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Las ‘armas de destrucción masiva’ explotan en Londres con 20 años de retraso

Los británicos tienen suerte porque a los veinte años se levantan los secretos oficiales y, aunque con mucho retraso, pueden conocer los embustes de sus gobiernos. Lo malo es que, después de tanto tiempo ya nadie se acuerda de lo que pasó entonces y de lo que mintieron unos y otros.

Los últimos que se han destapado ahora conciernen a la Guerra de Irak, que vuelve a la polémica y los ajustes de cuentas. En 2003 Bush no logró formar una de sus ya famosas “coaliciones internacionales” y pidió voluntarios. Se presentaron dos, Aznar y Tony Blair. Juntos subieron al escenario como el Trío de las Azores.

La imposibilidad de formar una “coalición internacional” ya demostró que, entre bastidores, la oposición a la guerra iba a ser muy extensa, como se demostró en las calles de Europa y, singularmente, en España. La cortina de humo de las “armas de destrucción masiva” se destapó demasiado pronto.

Con los papeles en la mano, el antiguo portavoz del gobierno británico, Alastair Campbell, se ha querellado contra la BBC por la cobertura que el canal hizo de la guerra, denunciando que en Irak no había “armas de destrucción masiva”. El Partido Laborista había falsificado los informes sobre las armas irakíes.

Campbell fue uno de los asesores clave de Blair y en una carta que le dirigió entonces expresaba su descontento con la información. “Si la BBC continúa siendo beligerante, creo que la retórica se debe intensificar hasta el punto de amenazar con poner el asunto en manos de los abogados”, escribió.

Nunca se materializó la amenaza y, junto con Blair, envió mensajes para presionar a la cadena y sostener las mentiras del gobierno laborista.

La fuente de la BBC, David Kelly, un funcionario del Ministerio de Defensa, se suicidó. Campbell tuvo que dimitir. También dimitieron el director general de la BBC, Greg Dyke, y el presidente del canal, Gavyn Davies. Se abrió la típica investigación que no investiga nada.

Los documentos desclasificados muestran que a Blair le advirtiron de que la oficina de prensa del gobierno había perdido toda credibilidad debido a la actitud beligerante de Campbell. El secretario privado del Primer Ministro le manifestó que cada vez más Downing Street era percibida como una “maquinaria política de manipulación”.

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El ejército israelí intoxica a la población con cuentas falsas en las redes sociales

Las leyes israelíes prohíben al ejército intoxicar a la población con embustes y bulos en los medios de comunicación. Eso se puede hacer con el resto del mundo, pero no con los propios israelíes. Sin embargo, el diario Haaretz ha descubierto una cuenta del ejército israelí en Telegram dedicada a la intoxicación propagandística (*).

La cuenta la dirige el Departamento de Influencia de la Dirección de Operaciones del ejército, responsable de las operaciones de guerra sicológica. El canal se llama “72 Virgins Uncensored” y muestra contenido exclusivo de la guerra en Gaza. Ha publicado más de 700 mensajes, imágenes y vídeos de palestinos asesinados, a los que califica como “terroristas”.

Un alto oficial militar ha confirmado al periódico que el ejército es el responsable de la publicación. Su primer mensaje apareció el 9 de octubre, dos días después del inicio de la guerra, bajo el nombre de “Los Vengadores”. Al día siguiente, el nombre fue cambiado a “Azazel”, haciéndose eco de la pronunciación hebrea de “Gaza” y, al mismo tiempo, un término del Antiguo Testamento que se refiere a un chivo expiatorio o a un demonio.

Finalmente el canal pasó a llamarse “72 Vírgenes, Sin Censura”, una alusión a los musulmanes que se ganan el paraíso, donde estarán rodeados por 72 vírgenes, si sacrifican su vida por una causa justa.

