La web más censurada en internet

Día: 24 de febrero de 2024 (página 1 de 1)

Israel quiere hacer apología del genocidio en el festival de Eurovisión

La participación de Israel en el festival de Eurovisión, que tendrá lugar en mayo en Malmö, Suecia, está a punto de ser anulada debido a una canción demasiado “cargada políticamente”. La letra de “Lluvia de Octubre” tiene demasiadas reminiscencias sobre lo que está ocurriendo en Gaza.

La canción glorifica la guerra en el mismo momento en el que bombardea a la población palestina del enclave. Pero nadie la había escuchado aún cuando los periódicos israelíes anunciaron que había sido elegida para representar al país en uno de los festivales más penosos del panorama musical internacional.

En las redes sociales algunos israelíes se quejaron de que la canción se refería claramente al 7 de octubre y no debería representar a un país dividido en torno a la guerra actual.

En Gaza han muerto 30.000 personas y hay, además, 70.000 heridos. Las mujeres y los niños son el 70 por cien de las víctimas. Gaza es hoy el lugar más peligroso del mundo para un niño.

La matanza no merece una canción estimulante para el ejército asesino y las voces críticas se comienzan a escuchar, en particular las de los cantantes islandeses y la emisora ​​finlandesa.

Un portavoz de la Unión Europea de Radiodifusión, que organiza el bodrio, dijo que si la canción se considera inaceptable por cualquier motivo, las emisoras tendrán la oportunidad de cambiarla de acuerdo con las reglas del concurso.

Kan, la cadena pública de Israel que emite el festival, ha iniciado negociaciones con la Unión Europea de Radiodifusión sobre la idoneidad de “October Rain”. Pero no quiere cambiar la letra ni la canción, incluso si Israel no participa este año.

El Ministro de Cultura y Deportes israelí, Miki Zohar, dice que es “escandaloso” que no se permita competir a Israel.

Más escandaloso fue que en la edición de 2015 Israel vetara la canción “Wars for nothing” que representaba a Hungría en el festival de aque año. Israel impuso su veto porque la canción denunciaba a los niños víctimas de la brutal agresión de Israel a Gaza el año anterior.

Es lógico en un esperpento que se declara “apolítico”… a pesar de que se fundó por iniciativa de la OTAN. Ucrania ganó el festival en 2016 con una canción anticomunista y que en seis años después lograra lo mismo, en plena guerra.

El primer ministro ucraniano admite pérdidas de un tercio de la economía en dos años

Las pérdidas de Ucrania han alcanzado el 30 por cien de su economía. “Perdimos el 30 por cien de la economía, alrededor del 20 por cien de los territorios y 3,5 millones de puestos de trabajo”, ha reconocido el Primer Ministro ucraniano, Denys Chmyhal, en una entrevista con el canal de televisión japonés NHK. La infraestructura del país también se vio gravemente afectada: casi dos millones de hogares se han visto afectados y alrededor de 8.400 kilómetros de carreteras están dañados.

En los últimos dos años, cerca de 10 millones de personas han abandonado el país y, según el jefe de gobierno, no quieren regresar de la Unión Europea, Estados Unidos y otros países del mundo por problemas de seguridad.

Según estimaciones del gobierno ucraniano, el Banco Mundial y la ONU, la reconstrucción del país requerirá 486.000 millones de dólares en diez años. El 17 por cien de ese dinero se necesita para la reconstrucción y renovación de viviendas, el 15 por cien para el transporte, el 14 por cien para el comercio y la industria, el 12 por cien para la agricultura y el 10 por cien para la energía.

En el primer semestre del año pasado, aproximadamente la mitad del presupuesto de Ucrania (49,1 por cien) se pagó gracias a la ayuda procedente del exterior. El presupuesto de este año prevé un déficit de 41.000 millones de dólares (20,5 por cien del PIB). Es un récord para el país desde su independencia y sólo se podrá pagar si occidente sigue poniendo el dinero encima de la mesa.

Es sólo la punta del iceberg. Antes del Golpe de Estado, Ucrania era un país industrialmente desarrollado. La mayor parte de esa industria estaba ubicada en el Donbas, que Ucrania perdió en 2014. En Donbas estaban los dos de los complejos siderúrgicos más grandes de Europa. La planta metalúrgica de Mariupol está destruida en un 30-40 por cien, la de Azovstal permanece en un 20-30 por cien y todo lo demás está en ruinas.

