Como la mayor parte de las guerras contemporáneas, la de Corea no acabó nunca y, con el transcurso del tiempo, el imperialismo ha estrechado el cerco sobre el norte, con bloqueos y sanciones económicas. Además de aislar al país lo ha llevado a la clandestinidad, como a otros, obligados a tomar caminos tortuosos para salir del ostracismo.
Una vez bloqueado un país entero, los medios de intoxicación le dan la vuelta al problema, afirmando que cualquier iniciativa del gobierno de Pyongyang es una amenaza o una agresión. Corea del norte es un país sumido en la oscuridad porque quien tiene en sus manos la llave de la luz son los imperialistas.