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Día: 22 de marzo de 2025 (página 1 de 1)

El Batallón Azov sale de la lista negra de grupos ‘extremistas’ de la Universidad de Stanford

En 2009 el gobierno de Estados Unidos creó dentro de la Universidad de Stanford un “Proyecto de Mapeo de Militantes” (MMP) que redacta un catálogo de organizaciones “extremistas” y “violentas”, con un recorrido de ida y vuelta, sin que nadie pueda descifrar por qué alguien entra en la lista negra, ni tampoco por qué le sacan de ella.

Hasta el mes pasado el Batallón Azov (ahora oficialmente 12 Brigada de Propósito Especial “Azov”) estuvo en esa lista, pero ya no está. El Batallón es una unidad de la Guardia Nacional ucraniana famosa por su uso de distintivos neonazis, el reclutamiento de mercenarios extranjeros y, sobre todo, por los múltiples crímenes de guerra cometidos desde 2014.

Un mes después del borrado, el Departamento de Estado levantó la prohibición de asistencia militar a los neonazis.

A cambio de dinero, la Universidad de Stanford se presta a camuflar un tinglado típicamente militar, financiado con fondos del Pentágono, del Departamento de Seguridad Nacional y de la Fundación Nacional de Ciencias.

Así es como los gobiernos manejan a su antojo los tinglados universitarios, que luego generan una apariencia seudocientífica y académica. Los artículos que escriben los monaguillos del MMP se mencionan en las revistas como si estuvieran desprovistos de cualquier connotación política, lo mismo que sus testimonios e informes ante el Congreso y otras instituciones públicas.

Por ejemplo, la profesora Martha Crenshaw trabaja en este tipo de manipulaciones universitarias del Pentágono y testificó en una audiencia sobre los lazos de Al Qaeda en Estados Unidos (1). Dice que no han borrado al Batallón Azov del catálógo, sino que sólo están “actualizando” el listado (2).

El sitio web del catálogo funciona como una “fuente autorizada“ de información sobre los “extremistas” del mundo, así como sus conexiones a lo largo del tiempo. Pero si no estás en el catálogo de la Universidad de Stanford es porque no eres “extremista”. Has pasado al bando de los “moderados”. Los medios ya no te pueden calificar de aquella manera y puedes recibir armas y adiestramiento militar. Si hay yihadistas moderados, también hay nazis moderados.

La semana pasada, la embajadora de Ucrania en Estados Unidos, Oksana Markarova, publicó una entrada en Facebook festejando la salida del Batallón de la lista negra. La embajadora agradeció el gesto a la Universidad y la lucha “conjunta” contra la propaganda y la desinformación rusas (3).

Estados Unidos y sus altavoces mediáticos llevan más de diez años tratando de lavar la imagen del Batallón Azov y de las instituciones ucranianas, asegurando que es sólo propaganda rusa. Un ejemplo paradigmático es el reportaje del año pasado del diario británico The Guardian: “La brigada [Azov], compuesta por más de 5.000 hombres, se ha deshecho de cualquier asociación con la extrema derecha, enfatizada incansablemente en la propaganda rusa anterior a la invasión”, decían los intoxicadores (4).

Los dirigentes actuales del Batallón, incluido su comandante Denys Prokopenko y el adjunto Sviatoslav Palamar, tienen vínculos de años de antigüedad con grupos nazis, y sus miembros continúan luciendo la simbología el III Reich en el campo de batalla y en las redes sociales. Los medios occidentales están blanqueando al Batallón Azov. Eran nazis antes y lo siguen siendo ahora, afirma The Nation (5).

(1) https://cisac.fsi.stanford.edu/news/martha_crenshaw_testifies_during_hearing_on_reassessment_of_alqaida_threat_to_united_states_20091124
(2) https://www.noirnews.org/p/neo-nazi-azov-battalion-profile-quietly
(3) https://www.facebook.com/oksana.markarova/posts/pfbid0NmQfaNrKWcAB6mGDZkFQ7TmRb2kVPwrADWyjW4yC5GUVzj8givqzr6L5ijKxBBG2l
(4) https://www.theguardian.com/world/2024/apr/27/elite-force-bucks-trend-of-ukrainian-losses-on-eastern-front
(5) https://www.thenation.com/article/world/azov-battalion-neo-nazi/

El peligro marrón

El 21 de febrero el futuro canciller alemán, Friedrich Merz, propuso negociar con París y Londres la extensión del “paraguas nuclear” a Alemania, lo que no es nada reciente. La propuesta se remonta a finales de la década de los sesenta por iniciativa de un partido alemán, el NPD (Partido Nacional Democrático), que entonces disfrutaba de cierto éxito electoral en varios estados alemanes.

