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Categoría: Guerra psicológica (página 13 de 45)

Los ajos chinos son otro peligro para la seguridad de Estados Unidos

El senador republicano Rick Scott ha pedido la apertura de una investigación gubernamental sobre el impacto de las importaciones de ajos chinos para la seguridad nacional. En una carta al Secretario de Comercio, expresó su preocupación por la seguridad y la calidad de los ajos importados de china, citando métodos de producción insalubres y el supuesto uso de aguas residuales en el cultivo de ajo.

Incluso es posible que los chinos rieguen las huertas con aguas fecales. El mundo no debería fiarse.

La cuestión va más allá de la simple economía. La seguridad alimentaria es otra de esas “emergencias existenciales” que amenazan la seguridad nacional, la salud pública y la prosperidad económica de Estados Unidos. Si el “covid” se fabricó en un laboratorio de Wuhan, el cultivo de los ajos puede ser mucho peor.

El senador pide que se examine cuidadosamente todas las calidades de ajo, ya sea entero o separado en dientes, pelado o no, fresco, congelado o en conserva.

Sin embargo, los “expertos” no opinan igual que Scott. Creen que “no hay evidencia científica” de que las aguas residuales se utilicen como fertilizante para el cultivo de los ajos en China.

Esta divergencia de opiniones replantea de nuevo el bloqueo comercial y político que Estados Unidos ha impuesto a China. Hasta ahora se había centrado en las tecnologías de ultima generación; ahora ya ha llegado a los ajos.

El próximo paso es prohibir las sopas de ajo, el pollo al ajillo, el pan de ajo, el bacalao al ajoarriero y los boquerones en vinagre.

Rusia pone a un cabecilla de Facebook en busca y captura

La relación entre Rusia y Meta, la empresa matriz de Facebook e Instagram, ha dado otro giro. El año pasado Rusia bloqueó el acceso a Facebook, acusando a la plataforma digital de desinformación. La situación se empeoró cuando la red social abrió las puertas a la incitación a la violencia contra el ejército y los dirigentes rusos, lo que llevó a una revisión de las políticas editoriales. En marzo un tribunal de Moscú clasificó a Facebook e Instagram como organizaciones “extremistas” y prohibió su uso en Rusia.

La decisión, la primera contra una empresa tecnológica extranjera en Rusia, fue justificada por las políticas de Meta, consideradas antirrusas. Recientemente, Rusia intensificó su ofensiva contra Meta al agregar a Andy Stone, su portavoz, a su lista de personas buscadas por la policía. La medida se produce tras la designación de Meta como organización “terrorista y extremista” el año pasado, tras la ofensiva de Rusia contra Ucrania. Esta clasificación allanó el camino para acciones legales más severas contra los cabecillas de la multinacional en Rusia.

La persecución policial de Stone se produce en medio de crecientes tensiones entre Rusia y las plataformas de redes sociales occidentales. Servicios como Facebook, Instagram y X/Twitter están bloqueados en Rusia y solo se puede acceder a ellos a través de canales VPN. Antes de la prohibición, estas aplicaciones eran ampliamente utilizadas, en particular Instagram, que sigue siendo popular entre los jóvenes rusos.

La situación actual pone de relieve los desafíos que enfrentan las empresas tecnológicas mundiales que se ponen al servicio del imperialismo para desestabilizar ciertos países. La designación de Meta como entidad “terrorista y extremista” y la búsqueda de su portavoz resaltan el deseo de Rusia de impedir que las plataformas digitales sean una amenaza contra la seguridad y la soberanía.

60 periodistas han sido asesinados en Gaza desde el 7 de octubre

El gobierno de Gaza anunció el domingo que 60 periodistas habían sido asesinados desde el inicio de los bombardeos israelíes el 7 de octubre.

En un comunicado la oficina de medios de comunicación del gobierno precisa que “60 periodistas fueron atacados directamente por los misiles de ocupación, mientras que otros murieron junto con sus familias durante los ataques dirigidos contra sus hogares”.

“El gobierno de Gaza extiende sus más sinceras condolencias a los medios palestinos, a todos los compañeros periodistas, así como a sus familias y seres queridos”, dice el comunicado.

“La serie de crímenes sistemáticos contra periodistas durante la guerra en la Franja de Gaza desde el 7 de octubre confirma que son el principal objetivo del ejército israelí, que ha matado a 60 de ellos, incluidos los últimos mártires: Sari Mansur y Hassuna Islam”.

El ejército israelí quiere “silenciar la voz de la verdad que denuncia las atrocidades de la ocupación y sus incesantes masacres en la Franja de Gaza”, añade.

