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Sobre el arte

Siempre que se trata de cuestiones relativas al arte, la literatura o la estética en general, no se sabe -o por lo menos no sabe uno- por dónde empezar. Las preguntas que surgen, sobre todo desde que el capitalismo se impuso como modo de producción e imponiendo el dominio de su ideología alienadora, son casi siempre las mismas y es hasta la fecha de hoy que todavía se discuten y dilucidan con distintas palabras pero con la misma gramática. Las preguntas sobre estas cuestiones tienen mucho de bizantinas y de ganas de enredar.

No sé si fue Nietzsche quién dijo que no existen los hechos (históricos), sino las interpretaciones de los mismos, una suerte de hermenéutica (que eso es, a todo esto, el posmodernismo del que ya casi nadie se acuerda). En arte no habría “obra”, propiamente dicha, sino crítica de la misma. Pero la “crítica” es también un fenómeno del capitalismo (como las “naciones” de raíz romántica) desde que el “artesano” pasó a ser “artista”. Antes, en el Medievo, lo que había, como mucho, era eso que llamaremos “gusto” (pero también el carnaval). También en la actualidad se habla de “gusto” (artístico) pero, desde que existe el mercado capitalista, lo que privan son las “firmas”, no se compra un cuadro porque te guste, sino que se adquiere un “Picasso” o un “Van Gogh” o, en el paroxismo de la estiptiquez, un “Miquel Barceló” que ni siquiera pasó por la bohemia de cenar latas de sardinas (como los soldados de la I Guerra Mundial) como los anteriores, quienes, y es un mérito, tenían sus ideas y preocupaciones sociales aunque les faltara el mercado -y los marchantes- que luego los “descubrieron” y encumbraron.

Dentro de los parámetros burgueses, la madre de todas las preguntas (en temas que conciernen al arte) y que encierra las demás es, a nuestro juicio, la siguiente: ¿Debe el arte o, por ser más precisos, el artista, ser autónomo o heterónomo? En otras palabras: ¿libertad absoluta para el artista (“genial”, otro vocablo romántico) o pautarlo según la ideología que impere en un momento (histórico) dado? A mi modo de ver, el resto de las preguntas que han surgido se remiten a ésta.

No vamos ahora a analizar las cuestiones sino a exponerlas. Entre muchas que se nos ocurren está la del arte como comunicación. Para el dramaturgo y teórico -entre otras facetas artísticas- Alfonso Sastre, por ejemplo, la incomunicación estética es la más atroz de las incomunicaciones. Para él, no es que sea una pasión inútil (como el hombre para los existencialistas), pero entiende que el campo del arte no es un territorio autónomo pero tampoco una simple provincia o dominio de la (con mayúscula) Política, sino un predio relativamente autónomo.

Para Lenin no puede ser que el Partido (Comunista) vaya por un lado y los intelectuales y artistas por otro. Lenin era consciente de que los terrenos del arte son resbaladizos y semovientes y se prestan a polémicas interminables, sobre todo cuando no se tiene en cuenta la lucha de clases. Cuando Lenin escribió que “la literatura es lo que menos se presta a una igualación mecánica, a un nivelamiento, a un dominio de la mayoría sobre la minoría”, ¿qué quiso decir? ¿Quizá que Lenin viera en ellos, en los intelectuales, una “resistencia” -de clase siempre y el última instancia- a apostar claramente por las consignas de un partido -encima comunista- en menoscabo de su “libertad creativa“? ¿O que Lenin quería “someter” a la intelligentsia a la línea política del Partido? Ni una cosa ni otra. Lenin sabía del carácter pequeñoburgués y vacilante de los intelectuales -el propio Gorki o Lunacharski tuvieron dudas cuando las cosas “no iban bien”-, pero siempre tuvo claro que jamás cambiaría ni una coma de su línea y programa político para satisfacer ningún capricho o derecho burgués intelectual, léase la libertad de expresión entendida como algo absoluto y superior y por encima, no ya de las masas, sino de su vanguardia.

Más “simpático” y más “abierto”, o sea, menos “ortodoxo” y “monolítico”, según la jerga del revisionismo, ha pasado a la historia Trotsky, que algo y no poco escribiera sobre arte y revolución. Trotsky, en el “Manifiesto por un arte independiente” (escrito junto con el padre del surrealismo André Breton), aún admitiendo el establecimiento, en algún momento, de determinadas “medidas necesarias, temporales, de autodefensa revolucionaria”, una especie de diktat estético eventual y pasajero, afirmó que “todo está permitido en el arte”, que no se tiene que “ejercitar una dirección sobre la creación intelectual de la sociedad” en la cual, si bien las fuerzas productivas deben desarrollarse según un “régimen socialista de planificación centralizada”, para la creación intelectual, la revolución “debe, desde el principio, establecer y asegurar un régimen anárquico de libertad individual” (suponemos aquí la mano de Breton). Podría resumirse su postura de este modo: en economía, socialismo; en arte, burgués.

Contra la corriente ultraizquierdista de Bogdanov. coincidían Lenin y Trotsky en pensar que era absurda la empresa de “inventar una cultura proletaria” ex nihilo, o sea, desde la nada o que pudiera crearse en un laboratorio. Mientras Lenin consideraba el arte como un arma del Partido, Trotsky abogaría por la pretenciosa y pretendida autonomía del arte. Aquí está el debate y la contradicción imponiéndose en los terrenos de la izquierda clásica, socialdemócrata, revisionista o posmoderna, yo creo, las tesis trotskistas de carácter liberal-burgués. Podría decirse que existe, o existió, un antiintelectualismo muy propio de los países anglosajones, en especial los Estados Unidos con su filosofía pragmática -el pragmatismo- que desprecia “lo intelectual”, y otro de izquierda más consecuente que
“desconfía”, y no sin razón muchas veces, de los intelectuales y artistas en quienes ven mucho ego pequeñoburgués. . Del gran cartelista Josep Renau se decía que era un “pintor comunista” y él daba la vuelta a la frase alegando que no, que él era “un comunista que pinta”.