Pero el principal problema para Ucrania no son las empresas industriales ni las materias primas que pueden obtener en occidente, sino la falta de mano de obra. Millones de ucranianos se han marchado, por lo que muchas empresas y negocios han cerrado. El problema no son los ataques con misiles, sino el hecho de que quienes podrían trabajar en la fábrica han intentado huir de Ucrania o ahora son buscados activamente por las oficinas de reclutamiento militar.

La salida del país de 10 millones de personas en los últimos dos años representa la pérdida de una generación futura. Muchos de ellos trabajaron, contribuyendo a la producción. Ahora están en Rusia o viven de las prestaciones sociales en Europa occidental.

La construcción naval y aeronáutica, el sector espacial y la producción de automóviles se perdieron entre un 95 y un 100 por cien. Sólo quedan los sectores de reparación, porque muchas empresas se han reconvertido para el cuidado y mantenimiento de material militar.

La fabricación de aviones en Ucrania desapareció en los primeros años después del Golpe de Estado y durante varios años antes del inicio de la guerra no se fabricaron aviones civiles en el país. La industria de la aviación ucraniana es capaz de ensamblar drones y misiles antibuque Neptune, pero los planes del gobierno de reiniciar la producción del avión de transporte An-225 Mriya no son realistas. El avión fue ensamblado en cooperación con Rusia. Ucrania no produce aviónica.

La construcción de maquinaria agrícola, incluidas las cosechadoras, también murió mucho antes del inicio de la guerra. La planta de construcción de maquinaria de Jerson ya no funciona y la planta de tractores de Jarkov fue destruida en los primeros meses de la guerra.

La situación es aún peor en la construcción naval. La última oportunidad de revitalizar la industria fue en 2013, cuando Viktor Yanukovich firmó un acuerdo con Rusia, recibió crédito y Gazprom planeó construir buques de gas licuado en los astilleros de Mykolaiv. Pero el Golpe de Estado de 2014 lo impidió.

En cuanto a la energía, las ciudades ucranianas no se quedan sin electricidad, no hay cortes de energía en el país. Las centrales eléctricas están funcionando. A medida que las empresas cierran, Ucrania necesita menos electricidad, por lo que la electricidad producida en Ucrania es más o menos suficiente para el consumo interior. Pero, en última instancia, esto será insuficiente para volver a convertirse en una potencia industrial.

Las armas occidentales se diseñan para exhibir en los desfiles militares

Más de un lector se imagina que exageramos cuando decimos que el caza F-35 de última generación es un montón de chatarra o que los submarinos más modernos de la Royal Navy corren el riesgo de irse al fondo del océano al menor contratiempo.

Nada de eso. Incluso la situación es peor, como lo demuestra la Guerra de Ucrania. Los sistemas occidentales de armas son un despilfarro inútil de dinero público. Tienen un coste tan elevado que sus operadores tienen orden de no usarlos, salvo en contadas oc asiones.

Un artículo reciente de la revista Forbes asegura que las municiones de artillería occidental están “sobrediseñadas” (*). En circunstancias ideales, los sistemas de artillería aliados superan a sus equivalentes rusos. Sólo hay un pequeño problema: en una guerra no hay circunstancias ideales. Por lo tanto, concluye Forbes, cuando se habla de armas la cantidad es mejor que la calidad.

Como hemos dicho algun vez, se han diseñado para exhibir en los desfiles militares y las ferias de armamento. Son las consecuecias de privatizar las empresas de armamento, que sólo buscan su propio beneficio y venden por catálogo.

Además de caros, los equipos son muy complejos técnicamente y no se prueban suficientemente para evitar su deterioro. No se sabe exactamente cómo funcionan, ni tampoco si realmente funcionarán alguna vez. Sin embargo, adiestrar a un operador en el manejo de ese tipo de armas lleva mucho tiempo.

