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Autor: Juan Manuel Olarieta (página 47 de 59)

Detención de Olarieta

La editorial Templando el Acero denuncia la detención de nuestro compañero escritor Juanma Olarieta Alberdi y sus compañeros, por el grave delito de opinar, cercenando el estado ‘de derecho’ los ‘privilegios’ más básicos como son la libertad de expresión y reunión. Para recordar la trayectoria del detenido recordar un texto de la contra portada de su libro que editamos hace 6 años cuyo prologuista es su gran amigo Jon Odriozola:

Lo específico de Juan Manuel Olarieta Alberdi -siempre pone en sus trabajos el apellido de su madre, una hermosa mujer de una energía fascinante- es su constancia e infinita capacidad de trabajo. A eso hay que sumarle la unión y unidad entre lo que es la teoría y la práctica. No hace ni dos años estuvo en la cárcel (y no por primera vez). Que estés o acabes en las cárceles españolas no demuestra per se una ley matemática ni consagra una verdad revelada, pero sí es significativo, sobre todo cuando el enemigo de clase te ningunea y apenas hace alarde de su “triunfo”. No por desprecio, sino por no dar pábulo y propaganda. No se sacraliza tanto una línea política determinada y es por ello que acabas en los makos, sino porque apuntas al glacis del modo de producción capitalista y la manera de destruirlo que el Estado capitalista te considera un enemigo y te tiene siempre en el punto de mira. Por esto, como decía el otro, en la cárcel, aunque no siempre, afortunadamente, acaban siempre los mismos y no los charlatanes. Como diría Stalin, ese temible “ogro”, si el idioma fuera una fuerza productiva, los charlatanes de feria en el -y esto es de Blasco Ibáñez- “charlamentarismo español” serían millonarios. Este hombre -Juanma para los amigos- que, por su enorme talento, y como abogado licenciado en la jesuítica Universidad de Deusto, vívero de la burguesía vasca y española, podría haberse dedicado a esquilmar los bolsillos de los burgueses adinerados gestionando sus litigios, pleitos y pufos interclasistas para enriquecerse él y darse la gran vida, tal como la entiende la molicie burguesa, ha pasado hambre (un tío que disfruta comiendo y jamás engorda, por cierto) y dormido en las calles de Madrid y París. Ser comunista, esa “rara avis” como lo es él, no es sencillo ni un deporte ni una moda. Tiene muchos sinsabores e incomprensiones que afectan, a veces, a lo más íntimo de la persona, incluido lo afectivo, pero no necesariamente. No es un plato de gusto. Pero estoy seguro que, lo que ya para algunos correligionarios tiene muchísimo mérito, él le quita importancia. A algunos nos preocupaba su despreocupación de sí mismo. Cómo no, tiene su corazoncito pero sólo un objetivo: contribuir a organizar la Revolución, esa “utopía”. Hay quien se pasa la vida “discutiéndola”. No es su caso. ¿Cabezonería? Tal vez, pero bendita recalcitrancia.

Personalmente siempre le he tenido por un genio en el sentido renacentista de la palabra. Juanma, ducho en marxismo, pega a todos los “palos”, desde la ciencia, la economía política (también estudió Económicas en Bilbao) -porque se dice “economía política” y no “economía” a secas-, la filosofía, pasando por el cálculo infinitesimal (de Engels) o, últimamente, la genética (ha escrito recientemente un trabajo rehabilitador del defenestrado Lysenko, objeto de mofa y pinpanpúm de la biología burguesa y la que pasa por no ser burguesa, o sea, “izquierdista”) hasta… el fútbol. Porque, sépase, lejos del clásico intelectual torremarfileño que abomina de los prosaicos divertimentos para las masas -opio para la chusma-, gusta del fútbol y, lo más osado, se atreve a plantear tácticas en esa teatralización de la guerra que es el fútbol. Al ajedrez jugábamos alguna partida en la demolida cárcel de Carabanchel, pero no diré quién ganaba.

Alguna vez le he dicho, en un jijijajá, que el marxismo -su pasión- se le está quedando pequeño. Le llegué a decir -con mi soma más mefistotélica que maquiavélica- que acabará investigando los tebeos que leía Marx en su infancia.

Más cosas diría de Juanma, pero sólo mencionaré una: no hay peligro de que Olarieta cree una “escuela olarietista” que vea el marxismo de una determinada manera y contribuya a los “diferentes marxismos” y sus “distintas lecturas”. ¿Es, entonces, el marxismo un dogma, una especie de “religión”, como dicen los más babosos? Si así fuera, habría Sumos Sacerdotes, profetas y predicadores, pero, de los que yo conozco, no salen en la tele y acaban con sus huesos, las más de las veces, de mala manera. Olarieta no es un autodidacta. Olarieta es marxista-leninista y, por descontado, materialista dialéctico, si sabemos realmente lo que significa este modo de analizar la Historia… y hacerla.

No creo haber hecho una hagiografía de Juanma Olarieta, más bien creo haberme quedado corto. Un hombre que jamás ha hecho una alharaca ni buscó hueco en el supermercado de las ideologías. Sólo le vi en ambones populares dirigiéndose a la clase obrera. Un tipo incorruptible e incorregible. De los imprescindibles.

Prólogo de Jon Odriozola al libro Las leyes de represión del anarquismo a finales del siglo XIX, publicado por la editorial Templando el Acero, 27 de noviembre, http://librosml.blogspot.com.es/2014/11/detencion-de-olarieta.html

La revolución permanente según Stalin

Bajo el título “La Revolución de Octubre y la táctica de los comunistas rusos” se agrupan una serie de artículos escritos por Stalin en 1924 que habitualmente acompañan a los “Fundamentos del leninismo”, escritos también por el bolchevique georgiano en aquella misma época. Todos esos artículos tienen en común su proximidad al fallecimiento de Lenin y la incorporación al partido bolchevique de una gran cantidad de nuevos militantes obreros y campesinos que fue calificada como la “generación de Lenin”. Era necesario hacer balance de una etapa histórica del partido bolchevique, la primera, aquella que Lenin protagonizó de manera indiscutible, así como de reflexionar sobre la naturaleza de la Revolución de Octubre. A su vez ambas tareas están estrechamente relacionadas con la concepción que del leninismo debía quedar dentro del partido bolchevique. ¿Qué había sido el leninismo y, sobre todo, qué debía ser el leninismo? ¿Cuál es la médula del leninismo? ¿Qué había aportado Lenin al acervo científico marxista?

