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Día: 25 de febrero de 2024 (página 1 de 1)

Ola de despidos de trabajadores en el sector tecnológico

El año pasado más de 260.000 trabajadores fueron despedidos en las empresas del sector tecnológico y en lo que va de año ya han ido a la calle más de 42.000, según layoffs.fyi.

Las perspectivas no son mejores. Muchas empresas del sector, desde Google hasta eBay, siguen anunciando más despidos, lo que ha provocado indignación y frustración entre los trabajadores.

El director de Google, Sundar Pichai, advirtió en enero que habría más recortes (*). El sindicato de trabajadores de la multinacional dice que la plantilla está “más indignada y frustrada que nunca” porque la empresa prioriza la “rentabilidad” por encima de todo.

La plataforma en línea eBay también anunció que eliminarán 1.000 puestos de trabajo, lo que aproximadamente supone el 9 por cien de la plantilla a tiempo completo. “Además, planeamos reducir la cantidad de contratos que tenemos dentro de nuestra fuerza laboral suplente en los próximos meses”, dijo Jamie Iannone, uno de sus cabecillas.

Por su parte, Discord, la plataforma de mensajería instantánea, confirmó que había despedido a 170 trabajadores, es decir, el 17 por cien de su plantilla.

TikTok también despedirá a decenas de trabajadores en Estados Unidos, Asia y Europa, pero creará 150 nuevos puestos de trabajo, mientras que el servicio de videojuegos en directo, Twitch, propiedad de Amazon, anunció a principios de enero el recorte de 500 puestos de trabajo.

Otros servicios propiedad de Amazon también han anunciado despidos.

Las empresas tecnológicas crecieron significativamente debido al trabajo a distancia y las compras en línea, pero la situación se ha revertido después de la pandemia, al menos parcialmente.

(*) https://www.theverge.com/2024/1/17/24042417/google-layoffs-2024-internal-employee-memo-sundar-pichai

Ucrania ha consumido casi 200.000 millones de euros en ayudas de todo tipo

Desde la Segunda Guerra Mundial ningún país ha recibido más ayudas en menos tiempo: casi 200.000 millones de euros, la mitad de ellos en armamento. Es una cantidad asombrosa, que se aproxima al PIB total de Ucrania antes de la guerra.

No ha bastado para detener el avance del ejército ruso y mucho menos para derrotarle. Es un dinero arrojado a la basura.

El papel primordial de Europa consistió en pagar el funcionamiento de la burocracia ucraniana. Bruselas entregó más de 30.000 millones de euros para apoyo presupuestario y 17.000 millones de euros más para la ayuda a los refugiados.

los fondos estaban destinados a pagar salarios y pensiones, mantener el funcionamiento de los servicios públicos esenciales (hospitales, escuelas y viviendas para personas reubicadas), preservar la estabilidad macroeconómica del país y restaurar las infraestructuras (energía, agua, transporte, carreteras y puentes) destruidas por la guerra.

Además de esas cantidades, los países de la Unión Europea también han proporcionado cantidades significativas de armas, inicialmente extraídas de los arsenales de sus ejércitos y luego fabricadas por empresas locales de armamento.

Según el Instituto Kiel, organización alemana que contabiliza las ayudas, Washington sigue a la Unión Europea con una ayuda que asciende a 68.000 millones de euros en dos años.

Para los estadounidenses, la prioridad era el armamento, que representa el 46,3 por cien de la ayuda total. La ayuda financiera representa el 26,4 por cien y la ayuda humanitaria el 2,2 por cien.

Estados Unidos ha enviado una ayuda que representa el 0,32 por cien de su PIB, la mitad que la mayoría de los países europeos.

Junto con Europa y Estados Unidos, otros países se han organizado para apoyar financieramente a Ucrania contra Rusia. Reino Unido concedió 17.180 millones de dólares, Japón 8.290 millones de dólares, Canadá 6.340 millones de dólares y Suiza 2.670 millones de dólares.

En total, los suministros militares ascendieron a más de 100.000 millones de euros, o sea, casi la mitad de la ayuda.

Una vez acabado el optimismo patológico, los grupos políticos se oponen cada vez más a continuar con el apoyo a Ucrania, pero no es por motivos electorales, sino porque los padrinos de Ucrania no van a poder hacer en el futuro más de lo que han hecho hasta ahora.

No tiene sentido entregar dinero para comprar armas porque ya no las hay en ningún mercado. Los arsenales están agotados. El gobierno de Zelensky sólo necesita el dinero para mantener en funcionamiento la maquinaria burocrática, por lo que acabará convirtiéndose en un país parásito… si la situación sigue como hasta ahora.

Los préstamos concedidos a Ucrania por Europa deberán reembolsarse en un período de 35 años a partir de 2033. Bruselas es responsable de pagar a los Estados miembros que participaron en las ayudas financieramente o mediante la transferencia de armas, equipos o municiones.

El año pasado la Unión Europea pagó 1.000 millones de euros a los Estados miembros por las municiones tierra-tierra y de artillería y misiles que donaron a Ucrania. Por decirlo de otra manera: no es que los países europeos quieran ayudar a Ucrania; es la Unión Europea quien lo impone, a cambio de cobrar ciertos incentivos.

En Europa no saben hablar más que de dinero y por eso es verdad lo que decía un parlamentario italiano: si tanto aman a Ucrania, no envíen dinero. ¡Vayan a combatir a Ucrania!

Un Estado colonial es un injerto político: el caso de Israel

Israel es un injerto, un Estado postizo creado por unos recién llegados a la región. La población procede de acá y de allá. Es un mosaico que carece de homogeneidad. La argamasa que compacta a este Estado ortopédico no es una religión sino una ideología política, el sionismo, y un brazo burocrático, el Ministerio de Absorción, que no existe en ningún otro país del mundo.

En 1970 el parlamento israelí modificó la llamada “Ley del Retorno” otorgando la ciudadanía automática no solo a los judíos, sino también a sus hijos, nietos y cónyuges no judíos, así como a los cónyuges no judíos de sus hijos y nietos.

Sin embargo, el 17 por cien de la población israelí aún tiene la doble nacionalidad. Un pie en el pasado y el otro que no acaba de encajar en ninguna parte. A la mayor parte de los israelíes les gustaría tener una segunda nacionalidad. No están convencidos de que el Estado pueda sobrevivir mucho tiempo más.

Como el judaísmo es una religión que existe en países muy diferentes, no tiene una homogeneidad interna. Un askenazi no tiene mucho que ver con un sefardí, ni con un “falasha”, que es como llaman despectivamente a los judíos originarios de Etiopía.

Lo mismo ocurre con los idiomas y dialectos que hablan los recién llegados, que también son muy diferentes (yidis, ladino), hasta el punto de que el Estado tuvo que poner a una reliquia desaparecida, el hebreo, por encima de los demás para que los israelíes pudieran entenderse entre ellos.

El monolingüismo hebreo actual es otro postizo, una política de Estado que surge en 1948. Entonces nadie hablaba hebreo, ni fuera ni dentro de Israel. Nada más aterrizar de su lugar de origen, los emigrantes ingresaban en los “ulpanim” o escuelas para aprender el nuevo idioma.

Si alguien viaja a Oriente Medio y pregunta a un árabe dónde ha nacido, le responderá señalando con el dedo. La casa natal de sus abuelos, sus padres y sus hermanos está ahí mismo, muy cerca.

Pero si pregunta a un israelí, le dirá que ha nacido muy lejos del lugar, que llegó hace pocos años y que sus abuelos y sus padres nunca conocieron esas tierras. Sólo conocían los nombres de los lugares por las menciones de los textos religiosos que les recitaban los rabinos.

Por más que se empeñen, los sionistas no pueden ocultar que no ha existido ningún retorno, ni “vuelta a casa”. Se puede comprobar en los fundadores del Estado de Israel. Sus biografías no comienzan en algun lugar “entre el rio y el mar”, sino muy lejos, normalmente en el triángulo que hoy forman Polonia, Bielorrusia y Ucrania, que en su momento formaron parte del Imperio zarista. Por eso, al margen del hebreo, el idioma de Israel es el ruso, varios medios de comunicación emiten en ruso y muchos israelíes escuchan la televisión rusa.

Los inmigrantes rusos llaman a Israel “la pequeña Rusia”. Se fueron porque el zarismo los perseguía, pero nunca renunciaron a su cultura originaria. En varias ciudades israelíes hay cafés y bares “rusos”, además de teatros y clubes. No obstante, tradicionalmente la política de asimilación de los gobiernos de Tel Aviv se ha opuesto a ello porque quieren promover una religión uniforme, un único idioma y una cultura homogénea.