Para una concepción liberal del arte, éste supone una categoría suprema. El artista considera, en esta concepción, como primeros y últimos problemas las cuestiones formales del arte. Esto llevaría a la pintura abstracta (o a la poesía “pura“). Se considera la belleza como causa final del arte consistiendo la tarea del artista, simplemente, en crear -o producir- objetos bellos, es decir, consiste en decorar la existencia humana (léase burguesa). Y si de “firmas” hablamos, se trata de coleccionarlas o museizarlas.

Óscar Wilde, por ejemplo, quien propugnara una especie de “socialismo estético”, dirá que, para él, no hay obras morales o inmorales, sino obras bellas y no bellas. El escritor norteamericano, hoy olvidado, Upton Sinclair, diría a los que pensaban que el arte no tiene nada que ver con la moral, que el arte trata de cuestiones éticas, “puesto que no hay otras”. Para U. Sinclair el arte por el arte es una mentira: es la noción de que el fin del arte está en la obra de arte y de que la única tarea del artista es la perfección de la forma. Otra falacia para U. Sinclair sería el esnobismo artístico, la idea de que el arte es algo esotérico, mágico, reservado a la élite y fuera de la comprensión de las masas. En poesía hubo incluso movimientos, ciertamente minoritarios, que se jactaban de no ser entendidos por la gente y si, por algún albur, alguien les entendía, pensaban que algo habían hecho mal. Escribían para ellos mismos y sus cenáculos como diletantes, como una diversión casi deportiva. Hoy también se hace esto, sólo que sin perder de vista el mercado y las promociones de ventas, es decir, creando un “público” como algo “disponible” (available), que está ahí para ser moldeado y masajeado. Un público “líquido”.

Volviendo al tema de la autonomía del arte y la literatura, hay quien ve la obra de arte como una “nueva realidad” altamente autónoma en relación a la, digamos, realidad a secas. La autonomía de la obra de arte sería lo específico de una relación entre el artista y el mundo a través de su obra. Según esto, podría darse el caso de que un artista sea un profundo convencido del materialismo dialéctico y, sin embargo, no adoptar una “postura realista” en el arte. Se trataría del llamado “aguijón kantiano” que cita Sastre: “estamos de acuerdo en todo menos en el arte”.

Se llega a situar el arte como una provincia -ya lo hemos dicho- del conocimiento que es un criterio, como se decía en los años sesenta del siglo pasado, “contenidista”, ideológico, según el cual el juicio de una obra ha de establecerse en razón de la concepción del mundo “subyacente”. Desde este punto de vista -que es el de Lukács- del “contenido”, el problema del realismo en el arte y la literatura queda reducido al problema de determinar la “posición” de la obra en el debate ideológico. De modo que la legalidad propia del arte se dictaba en términos heterónomos (políticos, ideológicos). Luego estaría la posición “liberalizadora” de Roger Garaudy donde toda determinación del concepto poético de realismo desaparece para dar paso a la más cruda indeterminación. Para Garaudy, todo arte es realista porque trata de la realidad en definitiva, incluido un cuento de hadas, Kafka, lo fantástico o lo maravilloso de El Mago de Oz. Hay quien se sitúa -o eleva- fuera de estas dos posturas que se ven como “dogmáticas”, sobre todo la primera. En el fondo, a mi parecer, se trata de entender el marxismo -del que hasta puede reclamarse el artista o el crítico- como un corsé y casi una asfixiante camisa de fuerza que oprime la imaginación y la libertad creadora del artista. No se quiere ningún “ismo”.

El artista -se pretende como algo que nos recuerda los postulados de Trotsky aunque no se le cite- no es un médium ni trae ningún recado y no hay, en el arte, un “mensaje” previo. Las cosas no serían tan sencillas como parecen, sino aleatorias e incluso valdría invocar el principio de incertidumbre de Heisenberg según el cual el acto mismo de observar afecta a la estructura del objeto observado. A la tesis del “arte como conocimiento” se opondría la antítesis dialéctica de que el arte es-y-no-es conocimiento. Es “otra cosa”. ¿Qué cosa? No lo sabemos.

Cézanne -hacemos aquí una pequeña digresión- había rechazado la “impresión” (el impresionismo) -invadida de luz envolvente- a favor de una comprensión más profunda de la realidad. En su opinión, un cuadro debe vivir sólo por la fuerza de la pintura sin ayudarse de narraciones extraartísticas. Pero esto no quiere decir renunciar a captar por medio de la pintura el sentido de lo real. El cuadro es el resultado del conocimiento y la emoción al mismo tiempo, organizados por el artista en la imagen. Ya está aquí planteado el problema moderno de la autonomía del arte: el cuadro es un ente en sí con leyes absolutamente propias. Una metafísica.

II

La historia del arte sólo puede considerarse ciencia -seguimos aquí a José Fernández Arenas- desde el momento en que se establecen unos criterios estrictos y unos métodos para estudiar el objeto artístico, lo que no se da hasta el siglo XIX.

Es necesario prescindir de ideas abstractas y de cánones estéticos -como en la época de Wincklemann en pleno siglo XVIII, que inicia la posibilidad de una ciencia del arte, más objetiva, pero permanece prisionero del clasicismo griego- para prestar más atención al dato histórico artístico de la obra en sí misma. El historicismo del siglo XIX, el positivismo y el determinismo conducirán hacia el estudio del medio ambiente, de la técnica, de las formas que permitirían clasificar, ordenar y catalogar las obras de arte como se ordenan las especies vegetales porque, en el fondo, lo que primaba es la clasificación de las colecciones y los museos.

Tal vez haya que afirmar, con las reservas que sean pertinentes, que la historia del arte no puede ser una verdadera ciencia objetiva, sino que lo que hay es una crítica de arte simplemente interpretativa detentada por los capillismos, siempre discutibles y pendientes de verificación o del criterio de falsabilidad (o falibilidad) del más nihilista que escéptico K. Popper.

