nicaragua, inundando de la droga crack la ciudad de Los Angeles, California para financiarlos. Operación en la que Noriega los había apoyado.

Podría decirse que para el equipo de especialistas en guerra sicológica iba a ser un trabajo fácil. Para que lo fuera más, a los pocos meses de empezar, en febrero de 1989, a Noriega le levantaron cargos por narcotráfico y lavado de dinero. Con ello era más sencillo convencer a la opinión pública de Estados Unidos de que se trataba de un monstruo capaz, él solo, de poner en peligro a los casi 250 millones de habitantes de ese país. En Panamá, donde Noriega tenía problemas crecientes, ni siquiera los que hacían negocios con él lo iban a defender de las acusaciones de Estados Unidos.

Así, antes del conflicto armado, el trabajo involucró la manipulación de medios de comunicación locales e internacionales, trasmisiones de radio, por teléfonos y máquinas de fax (no existía el internet, así que caricaturas, noticias y artículos circulaban como facsímiles); movimientos de tropas y ejercicios en territorio panameño; y el aprovechamiento de cada bravuconada de Noriega, como la golpiza a Ford y el asesinato de su guardaespaldas, la famosa escena con el machete, o la balacera frente al Cuartel Central de las Fuerzas de Defensa en la que murió el infante de marina Robert Paz.

Y durante la guerra consistió en el uso de volantes, camisetas y pancartas previamente diseñadas; la deshabilitación de las transmisiones que se opusieran a la invasión; la publicación en los periódicos de caricaturas creadas para este conflicto por un tal Tim Wallace, alias Lobo, que ni siquiera hablaba español pero que usaba muy bien los elementos de la cultura y la política panameña; noticias controladas en medios impresos, radiales y televisivos (memorable la visita a la casa de Noriega donde se mostraban enormes bolsas blancas con el logo del Banco Nacional de Panamá, llenas de dinero y parafernalia de la utilizada para la santería, religión que en Panamá los más conservadores relacionan con la brujería y en Estados Unidos con el vudú); el uso de altoparlantes con música estridente o mensajes leídos por hispanohablantes; las llamadas telefónicas directas con informaciones o amenazas; la distribución de pancartas alusivas a la extradición de Noriega o a la bienvenida a las tropas invasoras, tanto en cartón como en tela; todo el material necesario para lograr que los miembros del ejército panameño entregaran sus armas y pasaran a formar parte de la nueva policía, para la que ya se habían diseñado hasta las placas (con un mensaje alusivo, de orgullo renovado, a los que aceptaran ser miembros) y los emblemas que siguieron usándose; permisos para portar armas para ser firmadas por las nuevas autoridades y, para los más bravos, carnés de afiliación a los boinas negras arnulfistas con los colores de esa agrupación.

La campaña de manipulación

Tal vez no sabremos nunca si otros actos fueron planificados y su ejecución dirigida por esta organización para convencer a la opinión pública de la supuesta justicia de esta guerra no declarada. Lo que sí sabemos es que Noriega, que en 1970 fue alumno de la Escuela de Operaciones Sicológicas de la Armada de Estados Unidos en Fuerte Gulick, en Panamá, no pudo con la avalancha de información y terminó buscando santuario en la iglesia antes de entregarse a los Estados Unidos, mientras que los miembros de las Fuerzas de Defensa se rindieron rápidamente.

El panameño común, constantemente manipulado por la televisión comercial, fue aun menos capaz de enfrentar esta parte sicológica de la guerra y, a pesar de las imágenes de El Chorrillo incinerado y sus miles de habitantes desplazados, de los carros aplastados en las calles y las historias de vecinos de todos los sectores de la ciudad de Panamá, Colón o Río Hato heridos de bala o muertos por unos muy eficientes soldados, hoy recordamos las imágenes, que le dieron la vuelta al planeta, de la gente celebrando la llegada de las tropas estadounidenses.

Manipulados por una propaganda muy bien tramada, el día después de Navidad, los canales de televisión controlados por los militares ocupantes revelaron que Noriega tenía dos días de estar refugiado en la embajada del Vaticano. No sabemos con certeza por qué demoraron ese tiempo en revelarlo, pero fue una información mantenida en secreto hasta ese momento. Las escenas transmitidas, que podemos ver en internet hoy, muestran el área controlada por tropas estadounidenses en varios vehículos artillados, sobrevolada por enormes helicópteros de guerra, y un grupo de personas que se había reunido en el área durante la tarde, portando pancartas en español y en inglés: “Noriega must be judged not exiled”; “Asilo no! Justicia”; “Otro Noriega nunca más”; “Justicia justicia justicia”. Luego, las personas declarando ante las cámaras de manera contundente sobre la necesidad, no de juzgar a Noriega, sino de entregarlo: “Pero nosotros no estamos de acuerdo en que Noriega se quede aquí en Panamá. Si los gringos vinieron por él, se lo tienen que llevar a él y a los secuaces”. A partir de esa transmisión, la gente comenzó a llegar al área voluntariamente. Recibieron con gusto (aunque no sólo esa noche y en ese lugar) camisetas con las banderas de los dos países, mensajes de bienvenida, paz y agradecimiento por la libertad y la democracia.

Los resultados del experimento

Nadie se preguntó cómo pudo imprimirse ese material a favor de la invasión, si la circulación de las personas estaba restringida y la ciudad de Panamá había sido desmantelada por un saqueo general, sin contar que el país llevaba meses casi detenido, con los bancos cerrados por un largo embargo internacional, y las imprentas y locales publicitarios, entre otros comercios no indispensables, cerrados por falta de dinero.

Preguntas que no se hacían en ese entonces y todavía no se hacen. En la mente de la mayoría de los panameños siguen grabadas varias ideas, que persisten a pesar del paso de los años y de otras evidencias.

Por ejemplo, a pesar de tantos libros de tácticas militares publicados en Estados Unidos en los que se describen las batallas que se dieron en Panamá y Colón, incluyendo la del antiguo aeropuerto de Paitilla, que resultó en la mayor cantidad de muertos para los afamados Navy Seals, la mayoría todavía cree que los estadounidenses no encontraron ninguna resistencia. Aún con la información conocida de médicos, enfermeras y otro personal, además de conductores de ambulancias, carros de bomberos y taxis que pusieron en riesgo su vida, muchos de ellos heridos o muertos tratando de llegar a los hospitales o atendiendo las múltiples emergencias que se dieron esa noche de destrucción, es común que se siga diciendo que durante la invasión el panameño actuó de manera cobarde.

A pesar de la disponibilidad de tantos videos (hoy en internet) tomados por el mismo ejército de los Estados Unidos, mostrando la intensidad del bombardeo al que fue sometido El Chorrillo durante toda la noche, todavía se repite que las viejas casas de madera de ese barrio fueron incendiadas por allegados a Noriega al día siguiente. Casas que, en tiempos de paz, se incendiaban constantemente de forma accidental.

Aunque hoy sabemos que la ubicación de Manuel Antonio Noriega al momento de iniciarse las hostilidades era conocida por Estados Unidos, que manejaba sus operaciones de inteligencia para toda la región desde Panamá, se insiste que los muertos, los miles de desplazados, sobre todo los de El Chorrillo, pero también los llevados desde Río Hato, eran necesarios para atraparlo y sacarlo del poder.

Y se sigue creyendo que el repudiado saqueo era inevitable y no el crimen de guerra que fue, imperdonable para el ejército profesional más poderoso del mundo, que durante esta ocupación militar tenía la obligación de realizar las funciones policiales, bomberiles y de otras organizaciones civiles desmanteladas por ellos desde la primera noche.

Por supuesto, no todos los planes de esta organización funcionaron debidamente, como fue el caso de la música estridente que usaron para amedrentar a Noriega, acto que, aunque cautivó al público, fue muy criticado por diversos expertos militares. Sin embargo, la operación fue tan exitosa que sabemos que mucho de lo que aplicaron en Panamá fue utilizado en mayor escala, y de forma refinada, en las guerras siguientes en las que Estados Unidos participó.

La reconstrucción de la memoria

En Panamá, es indiscutible que el 4th PSYOP Group logró su cometido de influir en la mente de la gente para que aún, casi tres décadas después, vean la invasión y todas sus consecuencias horrorosas como algo inevitable, y como el regalo de una liberación.

Urge ahora a los panameños reconstruir los hechos, revelar la verdad, investigar todo lo relacionado con esta guerra no declarada, contar y nombrar a los muertos, que no pueden seguirse viendo como material descartable en una lucha de poderes, exaltar a los héroes y corregir el daño realizado por estas organizaciones dedicadas a la manipulación sicológica y cultural. Daño más terrible, por sus efectos a largo plazo, que toda la destrucción causada al país por los bombardeos.

J.L. Rodríguez Pittí http://laestrella.com.pa/panama/nacional/guerra-sicologica-invasion-panama/23977148

‘Crosscheck’, el último mecanismo de censura en internet

El lunes la red First Draft News y el Google News Lab anunciaron el lanzamiento para la semana que viene de “CrossCheck” (cotejo, comprobación, en inglés) una herramienta en línea de censura y etiquetado de los contenidos que circulan por internet que habrá que añadir a los ya existentes.

Como es característico, en el proyecto participan las redacciones de numerosos medios de comunicación convencionales, es decir, que reúne a los nuevos medios de comunicación, como Google y Facebook, con los viejos.