No es la primera vez que sale a la luz una operación de guerra sicológica del ejército israelí dirigido contra su propia población. Durante la guerra de 2021 en Gaza, el ejército israelí llevó a cabo otra campaña intoxicadora. Publicó imágenes de la destrucción generalizada de Gaza en cuentas falsas de redes sociales y pidió a sus seguidores que las compartieran “para que sepan que estamos respondiendo a escala masiva”.

Después el ejército reconoció que había cometido “un error”.

El ejército israelí había contratado al operador de un canal de Telegram llamado Abu Ali Express como consultor en la “guerra por la opinión pública en las redes sociales”. El canal publicó reportajes, vídeos y fotografías exclusivos con su logo para sus 100.000 suscriptores. En varias ocasiones, el portavoz del ejército remitió a los periodistas a Abu Ali Express para obtener información sobre los combates, mientras les decía que la información “no procedía del ejército”.

Abu Ali Express desacreditó a los periodistas que criticaban los crímenes del ejército israelí y del entonces ministro de Defensa, Avigdor Lieberman. El año pasado el ejército anunció que había rescindido el contrato con la consultora. Sin embargo, esta semana el canal “72 Vírgenes” compartió un mensaje de Abu Ali Express.

Durante años el ejército israelí ha utilizado la guerra sicológica contra sus enemigos en un esfuerzo por disimular sus crímenes, influir en la población (incluso en Gaza, Irán y Líbano) y pregonar sus éxitos a los cuatro vientos. Estas campañas se llevan a cabo en secreto, utilizando cuentas falsas, sin dejar evidencia de la participación de los militares sionistas.

(*) https://www.haaretz.com/israel-news/security-aviation/2023-12-12/ty-article/.premium/graphic-videos-and-incitement-how-the-idf-is-misleading-israelis-on-telegram/ 0000018c-5ab5-df2f-adac-febd01c30000

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Los ajos chinos son otro peligro para la seguridad de Estados Unidos

El senador republicano Rick Scott ha pedido la apertura de una investigación gubernamental sobre el impacto de las importaciones de ajos chinos para la seguridad nacional. En una carta al Secretario de Comercio, expresó su preocupación por la seguridad y la calidad de los ajos importados de china, citando métodos de producción insalubres y el supuesto uso de aguas residuales en el cultivo de ajo.

Incluso es posible que los chinos rieguen las huertas con aguas fecales. El mundo no debería fiarse.

La cuestión va más allá de la simple economía. La seguridad alimentaria es otra de esas “emergencias existenciales” que amenazan la seguridad nacional, la salud pública y la prosperidad económica de Estados Unidos. Si el “covid” se fabricó en un laboratorio de Wuhan, el cultivo de los ajos puede ser mucho peor.

El senador pide que se examine cuidadosamente todas las calidades de ajo, ya sea entero o separado en dientes, pelado o no, fresco, congelado o en conserva.

Sin embargo, los “expertos” no opinan igual que Scott. Creen que “no hay evidencia científica” de que las aguas residuales se utilicen como fertilizante para el cultivo de los ajos en China.

Esta divergencia de opiniones replantea de nuevo el bloqueo comercial y político que Estados Unidos ha impuesto a China. Hasta ahora se había centrado en las tecnologías de ultima generación; ahora ya ha llegado a los ajos.

El próximo paso es prohibir las sopas de ajo, el pollo al ajillo, el pan de ajo, el bacalao al ajoarriero y los boquerones en vinagre.

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Rusia pone a un cabecilla de Facebook en busca y captura

La relación entre Rusia y Meta, la empresa matriz de Facebook e Instagram, ha dado otro giro. El año pasado Rusia bloqueó el acceso a Facebook, acusando a la plataforma digital de desinformación. La situación se empeoró cuando la red social abrió las puertas a la incitación a la violencia contra el ejército y los dirigentes rusos, lo que llevó a una revisión de las políticas editoriales. En marzo un tribunal de Moscú clasificó a Facebook e Instagram como organizaciones “extremistas” y prohibió su uso en Rusia.

