Categorías
Fascismo

Una línea de tiempo para entender la operación militar rusa en Ucrania con todas las claves

Las divisiones históricas, políticas y étnicas en Ucrania se remontan a décadas, si no siglos, pero no tenemos espacio para ese tipo de análisis profundo. Por ahora, lo limitaremos a tres partes simples: la caída de Viktor Yanukovych, el referéndum de Crimea y la subsiguiente guerra civil que pone a la región en un camino directo a los eventos de hoy.

Categorías
Fascismo

La misma jueza que avaló a los Franco en el expolio de la catedral de Santiago, archiva el asesinato del Caso Jimmy ‘por la obsesión’ de su familia

La jueza Adelaida Aranguren zanja así la investigación del asesinato de Francisco Javier Romero Taboada «Jimmy», asesinado por neonazis del Frente Atlético, y que concluye sin hallar responsables en un increible auto en el que afirma que “Resulta ser ya un tanto obsesiva la reiteración en el deseo [de las acusaciones] de lograr la identificación de las personas que arrojaron al río al fallecido”.

Categorías
Fascismo

Los fascistas que asesinaron a Jimmy gozaron de impunidad porque el juez instructor ‘olvidó’ citar al principal testigo

El asesinato por parte del grupo fascista Frente Atlético del seguidor del Deportivo de la Coruña, Francisco Javier Romero Taboada «Jimmy», se cerró en junio de 2018 ante la ausencia de autor conocido, pero meses después la Audiencia Provincial de Madrid ordenó su reapertura, tras un recurso de la familia, ya que el juzgado instructor había «olvidado» interrogar al testigo que desde el principio había identificado a los autores.

Categorías
Fascismo

Protestas antifascistas en Grecia contra la vacunación obligatoria

El domingo, los manifestantes en Atenas se enfrentaron con la policía en la que protestaban contra las medidas de vacunación obligatoria que entrarán en vigor el miércoles. «No estamos en contra de las vacunas, sino del fascismo».

Categorías
Fascismo

Italia se prepara para el apartheid: Mario Draghi propone que sólo voten los vacunados

Para el primer ministro Mario Draghi, un hombre de Lehman Brothers, el pasaporte de vacunas para entrar a bares, cines o edificios públicos no es suficiente. El segundo acto de esta siniestra historia ya está anunciado, junto al pase que se convertirá en imprescindible para subir a trenes, aviones y transbordadores de larga distancia.

Categorías
Fascismo

Un fascista asesina a bocajarro a un ciudadano marroquí en un pueblo de Murcia

El pueblo de Mazarrón se ha unido este martes al grito de «Todos somos Younes«, en una manifestación que ha reunido a cientos de personas para mostrar su repulsa ante el asesinato de Younes Bilal, vecino de esta localidad de la costa murciana, y su apoyo a la familia del marroquí. Su viuda, Andrea, ha encabezado la manifestación rota de dolor, y arropada por los suyos.

Categorías
Fascismo

Fascismo e imperialismo: el mito de la ‘autarquía’ del III Reich

En su etapa actual, el capitalismo es un modo de producción dominado tanto por los monopolios como por las finanzas, que no son más que dos caras de la misma moneda, a las que hay que añadir el protagonismo del Estado, que antes no tenía la misma intensidad, más la concurrencia por los mercados internacionales entre las grandes potencias imperialistas.

Una definición del fascismo que no tenga en cuenta esos cuatro ejes al mismo tiempo es, pues, absurda y no conduce a ninguna parte. A ellos hay que añadir otros dos más, que no son los menos importantes: el desafío del movimiento obrero y la aparición de la URSS. No es ninguna casualidad que el modelo más feroz del fascismo aparezca en Alemania que, después de Rusia, tenía las mayores y mejores fuerzas proletarias organizadas.

La nueva etapa del capitalismo se inicia con la Primera Guerra Mundial, que pone en funcionamiento los cuatro pilares del monopolismo al mismo tiempo: la difusión de una moneda fiduciaria, descomunales presupuestos de guerra, pillaje del oro, créditos, endeudamiento, inflación y, para colmar el vaso, reparaciones económicas a los países derrotados, empezando por Alemania.