“Me despierto todos los días preguntándome si será el último”, escribe la periodista palestina Plestia Alaqad en su cuenta de Instagram. “Es imposible informar desde Gaza”, decía el Washington Post después de la muerte de sus dos corresponsales.

El 10 de octubre tres periodistas, Said al-Taweel, Mohammed Sobboh y Hisham Nawajhah, se apostaron a varias decenas de metros de un edificio cercano al puerto pesquero de Gaza, con la esperanza de filmar su destrucción, anunciada por el ejército israelí a uno de los residentes. El ataque finalmente alcanzó otro edificio y les costó la vida a ellos.

Cientos de periodistas palestinos cubren la guerra, poniendo en riesgo sus vidas, para que el mundo conozca la barbarie sionista. Algunos trabajan para los medios locales, otros para la prensa internacional, pero todos viven el mismo calvario que el resto de la población.

Las condiciones de trabajo son espantosas. Sus salas de redacción son tiendas de campaña en el patio de los hospitales.

El número de funcionarios de la ONU asesinados es aún mayor: más de cien de ellos han perdido la vida a causa de los bombardeos. Es la mayor pérdida de la organización internacional en sus 78 años de historia. En las delegaciones diplomáticas repartidas por el mundo, como la de Beirut que muestra la fotografía de portada, su bandera ondea a media asta permanentemente.

La guerra es la continuación de la pandemia por otros medios

El Califato Islámico ha reparecido. Daba la impresión de que se había acabado y que la “guerra contra el terrorismo” había dado paso a la “guerra contra el covid”. Pero no ha sido así; vuelven las noticias sobre los atentados yihadistas, que mutan lo mismo que las infinitas cepas del mortífero virus.

La última vez que los cortadores de cabezas de bandera negra hablaron recomendaban a sus muchachos que se mantuvieran alejados de una Europa azotada por el coronavirus. Según un estudio de la Universidad de Yale, los confinamientos fueron positivos porque redujeron los “atentados terroristas violentos” (1).

Tres años después, un yihadista mata a un sacristán en Algeciras y hiere a un sacerdote. Meses después otro mata con un fusil a dos personas en pleno centro de Bruselas. En España se ha promulgado una “alerta terrorista” y ya han detenido a 14 yihadistas en lo que va de año. Los Mossos d’Esquadra han llevado a cabo un simulacro de atentado yihadista en la Estación de Sants, en Barcelona.

Desde el otro lado del Atlántico los políticos estadounidenses advierten de que la guerra contra el terrorismo no ha terminado. El Califato Islámico es un “polvorín de mecha lenta”. Estados Unidos ha comenzado a atacar de nuevo a sus dirigentes. En abril mató a dos y en julio al tercero. Siria también ha intervenido eliminando a otro. No hay organización que tenga más dirigentes que el Califato Islámico, cuyos cadáveres llenan los cementerios.

A lo largo del verano el Califato Islámico se atribuyó la autoría de varios ataques en Afganistán, Pakistán y Uganda, pero en los últimos días las actividades han empezado a multiplicarse.

El 11 de agosto la CBS informó de que la organización yihadista había tendido una emboscada en Siria, en la que había matado a 20 soldados del ejército regular.

Al día siguiente el Washington Post informó que una filial del Califato Islámico en el Congo, llamada ADF, se estaba volviendo “cada vez más mortífera”.

Al día siguiente siguieron apareciendo noticias de que la organización estaba recurriendo a las criptomonedas para “continuar su reinado de terror”.

Al día siguiente el gobierno iraní culpó oficialmente al Califato Islámico por un presunto ataque terrorista contra un santuario en Shiraz, y TimesNow informó que un experto en fabricación de bombas del Califato Islámico planeaba un ataque en India.

El sábado el Daily Mirror advirtió de que Al Qaeda y el Califato Islámico estaban de regreso en Afganistán. Mientras tanto, la policía indonesia había registrado la vivienda de un sospechoso de terrorismo, donde encontró una bandera del Califato Islámico.

Al mismo tiempo la ONU publica un informe advirtiendo de que el Califato Islámico todavía representa una amenaza grave porque tiene entre 5.000 y 7.000 combatientes en Siria e Irak (2).

La falta de actividad de la organización yihadista en los últimos años no fue porque en el mundo se desatara una horrible pandemia, sino que sólo se trataba de una pausa para facilitar el reclutamiento y la reorganización.

Pero el Califato Islámico, lo mismo que los virus, nunca había hecho pausas hasta ahora. Han seguido sacando de contrabando de Siria cientos de toneladas de petróleo diariamente en convoyes de varios kilómetros y, según algunos, a lomos de mulas. Los cargamentos, que sirven para su financiación, son imposibles de detectar ni de detener.