Estos interrogantes no sólo se plantearon como consecuencia de la muerte de Lenin a comienzos de 1924; no eran una reflexión necrológica sino un problema candente del partido bolchevique y el movimiento obrero internacional. Aprovechando el vacío provocado por la enfermedad de Lenin, en octubre de 1923 una reducida minoría de militantes desencadenaron una guerra interna que amenazó con llevar al partido bolchevique a la disgregación.

El inicio de las hostilidades se produjo el 8 de octubre de 1923, cuando en una intervención pública Trotski trató de movilizar a todos los descontentos que, desde el inicio de la NEP o nueva política económica y la polémica sindical de 1921, se habían mantenido agazapados dentro las filas del partido pero no acataban las resoluciones aprobadas por una amplia mayoría.

Una semana después esa oposición se agrupó y manifiestó su disconformidad con la NEP. La crítica adoptó la forma de carta dirigida al Buró Político por 46 militantes, entre otros, Piatakov, Preobrajenski, Osinski, Kaganovich y Sapronov. La carta, que se conoce habitualmente como la “Plataforma de los 46”, agrupaba a todos los viejos escisionistas resentidos que sólo habían acatado de palabra las resoluciones entonces aprobadas.

En su carta la “Plataforma” atribuía las dificultades económicas de 1923 (denominada “crisis de la tijeras”) a un apoyo insuficiente a la industria. Exigía reforzar el Gosplan, la planificación centralizada, e incrementar los créditos a la industria pesada. En las condiciones del momento, esto sólo se podía hacer en detrimento de la agricultura y del campesinado. Era una propuesta para debilitar la alianza obrero-campesina, lo que significaba poner en riesgo la dictadura del proletariado.

De la economía los miembros de la “Plataforma” pasaban a la cuestión interna del partido, al que ellos calificaban de “burocrático”, pretendiendo que se toleraran las fracciones dentro del mismo.

Aunque Trotski no firmaba el documento de la “Plataforma”, compartía sus puntos de vista. Su declaración de 7 de diciembre titulada “Un nuevo rumbo”, dirigida a los demás miembros del Buró Político, tenía un contenido muy parecido.

Tanto el documento de la “Plataforma” como la declaración de Trotski fueron distribuidos por los comités y células del partido al margen de los cauces previstos por sus estatutos. No cabía duda, por tanto, de que se trataba de todo un desafío fraccional. Diez días después de aparecer la “Plataforma”, el Comité Central se reunió en pleno con la Comisión Central de Control y con representantes de diez organizaciones del Partido. Por 102 votos a favor, 2 en contra y 10 abstenciones se aprobó una resolución que rechazaba todas las tesis de la referida “Plataforma”.

En enero de 1924 se reunió la XIII Conferencia del Partido para abordar de nuevo las cuestiones planteadas por la “Plataforma”, en la que Stalin pronunció el discurso de resumen del debate interno. La resolución de la Conferencia desentraña la naturaleza pequeño burguesa de la oposición y encuentra en ella dos ramificaciones: una de tipo izquierdista que ataca la NEP y pretende regresar al comunismo de guerra, y  otra derechista, que considera mucho más influyente y que personaliza en Radek, que pretende abrir el país al capital extranjero.

Cinco meses después, tanto en el XIII Congreso y como en el V Congreso de la Internacional Comunista, la oposición es derrotada por amplia mayoría.

En el XIII Congreso del partido bolchevique, celebrado en mayo de 1924, Zinoviev exigió a Trotski un reconocimiento público de sus errores, a lo que Trotski no sólo se negó, sino que pasó a la ofensiva inmediatamente, atacando a Zinoviev. El 6 de noviembre de 1924 publicó un libro provocador titulado “Lecciones de Octubre” en el que atacaba a Zinoviev y a Kamenev por sus vacilaciones durante la Revolución de 1917. A su vez, esta publicación motivó la réplica de Zinoviev y Kamenev.

En este inicio del debate, fue Zinoviev quien tuvo una participación personal más destacada en la lucha contra el trotskismo, y fue precisamente eso, una participación personal porque, en realidad, las posiciones de Zinoviev tampoco eran las más acertadas; más bien al contrario, compartía buena parte de las tesis trotskistas.

La polémica entre ambas fracciones no sólo no cesó sino que se fue alimentando a sí misma, adoptando progresivamente un carácter mucho más agrio. En un discurso pronunciado el 18 de noviembre de 1924 Kamenev acusó a Trotski de subestimar el papel del campesinado, encubriendo sus concepciones con una fraseología revolucionaria. La asamblea del partido a la que se dirigía Kamenev aprobó una moción denunciando “la ruptura por Trotski de las promesas que había hecho en el XIII Congreso”. En otras reuniones del partido se adoptaron resoluciones similares.

El 15 de enero de 1925 Trotski dirigió una carta al Comité Central en la que afirmaba que no había querido reanudar un debate interno y presentó su dimisión de la presidencia del Consejo Militar Revolucionario. Dos días después el Comité Central constataba que en su carta Trotski no reconocía ninguno de sus errores y que había puesto todas sus esperanzas en que los planes del partido y del Estado soviético fracasaran; que entre las tesis leninistas y las de Trotski había una muralla insalvable que concernía a los aspectos fundamentales del bolchevismo. El Comité Central constataba, además, que Trotski había emprendido una “cruzada abierta” contra su línea política, y apuntaba: “En los últimos tiempos, en ningún problema de importancia, Trotski se ha pronunciado junto con el partido, sino con mayor frecuencia contra las opiniones del partido”. Luego afirmaba que “las intervenciones oposicionistas de Trotski en el partido y alrededor del partido han convertido su nombre en bandera de todo lo no bolchevique, de todas las desviaciones y grupos no comunistas y antiproletarios”. El imperialismo se estaba haciendo eco de los ataques de Trotski contra el bolchevismo, a la espera de que el partido entrara en una fase de descomposición interna y la revolución se hundiera.