Pero si en una guerra, como la de Ucrania, resulta difícil para las potencias occidentales poner sus mejores sistemas de armas al alcance del fuego ruso, resulta mucho peor cuando se trata de adversarios, como los huthíes, que con medios muy baratos pueden destruir armas muy caras. Un militar australiano asegura que 5.000 “proyectiles de mierda” de Corea del norte causan más daño que 100 proyectiles estadounidenses de última generación.

Entonces las cuentas no salen y las academias miltares sólo son capaces de explicar las guerras pasadas, pero no las futuras. Empiezan a mirar hacia Rusia y China y a imitar su política de defensa. El plan es fabricar armamento barato para poder fabricarlo en mucha cantidad y muy rápidamente.

Hasta ahora la OTAN ha confiado en una política propia de matón de barrio. Ha diseñado sus ejércitos a medida para combatir en guerras híbridas, localizadas y contra adversarios muy inferiores.

En un escenario de guerra total ningún país del planeta es capaz de fabricar las gigantescas cantidades de “municiones inteligentes” que son necesarias para una guerra a largo plazo contra adversarios parejos.

Se puede sentir la desesperación en Occidente a medida que la realidad comienza a comprender a sus principales pensadores. Años de construir ejércitos de “buen tiempo” destinados a impresionar a los compradores en las ferias de armas organizadas por el MIC han dejado las doctrinas militares occidentales lamentablemente obsoletas en cuanto a cómo se libran las guerras reales.

(*) https://www.forbes.com/sites/craighooper/2024/01/02/want-200000-155mm-artillery-shells-a-month-for-ukraine-simplify-production/

Una revista científica destaca las graves consecuencias para la salud de las vacunas contra el ‘covid’

La revista científica Vaccine no es un medio de propaganda de esos antivacunas furiosos. Más bien al contrario. Así que el estudio que acaba de publicar esta misma semana sobre los efectos secundarios de las vacunas contra el “covid” es bastante sorprendente.

El estudio se llevó a cabo a una escala sin precedentes y estuvo coordinado por la Red Mundial de Datos sobre Vacunas. Los investigadores examinaron los datos de vacunación de 100 millones de personas en ocho países diferentes, incluidos Canadá, Argentina, Australia y varios países europeos, y afecta a las vacunas de Pfizer, Moderna y AstraZeneca.

Los resultados ponen de relieve asociaciones preocupantes entre la administración de las vacunas y la aparición de problemas de salud graves. Entre ellos se incluyen la miocarditis, la parálisis de Bell, las convulsiones, la pericarditis y el síndrome de Guillain-Barré, cuyos efectos secundarios aparecen una media de 42 días después de la vacunación.

El estudio observa una mayor incidencia de miocarditis en personas que recibieron las vacunas de ARNm de Pfizer y Moderna, y un aumento de casos de pericarditis en quienes recibieron una tercera dosis de la vacuna de AstraZeneca. Además, se ha asociado con esta última vacuna un mayor riesgo de trombosis cerebral y síndrome de Guillain-Barré.

Alarmados por las consecuencias de las inoculaciones, los autores exigen más investigaciones para comprender completamente las consecuencias de las vacunas. Al mismo tiempo, tienen que pagar un peaje para quienes financiaron el estudio: el remedio no es peor que la enfermedad.

Para explicarlo, los “expertos” adoptan un lenguaje economicista y lo llaman “balance” entre el coste y el beneficio, que en el caso de las vacunas de ARNm contra el “covid” es positivo.

Es la típica ingeniería contable para engañar a los incautos: para que las vacunas tengan un balance positivo no se puede decir que el “covid” es un simple resfriado. Es imprescindible inflar el coste, o sea, exagerar la gravedad y las consecuencias de la infección, que es una de las notas distintivas que ha acompañado a la pandemia desde su mismo inicio.

Una vez pasada la ola de histeria, las publicaciones científicas ya no ocultan que las vacunas no son tan seguras como decían en 2021 y que los efectos secundarios no caen del cielo, ni se deben a una ola de calor, sino directamente a las inoculaciones.

Pero ahora ya nadie quiere recordar este tipo de asuntos fastidiosos que les lleva a un momento muy oscuro que preferirían olvidar. Esa amnesia se produce justo cuando la propaganda se ha acabado y la ciencia empieza a levantar la cabeza, aunque sea tímidamente.

(*) https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0264410X24001270?via%3Dihub

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies