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Las comunicaciones vía satélite del Pentágono fallan en plena batalla en Ucrania

El ejército de Estados Unidos está privatizado en gran parte. En el caso de las comunicaciones vía satélite que operan en la Guerra de Ucrania, funcionan gracias a Spacex y Starlink dos empresas del multimillonario Elon Musk.

Ahora el periódico Financial Times informa (*) de que el ejército ucraniano se queja de que algunos de los dispositivos espaciales dejaron de funcionar durante el reciente ataque.

Las terminales Starlink ayudan a las tropas ucranianas a operar drones, recibir actualizaciones de inteligencia vitales y comunicarse entre sí en zonas donde no hay otras redes seguras. Algunos de los fallos han provocado caídas catastróficas de las comunicaciones en las últimas semanas, en plena batalla.

Los fallos fueron más acuciantes en el sur, alrededor de las regiones de Jerson y Zaporiya, pero también se produjeron a lo largo de la línea del frente en el este de Jarkov, Donetsk y Lugansk.

Los fallos de conexión fueron generalizados y provocaron llamadas de pánico de los soldados a las líneas de emergencia. Se produjeron cuando las tropas rusas retrocedieron en el frente.

Tres soldados ucranianos que operaban en la línea de contacto confirmaron que sus sistemas Starlink habían dejado de funcionar durante las batallas. Varias terminales no han funcionado en los últimos días en la zona cercana a Jarkov.

(*) https://www.ft.com/content/9a7b922b-2435-4ac7-acdb-0ec9a6dc8397

Occidente no vela por los intereses de Ucrania sino por debilitar a Rusia

La reconquista de la región de Jarkov a principios de septiembre parece ser un éxito para las fuerzas ucranianas. Nuestros medios de comunicación han estado exultantes y han transmitido la propaganda ucraniana para darnos una imagen que no es del todo exacta. Un examen más detallado de las operaciones podría haber llevado a Ucrania a ser más cautelosa.

Desde el punto de vista militar, esta operación es una victoria táctica para los ucranianos y una victoria operativa/estratégica para la coalición rusa.

En el lado ucraniano, Kiev estaba presionado para conseguir algún éxito en el campo de batalla. Volodymyr Zelensky temía que Occidente se cansara y dejara de apoyarlo. Por eso, los estadounidenses y los británicos le presionaron para que llevara a cabo ofensivas en el sector de Jerson. Estas ofensivas, emprendidas de forma desorganizada, con pérdidas desproporcionadas y sin éxito, crearon tensiones entre Zelensky y su personal.

Desde hace varias semanas, los expertos occidentales cuestionan la presencia de los rusos en la región de Jarkov, ya que es evidente que no tenían intención de luchar en la ciudad. En realidad, su presencia en la zona solo pretendía evitar que las tropas ucranianas se adentraran en el Donbas, que es el verdadero objetivo operativo de los rusos.

En agosto había indicios de que los rusos habían planeado abandonar la zona mucho antes de que comenzara la ofensiva ucraniana. Se retiraron en buen orden, junto con algunos civiles que podrían haber sido objeto de represalias. Como prueba de ello, el enorme depósito de municiones de Balaklaya estaba vacío cuando los ucranianos lo encontraron, lo que demuestra que los rusos habían evacuado todo el personal y el equipo sensible en buen estado varios días antes. Los rusos habían abandonado incluso las zonas que Ucrania no había atacado. Sólo unas pocas tropas de la Guardia Nacional rusa y de la milicia del Donbas seguían presentes cuando los ucranianos entraron en la zona.

Para entonces, los ucranianos estaban ocupados lanzando múltiples ataques en la región de Jerson, que habían provocado repetidos reveses y enormes pérdidas para su ejército desde agosto. Cuando la inteligencia estadounidense detectó la salida de los rusos de la región de Jarkov, vio una oportunidad para que los ucranianos lograran un éxito operativo y transmitió la información. Por lo tanto, Ucrania decidió abruptamente atacar la región de Jarkov, que ya estaba prácticamente vacía de tropas rusas.

Al parecer, los rusos anticiparon la organización de referendos en las provincias de Lugansk, Donetsk, Zaporiya y Jerson. Se dieron cuenta de que el territorio de Jarkov no era directamente relevante para sus objetivos, y que estaban en la misma situación que con la Isla de las Serpientes en junio: la energía necesaria para defender este territorio era mayor que su importancia estratégica.

Al retirarse de Jarkov, la coalición rusa pudo consolidar su línea de defensa detrás del río Oskoll y reforzar su presencia en el norte de Donbas. Pudo realizar un importante avance en la zona de Bajmut, un punto clave en el sector Slavyansk-Kramatorsk, que es el verdadero objetivo operativo de la coalición rusa.

Al no haber más tropas en Jarkov para “acorralar” al ejército ucraniano, los rusos tuvieron que atacar la infraestructura eléctrica para impedir los refuerzos ucranianos por tren al Donbas.

En consecuencia, hoy todas las fuerzas de la coalición rusa se encuentran dentro de lo que podrían ser las nuevas fronteras de Rusia tras los referendos en las cuatro provincias del sur de Ucrania.

Una victoria pírrica

Para los ucranianos, se trata de una victoria pírrica. Avanzaron hacia Jarkov sin encontrar resistencia y apenas hubo combates. En su lugar, la zona se convirtió en una enorme “zona de muerte”, donde la artillería rusa destruyó a unos 4.000-5.000 ucranianos (unas dos brigadas), mientras que la coalición rusa sólo sufrió pérdidas marginales al no haber combates.