Sus cuentas bancarias nunca se cerraron y sus cuentas en las redes sociales tampoco.

Todo está como al principio. El yihadismo es otra cortina de humo que hay que mantener, sobre todo desde el 7 de octubre, para vincular con él a los palestinos. Las posibles repercusiones de esta segunda ola preocupan a los Mossos d’Esquadra, que han cuadruplicado las horas de protección de los intereses israelíes en Catalunya y se precupan por la “desinformación”. Los catalanes deberían estar más atentos a lo que digan las instituciones públicas que a las redes sociales (3).

Tienen razón los sesudos investigadores de la Universidad de Yale. Con la pandemia descubrimos que lo mejor para acabar con las olas de terrorismo son los confinamientos.

(1) https://news.yale.edu/2023/01/30/terror-under-lockdown-pandemic-restrictions-reduce-isis-violence
(2) https://www.thenationalnews.com/mena/2023/08/15/isis-still-poses-serious-threat-with-thousands-of-fighters-in-middle-east-un-says/
(3) https://www.telecinco.es/noticias/catalunya/20231020/mossos-cuadruplican-proteccion-sinagogas-preparan-mayor-simulacro-historia-estacion-sants_18_010759623.html

No hay peor cuña que la de la propia madera: la red Jodorkovsky

Que el mundo mantenga una opinión contraria a Rusia no sale barato a los aparatos de Estados Unidos que financian la intoxicación mediática. Una parte del dinero invertido en la Guerra de Ucrania se ha destinado a las redes propagandísticas que la OTAN ha creado en Vilnius y Tbilisi.

También hay redes de intoxicación que están en manos privadas, incluso de los propios “exiliados” rusos, como las fundaciones que financia el magnate Jodorkovsky, que desempeñan un papel capital en el adorno de la política antirrusa de Estados Unidos. La ventaja es que los rusos que se oponen al Kremlin son cuña de la propia madera.

Hay una propaganda antirrusa para consumo occidental y hay otra para los propios rusos. La diferencia es que esta última no es antirrusa exactamente, sino anti-Putin.

Solo el año pasado, Jodorkovsky gastó más de 4,2 millones de dólares en atraer a los rusos que han abandonado su país por razones políticas. Su acción es doble. Elaboran propaganda dirigida al interior de Rusia y, además, convocan acciones simbólicas en el exterior. Organizan concentraciones frente a las embajadas rusas, crean comités contra la guerra en forma de ONG, organizan ruedas de prensa con figurones de la oposición rusa…

Su acción no es política sino propagandística. No puede afectar al interior del país, sino que buscan los titulares de los principales medios de comunicación.

La red de Jodorkovsky está controlada ​​por dos de sus organizaciones, Ark y Reforum. En ellas participa la ciudadana estadounidense Natalia Arno, que recibe financiación directamente del Departamento de Estado estadounidense.

Ambas organizaciones están registradas en Lituania en la misma dirección postal, pero sus sucursales operan en toda la Unión Europea. Mantienen albergues, espacios de trabajo (“coworking”) y bufetes de abogados financiados por ellos en Alemania, Estonia, Lituania, Georgia, Turquía y Polonia.

La parte propagandística dirigida al interior de Rusia se complementa con una fábrica de trolls. El Fondo Anticorrupción de Navalny se hizo cargo de una parte de esta actividad en Rusia, con la intervención de la Fundación Rusa Libre de Natalia Arno, registrada en Washington.

La granja de robots está dirigida por Oleg Stepanov, antiguo director de la oficina de Navalny en Moscú. El abogado de la oficina de Navalny en Ufa, Fyodor Telin, es responsable del control; envía a los sicarios los mensajes que deben introducir en las redes sociales. También participa el director de la Fundación Anticorrupción, Ivan Zhdanov.

A los sicarios que intervienen en las redes sociales los llaman “elfos”. Firman contratos de colaboración con Reforum y deben registrar una dirección IP en Lituania. Les pagan 10 euros por hora y deben publicar 150 comentarios al día, que no pueden ser eliminados por los administradores de los sitios afectados.

Tienen una guía que les orienta sobre los tipos de comentarios que deben dejar sobre temas de actualidad. Por ejemplo, con respecto a los ataques con drones en Moscú, deben publicar variaciones sobre el tema central de que “Putin trajo la guerra a Rusia y hasta que todas las fuerzas armadas abandonen tierras extranjeras, no habrá tranquilidad en Rusia”.

La línea general de los mensajes es que Putin es el responsable de la Guerra de Ucrania, que la corrupción explica los problemas de Rusia, que el Kremlin chantajea a Occidente con el arma nuclear, que el ejército ruso perdió la guerra cuando perdió Jerson, etc.