Como la antigua, la nueva Inquisición tiene por objeto “vigilar y castigar”. Hace tiempo que su tarea dejó de ser informativa para pasar a ser represiva porque su descrédito les ha puesto a la defensiva. No dan noticias sino que juzgan -a la manera de Supremos Pontífices- las informaciones de terceros, tanto de texto, como fotos o vídeos.

El equipo censor se ha reclutado en la universidad, entre la mano de obra barata, joven, moldeable, que luego pasa por esos “cursillos” en los que los laboratorios de Google lavan la cabeza, cardan y tiñen siguiendo las últimas modas procedentes del Concilio de Trento (1545).

Pero al elenco de idioteces ya probadas, los degenerados intelectuales que diseñan este tipo de proyectos han añadido un invento que demuestra que siempre es posible caer más bajo: se trata de que los propios usuarios de las redes sociales puedan asumir el papel de censores y chivarse a los Grandes Pontífices pulsando un simple enlace.

La manipulación de este tipo de mecanismos deriva de que la información no son textos, ni imágenes, sino capitales invertidos en este sector. Como en cualquier otro, la competencia capitalista enfrenta a unos medios de comunicación con otros. Lo que pretenden con la censura los capitales más fuertes, los monopolistas, es etiquetar (o sea, desacreditar) a las empresas de la competencia.

Veamos un ejemplo, Decodex, que Le Monde puso en funcionamiento hace un mes, como ya hemos relatado en otra entrada. Hace tres semanas uno de los sitios al que etiquetó con el color naranja (¡precaución!) fue Doctissimo porque estaba acusado de promover las medicinas alternativas, lo cual está muy mal visto por los “científicos de verdad”.

Pero ese tipo de sitios, como los de la medicina convencional, también pueden estar vinculados con grandes monopolios, y en el caso de Doctissimo lo estaba con el grupo Lagardère.

Ahora resulta que Lagardère ha llegado a un acuerdo con Le Monde para sacar conjuntamente una revista sobre investigación científica y medicinas alternativas, algo que Decodex ha detectado inmediatamente sacando a Doctissimo del banquillo de los acusados y poniéndole una etiqueta verde; a la altura de los mejores.

Ya ven Ustedes para qué sirven los sesudos periodistas a los que la OTAN y los monopolios informáticos pagan para que analicen las informaciones y los sudocientíficos al servicio del capital y sus chanchullos.

Más información:

— La OTAN reconoce que está detrás de la ola de censura en la Unión Europea

La OTAN reconoce que está detrás de la ola de censura en la Unión Europea

Desde comienzos de año, varios colectivos franceses vienen denunciando la implicación del calamitoso diario Le Monde en el retroceso de la libertad de expresión y la creación de redes de censura. Le Monde es uno de esos periódicos de los que no entendemos por qué se les califica de “prestigiosos” ni qué tienen que ver con la información. Se trata de un periódico propiedad de grandes empresas monopolistas y, además, subvencionado anualmente por el gobierno con cinco millones de euros.

El diario ha creado una base de datos, a la que llama Decodex (1), para etiquetar como le da la gana a quien le da la gana. Si el lector va a la base de datos e introduce una dirección de internet en la ventana de búsqueda, obtiene una clasificación de la fuente en cuatro colores que son los mismos que utiliza la Guardia Civil cuando te piden el DNI y llaman a su propia base de datos:

  1. Verde: son Le Monde y sus amiguetes, medios cortados por el mismo patrón, propiedad de grandes monopolios y subvencionados por el gobierno
  2. Naranja: son los dudosos, poco fiables, el lector debe tener cuidado, desconfíe
  3. Rojo: los rojos siempre son los peores, conspiranoicos, mentirosos…
  4. Azules: sitios de cachondeo, no confundir con información seria, objetiva y responsable

Nosotros siempre creímos que este tipo de idioteces inquisitoriales sólo cabían en la cabeza de los periodistas o de la Audiencia Nacional, pero llegan los de la Red Voltaire y lo pintan todavía peor: quien está impulsando la Santa Iglesia Mediática, además de Google y Facebook, es la OTAN (2).

No nos podemos fiar de nadie. Creíamos que Le Monde actuaba por su cuenta, que era independiente, pero resulta que no se conforma con actuar por cuenta de sus jefes, de los que ponen el dinero (monopolios, gobierno) sino que, además, es la OTAN quien mueve los hilos.

El objetivo de Le Monde no es, pues, informar sino que también cumple una misión militar, la misma que la OTAN: luchar contra la influencia de Rusia. Ya lo decía el fascista Serrano Súñer: ¡Rusia es culpable!, ¡Antes, ahora y siempre!

(1) http://www.lemonde.fr/verification/
(2) http://www.voltairenet.org/article195309.html

‘El Estado nos orina encima, los medios nos dicen que llueve’

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