Aquí cabría preguntarse si el arte progresa. ¿Cuál es el “progreso” o el nexo que va de Velázquez a Mondrian, de los bisontes rupestres al “Guernica” de Picasso? Hay progresos técnicos y estilísticos (romper la perspectiva renacentista), pero ¿artísticos? Incluso se podría hablar de un “regreso” cuando se observan los garabatos de Miró. Los dibujos primitivos de bisontes, los ídolos, los murales bizantinos, se crearon para la magia o el culto. Los vitrales góticos o los murales de Giotto -que sería el primer pintor “burgués”-, tuvieron un origen extraartístico. El “Guernica” no es un cuadro “bello” ni Picasso lo quiso así. Alzaprimaba más el significado que, digamos, el valor estético o el goce de la pintura-pintura. Siempre decía que no se puede pintar lo que no hay frente a onirismos metafísicos. Picasso era un pintor realista (y francés de escuela).

Pero la cosa se complica si nos vamos a la autorreferencialidad que supone la tendencia hacia la abstracción desmaterializada donde, como en Malévich y su “Cuadrado negro sobre fondo blanco” (1913) “no se pintaba nada”. Ante tanta arbitrariedad, sólo parece quedar el criterio del gusto -como se ve, volvemos a lo mismo en lo que parece ser un círculo cerrado e irresuelto o vicioso- como una variable personal que, además, estaría condicionado por la moda, las circunstancias históricas, los prejuicios (“¿pero esto es una mujer?”, le preguntó una dama al Mattisse más fauvista, a lo que respondió: “no, señora, esto es un cuadro“), la educación artística o la carencia de ella.

El lábel aristocrático de Ortega y Gasset dividiría al público entre los que entienden de arte y los que no, o sea, entre la minoría elitista (incluido él, claro) y la mayoría mostrenca. Para Hegel, probablemente, el ideal del arte (que para él se había muerto con el final de la historia (burguesa)) sería la nada absoluta que se aproximaría a su entelequia quimérica (y platónica). Malévich sería hegeliano. Tampoco serviría el “consenso social”. Ni el relativismo ni el dogmatismo resistirían un examen en materia tan subjetiva y hasta arbitraria como es un juicio estético. Según Arthur C. Danto, un crítico estadounidense, “los museos, las galerías, pueden elevar un objeto cualquiera a la categoría de obra de arte”. El famoso mingitorio de Duchamp parece avalar este aserto.

Para los griegos la belleza corporal era un don divino. Las esculturas debían ser bellas como los dioses representados. De ahí se pasa -saltándonos siglos- al feísmo de una máscara africana o un grotesco goyesco. Para Danto, todo empezó con la actitud de los dadaístas que rechazaron la idea de la belleza por no someter su trabajo al gusto de una clase dominante que había llevado a la terrible y traumática carnicería de la I Guerra Mundial. Goya, que era un afrancesado, pinta escenas contra el invasor napoleónico y la barbarie de la guerra. Y, sin embargo, la contemplación de las ruinas griegas nos siguen admirando -nos dice Marx- a pesar de pertenecer a un modo de producción superado.

Una historia del arte como ciencia fija -volvemos a Fernández Arenas-, con unos principios, unos métodos propios y unos medios, que permitan llegar a conclusiones determinadas, no ha existido nunca. Y tal vez no llegue nunca a existir.

Los nuevos cenizos

Echa uno de menos en estos tiempos de pandemia -y de crisis estructural económica del capitalismo- la aparición de profetas, agoreros, gurús e iluminados como en la Edad Media con sus admoniciones y condenas a la plebe y humanidad entera por sus pecados y desórdenes. Antes de que Marx descubriera y despanzurrara las leyes del capitalismo, las crisis económicas se atribuían mayormente a causas ajenas a la mano del hombre: climáticas, sobre todo. Con Adam Smith y Ricardo ya se apuntaba a dar explicaciones más “científicas”. Para remediarlas surgieron voluntariosos “arbitristas” con sus elixires y vademécums que sanarían las caquexias y disfunciones, o bien naturales o humanas.

En el siglo XIX se optaba por el proteccionismo o el liberalismo. Y en el XX (y antes) claramente por el imperialismo. En el siglo XXI brotan nuevos arbitrismos que pondrán esparadrapos a la heridas capitalistas: Josep Stiglitz, Paul Krugman o cualquier premio Nobel. Nunca irán a la raíz del problema, como pedía Marx. Tal vez porque formen parte del problema.

En tiempos medievales la ideología dominante era monopolio de la Iglesia cristiana (agustinismo, escolástica tomística…). El muy terrenal y telúrico modo de vida de la jerarquía católica, especialmente en el Vaticano de los Borgia, escandalizaba a espíritus puristas y ascetas como, por ejemplo, el florentino Savonarola (pero también Lutero en su visita al Vaticano donde se quedó ojiplático de lo que vió, y eso que él gustaba de la buena cerveza, y que no faltara). Savonarola y su “cruzada” purificadora, que no mística, arremetía contra las abundosidades y demasías curiales y contra desenfrenos populares (carnavales, etc.). Su intención era volver a tiempos anteriores más devotos y piadosos, ni siquiera a “herejías” viejas como el catarismo que preconizaba la vuelta a un cristianismo primitivo, originario, igualitario, iconoclasta y casi revolucionario.

Pero su destino fue el mismo: la hoguera. Su delito: cuestionar el poder, eclesiástico, en este caso. Su pecado: no predicar en el desierto, como Simón el Estilita, sino en plena plaza pública apuntando a diestro y siniestro.

Cuando hubo alguna pandemia, como la peste, verbigracia, al menos Boccaccio nos dejó “El Decamerón”. Y no faltaron bocotas catastrofistas anunciando el Apocalipsis por culpa del vulgo, siempre el vulgo, como hoy que se va de botellón y fiesta, si pueden, claro. Los protagonistas del Decamerón, jóvenes hijos de pudientes, huyeron de la peste a las afueras de la ciudad para ejercer su “carpe diem”. Tiempos de analfabetismo y terrores milenaristas.