En cualquier guerra es necesario manipular al enemigo con intoxicación. Se trata de desmoralizar a la población del adversario, empujarla a volverse contra quienes están en el poder y, si es posible, desestabilizarlo. Lo que ha cambiado hoy son los medios técnicos.

Arrecian las presiones sobre X/Twitter para que censure las críticas al sionismo

En la guerra actual Israel ha perdido la batalla de la información. X/Twitter se encuentra sometido a fuertes presiones por parte de las grandes potencias para censurar la información independiente sobre la masacre contra Gaza. Los organismos de la Unión Europea han dejado de publicar mensajes en la red y la Casa Blanca acusa a Elon Musk de promover el antisemitismo.

A medida que se intensificaba la agresión militar de Israel contra la población de Gaza, y después del corte de la conexión a internet al comienzo de los bombrdeos israelíes, los palestinos hicieron un llamamiento a Musk para que su red de satélites Starlink restableciera las comunicaciones.

La etiqueta #starlinkforgaza ganó popularidad rápidamente en X/Twitter. A través de su plataforma, Musk anunció que Starlink restablecería la conexión a internet de las organizaciones humanitarias en Gaza.

La iniciativa no agradó en absoluto a los sionistas que acusaron a Musk de apoyar a los “terroristas”. La cascada de improperios fue la misma de siempre: antisemitas, negacionistas, conspiranoicos…

El portavoz de la Casa Blanca, Andrew Bates, condenó las declaraciones de Musk, calificándolas de “mentira atroz” y recordando que van en contra de los principios fundamentales de Estados Unidos. Destacó la importancia de rechazar cualquier forma de expresión que dañe la dignidad y la seguridad de los ciudadanos estadounidenses.

Musk decidió responder atacando a la Liga Antidifamación (ADL), una organización que quiere censurar la lucha contra el sionismo. Denunció que las potencias occidentales apoyan al Estado de Israel y sus colonos.

La polémica ha desatado un amplio debate sobre las políticas cada vez más estrictas de censura que las grandes potencias quieren introducir en los medios independientes y las redes sociales para continuar sosteniendo a un Estado de apartheid, como Israel.

La censura no ha podido frenar las movilizaciones en defensa de los palestinos

Los sionistas están asesinando a los periodistas de Gaza a un ritmo promedio de un periodista cada día. Algunos ven a sus familias enteras atacadas y asesinadas, como es el caso de Wael Al Dahdouh, el corresponsal de Al Jazira (*).

Sin embargo, surgen nuevos periodistas para reemplazar a los asesinados, tanto profesionales como aficionados.

A finales de la semana pasada, el cineasta belga Thomas Maddens notó algo extraño: un vídeo sobre Palestina que publicó en TikTok con la etiqueta “genocidio” de repente dejó de generar interés en la plataforma después de un aumento inicial de visitantes.

“Pensé que habría obtenido millones de visitas”, dijo Maddens a Al Jazira, “pero las entradas se detuvieron”.

Maddens se encuentra entre los cientos de usuarios de redes sociales que acusan a las redes sociales más grandes del mundo (Facebook, Instagram, X, YouTube y TikTok) de censurar cuentas o reducir activamente el alcance de los contenidos que defienden a los palestinos.

A pesar de la censura, o quizás debido a ella, ha surgido en todo el mundo un gigantesco movimiento popular en favor de los palestinos. Millones de personas, tal vez decenas de millones, han salido a las calles en su apoyo.

La censura, como el muro que rodea Gaza, se ha vuelto contra los sionistas. En lugar de mantener a la población sometida, la ha movilizado. La avalancha de contenidos favorable a los palestinos en las redes sociales no puede ser contenida, ni siquiera por las organizaciones dedicadas a la censura, capaz de contratar personas y lanzar programas de inteligencia artificial, para tratar de tapar los agujeros en el dique.

En Gaza hay dos crímenes contrala humanidad. Una la cometen los sionistas que bombardean masiva e indiscriminadamente a la población. La otra es obra de los censores, los intoxicadores y las empresas tecnológicas.

(*) https://www.youtube.com/watch?v=hi-F1m5OfPg

Caza de brujas en Google contra los trabajadores solidarios con Palestina

La guerra de Israel contra los palestinos ha creado tensiones dentro de los grandes monopolios, como Google. En una carta abierta un grupo de trabajadores del holding tecnológico denuncian que Google está con los sionistas y exigen a los cabecillas de la multinacional que se posicionen contra la masacre que Israel está cometiendo en Gaza.