Estas pérdidas se suman a las de las ofensivas de Jerson. Según Serguei Shoigu, ministro de Defensa ruso, los ucranianos perdieron unos 7.000 hombres en las tres primeras semanas de septiembre. Aunque estas cifras no pueden verificarse, su orden de magnitud corresponde a las estimaciones de algunos expertos occidentales. En otras palabras, parece que los ucranianos han perdido alrededor del 25 por cien de las 10 brigadas que fueron creadas y equipadas en los últimos meses con ayuda occidental. Esto está muy lejos del ejército de un millón de hombres del que hablan los dirigentes ucranianos.

Desde el punto de vista político, es una victoria estratégica para los ucranianos y una pérdida táctica para los rusos. Es la primera vez que los ucranianos retoman tanto territorio desde 2014 y los rusos parecen estar perdiendo. Los ucranianos pudieron aprovechar esta oportunidad para comunicar su victoria final, lo que sin duda suscitó expectativas exageradas y les hizo estar aún menos dispuestos a entablar negociaciones.

Por ello, Ursula von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea, dijo que “no es el momento de apaciguar los ánimos”. Esta victoria pírrica es, por tanto, un regalo envenenado para Ucrania. Ha llevado a Occidente a sobreestimar las capacidades de las fuerzas ucranianas y a empujarlas a emprender nuevas ofensivas, en lugar de negociar.

Las palabras “victoria” y “derrota” deben utilizarse con cuidado. Los objetivos declarados por Vladimir Putin de “desmilitarización” y “desnazificación” no consisten en ganar territorio, sino en destruir la amenaza del Donbas. En otras palabras, los ucranianos luchan por el territorio, mientras que los rusos buscan destruir capacidades. En cierto modo, al aferrarse al territorio, los ucranianos se lo están poniendo más fácil a los rusos. Siempre se puede recuperar el territorio, pero no las vidas humanas.

En la creencia de que están debilitando a Rusia, nuestros medios de comunicación están fomentando la desaparición gradual de la sociedad ucraniana. Suena paradójico, pero es la forma en que nuestros dirigentes ven a Ucrania. No reaccionaron a las masacres de civiles ucranianos de habla rusa en el Donbas entre 2014 y 2022, ni mencionan las pérdidas de Ucrania en la actualidad. De hecho, para nuestros medios de comunicación y autoridades, los ucranianos son una especie de “Untermenschen” cuyas vidas sólo sirven para satisfacer los objetivos de nuestros políticos.

La Unión Europea boicoteó las negociaciones de paz entre ucranianos y rusos

Entre el 23 y el 27 de septiembre se celebraron cuatro referendos, y las poblaciones locales tienen que responder a diferentes preguntas según su región. En las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk, que son oficialmente independientes, la cuestión es si la población quiere unirse a Rusia. En los oblast de Jerson y Zaporozhe, que siguen formando parte oficialmente de Ucrania, la cuestión es si la población quiere permanecer dentro de Ucrania, ser independiente o formar parte de Rusia.

Sin embargo, todavía hay incógnitas en esta fase, como cuáles serán las fronteras de las entidades que se adscribirán a Rusia. ¿Serán las fronteras de las zonas ahora ocupadas por la coalición rusa o las fronteras de las regiones ucranianas? Si se trata de esto último, todavía podríamos tener ofensivas rusas para tomar las regiones restantes (oblasts).

Es difícil estimar el resultado de estos referendos, aunque se puede suponer que los ucranianos de habla rusa querrán con toda probabilidad abandonar Ucrania. Las encuestas, cuya fiabilidad no puede evaluarse, sugieren que el 80-90 por cien de ellos están a favor de unirse a Rusia. Esto parece realista debido a varios factores.

En primer lugar, desde 2014 las minorías lingüísticas de Ucrania están sometidas a restricciones que las convierten en ciudadanos de segunda clase. Como resultado, la política ucraniana ha hecho que los ciudadanos de habla rusa dejen de sentirse ucranianos. Esto fue incluso subrayado por la Ley de Derechos de los Pueblos Indígenas en julio de 2021, que es algo equivalente a las Leyes de Nuremberg de 1935, que dan diferentes derechos a los ciudadanos dependiendo de su origen étnico. Por ello, Vladimir Putin escribió un artículo el 12 de julio de 2021 en el que pedía a Ucrania que considerara a los rusoparlantes como parte de la nación ucraniana y no los discriminara, como propone la nueva ley.

Por supuesto, ningún país occidental protestó contra esta ley, que es una continuación de la abolición de la ley sobre las lenguas oficiales en febrero de 2014, que fue el motivo de la secesión de Crimea y Donbas.

En segundo lugar, en su lucha contra la secesión de Donbas, los ucranianos nunca intentaron ganarse los “corazones y las mentes” de los insurgentes. Por el contrario, han hecho todo lo posible para alejarlos, bombardeándolos, minando sus carreteras, cortando el agua potable, deteniendo el pago de pensiones y salarios o suspendiendo todos los servicios bancarios. Es lo contrario de una estrategia eficaz de contrainsurgencia.

Por último, los ataques con artillería y misiles contra la población de Donetsk y otras ciudades de las regiones de Zaporiya y Jerson, con el objetivo de intimidar a la población e impedir que acuda a las urnas, alejan aún más a la población local de Kiev. Actualmente, la población de habla rusa teme las represalias ucranianas si no se aceptan los referendos.

Así que tenemos una situación en la que los países occidentales dicen que no reconocerán estos referendos, pero por otro lado no han hecho absolutamente nada para animar a Ucrania a tener una política más inclusiva con sus minorías. Al final, lo que estos referendos pueden revelar es que nunca ha habido realmente una nación ucraniana inclusiva.

