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El FBI vigiló a Marilyn Monroe por sus opiniones políticas progresistas

En 2012 se publicaron los archivos que documentan las vigilancias del FBI sobre Marilyn Monroe. El control sobre la actriz comenzó en 1955, cuando solicitó un visado para viajar a la Unión Soviética, y se centra principalmente en sus viajes y reuniones, buscando sus vínculos con los comunistas.

El FBI nunca encontró pruebas de que fuera miembro del Partido Comunista. Sin embargo, los policías estaban especialmente preocupado por los contactos de Monroe con personas que tenían un historial políticamente progresista. Durante el maccarthismo cualquier posicionamiento crítico era equiparado al comunismo y a la URSS.

Los últimos documentos del archivo están fechados en 1973, más de una década después de su muerte por sobredosis de barbitúricos el 4 de agosto de 1962, cuando tenía 36 años de edad.

Según los archivos del FBI, Marilyn estableció contacto con el expatriado estadounidense Frederich Vanderbilt Field, que residía en México. Field había sido desheredado por su familia por sus opiniones progresistas.

En su autobiografía, titulada “De la derecha a la izquierda”, Field escribió sobre los fuertes sentimientos de Monroe por la justicia: “Nos habló de sus fuertes sentimientos por los derechos civiles”, escribió, “por la igualdad de los negros, así como de su admiración por lo que se estaba haciendo en China, su ira por la caza de brujas contra los rojos y el macartismo, y su odio a J. Edgar Hoover”, el director del FBI.

Según los archivos del FBI, el último viaje de Marilyn a México fue varios meses antes de su muerte el 19 de febrero de 1962.

Otra razón por la que Monroe fue incluida en la lista del FBI fue su relación con el dramaturgo progresista Arthur Miller, que más tarde se convertiría en su marido. En 1955 empezó a salir con Miller, que ya estaba en la lista negra por sus opiniones políticas.

En 1956 Miller fue citado por el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes tras intentar renovar su pasaporte. A principios de los años sesenta, el FBI estaba convencido de que Monroe no estaba afiliada al Partido Comunista. “Sus puntos de vista son de izquierda de manera muy positiva y concisa; sin embargo, si es utilizada activamente por el Partido Comunista, no es de conocimiento común entre quienes trabajan con el movimiento en Los Ángeles”, escribió un policía en un informer dirigido a Hoover.

La obsesión del FBI por Marilyn Monroe se basaba en el hecho de que era una de las estrellas de Hollywood más populares, con una base de seguidores de millones de personas en Estados Unidos y en el extranjero, que podrían haberse visto afectadas por sus opiniones políticas.

El comentarista de radio, Walter Winchell, llegó a emitir un artículo en el que decía que la actriz era “la favorita de la intelectualidad de izquierdas, varios de los cuales figuran como frentistas rojos”.

La propaganda de Hollywood eliminó esa imagen y la sustituyó por otra: Monroe era una “rubia tonta” que sólo atraía por su físico. Sin embargo, se trataba de una persona sensible e inteligente. Al proceder de la clase trabajadora, se mostró siempre preocupada por la igualdad y la justicia.

La trituradora capitalista la trató siempre como un objeto sexual y una máquina de hacer dinero. Finalmente acabó matándola. Sería bueno romper el cliché trillado que ha legado la propaganda burguesa.

De la naturaleza de las cosas

O, en latín, “De rerum natura”, libro de Lucrecio donde se defiende el epicureísmo.

El comunismo, por ejemplo, forma parte de la naturaleza de las cosas. Pero, como dijo Rousseau, hubo una vez quien, cercando un terreno, dijo “esto es mío”, y hubo quien le creyó, creando la sociedad civil. No fue así, evidentemente, pero rima bastante.

Jon Odiozola, “Bianchi”

Ocurre que la naturaleza de las cosas se suele aplicar a los fenómenos físicos excluyendo los sociales. Y así como estå claro que el agua pasa a ser vapor a los 100 grados, no lo está tanto que el comunismo se imponga por su propia fuerza o por inercia. Y, sin embargo, todo tiende al comunismo y acabaría en comunismo siempre que las condiciones sean libres, es decir, nada se oponga por la fuerza. Si así fuera, el comunismo se habría impuesto hace mucho tiempo. A los intentos de establecerlo se les llamo “utopías”: Moro, Campanella, etc., autores que acabaron de mala manera.