En 1917 la Revolución de Octubre salvó a Alemania de convertirse en un país paria, sometido a las demás potencias. El papel que los demás imperialistas le tenían reservado era el de constituir un baluarte frente a la URSS y al movimiento obrero, que en la posguerra inició tres insurrecciones sucesivas.

Ese -y no otro- es el marco de Alemania en tiempos de la República de Weimar (1919-1933) y en del surgimiento del nazismo, llamado primero a ser una batallón de choque contra los trabajadores y los comunistas y luego, una vez que el terreno quedara diáfano, tomar el poder e intensificar la explotación de la fuerza de trabajo hasta los límites que conocemos.

El III Reich no surgió de la nada, ni contra los planes de las potencias occidentales, o sin contar con ellas, sino que fue diseñado por ellas. En Alemania nunca hubo autarquía. Los vencedores de la guerra mundial tenían que apretar a Alemania sin ahogarla. Negociaban, sobornaban y chantajeaban a unos y a otros. Presionaban por un costado para aflojar en el otro. Antes y después de 1933 los imperialistas negociaron con los nazis, lo cual no significa que estos siguieran las pautas que les indicaban en Londres o París (y de ahí el estallido de otra guerra en 1939).

En 1921 fijaron la cuantía de las reparaciones económicas, pero no lo hicieron los alemanes, como es obvio, sino sus rivales imperialistas. Ascendían a 6.600 millones de libras pagaderas en 30 años y en especie, sobre todo en carbón, o sea, un expolio. La ocupación del Ruhr, donde estaba el 80 por ciento de las minas alemanas de carbón, obligó a los alemanes a aceptar lo que los imperialistas les pusieron encima de la mesa.Era imposible pagar y todos (acreedores y deudores) lo sabían. Pero no se trataba de cobrar sino de someter. Alemania era un país cuyo destino debía ser el de cualquier deudor moroso, sometido a la mendicidad y al dictado de los bancos británicos, franceses, suizos y estadounidenses.

La maquinaria productiva de Alemania se había parado al final de la guerra y, además, aparecieron unas cifras de inflación que la historia nunca había conocido. En 1920 se cambiaban 20 marcos por cada libra; un año y medio después se necesitaban 1.000 marcos, luego 35.000 y así sucesivamente, hasta los 500.000 millones.

Fue otro gigantesco expolio. Con el dinero prestado por el Banco Central, los capitalistas especulaban con el valor de su propia divisa, al más puro estilo “nacionalista”. Los impuestos se pagaban con una moneda que no valía nada, lo mismo que los salarios o las deudas. Como el marco no valía nada, se podía pagar cualquier cosa… excepto las reparaciones.

Fue, pues, una ruina calculada que obligó a reaccionar a los imperialistas que pusieron al frente de la oficina de cobro a Dawes, un general del ejército estadounidense, como quien manda a un matón de la mafia a asustar a un deudor esquivo.

En torno al matón se formó un comité que recibió su nombre y celebró la primera reunión en París en 1924, ordenando la creación de una nueva moneda alemana. Creo que no hace falta enfatizar en que los asuntos económicos de Alemania no eran competencia de los alemanes sino de los imperialistas, pero a muchos se les olvidan estas cosas al hablar de que el fascismo tiene algo que ver con el “nacionalismo” (e incluso con la autarquía).

Es más, lo que el gobierno alemán quería era crear un nuevo marco, al que llamó Rentenmark con la misma paridad que tenía con la libra, es decir, 20 marcos por libra. Pero los imperialistas no apoyaron este plan de la única manera que era posible, con oro y divisas extranjeras.

Entonces los matones impusieron su nueva moneda, el Reichmark, con la misma cotización frente a la libra esterlina de 20 a 1, pero bajo el control de los imperialistas occidentales a través de un banco emisor independiente del gobierno alemán: el Reichsbank, modelo del luego famoso Bundesbank y demás bancos centrales “independientes”, o sea, dependientes del capital financiero internacional.