Hodierno, casi lo mismo, pero con diferencias. Hoy la plebe está más preparada y no existen los agoreros que maldicen comportamientos humanos ni profetas que nos dicen que nos lo tenemos merecido. Sin embargo, haberlos, haylos. Sólo que en distinta forma, atuendo y disfraz. Con bata blanca y título. Son los virólogos, urgenciólogos, epidemiólogos, planta que crece alimentada por los medios de propaganda y desinformación, que son sus tribunas, como los agoreros ululaban sus venablos en los ágoras y plazas (si se fijan, observarán que cada canal de televisión tiene su propio “experto” fichado en “propiedad exclusiva”, aunque los hay promiscuos, como, por ejemplo, el vestiglo Margarita del Val o el mediático urgenciólogo, se dice así, Carballo, a quien sus colegas, por cierto, le han recordado que, desde que va de vedette por las televisiones, no se le ve el pelo por los hospitales, qué cosa. O Badiola.

Se trata de que sus rostros nos sean “familiares”, confiables, por tanto). Son estos especiosos especímenes los nuevos oráculos que suplantan a los antiguos arúspices. Tienen título, salen en la tele, y, por lo tanto, no son charlatanes. Sus mantras son sagrados. Nunca se ve una voz mínimamente discordante. Y su dedo índice enhiesto señala a los nuevos pecadores, que, tratándose de temas sanitarios, no son comunistas, como les pediría el cuerpo, quizá, sino los… negacionistas. Un saco -el negacionismo- donde cabe toda clase de bicho viviente.

Antes de que el oficialismo de los voceros sanitarios -la OMS, la EMA- empiecen a ser cuestionados, o se vea que la mayor parte de los supuestos “expertos” no saben lo que dicen, pero no callan, que son delincuentes, o algo peor, si cobran inconfesables coimas, crean sus propios anticuerpos, esto es, los “negacionistas”, estos son los verdaderos culpables con sus escepticismos e insolidaridades, con sus cuestionamientos de mascarillas, cierres perimetrales, confinamientos, etc., a estos hay que estigmatizar y crear un “apartheid” sin pasaporte sanitario por no vacunarse. Ello contribuirá, de paso, a histerizar y lobotomizar más a las masas, a mantener la tensión, el pánico, el control. Y, si encontramos un chivo expiatorio (un pharmakos, se decía en griego) en quien poner rostro y donde descargar las frustraciones, mejor. Por ejemplo, Miguel Bosé, un juguete roto, un desequilibrado, un drogadicto y un conspiranoico con sus gobiernos de Spectra y agentes 007, una secta peligrosa, vaya.

Ya tenemos el escenario: los “buenos” (la liga de los con bata), y los “zumbaos” (ya saben…). Siendo que todo lo hacen, gobiernos, farmafias, mass media, gurús, por nuestro bien. Puritita munificiencia, altruismo.

Un corrido mexicano por la II República española

El 5 de abril de 1932, “Guty” Cárdenas, una de las más prometedoras voces mexicanas del momento, se encontraba en la mesa de una cantina llamada Salón Bach, en la Ciudad de México, cuando se inició una pelea con dos hermanos españoles que se encontraban en el lugar. Según el informe policíaco, “Guty” murió a la temprana edad de 27 años por un disparo del comerciante español Ángel Peláez Villa, natural de Posada de Llanes, Asturias, muy conocido en el ambiente de los monárquicos españoles que residían en la capital mexicana.

En su momento se especuló mucho sobre el motivo de esta riña. Según la policía, algunos testigos presentes afirmaron que fue el propio “Guty” quien inició la pelea por un asunto de faldas con uno de los dos españoles, y que fue el hermano de aquel el que respondió a la agresión de Cárdenas con unos certeros disparos que truncaron la vida del artista.

Sin embargo, a pesar de aquella primera versión reflejada en el atestado, pocos meses después se llegó a decir que el cantante no fue en realidad asesinado por una riña de cantina motivada por celos, sino a causa de un corrido que había grabado en Nueva York, días después de la proclamación de la república en España, y que había resultado toda una ofensa entre los elementos más radicales de los círculos monárquicos españoles que vivían en México. Esta segunda hipótesis con el tiempo fue cobrando más fuerza, hasta que 5 años después la filiación política del asesino acabó de confirmarla.

Aquél corrido, titulado “La República en España”, y editado por la discográfica Columbia Records, tuvo una gran difusión, tanto en América Latina como en España. Según el poeta Ricardo López Méndez, el asesino del cantante, después de cumplir una breve condena por su crimen, regresó a España donde participó en la guerra civil del lado de las fuerzas fascistas, adscrito a un batallón de “Renovación Española”.

La República en España

A contarles vengo la última noticia
que en el mundo entero la atención merece:
hoy la vieja España es republicana
y ya no es monarca don Alfonso XIII.

Después del gran triunfo de las elecciones
y por el camino de la acción civil,
los republicanos, que ya eran legiones,
tumbaron el trono el 14 de abril.

España, España, tu valentía
la monarquía ya destruyó;
España, España, tu vieja historia
tiene otra gloria por tu valor.

Sin haber desorden, sin algarabía,
cuando en el destino se llegó la hora,
en la paz completa a la Monarquía
derrotó con votos Alcalá Zamora.

Cuando la derrota era irremediable
dicen que el Monarca dijo a Romanones
“La paz de la Patria es lo indispensable,
Me voy al destierro con mis tradiciones”.

España, España tu valentía
la monarquía ya destruyo
España, España tu vieja historia
tiene otra gloria por tu valor.

Y gallardamente se fue don Alfonso
aceptando el fallo de la democracia
y por toda España se cantó un responso
como funerales de la aristocracia.

Al subir a bordo oyó en una barca,
a un grupo de obreros gritando con saña:
“¡Muera Alfonso XIII, abajo el monarca!”
Y el rey destronado dijo “¡Viva España!”

España resurge, otra vez despierta,
a las realidades que impone la historia.
España renace, España esta alerta,
y de nuevo marca en pos de la gloria.

España, España tu valentía
la monarquía ya destruyó
España, España tu vieja historia
tiene otra gloria por tu valor.

Y al partir con rumbo hacia el extranjero
le dejó a su pueblo una alocución.
Fue una despedida un adiós postrero,
pero nada dijo de la abdicación.