Lo que se defendía, se justificaba y se glorificara era la propiedad privada, sobre todo de los medios de producción bajo el capitalismo especialmente. Un capitalismo que vino al mundo chorreando sangre imponiendo su ley a sangre y fuego. No importaba que cada vez más, como dijera Marx, se viera el carácter social de los medios de producción en contradicción con su forma de apropiación, sino que todas las fuerzas políticas y fácticas, Ejércitos, Gobiernos, Iglesias, se unieron contra ese “fantasma que recorría Europa”, como empieza el Manifiesto Comunista de 1848.

Asistimos, pues, en la historia, al continuo intento de desnaturalizar -en sentido roussoniano- violentamente el curso de la naturaleza de las cosas que llevaría al triunfo del comunismo, y al fenómeno subsiguiente de la lucha de clases, que es en lo que estamos. Por eso sabemos que el comunismo no se impondrå por la fuerza indiscutible de su doctrina, o por sí mismo, sino por la fuerza de la revolución.


“Bianchi” es el seudónimo que utilizaba nuestro colaborador Jon Odriozola, periodista que falleció el mes pasado en Bergara, Gipuzkoa, a los 67 años de edad. Esta tarde se le rinde un homenaje a las 6 de la tarde en el gaztetxe Makala de Barakaldo, de donde era oriundo.

Los grandes mitos tecnológicos de Silicon Valley se hunden

El capitalismo no deja de serlo porque sólo venda humo. Símbolos de una “nueva economía” que debía acabar con la antigua, Uber, Netflix, Airbnb y WeWork, los mayores éxitos de Silicon Valley en la segunda década del siglo, ya no son el sueño de los especuladores. La cotización de sus acciones ha caído en las bolsas. Los innovadores de ayer se han convertido en los reyes de su sector, pero los fallos de su modelo están saliendo a la luz y plantean dudas sobre su futuro.

Querían revolucionar los hábitos gracias a la tecnología, destruir la vieja economía y hacerse muy ricos. En la segunda década de este siglo, Uber, Netflix, Airbnb y WeWork eran la cartelera de Silicon Valley. Después de los Gafam (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft), que sacudieron los mercados mundiales en la primera década, los recién llegados se aprovecharon de la revolución digital, gracias a novedades que pillaron desprevenidos a los protagonistas tradicionales y cambiaron el panorama.

Gracias a Netflix, cientos de millones de personas ven ahora la televisión por internet y permiten que un algoritmo les sugiera contenidos adaptados a sus gustos, para verlos cuando quieran. Llegar a casa por la noche cuando no hay transporte público ya no es un problema. Uber ha simplificado el transporte de pasajeros con conductor y ha obligado a los profesionales del taxi a modernizarse. Airbnb ha permitido que cualquier persona pueda alquilar su propiedad e ir a cualquier parte del mundo sin pasar por un hotel, al tiempo que se beneficia de servicios similares a los de un hotel si lo desea. Por último, WeWork ha transformado las oficinas en un servicio que puede adaptarse a voluntad.

Estas grandes innovaciones se han visto recompensadas con una adopción masiva por parte de la población y unas valoraciones extraordinarias en bolsa. El año pasado, Netflix, Airbnb y Uber alcanzaron sus máximos históricos en bolsa: más de 300.000 millones de dólares la primera, 120.000 millones la segunda y 91.000 millones la tercera. Por su parte, WeWork tuvo su punto álgido en 2019, cuando se valoró en 47.000 millones de dólares antes de su salida a bolsa, antes de que estallara su burbuja.

Hoy, la situación es muy diferente. Netflix ha perdido casi el 70 por cien de su valor y ahora vale menos de 82.000 millones de dólares. El valor de Uber se ha reducido a más de la mitad, hasta los 42.000 millones de dólares. Airbnb se mantiene estable en torno a los 60.000 millones de dólares, y WeWork vale ahora 3.600 millones de dólares. La caída de la cotización de las acciones desde principios de año llega impulsada por la subida de los tipos de interés y la inflación.

Empiezan a aflorar los puntos débiles de los falsos profetas. Cuando el crecimiento se ralentiza, ¿se mantiene su modelo de negocio innovador? La de Netflix, que se quedó sin suscriptores por primera vez en su historia en el primer trimestre de este año, está siendo cuestionada. Uber nunca ha sido rentable y en Europa se enfrenta a un escándalo sin precedentes. En cuanto a Airbnb y WeWork, ¿son algo más que empresas inmobiliarias?