Aprovechando aquel caos, Zinoviev pidió la expulsión de Trotski del Partido o, al menos, del Comité Central. Rechazada esta demanda, Kamenev solicitó la exclusión de Trotski del Buró Político. Estas exigencias tropezaron con la oposición de Stalin y otros dirigentes bolcheviques. En el XIV Congreso del partido, Stalin recordó esas propuestas de Zinoviev y Kamenev y explicó que no fueron aprobadas porque “nosotros, la mayoría del Comité Central no estamos de acuerdo […] A continuación, el pueblo de Leningrado y el camarada Kamenev exigen que el camarada Trotski sea inmediatamente excluido del Buró Político, pero nosotros no estamos de acuerdo con los camaradas Zinoviev y Kamenev porque nos damos cuenta de que la política según la cual hay que cortar cabezas implica los más graves riesgos para el Partido […] Es un método sanguinario -es sangre lo que reclaman- peligroso y contagioso; hoy se hace caer una cabeza, mañana otra, después una tercera. ¿Quién quedará en el Partido?”

Finalmente, alimentadas por el cerco imperialista, las contradicciones se fueron agudizando de manera creciente y lo que empezó como una polémica dentro del partido, acabó como una guerra contra el partido que hubo de ser resuelta mediante el recurso a la violencia revolucionaria.

En esa lucha fraccional contra el partido, como he dicho, uno de los elementos fundamentales del debate era la definición del leninismo, cuestión de carácter crucial y decisiva para la estrategia de todo el movimiento comunista internacional. Aunque Stalin utiliza la palabra “táctica” en aquella época se utilizaba con un significado diferente que ahora porque en ella se resumían las cuestiones políticas, económicas e ideológicas más importantes.

Al mismo tiempo que Stalin, Zinoviev ofreció su versión de lo que entendía por leninismo; también Bujarin intervino en el debate para expresar lo que él entendía como leninismo. Únicamente Trotski nunca dio su versión de lo que eso significaba para él, por una razón bien sencilla: él no era y nunca había sido leninista. Él siempre había estado fuera del partido bolchevique, nunca había luchado junto a Lenin, y eso se notaba en su pensamiento. Las concepciones de Trotski hundían sus raíces en el menchevismo y en la ideología reformista de la II Internacional, de donde había importado su singular concepción de la revolución permanente, tratando de introducirla dentro del movimiento comunista internacional, proyecto que fracasó.

Aunque se asocia erróneamente a Trotski, el concepto de revolución permanente es uno de los más importantes del marxismo-leninismo y uno de los peor comprendidos, a causa precisamente del rechazo que provoca su asociación con el pensamiento de Trotski. En consecuencia, el papel de Trotski consistió el desvirtuar la idea de revolución permanente, cuyas raíces estan en los propios escritos de Marx y Engels. A su vez, el concepto de revolución permanente es un aspecto concreto de una problemática mucho más general del materialismo histórico: el problema de la transición, otro de las grandes cuestiones del marxismo-leninismo peor estudiadas.

Cuando Marx y Engels escriben, salvo excepciones, la mayor parte de los países europeos, especialmente Alemania, estaban sumidos en una economía semifeudal, es decir, el capitalismo no había llegado a desarrollarse plenamente, lo cual planteaba al proletariado situaciones extraordinariamente complejas que sólo personalidades realmente geniales como Marx y Engels fueron capaces de solventar con toda la perspectiva estratégica e histórica que involucraba. El proletariado tiene el socialismo como objetivo pero, como digo, la mayor parte de los países ni siquiera habían alcanzado el capitalismo. ¿Cómo pensar en el socialismo en esas circunstancias? Si el capitalismo no se ha desarrollado la clase obrera tampoco ha adquirido la importancia económica y política capaz de convertirla en una fuerza hegemónica, al tiempo que otras capas sociales tienen un protagonismo decisivo. A su vez, la debilidad del capitalismo acarreaba otra serie de deficiencias sin las cuales es impensable la revolución socialista: libertades políticas, unidad nacional, separación de la iglesia y el Estado, etc. Por lo tanto, el atraso capitalista planteaba la cuestión de la revolución democrático-burguesa o, en otras palabras, el programa mínimo de la revolución proletaria.

En determinados estudios esta cuestión se plantea de una manera deformada, como si Marx y y Engels hubieran defendido en alguna ocasión la sucesión histórica ineluctable de una serie de modos de producción (feudalismo, capitalismo, comunismo), o bien bajo el supuesto de que ellos habrían previsto que la revolución proletaria sólo era posible en los países más adelantados, mientras que la historia demostró que empezaba por los más atrasados (Rusia y China). Estas nociones que se imputan al marxismo-leninismo son equivocadas y han contribuido a entorpecer la comprensión de la teoría de la revolución permanente y de otras cuestiones decisivas del materialismo histórico.

Como ya he expuesto, cuando Marx y Engels escriben Alemania era un país atrasado, semifeudal, y ellos ya estaban luchando en esas condiciones por la revolución proletaria, de manera que no se puede decir que ellos plantearan el carácter sucesivo ineludible de los modos de producción. Además, Alemania era entonces un país campesino, de modo que fueron ellos los primeros en destacar el papel revolucionario que podían desempeñar como fuerza de reserva en la revolución proletaria. El desarrollo del capitalismo se inicia en las ciudades y marcha hacia la zonas rurales, cuyo atraso alberga los últimos resto de feudalismo. En consecuencia, desde otro punto de vista, el problema del campesinado es también el problema de la revolución democrático-burguesa. Lo que importa destacar es que Marx y Engels no sólo previeron sino que resolvieron esta cuestión en lucha contra la corriente lassalleana que apareció a mediados del siglo XIX dentro de la socialdemocracia alemana. De modo que quienes, como los mencheviques y los trotskistas, nunca aceptaron el papel del campesinado dentro de la revolución, nada tienen que ver con Marx y Engels porque sus concepciones derivan directamente de Lassalle.

La subsistencia del feudalismo plantea otras cuestiones a la revolución de carácter estrictamente democrático, como la unidad nacional, el derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas, la separación de la iglesia y el Estado, el derecho de asociación, la libertad de expresión, etc., sin las cuales es impensable cualquier tipo de revolución que invoque el protagonismo de las masas en ella. Estas cuestiones democráticas integran el programa mínimo de la revolución democrática; se trata de un legado que la burguesía no quiere o no puede llevar a cabo. A medida que su revolución se retrasa, la burguesía se ve atrapada en un fuego cruzado. Por un lado, tiene que enfrentarse a la aristocracia feudal para llevar a delante su revolución; pero por el otro la clase obrera comienza a despuntar. En esas condiciones la burguesía bascula y tiende al compromiso con las reliquias del Antiguo Régimen; por consiguiente, la clase obrera tiene que asumir la parte más avanzada y progresiva de la lucha de la burguesía. Esta cuestión es tanto más importante en cuanto que el proletariado es aún débil y, por tanto, está obligado a alcanzar un compromiso político con el campesinado y con sectores de la burguesía que aún están dispuestos a seguir adelante con la lucha.