La emigración de los judíos rusos se disparó tras la Revolución de 1905, aunque entonces los países de destino fueron muy variados. Hasta la Primera Guerra Mundial los imperialistas no intensificaron la colonización de Palestina.

La segunda gran ola de emigranes rusos se desató hace cien años, tras la guerra civil, y el sionismo empezó a organizar sistemáticamente la emigración a Palestina, especialmente si procedía de la Unión Soviética. Para animar a los emigrantes a salir, los sionistas pagaban 5.000 dólares, además del vuelo y la estancia inicial en un “centro de absorción”.

Pero si eres negro, la cosa cambia y el gobierno paga 3.500 dólares y un billete de avión a los 40.000 sudaneses y eritreos para que se larguen del país y vuelvan a África. Si no se marchan por su propio pie, se enfrentan a un encarcelamiento indefinido.

Con el traslado de domicilio de los emigrantes se producía también el cambio de apellidos. Es algo que también aparece con claridad entre los primeros fundadores del Estado de Israel, que cambiaron de identidad dos veces, la primera para no parecer judíos en su propio país y la segunda para parecer judíos en el de acogida.

El gran patriarca sionista, Ben Gurion, nació en Plonsk, la actual Polonia, con el apellido Grün.

Moshe Sharett nació con el apellido Chertok en Jerson, la actual Ucrania.

Levi Eshkol nació como Levi Yitzhak Shkolnik en Oratov, cerca de Kiev, la capital ucraniana.

Golda Meir nació con el apellido Mabovich en Kiev, de donde emigró a Estados Unidos siendo muy joven.

Menahem Begin había nacido en Brest-Litovsk, una localidad que fue rusa, luego polaca y actualmente bielorrusa. En su partida de nacimiento figura el nombre completo de Menajem Volfovich Begin en caracteres cirílicos.

El terrorista Isaac Shamir se apellidaba Jezernicki y había nacido en Bialystok, Bielorrusia.

Aunque Simón Peres parece de origen sefardí, nació en una pequeña localidad de la Polonia actual y sus padres eran originarios de Kronstadt (Rusia).

A Isaac Rabin le nombraron Primer Ministro de Israel en 1974 y había nacido en Israel. Por fin había un patriarca autóctono del lugar. Pero su padre era ucraniano y su madre bielorrusa.

Ahora es más frecuente. Netanyahu también ha nacido en Israel, pero emigró a Estados Unidos, donde estudió. Su padre Benzion fue el secretario personal de Jabotinsky, el creador del sionismo moderno. Su nombre real era Benzion Mileikowsky y había nacido en Varsovia.

La UNRWA hace frente a una misión imposible desde hace 75 años

La UNRWA es un organismo de la ONU creado hace 75 años para que los palestinos expulsados de sus tierras no se murieran de hambre en los campos de refugiados dispersos a lo largo de Oriente Medio.

Debía ser provisional porque los palestinos tenían “derecho al retorno” que, como todos los demás derechos, nunca han podido ejercer. Ya podrán transcurrir otros 75 años que, si la situación no cambia, la UNRWA seguirá en los campamentos, dando de comer a los palestinos.

Para que los palestinos se mueran de hambre, Israel lleva mucho tiempo pidiendo el desmantelamiento de este organismo. Le acusa de utilizar en sus escuelas libros de texto escolares que son “antisemitas” y hostiles al Estado sionista. El Tel Aviv se consideran por encima de la ONU y aseguran que la UNRWA no será parte de la Gaza de la posguerra que están diseñando.

Pero si el organismo desaparece, ¿quién suplirá sus funciones? ¿cómo darán de comer a los palestinos? La UNRWA proporciona servicios vitales en Gaza, Jerusalén este, Cisjordania y otros países. Si lo demantelan, la potencia ocupante, o sea, Israel, debería cumplir sus funciones, según el derecho internacional. Como el presupuesto de la UNRWA es de unos 1.000 millones de cólares, ese gasto correría por cuenta de los sionistas… Teóricamente, claro, porque Israel tiene carta blanca. El derecho internacional le importa un bledo..