Además, Alemania debía pedir un préstamo para pagar la primera cuota de las reparaciones de guerra. Es un precedente del “estilo griego” de hace unos pocos años: un país arruinado que pide un préstamo y contrae deudas para pagar otras deudas anteriores…

Asi es como la inflación llegó a su fin en Alemania, pero no fue gracias a Alemania sino a sus rivales, que cada vez eran menos rivales porque la revolución socialista estaba a las puertas de toda Europa central. Alemania era el modelo; había que apoyar a Alemania; eran necesarios más préstamos.

Comenzó una orgía de créditos públicos y privados. En términos marxistas se llama importación de capital y tiene muy poco que ver con el “nacionalismo” y la autarquía. En 1925 la afluencia de capitales extranjeros provocó una reactivación de la economía alemana. Las exportaciones alemanas aumentaron y en 1927 alcanzaron el nivel de 1913.

La reactivación dio a Alemania la oportunidad de reembolsar el préstamo de Dawes sin tener que utilizar sus propios recursos. Los extranjeros pagaron las deudas extranjeras. El ministerio alemán de Asuntos Exteriores lo explicó así: “Cuanto más nos endeudemos en el extrajero, menos tendremos que pagar en concepto de reparaciones”. Para que Alemania no quebrara quienes debían preocuparse de las reparaciones eran los acreedores extranjeros.

Entre 1921 y 1931 Alemania pagó 19.100 millones de marcos en concepto de reparaciones, mientras que contrajo 27.000 millones de marcos de deudas, lo que en otras palabras significa que el apoyo exterior a Alemania fue mucho más allá de las reparaciones de guerra y sólo se explica por la necesidad de hacer frente a la URSS y al movimiento revolucionario en Europa.

Como buenos “nacionalistas”, los demagogos nazis se lamentaban de que las desgracias de Alemania procedían “de fuera”; lo que no decían es que los remedios procedieron el mismo lugar que, además, era muy cercano: bastaba cruzar la frontera con Suiza, el país que siempre lava más blanco.

Es muy extraño leer historias de aquella época en las que se habla de la “autarquía” y el “aislamiento” de los regímenes fascistas como el de Hitler o el de Franco. El objetivo de esas concepciones es blanquear el papel de los imperialistas occidentales y, especialmente, el de Estados Unidos, en la Segunda Guerra Mundial.

Una parte de las exportaciones de capital enviadas por Estados Unidos a los nazis no eran transacciones comerciales corrientes sino flujos que pasaban por las manos del espionaje. Demuestran un compromiso político, y no sólo económico, con el nazismo. Por ese motivo Roosvelt envió a Suiza a Allen Dulles. Quien luego fuera conocido por dirigir a la CIA no sólo era un espía sino un abogado de los monopolistas de Wall Street que vigilaba sus inversiones en el III Reich. El lema del imperialismo se puede resumir en vigilar y negociar.

El flujo clandestino de dinero significa también que la cuantía de las exportaciones de capital están infravaloradas. De 1924 a 1929 se estiman oficialmente en 15.000 millones de marcos en inversiones a largo plazo y otros 6.000 millones de marcos en inversiones a corto plazo.

El 70 por ciento de las primeras (préstamos a largo plazo) era capital estadounidense y propiciaron el rearme alemán: siderurgia, petróleo, nitrato, caucho… A comienzos de la Segunda Guerra Mundial las inversiones de los grandes monopolios estadounidenses en sus filiales alemanas sumaban 800 millones de dólares, de las que 17,5 correspondian a Ford.

Varios monopolios que se consideran “alemanes”, como es el caso de IG Farben, estaban en poder de accionistas extranjeros.

La mayor parte de la financiación del partido nazi procedía del extranjero y sus funcionarios cobraban en moneda extranjera, sin que su “nacionalismo exacerbado” supusiera ningún obstáculo.

Los únicos apellidos que hoy asociamos a los nazis son Goebbels, Goering, Himmler, Keitel, Rommel, Hess… Pero no son todos; ni siquiera son los más importantes. Esos eran los que cobraban, pero ¿quién puso el dinero para pagarles a ellos?