En Google impera una política antipalestina e islamófoba. En los centros de trabajo los palestinos, musulmanes y árabes han sido insultados y calificados de “terroristas” y “animales”.

Los cabecillas de Google llegaron a preguntar a los trabajadores solidarios con Palestina si apoyaban a Hamas cuando expresaron su preocupación por las familias palestinas, muchas de las cuales están sometidas a los criminales bombardeos del ejército israelí.

Cuando los trabajadores intentaron recoger dinero para las organizaciones palestinas de solidaridad, los jerifaltes dijeron que no podían apoyar a las escuelas y hospitales de Gaza porque albergaban “terroristas”. La carta también afirma que un directivo de Google estaba a favor de utilizar los vastos recursos de la empresa para espiar a sus trabajadores y acosarlos internamente.

Un ingeniero de programas, Sarmad Gilani, dijo en una entrevista con el New York Times que cualquier crítica al ejército o al gobierno israelí da lugar a acusaciones de antisemitismo por parte de Google.

El Proyecto Nimbus

En 2021 los trabajadores de Google y Amazon también pubicaron una carta abierta en la que pedían a las multinacionales que cancelaran el Proyecto Nimbus. El acuerdo de las empresas tecnológicas con Israel aumentaría la vigilancia masiva de los palestinos y recopilaría datos ilegalmente. La nueva carta reitera muchas de esas denuncias. Los trabajadores piden a Google que deje de hacer negocios con un gobierno que practica el apartheid.

El Proyecto Nimbus es un proyecto de computación en la nube del gobierno israelí y su ejército. El Ministerio de Finanzas de Israel anunció en abril de 2021 que el contrato tiene como objetivo proporcionar “al gobierno, al sector de defensa y a otros una solución integral de computación en la nube”. Como parte del contrato, las empresas establecerán sitios locales en la nube que “mantendrán la información dentro de las fronteras de Israel bajo estrictas pautas de seguridad”.

El contrato es de 1.200 millones de dólares y Google y Amazon han sido seleccionados para proporcionar servicios de computación en la nube a los sionistas, incluidos la inteligencia artificial y el aprendizaje automático.

Las cláusulas del contrato prohíben a Amazon y Google interrumpir sus servicios debido a las presiones del boicot BDS que se entiende por el mundo. Las empresas de tecnología también tienen prohibido negarse a proporcionar servicios a determinadas instituciones públicas israelíes.

Los trabajadores temen que el Proyecto Nimbus conduzca a nuevas matanzas de palestinos. Les preocupa que la tecnología permita una mayor vigilancia de los palestinos y la recopilación ilegal de datos sobre ellos, facilitando la expansión de los asentamientos ilegales de Israel en las tierras ocupadas.

A Ariel Koren, que trabajaba como director comercial de los productos educativos de Google y se oponía abiertamente al proyecto, le dieron un ultimátum: mudarse a Sao Paulo en un plazo de 17 días o el despido.

En una carta anunciando su dimisión, Koren escribió que Google “silencia sistemáticamente las voces palestinas, judías, árabes y musulmanas que están preocupadas por la complicidad de Google en las violaciones de los derechos humanos palestinos, hasta el punto de tomar represalias formales contra los trabajadores y crear un ambiente de miedo”, reflejando su opinión de que el ultimátum era una represalia por su oposición al Proyecto Nimbus.

La carta de los trabajadores de Google ha desatado una amplia campaña de apoyo con la consigna “No a la tecnología para el apartheid” (https://www.notechforapartheid.com/).

Los ‘trolls’ sionistas inundan las redes sociales de publicidad

Desde el 7 de octubre Israel ha inundado YouTube de publicidad. El Ministerio de Asuntos Exteriores gastó más de 7 millones de dólares en anuncios en las dos semanas posteriores a la incursión palestina. Gran parte del contenido viola los términos de servicio de YouTube, incluidos varios anuncios que mostraban imágenes sangrientas de cadáveres.

El objetivo es ocultar los crímenes de guerra sionistas. Para Israel la batalla por controlar su imagen pública es casi tan importante como su campaña militar. Mientras mata a miles de personas en Gaza, los sionistas gastan millones de dólares en la guerra de propaganda, comprando anuncios en las redes sociales.

El gobierno israelí se ha centrado en los países occidentales ricos, siendo sus principales objetivos Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Alemania y Bélgica. El mensaje general de la campaña fue que Hamas es un grupo terrorista vinculado al yihadismo y que Israel –una democracia moderna y secular– se defiende de una agresión exterior.

En sólo una semana, el Ministerio de Asuntos Exteriores publicó 30 anuncios que fueron vistos más de 4 millones de veces en Twitter. Al igual que con YouTube, la publicidad se dirige especialmente a adultos de Europa occidental.

