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Categoría: Ciencia (página 7 de 11)

Un confinamiento mundial cada dos años para refrescar el planeta

Si la receta ha salido relativamente bien en materia sanitaria, se puede utilizar también en materia climática. Muchos ya se han habituado a quedarse en su casa en pijama y se sentirán igual de entusiasmados de contribuir a la lucha contra el calentamiento del planeta.

El diario The Guardian lo lanzó con un titular al más puro estilo alarmista que ha triunfado con la pandemia: “Se necesita un confinamiento mundial cada dos años para cumplir los objetivos de CO2 de París”.

Luego les debió parecer muy exagerado y lo suavizó: “Se necesita una reducción equivalente de emisiones a la del Covid cada dos años”. Este titular tiene la ventaja de que pone como modelo de actuación a las medidas adoptadas con el pretexto de la pandemia.

Naturalmente este tipo de prensa “seria” tiene como sostén una publicación seudocientífica, en este caso la revista Nature (2), donde un equipo de investigadores de la Universidad de East Anglia concluye que las emisiones de CO2 deben disminuir en la misma medida que durante el reciente periodo de confinamiento “aproximadamente cada dos años” para contener el calentamiento del planeta.

La unidad climática de la Universidad de East Anglia se hizo famosa en 2009 cuando se destaparon los correos internos en los que confesaba que estaba falsificando las mediciones de temperaturas para sostener la tesis del calentamiento planetario (3).

En realidad el estudio de East Anglia no aboga por el confinamiento mundial para conseguirlo, a pesar del título de The Guardian. De hecho, aboga por “métodos completamente diferentes”, por lo que el periódico se vio obligado a modificar el título.

No es casualidad que la ola de histeria pandémica aparezca asociada a la climática. A los seudoecologistas les ha faltado tiempo para subirse al carro sanitario para decir que la proliferación del virus tiene un origen ambiental.

Tampoco es casualidad que los mismos medios que difunden una ola, difundan también la otra, como The Guardian. Aún recordamos su profecía según la cual en 2020 veríamos “millones” de muertes climáticas, grandes ciudades europeas inundadas y una guerra nuclear debida al calentamiento (4).

A su vez, las intoxicaciones de las grandes cadenas van acompañadas del eco de organismos, como el Foro Económico Mundial, que en un vídeo alabó los benéficos efectos ambientales del confinamiento sobre las ciudades: el silencio, el aire limpio…

El confinamiento es una varita mágica.

(1) https://www.theguardian.com/environment/2021/mar/03/global-lockdown-every-two-years-needed-to-meet-paris-co2-goals-study
(2) https://www.nature.com/articles/s41558-021-01001-0
(3) https://mpr21.info/se-cumplen-10-anos-del-descubrimiento/
(4) https://www.theguardian.com/environment/2004/feb/22/usnews.theobserver

China supera a Estados Unidos en el número de patentes técnicas e industriales

Las solicitudes de patentes chinas a través de la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) siguieron creciendo el año pasado, lo que demuestra una fuerte perseverancia en la innovación. El informe publicado el martes por la OMPI muestra que China y Estados Unidos son los dos principales titulares que han experimentado un marcado crecimiento en la presentación de patentes el año pasado.

China presentó 68.720 solicitudes, un 16,1 por ciento más que el año anterior, y sigue estando a la cabeza del Tratado de Cooperación en materia de Patentes de la OMPI, un sistema que ayuda a los solicitantes a buscar la exclusiva internacional de los descubrimientos científicos y técnicos.

Le sigue Estados Unidos, con 59.230 solicitudes, lo que supone un aumento del 3 por ciento respecto al año anterior. Otros usuarios importantes son Japón, con 50.520 solicitudes, un 4,1 por ciento menos, y Alemania, con 18.643 solicitudes, un 3,7 por ciento menos.

Las solicitudes del Tratado de Cooperación en materia de Patentes son una medida ampliamente utilizada de la actividad innovadora. El total de solicitudes de patentes internacionales presentadas a través del sistema aumentó un 4 por ciento el año pasado hasta alcanzar las 275.900, un nivel récord a pesar del descenso estimado del PIB mundial.

El gigante chino de las telecomunicaciones Huawei fue el principal declarante, por cuarto año consecutivo.

Además, 5 de las 10 instituciones académicas más importantes del mundo el año pasado eran chinas, entre ellas la Universidad de Shenzhen, en la provincia de Guangdong (sur de China), la Universidad de Tsinghua, en Pekín, y la Universidad de Zhejiang, en Hangzhou, capital de la provincia de Zhejiang (este de China).

‘La política hace a pequeña escala lo que la medicina hace a lo grande’

Uno de los errores más comunes en torno a la ciencia es la de aquellos que la reducen a su dimensión cognoscitiva y de ella sólo tienen en cuenta los conocimientos. La ciencia es un saber “neutral”, desprovisto de connotaciones ideológicas, políticas, religiosas, morales o filosóficas. Sus practicantes son personas de la misma factura: están por encima de las clases y de la lucha de clases. La conclusión evidente es que hay que dejar la ciencia en manos de los científicos. Si los demás queremos acertar en nuestras decisiones, debemos aceptar el consejo de los que saben, de los expertos

Pero, como dice un refrán, saber es poder y a la inversa. La burguesía supone que puede perpetuar su dominación transformando los problemas políticos en problemas técnicos, que eso asegura su gobernabilidad, hoy y en el futuro. Los políticos se entrometen en la ciencia tanto, por lo menos, como los científicos en la política. Lo reconoció el creador de la moderna teoría celular, el alemán Virchow con su equiparación entre la medicina y la política: “Die Politik ist weiter nichts, als die Medizin im Großen” (La política hace a pequeña escala lo que la medicina hace a lo grande).

La ciencia es una fuerza productiva y un instrumento de hegemonía política. Hoy en día ningún ejército es capaz de vencer sin los científicos. La ciencia (y la tecnología) han pasado a formar parte de la maquinaria militar y, por consiguiente, deben ser estudiados como tales, escribe Latour (1). Entre un 20 y un 30 por ciento de los científicos trabajan en proyectos militares, porcentaje que sube al 40 por ciento en Estados Unidos. El 70 por ciento de la inversión en ciencia se destina a la guerra. La militarización de la ciencia asegura una provisión de mano de obra a su imagen y semejanza: disciplinada y amaestrada. Ni en un cuartel de artillería ni en un observatorio astronómico caben las singularidades.

En la Segunda Guerra Mundial, el “Proyecto Manhattan” para fabricar la primera bomba atómica, selló el destino de la ciencia para el futuro. El Proyecto invirtió 2.000 millones de dólares de la época, empleando a 125.000 científicos en más de diez centros de investigación distintos bajo una misma dirección militar y política. La ciencia estadounidense -y por extensión la sometida a su influencia- nunca volvió a recuperarse de aquella faraónica movilización de recursos. Fue la primera organización civil puesta al servicio del ejército estadounidense. Nació la “big science”, las gigantescas industrias científicas.

Como consecuencia de esa situación, una parte cada vez más importante de lo que se considera como “ciencia” tiene poco que ver con ella y, en cualquier caso, tiene que ver también con intereses espurios, que la mayor parte de las veces son bastante turbios, empezando por el transplante de médula o la creación del Centro de Control de Enfermedades de Atlanta. Cuando en la posguerra el propio Eisenhower denunció los peligros del complejo militar-industrial, también puso a la ciencia en el mismo punto de mira.

Eisenhower se refería a dos riesgos simultáneos que concernían a su propio país: primero, la sumisión de los científicos “con el poder del dinero” y, segundo, que la democracia se convierta en un rehén de los tecnócratas, de quienes pretenden acaparar para sí el monopolio del conocimiento y que los demás adapten a ellos sus decisiones (2).

Además de militarizada la ciencia está industrializada. A la ciencia como fuerza productiva, esto es, a la aplicación de la ciencia a la producción capitalista, hay que añadir la aplicación del capitalismo a la ciencia. La megaciencia necesita una movilización tal de recursos que sólo se puede lograr mediante una militarización de los medios puestos a su disposición, entre ellos, los propios científicos. El acelerador de partículas de Ginebra reúne a unos 8.000 físicos cuyas condiciones de trabajo son las de cualquier cadena de montaje. La EMBO (Organización Europea de Biología Molecular) creada en 1964, reúne a más de 1.100 científicos, la mayor parte de los cuales no son más que emisarios de la industria del ramo.

Tras el programa “Átomos para la Paz”, Estados Unidos entró en una era de economía de guerra permanente. El informe Paley demostró que la economía había pasado a estar fundada en criterios militaristas.

El Plan Bolonia, del que ya nadie se acuerda, selló la industrialización y militarización de la ciencia en Europa, la transformación de la universidad en una fábrica (3), un paso necesario porque los laboratorios y centros de investigación ya lo estaban. El 75 por ciento de la investigación se lleva a cabo en empresas privadas con dinero público. Los científicos son funcionarios públicos y empleados privados. Como en el ejército o en cualquier sector económico, no cabe ninguna posibilidad de discusión de las órdenes. Como cualquier peón fabril, el científico tiene que ser sometido y, además, debe aceptar e interiorizar su propia condición gregaria como un estado natural.

Como consecuencia de ello, la ciencia atraviesa un profundo declive, sólo comparable al de la Edad Media. Se investiga, se publica y se lee aquello que se financia y subvenciona a golpe de talonario. Lo demás no existe, no es ciencia. No es necesario recordar que quien paga manda, ni tampoco que quien paga y manda nada tiene que ver con la ciencia, es decir, que quien la dirige es ajeno a ella.

La ciencia fue la gran coartada que justificó el incremento de los gastos militares durante la Guerra Fría, que dejaron de parecer improductivos para convertirse en una inversión, es decir, rentables. Inmediatamente después de que en 1957 los soviéticos colocaran en órbita el Sputnik, el primer satélite artificial, el general Eisenhower organizó ARPA, de donde nacieron la NASA, la Comisión de Energía Atómica e internet. Actualmente dispone de un presupuesto anual de unos 2.000 millones de dólares y es una primeras fábricas científicas del mundo.

Por iniciativa de la Union of Concerned Scientists, en febrero de 2004 un grupo de más de 60 científicos, 20 de ellos galardonados con el Premio Nóbel, dirigieron una carta colectiva al presidente Bush protestando por la injerencia política de su gobierno en la investigación científica. El documento es un texto incendiario en el que los firmantes protestan por la manipulación que lleva a cabo el gobierno de los resultados de las investigaciones, la imposición de políticos de confianza en los comités consultivos y la asfixia de aquellos conocimientos científicos que no concuerdan con sus planteamientos políticos.