La decisión, la primera contra una empresa tecnológica extranjera en Rusia, fue justificada por las políticas de Meta, consideradas antirrusas. Recientemente, Rusia intensificó su ofensiva contra Meta al agregar a Andy Stone, su portavoz, a su lista de personas buscadas por la policía. La medida se produce tras la designación de Meta como organización “terrorista y extremista” el año pasado, tras la ofensiva de Rusia contra Ucrania. Esta clasificación allanó el camino para acciones legales más severas contra los cabecillas de la multinacional en Rusia.

La persecución policial de Stone se produce en medio de crecientes tensiones entre Rusia y las plataformas de redes sociales occidentales. Servicios como Facebook, Instagram y X/Twitter están bloqueados en Rusia y solo se puede acceder a ellos a través de canales VPN. Antes de la prohibición, estas aplicaciones eran ampliamente utilizadas, en particular Instagram, que sigue siendo popular entre los jóvenes rusos.

La situación actual pone de relieve los desafíos que enfrentan las empresas tecnológicas mundiales que se ponen al servicio del imperialismo para desestabilizar ciertos países. La designación de Meta como entidad “terrorista y extremista” y la búsqueda de su portavoz resaltan el deseo de Rusia de impedir que las plataformas digitales sean una amenaza contra la seguridad y la soberanía.

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60 periodistas han sido asesinados en Gaza desde el 7 de octubre

El gobierno de Gaza anunció el domingo que 60 periodistas habían sido asesinados desde el inicio de los bombardeos israelíes el 7 de octubre.

En un comunicado la oficina de medios de comunicación del gobierno precisa que “60 periodistas fueron atacados directamente por los misiles de ocupación, mientras que otros murieron junto con sus familias durante los ataques dirigidos contra sus hogares”.

“El gobierno de Gaza extiende sus más sinceras condolencias a los medios palestinos, a todos los compañeros periodistas, así como a sus familias y seres queridos”, dice el comunicado.

“La serie de crímenes sistemáticos contra periodistas durante la guerra en la Franja de Gaza desde el 7 de octubre confirma que son el principal objetivo del ejército israelí, que ha matado a 60 de ellos, incluidos los últimos mártires: Sari Mansur y Hassuna Islam”.

El ejército israelí quiere “silenciar la voz de la verdad que denuncia las atrocidades de la ocupación y sus incesantes masacres en la Franja de Gaza”, añade.

“Me despierto todos los días preguntándome si será el último”, escribe la periodista palestina Plestia Alaqad en su cuenta de Instagram. “Es imposible informar desde Gaza”, decía el Washington Post después de la muerte de sus dos corresponsales.

El 10 de octubre tres periodistas, Said al-Taweel, Mohammed Sobboh y Hisham Nawajhah, se apostaron a varias decenas de metros de un edificio cercano al puerto pesquero de Gaza, con la esperanza de filmar su destrucción, anunciada por el ejército israelí a uno de los residentes. El ataque finalmente alcanzó otro edificio y les costó la vida a ellos.

Cientos de periodistas palestinos cubren la guerra, poniendo en riesgo sus vidas, para que el mundo conozca la barbarie sionista. Algunos trabajan para los medios locales, otros para la prensa internacional, pero todos viven el mismo calvario que el resto de la población.

Las condiciones de trabajo son espantosas. Sus salas de redacción son tiendas de campaña en el patio de los hospitales.

El número de funcionarios de la ONU asesinados es aún mayor: más de cien de ellos han perdido la vida a causa de los bombardeos. Es la mayor pérdida de la organización internacional en sus 78 años de historia. En las delegaciones diplomáticas repartidas por el mundo, como la de Beirut que muestra la fotografía de portada, su bandera ondea a media asta permanentemente.

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La guerra es la continuación de la pandemia por otros medios

El Califato Islámico ha reparecido. Daba la impresión de que se había acabado y que la “guerra contra el terrorismo” había dado paso a la “guerra contra el covid”. Pero no ha sido así; vuelven las noticias sobre los atentados yihadistas, que mutan lo mismo que las infinitas cepas del mortífero virus.