El cerco se estrecha. Desde el comienzo de la guerra, los sionistas han aumentado la presión. Recientemente el ejército israelí dijo que había descubierto un túnel de 700 metros de longitud que Hamas había excavado bajo una escuela de la UNRWA. Era una de las pruebas de que el organismo está totalmente infiltrado por Hamas.

Pero los inventos no acaban ahí. Los sionistas dicen que 12 de sus empleados estuvieron involucrados en el ataque de Hamas del 7 de octubre. A una antigua rehén la hicieron decir que había estado retenida en la casa de alguien que trabajaba para la UNRWA.

El director del organismo, Philippe Lazzarini, hizo gala de sumisión a los sionistas y le faltó tiempo para despedir sin más preámbulos a los 12 palestinos. La campaña de presión de los imperialistas ha sido terrible. El Wall Street Journal llegó a decir que el 10 por cien de los empleados de la UNRWA tienen vínculos con organizaciones islamistas.

Pero en un país islámico, ¿quién no tiene vinculos con los islamistas? En un territorio, como Gaza, administrado por Hamas, que ganó las últimas elecciones, ¿cómo no tener vínculos con Hamas?

Era el pretexto perfecto. Los imperialists salieron en socorro de los sionistas. Una docena de países, encabezados por Estados Unidos y sus sicarios (Reino Unido, Alemania, Canadá, Australia, Italia, Finlandia, Países Bajos y Japón) suspendieron las aportaciones económicas a la UNRWA, que suponen casi la mitad del presupuesto.

Originalmente, la UNRWA se concibió como un organismo temporal que debía ayudar a 726.000 palestinos deportados por la “nakba”. Hoy es responsable de casi 6 millones de personas. A los refugiados se les han sumado sus hijos y nietos. Todos ellos han pasado a poblar los 58 campamentos repartidos por la Franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén este, Jordania, el Líbano y Siria.

El organismo se ocupa de la educación, la salud, la protección y la ayuda de emergencia. Mantiene más de 700 escuelas que reúnen a 530.000 alumnos.

Fueron los yihadistas quienes lanzaron gas mostaza contra la población siria

En 2015 el Califato Islámico atacó a otra milicia armada en Marea, Siria, con gas mostaza, según la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas. El informe fue publicado el jueves y confirma las investigaciones realizadas previamente.

“Hay motivos razonables para creer que unidades del Califato Islámico estuvieron detrás del ataque con armas químicas perpetrado el 1 de septiembre de 2015 en Marea”, asegura la organización con sede en La Haya. “El agente químico fue lanzado utilizando uno o más cañones de artillería”, añade el comunicado. También afirma haber identificado a cuatro personas como autoras del ataque, aunque no las identifica.

Al menos once personas resultaron heridas en el ataque a esta localidad, entonces controlada por una milicia irregular en la provincia de Alepo, cerca de la frontera con Turquía, cuando fue bombardeada desde zonas controladas por el Califato Islámico los días 1 y 3 de septiembre de 2015.

En el momento del impacto, al menos seis proyectiles liberaron una sustancia negra y viscosa con un olor acre similar al ajo. “Al menos once personas que estuvieron en contacto con la sustancia líquida presentaron síntomas correspondientes a la exposición al gas mostaza”, añade la Organización.

Como informamos en repetidas ocasiones, el ataque químico perpetrado en 2013 en la Ghuta Oriental, cerca de Damasco tampoco fue obra del gobierno sirio.

Desde diciembre de 2002 mercenarios subcontratados de la Defensa estadounidense y europea enviados por los gobiernos de los países OTAN a Siria entrenaron a los yihadistas en Jordania y en Turquía en el manejo de armas químicas.

La fuente que inventó la autoría de dicho ataque químico fueron los servicios de inteligencia británicos. Los medios de comunicación occidentales no hicieron más que reprodicir el embuste a los cuatro vientos.

La guerra desatada por los imperialistas contra Siria ha matado a más de medio millón de personas desde que comenzó en 2011 y ha colocado a más del 90 por cien de la población por debajo del umbral de pobreza.

Hasta ahora la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas siempre había acusado al gobierno de Damasco de recurrir a las armas químicas, a pesar de que destruyó los arsenales en 2013. Incluso, cuando fue necesario, recurrió a la falsificación de las pruebas.

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