(1) Bruno Latour: La ciencia en acción. Cómo seguir a los científicos e ingenieros a través de la sociedad, Labor, Barcelona, 1992, pgs.164 a 166.
(2) Eisenhower’s Farewell Address to the Nation, 17 de enero de 1961, http://mcadams.posc.mu.edu/ike.htm
(3) Cfr.Carlos Sevilla Alonso: La fábrica del conocimiento. La universidad-empresa en la producción flexible, El Viejo Topo, Barcelona, 2010.

Otro fraude científico para explicar el éxito de las vacunas en Israel

Repetidamente los medios del mundo entero pusieron a Israel como ejemplo de vacunación masiva y rápida. Después dijeron que, como cabía esperar, las vacunas habían sido un éxito completo, que los contagios se habían reducido, así como las hospitalizaciones y fallecimientos.

Algunos hablaron descaradamente de milagro (1). “La vacuna de Pfizer protege al 98,9% de la muerte por coronavirus a los 14 días de la segunda dosis”, titulaba el Huffington Post (2). Los resultados de la vacunación “han permitido retornar paulatinamente a la normalidad” en Israel, aseguraba la BBC (3).

Las noticias iban acompañadas de la típica parafernalia de apoyos en las revistas médicas especializadas, como el New England Journal of Medicine, según la cual la vacuna de Pfizer es efectiva en un 95 por ciento (4).

Este tipo de milagros científicos se apoyan en fraudes estadísticos bastante descarados, por no decir inventados, como en el caso del New England Journal of Medicine. Patrice Gibertie ha destapado el fraude cometido por la publicación (5), otro más a sumar a los que desde hace un año se vienen haciendo pasar por “ciencia”.

La manipulación es tan burda que no merece la pena dedicar ni un minuto a desmontarla. Lo que queda es insistir en que los “expertos” nos toman por imbéciles y se rodean de cifras y porcentajes para dar una apariencia de verosimilitud a sus conclusiones.

Si los efectos de la vacuna han sido tan maravillosos en Israel, no necesitarían recurrir a ninguna manipulación tan escandalosa como la que publica una revista que deja a la medicina moderna en muy mal lugar.

Por lo demás, quedamos a la espera de que aún haya científicos de verdad que denuncien este tipo de basura que soportamos desde hace un año.

(1) https://www.hoy.es/internacional/israel-milagro-vacuna-20210104215148-ntrc.html
(2) https://www.huffingtonpost.es/entry/vacuna-pfizer-israel_es_60322f6cc5b66dfc101f596f
(3) https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-56172594
(4) https://www.nejm.org/doi/10.1056/NEJMoa2101765
(5) https://pgibertie.com/2021/02/28/un-parfum-de-lancet-gateletude-israelienne-sur-lefficacite-du-vaccin-bute-sur-des-invraisemblances-statistiques/

Cómo fabricar un virus con un ordenador para volver loco al mundo entero

Dicen algunos negacionistas que el coronavirus no existe. Es bastante peor que eso: no se conoce su genoma. Hay varios artículos publicados en revistas científicas que aparentan lo contrario, pero no aportan nada de lo que cabía esperar, empezando por el que los “expertos” toman como canon, que es del de Na Zhu publicado el año pasado en el New England Journal of Medicine (1).

Es el núcleo de cualquier debate sobre el coronavirus y la pandemia. Si no se conoce la composición genómica del coronavirus, no tiene sentido hablar de la prueba PCR, ni de “positivos”, ni “casos”, ni “brotes”. Tampoco tiene sentido hablar de cepas o mutaciones, por más que desde el inicio de la histeria proliferan los estudios seudocientíficos sobre dichas variantes.

En las bases de datos de coronavirus aparecen casi medio millón de secuencias genéticas diferentes que dicen representar a otras tantas cepas del mismo virus. Esas secuenciaciones tienen una cosa en común: no se han obtenido de un tejido orgánico. Lo que los científicos consideran como tal es un ensamblaje que realizan los programas informáticos a partir de las bases de datos de genomas de virus.

En un estudio publicado en junio del año pasado (2), los investigadores de los CDC (Centros de Control de Enfermedades) admitieron que sólo habían tomado 37 pares de bases de un genoma, que tiene un total de unos 30.000 nucléotidos. Eso significa que sólo el 0,001 por ciento de la secuencia genómica del coronavirus procede del mundo real, de muestras de tejido orgánico. El resto ha salido de un ordenador.

Si alguien está preocupado porque el virus de haya “escapado” de algún laboratorio misterioso, debería preocuparse mucho más al saber que se ha “escapado” de un ordenador.

La misma preocupación debería mostrar si le dicen que hay medio millón de variantes distintas de perros o gatos.

Lo que los “expertos” consideran como genoma del coronavirus deriva del mismo vicio que sacude a grandes sectores de la ciencia moderna: la informática. Las secuencias no se han extraído de la realidad sino de un ordenador o, al menos, se completan gracias a él. Se trata, pues, de modelos informáticos en los que hay un poco de todo. Incluso es posible encontrar secuencias que forman parte del genoma humano o que los virus comparten con los seres humanos.

Desde su descubrimiento por June Almeida en 1964, se han obtenido numerosas micrografías del coronavirus. Las imágenes revelan que su tamaño es extremadamente variable. Según Zhu, el ancho de banda oscila de 60 a 140 nanómetros, más del doble. Es como encontrar un ser humano de 1,70 de altura y otro de 4 metros. Pero incluso se han encontrado coronavirus, reales o supuestos, con tamaños inferiores o superiores a los límites establecidos por Zhu.

Es más que evidente que, tanto por el genoma como por el tamaño, cuando muchos científicos hablan de coronavirus aluden, en realidad, a partículas orgánicas de muy diferente tipo que, en ocasiones, ni siquieran son virus.

(1) https://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMoa2001017
(2) https://wwwnc.cdc.gov/eid/article/26/6/20-0516_article

La radiactividad de las pruebas nucleares francesas en el Sáhara sigue llegando a Europa

Cuando el viento mueve las arenas del desierto del Sáhara, también desplaza los rastros de las pruebas nucleares francesas a principios de la década de los sesenta.

Un laboratorio de Rouen, en Normandía, ha analizado la arena recogida en el macizo del Jura y ha obtenido muestras de cesio 137. Ha transcurrido más de medio siglo, pero los elementos radiactivos están presentes en los dos continentes, tanto en África como en Europa, a miles de kilómetros de distancia.

El laboratorio Acro se fundó hace 30 años, tras la catástrofe de Chernóbil y detecta el cesio 137 en los restos de las arenas del desierto que llegan hasta el norte de Francia.

El cesio 137 es un radioelemento artificial. Es un producto de la fisión nuclear que se produce en una explosión nuclear y, por lo tanto, no está presente de forma natural en la arena del desierto.

Los vientos del desierto reparten los restos de cesio 137 por todos los lugares de Europa por los que pasa.

Según Pierre Barbey, miembro del laboratorio que ha analizado las muestras, el cesio 137 tiene una vida útil de 30 años. Cada 30 años, pierde la mitad de su contenido radiactivo. Después de siete ciclos de 30 años, se supone que sólo queda el 1 por ciento del material radiactivo.

Cerca de Reggane, en el sur de Argelia, Francia realizó la primera prueba nuclear el 13 de febrero de 1960. La bomba tenía un potencia de 70 kilotones, una explosión tres o cuatro veces más potente que la de la bomba de Hiroshima de 1945.

Entre 1960 y 1966, Francia detonó 17 bombas nucleares en el desierto del Sáhara. Tras la independencia de Argelia, siguió realilzando pruebas nucleares en la Polonesia.

https://france3-regions.francetvinfo.fr/bourgogne-franche-comte/jura/les-poussieres-de-sable-du-sahara-etaient-porteuses-de-cesium-137-residu-d-anciens-essais-nucleaires-francais-1973641.html

Elogio del negacionismo: la historia y la ciencia han progresado a partir de la negación

Intelectuales de bajo nivel, y carentes de cultura histórica y filosófica, han empezado a usar el término “negacionismo” para calificar, y descalificar con él, supuestamente autorizados por una definición de la Real Academia Española. Serían aquéllos que tuvieran una “actitud que consiste en la negación de determinadas realidades y hechos históricos o naturales relevantes”, pobre y multisémica definición; pero eso es lo de menos.

Nos proponemos hacer un elogio de tan ilustres personas, mostrando que, lejos de ser un calificativo pretendidamente descalificador, dicha clase de personas, con esa actitud e inclusive con conductas acordes con esa actitud, ha sido fundamental en la historia de la humanidad, tanto o más que sus supuestos rivales, implícitamente elogiados por quienes usan el término: los “afirmacionistas”, que no sé si figuran como tales o como competidores, rivales o alternativas a los negacionistas en el mismo diccionario; pero que existen hoy, existieron, y casi seguramente seguirán existiendo junto a ellos. En consecuencia, terminaremos por vernos orgullosamente como negacionistas, pero sin cometer el error de descalificar a quienes nos califican así, a los que, por oposición, llamaremos de afirmacionistas, ya que llamarlos de negacionistas los ofendería, pese a serlo (el diccionario de la máquina, tan poco culto, reconozcamos, me subraya, indignado, con un rojo ondulado, la incorrección del uso de las palabras “negacionismo” y “afirmacionismo”; neguemos cultamente su sabiduría para no nivelar nuestro vocabulario al de los programadores computacionales, tan penoso).

Haremos ese elogio de actitudes y conductas pretendidamente negativas para algunos, no solo endosando los aforismos populares de que las apariencias engañan o de que el hábito no hace al monje, que son precipitados históricos de sabiduría popular que incitan a negar al menos algunas realidades, a ser negacionistas muchas veces.