Los nazis que en 1939 desataron la Segunda Guerra Mundial tienen apellidos alemanes tanto como estadounidenses. Eran financieros como Du Pont, Morgan, Rockefeller, Lamont y otros. A ellos se les podían añadir los nombres de los industriales, como Henri Ford, condecorado por Hitler, así como los suizos, que cumplieron un papel propio tanto como intermediario.

Lo que acabamos de decir del Plan Dawes se puede reproducir de su continuador, el Plan Young.

La burguesía ha llenado de anécdotas la historia del fascismo para ocultar las cuestiones de fondo y sus protagonistas. Por eso nadie investiga el viaje de Hitler a Zurich en 1923 y el dinero que allí le entregaron (posiblemente Henry Deterding, el patrón de la petrolera Shell) para dar el Golpe de Estado de aquel año.

Tampoco pregunta nadie por la entrevista entre Hitler y el financiero británico Norman Montagu un año antes de llegar a la Cancillería.

A nadie le suena el nombre de Wilhelm Gustloff, un banquero suizo que, a la vez, era dirigente de primera hora del aparato nazi en el exterior.

Tampoco suena el nombre de Max Warburg, director de IG Farben, cuyo hermano era el directeur del Banco de Reserva Federal de Nueva York, Paul Warburg.

Categorías
Fascismo

Fascismo y monopolismo, Auschwitz e IG Farben (lo que no cuentan los que hablan del ‘auge de la ultraderecha’)

Los campos de concentración son uno de los símbolos emblemáticos del fascismo y el de Auschwitz, a su vez, los simboliza a todos ellos. Lo que a ciertos historiadores no les interesa explicar es por qué crearon el campo de concentración de Auschwitz, ni tampoco por qué se emplazó en Auschwitz, o sea, en la región carbonífera de Alta Silesia, Polonia, en un pueblo cuya denominación autóctona polaca es Oswiecem.

A lo máximo los enterados, incluidos los “alternativos”, comentan que en las cámaras de gas los nazis utilizaban el Zyclon B para asesinar a los antifascistas en masa, añadiendo que lo fabricaba uno de los mayores monopolios alemanes de la época, llamado IG Farben que, por lo demás, sigue existiendo con otros nombres.

IG Farben era un monopolio creado por el gigantesco desarrollo de la química a finales del siglo XIX que creció aún más con el bloqueo al que los imperialistas occidentales sometieron a Alemania tras su derrota en la Primera Guerra Mundial.

En condiciones de bloqueo de la importación de materias primas, para sostener su gigantesca maquinaria de guerra, Alemania necesitaba buscar sustitutivos sintéticos de productos básicos, como el caucho. En menos de cuatro años IG Farben redujo las importaciones alemanas de caucho del 95 al 7 por ciento gracias a la “buna”, que es como llamaron al caucho sintético.

Tres años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial IG Farben construyó las dos primeras fábricas de “buna”; Auschwitz fue la tercera. Pero entonces Auschwitz estaba en Polonia, por lo que previamente había que apoderarse del país vecino. Eso es lo que explica el origen de la Segunda Guerra Mundial en Polonia.

Antes del inicio de la guerra IG Farben elegió Auschwitz para instalar la fábrica por dos motivos estratégicos:

  1. Era necesaria una fábrica de caucho sintético en el este para iniciar una guerra de agresión contra la URSS

  2. La fabricación de caucho sintético requiere mucho carbón y mucho agua y ambas cosas abundan en las minas de carbón de Silesia, en la confluencia de tres ríos

Queda, pues, explicar los motivos por los cuales se construyó un campo de concentración, que no fue para exterminar a los antifascistas, ni mucho menos a los judíos, sino porque en la región no había mano de obra capaz de trabajar en la fábrica.

Así, Auschwitz nació como un campo de trabajo, es decir, una cárcel unida a una fábrica. Los primeros planes datan de 1937 y, además de “buna” IG Farben aprovechó para instalar también una fábrica de “leuna”, un combustible sintético derivado de la hidrogenación del carbón.

Todo dependía, pues, de las minas de carbón de Silesia, que producían dos millones de toneladas al año, de las que IG se apoderó.