Uno de los anuncios contiene las palabras “Isis” y “Hamás”, mostrando imágenes inquietantes que se aceleran gradualmente hasta que los nombres de los dos grupos se funden en uno. En caso de que el mensaje no fuera lo suficientemente claro, terminaba con el siguiente mensaje: “El mundo ha derrotado a ISIS. El mundo derrotará a Hamás”.

“Sabemos que tu hijo no puede leer esto. Tenemos un mensaje importante que enviarle como padres. 40 niños fueron asesinados en Israel por terroristas de Hamás (Isis). Así como usted haría cualquier cosa por su hijo, nosotros haremos todo lo posible para proteger al nuestro. Ahora toma a tu bebé en brazos y quédate a nuestro lado”.

El Ministerio de Asuntos Exteriores también compró una gran cantidad de anuncios en Facebook, Instagram, juegos y aplicaciones como Duolingo.

El bombardeo de la iglesia ortodoxa de San Porfirio

Al mismo tiempo, un ejército de trolls sionistas ha invadido la función “Notas de la comunidad” de X/Twitter, intentando desviar el debate en línea en torno a la guerra y la limpieza étnica en ciernes.

La función tiene como objetivo prevenir las noticias falsas. Los colaboradores que se registren para esa función pueden dejar notas en cualquier publicación, agregando contexto a declaraciones potencialmente engañosas. Luego, la comunidad vota sobre estas notas y, si suficientes personas consideran que la nota es útil, aparece debajo del mensaje original.

Desde el 7 de octubre el ejército de trolls sionistas se han apoderado de la función y está intentando socavar las publicaciones que muestran a Israel bajo una luz negativa o a Palestina bajo una luz positiva.

A un mensaje de una comentarista política libanesa anunciando que Israel acababa de bombardear la iglesia de San Porfirio en Gaza los trolls le agregaron una calificación que decía “falso”. La Iglesia Ortodoxa de San Porfirio en Gaza informó que no se vio afectada y estaba en funcionamiento desde el 9 de octubre. Pero el bombardeo ocurrió diez días después de publicar esa nota, por lo que cualquier declaración anterior era engañosa. Israel tuvo que admitir finalmente su responsabilidad por la destrucción de la iglesia.

La propaganda sionista en la Wikipedia

Durante más de una década, grupos sionistas bien organizados y financiados se han infiltrado en la Wikipedia para reescribir la enciclopedia, defender la política de ocupación y demonizar las protestas.

Uno de los grupos más conocidos es el Consejo de Yesha, que en 2010 afirmaba tener 12.000 miembros activos. Entre 2010 y 2012 el equipo fue supervisado y coordinado personalmente por Naftalí Bennett, que luego fue primer ministro del gobierno de Tel Aviv.

Los trolls vigilan cuidadosamente los contenidos, eliminando lo que no les conviene y redactando artículos de la manera más favorable para Israel. Aquellos a quienes Yesha considera los “mejores editores sionistas” reciben recompensas, incluidos paseos gratuitos en globo aerostático.

Wikipedia conoce el problema, pero se ha negado a solucionarlo por lo que ya sabemos de su fundador, Jimmy Wales, al que le dedicamos una entrada hace ya cinco años. Quien mueve los hilos es su mujer, Kate Garvey, fue la secretaria privada de Tony Blair, cómplice en la invasión militar de Irak.

Otro grupo proisraelí organizado es Act.IL, una aplicación patrocinada por el gobierno israelí con más de un millón de dólares al año. Act.IL anima a los usuarios a intoxicar masivamente en las redes, dejar respuestas en las secciones de comentarios de los sitios web o impulsar y compartir publicaciones israelíes en línea.

El objetivo es crear una ola aparente de apoyo a Israel en foros importantes para influir en la opinión pública.

La Unidad 8200

Antiguos militares israelíes y miembros del gobierno del Tel Aviv ocupan altos cargos en muchas de las plataformas más importantes del mundo. Emi Palmor, por ejemplo, es una de las 22 personas que forman parte del consejo de supervisión de Facebook. Anteriormente fue directora del Ministerio de Justicia de Israel, encargada de supervisar la supresión de los derechos palestinos. Creó una “Unidad de Política de Internet” que presionó a Facebook para que eliminara el contenido palestino al que se oponía el gobierno israelí. Es ella quien define las reglas de Facebook, decidiendo el contenido que se debe promocionar entre los 3.000 millones de usuarios de la plataforma, así como el que se debe censurar y eliminar.