Además, estos referendos congelarán una situación y harán irreversibles las conquistas de Rusia. Curiosamente, si Occidente hubiera dejado que Zelensky siguiera con la propuesta que hizo a Rusia a finales de marzo de 2022, Ucrania habría conservado más o menos su configuración anterior a febrero de 2022. Como recordatorio, Zelensky había hecho una primera petición de negociaciones el 25 de febrero, que los rusos habían aceptado, pero que la Unión Europea había rechazado proporcionando un primer paquete de 450 millones de euros en armas. En marzo Zelensky hizo otra oferta que Rusia acogió con agrado y estaba dispuesta a discutir, pero la Unión Europea volvió a detenerlo con un segundo paquete de 500 millones de euros en armas.

Como explica Ukrainskaya Pravda, Boris Johnson llamó a Zelensky el 2 de abril y le pidió que retirara su propuesta u Occidente dejaría de apoyarla. Luego, el 9 de abril, durante su visita a Kiev, “BoJo” [Boris Johnson] repitió lo mismo al presidente ucraniano. Así que Ucrania estaba dispuesta a negociar con Rusia, pero Occidente no quiere negociaciones, como volvió a dejar claro “BoJo” [Boris Johnson] durante su última visita a Ucrania en agosto.

Sin duda, la perspectiva de que no habrá negociaciones es lo que ha impulsado a Rusia a participar en los referendos. Cabe recordar que Vladimir Putin siempre ha rechazado la idea de integrar los territorios del sur de Ucrania en Rusia.

También hay que recordar que, si Occidente estuviera tan comprometido con Ucrania y su integridad territorial, Francia y Alemania habrían cumplido sin duda sus obligaciones en virtud de los acuerdos de Minsk antes de febrero de 2022. Además, habrían dejado que Zelensky siguiera adelante con su propuesta de acuerdo con Rusia en marzo de 2022. El problema es que Occidente no vela por los intereses de Ucrania, sino por debilitar a Rusia.

El ejército ruso domina el arte operativo

En cuanto al anuncio de Vladimir Putin de una movilización parcial, hay que recordar que Rusia ha intervenido en Ucrania con muchas menos tropas de las que Occidente considera necesarias para llevar a cabo una campaña ofensiva. Hay dos razones para ello. En primer lugar, los rusos confían en su dominio del “arte operativo” y juegan con sus módulos operativos en el teatro de operaciones como un jugador de ajedrez. Esto es lo que les permite ser eficaces con una mano de obra reducida. En otras palabras, saben cómo llevar a cabo las operaciones con eficacia.

La segunda razón que nuestros medios de comunicación ignoran deliberadamente es que la gran mayoría de las acciones de combate en Ucrania son llevadas a cabo por las milicias del Donbas. En lugar de decir “los rusos” deberían (si fueran honestos) decir “la coalición rusa” o “la coalición rusófona”. En otras palabras, el número de tropas rusas en Ucrania es relativamente pequeño. Además, la práctica rusa es mantener las tropas sólo durante un período limitado en la zona de operaciones. Esto significa que suelen rotar las tropas con más frecuencia que Occidente.

A estas consideraciones generales se añaden las posibles consecuencias de los referendos en el sur de Ucrania, que probablemente ampliarán la frontera rusa en casi 1.000 kilómetros. Esto requerirá una capacidad adicional para construir un sistema de defensa más robusto, para construir instalaciones para las tropas, etc. En ese sentido, esta movilización parcial es una buena idea. En ese sentido, esta movilización parcial es una consecuencia lógica de lo que hemos visto anteriormente.

En Occidente se ha hablado mucho de los que intentaron salir de Rusia para evitar la movilización. Ciertamente existen, como los miles de ucranianos que trataron de escapar del reclutamiento y que se pueden ver en las calles de Bruselas conduciendo potentes y caros coches deportivos alemanes. Se ha hablado mucho menos de las largas colas de jóvenes ante las oficinas de reclutamiento militar y de las manifestaciones populares en apoyo de la decisión de movilización.

Putin no ha amenazado con recurrir a las armas nucleares

En cuanto a las amenazas nucleares, en su discurso del 21 de septiembre, Vladimir Putin mencionó el riesgo de una escalada nuclear. Naturalmente, los medios de comunicación conspirativos (es decir, los que construyen narrativas a partir de información no relacionada) hablaron inmediatamente de “amenazas nucleares”.

En realidad, esto no es cierto. Si leemos las palabras del discurso de Putin, podemos ver que no amenazó con usar armas nucleares. De hecho, nunca lo ha hecho desde que comenzó este conflicto en 2014. Sin embargo, ha advertido a Occidente de que no debe utilizar esas armas. Les recuerdo que el 24 de agosto, Liz Truss dijo que era aceptable golpear a Rusia con armas nucleares, y que estaba dispuesta a hacerlo, aunque eso condujera a la “aniquilación mundial”. No es la primera vez que la actual Primera Ministro británica hace una declaración de este tipo, que ya provocó advertencias del Kremlin en febrero. Además, les recuerdo que en abril de este año, Joe Biden decidió apartarse de la política estadounidense de “no ser el primero en usar” y, por lo tanto, se reserva el derecho a utilizar primero las armas nucleares.

Queda claro, por tanto, que Vladimir Putin no se fía del comportamiento totalmente irracional e irresponsable de Occidente, dispuesto a sacrificar a sus propios ciudadanos para alcanzar objetivos guiados por el dogmatismo y la ideología. Esto es lo que está ocurriendo ahora con la energía y las sanciones, y esto es lo que Liz Truss está dispuesta a hacer con las armas nucleares. Putin está ciertamente preocupado por las reacciones de nuestros dirigentes, que se encuentran en situaciones cada vez más incómodas debido a la catastrófica situación económica y social que han creado con su incompetencia. Esta presión sobre nuestros dirigentes podría llevarles a una escalada del conflicto sólo para no perder la cara.

