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Categoría: Guerra psicológica (página 12 de 45)

La guerra de las galaxias de Putin es tan falsa como la de Reagan

Alguien dijo que la historia se repetía, aunque la primera vez en forma de tragedia y la segunda de farsa. En este caso la historia es una guerra de las galaxias, que ya existió en los años ochenta del siglo pasado, en tiempos de Reagan, y que ahora -en tiempos de Putin- vuelve, pero a la inversa: quien pone las armas en el espacio es Rusia.

La diferencia es que -en este caso- lo que se repite es la farsa, no la historia. La guerra de las galaxias de Reagan era una burda mentira y la de Putin es otra mentira inventada de cabo a rabo para consumo de las televisiones del mundo occidental.

El origen de esta farsa es el siguiente: el presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Michael R. Turner, asegura que Rusia está desarrollando armas nucleares dirigidas contra satélites espaciales.

Como consecuencia de ello, lo primero que hace Turner es caracteristico de unos servicios secretos que hace años que han dejado de ser secretos: ir corriendo a buscar periodistas para contarles el embuste que le han soplado a la oreja.

Lo segundo que hace es pedirle a Biden que desclasifique la información, enfatizando la importancia de fomentar el engaño, aunque él lo dice de otra manera, más empalagosa: es necesaria una discusión abierta dentro del Congreso de Estados Unidos y con los secuaces de la OTAN para preparar una respuesta adecuada a la amenaza. Hay que dar carnaza a los medios de comunicación porque este tipo de fábulas van siempre en la portada de los diarios.

La bola de nieve empezó a rodar ayer mismo. El asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, dijo que Estados Unidos enfrenta diariamente diversos desafíos internacionales.

Los ministros de Defensa alemán y británico echan más leña al fuego del rearme y la guerra. Dicen que la OTAN debe estar preparada para este tipo de amenazas.

La respuesta oficial rusa no interesa a nadie. El Kremlin lo califica de “artimaña” de Estados Unidos para lograr que el Congreso apruebe la ayuda bloqueada para Ucrania, es decir, Ucrania es la primera línea de una guerra contra Rusia que llega hasta la estratosfera.

Cada día el mundo soporta amenazas por todos los rincones… y la mayor parte de ellas llegan de Rusia. Por ejemplo, Estonia ha excavado 600 fortines subterráneos a lo largo de la frontera con Rusia porque cree que la invasión es inminente.

En medio de la paranoia antirrusa, el gobierno de Tallin ha elevado el gasto militar hasta el 3,2 por cien del PIB y las maniobras militares se suceden. En Tapa más de 4.000 estonios se entrenan cada año para aprender a utilizar las armas como parte del servicio militar, que es obligatorio en el país y dura entre 8 a 11 meses.

La extrema derecha está en todas partes… excepto en Ucrania

Los agricultores que protestan con sus tractores en las carreteras son de extrema derecha. Da igual el país europeo en el que se movilicen. En España alguno lleva en su remolque la bandera bicolor con el aguilucho franquista. Son burgueses, incluso grandes propietarios de tierras y explotaciones agrarias. Otros son de Vox.

Los que se opusieron a los confinamientos durante la pandemia también eran de extrema derecha. En las manifestaciones alemanas algunos de ellos llevaban la bandera del Segundo Reich. No eran exactamente nazis, pero del Segundo al Tercer Reich no hay más que un paso insignificante.

No cabe ninguna duda que los antivacunas son de extrema derecha y, por derivación, casi todos los que critican las vacunas son antivacunas, o sea, que entre los médicos y los científicos la extrema derecha también prolifera.

Un inventor, como Pablo Iglesias, asegura que Putin es de extrema derecha. Los movimientos ultras apoyan a Rusia. En la reciente entrevista de Tucker Carlson con Putin, la extrema derecha se entrevistaba a sí misma.

Eso explica que en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016 la extrema derecha rusa (Putin) apoyara a la otra extrema derecha (Trump). ¿Se dan cuenta? La extrema derecha siempre se apoya a sí misma.

En la Guerra de Ucrania la extrema derecha, o sea, Rusia, pretende destruir a un país democrático, Ucrania, cuyo Presidente es judío y, por lo tanto, un defensor de los valores de occidente.

Hay otros que no dicen nada, ni se atreven siquiera, pero señalan con el dedo, y hace unos pocos años fue un lugar común asociar los chalecos amarillos a la extrema derecha. “Los chalecos amarillos parecen estar ideológicamente más cerca de la extrema derecha”, decía la cadena pública alemana Deutsche Welle el 4 de diciembre de 2018.