Este es el planteamiento general que de esta cuestión hicieron Marx y Engels en una etapa del capitalismo que aún no había llegado a su momento imperialista, que es cuando Lenin desarrolla la misma estrategia en condiciones diferentes, en condiciones en las cuales la clase obrera no sólo asume e incorpora dentro de su programa las consignas más avanzadas de la burguesía sino que se pone a la cabeza de la lucha por la revolución democrático-burguesa y cuando, además, no sólo pretende con ello inclinar la balanza en favor del proletariado de ciertos sectores burgueses sino que su objetivo primordial es ganarse un sólido aliado entre los campesinos.

La estrategia leninista demostró su fortaleza durante las revoluciones de 1905 y de febrero de 1917, ambas de naturaleza democrático-burguesa, ambas dirigidas por el proletariado y en las que el campesinado desempeñó un papel fundamental.

Una vez agotada esta etapa, Lenin planteó inmediatamente, en abril de 1917, que la naturaleza de la revolución había cambiado y que a partir de entonces había que luchar por la revolución socialista. Esto coincide en el tiempo, y no por casualidad, con la Primera Guerra Mundial y la entrada del capitalismo en su etapa imperialista, que iba a plantear una nueva perspectiva para el movimiento comunista internacional.

Por lo tanto, la marcha de los acontecimientos, el avance del capitalismo en todo el mundo, que barre los restos de cualquier otro tipo de sociedades, el fortalecimiento de la clase obrera, deja cada vez menos margen para la revolución democrático-burguesa y pone, salvo excepciones, a la clase obrera frente a la necesidad de lucha por el socialismo como tarea inmediata.

Ahora bien, como demuestra el fascismo, el propio imperialismo supone la reacción más despiadada y feroz contra amplias masas de la población, por lo que las reivindiciones democráticas nunca han desaparecido de los programas de las organizaciones de clase del proletariado en todo el mundo. Más bien al contrario, se han reforzado, convirtiendo a la clase obrera en la combatiente de vanguardia por los derechos y las libertades más elementales.

La lucha por el socialismo nunca ha eliminado la perspectiva de conquista de las libertades públicas, sin las cuales las masas obreras no pueden reunirse, organizarse, discutir y difundir sus reivindicaciones y consignas entre las masas. Bajo el imperialismo la burguesía tiende a liquidar los derechos democráticos y, como reacción, el proletariado se organiza para su defensa porque la garantía de los mismos no está en la legislación burguesa sino en su capacidad de combate. Por eso, muchas reivindicaciones del programa mínimo de la clase obrera siguen plenamente activas en casi todos los países capitalistas, si bien por sí mismas no constiuyen, como antaño, una etapa previa a la revolución socialista sino una parte integrante de ella, con la que se confunde: para luchar por la democracia hay que luchar por el socialismo; sólo la dictadura del proletariado garantiza los derechos y libertades fundamentales.

A pesar de su carácter socialista, la Revolución de Octubre de 1917 adoptó numerosas medidas de carácter democrático. Esto demuestra la falsedad de la concepción trotskista que equipara la revolución democrático-burguesa al capitalismo. También demuestra su errónea estrategia que les conduce a pretender saltar en el vacío, como decía Maurín, desde la monarquía absoluta hasta la dictadura del proletariado. El trotskismo califica de «etapista» la concepción de Marx, Engels y Lenin que vincula la lucha por las libertades democráticas, la conquista de la república, la autodeterminación, etc., del socialismo, la expropiación de los explotadores y la socialización de la tierra. No sólo la revolución socialista requiere etapas, más o menos largas, más o menos importantes, sino que es en sí misma una etapa, un proceso que atraviesa distintos momentos diferentes, en cada una de las cuales se deben abordar -sucesiva o simultáneamente- problemas también diferentes. No es posible exponer una receta única que ofrezca soluciones generales a países que se encuentran en condiciones económicas, sociales, históricas y culturales muy diversas. Tampoco se trata de sostener, al modo revisionista, que existen modelos nacionales diversos o vías diferentes para la construcción del socialismo. Se trata de comprender muy bien la situación concreta de cada país y entender que por más que la revolución sea un salto, un cambio cualitativo, es también un proceso prolongado en el tiempo. Las palabras que Marx emplea en El Capital son bastante claras al respecto: “El único camino histórico por el cual pueden destruirse y transformarse las contradicciones de una forma histórica de producción es el desarrollo de esas mismas contradicciones”. Se trata de una expresión contudente que hay que completar con el prólogo que complementa la primera edición de esa misma obra, en el que Marx añade: “Aunque una sociedad haya encontrado el rastro de la ley natural con arreglo a la cual se mueve –y la finalidad última de esta obra es, en efecto, descubrir la ley económica que preside el movimiento de la sociedad moderna- jamás podrá saltar ni descartar por decreto las fases naturales de su desarrollo. Podrá únicamente acortar y mitigar los dolores del parto”.

Pues bien, esta obra de Stalin responde meticulosamente a las dos circunstancias que eran imprescindibles para acometer la construcción del socialismo en la Rusia de 1917: un diagnóstico minucioso, claro y preciso del estado del país en aquel momento y otro, igualmente minucioso, claro y preciso, de las «fases naturales» que necesariamente debían atravesarse para llegar al objetivo perseguido por la clase obrera y su vanguardia dirigente: el socialismo. Es absurdo pretender el socialismo sin saber los caminos y recorridos concretos que conducen hasta él. Quienes, como los trotskistas, dicen luchar por el socialismo pero no quieren esas fases y esos recorridos, tienen una concepción escolástica y libresca del mismo, algo que comparten con todos los utopistas y soñadores que siempre hablan de sus buenas intenciones sin poner nada en práctica para acercarnos hacia ellas.

Al habla con Freddy Krueger

Juan Manuel Olarieta


Si antes de escribir esto me froto las manos no es por entusiasmo sino porque aún no me he sacudido de encima el frío de los calabozos de la Dirección General de la Guardia Civil, que me llevó a acordarme de cuando Cervantes, que también estuvo en la cárcel, dijo aquello de que en tales lugares “toda incomodidad tiene su asiento”. También me acordé de Miguel Hernández preso, de Lorca asesinado, de Machado muerto en el exlio, e incluso de Lope de Vega, también perseguido, de Quevedo… Me pregunté si a lo largo de la historia aquí ha habido alguien a quien no hayan puesto los grilletes por hacer, decir o escribir. ¡Qué asco de país!