En su discurso, Vladimir Putin no amenaza con utilizar armas nucleares, sino otro tipo de armas. Por supuesto, está pensando en las armas hipersónicas, que no necesitan ser nucleares para ser eficaces y que pueden derrotar a las defensas occidentales. Además, en contra de lo que dicen nuestros medios de comunicación, el uso de armas nucleares tácticas no forma parte de la doctrina de empleo rusa desde hace muchos años. Además, a diferencia de Estados Unidos, Rusia tiene una política de “no ser el primero en usarlas”.

En otras palabras, es Occidente y su comportamiento errático la verdadera fuente de inseguridad.

No estoy seguro de que nuestros políticos tengan una visión clara y objetiva de la situación. Los recientes tuits de Ignazio Cassis demuestran que su nivel de información es bajo. En primer lugar, cuando habla del papel y la neutralidad de Suiza en el ofrecimiento de sus buenos oficios, está un poco alejado de la geografía. En opinión de Rusia, Suiza ha abandonado su estatus de neutralidad y, si quiere desempeñar un papel constructivo en este conflicto, tendrá que demostrar su neutralidad. Estamos muy, muy lejos de ello.

En segundo lugar, cuando Cassis expresó a Lavrov su preocupación por el uso de armas nucleares, es evidente que no entendió el mensaje de Vladimir Putin. El problema de los dirigentes occidentales actuales es que ninguno de ellos tiene actualmente la capacidad intelectual para afrontar los retos que ellos mismos han creado con su propia estupidez. Probablemente habría sido mejor que Cassis expresara sus preocupaciones a Truss y Biden.

Los rusos -y Vladimir Putin en particular- siempre han sido muy claros en sus declaraciones y han hecho sistemáticamente lo que dijeron que harían. Ni más ni menos. Por supuesto, se puede estar en desacuerdo con lo que dice, pero es un error importante y probablemente incluso criminal no escuchar lo que dice. Porque si le hubiéramos escuchado, podríamos haber evitado que la situación se convirtiera en lo que es.

También es interesante comparar la situación general actual con lo que se describió en los informes de la Rand Corporation publicados en 2019 como el plan maestro para intentar desestabilizar a Rusia.

Como vemos, lo que estamos presenciando es el resultado de un escenario cuidadosamente planificado. Es muy probable que los rusos fueran capaces de anticipar lo que Occidente estaba planeando contra ellos. Así, Rusia pudo prepararse política y diplomáticamente para la crisis que se iba a crear. Es esta capacidad de anticipación estratégica la que demuestra que Rusia es más estable, más eficiente y más eficaz que Occidente. Por eso creo que si este conflicto se intensifica, será más por la incompetencia occidental que por un cálculo ruso.

Coronel Jacques Baud, del ejército suizo https://lavoixdelasyrie.com/kharkov-et-la-mobilisation/

Estados Unidos presiona a Ucrania para que emprenda una ‘batalla decisiva’ en el frente sur

Ucrania tendría que emprender una batalla decisiva en el frente sur antes del invierno si quiere negar a Rusia la oportunidad de consolidar su poder en la región, según los diputados estadounidenses.

“Una verdadera catástrofe a largo plazo para Ucrania será que Rusia bloquee su acceso a los recursos hídricos desde Mariupol hasta Odessa. La savia de Ucrania es el acceso a Odesa, por lo que es importante que adopten una posición ofensiva en el sur, no sólo defensiva”, dice al Financial Times el senador estadounidense Chris Murphy (*).

Las fuerzas ucranianas deben “retomar el sur” antes de la llegada del invierno, ya que el deshielo otoñal dificultará enormemente los combates, mientras que los que estén a la defensiva tendrán ventaja.

Tales condiciones dificultarán las maniobras de ambos bandos, pero, según los analistas, darán ventaja a los que estén a la defensiva, ya que tendrán que moverse menos.

Según los estadounidenses, el control de la mayor parte del sur será crucial para cualquier negociación entre Rusia y Ucrania.

No obstante, hasta ahora los conatos de ofensiva ucraniana en el sur, en la región de Jerson, han fracasado a lo largo de este verano.

(*) https://www.ft.com/content/8c1bcb80-e5ff-47be-bf93-9533e5a66da2Pi

En Ucrania está a punto de comenzar una guerra diferente

Tres semanas después de la celebrada contraofensiva del ejército ucraniano en la provincia de Jarkov, los acontecimientos que al principio quedaron oscurecidos por la niebla de la guerra pueden verse ahora con mayor claridad.

De julio a agosto hubo una acumulación de fuerzas ucranianas y de la OTAN recién formadas (“voluntarios extranjeros”) transportadas al cuadrante noreste de la provincia de Járkov.

La gran mayoría de las fuerzas ucranianas eran reclutas, una parte importante de los cuales había recibido unas semanas de entrenamiento intensivo en las bases de la OTAN en Polonia, Alemania y Gran Bretaña.

La mayor parte del equipamiento entregado por la OTAN durante este periodo se destinó a este nuevo ejército en lugar de dispersarse a otras zonas a lo largo de los 1.000 kilómetros de la línea de contacto que va de Jarkov y Jerson.

El número total de fuerzas ucranianas reunidas por la OTAN sigue siendo incierto, pero parece haber sido de entre 35.000 y 50.000, incluidos unos 5.000 “voluntarios extranjeros” de la OTAN que finalmente iban a servir como “tropas de choque” para la ofensiva.

En las semanas previas al ataque ucraniano, los rusos habían reducido considerablemente la densidad de hombres y equipos en el triángulo geográfico formado por el río Seversky-Donets, que fluye de noroeste a sureste, y el río Oskol, que fluye de norte a sur.

La confluencia de estos dos ríos se encuentra cerca del sureste de Izium, con el centro de transporte de Kupiansk a caballo entre el Oskol al norte y Andreievka en la orilla izquierda del Seversky-Donets al noroeste.