Si los chalecos amarillos no eran de extrema derecha, sus acciones beneficiaban a la extrema derecha. “La crisis de los ‘chalecos amarillos’ refuerza a la ultra Le Pen ante Macron”, titulaba El País el 14 de enero de 2019. Es la pregunta tópica: ¿a quién beneficia? Ya saben: alguien puede luchar de buena fe, pero le hace el juego a un tercero. Las cosas no son positivas o negativas en sí mismas, sino en función de un contexto que se escapa de las manos del que protesta. ¿A quién le hacen el juego? Manejos entre bastidores y maniobras ocultas explicados con sutiles análisis sociológicos…

Lo mejor es no salir a la calle a protestar porque así no le haces el juego a nadie.

La teoría del tonto útil es una derivación típica de la Guerra Fría: aunque te definas a tí mismo de una manera, en realidad estás al servicio de terceros (pero no te das cuenta), de algún país extranjero, e incluso de enemigos de la patria. Realmente no son “nacionales” sino traidores.

El ejemplo típico son los negacionistas del cambio climático, que están financiados por la industria petrolera, sirven a los grandes intereses económicos, no a un debate científico. La ebullición climática no puede ser una cuestión científica porque ya está muy demostrada. Es algo interesado: sólo los grupos de presión niegan el ascenso de las temperaturas.

A diferencia de los grupos verdes, la extrema derecha (El Primo de Rajoy) niega el cambio climático por intereses económicos. Lo que pone en peligro las políticas medioambientales y, en consecuencia, el planeta, es el ascenso de la extrema derecha, prevenía El País el 2 de julio del año pasado.

El negacionismo climático no es, pues, una cuestión científica sino económica y política. Pero lo más importante no es que la extrema derecha sea negacionista sino que los negacionistas pertenecen a la extrema derecha.

¿Comprenden ahora el auge de la extrema derecha? ¿No ven el peligro? Son los únicos que se movilizan, se han adueñado de las calles.

Así les luce el pelo a algunos. El papel de los descerebrados que ven a la extrema derecha hasta en la sopa consiste en eso: en arrojar a los que luchan en los brazos de la reacción pura y dura, y luego se lamentan de ello.

El manual de la CNN para manipular las noticias sobre Gaza

Que la información sobre Palestina está manipulada, no es nada nuevo. Que la CNN es una cadena que destaca especialmente por la manipulación, tampoco. Lo singular es que lo haya denunciado un periódico como el Guardian (*), que no está al margen de todo tipo de manipulaciones.

La intoxicación de la CNN sobre la guerra de Israel en Gaza no es casual, sino una política deliberada y sistemática dictada por los caciques de más arriba.

El periódico británico consiguió más de una docena de memorandos y correos electrónicos internos y se tomó la molestia de entrevistar a seis redactores, que no se sienten cómodos en su papel intoxicador cuando la masacre de Gaza es tan evidente que no necesita mayores explicaciones.

“La CNN se enfrenta a una reacción violenta de su propio personal por las políticas editoriales que, según dicen, han llevado a una regurgitación de propaganda israelí y a la censura de las perspectivas palestinas en la cobertura de la guerra de Gaza a través de la cadena”, afirma el Guardian.

“Las decisiones de noticias diarias están determinadas por un flujo de directivas que emanan de la sede de CNN en Atlanta, que ha establecido pautas estrictas de cobertura”, que no son más que la ley del embudo: “estrictas limitaciones a las declaraciones de Hamas y otras opiniones palestinas, mientras que las declaraciones del gobierno israelí se toman literalmente”.

La manipulación de la cadena “resultó, particularmente en las primeras semanas de la guerra, en un mayor énfasis en el sufrimiento israelí”.

Además, cualquier información sobre la guerra “debe ser aprobada por la oficina de Jerusalén antes de ser transmitido o publicado”. El tono de las noticias lo impone “desde arriba el nuevo editor en jefe y director ejecutivo, Mark Thompson”.

Thompson es un sicario de la intoxicación que tiene una dilatada trayectoria. Fue director de la BBC de 2004 a 2012. Luego, de 2012 a 2020, fue presidente y director ejecutivo del New York Times.

Cuando estaba en la BBC le acusaron de “ceder a la presión del gobierno israelí en varias ocasiones, en particular al pedirle a uno de los más eminentes de la BBC corresponsales dejaran su puesto en Jerusalén en 2005”.

Israel sólo quiere corresponsales dóciles y sumisos, de los que ponen la oreja y no hacen preguntas incómodas.

Thompson ha elaborado un breviario de dos páginas para enseñar a sus pupilos a redactar las noticias sobre Gaza, que deben recordar a cada paso la causa inmediata del “conflicto actual”: el ataque terrorista de Hamas y la matanza y el secuestro masivo de civiles.

(*) https://www.theguardian.com/media/2024/feb/04/cnn-staff-pro-israel-bias

Ya no se habla de otra cosa que de las guerras que nos aguardan

Los “expertos” ya no hablan de otra cosa que de la guerra; no de las que ya existen sino de las que están por venir, asegurando que serán peores que las que ya han comenzado. La semana pasada un columnista del New York Times, Nicholas Kristof, se preguntaba si la ansiedad estadounidense por la guerra podría convertirse en una profecía autocumplida.