En un tren expreso la reina Victoria,
salió con sus hijos para la frontera.
Por un accidente en la trayectoria,
llegaron a Francia viajando en tercera.

España, España, tu valentía
la monarquía ya destruyó.
España, España, tu vieja historia
tiene otra gloria por tu valor.

Y Madrid vestido ya de primavera,
vio flotar airosa en la Castellana,
y sobre el palacio en España entera,
la nueva bandera la republicana.

Se instaló el gobierno y el primer decreto,
junto a toda España bajo ley marcial.
Luego en su programa dijo don Niceto,
que ¡habrá una asamblea constitucional!

América espera, que de nuevo brote
con la rebeldía, y dificultad,
la justicia hidalga del buen Don Quijote,
el perdón sereno y la libertad.

España, España, tu valentía
la monarquía ya destruyó;
España, España, tu vieja historia
tiene otra gloria por tu valor.

(Letra y música: “Guty” Cárdenas, 1931)

Bizkaiko Errepublikazaleen Ateneorantz
https://errepublikaplaza.wordpress.com/2016/10/08/la-republica-en-espana/

Los viejos rockeros nunca mueren: Mike Jagger contra la nueva normalidad

El cantante de los Rolling Stones, Mick Jagger, acaba de publicar una canción, títulada “Eazy Sleazy”, contra el confinamiento impuesto por el gobierno de Boris Johnson, uniéndose a Van Morrison, Eric Clapton y otros artistas. La letra no tiene desperdicio:

Nos lo tomamos al pie de la letra
Los números eran tan sombríos…
Mangoneados por imbéciles
de rígidos labios superiores
Caminando por el patio
Intentas tomártelo a cachondeo
Debes pensar que yo soy muy espeso

Estudiando las cifras con una lupa
Se cancelan todas las giras
En el fútbol se ponen aplausos falsos
No más folletos de viaje
Estrenos virtuales
No me queda nada que ponerme

Mirando desde los muros de esta prisión
Tienes que robarle a Peter si vas a pagar a Paul.
Pero es fácil, fácil
Todo se va a tornar muy raro
Pero bien por la noche
Pronto será un recuerdo
que intentarás recordar para olvidar.

Bonita mascarilla
Pero no te arriesgues nunca
Estúpido baile Tik Tok
Tomé una clase de samba
Me caí de culo
Intento escribir una canción
Será mejor que te pongas en contacto por Zoom
Reviso mis libros pedantes
Aprendo a cocinar
Demasiada televisión
me está lobotomizando
Creo que he ganado peso
Voy a buscar otro trago
Luego limpiaré el fregadero

Escapamos de los muros de esta prisión.
Abrimos las ventanas y abrimos las puertas

Pero es fácil, fácil
Todo se va a poner de miedo.
Bien por la noche
Será un jardín de delicias terrenales
Fácil, sórdido
Todo va a ser suave y grasiento

Fácil, créedme
Sólo será un recuerdo
que intentas recordar para olvidar.

Inyección de vacuna
Llevo a Bill Gates en la sangre
Se trata de control mental
La tierra es plana y fría
Nunca se va a calentar
El Ártico se ha convertido en aguanieve
La segunda llega con retraso
y hay extraterrestres en el Estado profundo.

Hemos escapado de los muros de esta prisión
Ahora estamos fuera de los muros de esta prisión
Tienes que pagar a Peter si le estás robando a Paul
Pero es fácil, fácil
Todo va a ser muy raro
Bien por la noche
Nos llevan de vuelta al paraíso
Sí, fácil, creedme
Sólo será un recuerdo
que intentas recordar para olvidar.
Fácil y con queso
Todo el mundo cantará Please please me
Sólo será un recuerdo
que intentas recordar para olvidar.

Mick Jagger no se olvida de ninguno de los tópicos absurdos que las televisiones han ido fraguando en torno a la pandemia. No deja títere con cabeza. Al final se adelanta a los acontecimientos y a las acusaciones que le llegarán por parte de los “expertos” de pacotilla: conspiranoico, terraplanista… No se olvida de ninguna gilipollez.

Francia desafía el toque de queda para cantar y bailar en las estaciones

Queremos seguir bailando de nuevo
ver cómo nuestros pensamientos abrazan nuestros cuerpos
pasar nuestra vida en un pentagrama de acordes
Oh, no, no, no, no

Somos aves de paso
nunca dóciles ni verdaderamente sabios
No prometemos sumisión
al alba en cualquier circunstancia

Venimos a romper el silencio
y cuando por la noche en la televisión
habla el buen rey
y anuncia su dictamen,
mostramos irreverencia
pero siempre con elegancia

Auto-metro-curro-consumo
firmamos nuestra autoinculpación
tonterías sobre la prescripción
Y pobre del que piense
y ay del que baile

Toda medida autoritaria
cada tufillo de seguridad
hunde nuestra confianza
Son tan insistentes
Para confinar nuestra conciencia
Oh, no, no, no, no

No nos dejemos impresionar
por toda esa gente irracional
vendedores de miedo en abundancia
Mantengámoslos a raya
penosos hasta el punto de la indecencia
Por nuestra salud mental
Por nuestra cordura social y medioambiental

Nuestras sonrisas, nuestra inteligencia
No nos quedemos sin resistencia
Los instrumentos de su locura
Oh, no, no, no, no

Nous, on veut continuer à danser encore
Voir nos pensées enlacer nos corps
Passer nos vies sur une grille d’accords
Oh, non, non, non, non, non

Nous sommes des oiseaux de passage
Jamais dociles ni vraiment sages
Nous n’faisons pas allégeance
À l’aube en toutes circonstances

Nous venons briser le silence
Et quand le soir à la télé
Monsieur le bon roi a parlé
Venu annoncer la sentence
Nous faisons preuve d’irrévérence
Mais toujours avec élégance

Auto-métro-boulot-conso
Auto attestation qu’on signe
Absurdité sur ordonnance
Et malheur à celui qui pense
Et malheur à celui qui danse
Chaque mesure autoritaire
Chaque relent sécuritaire
Voit s’envoler notre confiance
Ils font preuve de tant d’insistance
Pour confiner notre conscience
Oh, non, non, non, non, non

Ne soyons pas impressionnables
Par tous ces gens déraisonnables
Vendeurs de peur en abondance
Sachons les tenir à distance
Angoissants, jusqu’à l’indécence
Pour notre santé mentale
Sociale et environn’mentale

Nos sourires, notre intelligence
Ne soyons pas sans résistance
Les instruments de leur démence
Oh, non, non, non, non, non

Originalmente “Danser encore” es una canción de Colagero que ha sido versionada por HK & Les Saltimbanks para convertirse en un himno contra el confinamiento que está siendo interpretada en las estaciones ferroviarias de París, violando las restricciones sanitarias.

Dos películas contra la caza de brujas que merece la pena recordar

La película Punto de mira (“One of the Hollywood Ten”), se estrenó en 2001 y fue escrita y dirigida por el galés Karl Francis. Actualmente se puede ver en Amazon.

Centrada en la caza de brujas organizada por el senador estadounidense Joseph McCarthy, relata la carrera artística del director Herbert J. Biberman, que formó parte de los llamados “Diez de Hollywood”, un grupo de cineastas acusados de pertenecer al Partido Comunista.

En 1947 la Comisión de Actividades Antiamericanas empezó a investigarle, y cuando se negó a responder a las preguntas sobre su afiliación al Partido Comunista, Biberman acabó en prisión durante 6 meses por defender sus convicciones antifascistas.

Biberman formó parte de las listas negras de Hollywood junto a su esposa, la actriz Gale Sondergaard y obtuvo notoriedad a raíz de su obra maestra “La sal de la tierra”, una película de 1954.

“Punto de mira” arranca con la ceremonia de entrega de los Oscar de 1937, en la que Sondergaard gana el premio a la mejor actriz de reparto y en la ceremonia pronuncia un discurso contra el fascismo, inédito en la época más dorada de Hollywood.

Tanto Biberman como Sondergaard fueron represaliados y perseguidos, personal y profesionalmente. El rodaje de “La sal de la tierra” tuvo que superar una cadena de sabotajes, tanto de la industria cinematográfica, como del FBI, que puso en pie a una banda de matones para impedir la realización de la película.

La actriz protagonista, la mexicana Rosaura Revueltas, fue deportada y la persecución se extendió al guionista, al productor, al compositor y al actor Will Geer.

La película relata una huelga que protagonizaron los mineros de Nuevo México, una dura y amarga batalla en la que las mujeres desempeñaron un papel decisivo.

La censura no pudo impedir que “La sal de la tierra” acabara siendo uno de las pocas películas preservadas por la Librería del Congreso de los Estados Unidos por su importancia histórica y cultural.

Para ver ‘Punto de mira’

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Para ver ‘La sal de la tierra’

Victoria Abril como Juana de Arco

Demasiado famosa para ningunearla, lo que procedía era lapidarla, crucificarla y enviarla a la hoguera. Sale una voz -cada vez más- discordante con el mantra general y uniforme y unifirme, que pía por sí misma, con criterio, que no habla por boca de ganso, que tiene capacidad crítica y cognitiva, que sabe las negativas consecuencias de sus declaraciones -«nos están utilizando como a cobayas metiéndonos en el cuerpo una cosa que ni ellos saben lo que es», refiriéndose a las vacunas- y no le importa: «ya más no me podéis quitar», que le da igual que la llamen «conspiranoica», que no habla de la implantación de siniestros chips en los cuerpos para «dominar -espectralmente- el mundo», como si fuera un tebeo, y por aquí, por este flanco, la podrían atacar, pero no, no ofrece esta ventaja, que habla del miedo inoculado, esto sí, en las masas, sometidas a estados de alarma, toques de queda, confinamientos, mascarillas (que ella no lleva), que desenmascara las «cepas» que surgen como setas, de los muertos tras ponerse las vacunas, que, en definitiva, no traga con las neolenguas del discurso dominante transmitido a diario por los venales medios de comunicación y desinformación lavando el cerebro de las personas, es, decimos, nuestra heroína, linchada y estigmatizada por las voces mediáticas de su amo. Desde las más burdas a las más refinadas. Todas al servicio del Gran Hermano que obedece, a su vez, al capitalismo: control social, amedentramiento, nuevos ciclos de acumulación de capital y hasta neomalthusianismo con ribetes eugenésicos.

Un cínico, amoral y criminal como Felipe González, pensando que el género humano es como él, esto es, muñidor, tramposo, tahur, camandulero y felón, preguntaría que qué necesidad tenía una actriz famosa como Victoria Abril de meterse en estos carajales y berenjenales y complicarse la jubilación sabiendo de antemano cómo se las gasta la cloaca y purria mediática. Evidentemente la artista madrileña dice lo que dice segura de sí misma en todos los órdenes, de ahí su desgañitado «ya más no me podéis quitar», otrosí: ya no me podéis joder más, que os den por saco. Ni da el brazo a torcer ni rectifica ni «matiza» sus declaraciones (como Echenique de tan poco aliento ante los tribunales de la Inquisición política que es eso que llaman hoy «opinión pública» perfectamente timbrada y masajeada): una mujer digna. Alcemos la copa.

Pablo Hasel: un recorrido de solidaridad desde Euskadi hasta Venezuela

Hace poco menos de 10 años, en la primavera de 2011, me encontraba junto a un puñado de soñadores, canalizando pasiones y energías en mantener viva una radio libre que tenía base en Algorta. La radio contaba con un área de emisión que abarcaba una buena parte de Bizkaia y se llamaba Koska Irratia.

Como no teníamos ningún tipo de financiamiento oficial, el alquiler del local, el del repetidor y todos los demas gastos los solventábamos mediante noches infinitas en turnos de txosnas, rifas, sorteos y aportes colectivos.

Una de las formas que vimos para conseguir apoyos y visibilidad para la radio fue la de intentar organizar conciertos solidarios en los gaztetxes de la zona, con los que intentábamos tejer, día a día, programa a programa, redes de comunicación popular, además de intentar despertar en chicos y chicas de la zona, la pasíon por la radio y su infinita potenciabilidad.

Los pocos que nos pusimos la mochila al hombro de intentar organizar algo, teníamos poca o nada experiencia en el tema, pero como habíamos hecho cosas mucho más grandes en el estudio de la radio, lo intentamos con pasión, como habíamos hecho en tantas ocasiones.

En esos meses, ya había empezado a tener repercusión un chico bastante atrevido y valiente, llamado Pablo Hasél, que con un micrófono en la mano decía muchas verdades incómodas. Como no teníamos mucho que perder, le escribí un mensaje, sin haber hablado nunca antes con él. Le dije que no teníamos un euro, pero que podíamos pagarle el autobús desde Lleida y que lo alojaríamos en alguna casa.

En menos de un día, me respondió que estaba muy agradecido y que le encantaría venir, ya que solo había estado una vez en Gasteiz. Me dijo que quería venir también su compañera, y que ellos pagarían el billete de bus adicional.

En pocos días, preparamos campaña de prensa, carteles, cuñas de radio y tiramos contactos para sumar compañeros a la fiesta, teniendo en cuenta que en ese momento eran pocos los conciertos de rap o hip hop que se realizaban en Gaztetxes. Una aventura, de las buenas.

Al poco tiempo la noche tomó forma al sumarse la peña de 121 Krew con Endika como contacto y nexo, y junto a ellos dos chicos que comenzaban bajo el nombre de Revolta Permanent y que llamaban la atención, pese a su poca experiencia.

Preparativos, tensión, expectativas y visibilización junto a los primeros pasos de la gente en redes sociales. Mucho apoyo virtual, pero poca presencia física. Llegó el día anterior y como quedamos, Pablo y su compa, de la que no recuerdo el nombre, llegaron para alojarse en mi casa, dónde si no, para no perder dinero con la aventura del fin de semana.

En casa teníamos una habitación libre y como yo era uno de los “organizadores” hice de cocinero para los grupos y de lo que hizo falta. La noche salió bien, vino poca gente, que expresaba su agradecimiento por la posibilidad de organizar algo diferente, pero fue mucha más la que se enteró y por lo que sea no vino.

No ganamos, ni perdimos plata, conseguimos visibilidad, algo que no era poco, según las previsiones del momento. En lo económico, terminamos igual de mal que como estabamos. Contentos, pero cansados.

Los que se enteraron, y se pusieron manos a la obra desde tiempo antes, fueron los mercenarios a sueldo del juez o la jueza que una década después lo encarcelarían. Los cuerpos represivos del Estado ya estaban juntando pruebas para causas futuras y cualquier detalle podía serlo. Sus canciones comenzaban a tener difusión y ya era “peligroso”.

Fueron días de presión, seguimientos, bicicletas extrañas encadenadas en la puerta de casa durante pocas horas, y demas variantes “oficiales”. Y claro, les debía llamar la atención que un “argentino” militante de Askapena lo invitara a su casa para tocar en un gaztetxe en Euskal Herria.

Pablo se fue muy agradecido, en un sentimiento recíproco, porque sabíamos que fuimos con la verdad por delante y el valoraba mucho haber podido conocer un pedacito de Euskal Herria, en el que fuera el primer paso de muchos más que dió en solidaridad con este pueblo, con sus luchas y con sus hijos e hijas represaliadas.

La vida siguió como ya saben, Koska Irratia cerró sus puertas y a Pablo comenzaron a fabricarles causas, hasta su primera detención. A los pocos días de la misma, recibí un mensaje de la que era su compañera diciendo que uno de “los temas” durante los interrogatorios era sobre sobre su estadía en casa.

Todo lo que hizo y mostró Pablo fue generosidad, respeto, admiración, y solidaridad con este, mi pueblo. Y es lo mínimo que debería recibir en este momento. El se llevó muchas cosas en la cabeza de ese fin de semana, imágenes y denuncias que formarían parte de canciones y poemas futuros.

Un camino de solidaridad e internacionalismo que lo terminó llevando hasta Venezuela, haciendo frente al intento de invasión militar desde Colombia “musicalizado” por Miguel Bosé y Alejandro Sanz.

Me duelen muchísmo las acusaciónes, sin firma y fuera de contexto que se realizan contra su persona, porque la cambiante realidad política y las agendas locales, no puede pesar por sobre todas las cosas.

Veo con dolor, a conocidos y conocidas que se hacen eco de dichas descontextualizaciones y que arrastran a muchos y muchas a escribir cosas como “Ya me olía mal este tío”, “No era de fiar”, o “No hay que crear dioses”.

Siento verguenza propia y ajena, pero se que es algo que “me pertenece” y si lo hago público es porque en este momento, además de denunciar su detención, es lo poco que puedo hacer por Pablo.

¡Libertad Pablo Hasél!

Facundo Aznarez https://www.resumenlatinoamericano.org/2021/02/21/pensamiento-critico-por-pablo-hasel/

Pablo Hasel: primer poema desde las mazmorras

Los disturbios más violentos
suceden a diario:
la miseria, la explotación,
las guerras imperialistas, la represión…

Y los hipócritas que no condenan
esa criminal violencia opresora
condenan furiosos y veloces la autodefensa.

Ahora, desde su cómoda falta de empatía,
se escandalizan por los altercados
tras el terrorismo de mi encarcelamiento,
pero no lo hacen cuando nos impiden
hasta usar la palabra
para denunciar sus crímenes y torturas.

Impidieron ellos la vía pacífica
y encima nos llaman violentos
por no aplaudir cuando nos golpean.