Uber, un modelo de negocio insostenible

El hilo común entre estos cuatro gigantes en declive es, en última instancia, su incapacidad para cumplir su promesa inicial: acabar con la industria tradicional, o al menos cambiarla desde los cimientos.

Viajes un 30 por cien más baratos que un taxi, un conductor amable que llega en pocos minutos, un servicio de atención al cliente impecable con una botella de agua y caramelos, la tarifa calculada de antemano y pagada automáticamente en cuanto se baja del vehículo: a principios de 2010, muchos creían que los taxis -percibidos como arcaicos, caros y opacos- nunca se recuperarían.

El tiempo ha demostrado que si bien Uber ha revolucionado efectivamente el mundo de los VTC (vehículos de transporte con conductor), su modelo de negocio es insostenible y logra beneficios a costa de la precarización del trabajo de los conductores. El año pasado valía 91.000 millones de dólares en bolsa, pero nunca fue rentable. Una vez terminada la luna de miel con los conductores, el modelo depredador de la plataforma, que cobra un 25 por cien de comisión sobre el precio del trayecto, provocó importantes movilizaciones, en especial la rebelión de los taxistas desde la misma llegada a España en 2014, con la quema de vehículos de la empresa. El modelo del falso autónomo se ve cada vez más como una forma de empleo asalariado encubierto y de precariedad laboral.

En varios países, las sentencias judiciales han recalificado el vínculo entre los conductores y su plataforma como un contrato de trabajo asalariado, lo que plantea dudas sobre la sostenibilidad del modelo de Uber, además de preguntas legítimas sobre los métodos agresivos e ilegales de la empresa. Las ventajas de la plataforma en sus inicios -servicio muy superior al de los taxis a precios bajos- ya no son necesariamente una realidad: en las ciudades, algunos trayectos de Uber son ahora tan caros como los de los taxis.

¿Telebasura? Netflix vuelve a la televisión tradicional

Netflix ha sido quizás la más fantoche de las nuevas empresas tecnológicas. Ahora está sufriendo la mayor caida en bolsa. Durante años, sus cabecillas han despreciado públicamente el modelo lineal de televisión -un episodio de una serie por semana- y su avalancha de publicidad. Al ofrecer todos los episodios de una temporada a la vez, el espectador ve lo que quiere y cuando quiere, sin anuncios.

Las audiencias de las televisiones convencionales envejecen pero resisten. Netflix ha empujado sobre todo a los estudios, propietarios de los canales de televisión más vistos en Estados Unidos, a acelerar su transformación digital poniendo en valor su catálogo de series y películas, pacientemente construido durante décadas, en su propia plataforma. A partir de 2019 los mayores estudios (Paramount, Universal, Disney, Warner) lanzaron su propia plataforma. Con una mayor profundidad de catálogo que Netflix, sin necesidad de invertir tanto dinero cada año en contenidos originales, ya que pueden utilizar lo que producen para sus canales.

Esta feroz competencia, unida al hecho de que Netflix ha alcanzado un techo de usuarios en Estados Unidos, ha hecho que la empresa entre en crisis. Desde hace dos años, Netflix cancela cada vez más series después de una o dos temporadas para liberar dinero para producir nuevos programas. Se mueve cada vez más hacia un modo de entrega casi lineal (temporada lanzada en dos o tres ráfagas de episodios), lo que de nuevo se aleja de su promesa original. En los últimos meses, tras anunciar su primera pérdida de suscriptores en 10 años, la empresa ha despedido al 4 por cien de su plantilla y prepara la llegada de la publicidad a su plataforma. La idea es hacer lo que hizo Peacock (la plataforma de streaming de NBC/Universal): fomentar la suscripción, pero también ofrecer una fórmula mixta con anuncios.

Netflix no ha acabado con la televisión convencional. Al igual que Uber, sólo obligó a una industria anquilosada a modernizarse bajo la influencia de lo digital, y se convirtió en uno de sus protagonistas más importantes.