Irán es un país que tiene todas las papeletas para ser víctima de la próxima guerra, aunque los “expertos” le dan la vuelta al asunto: Irán será el causante de la misma.

Uno de esos “expertos” con bola de cristal para hacer sus propios vaticinios, Michael McFaul, no se conforma con Irán y apuesta por una “guerra ampliada” contra Rusia. McFaul es un profesor de la Universidad de Stanford al que Obama nombró embajador en Rusia.

Después de un viaje a Lituania la semana pasada y de múltiples reuniones con las pandillas dirigentes, este “experto” concluye que si Putin logra anexionarse más territorio ucraniano, quedará muy satisfecho. Porque Putin no ha hecho más que empezar. Ha transformado a Rusia en una economía de guerra y la posibilidad de una guerra “directa y convencional” con la OTAN es más que inminente, escribe.

No obstantge, hay un factor esperanzador para creer en la paz: el ejército ruso fracasó el año pasado en cuanto los ucranianos le hicieron frente y, además, las perspectivas a largo plazo de su economía son muy débiles, afirma el académico.

Además, la frontera occidental de Moscú está salpicada de miembros de la OTAN, así como de una organización que ha aumentado significativamente su destreza militar. Durante el año pasado, la OTAN aumentó su gasto militar en casi 200.000 millones de dólares, casi igual al presupuesto anual de defensa de Rusia. Es un buen argumento para que a Rusia no se le ocurra emprender acciones militares en Occidente contra cualquiera de los miembros de la OTAN.

“Kim Jong-un ha decidido ir a la guerra. El peligro ya va mucho más allá de las advertencias rutinarias de Washington, Seúl y Tokio sobre las provocaciones de Pyongyang”, escriben Robert Carlin, un analista del Departemento de Estado, y Siegfried S. Hecker, el antiguo director del Laboratorio de Los Alamos.

Evidentemente no lo saben. Se lo han sacado de su calenturienta imaginación. Sin embargo, Corea del norte nunca iría a ninguna guerra sin el respaldo de Rusia, de China o de ambos.

El antiguo embajador alemán en Corea del norte, Thomas Schafer, tiene una interpretación mucho más solvente. Dice que Pyongyang recurre la tensión para negociar un acuerdo antes de que Trump vuelva a la Casa Blanca.

Sin embargo, al hablar de la tensión en el Extremo Oriente hay que destacar que nadie ha contribuido más a echar leña al fuego en la región que Estados Unidos, manteniendo una política de no reconocimiento de Corea del norte, que deja poco margen para la diplomacia y demasiado para recurrir a la fuerza. Muchas de las pruebas de armas de Corea del norte se producen tras ejercicios militares entre Estados Unidos y Corea del sur.

“La guerra podría estallar en cualquier momento”, escribe Lyle Goldstein, otro “experto”, en referencia a un ataque de China contra Taiwán. En realidad, las relaciones entre China y Estados Unidos han mejorado bastante en los últimos meses y el asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, ha hablado en privado con el ministro chino de Asuntos Exteriores.

Pero el belicismo está causando estragos, sobre todo, en los medios de comunicación de Estados Unidos. Quieren guerra y abogan por el uso de una mayor fuerza militar por parte del Pentágono.

En los últimos días, por ejemplo, el Washington Post ha publicado editoriales titulados “Corea del norte va de mal a peor” y “Estados Unidos debe golpear a Irán y hacerlo inteligentemente”.

El New York Times ha publicado un bulo caraterístico de la intoxicación mediática del momento. Se titula “Una OTAN preocupada se prepara para una invasión rusa” y asegura falsamente que Rusia “podría invadir un país de la OTAN dentro de la próxima década” y que la OTAN “podría tener que enfrentarse a sus fuerzas [las rusas] sin el apoyo de Estados Unidos”.

La bola de cristal del New York Times es basura. Lo comprobaremos… dentro de diez años.

El ‘conflicto israelo-palestino’ y otras tergiversaciones de los sionistas

Un grupo de presión prosionista con sede en Washington, Proyecto Israel, contrató a Frank Luntz, un estratega político republicano, para mejorar la imagen de Israel en los medios. La misión de Luntz era lograr que las principales cadenas de comunicación adoptaran el vocabulario israelí como propio.

Sus propuestas fueron publicadas en un informe reservado de 112 páginas titulado “The Israel Project’s 2009 Global Language Dictionary” (*) y desde entonces han contaminado los reportajes y documentales sobre lo que llaman “el conflicto israelo-palestino”. A través de Estados Unidos, la retórica de Luntz es un canon que se ha extendido al resto del mundo.

La retórica del “conflicto” presenta una especie de balanza entre dos poblaciones, palestinos e israelíes, con parecidos recursos políticos y militares. Pero no hay ninguna simetría. Israel es un Estado y los palestinos son una población colonizada.