Palmor es una veterana de la Unidad 8200, la unidad más controvertida del ejército israelí, una especie de Agencia de Seguridad Nacional al estilo estadounidense y una pieza central de la industria de vigilancia de los ocupantes.

La Unidad 8200 espía a la población palestina, recopilando extensos archivos sobre millones de personas, incluidos sus historiales médicos, vida sexual e historiales de búsqueda, para luego utilizarlos con fines de extorsión. Los militares suelen utilizar como informantes a las personas sospechosas de engañar a su cónyuge o de participar en actividades homosexuales. Un veterano admitió que, como parte de su entrenamiento, se le asignó la tarea de memorizar diferentes palabras árabes para “gay” para poder detectarlas en las conversaciones.

Los vigilantes de la Unidad 8200 han diseñado muchas de las herramientas de espionaje más controvertidas del mundo, similares a Pegasus, que luego vendieron a los gobiernos.

Una red de cientos de veteranos de la Unidad 8200 ocupan puestos de dircción en las empresas de tecnología y redes sociales más grandes, como Google, Amazon y Facebook. Por ejemplo, Gavriel Goidel, jefe de estrategia y operaciones de búsqueda de Google, fue anteriormente un dirigente de la Unidad 8200.

El jefe de ciencia de datos de Facebook, Eyal Klein, sirvió durante seis años en la Unidad 8200, donde ascendió al rango de capitán. Después de servir en la unidad, Ayelet Steinitz se convirtió en jefa de alianzas estratégicas mundiales de Microsoft.

Otro personaje que procede de la Unidad 8200, Dov Alfon, es un periodista y escritor israelí, actualmente director de publicación y editorial del diario francés Liberation.

—https://www.mintpressnews.com/pro-israel-trolls-mobbing-twitter-community-notes/286099/

La destrucción de Gaza marca el fin de la propaganda israelí

Gaza ha alterado la ecuación política en Palestina. Además, es probable que las repercusiones de la devastadora guerra en curso alteren el campo político en todo Medio Oriente y reorienten a Palestina como la crisis política más apremiante del mundo en los años venideros.

Desde la creación de Israel en 1948, apoyado por Gran Bretaña y protegido por Estados Unidos y otros países occidentales, las prioridades han sido enteramente israelíes. La seguridad de Israel, la ventaja militar de Israel, el derecho de Israel a defenderse… y mucho más, son los mantras que han definido el discurso político de Occidente sobre la ocupación israelí y el apartheid en Palestina.

Esta extraña concepción estadounidense-occidental del llamado “conflicto”, según la cual el opresor tiene “derechos” sobre los oprimidos y el ocupante tiene “derechos” sobre los ocupados, ha permitido a Israel mantener una ocupación militar de los territorios palestinos que ha durado más de 56 años.

Pero muchos afirman que dura más de 75 años.

Permitió a Israel dejar de lado las raíces del “conflicto”, es decir, la limpieza étnica de Palestina en 1948 y el derecho de retorno de los refugiados palestinos, denegado durante mucho tiempo y totalmente legítimo.

En este contexto, todas las propuestas de paz árabe-palestina fueron rechazadas. Incluso el llamado “proceso de paz”, concretamente los Acuerdos de Oslo, se ha convertido en una gran oportunidad para que Tel Aviv refuerce su ocupación militar, amplíe sus asentamientos ilegales y encerre a los palestinos en espacios similares a bantustanes, humillándolos y sometiéndolos a sanciones raciales y segregación.

Algunos palestinos, seducidos por los regalos estadounidenses o destrozados por una persistente sensación de derrota, se han alineado para recibir los dividendos de la paz entre Estados Unidos e Israel: lamentables migajas de prestigio vacío, títulos vacíos y poder limitado, concedidos o rechazados por el propio Israel.

Sin embargo, la guerra de Israel contra los palestinos en Gaza está cambiando gran parte de este doloroso statu quo.

La continua insistencia del Estado ocupante en que su guerra asesina se libra contra el movimiento Hamas, contra el “terror”, contra el fundamentalismo islámico y todo lo demás, tal vez haya convencido a quienes están dispuestos a aceptar la versión israelí de los acontecimientos tal como son.

Pero cuando los cuerpos de miles de civiles palestinos, incluidos miles de niños, comenzaron a acumularse en las morgues de los hospitales de Gaza y, trágicamente, en las calles, la narrativa empezó a cambiar.

Los cuerpos pulverizados de niños palestinos, de familias enteras que perecieron juntas, son testimonio de la brutalidad de Israel, del apoyo inmoral de sus aliados y de la inhumanidad de un orden internacional que recompensa al asesino y aflige a la víctima.