También recordamos que, al menos desde Platón, y más analíticamente desde Aristóteles, la episteme, conocimiento científico sustantiva o formalmente demostrativo, se postula como superior y cualitativamente distinto de la doxa, o conocimiento no demostrativo del sentido común, que es el afirmativo de la realidad, y que debe negar y trascender quien persiga una mejor verdad demostrativa. La negación de la doxa afirmada es crucial para poder perseguir la verdad más alta de la episteme. También la dialéctica socrática consistía en la obtención de mejores verdades a partir del cuestionamiento mutuo de las afirmaciones de los interlocutores, en un diálogo de dos o más. Tampoco olvidemos el planteo, aun anterior, de Heráclito de Éfeso, cuando afirmaba que pese a las apariencias y de mantener su nombre, un río nunca era el mismo cuando fluía más de una vez a nuestra vista, o nos bañábamos en él dos veces o más; para poder sustentar esa verdad más profunda que la de su identidad dada por la mantención de su nombre durante todas sus fluencias, se debía negar la afirmación de la identidad dada por su nombre, que ocultaba la mayor verdad de la diversidad de los caudales a pesar de la comunalidad del nombramiento para ese flujo (“nadie se baña dos veces en el agua de un mismo río”). Aún antes de Heráclito, los sofistas, para negar la infalibilidad de la realidad que se podía afirmar desde la sola evidencia sensorial, decían que esa aparente certeza debería ser negada para poder fundamentar, por ejemplo, que no había agua en ningún espejismo que se mostrara en un camino, y que era recto el remo que parecía tener una inflexión dentro del agua, afirmación meramente sensorial que debía ser negada.

Hace 25 siglos que los negacionistas golean a los afirmacionistas, entre los filósofos, claro, aptos para lograr la episteme; no entre la gente común, solo guiada y capaz de doxa, conjunto de apariencias afirmadas acríticamente que deben corregir los negacionistas, ya desde aquel entonces. Los afirmacionistas no podrían trascender la doxa, hacia la episteme del conocimiento demostrativo, porque son contrarios a la negación, a ser negacionistas; error paralizante que continúa enfermando mentes hoy.

Seguiremos con ejemplos, no solo desde la filosofía, en lo conceptual y lógico, sino también desde la historia, para mostrar que las conductas negacionistas han sido tan o más valiosas para la humanidad que las afirmacionistas, aunque desde ya digamos que, al contrario de los afirmacionistas, que niegan a los llamados por ellos de negacionistas, no negaremos a los supuestamente contrarios, a los afirmacionistas, porque creemos que ambos han contribuido a hacer, pensar y sentir el mundo a través de la historia. Nuestra defensa del negacionismo no es una negación del afirmacionismo, como hacen ellos con aquellos que tildan de negacionistas; no somos fanáticos sectarios.

La historia y la ciencia han progresado a partir de la negación socio-política o empírico-conceptual, de momentos y circunstancias anteriores, afirmados como realidades verdaderas antes de cada instancia de negación y superación. Y no solo desde filosofías de la historia que imaginan una linealidad positiva progresiva (como el positivismo y el evolucionismo), sino también y más espectacularmente cuando el imaginario es de dialéctica lógica, epistemológica y ontológica, ya previamente a Hegel (Escoto Erígena, casi 10 siglos antes), aunque naciera formalmente con él, y con variantes históricas que tienen especial relevancia como Fichte, Marx y Adorno, éste con su “dialéctica negativa”, de máxima radicalidad.

Para cualquier análisis profundo de la realidad histórico-política o lógico-filosófica, la negación, el momento o acción de negación de lo instalado, de la dominación o hegemonía afirmativas, ha sido fuente fermental de alternativas enriquecedoras o de mejores concepciones inspiradoras de la práctica humana. Ser negacionista, no solo no debería tener connotación peyorativa entre personas inteligentes, cultas y de buena fe argumental, sino que puede afirmarse con muchos argumentos y hechos como una actitud o habitus al menos tan valiosa como la afirmacionista.

1. La negación, crucial aún en una lógica evolutiva

Enfatizamos la importancia de la negación en paradigmas evolutivos positivistas porque son paradigmas diversos del paradigma dialéctico, en el cual es mucho más evidente la positividad de la negación, positividad intrínseca al paradigma. Pero un paradigma de evolución lineal, sea darwiniano (con acumulaciones de cambios y saltos evolutivos), sea lamarckiano (con acumulación hasta que el cambio cuantitativo se transforma en cualidad diversa), también nos muestra la importancia de las negaciones puntuales de lo existente, de lo afirmado, para hacer progresar a la humanidad, sea por mejor adaptación a los entornos, por mejor previsión del determinismo, por mayor funcionalidad, por más ajustada implementación de valores y autonomía teleológica. Prometeo, Fausto y Ulises son modelos míticos complementarios de negación de límites, de transgresión de las probabilidades objetivas que impiden; los héroes son aquellos que se sobreponen a las probabilidades contrarias; las hazañas le dan contenido a las leyendas, y hasta a las noticias que más venden en el cotidiano; son negaciones de rutinas, probabilidades y límites. El admirable es David, no Goliat, o la Cenicienta. Si la rutina y el ritual protegen la uniformidad en la cotidianidad que la hace individual y colectivamente más fácilmente manejable, la necesaria mutualidad de expectativas constituyente de lo social (¡Weber!), lo que más admira es su negación, su superación, su contradicción; cualquier juego de azar es una esperanzada negación de las probabilidades establecidas, afirmadas; como cábalas, amuletos y supersticiones; como los melodramas de las telenovelas, antes los radioteatros, antes el cine, antes los folletines seriados impresos, antes el teatro de anfiteatro, antes juglares y aedas.

Los científicos admirados y recordados son los que negaron lo anterior e impusieron algo nuevo, como los descubridores, conquistadores e inventores, héroes e ídolos, hasta los grandes criminales; todos negadores de lo establecido como real, posible y verdadero. ¿Qué hubiera sido del mundo sin profetas, hazañas y utopías? Todas negaciones de lo afirmado como posible, probable, adecuado, racional, prudente, consensuado. Decía Max Weber que uno de los ciclos más importantes para entender las dinámicas sociales es el de profetas vs. sacerdotes, donde éstos son el statu quo y la custodia de la ortodoxia, en conflicto con los negadores (profetas emisores de revelación, profetas ejemplares hipervirtuosos); la secularización de este enfrentamiento entre afirmadores y negadores explica mucho de las dinámicas sociales, políticas y culturales, en especial la evolución y el cambio, que es de autoría de profetas a pesar de los sacerdotes, burócratas, guardianes de la ortodoxia, obsecuentes de lo oficial, timoratos frente al poder, y corrompibles, esperablemente afirmacionistas.

Hagamos una corta y apresurada lista de negaciones y de negacionistas que han sido fundamentales en la historia de la humanidad, en la del Uruguay. Cada uno de ustedes, lectores, podrá aumentar, mentalmente, esa lista, añadiendo negaciones y negadores como contribuyentes cruciales, a la humanidad, al Uruguay; hasta intentando otra lista de negaciones útiles en sus propias vidas, de momentos de crecimiento ante adversidades opuestas por la afirmación de obstáculos, y que superamos negándolos y combatiéndolos con una convicción que no siempre tuvimos el acierto de mostrar, contentándonos con un cómodo e irresponsable afirmacionismo.

Era parte de una ínfima minoría negacionista Cristóbal Colón, adverso a la mayoría afirmacionista que le decía que se caería al vacío si cruzaba la línea del horizonte; posteriores descubridores volvieron a negar la mayoría afirmacionista de la Tierra plana y se animaron a doblar el Cabo de Buena Esperanza, con la fundada esperanza negacionista de que la Tierra fuese redonda y que pudieran volver a España por un océano cardinalmente opuesto a aquél por el cual habían llegado. Seguramente los mayoritarios afirmacionistas estuvieron furiosos con el minoritario negacionista Fray Bartolomé de las Casas, que, arrogantemente, rechazaba que los indígenas americanos no fueran humanos y reducibles a servidumbre, como deseaban los sensatos afirmacionistas mayoritarios. Espartaco, mucho antes, había negado, minoritario y arrogante también, la condena de los negros a la esclavitud, otro exabrupto negacionista de arrogantes minorías, escándalo de los mayoritarios afirmacionistas, que hasta tuvieron que soportar que intentaran liberarse por las armas de esa condena, negación más intolerable aún para la mayoría afirmacionista.

En general, los descubrimientos científicos, los inventos tecnológicos, las revoluciones conceptuales, han sido producto de minorías negacionistas, profetas algunas veces apoyados por las mayorías afirmacionistas y los sacerdotes burócratas; pero más a menudo producto de alguna heroica insistencia de los minoritarios negacionistas ante las mayorías afirmacionistas, más conservadoras y mediocres. ¿Es necesario recordar una vez más a Galileo, a Kepler, a Copérnico? En este punto cabe una digresión sobre la ciencia y la Academia que reúne a los científicos de las diversas disciplinas. Normalmente, los conceptos y prácticas consagradas por el sacerdocio científico mayoritario y afirmacionista deben ser negados por los profetas minoritarios para intentar llevar a la ciencia a un nuevo nivel. Ser mayoría institucionalmente afirmacionista no garantiza la verdad ni la fertilidad de las tendencias apoyadas; y no es que el consenso afirmacionista y sacerdotal no importe; sí que importa, al menos para frenar locuras anárquicas sin filtros de admisibilidad. Pero no debería ser esgrimida como argumento de autoridad suficiente como para constituir verdad demostrada y conclusiva. La ciencia no debería invocar verdades dogmáticamente imponibles como si fueran revelaciones religiosas; porque la ciencia afirma verdades relativas, condicionales, transitorias, sujetas a matices y superaciones desde dudas metódicas, y sin aceptar argumentos de autoridad como los de la infalibilidad papal católica en materia de dogma. Cuando la ineluctablemente mediocre e ignorante prensa, o a veces políticos también ignorantes o vivillos, afirman que tal cosa es “lo que la ciencia indica”, exhiben una idea ignorante y dogmática sobre la ciencia, que es propia de la religión revelada trascendentemente, y no de la ciencia humanamente trabajada, que debiera ser anti-dogmática por definición y especificidad en la división del trabajo humano. Porque quizás alguien pueda afirmar sacerdotalmente cuál es el estado científico en un área dada, en un momento dado; pero nunca debería rechazar o descalificar el intento de alguna minoría negacionista de sustituir a futuro lo afirmado hoy por esa mayoría afirmacionista; porque muy probablemente esa mayoría sacerdotal afirmacionista ortodoxa hoy, fue, en su momento, producto también de algunos profetas minoritarios negacionistas que sustituyeron ortodoxias anteriores. La historia del catolicismo, secta minoritaria inicialmente, con sus profetas principales asesinados, con fieles y profetas perseguidos, torturados y lanzados a los leones durante 4 siglos, continuando su prédica negadora, al siglo siguiente deviene religión oficial del mismo imperio romano que los había perseguido y asesinado. La objeción al carácter minoritario y negacionista de alternativas a la ortodoxia sacerdotal mayoritaria afirmacionista es propia a) de la cultura millenial, que jerarquiza artistas y arte por el número de likes y visitas que algún producto tuviera, b) del dogmatismo de las religiones reveladas, algunas alegadamente desde una trascendencia eterna e infalible (Yavé, Alá, Dios uno y trino, Vedas, etc.) o desde una trascendentalidad moralmente indiscutible en su superioridad (Buda); pero jamás debiera serlo de la ciencia, aunque tantas veces prensa, políticos y demás sectores ingenuos e ignorantes (o vivillos) de la sociedad usen la ciencia de modo religioso-dogmático; este rechazo del “negacionismo” huele fragantemente a dogmatismo.