La última vez que los cortadores de cabezas de bandera negra hablaron recomendaban a sus muchachos que se mantuvieran alejados de una Europa azotada por el coronavirus. Según un estudio de la Universidad de Yale, los confinamientos fueron positivos porque redujeron los “atentados terroristas violentos” (1).

Tres años después, un yihadista mata a un sacristán en Algeciras y hiere a un sacerdote. Meses después otro mata con un fusil a dos personas en pleno centro de Bruselas. En España se ha promulgado una “alerta terrorista” y ya han detenido a 14 yihadistas en lo que va de año. Los Mossos d’Esquadra han llevado a cabo un simulacro de atentado yihadista en la Estación de Sants, en Barcelona.

Desde el otro lado del Atlántico los políticos estadounidenses advierten de que la guerra contra el terrorismo no ha terminado. El Califato Islámico es un “polvorín de mecha lenta”. Estados Unidos ha comenzado a atacar de nuevo a sus dirigentes. En abril mató a dos y en julio al tercero. Siria también ha intervenido eliminando a otro. No hay organización que tenga más dirigentes que el Califato Islámico, cuyos cadáveres llenan los cementerios.

A lo largo del verano el Califato Islámico se atribuyó la autoría de varios ataques en Afganistán, Pakistán y Uganda, pero en los últimos días las actividades han empezado a multiplicarse.

El 11 de agosto la CBS informó de que la organización yihadista había tendido una emboscada en Siria, en la que había matado a 20 soldados del ejército regular.

Al día siguiente el Washington Post informó que una filial del Califato Islámico en el Congo, llamada ADF, se estaba volviendo “cada vez más mortífera”.

Al día siguiente siguieron apareciendo noticias de que la organización estaba recurriendo a las criptomonedas para “continuar su reinado de terror”.

Al día siguiente el gobierno iraní culpó oficialmente al Califato Islámico por un presunto ataque terrorista contra un santuario en Shiraz, y TimesNow informó que un experto en fabricación de bombas del Califato Islámico planeaba un ataque en India.

El sábado el Daily Mirror advirtió de que Al Qaeda y el Califato Islámico estaban de regreso en Afganistán. Mientras tanto, la policía indonesia había registrado la vivienda de un sospechoso de terrorismo, donde encontró una bandera del Califato Islámico.

Al mismo tiempo la ONU publica un informe advirtiendo de que el Califato Islámico todavía representa una amenaza grave porque tiene entre 5.000 y 7.000 combatientes en Siria e Irak (2).

La falta de actividad de la organización yihadista en los últimos años no fue porque en el mundo se desatara una horrible pandemia, sino que sólo se trataba de una pausa para facilitar el reclutamiento y la reorganización.

Pero el Califato Islámico, lo mismo que los virus, nunca había hecho pausas hasta ahora. Han seguido sacando de contrabando de Siria cientos de toneladas de petróleo diariamente en convoyes de varios kilómetros y, según algunos, a lomos de mulas. Los cargamentos, que sirven para su financiación, son imposibles de detectar ni de detener.

Sus cuentas bancarias nunca se cerraron y sus cuentas en las redes sociales tampoco.

Todo está como al principio. El yihadismo es otra cortina de humo que hay que mantener, sobre todo desde el 7 de octubre, para vincular con él a los palestinos. Las posibles repercusiones de esta segunda ola preocupan a los Mossos d’Esquadra, que han cuadruplicado las horas de protección de los intereses israelíes en Catalunya y se precupan por la “desinformación”. Los catalanes deberían estar más atentos a lo que digan las instituciones públicas que a las redes sociales (3).

Tienen razón los sesudos investigadores de la Universidad de Yale. Con la pandemia descubrimos que lo mejor para acabar con las olas de terrorismo son los confinamientos.

(1) https://news.yale.edu/2023/01/30/terror-under-lockdown-pandemic-restrictions-reduce-isis-violence
(2) https://www.thenationalnews.com/mena/2023/08/15/isis-still-poses-serious-threat-with-thousands-of-fighters-in-middle-east-un-says/
(3) https://www.telecinco.es/noticias/catalunya/20231020/mossos-cuadruplican-proteccion-sinagogas-preparan-mayor-simulacro-historia-estacion-sants_18_010759623.html

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No hay peor cuña que la de la propia madera: la red Jodorkovsky

Que el mundo mantenga una opinión contraria a Rusia no sale barato a los aparatos de Estados Unidos que financian la intoxicación mediática. Una parte del dinero invertido en la Guerra de Ucrania se ha destinado a las redes propagandísticas que la OTAN ha creado en Vilnius y Tbilisi.

También hay redes de intoxicación que están en manos privadas, incluso de los propios “exiliados” rusos, como las fundaciones que financia el magnate Jodorkovsky, que desempeñan un papel capital en el adorno de la política antirrusa de Estados Unidos. La ventaja es que los rusos que se oponen al Kremlin son cuña de la propia madera.

Hay una propaganda antirrusa para consumo occidental y hay otra para los propios rusos. La diferencia es que esta última no es antirrusa exactamente, sino anti-Putin.

Solo el año pasado, Jodorkovsky gastó más de 4,2 millones de dólares en atraer a los rusos que han abandonado su país por razones políticas. Su acción es doble. Elaboran propaganda dirigida al interior de Rusia y, además, convocan acciones simbólicas en el exterior. Organizan concentraciones frente a las embajadas rusas, crean comités contra la guerra en forma de ONG, organizan ruedas de prensa con figurones de la oposición rusa…

Su acción no es política sino propagandística. No puede afectar al interior del país, sino que buscan los titulares de los principales medios de comunicación.

La red de Jodorkovsky está controlada ​​por dos de sus organizaciones, Ark y Reforum. En ellas participa la ciudadana estadounidense Natalia Arno, que recibe financiación directamente del Departamento de Estado estadounidense.

Ambas organizaciones están registradas en Lituania en la misma dirección postal, pero sus sucursales operan en toda la Unión Europea. Mantienen albergues, espacios de trabajo (“coworking”) y bufetes de abogados financiados por ellos en Alemania, Estonia, Lituania, Georgia, Turquía y Polonia.

La parte propagandística dirigida al interior de Rusia se complementa con una fábrica de trolls. El Fondo Anticorrupción de Navalny se hizo cargo de una parte de esta actividad en Rusia, con la intervención de la Fundación Rusa Libre de Natalia Arno, registrada en Washington.

La granja de robots está dirigida por Oleg Stepanov, antiguo director de la oficina de Navalny en Moscú. El abogado de la oficina de Navalny en Ufa, Fyodor Telin, es responsable del control; envía a los sicarios los mensajes que deben introducir en las redes sociales. También participa el director de la Fundación Anticorrupción, Ivan Zhdanov.

A los sicarios que intervienen en las redes sociales los llaman “elfos”. Firman contratos de colaboración con Reforum y deben registrar una dirección IP en Lituania. Les pagan 10 euros por hora y deben publicar 150 comentarios al día, que no pueden ser eliminados por los administradores de los sitios afectados.

Tienen una guía que les orienta sobre los tipos de comentarios que deben dejar sobre temas de actualidad. Por ejemplo, con respecto a los ataques con drones en Moscú, deben publicar variaciones sobre el tema central de que “Putin trajo la guerra a Rusia y hasta que todas las fuerzas armadas abandonen tierras extranjeras, no habrá tranquilidad en Rusia”.

La línea general de los mensajes es que Putin es el responsable de la Guerra de Ucrania, que la corrupción explica los problemas de Rusia, que el Kremlin chantajea a Occidente con el arma nuclear, que el ejército ruso perdió la guerra cuando perdió Jerson, etc.