Luntz recomienda a los propagandistas del sionismo que adapten sus discursos a las diferentes audiencias y busquen las palabras y frases adecuadas que deben usar, así como las que deben evitar.

Lo más importante es hacer frente a las declaraciones palestinas y fingir compasión por ellas. Hay que ir de buenos. En primer plano siempre debe figurar que el deseo de Israel es la paz.

También es importante utilizar el manoseado “ciclo de violencia” que -supuestamente- ha estado azotando a Palestina durante miles de años. Es un “conflicto bíblico” en el que ambas partes tienen alguna parte de culpa.

Los derechos humanos son estupendos, pero el mundo debe tener en cuenta que Israel “necesita seguridad” porque de esa manera los israelíes siempre aparecen como víctimas inocentes, mientras que los palestinos son los “terroristas”.

Para ello es necesario asimilar a los palestinos con Irán, Hezbollah y Hamas, de donde sólo hay paso para llegar a un “fundamentalismo” que siempre da miedo al oyente. Por eso, al hablar de Hezbollah, Hamas o Ansarollah, es necesario repetir que están “vinculados a Irán”, cualquiera que sea lo que eso signifique.

No existe el ejército de ocupación israelí sino IDF o el Tsahal, o sea, fuerzas de autodefensa o de seguridad. Por el contrario, los palestinos “atacan” a los pacíficos pobladores de los asentamientos israelíes.

Lo mismo ocurre con el vocabulario político: a diferencia de sus vecinos árabes, Israel es un Estado democrático, moderno, donde hay elecciones periódicas…

Pero de la misma manera que hay un vocabulario que aparece siempre en los medios, hay otro que no aparece nunca. Por ejemplo, la palabra “ocupación” que convierte al Estado de Israel en lo que es desde el punto de vista histórico: un injerto, un Estado creado por emigrantes en una tierra que no era la suya.

(*) https://www.docdroid.net/fa9h/the-luntz-report-the-israel-projects-2009-global-language-dictionary-pdf

El ‘comité de los engaños’ que ganó la Guerra Fría

El gobierno de Estados Unidos es un organismo burocrático, casi laberíntico, repleto de oficinas y parásitos que acuden cada mañana a desempeñar sus siniestras funciones lo mejor que pueden. No falta de nada, y menos un tinglado que se llama “comité de los engaños”. Su tarea es exactamente esa: contar mentiras, que luego los medios de comunicación del mundo entero reproducen, lo mismo que las universidades y los “expertos”.

Una de esas mentiras es una toda una fábula de la Guerra Fría, en la que tampoco falta de nada, ni siquiera unos sinestros submarinos soviéticos que asediaban a un pobre país, Suecia, que ni siquiera pertenece a la OTAN… o eso ha parecido siempre.

Ocurría en los años ochenta con mucha frecuencia y la fábula alcanzó su climax en octubre de 1981, cuando un submarino soviético de la clase “whiskey” encalló en la base naval de Karlskrona.

Como toda historieta tiene que tener su gracieta para poner en los titulares de la primera portada, el submarino soviético fue llamado “Whiskey on the Rocks” y, a partir de ahí, los “expertos” y periodstas podían dar rienda suelta a su imaginación. O bien los marinos rusos eran unos torpes, incapaces de conducir un submarino, o bien se trataba de un acto de espionaje a un país neutral…

Lo más obvio no interesaba a nadie: Karlskrona es un fiordo estrecho y de poca produndidad en el que resulta difícil (por no decir imposible) entrar y dar la vuelta para salir.

Tampoco interesó a nadie preguntarse por qué los agregados navales estadounidenses llegaron hasta el submarino antes de que los suecos se enteraran siquiera del incidente.

La intoxicación publicitaria fue tan fuerte que Suecia cambió para siempre. Protestó oficialmente ante la embajada soviética y se convirtió en algo que nunca había sido hasta entonces: un país hostil a la URSS. En tres años el porcentaje de suecos que veían a la URSS como un país enemigo y amenazador aumentó del 25-30 por cien al 83 por cien.

Todo era un engaño, cuidadosamente mantenido y cultivado por los medios más sensacionalistas. El único que había dicho la verdad fue Yuri Andropov, el temible secretario general del PCUS: el submarino no era soviético, la marina soviética no estaba enviando a sus submarinos a las cosas suecas, el submarino era estadounidense.

Naturalmente nadie hizo caso. Era propaganda soviética.

El engaño se mantivo hasta el cambio de siglo, cuando el Secretario de Defensa de Estados Unidos de la época, Caspar Weinberger, reconoció ante la televisión sueca que Andropov había dicho la verdad: regularmente los submarinos de Estados Unidos navegaban por aguas suecas para probar sus defensas costeras.

En 2007 el Secretario de Marina de los tiempos de Weinberger, John Lehman, confesó que la decisión de navegar en aguas suecas había sido tomada por un “comité de operaciones de engaño” que presidía por el director de la Inteligencia Central (DCI), William Casey.