Airbnb y WeWork: lejos de sus ideales

Lo mismo ocurre con Airbnb y WeWork, que simplemente se han convertido, con el tiempo, en cabeceras de su sector y en la encarnación de su transformación digital: reservas nocturnas para el primero, oficinas compartidas para el segundo. Airbnb ha aportado una doble innovación. Por parte de los viajeros, el servicio les ha permitido beneficiarse de una nueva oferta de alojamiento, más convivencial, original y menos costosa (al menos al principio) que un servicio hotelero. Para los arrendatarios, les permitió complementar sus ingresos o rentabilizar su inversión en alquiler aprovechando la ganancia del turismo, antes monopolizada por los hoteles. Pero con el tiempo, los precios de Airbnb han subido, los servicios se han profesionalizado y el espíritu colaborativo de los primeros tiempos es ya sólo un vago recuerdo. La marca se ha convertido más en una oferta complementaria a los hoteles que en una alternativa, con la diferencia de que no es propietaria de ningún inmueble.

Finalmente, después de haber obtenido una valoración de 47.000 millones de dólares vendiendo una “revolución en el trabajo”, WeWork aparece ahora simplemente como lo que es: una empresa inmobiliaria de oficinas. Bajo su impulso, todo el sector se ha modernizado, añadiendo una dimensión digital -WeWork se define como plataforma-, más servicios -catering, correo, limpieza- y ofertas adaptadas a todo tipo de empresas, especialmente a las emergentes, y a las nuevas modalidades de trabajo: teletrabajo, autónomos…

En otras palabras, Netflix, Uber, Airbnb y WeWork han transformado definitivamente su sector, pero se han anquilosado. Su caída en bolsa desde principios de año indica que la “revolución digital” tenía mucho de publicidad y moda, como la gafas de Google  que llamaron de “realidad virtual”.

Pero la ideología de Silicon Valley necesita seguir vendiendo sueños, y ahora ha inventado el metaverso, otro intento de “realidad virtual”, y las NFT, otro mecanismo de especulacion, lejos de la fantasía de una red descentralizada y de la “sociedad de la (des)información”.

En suma, la “nueva economía” es más de lo mismo.

‘Así nos ven’: otro retrato de los montajes policiales en Estados Unidos

Merece la pena ver la serie “Así nos ven” que exhibe Netflix. Dirigida de manera extraordinaria por Ava DuVernay, es la historia real de un sucio montaje policial contra un grupo de adolescentes negros e hispanos.

En una entrevista, la directora dice que el sistema judicial estadounidense no funciona mal: se ha organizado para funcionar de esa manera, buscando chivos expiatorios entre los sectores más oprimidos de la sociedad.

En 1989 una mujer fue asaltada y violada en Central Park al mismo tiempo que un grupo de chavales entre 14 y 16 años se divertían por las cercanías. Nada más sencillo que obligarles a confesar que habían sido ellos y cuando alguien confiesa su culpa no hay manera de solucionar el entuerto. No se necesitan más pruebas.

El futuro de los chavales es la pesadilla carcelaria, las palizas y un futuro marcado por el estigma de “violador” porque los medios de comunicación jalean su caza y captura, en el ambiente gringo típico de racismo y falta de escrúpulos. Trump paga anunción en los periódicos para pedir la pena de muerte a los adolescentes.

Los linchamientos modernos son así. Tienen su publicidad pagada, sus policías pagados, sus fiscales mercenarios, sus periodistas vendidos… No falta de nada para condenar a un grupo de jóvenes por un delito que no han cometido.

Los “salvajes” no eran los niños que fueron al parque a divertirse sino el implacable aparato de represión puesto en funcionamiento para montar un fraude judicial y mediático. Los “salvajes” no estaban en una población de Harlem, miserable y empobrecida, sino en Wall Street.

Ahora algunas facultades de derecho estudian la manera en que la policía lleva a cabo los interrogatorios, cómo se falsifican las pruebas y cómo los demás, fiscales y periodistas, se comen esos montajes sin hacer preguntas incómodas.

Joaquín o el humor sádico

  • Dostó, dostó: creo que sufro de un mal incurable.
  • Usted dirá.
  • Verá, cuando oigo o veo al futbolista cómico o payaso Joaquín no me río; al revés, me da casi por llorar. Le diré más: si estoy solo, no me río, pero si estoy en cuadrilla, simulo que me descojono con risa de hiena para no parecer un insustancial, como dicen en Bilbao. ¿Es grave, Doc?

De hace ya un tiempo acá se está instalando la idea de un futbolista, el bético Joaquín, como quintaesencia del humor hasta el extremo de constituir la piedra de toque que divide a los que tienen sentido del humor y los sosos que no le encuentran la gracia.