En cualquier guerra es necesario manipular al enemigo con intoxicación. Se trata de desmoralizar a la población del adversario, empujarla a volverse contra quienes están en el poder y, si es posible, desestabilizarlo. Lo que ha cambiado hoy son los medios técnicos.

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Arrecian las presiones sobre X/Twitter para que censure las críticas al sionismo

En la guerra actual Israel ha perdido la batalla de la información. X/Twitter se encuentra sometido a fuertes presiones por parte de las grandes potencias para censurar la información independiente sobre la masacre contra Gaza. Los organismos de la Unión Europea han dejado de publicar mensajes en la red y la Casa Blanca acusa a Elon Musk de promover el antisemitismo.

A medida que se intensificaba la agresión militar de Israel contra la población de Gaza, y después del corte de la conexión a internet al comienzo de los bombrdeos israelíes, los palestinos hicieron un llamamiento a Musk para que su red de satélites Starlink restableciera las comunicaciones.

La etiqueta #starlinkforgaza ganó popularidad rápidamente en X/Twitter. A través de su plataforma, Musk anunció que Starlink restablecería la conexión a internet de las organizaciones humanitarias en Gaza.

La iniciativa no agradó en absoluto a los sionistas que acusaron a Musk de apoyar a los “terroristas”. La cascada de improperios fue la misma de siempre: antisemitas, negacionistas, conspiranoicos…

El portavoz de la Casa Blanca, Andrew Bates, condenó las declaraciones de Musk, calificándolas de “mentira atroz” y recordando que van en contra de los principios fundamentales de Estados Unidos. Destacó la importancia de rechazar cualquier forma de expresión que dañe la dignidad y la seguridad de los ciudadanos estadounidenses.

Musk decidió responder atacando a la Liga Antidifamación (ADL), una organización que quiere censurar la lucha contra el sionismo. Denunció que las potencias occidentales apoyan al Estado de Israel y sus colonos.

La polémica ha desatado un amplio debate sobre las políticas cada vez más estrictas de censura que las grandes potencias quieren introducir en los medios independientes y las redes sociales para continuar sosteniendo a un Estado de apartheid, como Israel.

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La censura no ha podido frenar las movilizaciones en defensa de los palestinos

Los sionistas están asesinando a los periodistas de Gaza a un ritmo promedio de un periodista cada día. Algunos ven a sus familias enteras atacadas y asesinadas, como es el caso de Wael Al Dahdouh, el corresponsal de Al Jazira (*).

Sin embargo, surgen nuevos periodistas para reemplazar a los asesinados, tanto profesionales como aficionados.

A finales de la semana pasada, el cineasta belga Thomas Maddens notó algo extraño: un vídeo sobre Palestina que publicó en TikTok con la etiqueta “genocidio” de repente dejó de generar interés en la plataforma después de un aumento inicial de visitantes.

“Pensé que habría obtenido millones de visitas”, dijo Maddens a Al Jazira, “pero las entradas se detuvieron”.

Maddens se encuentra entre los cientos de usuarios de redes sociales que acusan a las redes sociales más grandes del mundo (Facebook, Instagram, X, YouTube y TikTok) de censurar cuentas o reducir activamente el alcance de los contenidos que defienden a los palestinos.

A pesar de la censura, o quizás debido a ella, ha surgido en todo el mundo un gigantesco movimiento popular en favor de los palestinos. Millones de personas, tal vez decenas de millones, han salido a las calles en su apoyo.

La censura, como el muro que rodea Gaza, se ha vuelto contra los sionistas. En lugar de mantener a la población sometida, la ha movilizado. La avalancha de contenidos favorable a los palestinos en las redes sociales no puede ser contenida, ni siquiera por las organizaciones dedicadas a la censura, capaz de contratar personas y lanzar programas de inteligencia artificial, para tratar de tapar los agujeros en el dique.

En Gaza hay dos crímenes contrala humanidad. Una la cometen los sionistas que bombardean masiva e indiscriminadamente a la población. La otra es obra de los censores, los intoxicadores y las empresas tecnológicas.