Los rusos dejaron en su lugar pequeñas pero bien abastecidas formaciones de milicias del Donbas y la Guardia Nacional rusa, cubiertas por un fuego de artillería de largo alcance relativamente potente, un modesto apoyo aéreo cercano y ocasionales ataques de misiles de precisión contra las concentraciones de tropas ucranianas.

Discusión sobre la debilidad rusa en el frente norte

No es posible afirmar que los comandantes rusos debilitaron deliberadamente esa zona en particular o si simplemente se vieron obligados a dejarla debilitada porque no tenían fuerzas suficientes para cubrir todo el frente.

La opinión más extendida es que la línea se debilitó inadvertidamente en esta zona, principalmente porque los comandantes rusos pensaron que el ataque ucraniano tendría lugar en otro lugar.

William Schryver sostiene que el alto mando ruso debilitó intencionadamente su línea en esta zona en particular para inducir a la OTAN a atacar donde lo hicieron, y luego llevarlos deliberadamente a la bolsa triangular definida por los dos ríos (*).

Hay que tener en cuenta que desde el principio de esta batalla, que dura ya tres semanas, las fuerzas rusas que defienden la zona han sido superadas en número por lo menos en 5 a 1 en casi todo momento. Es absurdo creer que esta disparidad en el número de fuerzas no estuviera prevista por los comandantes rusos, por lo que el plan de batalla consistía en explotar la geografía y la superioridad inherente de la potencia de fuego de los defensores para efectuar una retirada táctica e infligir un duro castigoa a los atacantes.

La versión de una retirada rusa desordenada, con mil tanques y vehículos blindados abandonados, miles de bajas y diez mil prisioneros, no son ciertas. La retirada se llevó a cabo de manera disciplinada, avanzando a través de múltiples líneas de defensa preparadas e infligieron graves pérdidas a los hombres y equipos ucranianos en cada paso del camino, mientras que ellos mismos sufrieron pérdidas relativamente modestas.

Varias ciudades y pueblos fueron brevemente defendidos y luego abandonados en el camino. Los propagandistas ucranianos y sus aliados en los medios de comunicación occidentales pregonaron las victorias, pero ninguno de estos relatos se molestó en mencionar el exorbitante precio pagado por los modestos avances en el terreno que decían haber ganado.

Tampoco informan de las posteriores purgas de colaboradores rusos infiltrados en cada una de esas ciudades y pueblos.

A pesar del aluvión de propaganda ilusoria, los movimientos de tipo “guerra relámpago” de los primeros días de la ofensiva se ralentizaron hasta convertirse en un rastro sangriento en la segunda mitad de septiembre, devorando cientos de hombres y docenas de piezas de equipo cada día, con sólo un mínimo avance.

Los rusos establecieron su primera línea de defensa en la orilla oriental del río Oskol. Todos los días durante las últimas dos semanas, los ucranianos han afirmado que sus tropas habían tomado o estaban a punto de tomar Kupiansk, que se encuentra a caballo del río. Pero eso no fue así hasta hace dos días, cuando las fuerzas rusas en la parte oriental de la ciudad la dejaron en manos de los ucranianos, no antes de infligir una matanza totalmente desproporcionada en relación con sus propias pérdidas.

No ha habido mucha lucha de infantería. El ejército ruso suele arrasar los asaltos ucranianos principalmente con fuego indirecto de artillería y ataques aéreos, corregidos continuamente por drones y observadores de vanguardia.

La batalla de Liman

En el extremo sur del cerco, los rusos abandonaron rápidamente Izium, oponiendo sólo la suficiente resistencia para cubrir su retirada. Luego se concentraron en las cercanías de Liman, en la orilla oriental del Oskol, y fue la defensa de Liman la que desde entonces se convirtió en el mayor y más sangriento enfrentamiento de la larga batalla.

Durante varios días, los ucranianos y las tropas de choque de “voluntarios extranjeros” lucharon, con grandes pérdidas de hombres y material, para establecer cabezas de puente duraderas a través del Oskol. Finalmente, su superioridad numérica se impuso y avanzaron sus fuerzas a través del río.

Durante más de una semana, los repetidos intentos de los ucranianos de atacar y derrotar a los defensores de Liman fueron rechazados con enormes pérdidas para los atacantes. Miles de soldados ucranianos y cientos de piezas de su equipo, suministrado por la OTAN, fueron destruidos en la carnicería, pero han seguido enviando aún más tropas, blindajes y vehículos a la contienda, fanáticamente decididos a tomar la ciudad a cualquier precio.

La guarnición de Liman y sus alrededores, apoyada por la artillería de largo alcance y los ataques aéreos, ha infligido una terrible herida a la capacidad de combate de las formaciones ucranianas contra las que luchó. El Ministerio de Defensa ruso afirma que miles de ucranianos han muerto en los últimos combates a lo largo de la línea de defensa del río Oskol, entre Kupyansk y Liman. Esas cifras se suman a los miles de muertos en la primera semana de la ofensiva. Ahora las fuerzas ucranianas, muy mermadas, se encuentran al final del saliente creado por esa contraofensiva de última hora.

Un viraje en el curso de la guerra

La batalla de Liman será vista como el eje de esta fase de la guerra. Para llegar a ese punto, los ucranianos han gastado una parte insustituible del ejército que la OTAN se esforzó en reunir durante el verano. Puede que aún les queden varios miles de soldados menos aptos para participar en futuros combates, pero han perdido muchas de sus tropas de choque de “voluntarios extranjeros”, así como vastas cantidades de equipo suministrado por Occidente y existencias limitadas de munición que ya no pueden ser reemplazadas fácilmente, por la sencilla razón de que los países europeos de la OTAN, e incluso Estados Unidos, simplemente han agotado sus limitadas existencias.