Un exponente del nacional-folklorismo -tipo Lola Flowers- cuajado de tópicos y olés y ojús, de la “grasia” estereotipada de los hermanos Álvarez Quintero y su andalucismo prototípico pasado por el pasapuré del antonomásico senequismo del, primero, falangista, y, luego, monárquico, gaditano José María Pemán, cuyo vórtice es el cliché del andalucismo folklórico y el andaluz “gracioso”. Al igual que el vasco serio y noble, o el catalån fenicio o el baturrismo cazurro del aragonés y otras “construcciones” e hipotipos sociológicos que se pusieron de moda a finales del siglo XIX con el positivismo o, mejor, el romanticismo de Herder y su “volkgeist”, describiendo y pintando el “alma” de los pueblos (el “alma vasca” escribiría Unamuno).

Ignora Joaquín el dicho epicúreo, o tal vez quijotesco, que dice que “nada en demasía”. Las cosas en su justa medida. Y, como diría Bergamín, las cosas en su sitio y no como están. Salirse de madre es sadismo, humor sádico y ofensivo en este caso. No se ríe Joaquín del Valencia, pero lo anihila, volviéndolo dos veces perdedor, humillándolo imperialmente con el romano vae victis! Pero la culpa no es de un patán como éste, ni menos de quienes no han podido transmitir otros valores -además de los gringos winners y losers- por ser perseguidos por lo cañí en Celtiberia show.

La calle es de la policía

En 1976, cuando la transición balbuceaba torpemente, el ministro de Interior, Fraga Iribarne, dijo “La calle es mía”. Se refería a la policía que operaba bajo sus órdenes. Nadie se podía mover en la vía pública sin pedir permiso a la policía y, al final, las manifestaciones debieron “comunicarse” previamente a “la autoridad competente”.

Ahora HBO estrena una serie de televisión titulada “La ciudad es nuestra”, o sea, de la policía de Baltimore, que sigue el guión de los autores de “The wire”, una de las mejores que se han podido ver en ese formato.

En aquella serie, el periodista David Simon rompió los tópicos de las películas policiacas estadounidenses. No debería ser una sorpresa llevar a la televisión un relato de hechos que son cotidianos en las tareas represivas de cualquier policía, pero “The wire” logró asombrar al espectador con la mayor naturalidad.

20 años después vuelven Baltimore y sus policías, que podía ser cualquier otra ciudad y cualquier otra policía.

En 2015 estallaron en Baltimore graves disturbios a raíz del caso de Freddie Gray, un negro que murió mientras estaba detenido por la policía. Aquel año la tasa de homicidios alcanzó su cifra más alta en dos décadas. En una ciudad de apenas 600.000 habitantes, cada día es asesinada una persona.

En “La ciudad es nuestra” la crítica a la policía es implacable porque la represión no tiene remedio y la corrupción tampoco. Es lo que ocurre cuando otorgas carta blanca a un cuerpo de funcionarios y le das una pistola.

Entonces los medios hablan de “corrupción policial” y a veces de “abusos” o “excesos” de la policía, y para ello es necesario que los atropellos y crímenes salten a los noticiarios. Entonces hay que rebajar la tensión: son los “garbanzos negros” que aparecen en toda colectividad, son la excepción, etc.

Si en lo cotidiano la represión policial es aniquiladora, resulta aún peor cuando se crean esas “unidades especiales”, que acaban llenándose de corsarios ávidos de medallas, ascensos y recompensas. A los policías no les preocupa el delito para nada, sino la opinión de los jefes, que exigen “resultados”. El fin justifica los medios. Las pruebas del delito las fabrica la policía y las afinan luego los jueces.

En la serie, la “unidad especial” de rastreo de armas de la policía de Baltimore revende las drogas confiscadas, extorsiona y se emplea de forma brutal hacia la población. Lo que nació para acabar con el delito, se convierte en delincuente. Las unidades de élite de la policía acaban siendo la élite de la delincuencia, parte integrante del crimen organizado.

La policía jamás ha acabado con ningún delito. No hay buenos ni malos. No hay policías y delincuentes. Ambos forman parte del mismo ecosistema social.