Me dejó estupefacto el juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, cuando me preguntó con qué intención había yo dicho lo que dije. Después de una noche sin dormir creo que no estuve a la altura de la pregunta, así que lo haré desde aquí: Señor Juez, lo dije con la mejor intención. Cualquier cosa que dijese, porque después de pasar una noche en vela no lograba acordarme de nada. Se lo juro.

Hace ya tiempo que en la Audiencia Nacional vengo escuchando preguntas acerca de la «intención» con la que se hacen o dicen las cosas, lo cual me traslada a las peores pesadillas medievales de la Inquisición, de las que este país no acaba de deshacerse. Nadie puede juzgar la conciencia de nadie. En el Imperio Romano, donde hubo muchos y muy grandes juristas, había una norma que decía «Cogitationes poenam nemo patitur» que ya me habrán escuchado recitar en latín en algún juicio y que ahora les traduzco a mi manera: «Los pensamientos no pueden delinquir».

Las palabras sólo molestan a quien está acostumbrado a escucharse a sí mismo y no quiere oir nada más, lo que en España ocurre con el Estado, el rey, sus instituciones, organismos, autoridades y capataces. En los medios de comunicación sólo se oyen a sí mismos y por eso casi parece normal que cualquier frase que se salga de ahí les suene como el más horrendo de los crímenes.

Pero, ¿saben Ustedes una cosa? Creo que no se han enterado de algo: en este país, a diferencia del resto del mundo, los tribunales se llaman «audiencias» porque están para oir a la gente. Un juicio no es un recital que dan el CSI, los policías o los peritos, sino que a los acusados también les gusta que se les preste un poco de atención.

Cuando el juez me preguntó por unas palabras pronunciadas hace más de un año, me apercibí de que durante todo este tiempo han estado (el juez y el fiscal con la ayuda de la Guardia Civil), fraguando una causa criminal a espaldas de tres acusados, lo cual, aparte de que está muy feo, es ilegal, y no largaré aquí todo el repertorio de violaciones que han cometido porque las deberían conocer lo mismo que yo.

Los acusados no sólo tenemos derecho a decir «la última palabra» cuando nos van a poner la soga en el cuello, sino que tenemos derecho a decirla desde el principio, y me parece muy triste tener que recordar a un juez y a un fiscal que si se empeñan en combatir la ilegalidad, empiecen a dar ejemplo y combatan sus propias ilegalidades. Entonces los demás empezaremos a creer en lo que hacen Ustedes.

Señor Juez: si lo que dijimos los acusados hace un año constituye un horrendo delito, ¿por qué no eliminan de internet aquellos sitios que reproducen nuestras palabras? Puestos a censurar y a tapar la boca… ¿por qué no cerrar los servidores?, ¿por qué no encarcelar también a quien los ha insertado en ellos?

Le repito a Usted que la bandera de la República Popular no es más que eso exactamente, y no la versión tuneada que a Usted le han contado, a saber, que es la bandera de los GRAPO. Para apercibirse de ello, en lugar de escuchar cantos de sirena, no tiene más que pasearse por una manifestción cualquiera y hacerse esta pregunta a sí mismo: todos esos que portan la bandera de la República Popular, ¿son militantes de los GRAPO?, ¿simpatizantes?, ¿del entorno?, ¿estamos rodeados de terroristas por todas partes?

Les digo a Ustedes lo que ya le he puesto por escrito al Tribunal Supremo: la verdadera naturaleza de este Estado viene dada por muchos detalles significativos, como el de que el enaltecimiento del terrorismo y las injurias al rey son un crimen, pero la exaltacion del genocidio nazi no lo es, y no digo más porque a buen entendedor…

Cuando el juez me leyó, una tras otra, las frases entresacadas que yo había pronunciado en la Casa de la Cultura de un Ayuntamiento, es decir, en unos locales oficiales, por un instante me asusté de mí mismo, me vi como una asesino en serie, como Freddy Krueger en la película Pesadilla en Elm Street, hasta que caí en la cuenta de que ese no era yo sino un resumen que hace la Guardia Civil de mis palabras, en donde más dos horas de explicaciones se simplifican en sólo 30 segundos por arte de magia, un verdadero caso de ingeniería judicial, que es igual que la ingeniería contable de algunas empresas.

Por lo tanto, ahora me tengo que dirigir a la Guardia Civil: una frase es la unidad dialéctica del texto y el contexto. Un texto sin contexto no significa nada, o significa cualquier cosa. Ustedes le entregan al juez un CD con la grabación completa del acto, pero tienen que tener en cuenta que el juez no va escuchar una charla que dura varias horas. No puede perder su preciado tiempo en escucharnos a nosotros porque tiene otras cosas más importantes que hacer. El tribunal tampoco va escucharnos a nosotros, ni va a perder el tiempo oyendo una charla de dos horas sobre los presos políticos. Se quedarían dormidos porque es un asunto que no les interesa nada. Por eso, en el futuro, además de hacer un compendio de frases incendiarias, a cada cual más tremenda, es mejor que incuyan también un poco del contexto en el que se pronunciaron para que se entiendan mejor. De esa manera no haría falta que el juez preguntara por las intenciones, sean buenas o malas.

Bueno, tengo que terminar porque me he enrollado y no he hablado de lo que debería: la lucha armada, la guerrilla, el terrorismo y la violencia revolucionaria. Habrá que dejarlo para la continuación de la saga, que se titulará El retorno de Freddy Krueger (si la Audiencia Nacional no lo impide).

Andalucía Comunista llama a organizarse contra la represión

Libertad para Suso Cela, Juanma Olarieta y Aitor Cuervo

El pasado 26 de noviembre fueron detenidos el ex preso político Suso Cela Seoane, el abogado de presos, Juan Manuel Olarieta Alberdi y el rapero Aitor Cuervo Taboada.

Según la Guardia Civil, fueron detenidos por las consignas que lanzaron, supuestamente a favor de la lucha armada, en una conferencia llamada “Situación Movimiento Obrero y Presos Políticos” dentro de las “II Jornadas Anticapitalistas” realizadas por la Gazte Asanblada de Laudio (Araba, Euskal Herria), celebradas en noviembre del año pasado.