Desde hace varias semanas, trenes aparentemente interminables de equipos militares rusos fluyen desde Rusia hacia Ucrania. No se trata de columnas de tanques y vehículos oxidados y anticuados, como quieren hacer creer los propagandistas. Se trata de cientos de tanques de primera categoría, piezas de artillería autopropulsadas, vehículos de combate de infantería, cientos de lanzacohetes, un número impresionante de sistemas de defensa aérea e innumerables vehículos de apoyo de todo tipo.

Nada de esta enorme acumulación de fuerza militar se distribuyó rápidamente por las líneas del frente. Las fuerzas que han estado luchando en Kupiansk, Liman y otros lugares en las últimas semanas han sido abastecidas, pero no reforzadas sustancialmente. El refuerzo que se está llevando a cabo está claramente destinado a otro lugar.

A ello hay que sumar la movilización parcial de las reservas rusas: 200.000 soldados en total, la mayoría de los cuales acabarán siendo desplegados para ocupar el lugar de las tropas de combate, mucho más experimentadas, que se han visto obligadas a servir de apoyo de fondo durante los últimos siete meses de la guerra.

Lo más importante es el número de batallones profesionales rusos que no han participado en esta guerra y que ahora se añadirán a la potencia de fuego de la línea de frente, sin duda equipados en gran parte por la nueva incorporación de blindaje y artillería que se ha visto en la zona de combate.

Más de ochocientos aviones de múltiples tipos se han reunido en varias bases rusas que rodean el actual teatro de operaciones. Aunque se han seguido realizando cientos de salidas aéreas diarias en el campo de batalla, sólo han desplegado una fracción de la fuerza disponible.

“Rusia está luchando en esta guerra con una mano atada a la espalda”, dice Schryver, a pesar de que Estados Unidos y sus vasallos de la OTAN han pasado de una escalada a la siguiente.

Tras el impactante sabotaje de los oleoductos Nord Stream en el Mar Báltico, y dada la masiva pero aún no utilizada acumulación militar en las zonas de combate activas, es casi seguro que octubre será un punto de inflexión importante en la guerra ruso-ucraniana.

(*) https://imetatronink.substack.com/p/turning-point

Estados Unidos no debería comprometerse en la defensa de Taiwán porque no puede derrotar a China

Los ministros de Defensa de Estados Unidos, Japón y Australia han acordado ampliar su cooperación militar para amenazar a China y la región de Extremo Oriente.

Tras una reunión en la base estadounidense de Hawai, el jefe de la defensa japonesa, Yasukazu Hamada, declaró que los tres países estaban muy preocupados por China y las pruebas de misiles balísticos lanzadas durante la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, a la isla que se encuentra dentro de la zona económica exclusiva de Japón.

Por otro lado, la vicepresidenta estadounidense Kamala Harris, durante su reciente viaje a Japón y Corea del Sur, dijo que Estados Unidos actuaría sin miedo ni vacilación tanto en el estrecho de Taiwán como en toda Asia.

El Instituto Brookings ha publicado un informe en el que indica que Estados Unidos ha perdido su dominio sobre China en materia de armas convencionales en Asia Oriental. Por lo tanto, les resultaría más difícil evitar un ataque a Taiwán (*).

El documento señala que el ejército chino está invirtiendo cada vez más en misiles, inteligencia, transmisión, comunicaciones y ciberguerra. “Es difícil predecir el resultado de una confrontación sino-estadounidense para Taiwán, y no se puede decir que la victoria de Estados Unidos y sus aliados esté garantizada”, reconoce el informe.

Pero el general Anthony Cotton, que ha sido propuesto por la Casa Blanca al Senado como jefe de operaciones nucleares del Pentágono, ha dicho que las armas nucleares podrían evitar un ataque a Taiwán. El Instituto Brookings descarta esa idea. La guerra por la isla, según el informe, necesariamente “aumentaría el riesgo de una escalada premeditada o no premeditada”.

Hasta hace poco, se estimaba que China poseía unas 200 ó 300 cabezas nucleares, mientras que Estados Unidos y Rusia tenían más de 4.000 cada uno. Pero el pasado noviembre, el Pentágono anunció que para 2027 China podría tener más de 700 ojivas, y al menos 1.000 para 2030. Si Estados Unidos quisiera recuperar la ventaja de las armas nucleares, se enfrentaría a graves obstáculos. Es el compromiso de la Casa Blanca para mantener la estabilidad estratégica y el control de las armas nucleares. “Pero incluso superando estos obstáculos, Estados Unidos probablemente no sería capaz de obtener suficiente plutonio para competir con China, y mucho menos con Rusia”, dice el informe.

Es una situación defícil para Washington. Desde el punto de vista de los intereses estadounidenses, sería mejor evitar un compromiso firme de defender a Taiwán. Estados Unidos y sus aliados deberían dejar claro que “se separarán económicamente de China y reducirán su dependencia económica de Pekín”. No debería haber ninguna esperanza de prevenir el conflicto o de ponerle fin en términos aceptables si se utilizan armas nucleares. Es la recomendación del Instituto Brookings.

Sin embargo, es demasiado pronto para decir que Washington ha perdido su posición dominante. Las fuerzas armadas estadounidenses tienen una gran experiencia en la participación en diversos conflictos, en la interacción entre todos los tipos de fuerzas armadas: fuerza aérea, flota, ejército. Tienen sistemas de inteligencia basados en el espacio.

Lo más probable es que los americanos sean más fuertes. Sabiendo que tienen más capacidad para golpear las zonas más vulnerables de la costa oriental de China. Pueden utilizar misiles, aviación y flota. La potencia de China es inferior y, lo que es más importante, Estados Unidos y China están estrechamente vinculados económicamente. El volumen de comercio bilateral supera los 700.000 millones de dólares.

En cuanto a la opción nuclear, en caso de guerra cada parte es capaz de infligir un daño inaceptable al adversario. Pekín ha declarado en repetidas ocasiones que no pretende competir con Washington en cuanto al número de armas nucleares.