El nuevo sistema esclavista de Auschwitz, que estaba a medio camino entre una cárcel y una fábrica, no apareció de golpe sino que fue un proceso que respondió a las necesidades de la guerra. Primero hubo que levantar el campo de concentración para tener mano de obra disponible y en abundancia. Luego se empezó a construr la fábrica al lado y mientras estaban con las obras, Göring autorizó al monopolio a utilizar presos como mano de obra.

“El poder político, escribieron Marx y Engels, viene a ser el consejo de administración que rige los intereses colectivos de la burguesía” y Auschwitz no es una excepción. En el campo de concentración no mandaba el Estado, Hitler, el III Reich, ni las SS. Mandaba IG Farben, es decir, el capital monopolista. Auschwitz es más bien un símbolo del monopolismo que del nazismo.

El Campo I de Auschwitz se construyó en 1940 para albergar a 26.000 esclavos, pero en 1941, en el momento en que se iniciaron las obras de la fabrica de caucho sintético, contaba con 40.000. Entre 1941 y 1943 más de dos millones de esclavos pasaron por allá, de los que cientos de miles eran la fuerza de trabajo de IG Farben.

En cuanto a los Campos II y III, los historiadores aún no han encontrado los informes del monopolio químico. Al campo IV, llamado “Monowitz”, se le conocía como “el campo de concentración de IG Farben”. Fue construido para 5.000 trabajadores, pero llegó a emplear a 20.000 en algunos momentos.

Durante este período (que excluye 1944, el año más crudo), más de 100.000 trabajadores de IG Farben fueron asesinados en las cámaras de gas. Desde el principio hubo una relación directa entre las necesidades de producción del monopolio y el tratamiento de los presos. En la fábrica de caucho, sin contar la de combustible, IG Farben empleó a más de 300.000 esclavos en total, de los que más de 200.000 morirán en el trabajo porque las condiciones de trabajo en las fábricas de IG Farben eran peores que en los campos de concentración.

Algunos miembros de las SS llegaron a quejarse del trato que los dirigentes de IG Farben daban a los prisioneros. Antes de terminar la construcción de las fábricas, nueve de cada diez castigos fueron infligidos a los trabajadores de IG Farben.

A finales de febrero de 1943, se estableció un moderno crematorio en Auschwitz. El Zyclon B, utilizado para gasear a las víctimas de los campos de concentración, fue creado y patentado por IG Farben, que tenía el monopolio de las ventas mundiales desde 1934. Cada bote de gas Zyclon B emitido en las cámaras de gas de Auschwitz había sido fabricado por IG Farben.

Hay que añadir que IG Farben era una multinacional. Poco más de un 10 por ciento del capital era alemán, mientras que más de un 80 por ciento estaba en manos de ciudadanos suizos y estadounidenses.

El monopolismo sigue existiendo e IG Farben también, pero ahora se llaman AGFA, Bayer, BASF, Hoechst (parte de Sanofi- Pasteur) y Pelikan que, por cierto, suministraba a las SS la tinta con la que tatuaban a los presos.

Más información:
— Fascismo y multinacionales: el papel de Volkswagen en las torturas practicadas durante la dictadura brasileña

Categorías
Fascismo

Asesorado por la Gestapo, el franquismo mantuvo a 500.000 antifascistas presos en 180 campos de concentración

A los más jóvenes los campos de concentración les suena a instalaciones carcelarias masificadas y criminales de los nazis y de Hitler. Los identifican con nombres como Auschwitz, Mauthasen o Dachau. Algo muy negativo pues nos indica nos indica nuestro desconocimiento de la historia propia historia reciente de nuestro país. Y es que durante la Segunda Guerra Mundial se construyeron más de 15.000 campos de concentración y exterminio a lo largo y ancho de todo el territorio controlado por la Alemania nazi. El cine o la literatura han conseguido que campos de concentración, nazismo, crueldad y tortura sean sinónimos y palabras y conceptos asociados.

Categorías
Fascismo

Mussolini inició su carrera política como mercenario al servicio del espionaje británico

La historia recuerda a Benito Mussolini como un político fascista italiano, aliado del III Reich durante la Segunda Guerra Mundial, pero no fueron esos sus orígenes. Hay una parte desconocida de su biografía que no quiere salir de la penumbra: el inicio de su carrera política como espía y mercenario al servicio del Imperio Británico, lo que vuelve a confirmar el nulo carácter “nacionalista” de los fascistas, que no dudan en venderse al mejor postor, aunque se trate de un país extranjero.