Ese tipo de movimientos no tenía ningún objetivo militar, ni de entrenamiento; sólo se trataba de engañar y, desde luego, Suecia colaboró en el engaño, a pesar de que no formaba parte de la OTAN.

También formaban parte del “comité de los engaños” Dick Allen, Asistente Especial del Presidente para Asuntos de Seguridad Nacional, así como un representante del Departamento de Estado y otro de Defensa. Entre las fábulas inventadas por aquel puñado de estafadores estaba la “guerra de las galaxias” de Reagan, que en los años ochenta llenó los titulares de los periódicos.

Según Lehman, el “comité de los engaños” jugó un papel tan importante para ganar la Guerra Fría como los 600 buques de la Armada. Sus embustes persuadieron a los dirigente políticos suecos y europeos para que no colaboraran con la URSS.

El ministro de Marina británico, Keith Speed, confirmó las declaraciones de Weinberger y Lehman. La presencia de submarinos occidentales en las costas suecas era muy frecuente. Se trataba de submarinos diésel-eléctricos de clase Oberon y Porpoise, que eran muy silenciosos. “Se suponía que las pruebas estadounidenses y británicas tendrían lugar en aguas profundas de Suecia, lo que haría que los suecos fueran conscientes del enemigo soviético”.

Durante la Guerra Fría en este tipo de operaciones no participaba la OTAN necesariamente. Se trataba de relaciones de Estado a Estado. Sin embargo, dos comités secretos de la OTAN responsables de Gladio también dirigieron operaciones submarinas encubiertas en aguas escandinavas: el Comité de Planes Clandestinos (CPC), presidido por el propio SACEUR (Comandante Supremo Aliado en Europa), y el Comité Clandestino Aliado (ACC), cuya presidencia se turnaba.

Entre estos últimos también se encontraban países neutrales como Suecia, afirmó Wolbert Smidt, antiguo director de inteligencia operativa del BND alemán. Este último es el único comité aliado que tiene un representante sueco, admitió. Sin embargo, las operaciones de provocación con submarinos con periscopios y velas que comenzaron en 1982 no fueron operaciones de Gladio. Las operaciones en las bases navales y puertos suecos en los años ochenta eran demasiado delicadas para llevarlas a cabo en el marco de la OTAN.

Sin embargo, las operaciones de prueba o engaño nacionales estadounidenses y británicas descritas arriba por Caspar Weinberger, John Lehman y Keith Speed ​​​​y por funcionarios de alto nivel de la CIA y la Marina a continuación podrían beneficiarse de las restricciones al uso de la fuerza desarrolladas para los submarinos bajo el mando de ACC-CPC. Se suponía que estos no serían visibles en la superficie.

El “comité de los engaños”, la CIA y la Marina aprovecharon las pruebas con submarinos en Suecia para engañar. Junto con el asesinato de Olof Palme, fue el instrumento ideal para cambiar la política exterior de Suecia.

La reunión con Weinberger obligó al primer ministro sueco, Göran Persson, a nombrar al embajador Rolf Ekeus para encabezar una comisión “de investigación” sobre las intrusiones soviéticas en aguas suecas. Como sabemos ahora, no había nada que investigar. Todo era una pantomima.

Ola Tunander https://olatunander.substack.com/p/the-deception-committee-part-i

Fracasa la maquinaria sionista de relaciones públicas

Un término hebreo asociado a los esfuerzos de propaganda global de Israel, “hasbara”, ha fracasado en contrarrestar la narrativa propalestina en la Guerra de Gaza. Como herramienta de primera línea de la estrategia de seguridad nacional de Tel Aviv, la pérdida de la batalla publicitaria equivale a la pérdida de su ventaja militar cualitativa.

“Israel condena la decisión de Sudáfrica de actuar como abogado del diablo. La historia juzgará a Sudáfrica por su complicidad criminal en la masacre más sangrienta de judíos desde el Holocausto, y la juzgará sin piedad”. El portavoz del gobierno israelí, Eylon Levy, expresó con estas palabras su consternación ante Sudáfrica por presentar una demanda ante el Tribunal Internacional de Justicia por el genocidio que ha matado a más de 24.000 civiles en Gaza.

Mientras la guerra de Gaza entra en su cuarto mes, Israel lucha por moldear la opinión pública internacional mediante su enorme maquinaria de propaganda “hasbara” y un considerable presupuesto asignado a actividades de “diplomacia pública” a escala mundial. El Estado ocupante está perdiendo la guerra de propaganda, cediendo la imagen de “víctima” que ha cultivado durante mucho tiempo a la de autor de horribles crímenes de guerra.

Tras el 7 de octubre Israel intensificó sus esfuerzos en los medios y la diplomacia digital, junto con sus acciones militares y de seguridad. Consciente de la importancia de enmarcar estos acontecimientos para moldear la percepción pública, Israel ha hecho todo lo posible para construir narrativas imparables que etiquetan las acciones de la resistencia palestina como “terrorismo”, tanto a escala nacional como internacional.