(*) https://www.brookings.edu/research/managing-the-risks-of-us-china-war-implementing-a-strategy-of-integrated-deterrence/%20

La OTAN alerta sus fuerzas navales del Mar del Norte para proteger los yacimientos de petróleo

Los gasoductos Nord Stream 1 y Nord Stream 2, que se tendieron para suministrar gas ruso a Alemania a través del Mar Báltico, sufrieron dos explosiones submarinas el 26 de septiembre. Como había advertido Biden, pronto ambos gasoductos iban a dejar de existir.

No estaban operativos en el momento de los hechos. Bajo la presión de Estados Unidos, el Nord Stream 2 nunca entró en servicio, mientras que el Nord Stream 1 no estaba operativo desde principios de septiembre por problemas técnicos, según Gazprom.

La inspección de estas dos tuberías no es posible por el momento, ya que no es posible acercarse a ellas debido a la ebullición provocada por las fugas.

El 28 de septiembre, la Fiscalía General de Rusia declaró que había confiado al FSB, el servicio de inteligencia, la tarea de llevar a cabo una “investigación criminal” sobre “un acto de terrorismo internacional”. Añadió: “Cerca de la isla de Bornholm, se llevaron a cabo acciones intencionadas para dañar los gasoductos Nord Stream 1 y Nord Stream 2 en el fondo del Mar Báltico […] La Federación Rusa sufrió graves daños económicos como resultado de estos actos”.

A petición de Moscú, que señala el papel de un “Estado extranjero”, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió el 30 de septiembre para debatir el atentado. La diplomacia rusa interrogará a su homóloga estadounidense sobre lo que llama las “provocaciones relativas a los gasoductos Nord Stream 1 y 2”.

Borrell ha hablado de probables “actos malintencionados” y ha advertido de que “cualquier perturbación deliberada de las infraestructuras energéticas de Europa […] se respondería con una respuesta firme y unida”.

En una declaración conjunta publicada el 29 de septiembre los 30 Estados miembros de la OTAN aseguran que “los daños en los gasoductos Nord Stream 1 y Nord Stream 2 en las aguas internacionales del Mar Báltico son especialmente preocupantes. La información disponible actualmente sugiere que son el resultado de actos de sabotaje deliberados, imprudentes e irresponsables”.

“Nosotros, los aliados, nos comprometemos a disuadir, proteger y defender contra el uso coercitivo de la palanca energética o cualquier otro proceso híbrido por parte de actores estatales o no estatales”. El comunicado advirte que “cualquier ataque deliberado contra las infraestructuras críticas de los países de la Alianza se enfrentaría a una respuesta unida y decidida”.

Noruega pide ayuda a la OTAN

Esta afirmación se refiere a Noruega, cuya producción de gas es ahora crucial para la Unión Europea, sobre todo porque acaba de inaugurar el gasoducto Baltic Pipe, que la une a Polonia a través del Mar Báltico. Sin embargo, en los últimos días se han visto drones no identificados cerca de algunos de sus yacimientos de petróleo y gas, lo que ha llevado a su Ministerio de Petróleo y Energía a pedir la máxima vigilancia.

El martes de la semana pasada la Autoridad Noruega de Seguridad Petrolera (PSA) pidió al sector energético que estuviera “más atento” después de que se vieran drones desconocidos en las proximidades de algunas plataformas marinas. “Instamos a que se incremente la vigilancia, se revisen las medidas de preparación para emergencias y de respuesta a incidentes, y se comparta la información”.

Sólo en Noruega hay más de 90 yacimientos de petróleo y gas repartidos por el Mar de Barents, el Mar de Noruega y el Mar del Norte. Y están conectados a una red de oleoductos de 9.000 km. Están fuera del alcance del ejército noruego, especialmente desde que recientemente decidieron desprenderse de sus 14 helicópteros dedicados a las misiones de vigilancia marítima y guerra antisubmarina.

Oslo ha llamado a las puertas de la OTAN. El viernes el primer ministro noruego, Jonas Gahr Store, declaró que había hablado con Stoltenberg, el secretario general de la Alianza militar, para “unirnos a fin de proteger el suministro energético de Europa”, al tiempo que “seguimos apoyando a Ucrania contra las agresiones ilegales”.

Dos días antes, Store se había reunido con Macron. “Las relaciones franco-noruegas son muy fuertes y apoyamos a toda Ucrania. La complicadísima situación energética requiere una profunda cooperación para encontrar las soluciones adecuadas”, dijo.

El ejército francés participa regularmente en las maniobras militares organizadas en Noruega, como en el caso reciente de Cold Response 22.

El jefe de ejecutivo noruego indicó que estaban “en conversaciones” con sus aliados para “aumentar la presencia [militar] en aguas noruegas” y que habían aceptado “contribuciones alemanas, francesas y británicas”.

“Entiendo que la gente esté preocupada por las consecuencias que pueda tener la situación en el Mar Báltico y que pueda ocurrir algo similar con las instalaciones petrolíferas”, dijo Store. Sin embargo, “no tenemos indicios de que haya amenazas directas al sector petrolero noruego. Pero más vale prevenir que curar”.

La ayuda británica anunciada no es sorprendente, dado que Reino Unido y Noruega han reforzado su cooperación militar, especialmente en el ámbito de las patrullas marítimas, ya que ambos países comparten el avión P-8A Poseidón. Lo mismo ocurre con Alemania, que va a entregar cuatro submarinos a la Marina noruega.

Soviets y electricidad: la receta de Lenin no salvó a la URSS pero puede salvar a Rusia

Rusia es la mayor potencia energética del mundo, con gran diferencia respecto a cualquier otro país, y no sólo por sus abundantes recursos naturales, sino por tecnología energética. Es lo mismo referirse al carbón, que al petróleo, al gas, o a la energía nuclear. Rusia está muy por delante de cualquier otro país del mundo porque así se planificó desde los primeros tiempos de la URSS.