Como los demás fascistas, Mussolini era un oportunista que empezó cobrando un salario semanal de 100 libras esterlinas pagadas por el MI5, el servicio secreto británico. Fue una buena inversión. En 1917 Europa vivía en plena guerra imperialista, que fue seguida por la Revolución de Octubre en Rusia y Mussolini era un periodista de 34 años que escribía en “Il Popolo d’Italia” dispuesto a garantizar que Italia continuara luchando junto con los aliados en la Primera Guerra Mundial, para lo cual estaba dispuesto a publicar propaganda en su periódico y a enviar matones a “persuadir” a los manifestantes por la paz de que se quedaran en casa.

Los pagos a Mussolini fueron autorizados por Sir Samuel Hoare, diputado y hombre del MI5 en Roma, que en ese momento dirigía un equipo de 100 agentes de inteligencia británicos en Italia.

El historiador de Cambridge Peter Martland, que descubrió los detalles del acuerdo alcanzado con el italiano dijo: “Desde que Rusia abandonó la guerra, el aliado menos fiable de Gran Bretaña en la guerra en ese momento era Italia. A Mussolini le pagaron 100 libras esterlinas a la semana desde el otoño de 1917 durante al menos un año para mantener la campaña en pro de la guerra, equivalentes a unas 6.000 libras esterlinas semanales de hoy”.

En 1954 Hoare mencionó el reclutamiento en sus memorias, pero Martland tropezó con detalles de los pagos por primera vez mientras revisaba los papeles de Hoare. Además de mantener las rotativas en Il Popolo d’Italia, el periódico que editó, Mussolini también le dijo a Hoare que enviaría veteranos del ejército italiano para golpear a manifestantes por la paz en Milán, una carrera en seco para sus unidades fascistas de camisetas negras.

“Lo último que Gran Bretaña quería eran huelgas a favor de la paz que detuvieran las fábricas de Milán. Era mucho dinero para pagarle a un hombre que era periodista en ese momento, pero comparado con los 4 millones de libras que Gran Bretaña gastaba en la guerra todos los días, era dinero insignificante”, dijo Martland. “No tengo pruebas para probarlo, pero sospecho que Mussolini, que era un notable mujeriego, también gastó mucho dinero en sus amantes”.

Después del armisticio, Mussolini comenzó su ascenso al poder, asistido por el fraude electoral y el terror de los camisas negras, imponiendo el fascismo en 1922. Sus ambiciones coloniales en África lo pusieron en contacto con su antiguo jefe de pagos en 1935. Ahora el ministro británico de Asuntos Exteriores, Hoare firmó el pacto Hoare-Laval, que dio a Italia el control sobre Abisinia, la actual Etiopía.

“No hay ninguna razón para creer que los dos hombres eran amigos, aunque Hoare tuvo un romance perdurable con Italia”, dijo Martland, cuya investigación está incluida en la historia del MI5 de Christopher Andrew, “Defence of the Realm”, que se publicó en 2009. La impopularidad del pacto Hoare-Laval en Gran Bretaña obligó a Hoare a dimitir. Mientras, Mussolini se apoyó en su nueva influencia colonial para aliarse con Hitler, entrando en la Segunda Guerra Mundial en 1940, esta vez para luchar contra los aliados.

Depuesto tras la invasión aliada de Italia en 1943, Mussolini fue asesinado junto con su amante, Clara Petacci, por guerrilleros italianos en 1945 cuando ambos trataban de huir de Italia para llegar a Suiza. “Mussolini terminó su vida colgado boca abajo en Milán, pero la historia tampoco ha sido amable con Hoare, condenado como un apaciguador del fascismo junto a Neville Chamberlain”, dice Martland.

Con el fascismo no valen apaciguamientos de ningún tipo.

—https://www.theguardian.com/world/2009/oct/13/benito-mussolini-recruited-mi5-italy