No hay nada nuevo bajo sol, por más que los charlatanes se empeñen en ello: el NPD era uno de esos partidos que hoy llamarían “de extrema derecha”. Su máximo dirigente entre 1967 y 1971, Adolf von Thadden, tenía una biografía que no dejaba lugar a dudas: en 1939 se unió al partido nazi y sirvió como teniente en la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial, donde sufrió heridas en combate.

Tras la guerra, formó parte de varios partidos y fue uno de los miembros más jóvenes del Bundestag entre 1949 y 1953, formando parte de organizaciones nazis que entonces se empezaban a camuflar como “extrema derecha”, refundiéndose en 1964 en las siglas NPD.

El NPD se caracterizó por exigir la salida de Alemania de la OTAN y Von Thadden lamentó que el gobierno federal no participara en la financiación ni en el desarrollo de infraestructuras económicas para la “defensa europea”, ni solicitara la transformación del “paraguas nuclear” francés en una fuerza nuclear europea independiente de los dos bloques de la Guerra Fría.

En 1969 el NPD estaba en su apogeo, tras sus éxitos en las elecciones estatales de 1966 y 1968, donde obtuvo representación en siete parlamentos locales, con casi el 10 por cien de los votos en Baden-Württemberg. Von Thadden estaba a punto de alcanzar el 5 por cien, que le hubieran vuelto a abrir las puertas del Bundestag en las elecciones, pero la OTAN pegó un sonoro pucherazo para impedirlo.

El NPD se quedó con un 4,31 de las papeletas, gracias a la intoxicación mediática, la manipulación de las urnas y la anulación y falsificación de los votos. Desde principios de 1969, la OTAN movilizó a los más importantes medios alemanes (Der Spiegel, Die Zeit y Frankfurter Allgemeine Zeitung), para desatar una campaña que, por lo demás, era muy lógica: Von Thadden era un nazi.

En agosto de 1969 el periódico Die Zeit publicó un editorial advirtiendo que el NPD amenazaba la estabilidad democrática. En abril Der Spiegel publicó otro, que acabó siendo emblemático de aquella campaña. Se titulaba “Die braune Gefahr” (“El peligro marrón”). Los grupos reformistas, e incluso poderosas organizaciones como la DGB (Confederación Alemana de Sindicatos), colaboraron con la OTAN para amplificar advertencias sobre “el peligro marrón”.

Entonces aún no se conocía la Operación Gladio, ni la complicidad de la OTAN en los crímenes que los nazis estaban cometiendo en varios países europeos. La OTAN jugaba con dos barajas. La de Gladio era una de ellas y demostraba su complicidad con el terrorismo nazi en Europa.

Pero había otro tipo de nazis que la OTAN no admitía: la de aquellos que querían su desaparición. En esos casos, la OTAN jugaban la carta de la posguerra: la Alianza había surgido para acabar con los “nacionalismos” en general, que en Europa eran sinónimo de divisiones y guerras. A través de sus sicarios, la OTAN aplastó al NPD con el pretexto de su “lucha contra los nazis“, es decir, que alardeaba de ser una organización “antifascista”.

A finales de los años sesenta del pasado siglo, la OTAN aún no había logrado crear un apoyo tan unánime a su alrededor, como ahora, ni siquiera entre la reacción. Si recordamos al general Charles De Gaulle, el caso Von Thadden no resulta tan extraño. Por aquellas mismas fechas, a De Gaulle le levantaron el movimiento del “mayo francés” y le acabaron sacando de la Presidencia de la República.

Los motivos son conocidos: De Gaulle expulsó a la OTAN de la sede que tenía en París, sacó al ejército francés de la estructura militar y nuclearizó al país (civil y militarmente). Para conocer la evolución de los alineamientos franceses, no hay más que comparar a De Gaulle con un papanatas de la OTAN, como Macron.

Las armas no bastan: Europa también busca reclutas desesperadamente

En Europa hablan mucho de armas, pero muy poco de quienes van a empuñarlas. Los europeos no quieren ir a la guerra; ni siquiera quieren ir a un cuartel. Tampoco quieren el servicio militar obligatorio, ni participar en las fuerzas de reserva. No hay ardor guerrero. Cuando alguien dice que quiere una guerra es para que vayan otros a las trincheras.

Con un ejército de más de 130.000 efectivos, en 2001 España suspendió el servicio militar obligatorio, aunque es posible movilizar y militarizar a la población por decreto del gobierno (*).

El servicio militar obligatorio en el ejército solo existe en algunos países de la Unión Europea: Austria, Grecia, Dinamarca, Chipre, Finlandia y Estonia. También están Noruega y Turquía, que no forman parte de la Unión Europea pero son miembros de la OTAN, así como Suiza, que no pertenece a ninguna unión.

En los países bálticos, en 2015 Lituania restableció un servicio militar obligatorio de 9 meses para hombres de 19 a 26 años. Letonia hizo lo mismo el año pasado, con un servicio de 12 meses para hombres de 18 a 27 años.

En la primavera del año pasado el entonces primer ministro Rishi Sunak pidió el regreso del servicio militar, que fue abolido en 1960, en Reino Unido, pero perdió su puesto durante el verano.

En Italia el servicio militar obligatorio se suprimió en 2005. Su ejército cuenta con 165.500 soldados. El año pasado se estudió la posibilidad de reintroducirlo, pero debido a los costes que supondría, se llegó a la conclusión de que sería demasiado costoso.

En los últimos años, el ejército de Polonia ha experimentado un crecimiento significativo. Ahora tiene unos 220.000 efectivos y, además de los reservistas tradicionales (20.000 efectivos), hay unas Fuerzas de Defensa Territorial (36.000 efectivos), una rama paramilitar creada en 2016 que funciona como una fuerza de reserva voluntaria.

Aunque el servicio militar obligatorio aún no figura en el orden del día, eso no impide que una revista, como Rzeczpospolita, titule un reportaje: “¿Cuántas personas se movilizarían en Polonia si estallara la guerra?”

En Alemania también hay una falta de candidatos para la Bundeswehr que cuenta con 181.600 soldados. El servicio militar obligatorio en Alemania fue abolido en 2011 y ahora hay discusiones políticas en el país sobre si es posible reanudarlo y en qué forma – más o menos voluntaria o siempre universal.

Parece posible reactivar las oficinas de reclutamiento militar y las comisiones médicas militares, así como proporcionar un número suficiente de instructores y cuarteles que, sin embargo, deben modernizarse. Alemania asume que los reclutas participarán en caso de ataque a un Estado miembro de la OTAN o a Alemania. Si el recluta rechaza el servicio militar, podrá realizar el servicio civil.

Macron ha excluido definitivamente el regreso del servicio militar obligatorio. Según él, en Francia “ya no hay base ni oportunidad logística” para tratar con los reclutas.

Mientras miles de soldados faltan a los llamamientos, el ejército francés tiene que recurrir a las redes sociales para reclutar. En 2023 faltaron más de 2.000 soldados. Cada año el ejército de Tierra, integrado por 120.000 efectivos, debe reclutar entre 15.000 y 16.000 soldados. Francia quiere reclutar a 4.200 jóvenes al año, pero los que desean comprometerse no tienen capacidades físicas suficientes. El ejército francés planea crear 6.000 puestos para 2030.

En 2023 más de 2.000 soldados se unieron al ejército francés pero, según el plan, cada año deberían ser reclutados entre 15.000 y 16.000. El gobierno de París quiere aprovechar la “amenaza rusa” para aumentar el número de candidatos a filas. El objetivo es llegar a 44.000 reservistas el próximo año. La reserva militar operativa cuenta hoy con cerca de 45.000 voluntarios.

Es una tarea imposible. Los franceses no superan las pruebas físicas de ingreso. No tienen las aptitudes necesarias, ni las van a tener en el futuro. El ejército de tierra debe reclutar entre 15.000 y 16.000 soldados cada año. Hasta 2022 nunca habían encontrado dificultades. A mediados del año pasado se produjo la primera alerta: se presentaron menos jóvenes y los candidatos no tenían el físico suficiente para soportar el entrenamiento militar.

(*) https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/2551817.pdf

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