Pero sigamos con algunos ejemplos de la importancia del negacionismo en la historia. Vayamos rápidamente a algunos casos en la historia uruguaya, que usted, como en los casos de la historia universal antes vistos, podrá enriquecer desde su propia cultura histórica, universal y patria.

El Uruguay no hubiera llegado a ser lo que es sin muchos negacionistas que prepararon el camino para que llegara a ser una solución geopolítica pensable para Inglaterra, Argentina, Brasil y Uruguay. Su exitosa negación de las invasiones portuguesas en el siglo XVIII lo llevó a su condición de puerto fortificado, subordinado a Buenos Aires pero con cierta autonomía como Gobernación en las Indias Españolas. Negó inicialmente la revolución de Mayo por insuficientemente defensora del rey español legítimo, expulsado por la invasión napoleónica de Iberia. Negó resoluciones virreinales como Gobernación autonóma fiel a Fernando VII con la astuta fórmula de que “se acatan pero no se cumplen”. Negó, con Artigas, la dominación porteña en la Banda Oriental, negó la invasión inglesa inmediatamente antes, la luso-brasileña luego, y la dominancia de Buenos Aires en la federación de provincias inclusivas de Argentina y Uruguay. El héroe nacional Artigas negó todas las invasiones y las soluciones ofrecidas hasta que se retiró, derrotado militarmente pero moralmente ensalzado; perdedor material, pero ganador espiritual, ejemplo vivo de triunfo a largo plazo de negacionismos que parecieron derrotados por su osado enfrentamiento sin concesiones a lo constituido y afirmado; un perdedor militar y hasta político se vuelve héroe nacional como ejemplo moral de “negacionismo” inquebrantable. Como fue constantemente negacionista de la realidad imperante don Quijote, enfrentando a una realidad reflejada en Sancho (inicialmente); el “quijotismo” derrotado se volverá perennemente admirado y triunfante luego, y pese a la desilusionada muerte, en el final de la novela, del hombre de carne y hueso que era el sustento real de su personaje ideal, Alonso Quijano. Como el Cristo crucificado por negar la ortodoxia judía dominante y el poder imperial romano, que cumplía las profecías y su función de redentor del pecado original, como neo-cordero sacrificial. José Batlle y Ordoñez negó la mayoría intrapartidaria colorada y refundó el partido, contra mayorías afirmativas y sacerdotes profanos. La delegación uruguaya que ganó en fútbol el título olímpico de 1924 en Francia, negó las recomendaciones de no concurrir porque el cisma ocurrido entre los clubes debilitaría el potencial del equipo. Puede usted también sumar ejemplos de negacionismo triunfal o fértil en la historia del fútbol, que son tan abundantes que son casi incontables.

Como primer capítulo de defensa del negacionismo en la historia recurrimos a la ubicuidad espacial y temporal del negacionismo y de los negacionistas, fácilmente detectable en la historia de la ciencia, de la tecnología, de la política, del deporte, de las artes, de la vida cotidiana, de las ejemplares leyendas y mitos religiosos; y a su casi obvia influencia en el progreso, en el enriquecimiento de alternativas para diferentes ámbitos de vida, para exponer objeciones técnicas y morales, y para proponer alternativas nuevas o distintas de las ortodoxamente y oficialmente vigentes y afirmadas en cada espaciotiempo.

Hagamos la pronta salvedad, antes de que pueda originar algún malentendido, que, al subrayar el papel histórico e ideológico tan relevante de la negación (y por ende, de los actores históricos que la han pensado como central y de los que la han actuado en la práctica), estamos respondiendo en defensa de su papel positivo, que ha sido tan injusta e ignorantemente denegado por la definición dada del “negacionismo”, y criticando el uso del término para calificar a actuales supuestos negacionistas en debates hirvientes al día de hoy en el mundo y en el Uruguay. Esto de ningún modo implica negar por ello el papel positivo y constructivo que también han jugado algunos supuestos rivales de los negacionistas: quienes, en este contexto semántico pobre que se nos impuso, podrían ser bautizados de “afirmacionistas”; responsables, al menos, de la consolidación, desarrollo y ramificación de algunas tendencias novedosas que estarían sustituyendo a anteriores ideas y prácticas; tampoco descartamos, por esa defensa de la negación y de los negadores, todas las novedades evolutivas y positivas que se hayan producido luego de crisis de negación, ya que la acumulación, la diversificación y las fusiones, más hijas de la afirmación que de la negación, han sido modos de cambio y progreso muy relevantes también. No ignoramos la evolución como camino tendiente al progreso adaptativo y expresivo de la humanidad a través de una linealidad impulsada a veces por algunos momentos de ruptura cualitativa; no la negamos, como maniqueamente hacen los evolutivo-afirmacionistas con la negación y los negacionistas.

2. La negación, central a la dialéctica y más aun a la ‘negativa’

Como segundo capítulo de defensa del negacionismo, luego del énfasis en su importancia en la historia de todas las áreas de la vida humana, focalicemos su influencia, quizás mayor aún, en la filosofía, en especial en el imaginario teórico sobre la lógica y la filosofía de la historia, donde el negacionismo y el papel de la negación, tanto en la dinámica lógico-conceptual como en la de la propia realidad material, obedecen fundamentalmente a una dinámica en que se produce la negación antitética de una afirmación tética, seguida de una nueva negación, ahora de la antitética, síntesis que superaría (aufhebung), en un nuevo nivel de la realidad, la tesis inicialmente afirmada con su antítesis primeramente negada; superación que será una nueva afirmación (tesis 2) que desarrollará una nueva contradicción (antítesis 2) que negará nuevamente la tesis (negación 2), y será nuevamente superada por una nueva síntesis (negación de la negación 2, síntesis 2, superación 2), y así sucesivamente.

Si en los esquemas evolutivos lo central es la acumulación, el vector del progreso y sus afirmaciones, que tolera también ciertos “saltos” cualitativos, en los esquemas dialécticos lo central es la negación, de la tesis afirmada y la nueva negación de la antítesis, que produce una negación de la negación sintética, superación de las negaciones. Esa negación, que vimos ocurre fértilmente aun dentro de esquemas cotidianos, que no suelen ser dialécticos, o de los evolutivos, es absolutamente central en la dialéctica, donde los momentos de negación son los más importantes, aunque también pueden serlo en esquemas cotidianos más afirmacionistas y acumulativos de afirmaciones que negadores de premisas lógica y sustantivamente planteadas.

Un caso especial es el de la dialéctica negativa de Theodor Adorno, de 1966, grueso y duro volumen que radicaliza la dialéctica postulando que debe rechazarse, negarse, toda la conceptualización de los objetos en la medida que el concepto es siempre un empobrecimiento del objeto, y no un empobrecimiento cualquiera sino uno que resulta en la dominación del significado, desde la semántica del signo, del mundo de los objetos, en interés de quienes efectúan e imponen el reduccionismo conceptual de los objetos; se piense lo que se piense de su teoría, configura una negación muy radical y una exigencia de negación dialéctica, porque lo que se niega es el código de encodificación del significado de los significantes; y eso quizás porque el mejor medio de control y hegemonía en el mundo contemporáneo de los signos es el de la autoría del código y de los medios de encodificación del significado, dominio simbólico, poder simbólico en el sentido de Pierre Bourdieu de aptitud para naturalizar arbitrarios; afirman autores como Jean Baudrillard que la hegemonía del código daría más poder que la propiedad de los medios de producción, entre otras cosas porque es también un medio de producción, en la medida en que la ciencia y la tecnología son ideologías que son factores productivos y que ensalzan determinado derrotero de investigación y de invenciones en desmedro de otros, afirmación de Jurgen Habermas de fines de los 60 que resplandece en la historia de la pandemia del cov-sars-2. Jean Baudrillard, en 1973, en “Crítica de la economía política del signo” coincide y desarrolla contenidos de la dialéctica negativa destacando la centralidad del dominio del código para hegemonizar el mundo de los objetos en la sociedad de consumo y del espectáculo, que es claramente de hegemonía sígnica en su poder simbólico.

Los esquemas de filosofía más extendidos, los evolucionistas y los dialécticos, le dan importancia, ambos, a los momentos afirmativos y a los negadores, pero con énfasis diversos y hasta opuestos: los evolucionistas (quizá mayoritarios) son más afirmativistas acumulativos, aunque, tanto en el caso darwinista como en aspectos prácticos del proceso, la dan lugar a la negación, como hemos visto con ejemplos varios; los dialécticos (quizá minoritarios), en cambio, priorizan los momentos o instancias de negación, aunque dejándole un lugar importante pero relativamente secundario a los momentos de afirmación; son más bien negacionistas que le dan su lugar a las afirmaciones (tesis), pero para negarlas y superarlas. Especialmente en Fichte, la negación y la superación son un mandato ético, un deber, hacia el progreso; que también son progresos en Hegel y en Marx. Cabe recordar que para éste, el capitalismo es un progreso en el sentido de la liberación humana, aunque su imperfección transitoria deba requerir su negación y superación también; jamás aprobó alianzas de las clases negadoras progresivas del capitalismo, ni electorales o tácticas, con clases de modos de producción anteriores y más explotadores; implicarían regresividad.

Advertimos que hay filosofías de la historia muy importantes que no hemos mencionado porque no son tan centrales para la oposición superviviente entre afirmacionistas y negacionistas. Tales serían las del descaecimiento y decadencia desde una perfección inicial: Platón y Plotino, en algunas religiones importadas por éste, y que tendrán gran importancia en el augustinismo católico y en las órdenes monacales desde el medioevo; o la reencarnación hindú. En ellas hay momentos importantes de negación también, pero no son oponibles de modo tan pedagógico como las que mencionamos, ni están tan presentes hoy, ni explícita ni latentemente en la vivencia cotidiana ni en el debate filosófico. También el tiempo cónico o en espiral ascendente, del tipo del de Vico, debería ser considerado, aunque en este caso la negación no tiene mucha importancia, sobrepujada imaginativamente por una evolución con reiteraciones de lo mismo pero en niveles diferentes. Todas estas filosofías de la historia contemplan, pero le dan relevancia diversa, a la afirmación y a la negación; suceden a las primeras cosmogonías primitivas, que no consideraban el cambio o la evolución, sino un eterno retorno cíclico de lo mismo; el cambio y la diversificación, si existentes, debían ser exorcizados por rituales y cultos que mantuvieran la mismidad a través del tiempo; nada de afirmaciones acumulativas evolutivas, ni de negaciones rupturistas; esto aparece mucho más tardíamente en la historia de la humanidad.