Hace poco se celebraron 100 años de la creación de la Goelro, el acrónimo de la Comisión Estatal para la Electrificación de Rusia, fundada por Lenin. Empezó a marcar la diferencia entre la dirección consciente de la economía bajo el socialismo y los vaivenes de los mercados en el capitalismo. Los planes quinquenales siguieron esa misma política estratégica de dar prioridad a la energía, a la industria siderúrgica y a la tecnología. Sin ellos la URSS no hubiera logrado sobrevivir y Rusia tampoco.

A veces la política soviética se resume en una conocida frase de Lenin: el socialismo son los soviets y la electricidad. A Rusia le quitaron los soviets, pero no lograron arrebatarle la energía. Si el imperialismo quiere destruir a Rusia es, entre otras razones, para apoderarse de sus fuentes de energía.

Desde 1973 se dice que las guerras modernas tienen su origen en el petróleo, lo cual es cierto en buena parte. Por lo menos, es cierto para Rusia por un motivo evidente: cuando la URSS fue capaz de satisfacer sus necesidades energicas y las de los demás países del Bloque del Este, empezó a exportar petróleo a Europa, y desde entonces todos los esfuerzos de Estados Unidos han tratado de impedirlo. Volar los gasoductos es volar el acercamiento de Europa a Rusia (y de Rusia a Europa) que se inició con la “Ostpolitik” de la socialdemocracia alemana.

En 1970 el gobierno socialdemócrata de Willy Brandt rompió el embargo impuesto por Estados Unidos en 1962 para suministrar tuberías de gran diámetro a la URSS para la finalización del último tramo del gasoducto Druzhba (“Amistad”) que desde 1973 ha suministrado a Alemania 3.000 millones de metros cúbicos de gas soviético cada año a precios que no tienen competencia en el mercado mundial.

La recuperación de la industria alemana y su capacidaad exportadora debe mucho a los suministros de gas soviético.

Diez años más tarde, Reagan autorizó en una orden secreta la voladura de aquellas primeras tuberías que empezaban a trasladar gas a Europa por encima y por debajo del muro de Berlín. Además impuso un embargo sobre la entrega de cualquier equipo para la exploración de petróleo y gas natural a la URSS. El embargo sembró la confusión en la cumbre del G7 celebrada en Versalles en junio de 1982.

Reagan también anunció sanciones contra cualquier productor europeo que abasteciera a los soviéticos con los suministros necesarios, lo que entonces se consideró en Europa como la típica intromisión estadounidense contra Europa.

El embargo se levantó en noviembre de 1982 y la URSS empezó a construir el oleoducto Urengoy-Pomary-Uzhhorod con una capacidad de 28.000 millones anuales de barriles de crudo. Fue volado por la CIA mediante uno de los primeros sabotajes informáticos que ha conocido la historia, lo que retrasó su entrada en funcionamiento.

Pero las tuberías no sólo tienen el problema del origen y el destino, sino el del recorrido que atraviesan. En 1970, a pesar de que se había firmado el Tratado de Moscú sobre el reconocimiento mutuo de la República Federal de Alemania y la República Democrática Alemana, los occidentales exigieron a Moscú que el nuevo oleoducto pasara por alto el territorio oriental y entrara por Checoslovaquia.

Del mismo modo, el Nord Stream 2 se tuvo que tender por el fondo marino del Báltico para sortear a países, como Ucrania y Polonia, que siguen a ciegas los dictados que les llegan de Washington. Ni en Berlín ni en Moscú se fiaban de los nuevos perritos falderos de Estados Unidos en el este de Europa.

Ucrania no sólo perdió el gas que le llegaba de Rusia, sino también el dinero que dejaba el tránsito. Los 56.000 millones de metros cúbicos que pasaban por el gasoducto hacia Alemania dejaban 3.000 millones de dólares en ingresos cada año.

Como casi todos los políticos rusos, Putin llegó a la Presidencia suspirando por mejorar sus lazos con Europa, mientras Estados Unidos no ha tenido otro propósito que destruirlos, como ilustra el caso de Mijail Jodorkovsky, al que las grandes cadenas de televisión mundiales tan pronto califican de “magnate” como de “disidente”.

Era el hombre más rico de Rusia hasta que llegó Putin y mandó parar. Le detuvieron en 2003 y pasó una década entre rejas. Amasó su fortuna en la petrolera Yukos, saqueando el patrimonio soviético, hasta que todo volvió a su cauce cuando la empresa fue absorbida en parte por Rosneft, una empresa pública.

El plan de Estados Unidos era el siguiente: Jodorkovsky se disponía a vender Yukos al monopolio anglosajón Exxon Mobil por 25.000 millones de dólares, una ganga que, con el apoyo de Estados Unidos, le iba permitir financiar una campaña presidencial para deslojar a Putin de la Presidencia.

En ese momento Estados Unidos empezó a comprender que nunca conseguiría apoderarse de las materias primas rusas y que Putin era un enemigo de cuidado. Han transcurrido 20 años y ahora Estados Unidos es un país exportador de gas licuado y pretende sustituir a Rusia en el mercado europeo. Lo explicó Trump abiertamente en la cumbre de la OTAN de 2018: o Estados Unidos se cuela en el negocio del gas ruso o impone sanciones a Alemania.

A Rusia le ha costado comprender que su futuro, político y económico, no está en Europa, un continente en plena decadencia, sino en el Extremo Oriente, en los “tigres asiáticos”. Le costará aún más comprender que, por sí misma, la electricidad tampoco es suficiente. Le queda la otra mitad de la ecuación leninista: los soviets.

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