Estas detenciones no hacen más que mostrarnos que el régimen español nacido de la muerte de Franco y de la Constitución española de 1978 está más desacreditado y podrido que nunca. El recurso a la represión pura y descarada, la criminalización y la proscripción de la libertad de expresión lejos de mostrar fortaleza o seguridad, nos muestran a un régimen que se tambalea, con una base social cada vez más débil y con un consenso que se ha hecho pedazos.

Desde ANDALUCÍA COMUNISTA consideramos que es ya la hora de acabar con un régimen que cada día que pasa se muestra incapaz de garantizar no solo derechos sociales y económicos básicos, sino la más mínima democracia y libertades políticas. Es la hora de los pueblos oprimidos y de la clase obrera, es la hora de una verdadera ruptura democrática con el régimen heredero de Franco. Es la hora de una Andalucía libre, soberana y socialista.

Desde ANDALUCÍA COMUNISTA queremos señalar que para hacer frente a la represión es necesaria mejorar la organización y el compromiso militante con las diferentes organizaciones populares. Hay que fortalecer el movimiento popular, en los centros de trabajo y estudios, en los pueblos y barrios, en cada calle, en cada esquina, día a día. La organización es la clave de la victoria.

¡Por la democracia y la libertad de expresión, libertad YA para Suso, Juanma y Aitor!
Fuente: http://andaluciacomunista.org/libertad-para-suso-cela-juanma-olarieta-y-aitor-cuervo/

Iniciativa Comunista denuncia la falta de libertades y exige amnistía

Ayer los cuerpos represivos volvían a dejar en evidencia la falta de libertades que se vive en el Estado español deteniendo a Juan Manuel Olarieta, Suso Cela y Aitor Cuervo en sus respectivas localidades acusándoles de “enaltecimiento del terrorismo”, ese viejo mantra que el Estado utiliza para detener a gente solidaria con los presos/as políticos y luchadores y luchadoras del bando de la clase obrera.

De nuevo será la Audiencia Nacional quien juzgue los delitos de opinión de la izquierda revolucionaria, pues es la misión de este Tribunal de excepción, heredero del TOP, la de asegurar  por cualquier medio la hegemonía de las ideas de la clase dominante, condenando y persiguiendo a quienes se atreven a alzar la voz contra este sistema.

Desde Iniciativa Comunista mostramos nuestra repulsa ante estos hechos, como la mostramos ante cualquier acto de represión hacia el pueblo trabajador y exigimos la inmediata liberación sin cargos de estos tres compañeros, así como la amnistía para todas y todos los presos políticos, pues la solidaridad es un principio irrenunciable para cualquier comunista. El único terrorismo que se ejerce aquí es el terrorismo del Estado capitalista.

¡Liberta sin cargos para los detenidos!
¡Libertad presos y presas políticas!
¡Ante su represión nuestra solidaridad!

http://www.iniciativacomunista.org/comunicados/876-iniciativa-comunista-ante-las-detenciones-de-juan-manuel-olarieta-suso-cela-y-aitor-cuervo

En libertad los 3 detenidos

Los 3 detenidos, Jesús Cela Seoane, Aitor Cuervo Taboada y Juan Manuel Olarieta Alberdi, acusados de presunta apología del terrorismo, han sido puestos en libertad condicional esta misma mañana.

Red Roja exige la libertad de los tres detenidos por ‘exaltación del terrorismo’

Ante las detenciones del ex-preso político comunista Suso Cela Seoane, del abogado Juan Manuel Olarieta y del poeta antifascista Aitor Cuervo, Red Roja expresa su más firme solidaridad y exige la libertad para todos ellos.

Lo hemos hecho siempre frente a las acciones represivas de este auténtico régimen de contrarrevolución preventiva que padecemos, muy lejano de la supuesta “democracia” garantista que quieren ver algunos y que, como ejemplifican detenciones como estas, brilla por su ausencia. Los tres compañeros han sido detenidos por dar una charla y reivindicar la resistencia popular; y han sido detenidos, cómo no, bajo la eterna acusación comodín de “apología del terrorismo”. Ya se sabe: la mejor máscara de la represión desde 1978.

Nos solidarizamos, pues, y nos ponemos a disposición de todas las movilizaciones por la libertad y la amnistía que se produzcan. No podía ser de otra manera. Nuestra organización también sabe lo que es sufrir en sus propias carnes los ataques del Estado. Y ya lo decía el último número de nuestra revista, de reciente aparición, en un artículo titulado “Libertades políticas, represión y solidaridad”: “La crisis nos obligará a movilizarnos para que no nos lo roben absolutamente todo, y esto provocará la reacción de una oligarquía que jamás en la historia entregó sus privilegios por las buenas. Así que ya vamos con retraso en la tarea de crear una cultura de solidaridad antirrepresiva. Hacerlo no es solamente generosidad y altruismo. Es también -lo entendió Niemoyer- lo que necesitamos para estar seguros de que seremos defendidos cuando vengan a por nosotros”.

En situaciones como esta es cuando más obligados estamos a ser solidarios. Efectivamente, Red Roja plantea que la línea de demarcación de la seriedad política de una organización no está en la defensa de causas dignas pero lejanas como las de Palestina o Colombia, aunque, por supuesto, eso también sea necesario. Será la solidaridad con los antifascistas de nuestro propio Estado (que es la que tiene un coste real y va más allá de la mera “frase”) la que distinguirá quiénes están y quiénes no están dispuestos a sumar fuerzas a la causa revolucionaria.

Así pues, emplazamos a todas las organizaciones no ya de izquierdas, sino simplemente antifascistas o mínimamente progresistas, a solidarizarse y sumarse a las campañas por la amnistía. Sí, en situaciones como esta es donde nos jugamos el verdadero crédito político y la credibilidad.

¡Libertad para Suso, Juan Manuel y Aitor!
¡Liberación de los presos políticos antifascistas!
¡No pasarán!
Fuente: http://redroja.net/index.php/comunicados/3097-libertad-para-los-tres-antifascistas-detenidos

Detenidos Suso Cela, Aitor Cuervo y Juan Manuel Olarieta

Según informan fuentes solidarias, los tres detenidos pasarán a prestar declaración a las 10:00h del día de hoy, 27 de noviembre.

Según ha informado el Ministerio del Interior, en el día de hoy, 26 de noviembre, tres personas han sido detenidas en Galicia, la Rioja y Madrid por un presunto delito de apología del terrorismo, que en este país es como está tipificado el delito de opinión política, el ejercicio de la libertad de expresión.