3. Filosofía del no: reunión de afirmación y negación

Hemos visto que, después de las cosmologías primitivas del eterno retorno de lo mismo, y excluyendo las dinámicas del desaecimiento, del tiempo cónico y de la reencarnación, la gran mayoría de las filosofías de la historia se basan, las llamadas “afirmacionistas” en la mayor importancia de la acumulación y el salto adelante; las llamadas “negacionistas”, al contrario, privilegian los momentos de ruptura contradictoria, antitética o superadora, que implican negaciones de afirmaciones. Sin embargo, está claro que las dinámicas afirmacionistas, evolucionistas, contienen abundantes momentos de negación positivos, progresivos; y que las dinámicas negacionistas, dialécticas, a su vez, suponen momentos de afirmación, tesis, y de desarrollo de la negación sintética, superadora, también inicialmente afirmadoras, hasta que la aparición o conciencia de la latencia de la contradicción produzca la antítesis negadora.

Aparentemente, las dos dinámicas serían mutuamente excluyentes pese a incluir las dos elementos centrales de la otra pero como momentos subordinados a las lógicas básicas de ambas. Pero hay muchos intentos, que comparto, de encontrar modos de compatibilizar las dos dinámicas. Una primera y muy precoz fue de Georg Simmel, epistémicamente kantiano y ontológicamente hegeliano, pero además gran admirador de Schopenhauer y Nietzsche. Simmel, que produce fulgurantemente entre el último cuarto del siglo XIX y el primero del XX, describe los objetos como poseyendo intrínsecamente unitarias contradicciones, que abarca como tales en una unidad que las trasciende. Por ejemplo, dice que el marco de un cuadro, tanto le da unidad a lo que contiene, como lo separa de su exterior, sumando su capacidad unificadora a su capacidad diferenciadora, que pueden coexistir aun frente a la simplificadora (como de periodista) pregunta sobre si el marco de un cuadro une o separa (respuesta compleja: ambas cosas); que la moda cumple funciones de unificación de los que la adoptan, y de diferenciación respecto de otros, además de su capacidad de distinguir jerárquicamente a unos y otros (estas observaciones, a principios del XX), de fingir y de disimular, de expresar y de ocultat; su esencia social sería la de conjugar, complementariamente, cualidades que serían las del “tercero excluido” lógico de Aristóteles; el concepto de “tragedia”, en Nietzsche, en Simmel, en Parsons, en Germani, es el de la posibilidad sustantiva de un tercero excluido, que podría ser lógicamente negado o conceptualizado como tesis y antítesis en una dinámica dialéctica.

La idea, entonces, es de una constitución dialéctica de los objetos materiales y espirituales, dialéctica y contradicciones que no necesariamente se resuelven en favor de la tesis, ni de la antítesis, ni siquiera desde la síntesis, porque sería una dualidad constitutiva, en la que hay una unidad de contrarios que permea la dinámica tesis-antítesis-síntesis; el simple hecho de la contradicción es una de las condiciones ónticas posibles, sin generar necesariamente, para tener efectos y consecuencias, ni una negación exitosa, ni una antítesis que fracasa frente a la antítesis; puede no negar la tesis ni superarla, ni tampoco fracasando y siendo derrotada por la afirmación tética: habría una lucha sin cuartel ni fin entre afirmaciones y negaciones (los mecanismos homeostáticos sistémicos, por ejemplo, o los mecanismos parsonianos de control social, son procesos correctores hacia la conformidad sin que ninguno de los extremos sea derrotado). Esa “tragedia” de una lucha equilibrada y estructural, digamos que sin vencidos ni vencedores entre afirmadores y negadores, tesis y antítesis, quizás sea inaugurada por Nietzsche en ”El nacimiento de la tragedia”; más tarde en la teoría funcional-sistémica y estructural, desde Parsons (circa 1950), pero llegando luego hasta Gino Germani en América Latina (y Peter Heintz); se acuña el término “tensión estructural” para describir en términos estáticos y dinámicos un cierto equilibrio entre afirmación y negación, o entre conformidad y desviación. En 1940, Gaston Bachelard publica su “Philosophie du non”, que no adhiere a la dinámica de la dialéctica negacionista ni a la de la evolución afirmacionista, sino que concibe, y lo muestra teórica e históricamente, cómo las corrientes científicas que niegan anteriores son compatibles con ellas por la referencialidad mutua y común, por la convertibilidad posible de unas en otras, y por las afinidades electivas entre diversas negaciones contemporáneas entre sí; más allá de su confrontación explícita, o de la descripción de su interacción, instalarse de pleno en la parte negada nos parece una exageración. La negación debe permanecer en contacto con la formación primera (tesis, afirmación, diría yo). Debe permitir una generalización dialéctica (una de ellas, pero solo una, la síntesis, diría). La generalización por el “no” debe incluir lo que ella niega (en parte como la superación dialéctica). Así, la geometría no-euclidiana entraña la geometría euclidiana; la mecánica no-newtoniana entraña la mecánica newtoniana, y la mecánica ondulatoria, la relativista. De hecho, muchas generalizaciones dialécticas, independientes al principio, adquieren coherencia. Así, la mecánica no-newtoniana de Einstein se ha expresado con toda naturalidad en la geometría no-euclidiana de Riemann.

En todos los casos mencionados en los dos primeros numerales, la negación, los negadores, y el negacionismo como abstracción ulterior, no deberían ser ni despreciados ni descalificados como conducta humana inferior ni secundaria frente a otras estrategias cognitivas alternativas, tales como un supuesto afirmacionismo superior a él. Dependerá de la calidad de las afirmaciones o de las negaciones, más que del calificativo en sí mismo; negar, ser negador o negacionista no está mal, ni por mínima reflexión introspección cotidiana sobre la importancia vital de negar, ni por el lugar que tiene en todo el imaginario y la fenomenología de la construcción óntica o cognitiva del mundo; tanto en un imaginario y fenomenología evolucionista, aunque más aún en dialécticas, tanto las hegeliano-fichteanas como la de Adorno; quizás todo ese mísero maniqueísmo empobrecedor sea evitable por la línea Nietzsche-Simmel-Bachelard-Parsons-Baudrillard, que ofrece una conceptualización de interés por asemejarse a la viabilización plausible de un tercero excluido lógico descartado en el nivel óntico de la realidad.

¡Qué viva el buen negacionismo! El de aquel que niega cuando la afirmación ya no rinde frutos y aparecen alternativas que puedan argumentarse, teórica y fácticamente, como posibles sustitutas de las afirmaciones del statu quo y de variantes suyas. Porque es claro que un negacionismo por negar nomás, compulsión psíquica pura, sin racionalidad teórica y empírica para postularse como alternativa o complemento de la afirmación vigente, no es la clase de negacionismo que pueda oponerse legítimamente a un afirmacionismo de statu quo, de tesis, o de triunfo contra las insurrecciones antitéticas. El negacionismo válido y contribuyente es el que hemos visto tan presente en la vida cotidiana y en todas las áreas del progreso en un modelo evolucionista y positivista dinámico; o bajo la forma de negaciones antitéticas o de negaciones de las antítesis superadoras de tesis y antítesis, al modo de la dialéctica Fichte-Hegel-Marx; o desde una dialéctica negativa radical como la de Adorno, que no acepta la reducción conceptual de los objetos por sujetos que luego imponen su reduccionismo como código imperial de encodificación del mundo, lo que amplía Baudrillard.

Una perspectiva integradora de afirmaciones y negaciones, además de a) la que prioriza el momento afirmativo aunque se acompañe de importantes negaciones, o b) aquella que prioriza los momentos de negación aunque le dé importancia a los momentos de afirmación. La alternativa c) sería la desarrollada en la citada línea Nietzsche-Simmel-Bachelard-Parsons-Baudrillard, que integra expost una sucesión de afirmaciones y negaciones relativas a ámbitos que las integran potencialmente más allá de su actualidad manifiesta como contradicciones, como actualización de terceros excluidos que superen su disyunción ideológica en la práctica discursiva. Quizás sea ésta la línea más prometedora y que evite inútiles polémicas retóricas, insustanciales, provincianas, como las que ocupan y fatigan fútiles páginas de publicaciones donde no especialistas, sin formación histórica o filosófica, se descalifican febrilmente con bajos argumentos y evidencias, generando una pésima escuela de debate, que los políticos también nutren, especialmente desde esas ubicuas escuelas de mediocridad que son los medios de comunicación de masas, en especial los llamados “informativos”, o “noticiosos”, que más bien venden peleas o conflictos, guerras de trincheras (ni siquiera en el sentido gramsciano) que canalizar o vehiculizar discusiones constructivas o deconstructivas, pero sustantivas.

4. El venenoso y pigmeo debate en el Uruguay

El problema adquiere ribetes más trágicos en el Uruguay, donde se confirma aquello de que “ciudad chica, infierno grande”, quizás debido a: a) el tamaño de los sujetos o colectivos que polemizan sobre negacionismos y afirmacionismos, u otros “ismos” menores; b) la vinculación de los debatientes a orientaciones político-electorales; c) el parroquialismo endogámico que vibra en los sujetos en pugna, y su orientación hacia claques de cliques provincianas; d) sin grandeza de fines, sin cuidado alguno sobre la verdad o realidad de lo que está en juego, cualidades en decadencia y subordinadas a intereses fraccionales sectarios o a inflados egos no especializados; e) la perversa participación de una prensa más intrusiva que mediadora; y f) el cambalache de las redes sociales. Todos y cada uno de esos factores sobredetermina los objetivos del debate, subordinando la tan clásica como obsoleta búsqueda individual y colectiva de mayor realidad, mayor verdad y más fundada opinión; sustituida progresivamente por un narcisismo utilitarista de aporte a sus pertenencias actuales y/o a sus referencias esperadas.

Todo ello produce un debate que dista mucho del ideal de la dialéctica socrática que, por desinteresada secuencia dialógica, arribaba a mejores conceptos que los inicialmente puestos sobre la mesa de la interacción. Aquí y ahora, el debate no es tal, porque no persigue realidad ni verdad ni mejor opinión, es más guerra de trincheras que esgrima dialógica, y empobrece y caricaturiza crecientemente las posiciones en pugna, alejando progresivamente a los acompañantes de esa guerra de trincheras, vendida publicitariamente como “debate” o “discusión” sustancial a las audiencias.

5. Uruguay siglo XXI: manual de debates, o munición para trincheras

El perverso mecanismo básico de un llamado “debate”, que es más guerra de trincheras ensimismadas que esgrima dialógica para ir estableciendo solidaria y progresivamente realidades ocurridas u ocurrentes, verdades demostrables y opiniones argumentables en teoría y/o hechos (más bien fenómenos), sería algo como lo que sigue: a) Escríbase un texto con un título llamativo y en una publicación conocida a priori como acogedora de lo que se dirá, y rechazadora de lo contrario; pero que parezca tolerante, pluralista y republicana, aunque probablemente exhibirá un desbalance claro entre las posiciones que simula aceptar; b) Abunden calificativos sin mayor sustento expuesto pero en general despectivos y descalificadores del texto o autor al que se responda, o anticipando discrepancias; c) Condiméntense los calificativos con adverbios aumentativos de lo que se afirma y diminutivos de lo que se niega; d) Tómense, para referirse a una corriente, texto o autor a enfrentar, lo peor, más breve y descontextualizado, o lo más frágil de todo lo dicho o escrito por el referido contrario, cosa de debatir un estereotipo o más bien caricatura de lo que la otra corriente, texto o autor hayan dicho en un texto o hasta en una densa producción; el objetivo es “ganar la discusión micro puntual”, jamás tener razón o construir aprovechando lo que varias voces calificadas digan, apuntando a mejorar el logro de realidades, verdades o enriquecimientos; e) para que los lectores desprevenidos o los correligionarios que buscan alimentarse desde una trinchera y vomitar a la otra tengan fácil argumentación para confirmar lo que ya creían, jamás para tratar de incorporar alguna razón al rival, o nutrir mejorías en la conceptualización resultante del intercambio; f) lo que se discute y cómo se lo hace en el Uruguay actual termina siendo mucho más divisivo, mucho menos pensado, mucho menos fundado, mucho más ígneo de talante que lo que se empezó intercambiando; se habla, de modo narcisista, para la claque de la clique de pertenencia, o para la que se aspira a pertenecer en la carrera personal; las realidades, verdades o espectro de alternativas que surge del “debate” es mucho menos rico que los que existían al inicio del debate; g) la munición de la pedrea engrosa; se trata de una pedrea entre una trinchera auto-calificada de sabia, inteligente, razonable, informada, moral y moderada contra otra también auto-calificada de burra, imbécil, descocada, desinformada, inmoral y radical; éstos pensarán viceversa de aquéllos; nadie le concede nada de razón a ningún adversario, son conjuntos disjuntos y con terceros solo excluidos; h) Ampárense, para sus insultos o infundios, en la ley de prensa; para que ninguno de los descalificados e insultados pueda establecer una demanda penal por calumnias, injurias y difamación, ni resarcimientos civiles por los vómitos recibidos; i) Hechos, teorías y argumentos cederán su lugar a insultos, caricaturas y ridiculizaciones, acusando a sus rivales de hacerlo mientras se hace precisamente eso; j) Descalifíquense autores, textos, corrientes y opiniones de especialistas en conocimientos relevantes al tema focal desde especialidades absolutamente irrelevantes para el mismo, sin el menor escrúpulo o autocrítica, cambalache discepoliano redivivo; k) Sustitúyanse los análisis de hechos, argumentos y teorías que no pertenezcan a la vulgata oficial y ortodoxa por caricaturas, depreciaciones y epítetos insultantes y descalificadores, hasta recurriendo a definiciones de Diccionario, que, como en el caso de “negacionismo”, establecen una descalificación por definición, intrínseca, de la negación, ignorando la enorme contribución que la negación ha hecho a la historia de la humanidad, en la vida cotidiana y en todos los ámbitos de la vida humana en todo el espaciotiempo conocidos, como vimos en los 3 primeros numerales del artículo; l) porque el asunto no debiera ser simplemente quién es negacionista o no, qué alfiler titulado se le pone taxonómicamente a cada insecto, qué vecindades o contactos lo hacen sospechable o tranquilizador como negacionista o como afirmacionista, qué sutiles y paranoicos indicadores a priori me van a permitir descalificar o admitir sin considerar los contenidos del texto. El asunto debiera ser qué hechos, argumentos y teorías esgrime quien niega, o quien afirma, y no dónde escribe, si acuerda o no con lo que hoy parece ortodoxo, oficial, vigente, pero que no es sagrado, salvo ignorancia dogmática de quien califica sin analizar; m) la reivindicación de un negacionismo tan pobremente conceptualizado no nos lleva, como llevó a sus postuladores, a descalificar a quienes establecen puntos de vista y prácticas contrarios a aquéllas operadas por los mal llamados negacionistas, que mal llamaríamos afirmacionistas para mantenernos en el universo de discurso y lugar de enunciación de la expresión “negacionismo” que hemos tenido que considerar, dada su injusta pobreza descriptiva; n) siguiendo esa acepción, universo de discurso y lugar de enunciación, me enorgullezco de poder ser tildado de “negacionista”, actividad que elogio abiertamente porque he probado ampliamente su fertilidad, lo que no debería llevar a descalificar a los “afirmacionistas” como ellos lo han hecho con los negacionistas; los afirmacionistas también han contribuido de modo valioso; o) quizás sean apreciables los esfuerzos que, mediante una línea de integración sintética como la Nietzsche-Simmel-Bachelard-Parsons-Baudrillard, puedan promover un rechazo a esa guerra de trincheras que envenena la vida cotidiana y académica uruguaya (trincheras política, periodística y microcomunicacionalmente alimentadas), impidiendo que el debate sea del modo y con los resultados de la dialéctica dialógica socrática, y de las maneras comunicacionalmente correctas; porque, luego de un “debate atrincherado”, el conocimiento, la sociabilidad, la realidad, la verdad y la opinión empeoran, para mal agregado de todos; o) lo peor es que la pandemia de la sustitución de debates por guerras de trincheras es trendy, tendencia global, una de las peores pandemias. Vale la pena recordar que jamás se ha hecho una confrontación pública de ideas, datos y argumentos fuera de las trincheras, pese a que los negacionistas lo han reclamado, y contando entre sus filas con especialistas multidisciplinarios del mismo nivel académico de los afirmacionistas, que se niegan a debatir. Por el contrario, además de negarse a debatir con negacionistas, los han comenzado a censurar en las plataformas, en las redes sociales y en las invitaciones a eventos científicos, probablemente por temor a perder en el debate, en una muestra de que el desarrollo de la pandemia se acerca cada vez más a una dictadura global por parte de políticos, periodistas y especialistas afirmacionistas.

Esperemos que la negación y quienes la ejercen sean apreciados en su relevancia histórica más allá de la pobreza con que son definidos por la Real Academia, y que tampoco se reivindiquen sectariamente en desmedro de afirmacionistas, también fértiles y dignos de una recomposición con los negacionistas.

Ello podría llevar hasta a un elogio de los conspiracionistas y de las conspiraciones también; los conspiracionistas, como por ejemplo los órganos de seguridad, siempre han sido protectores de intereses comunes a veces muy importantes, y sus hipótesis y actividades de sospecha fundamentales para eso, solo para hablar de lado afirmacionista; por otro lado, las negaciones fértiles se han servido muchas veces de conspiraciones para implementarlas, del lado del negacionismo. Elogio del conspiracionismo, entonces? Sería superar otra mediocridad de moda. Pero ya no entra en esta nota. Y queda aún la peor mediocridad ignorante de moda entre la pseudo-intelectualidad: el “terraplanismo”, comúnmente usado por quienes utilizan “negacionismo” y “conspiracionismo”, para referirse a cosas que no tienen nada que ver con la posición, ni de los terraplanistas medievales, ni con su resurrección sorpresiva a fines del siglo XX. De cualquier modo, lo que sostienen no tiene nada que ver con lo que pueden decir los que son acusados de negacionistas y/o de conspiracionistas. Un completo e ignorante error, que se suma. En realidad podría ser mejor no ocuparse más de todos ellos, quizás, porque no valen tanta paciencia.

Rafael Bayce https://extramurosrevista.org/elogio-del-negacionismo/

En Gran Bretaña quieren acabar con el confinamiento acabando con las tonteorías de los ‘expertos’

En marzo el Primer Ministro británico Boris Johnson se enfrentará a una importante rebelión si no suaviza el confinamiento y no presenta un plan para acabar con él por completo.

Johnson pedirá a los diputados que aprueben la renovación por seis meses de los llamados “poderes de emergencia”, aprobados en tiempos de Enrique VIII, en el siglo XVI, para poder imponer el terror indiscriminadamente.

Algunos diputados de su propio partido ya le han advertido que podrían votar en contra, a menos que tome medidas para acabar con el confinamiento. La antigua ministra del gabinete, Esther McVey, ha dicho: “Es absolutamente esencial que, una vez vacunados los grupos más vulnerables, el gobierno empiece a suavizar los confinamientos”.

Las restricciones están sumiendo a la población en la miseria y la locura. “El gobierno debe empezar a enfrentarse a esos cantos de sirena que quieren que los confinamientos y las restricciones se conviertan en una característica casi permanente de nuestras vidas”, dice McVey.

“Si el gobierno no empieza a avanzar rápidamente en este sentido, el Parlamento tendrá la obligación de retirarle estos poderes tan amplios”.

McVey también ha expresado su preocupación por la forma en que se utilizan estimaciones exageradas para impulsar políticas públicas. Las afirmaciones del seudocientífico Neil Ferguson de que 500.000 personas morirían de coronavirus, justificaron el primer confinamiento, y las afirmaciones del profesor Chris Whitty y Patrick Valance a finales de otoño de que habría 5.000 contagios diarios, hicieron lo mismo con el segundo.

Las afirmaciones de los “expertos” eran absolutamente falsas.

Al principio de la pandemia hubo presiones sobre el gobierno para que liberara masivamente a los presos porque miles de ellos morirían a causa del contagio. Fue otra previsión falsa. El gobierno no liberó a los presos y sólo 47 murieron a causa de la enfermedad. “No hay mejor ejemplo del alarmismo para impulsar la política del gobierno que querían los llamados ‘expertos’, que las predicciones sobre las muertes de los presos”, dice McVey.

“Comprendo que estas estimaciones no son una ciencia exacta, pero la diferencia entre una predicción de 2.700 y la realidad de 47 es, como mínimo, vergonzosa, y demuestra que el gobierno no debe entregar el control total de la política a los científicos, que claramente no son infalibles con sus predicciones”, dice McVey.

A principios de esta semana, el presidente del Grupo de Recuperación del Covid, Mark Harper, exigió a los ministros que presentaran “un plan para levantar las restricciones”. Harper destaca el daño que se está causando a los niños con las escuelas cerradas, así como a la economía y el riesgo de que otras muertes innecesarias por Covid aumenten con el confinamiento.

No obstante, es posible que algunos “expertos” intenten mantener el confinamiento y las restricciones durante el resto del año. Los diputados han expresado en privado su preocupación por el hecho de que, para intimidar, los “expertos” de pacotilla sigan con las filtraciones sobre los “riesgos” de las nuevas variantes del virus, inventadas para imponer un confinamiento permanente.

https://www.express.co.uk/news/uk/1388099/lockdown-end-date-uk-lockdown-rules-covid-news-2021-rules-when-will-lockdown-end

Maccacaro, Paccino, Giacomini: In Memoriam

Este mes de enero de 2021 se cumplen 44 años del fallecimiento de Giulio Alfredo Maccacaro (15/1/1977) y 40 años del fallecimiento de Valerio Giacomini (6/1/1981) que junto a Darío Paccino (4/6/2005) imprimieron una huella imborrable en el pensamiento ecológico no instrumental ni neutro, sino estrechamente relacionado con la depredación del medio ambiente por parte del capitalismo, ya fuera éste de corte occidental o de la deriva pro capitalista de los socialismos “realmente existentes” y la relación con las diversas patologías y las prácticas médicas utilizadas a mayor gloria del capital.

Cabe conservar hoy la memoria de dichos autores y recordar la raíz marxista y revolucionaria de dos de ellos: Giulio Alfredo Maccacaro y Darío Paccino, así como el catolicismo progresista de Valerio Giacomini que siempre defendió con firmeza la metodología y el rigor científico, combinados con los más profundos valores humanos y las cuestiones sociales.

Dario Paccino, participó activamente en la resistencia italiana en las filas de la Brigada Matteotti, con el nombre de batalla Santi, y redactor en aquel momento del periódico clandestino Avanti. De febrero de 1979 a junio de 1986 fue redactor jefe de la revista Rossovivo, una revista de crítica marxista a la ecología dominante. En 1972 publicó su libro más famoso, “L’imbroglio ecologico” (La estafa ecológica), en el que expresaba la desconfianza de gran parte de la izquierda italiana hacia la conservación de la naturaleza. Según Paccino, la ecología era una herramienta más de la burguesía capitalista para explotar a los trabajadores de las fábricas y las obras.

Darío Paccino en unas declaraciones en Lotta Continua nº 9 del 4 de enero de 1978 definía que: «Con mis libros intento dar voz a los desposeídos por el monopolio de la información y de la llamada cultura”, (1) y que junto a Valerio Giacomini, fundó la revista Pro Natura: Natura e Società.

Giulio Alfredo Maccacaro era médico, biólogo y biometrista, un científico que se ocupaba de los métodos de la estadística aplicados a la medicina y a la investigación de las causas, especialmente ambientales y laborales, de las enfermedades. Antifascista y marxista convencido participó en la Resistencia en las fuerzas partisanas del Oltrepò pavese, con la brigada Barni.

Trabajó como investigador en el Departamento de Química del Chelsea College of Science and Technology de Londres, como profesor del curso «Almacenamiento y transferencia de información en las bacterias» y al año siguiente en la Unidad de Investigación de Genética Microbiana del Consejo de Investigación Médica de Londres. En 1972 fundó la Asociación Medicina Democrática, Movimiento de Lucha por la Salud. Maccacaro fue un científico que vivió plenamente su profesión de estudioso e investigador y su compromiso social. Siempre estuvo del lado de los trabajadores a los que dedicó tiempo y energía; vivió su profesión de forma honesta, sin obtener privilegios fáciles. En 1976 fundó la revista “Epidemiologia e prevenzione.

En octubre de 1972, el Colegio de Médicos de Milán, lo convocó a a través de este comunicado: “Con motivo de asuntos que le conciernen, le rogamos presentarse ante la sede de este Colegio el miércoles 4 de octubre a las 11:30 horas, a fin de ser atendido por el presidente o uno de sus delegados.” a una reunión con la intención de sancionarlo por el prólogo escrito para el libro de Jean-Claude Polack La medicina del capital (2). A raíz de este suceso, Maccacaro escribió una carta al Presidente del Colegio de Médicos de Milán, de la cual vale la pena resaltar algunos párrafos (3).

“Decir medicina del capital es dar mucho más que una indicación histórica o sociológica: es proporcionar el resultado de un análisis político según el cual la dirección del capital, en las sociedades donde rige suprema, se siente obligada por la necesidad de afirmarse y, por el control de sus contradicciones, a asumir la gestión total del sistema médico en todas sus partes y sus relaciones. En dichas sociedades, la medicina en cualquiera de sus ámbitos, ya sea en el científico o en el asistencial, en la práctica privada tanto como en la pública, en las aulas universitarias como en las salas de hospitales, pertenece siempre al capital, en el sentido de que es funcional para sus necesidades de conservación y de desarrollo, aun a través de las formas y las realidades del acto asistencial.

… El sistema capitalista debe asumir la gestión de todas las fases de la medicina, o sea la gestión del médico además de la del enfermo, de la enfermedad además de la gestión de la institución, de la enseñanza además de la gestión de la profesión, de la producción del fármaco además de la de su demanda, etc.

… ¿Es necesario que usted me repita que la patología no es propiedad absoluta del capital cuando es evidente que todo el capital es patógeno y sigue siéndolo en todos lados donde llega a su dominio y su implementación?. El control y la exacción, que conste, son capaces no solo de producir, como hemos visto, la enfermedad sino también de inventarla y, siempre por el propio beneficio, de reprimirla y de negarla.

… Naturalmente la medicina del capital no podría dirigir las enfermedades, si no dirigiera también al enfermo, al médico y a la relación existente entre ellos, de acuerdo a una coherente lógica de clase.

… La verdadera medicina preventiva, señor presidente, la única que tiene un sentido real, no es aquella que nos propone el capital, sino aquella a la cual el capital se opone. Es la medicina que busca las causas patógenas y las elimina en vez de quedarse en los efectos y disfrazarlos bajo el artificio de su reconocimiento precoz.

… Que otro médico lea estas líneas y esas páginas es mi viva esperanza: que lo ayuden a reconocer el peligro que corre, a rechazar su condena y a afrontar su crisis. No importa donde esté su lugar de trabajo –en una clínica universitaria, en un hospital de provincia, en un barrio obrero, en un medio rural– la medicina del capital lo va a alcanzar, pues lo necesita. De él, el mando capitalista, que ha constreñido bajo su orden a la ciencia y a la medicina, al enfermo y a la enfermedad, que ha reducido al hombre a la cárcel de la alienación, exige que de esta cárcel él, médico, se haga custodio vigilante.

… La medicina del capital habrá dejado de existir el día que los médicos comprendan la profunda politización y la potencialidad liberadora de su trabajo. Y junto con ella, dejará de existir también, un Colegio Médico como este, un presidente como usted y el recuerdo de ambos”.

Darío Paccino, escribió en 1972 “L’Imbroglio ecológico” en el cual realiza una severa crítica a los ecologistas del capital que los caracteriza como los que desean la vida dulce de la sociedad capitalista occidental sin los desastres ocasionados por la depredación del medio ambiente, deseosos de una sociedad sin destruir al capitalismo que vive de la depredación (4).

Valle de Meuse, Bélgica

La mortaldad del Valle de Meuse, Bélgica en 1930 fue la primera catástrofe sanitaria atribuida a la contaminación.

El 1 de diciembre de 1930 una espesa niebla cubrió gran parte de Bélgica. Los vientos de muy escasa velocidad no permitieron la evacuación natural de los contaminantes permitiendo que estos se asentaran sobre el Valle de Meuse provocando serios problemas de salud entre la población de aproximadamente 9.000 habitantes.

A lo largo de los 20 kilómetros del Meuse Valley entre Huy y Lieja había 4 hornos de coque, 3 fábricas de acero, 4 fábricas de vidrio, y 3 fundiciones de zinc. Las emisiones contaminantes eran, por tanto, habituales y notables en la zona y fue la conjunción de esas emisiones contaminantes con unas condiciones meteorológicas muy específicas la que condujo desastre.

El día 3 de diciembre, tras dos días de una niebla persistente, cientos de personas que vivían en el tramo del Valle de Meuse situado entre las ciudades de Huy y Lieja, empezaron a experimentar todo tipo de problemas respiratorios, algunos de ellos muy severos, desde la irritación laríngea, la tos y el dolor, hasta la disnea, el asma y signos de edema pulmonar como la cianosis. Las náuseas y los vómitos fueron también muy frecuentes. El 4 de diciembre las muertes comenzaron a sucederse y el 5 de diciembre más de 60 personas habían muerto. La tasa de mortalidad en la zona fue de 10,5 veces lo normal. (5)

Donora

Es de destacar la catástrofe humana que ocasionaron las empresas American Steel and Wire perteneciente a la United States Steel Company y la Donora Zinc Works que entre las dos empleaban a unas cinco mil personas en la pequeña población de Donora (14.000 habitantes) en el Estado de Pensilvania (Estados Unidos). El 27 de octubre de 1948 la polución se convirtió en una niebla asesina . A causa de esto, la mitad de los 14.000 habitantes enfermaron y 70 murieron en el trancurso del mes siguiente afectando a las personas mayores y a otras con problemas respiratorios. Los síntomas eran irritación del tracto respiratorio, picor en los ojos, dolor de garganta, dificultad para respirar, dolores de cabeza, náuseas y vómitos. Con el paso de los años se comprobó que la gente afectada disminuyó su esperanza de vida.

Paccino menciona el testimonio de una habitante de Donora, Mrs. Nugach, la cual declara que “mi padre empezó a respirar fatigosamente durante el día, por la noche lo llevaron al hospital donde murió unas horas después gritando: “dadme un soplo de aire fresco”. Y el médico de Donora William Roungaus afirmó que “fué una verdadera matanza, la gente gritaba y pedía un poco de aire puro”.

La investigación más exhaustiva de un episodio de contaminación del aire la llevó a cabo el Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos y el Departamento de Salud de Pensilvania después de este episodio. En esos estudios, los investigadores determinaron que 5.190 personas, casi 43% de la población en el área, enfermaron en algún grado. El principal efecto fue una irritación aguda del tracto respiratorio. Durante este episodio, 33% de la gente de Donora presentó tos, el síntoma más común. Otros síntomas, en orden decreciente, fueron: dolor de garganta, constricción del tórax, respiración superficial, dificultad respiratoria, cefalea, náuseas, vómito, irritación ocular, lagrimeo y flujo nasal. De cada 100 personas que enfermaron, por lo menos, 24 sufrieron síntomas severos y 39 moderados. La tasa de mortalidad aumentaba con la edad: 31% entre los 20 y 24 años, 55% entre los 40 y 44 y 63% entre los 60 y 65 años. La enfermedad cardiaca o pulmonar fue el factor principal de muerte, pero no todos los que murieron tenían una historia de enfermedad crónica. La autopsia de las víctimas mostró bronquitis, edema pulmonar y hemorragia como causa de muerte (6).

Londres

El 5 de diciembre de 1952 comenzó en Londres la peor catástrofe de contaminación de la historia en las Islas Británicas.

La población ya estaba acostumbrada al “fog”, contaminación del aire que sumergía a la ciudad bajo la niebla, por lo que esa contaminación fuera mayor de la habitual no les extrañó. El azufre y las partículas de ácido sulfúrico fueron los contaminantes responsables.

La consecuencia más grave es que, debido a la Gran Niebla, en cuatro días murieron más de 12.000 personas, especialmente personas ancianas, niños y niñas, además de 120.000 hospitalizaciones. En 1962 se dio otro episodio similar, pero en mucha menor escala, en la que fallecieron 750 personas (7).

España

En Europa, el proyecto Aphea (Short term effects of air pollution on health, a European approach) un estudio multicéntrico que contó en su primera fase con la participación de 15 ciudades europeas (entre las que se incluía Barcelona) pertenecientes a 10 países diferentes, con una población de estudio de aproximadamente 25 millones de habitantes.

En los últimos años se han aportado algunas evidencias por parte de los estudios experimentales. Por un lado, se ha sugerido que el poder tóxico de las partículas en los ambientes urbanos procedería de su alta composición en partículas ultrafinas. Así, aunque gravimétricamente su concentración no sea muy alta, estas partículas podrían provocar una exacerbación de los problemas respiratorios e incrementar la coagulabilidad plasmática. Se ha informado la existencia de asociación entre los niveles de partículas y una disminución del funcionalismo pulmonar (8).

El 7 de diciembre de 2019 con motivo de la Cumbre del Clima que se celebró en Madrid entre el 2 y el 13 de diciembre, la Fundación Española del Corazón (FEC) recordó que la contaminación atmosférica causa 8,8 millones de muertes al año en el mundo, 790.000 en Europa y unas 30.000 en España, siendo entre el 40 y el 80% de esas muertes de causa cardiovascular.

Las partículas de la materia en suspensión (PM10 y PM2.5) son los productos contaminantes de mayor impacto medioambiental. Cuanto más pequeñas son las partículas, más dañinas pueden ser. Barcelona, Madrid, Valencia, Sevilla, Albacete y Toledo encabezan el ránking de ciudades con más concentración de partículas PM2,5, superando el límite establecido por la OMS (10 microgramos/m3) solo León, Cáceres, Las Palmas, Salamanca, Vitoria, Tenerife y Burgos cumplen con los estándares establecidos por la OMS. En el caso de las partículas PM10, la mayoría de las 45 ciudades analizadas en el citado estudio rebasarían el límite permitido por la OMS (9).

Una investigación internacional publicada en agosto, dirigida por la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y la Universidad de Fudan (China), basada en el análisis de 652 ciudades (incluidas 45 españolas) de 24 países o regiones de todo el mundo para el periodo 1986-2015. Este estudio, el último publicado sobre este tema, en el que también han participado investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), confirma la relación entre la contaminación urbana y el riesgo de mortalidad.

La contaminación atmosférica causa 8,8 millones de muertes al año en el mundo y unas 30.000 en España. Cuanto más pequeñas son las partículas de materia en suspensión, por ejemplo, las que se emiten en la combustión de vehículos diésel, más daño producen en nuestro organismo (10).

Minamata

Aunque los agentes químicos son distintos de los enumerados anteriormente, el causante es el mismo: el capitalismo depredador

Minamata, de la Prefectura de Kumamoto, es una pequeña ciudad del sur de la isla de Kyushu, en el Japón y en 1956, cuando comienza la epidemia, tenía unos 50.000 habitantes y una gran empresa de productos químicos, fundamentalmente fertilizantes, la Chisso Corporation que vertía sus residuos contaminantes al rio Minamata y a la bahía cercana.

El 21 de abril, de 1956, una niña de 5 años de edad amaneció con convulsiones y dificultades para andar y hablar. Ingresó en el hospital de Minamata, el Hospital Chisso, propiedad de la empresa química. Fue, esa niña, el primer caso bien documentado de la enfermedad de Minamata.

Las investigaciones identificaron el mercurio como la causa de la enfermedad de Minamata, pero las autoridades y la empresa Chisso hicieron caso omiso de este dato para contener la extensión de la enfermedad. La fábrica Chisso era sospechosa de la contaminación pero, en aquellos años, no era fácil de probar.

Fueron los equipos de investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Kumamoto los que trabajaron durante años para conocer mejor la enfermedad y su origen en el metil mercurio. El 22 de julio de 1959 publicaron un informe en el que escribían que “La enfermedad de Minamata es una enfermedad del sistema nervioso que es causada por la alimentación con pescado y marisco en el área local (Bahía de Minamata). El mercurio ha llamado nuestra atención como la causa posible de la contaminación del pescado y el marisco.”Firmaban este informe los profesores Tadao Takeuchi y Haruhiko Tokuomi. El 5 de agosto la empresa Chisso respondía afirmando que “La teoría del mercurio orgánico de la Universidad de Kumamoto es una especulación sin ninguna prueba, y es irracional según el sentido común de la química”.

Entonces estalló la segunda fase de la enfermedad de Minamata. Desde mediados de los 50, en la ciudad habían aumentado los casos de parálisis cerebral, los abortos, los nacimientos prematuros. En 1961 y 1962, en la autopsia de dos mujeres jóvenes ambas llevaban fetos muertos con la enfermedad de Minamata. Además, en 1962 se declararon 15 nuevos casos de parálisis cerebral.

No fue hasta 1968 que el gobierno estableció que el metil mercurio vertido por Chisso era la causa de la enfermedad de Minamata. Habían pasado 12 años desde aquella primera niña enferma de 5 años detectada en 1956 (11).

“Todavía no se conocen con exactitud los efectos a largo plazo de estos, y de muchos otros, contaminantes. Son concentraciones bajas pero absorbidas en pequeña cantidad durante muchos años y pueden provocar efectos que aún no detectamos” (12). En 2010, eran 2.771 personas las que tenían el certificado de padecer la enfermedad de Minamata pero hay más de 40.000, con síntomas más leves, que también reciben tratamiento médico.

A modo de resumen

La declaración por parte de la OMS de pandemia mundial en marzo de 2020, obvia cualquier estudio, antecedente, dato, experiencia sobradamente demostrada de los efectos de la contaminación ambiental sobre el organismo humano, no fuera caso que se enfadaran las grandes corporaciones, los complejos químico-farmacéuticos, los complejos militares, la industria agroalimentaria… y dejaran de aportar miles de millones para mantener las burocracias internacionales y las revistas aparentemente científicas que solamente publican lo esperado por el capital.

Mucho más sencillo y engañoso ha sido atribuir los fallecimientos a un miserable virus del cual todavía se está buscando su cadena proteínica. De este modo se puede continuar la depredación del medio ambiente con el visto bueno de las progresistas izquierdas, las cuales también obvian la corrupción ambiental y se afanan en situarse al lado del discurso de las grandes corporaciones químico-farmacéuticas clamando por la universalización de vacunas salvadoras, pero dejando incólume todo el entramado capitalista responsable del envenamiento de millones de personas en todo el mundo.

Es pues, momento de rendir homenaje a Giulio Alfredo Maccacaro, a Dario Paccino y a Valerio Giacomini que en honrosos actos de valentía se enfrentaron, desde una concepción clasista de la ciencia al capitalismo depredador del medio ambiente.

Referencias

(1) https://web.archive.org/web/20160917014445/http://fondazionerrideluca.com/download/1978/01_1978/LOTTA-CONTINUA_1978_01_04_002_0009.pdf
(2) La Médecine du capital, Paris, Éditions F. Maspero, « Cahiers libres » 1971
(3) https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5367435
(4) https://www.anobii.com/books/L%27imbroglio_ecologico/01c67ce7c730fedd56
(5) http://www.riaat.ujat.mx/hablandoalaire/ha_MeuseValley.html
(6) Public Health Service. Air pollution in Donora, Pennsylvania: epidemiology of unusual smog episode of October 1948, Public Health Bull 1949; 306:173.
(7) Asociación Española de Historia Económica https://www.aehe.es/la-gran-niebla-de-1952-en-londres/
(8) Rev. Esp. Salud Publica vol.73 no.2 Madrid mar. 1999, Efectos de la contaminación atmosférica sobre la salud: una introducción
(9) https://www.elespanol.com/ciencia/medio-ambiente/20191207/ciudades-contaminadas-espana/448205366_0.html
(10) https://www.elplural.com/el-telescopio/sostenibilidad/en-ciudades-espana-respira-peor_232360102
(11) https://culturacientifica.com/2018/03/04/caso-los-enfermos-minamata/
(12) Hachiya, N. 2006. The history and present of Minamata disease. Entering the second half a century, Japan Medical Association Journal 49: 112-118.

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«El uso de las mascarillas tiene efectos directos e indirectos sobre el equilibrio emocional y mental de cualquier persona, pero es especialmente más grave en el caso de los menores de edad, que están en edad de desarrollo de su personalidad y es crítico en el caso de menores de 12 años de edad«. Es la conclusión de un informe remitido al Parlamento Vasco, que reúne testimonios de varios profesionales de la educación en Euskadi. Leer más

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