Odiamos sus violentas injusticias
con las que se enriquecen,
así que nosotros somos los verdaderos antidisturbios
porque cuando con lucha conquistemos vidas dignas
se acabarán sus disturbios genocidas
y los disturbios que responden a estos.

https://insurgente.org/pablo-hasel-escribe-y-envia-esto-de-la-carcel/

La ‘política’ está hecha unos zorros

Leí unas líneas de un viñetista que resumía cien conferencias y cuarenta discursos, y decía: «En España no se hace política sino simplemente se lucha por los sillones. La política ha dejado paso a una pelea de señores/as que luchan por tener un sillón donde ganar un buen sueldo y, si es posible, hacerse millonario, mientras el común de los mortales lucha por sobrevivir tras haber perdido totalmente la confianza en esos políticos». Cualquier campaña electoral previa a unas elecciones podría leerse como un «quítate tú para ponerme yo», o, dicho en argenta, «quítate, que ya has robado bastante, y ahora me toca a mí robar». Y para «compensar», se inventaron las «puertas giratorias», cosa que no había en el bipartidismo decimonónico. O igual sí. Como el bipartidismo actual que dio en llamarse «II Restauración» y al que recién se apuntaron otros partidos que ustedes saben para sacar tajada en el pastel institucional. Han conseguido desprestigiar la palabra «política» y, por consiguiente, a los «políticos», que se identifican con logreros, arribistas y oportunistas cuyo descontento es aprovechado siempre por demagogos fascistas y militares. Pero asistimos a una descomposición: el sistema capitalista, y una degeneración como correlato: la casta política. Molicie y parasitismo.

Gobernar es una ciencia. Al menos así se entendía en la Grecia Clásica. “Política” significó, en principio, todo lo que se refiere a la ciudad, las cosas de la ciudad. Se concibe la vida política como única vida humana posible. Podrían existir ciudades griegas sin acrópolis, pero no sin agora, la plaza pública. Atenas es la primera ciudad-estado en la que se funda una institución destinada al estudio científico de la política y de la educación del estadista: la Academia platónica. Desde el Renacimiento, la política como técnica, se ha configurado como un instrumento para la consecución del poder y para, una vez obtenido, conservar su detentación, es decir, como un medio; Machiavelo, fundador de la ciencia política como tal, podría ser considerado su máximo exponente, a pesar de la mala fama que arrastra su sustantivación: maquiavelismo. Mientras que en la Hélade (siglos IV y V antes de nuestra Era) fue un saber deseable por sí mismo, un fin.

El primer paso en dirección a la democracia lo dio Solón que, elegido arconte, se convirtió en el legislador de Atenas por excelencia, como Licurgo de Esparta (Ángela Sierra dixit). Dividió el censo de Atenas en cuatro clases según la cuantía de las rentas percibidas, no por razones de nacimiento. Era la fortuna y no la nobleza de sangre el criterio diferenciador. El arcontado estaba reservado a la clase económicamente más alta, no a la más noble. Pero el mayor paso fue la constitución de un
tribunal de apelación al que se proveía de jueces por sorteo, poderosa arma en manos del demos para contener el arbitrio de la aristocracia, algo que criticará Sócrates.

Mediante la política, entendida a la griega manera, le era posible al individuo cumplir su finalidad moral. La política, hay que subrayar esto, no tenía ni para Sócrates ni para Platón carácter autónomo respecto de la moral (algo hoy impensable donde lo que priva es la amoral precisamente). Los sofistas perseguían una eficacia al servicio del interés de la clase política ejerciente; Sócrates, y luego Platón, pretendían asegurar el interés general y el bien común. Es hora ya de decir, llegados a este punto, que una característica esencial de la democracia ateniense es que el ejercicio de los derechos políticos era muy restrictivo, estaban excluidos de su posesión las mujeres, los extranjeros y los esclavos (un esclavismo sin el cual, históricamente hablando, no se hubiera llegado al socialismo, al decir de Engels).

Ya en la época de Sócrates resultaba ilusorio un conocimiento técnico universal. De ahí que reclamara un conocimiento especializado. Se quejaba de que para el gobierno de la ciudad todo el mundo se consideraba apto (como todo quisque tiene su equipo ideal de fútbol, dijéramos). Cuando Sócrates criticaba el proceso de selección de la clase política (por sorteo, por ejemplo), lo hacía desde el punto de vista moral y de la formación técnica. Objetaba que era irracional dejar al voto o al azar la elección de quien debía de tener responsabilidades de gobierno. El sistema existente consagraba que fuese la casualidad y no, por el contrario, la competencia probada (no exactamente igual, pero algún parecido hay con el sistema de listas cerradas hoy vigente).

Oponía Sócrates el conocimiento del ser (episteme) y el mundo de la opinión (doxa), la contraposición que había hecho Parménides mucho antes que él, entre alethia (verdad) y doxa. En la oposición de episteme y doxa se contraponen la concepción de una ciencia verdadera de lo real -que es la episteme- a la doxa, siendo concebida esta última como representación fundada en la apariencia de las cosas, susceptible, por tanto, de incurrir en engaño sobre lo real. Para Platón, que distinguirá entre la opinión general o común y la personal e individual, la inteligibilidad de las cosas que se deriva de una y otra no son ni siquiera relacionables porque no están situadas en un mismo plano. Una en el plano de la razón, otra en el de los sentidos. Una pertenece a la esfera de lo cognoscible y otra a la esfera de lo opinable (piénsese en la «opinión pública» como instrumento justificativo de «políticas» concretas y acaso discutibles). Platón habla de la opinión como un dominio intermedio situado entre el conocimiento y la ignorancia. Y lo que Sócrates demanda es un saber que no precise, para provocar el convencimiento, contar con el apoyo de las emociones de los individuos (justo lo contrario de lo que hoy se hace mediante chantajes emocionales lo mismo, vale decir, instando a vacunarse contra el coronavirus que amenazando indirectamente con insertarte en una especie de «pasaporte sanitario», o lista negra, si no lo haces, esto es, discriminarte).

En fin, para un ateniense el ejercicio de los derechos de ciudadanía era un deber, pero era también un orgullo del cual se vanagloriaba. La dedicación exclusiva, por ejemplo, a los negocios privados era considerada como una conducta antisocial. De ahí la «filantropía» de magnates y ricachones donando bienes -o equipos quirúrgicos, como Amancio Ortega- a la sociedad, como hacían los Carnegie, Rockefeller, Morgan, Rothschild o los mecenas renacentistas. O los Césares romanos con su evergetismo.

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