Es 25 de abril, aniversario de la Revolución de los Claveles

Con motivo del aniversario del 25 de abril, recordamos a Fausto, uno de los cantautores portugueses que mejor expresaron la explosión musical de la Revolución de los Claveles

El barrendero (1977)

Trabaja noches enteras
el barrendero Almeida,
envuelto en su abrigo verde
por las gélidas calles.

¡Oye! -le pregunté- ¿Qué tal la vida?
-y dijo- recojo trapos, latas, ropas…
Aires tranquilos en esta vejez,
y bailo cuando escucho cantar.

Que afine la cuerda el que toca
que me voy a poner a contar
la vida de un barrendero

¡Oye! Todo se pasa y resume
entre una alcantarilla que eructa
¡Allí! Y el hedor y la acidez insípida
de esta vida que se nos escapa.

Y barre, barre así,
barrendero,
pues con tu barrer
así haces otro mundo.

Portugal tiene la costumbre
de vivir con dos extremos:
Aquellos que se benefician del estiércol
de la basura en la que los otros vivimos.

¡Oye! También en los cubos de basura
Tiene el país su retrato.
A la basura tiran los ricos, y mucho más
lo que les ofende a la nariz.

Lo que los ricos tiran a la basura,
lo que ofende a su nariz,
para los pobres es como la matanza
porque sobra el hambre.

Pero haz de las sobras de los ricos
el animal de la matanza.

¡Oye! No tiene la cara lavada
quien vive de esta manera,
de tener gente gobernada así
de que otra viva en el basurero.

Y siendo Almeida sin nada más
Y barre, barre así barrendero
pues con tu barrer así
haces otro mundo.

Voy entonces a despedirme,
que hay mucho que barrer
-me respondió-, una de las cosas es
a quién nos hace pudrir.

¡Oye! En este trabajo manual
el barredor barre de todo,
un gato muerto y un aborto espontáneo semanal.

Lo que nos falta en rigor, sí señor,
es barrer el capital

Y barre, barre así, barrendero,
pues con tu barrer así
haces otro mundo.


O varredor (1977)

Trabalha noites inteiras
O Almeida varredor
Enxotando a varejeira
Pelas ruas, ao rigor

Ei! Perguntei-lhe, a começar
Pela vida, e ele disse:
– Levo trapa, latas, cacosturas
Ar-inda nesta velhice
Eu danço quando ouço cantar

Eu danço quando ouço cantar
Afina a corda ó tocador
Que eu vou-me pôr a contar
A vida de um varrredor
Ei! Tudo se passa e resume
Entre um esgoto que arrota

Ai! O cheirete e o azedume
Sem sabor
Desta vida que se enxota
E Portugal tem o costume
E Portugal tem o costume

E varre, varre assim
Ó varredor
Pois que o teu varrer assim
Faz outro mundo

E varre, varre assim
Ó varredor
Pois que o teu varrer assim
Faz outro mundo

Portugal tem o costume
De viver com dois extremos
Os que lucram com o estrume
Do lixo em que nós vivemos

Ei! Também nos caixotes do lixo
Tem o país o seu retrato
Ao lixo atira o rico, e muito mais
O que lhe ofende o olfato
Para o pobre é mata-bicho

Para o pobre é mata-bicho
O que à fome vai sobrando
Mas faz das sobras do rico
O bicho que vai matando

Ei! Não tem a cara lavada
Quem vive desta sujeira
De haver gente governada assim
Por outra viver da lixeira
E ser Almeida sem mais nada
E ser Almeida sem mais nada

E varre, varre assim
Ó varredor
Pois que o teu varrer assim
Faz outro mundo

E varre, varre assim
Ó varredor
Pois que o teu varrer assim
Faz outro mundo

Disse então a despedir-me
Muita coisa há p’ra varrer
Respondeu-me, uma das coisas é
Quem nos faz apodrecer

Ei! Neste trabalho braçal
De tudo varre o varredor
Gato morto e um aborto semanal
O que nos falta em rigor, sim senhor
É varrer o capital
E é varrer o capital

E varre, varre assim
Ó varredor
Pois que o teu varrer assim
Faz outro mundo

‘La Madre’ de Gorki reaparece en la Guerra de Ucrania

Hace unos días se difundió por internet el vídeo de unos soldados ucranianos burlándose de una anciana que los confundió con soldados rusos.

La mujer salió a saludar a los soldados llevando en sus manos la bandera roja de la victoria. Dijo que estaban esperando a los soldados rusos y que estaba “rezando por ellos”.

Cuando un soldado ucraniano le ofreció comida, la anciana se negó en un principio, diciendo que los soldados la necesitaban más, pero le convencieron para que cogiera una bolsa de comida enlatada.

Los soldados se apoderaron entonces de la bandera y la pisotearon. Por ese motivo la anciana devolvió la comida a los soldados ucranianos. Hay quien ha aprendido a no venderse ni siquiera por un plato de comida

En el diálogo la mujer dice que sus padres lucharon por la bandera roja.

El vídeo de “La Madre Coraje” ha dado la vuelta al mundo y los grafiteros la han convertido en un símbolo. En Ekaterimburgo la han retrado como símbolo de dignidad, recordando recordando el monumento “La patria nos llama” que recuerda a la Segunda Guerra Mundial.

La mujer porta la bandera roja en las manos y una sombra detrás de ella la reconvierte en la Estatua de la Libertad empuñando una metralleta. No se puede ser más gráfico.

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La guerra conduce al saqueo: en Libia los imperialistas han robado 300.000 millones

El gobierno libio ha sido incapaz de recuperar miles de millones de dólares embargados en bancos occidentales desde la caída de Gaddafi. El embargo se produjo de acuerdo con la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU por la que se congelan los activos soberanos de Libia, emitida en marzo de 2011.

Las estimaciones del volumen de fondos libios congelados en el extranjero varían, entre 200.000 y 300.000 millones de dólares, pero varios países occidentales anunciaron en 2011 los fondos libios en sus bancos. Es una cantidad a la altura del saqueo que pretenden ahora con Rusia.

La resolución del Consejo de Seguridad de entonces confirmó su determinación de garantizar que los activos embargados se pusieran a disposición del pueblo libio en una fase posterior y lo antes posible, pero esto no se ha conseguido. A pesar de los repetidos intentos de Libia por recuperar estos fondos, han fracasado.

Además del embargo, la Resolución 1973 de la ONU también impuso la zona de exclusión aérea e incluyó a varios funcionarios del antiguo gobierno en la lista de sanciones, además de imponer un embargo de armas contra Libia y otras medidas adoptadas contra los poderes del gobierno de Gadafi.

En abril del año pasado, el presidente del Consejo Presidencial libio, Muhammad al-Manfi, recibió al presidente de la junta directiva de la Autoridad Libia de Inversiones, Ali Mahmoud, para tratar la cuestión de los activos libios en el extranjero.

Un cable diplomático secreto publicado a principios de 2011 mostró que la Autoridad de Inversiones de Libia tenía 32.000 millones de dólares en efectivo en varios bancos estadounidenses. Gran Bretaña congeló 12.000 millones de libras (19.200 millones de dólares) de fondos libios pertenecientes a personas e instituciones. El Estado libio también tiene activos financieros estimados en miles de millones en bancos de Francia, Alemania, Italia, Luxemburgo, Canadá y Bélgica, entre otros países.

En 2018 la policía española desmanteló una red que se dedicaba a financiar al Califato Islámico con el saqueo del patrimonio librio. Intervino numerosas obras de arte, siete mosaicos, sarcófagos y piezas arqueológicas. Se acreditó su procedencia de los yacimientos de Apolonia y Cirene, dos necrópolis de la región Cirenaica que habían sido expoliados por grupos terroristas.

Durante años la Unión Europea permitió el Califato Islámico se financiara con obras de arte saqueadas. La organización terrorista entregaba obras de arte que arrancaban de los yacimientos arqueológicos de Libia (y también de Siria) que acabaron en museos y colecciones privadas europeas (*).

Estados Unidos anunció la devolución de dos piezas de arqueológicas libias que habían llegado ilegalmente al Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. El embajador de Estados Unidos en Libia, Richard Norland, dijo en un tuit que el traslado a Libia es sólo una pequeña parte de los esfuerzos de Estados Unidos y Libia para proteger el rico patrimonio libio. “El valor de los dos artefactos supera los 500.000 dólares, una mujer con velo y un busto de un hombre con barba que fueron saqueados de la antigua ciudad de Cirene a finales de la década de 1980”, dijo el fiscal del distrito de Manhattan, Alvin Bragg.

(*) https://digitalsevilla.com/2018/12/24/ue-permitido-durante-7-anos-isis-mafia-financien-obras-arte-robadas/

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