Pero ante la escala sin precedentes del activismo propalestino en las redes sociales y sobre el terreno, en forma de protestas mundiales, Israel y sus aliados occidentales han colaborado para suprimir estas contranarrativas con el fin de crear apoyo para el ejército de Tel Aviv.

El libro de Greg Shupack, “La historia equivocada: Palestina, Israel y los medios”, destaca tres marcos centrales que forman las bases de la narrativa de Israel hacia Occidente: poner la responsabilidad en ambos lados por igual, presentar a los “extremistas” como el principal obstáculo a los esfuerzos de paz y socavar las voces moderadas, e insistir en el derecho de Israel a la “autodefensa”, incluso frente a protestas desarmadas, sin tener en cuenta los derechos de los palestinos.

Este marco guía la cobertura de los medios occidentales sobre el “conflicto israelí-palestino”. Además, Israel explota los reclamos históricos sobre tierras palestinas y las acusaciones de antisemitismo para dar forma a su narrativa y atraer la simpatía occidental.

“Hasbara” utiliza varias estrategias para influir en la narrativa de los medios occidentales. La primera es apelar a la conciencia occidental: tanto a escala oficial como popular, eso implica asociar a Hamas con el Califato Islámico (“El mundo ha derrotado al Califato Islámico y el mundo derrotará a Hamas”) y presentar el 7 de octubre como “el 11 de septiembre de Israel”. Esta táctica tiene como objetivo crear una conexión emocional para reducir lo que podemos llamar la “brecha emocional”.

En segundo lugar está la falsificación de hechos y la fabricación de mentiras. Esta estrategia juega un papel importante al aprovechar la “distorsión de anclaje”, que implica presentar una versión de los hechos que influye en la manera de percibir la información posterior, como la famosa acusación, ahora negada, de “40 bebés decapitados”. Utilizando esta estrategia, el presidente israelí Isaac Herzog, por ejemplo, afirmó que los combatientes de Hamas tenían instrucciones sobre la fabricación de armas químicas.

En tercer lugar, el uso de publicidad pagada y de personas influyentes. En poco más de una semana, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel transmitió 30 anuncios vistos más de cuatro millones de veces en X/Twitter.

En cuarto lugar, establecer la idea de diferencia cultural. Al deshumanizar a los palestinos y asimilarlos a “otros”, Israel busca enfatizar su conexión exclusiva con la civilización occidental. Las declaraciones de funcionarios israelíes, como la referencia del Ministro de Defensa, Yoav Gallant, a los “animales de lucha” y el llamamiento de Netanyahu al mundo civilizado a luchar contra los “bárbaros”, firman parte de esa técnica.

La guerra de la información da un giro dramático

La operación “Inundación de Al Aqsa” constituyó un salto cualitativo para la causa palestina en el ámbito mediático, si creemos en los resultados obtenidos gracias a la interacción masiva de la población mundial y a las grandes protestas en muchos países, elementos que poco a poco se han infiltrado en la cobertura de los medios, incluso en la de las grandes empresas.

A pesar de las grandes disparidades entre palestinos e israelíes en términos de medios, tecnologías, recursos materiales y alcance de los grandes medios de comunicación, las redes sociales se han convertido en el gran factor de paridad en esta guerra informativa, haciendo cada vez más difícil la tarea de los medios oficiales de ignorar el discurso palestino sobre los acontecimientos.

Reconocer la eficacia de la narrativa palestina en la guerra de la información es igualmente importante para el fracaso de “hasbara”.

Los israelíes ahora se ven obligados a perseguir a sus aliados clave para ayudar a salvar su narrativa, como cuando el presidente Herzog se quejó ante el Primer Ministro británico Rishi Sunak por no definir a Hamas como una organización terrorista. El grupo de noticias más grande de Europa, Upday, había pedido a su personal que priorizara el punto de vista israelí, minimizara la cobertura de las muertes palestinas, evitara titulares propalestinos y formulara comentarios de los políticos israelíes de una manera que deshumanizara a sus oponentes. Este tipo de revelaciones han hecho que los espectadores de todo el mundo tomen a sus medios con cautela.

Aún más instructivo es el creciente número de periodistas y figuras políticas que han abandonado sus organizaciones en protesta contra el discurso forzado a favor de Israel y que muchos famosos han sido despedidos por posturas públicas que favorecen el punto de vista palestino.

Las interpretaciones de los medios de comunicación occidentales e israelíes han debilitado la confianza del público en el discurso israelí-occidental a escala mundial, particularmente después de acusaciones descabelladas y sin fundamento que ahora se ha demostrado que son falsas. Según ellas, supuestamente Hamas “decapitó a 40 bebés” y dirige sus operaciones desde un centro de comando ubicado debajo del hospital Shifa y quiere adquirir armas químicas. La confirmación por parte de Biden de que los bebés habían sido decapitados, basándose en “fotos auténticas”, también influyó en el cambio.

Los profesionales de los medios y los políticos están socavando cada vez más el discurso israelí al utilizar el término “genocidio” en lugar de “autodefensa”, en gran medida porque las organizaciones internacionales han intervenido para proporcionar hechos y cifras que demuestran que Tel Aviv está matando civiles indiscriminadamente, en cantidades mucho mayores en número y con mayor poder de fuego que en cualquier otro conflicto de este siglo.

Incluso han comenzado a refutar su propio y trillado argumento de que el “antisionismo” es “antisemitismo”, y los dirigentes políticos occidentales se apresuran a diferenciar la coalición de Netanyahu del resto del cuerpo político israelí, aunque principalmente es para deshacerse de esa coalición para rehabilitar la imagen de un Israel en la posguerra.

Los propalestinos alcanzan 4.800 millones de visitas

Al mismo tiempo, la narrativa palestina enfatiza la resistencia a la implacable opresión de Israel y ha logrado contextualizar los acontecimientos del 7 de octubre como una resistencia justificable de Gaza, “la prisión al aire libre más grande del mundo”, contra 75 años ininterrumpidos de opresión inhumana –una opresión que el mundo ha llegado a comprender mejor a través de tres desgarradores meses de genocidio en X/Twitter, Instagram, TikTok y Facebook.

Debido a que los principales medios de comunicación han tenido que restablecer cierto “equilibrio” frente a las noticias más importantes del momento, el contexto histórico palestino se ha extendido a las noticias, como lo demuestran innumerables entrevistas, como la del embajador palestino en Gran Bretaña, Husam Zomlot, que ayudan a ampliar la comprensión pública más allá de los acontecimientos recientes.

A pesar de los denodados esfuerzos de Israel por suprimir la narrativa palestina en los países occidentales, las protestas propalestinas han aumentado y etiquetas como #StandWithPalestine continúan dominando las plataformas de redes sociales. La etiqueta alcanzó más de 4.800 millones de visitas, superando a #StandWithIsrael en TikTok, a pesar de las numerosas restricciones vigentes.

Al intentar preservar la simpatía mundial basada en los acontecimientos del 7 de octubre, las tácticas de desinformación y mentiras de Israel a través de su aparato mundial “hasbara” sufrieron considerables reveses y reacciones violentas, que podrían haberse evitado por completo si no hubiera destrozado la Franja de Gaza.

El asesinato y la mutilación de decenas de miles de civiles palestinos –principalmente mujeres, niños y refugiados– durante la casi alegre demostración de furia de Tel Aviv, ha trastocado permanentemente la narrativa israelí de “David contra Goliat”. Sus aliados occidentales sufrieron la misma suerte en el mundo de las redes sociales, ya que cada historia refutada por Israel se repitió palabra por palabra en las principales capitales occidentales.

Sin duda, Gaza ha vuelto a poner la causa palestina en el centro de atención, obteniendo un apoyo popular que rara vez se logra a escala mundial, aumentando la presión sobre los gobiernos, las ONG y los medios de comunicación para que reconozcan y combatan el genocidio israelí en curso.

Dadas las ahora evidentes dificultades que enfrenta Tel Aviv para lograr sus objetivos militares declarados, ni siquiera una victoria nominal de Netanyahu puede compensar el colapso de “hasbara” en el país. Es un desastre de seguridad nacional que supera con creces las pérdidas militares. Para Israel, esta guerra se perdió en el momento en que arrojó bombas sobre los habitantes de la Franja de Gaza.

—Ali Choukeir https://new.thecradle.co/articles/israels-well-oiled-pr-machine-collapses

Cómo el golpe de estado comenzó en Ucrania (I)

Estoy empezando una serie de artículos dedicados al décimo aniversario del golpe de Kiev, más conocido como Euromaidán. Hablaré de páginas poco conocidas de esos acontecimientos, basándome en los documentos que tengo del departamento de contrainteligencia del SBU.

Están fechados entre enero y febrero de 2014. cómo comenzó la revolución, quién está detrás de ella y qué estaba sucediendo en Kiev. Leer más

Las ‘armas de destrucción masiva’ explotan en Londres con 20 años de retraso

Los británicos tienen suerte porque a los veinte años se levantan los secretos oficiales y, aunque con mucho retraso, pueden conocer los embustes de sus gobiernos. Lo malo es que, después de tanto tiempo ya nadie se acuerda de lo que pasó entonces y de lo que mintieron unos y otros.

Los últimos que se han destapado ahora conciernen a la Guerra de Irak, que vuelve a la polémica y los ajustes de cuentas. En 2003 Bush no logró formar una de sus ya famosas “coaliciones internacionales” y pidió voluntarios. Se presentaron dos, Aznar y Tony Blair. Juntos subieron al escenario como el Trío de las Azores.

La imposibilidad de formar una “coalición internacional” ya demostró que, entre bastidores, la oposición a la guerra iba a ser muy extensa, como se demostró en las calles de Europa y, singularmente, en España. La cortina de humo de las “armas de destrucción masiva” se destapó demasiado pronto.

Con los papeles en la mano, el antiguo portavoz del gobierno británico, Alastair Campbell, se ha querellado contra la BBC por la cobertura que el canal hizo de la guerra, denunciando que en Irak no había “armas de destrucción masiva”. El Partido Laborista había falsificado los informes sobre las armas irakíes.

Campbell fue uno de los asesores clave de Blair y en una carta que le dirigió entonces expresaba su descontento con la información. “Si la BBC continúa siendo beligerante, creo que la retórica se debe intensificar hasta el punto de amenazar con poner el asunto en manos de los abogados”, escribió.

Nunca se materializó la amenaza y, junto con Blair, envió mensajes para presionar a la cadena y sostener las mentiras del gobierno laborista.

La fuente de la BBC, David Kelly, un funcionario del Ministerio de Defensa, se suicidó. Campbell tuvo que dimitir. También dimitieron el director general de la BBC, Greg Dyke, y el presidente del canal, Gavyn Davies. Se abrió la típica investigación que no investiga nada.

Los documentos desclasificados muestran que a Blair le advirtiron de que la oficina de prensa del gobierno había perdido toda credibilidad debido a la actitud beligerante de Campbell. El secretario privado del Primer Ministro le manifestó que cada vez más Downing Street era percibida como una “maquinaria política de manipulación”.

El ejército israelí intoxica a la población con cuentas falsas en las redes sociales

Las leyes israelíes prohíben al ejército intoxicar a la población con embustes y bulos en los medios de comunicación. Eso se puede hacer con el resto del mundo, pero no con los propios israelíes. Sin embargo, el diario Haaretz ha descubierto una cuenta del ejército israelí en Telegram dedicada a la intoxicación propagandística (*).

La cuenta la dirige el Departamento de Influencia de la Dirección de Operaciones del ejército, responsable de las operaciones de guerra sicológica. El canal se llama “72 Virgins Uncensored” y muestra contenido exclusivo de la guerra en Gaza. Ha publicado más de 700 mensajes, imágenes y vídeos de palestinos asesinados, a los que califica como “terroristas”.

Un alto oficial militar ha confirmado al periódico que el ejército es el responsable de la publicación. Su primer mensaje apareció el 9 de octubre, dos días después del inicio de la guerra, bajo el nombre de “Los Vengadores”. Al día siguiente, el nombre fue cambiado a “Azazel”, haciéndose eco de la pronunciación hebrea de “Gaza” y, al mismo tiempo, un término del Antiguo Testamento que se refiere a un chivo expiatorio o a un demonio.

Finalmente el canal pasó a llamarse “72 Vírgenes, Sin Censura”, una alusión a los musulmanes que se ganan el paraíso, donde estarán rodeados por 72 vírgenes, si sacrifican su vida por una causa justa.

No es la primera vez que sale a la luz una operación de guerra sicológica del ejército israelí dirigido contra su propia población. Durante la guerra de 2021 en Gaza, el ejército israelí llevó a cabo otra campaña intoxicadora. Publicó imágenes de la destrucción generalizada de Gaza en cuentas falsas de redes sociales y pidió a sus seguidores que las compartieran “para que sepan que estamos respondiendo a escala masiva”.

Después el ejército reconoció que había cometido “un error”.

El ejército israelí había contratado al operador de un canal de Telegram llamado Abu Ali Express como consultor en la “guerra por la opinión pública en las redes sociales”. El canal publicó reportajes, vídeos y fotografías exclusivos con su logo para sus 100.000 suscriptores. En varias ocasiones, el portavoz del ejército remitió a los periodistas a Abu Ali Express para obtener información sobre los combates, mientras les decía que la información “no procedía del ejército”.

Abu Ali Express desacreditó a los periodistas que criticaban los crímenes del ejército israelí y del entonces ministro de Defensa, Avigdor Lieberman. El año pasado el ejército anunció que había rescindido el contrato con la consultora. Sin embargo, esta semana el canal “72 Vírgenes” compartió un mensaje de Abu Ali Express.

Durante años el ejército israelí ha utilizado la guerra sicológica contra sus enemigos en un esfuerzo por disimular sus crímenes, influir en la población (incluso en Gaza, Irán y Líbano) y pregonar sus éxitos a los cuatro vientos. Estas campañas se llevan a cabo en secreto, utilizando cuentas falsas, sin dejar evidencia de la participación de los militares sionistas.

(*) https://www.haaretz.com/israel-news/security-aviation/2023-12-12/ty-article/.premium/graphic-videos-and-incitement-how-the-idf-is-misleading-israelis-on-telegram/ 0000018c-5ab5-df2f-adac-febd01c30000

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