(*) https://www.youtube.com/watch?v=hi-F1m5OfPg

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Caza de brujas en Google contra los trabajadores solidarios con Palestina

La guerra de Israel contra los palestinos ha creado tensiones dentro de los grandes monopolios, como Google. En una carta abierta un grupo de trabajadores del holding tecnológico denuncian que Google está con los sionistas y exigen a los cabecillas de la multinacional que se posicionen contra la masacre que Israel está cometiendo en Gaza.

En Google impera una política antipalestina e islamófoba. En los centros de trabajo los palestinos, musulmanes y árabes han sido insultados y calificados de “terroristas” y “animales”.

Los cabecillas de Google llegaron a preguntar a los trabajadores solidarios con Palestina si apoyaban a Hamas cuando expresaron su preocupación por las familias palestinas, muchas de las cuales están sometidas a los criminales bombardeos del ejército israelí.

Cuando los trabajadores intentaron recoger dinero para las organizaciones palestinas de solidaridad, los jerifaltes dijeron que no podían apoyar a las escuelas y hospitales de Gaza porque albergaban “terroristas”. La carta también afirma que un directivo de Google estaba a favor de utilizar los vastos recursos de la empresa para espiar a sus trabajadores y acosarlos internamente.

Un ingeniero de programas, Sarmad Gilani, dijo en una entrevista con el New York Times que cualquier crítica al ejército o al gobierno israelí da lugar a acusaciones de antisemitismo por parte de Google.

El Proyecto Nimbus

En 2021 los trabajadores de Google y Amazon también pubicaron una carta abierta en la que pedían a las multinacionales que cancelaran el Proyecto Nimbus. El acuerdo de las empresas tecnológicas con Israel aumentaría la vigilancia masiva de los palestinos y recopilaría datos ilegalmente. La nueva carta reitera muchas de esas denuncias. Los trabajadores piden a Google que deje de hacer negocios con un gobierno que practica el apartheid.

El Proyecto Nimbus es un proyecto de computación en la nube del gobierno israelí y su ejército. El Ministerio de Finanzas de Israel anunció en abril de 2021 que el contrato tiene como objetivo proporcionar “al gobierno, al sector de defensa y a otros una solución integral de computación en la nube”. Como parte del contrato, las empresas establecerán sitios locales en la nube que “mantendrán la información dentro de las fronteras de Israel bajo estrictas pautas de seguridad”.

El contrato es de 1.200 millones de dólares y Google y Amazon han sido seleccionados para proporcionar servicios de computación en la nube a los sionistas, incluidos la inteligencia artificial y el aprendizaje automático.

Las cláusulas del contrato prohíben a Amazon y Google interrumpir sus servicios debido a las presiones del boicot BDS que se entiende por el mundo. Las empresas de tecnología también tienen prohibido negarse a proporcionar servicios a determinadas instituciones públicas israelíes.

Los trabajadores temen que el Proyecto Nimbus conduzca a nuevas matanzas de palestinos. Les preocupa que la tecnología permita una mayor vigilancia de los palestinos y la recopilación ilegal de datos sobre ellos, facilitando la expansión de los asentamientos ilegales de Israel en las tierras ocupadas.

A Ariel Koren, que trabajaba como director comercial de los productos educativos de Google y se oponía abiertamente al proyecto, le dieron un ultimátum: mudarse a Sao Paulo en un plazo de 17 días o el despido.

En una carta anunciando su dimisión, Koren escribió que Google “silencia sistemáticamente las voces palestinas, judías, árabes y musulmanas que están preocupadas por la complicidad de Google en las violaciones de los derechos humanos palestinos, hasta el punto de tomar represalias formales contra los trabajadores y crear un ambiente de miedo”, reflejando su opinión de que el ultimátum era una represalia por su oposición al Proyecto Nimbus.

La carta de los trabajadores de Google ha desatado una amplia campaña de apoyo con la consigna “No a la tecnología para el apartheid” (https://www.notechforapartheid.com/).