Los detenidos, como han ido confirmando solidarios a lo largo del día, han sido Suso Cela Seoane, Juan Manuel Olarieta y Aitor Cuervo.

Los motivos explícitos de la detención, relatados por la Guardia Civil:

Los hechos tuvieron lugar en la localidad de Llodio (Álava), entre el 22 y 23 de Noviembre de 2013, con ocasión de la celebración de las “II Jornadas Anti-Capitalistas” organizadas por la “Gazte Asanblada” de esta localidad y anunciadas en diferentes redes sociales.

Durante las más de dos horas y media que duró la conferencia titulada «Situación Movimiento Obrero y Presos Políticos», los hoy detenidos, en su calidad de ponentes, vertieron multitud de consignas a favor de la lucha armada y de los presos de la organización terrorista PCE(r)-GRAPO, animando a los asistentes a participar en este tipo de lucha.


¡Libertad para los detenidos!
¡Organicemos la solidaridad!

¡AMNISTÍA Y LIBERTADES POLÍTICAS!

Nuevas pruebas de los crímenes del imperialismo japonés en China

A finales de abril los funcionarios de los archivos de la provincia de Jilin, en el noreste de la República Popular de China, hicieron públicos casi 100.000 documentos que datan de la Segunda Guerra Mundial, para demostrar la brutalidad del ejército japonés durante la ocupación del este de China (1937-1945).

Changchun, capital de la provincia de Jilin, donde están los archivos, fue la capital de Manchukuo, el Estado títere del noreste de China creado y controlado por el imperialismo japonés. Cuando en julio de 1945 la derrota era inminente, antes de huir de la ciudad, los imperialistas japoneses trataron de destruir los archivos. Pero, dada su magnitud, no pudieron destruir todos. Los enterraron apresuradamente en las afueras de la ciudad, donde una parte de ellos fueron encontrados en 1950.

Los documentos se componen de cartas, informes y grabaciones de las conversaciones telefónicas entre los soldados y funcionarios del ejército imperial de Japón en China. Muchos documentos revelan nueva información sobre las víctimas de la masacre de Nankín (1937). Los archivos también evidencian la creación por el gobierno japonés de una red de burdeles militares en los territorios ocupados en los que las mujeres chinas eran tratadas como esclavas sexuales de las tropas japonesas.

Un buen número de cartas y documentos oficiales testimonian el grado de crueldad extrema de los japoneses hacia los civiles y los prisioneros. Algunos registros arrojan luz sobre el Unidad 731, cuyos presos, fueron utilizados como conejillos de indias en las investigaciones bacteriológicas del ejército imperial japonés.

”El contenido de estos documentos chocará, sin duda, a más de uno”, estima Zhao Yujie, investigador de los archivos de la provincia de Jilin, que ha participado en la traducción de los documentos del japonés antiguo.

Los datos revelados por los archivos son estremecedores. Durante la masacre de Nankín un soldado japonés escribió en su diario: “Voy a lanzar mi cuchillo sobre este hombre [un civil] y veo que sus miembros están temblando. De hecho, matar a alguien con un cuchillo, es como cortar el tofu”.

En otro documento del cuartel general imperial encabezado ”Sobre el restablecimiento del orden público en la región administrativa de Nankín”, que data de febrero de 1938, las violaciones formaban parte del orden público imperial, para lo cual establecía todo un cálculo logístico y burocrático acerca del número de burdeles que eran necesarios para el desahogo sexual de las hordas ocupantes japonesas. El artículo 10 llevaba el título ”La situación de las estructuras de consuelo en cada región administrativa”. Las ”estructuras de consuelo” eran un eufemismo para referirse a los prostíbulos, estableciendo una proporción de 178 a 200 soldados japoneses en Nanjing por cada mujer china prostituida.

En la ocupación militar de China la prostitución tenía como objetivo limitar las protestas sociales causadas por las violaciones y reglamentaba minuciosamente la protección de los soldados japoneses de las enfermedades venéreas y el uso de los medios de control de la natalidad.

Según Su Zhiliang, profesor de la Universidad de Shanghai, que también está a cargo del Centro de investigación sobre la cuestión de las esclavas sexuales bajo la ocupación japonesa, los 100.000 documentos puestos a disposición de los lectores en Jilin son sólo una milésima parte de los documentos de la época ocultos en los archivos. ”Si se hicieran públicos todos estos documentos, los crímenes cometidos por los invasores japoneses parecerían mucho más impactantes”, dijo.

Debido a la destrucción de los documentos, los historiadores tienen hoy en día muy poca información sobre el campamento de prisioneros ingleses y norteamericanos que había cerca de la ciudad de Mukden, ahora llamada Shenyang. Con el sobrenombre de ”Auschwitz oriental” en este campo de prisioneros había unos 2.000 reclusos originarios de Estados Unidos, Inglaterra, Holanda y Austria. Los presos fueron obligados a trabajar casi las 24 horas diarias para construirlo, fueron maltratados y alimentados pésimamente durante su periodo de detención.

Los archivos de Changchun contienen tres documentos sobre este campo, incluyendo la lista de los presos del bombardero americano B29 derribado en 1944 y las actas de las deliberaciones de su tripulación en Mukden.

”Para negar la masacre de Nankín los Japoneses han sostenido durante mucho tiempo que antes de la guerra la población de la ciudad era de 200.000 habitantes”, dice Zhao Yujie. ”Pero en los documentos hemos leído que los japoneses, que hicieron un censo antes de la masacre, calcularon la población de la ciudad en un millón de habitantes”. Según los documentos del archivo, en los seis meses que siguieron a la entrada de las tropas japonesas en la ciudad en 1937, 340.000 civiles fueron asesinados.

Otros documentos demuestran el trato cruel que los japoneses dispensaron a los que calificaban como ”espías soviéticos”, que eran soldados presos del Ejército Rojo. Según una circular interna, la Unidad 731 utilizó a los presos soviéticos como conejillos de indias para realizar experimentos médicos y biológicos con ellos.

Cuando en 1931 Japón invadió China, la Unidad 731 se instaló en Harbin, levantando un campo de concentración que sirvió a los científicos japoneses, bajo la dirección de Shiro Ishii, como laboratorio de experimentación con seres humanos, primero prisioneros chinos y a partir de 1942 soviéticos. Tres mil cautivos sirvieron como conejillos de indias, algunos padecieron operaciones quirúrgicas sin anestesia y otros fueron contaminados deliberadamente y murieron horriblemente a consecuencia del tifus, peste, cólera y sífilis. Se trataba de determinar si la resistencia a ciertas enfermedades mortales dependía de la raza de las personas. Otros fueron fusilados.

Cuando el Ejército Rojo soviético liberó Harbin, los japoneses intentaron borrar las huellas de sus experimentos en el campo 731 y los últimos presos supervivientes del laboratorio fueron gaseados. Shiro Ishii y los demás científicos regresaron a Japón. Los servicios secretos estadounidenses les ofrecieron la impunidad a cambio de que les entregaran los resultados de sus investigaciones. Shiro Ishii murió plácidamente en 1959, sin haber sido nunca molestado por sus crímenes.

Hasta la década de los noventa el gobierno japonés no pidió disculpas oficialmente a las mujeres chinas y coreanas que fueron obligadas a prostituirse durante la ocupación. Pero ambos países, China y Corea del norte, declararon que estas excusas eran insuficientes, requiriendo a Japón una indemnización por el daño sufrido por las esclavas y prisioneras.

En febrero de este año 37 chinos cuyos familiares fueron víctimas de los trabajos forzosos bajo la ocupación japonesa, presentaron una denuncia colectiva, reclamando una indemnización a las multinacionales Mitsubishi Materials y Nippon Cocke & Engeneering de un millón de yuanes chinos (163.000 dólares estadounidenses) para cada demandante.

La farsa de la transición ya no da para más

Han estirado el negocio durante algo más de tres décadas gracias a la entrada en la OTAN y la Unión Europea, que creó un flujo de dinero procedente del exterior con el que se han forrado. Tuvieron que repartir algunas migajas para sostener un régimen clientelar, pero la crisis del capitalismo ha acabado con todo, porque el tinglado sólo se sostenía a base de tarjetas negras y ahora lo único que hay son deudas.

A la crisis económica le ha seguido la crisis política. Ya no saben qué inventar para seguir embaucando a la gente. De momento han cambiado los rostros de algunos caciques, más quemados que la fábrica de Campofrío. Han sustituido a un rey por otro, han cambiado a los directores de los principales periódicos, nos traen a los demagogos de Podemos, también van a cambiar a Lacayo Lara por otro igual, dimitió Rubalcaba… Cómo estarán las cosas que hasta el canalla de Alfonso Guerra se ha largado.

Necesitan caras nuevas, que no estén usadas, jóvenes que nos engañen con otras palabras y que arrastren nuestros cansados pies hasta las urnas más cercanas, aunque sea por última vez. Tanto los elegidos como los electores creen que los votos van a solucionar algo, es decir, que la manera de salir de la crisis son los votos. Hay que votar a alguien “diferente”. O mejor: hay que votar contra alguien y si es contra todos ellos, mejor aún.

Sin embargo, no van a solucionar absolutamente nada por una razón muy sencilla: porque la crisis (la económica y la política) no se soluciona con votaciones, y menos dentro de los estrechos parámetros creados en 1977. Va a ocurrir todo lo contrario: se va a generar una etapa de mayor inestabilidad política que la actual.

Un ejemplo: el semanario británico The Economist publicó el viernes (1) un artículo titulado “El tricornio” con muy mala leche en el que pone al PSOE como ejemplo y centro de la crisis política. Según The Economist la bancarrota del PSOE ya no tiene remedio, su época ha pasado y, de ahora en adelante, sólo podrá sobrevivir como partido bisagra, sin política propia. En las próximas elecciones el PSOE tendrá que decidir con quién pacta: con Podemos o con el PP. Lo segundo supondría formar la gran coalición a la alemana que están pidiendo algunos medios de expresión del imperialismo, como el New York Times.

Esa situación se produce a pesar de que los sondeos dicen que el PSOE sube en intención de voto, lo cual hay que interpretar en el sentido de que está un poco menos hundido que en tiempos de Zapatero y Rubalcaba. En cualquier caso la situación del PSOE es irreversible; nunca volverá a ser lo que ha sido: la columna vertebral del Estado creado durante la transición o, dicho con otras palabras, este Estado ya no tiene columna vertebral, salvo que alguien crea que la Guardia Civil puede ser esa columna vertebral, lo cual tampoco sería de extrañar.

The Economist también pone sus ojos en la otra gran esperanza blanca, Alberto Garzón, otro producto mediático creado a imagen y semejanza de Pablo Iglesias, otra criatura de las tertulias televisivas, que es donde se gestan ahora las nuevas caras de la política burguesa. El periódico que sirve de portavoz al imperialismo británico sugiere que ambos, Pablo Iglesias y Alberto Garzón, formen un dúo, “una gran coalición de izquierdas” en la que el papel del PSOE quedaría aún más difuminado.

Para que vean Ustedes lo que son los programas electorales de la izquierda: el imperialismo quiere hacer exactamente lo mismo que proponen Podemos en España y Syriza en Grecia. Otro portavoz del imperialismo, esta vez Financial Times, apoya la propuesta de Podemos de revisar la deuda pública (2). Es más: Financial Times es mucho más radical que Podemos y quiere extender esa política a toda la Unión Europea. Dice que la deuda española, tanto pública como privada, supone una carga insostenible y que es necesaria una renegociación de los tipos de interés, una reestructuración, la apertura de un periodo de gracia y, además, una quita.

El caso es que “El tricornio” (Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Alberto Garzón) pasa tanto tiempo en la televisión que no han tenido tiempo de redactar sus respectivos programas electorales. Pero no importa porque en cualquier caso los votantes no van a votar a lo que ellos creen, sino una coalición que no saben cuál será.

Ocurre siempre con los votos de castigo, cuando no se vota a alguien sino contra alguien. Por ejemplo, más que votar a Podemos, muchos lo que quieren es votar contra “la casta”, contra los que ya están. Pero la anti-casta forma parte de lo mismo que critica y va a tener que pactar con ella. Por lo tanto, se va a producir todo lo contrario de lo que el voto de castigo pretende: seguir votando a los de siempre. Más de lo mismo.

Por eso el voto de castigo es masoquismo puro. Lo mejor es que se flagelen la espalda… aunque sea con su papeleta electoral.

(1) A three-cornered hat, http://www.economist.com/news/europe/21633855-podemoss-leader-seeks-sustain-its-position-spains-third-party-three-cornered-hat
(2) Radical left is right about Europe’s debt, http://www.ft.com/intl/cms/s/0/48e6fa76-70bd-11e4-8113-00144feabdc0.html

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