De todas las declaraciones sesgadas y vergonzosas hechas por el presidente estadounidense Joe Biden, aquella en la que sugirió que los palestinos estaban mintiendo sobre su propio número de muertos fue quizás la más inhumana.

Puede que Washington no se dé cuenta todavía, pero las repercusiones de su apoyo incondicional a Israel resultarán desastrosas en el futuro, especialmente en una región harta de la guerra, la hegemonía, los dobles raseros, las divisiones sectarias y los conflictos interminables.

Pero es en el propio Israel donde el impacto será más fuerte.

Cuando el embajador palestino ante las Naciones Unidas, Riyad Mansour, pronunció un poderoso y conmovedor discurso el 26 de octubre, no pudo contener las lágrimas.

Las delegaciones internacionales presentes en la Asamblea General de la ONU no dejaron de aplaudir, reflejando el creciente apoyo a Palestina, no sólo en la ONU, sino también en cientos de ciudades y en innumerables lugares de todo el mundo.

Cuando el embajador de Israel ante la ONU, Gilad Erdan, que había defendido muchas de las mentiras difundidas por Tel Aviv, especialmente en los primeros días de la guerra, terminó su discurso, ni una sola persona aplaudió. El desprecio era palpable.

La narrativa israelí claramente se ha derrumbado en mil pedazos. Israel nunca ha estado tan aislado. Ciertamente este no es el “Nuevo Medio Oriente” que Netanyahu profetizó en su discurso ante la Asamblea General de la ONU el 22 de septiembre.

Incapaz de comprender que la simpatía al menos abierta hacia Israel se ha convertido rápidamente en un desprecio total, el Estado colono recurrió a sus viejas tácticas.

El 25 de octubre Erdan exigió que el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dimitiera porque “no es apto para dirigir la ONU”. El crimen supuestamente imperdonable del primer dirigente de la ONU fue sugerir que “los ataques de Hamás no ocurrieron en el vacío”. Tenía toda la razón.

Sin embargo, cuando se trata de Israel y sus benefactores estadounidenses, no se permite que ningún contexto manche la imagen perfecta que los israelíes han creado de su genocidio en Gaza.

En este perfecto mundo israelí, a nadie se le permite hablar de ocupación militar, asedio, falta de perspectivas políticas, desplazamiento o falta de una paz justa para los palestinos.

Aunque Amnistía Internacional dijo que ambas partes habían cometido “graves violaciones del derecho internacional humanitario, incluidos crímenes de guerra”, Israel continuó atacándolo, acusándolo de ser “antisemita”. En opinión de Israel, ni siquiera el principal grupo internacional de derechos humanos puede poner en contexto las atrocidades cometidas en Gaza ni atreverse a sugerir que una de las causas fundamentales del “conflicto” es “el sistema de apartheid israelí impuesto a todos los palestinos”.

Israel ya no es todopoderoso, como quiere hacernos creer. Los acontecimientos recientes han demostrado que su “ejército invencible” –imagen de marca que ha permitido a Israel convertirse, a partir de 2022, en el décimo exportador mundial de equipamiento militar– ha resultado ser un tigre de papel.

Esto es lo que más enfurece a Israel. “Los musulmanes ya no nos tienen miedo”, dijo el ex miembro de la Knesset Moshe Feiglin a Arutz Sheva-Israel National News. Para restaurar este miedo, el político fascista genocida pidió que “Gaza sea reducida a cenizas inmediatamente”.

Pero nada reducirá Gaza a cenizas. Ni siquiera las más de 12.000 toneladas de explosivos arrojados sobre la franja durante las dos primeras semanas de la guerra, que ya han incinerado al menos el 45 por cien de las viviendas, según la oficina humanitaria de Naciones Unidas.

Gaza no morirá porque es una idea poderosa, profundamente arraigada en los corazones y las mentes de cada árabe, cada musulmán y millones y millones de personas en todo el mundo.

Esta nueva idea desafía la vieja creencia de que el mundo debe responder a las prioridades de Israel, su seguridad, sus definiciones egoístas de paz y todas las demás ilusiones.

El foco ahora debe estar donde siempre debería haber estado: las prioridades de los oprimidos, no las del opresor. Es hora de hablar de los derechos palestinos, de la seguridad palestina y del derecho –de hecho, la obligación– del pueblo palestino a defenderse.

Es hora de que hablemos de justicia –justicia real– cuyo resultado no sea negociable: igualdad, plenos derechos políticos, libertad y derecho al retorno.

Gaza le dice al mundo todo esto y más. Es hora de que escuchemos.

Ramzy Baroud https://www.middleeastmonitor.com/20231031-turning-gaza-into-ashes-israel-propaganda-vs-the-world/

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