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Día: 29 de septiembre de 2023 (página 1 de 1)

Estados Unidos entra en quiebra el domingo

El domingo Estados Unidos entra en quiebra. Las oficinas públicas cierran sus puertas porque no tienen dinero ni para encender las bombillas. Es ya toda una ceremonia. El tope de déficit se ha cubierto y no hay acuerdo parlamentario para aumentarlo. No para pagarlo, sino para poder asumir más deudas (hasta el infinito y más allá).

Promulgada en 1884, la Ley contra el Déficit prohíbe a las instituciones públicas gastar o contraer deudas sin la autorización previa del Congreso. La tensión se concentra en torno a la ayuda militar a Ucrania: si no hay dinero para encender las luces, ¿por qué seguir financiando la guerra en Europa oriental?

El cierre conduce a la parálisis de la administración pública. Casi dos millones de funcionarios se van a la calle a poco más de un año de las elecciones presidenciales. Durante las quiebras de 2013 y principios de 2018, alrededor de 850.000 de los 2,1 millones de funcionarios se quedaron en su casa.

O los funcionarios siguen trabajando sin cobrar, o se van a la calle. En el ámbito de la defensa, 1,3 millones de soldados en activo trabajarán por “puro patriotismo”, o sea, sin cobrar un céntimo. “Nuestras tropas […] siempre defenderán el país y garantizarán nuestros intereses de seguridad nacional en todo el mundo, pero no se les pagará por ello. Y eso significa que ellos y sus familias sufrirán”, dijo John Kirby, coordinador del Consejo de Seguridad Nacional.

Un cierre pondría en peligro la asistencia nutricional vital para casi 7 millones de mujeres y niños que dependen de WIC, un programa «que afecta a casi la mitad de los bebés nacidos en este país. Otro programa de ayuda alimentaria para familias pobres, el SNAP, también podría verse interrumpido si el cierre dura más de un mes.

La parálisis también corre el riesgo de perturbar gravemente el tráfico aéreo, ya que los controladores aéreos y los funcionarios de la Agencia de Seguridad del Transporte se verán afectados.

Durante el cierre de 2018-2019, las colas en los controles de seguridad fueron más largas debido a la ausencia de una parte del personal, lo que provocó el cierre de los mostradores de seguridad. Los vuelos incluso fueron interrumpidos temporalmente en el aeropuerto LaGuardia de Nueva York debido a la ausencia de diez controladores aéreos, lo que provocó retrasos en los vuelos.

Cada semana de cierre presupuestario de la administración le costará a la economía estadounidense 6.000 millones de dólares. Los economistas de Goldman Sachs estiman que durante una semana el bloqueo podría costar 0,2 puntos de crecimiento al PIB estadounidense en el cuarto trimestre.

Es la segunda vez en unos meses que Estados Unidos se enfrenta al colapso económico. En junio ya evitó un impago tras largas negociaciones entre bastidores. El acuerdo permitió suspender durante dos años, es decir, hasta después de las elecciones presidenciales y legislativas de 2024, el importe máximo de la deuda de Estados Unidos, que actualmente es de 31.400 millones de dólares.

Si Estados Unidos no paga sus deudas podría provocar un pánico en los mercados mundiales, un colapso del dólar e inestabilidad económica general. Las consecuencias se sentirían a escala mundial y afectarían a los mercados bursátiles, los tipos de cambio y las inversiones.

El último cierre en diciembre de 2018 y enero de 2019 duró 35 días, lo que supuso un récord. Entonces los demócratas se negaron a votar a favor de la financiación del muro a lo largo de la frontera con México, que supuestamente frenaría la inmigración ilegal. Después de tres semanas de bloqueo, Trump se vio obligado a ceder.

El episodio anterior, en octubre de 2013, duró dieciséis días. El récord anterior se alcanzó en 1995-1996 con veintiún días, bajo la presidencia de Clinton. En total, desde 1976, Estados Unidos ha experimentado 21 cierres. Ronald Reagan ostenta el récord con ocho durante sus dos mandatos (1981-1989).

Wagner vuelve a la primera línea del frente

El jueves de la semana pasada Putin se reunió con el coronel Andrei Troshev, el máximo dirigente de Wagner en la actualidad. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, confirmó que ambos se habían entrevistado y que el viceministro de Defensa, Yunus-Bek Yevkurov, había estado presente.

Troshev desempeña ahora una función dentro del Ministerio de Defensa, añadió Peskov, lo que indica un cambio significativo en la integración de Wagner dentro del ejército ruso. Por ello mismo acudió acompañado del viceministro de Defensa, con quien aparece en la foto de portada.

Putin pidió a Troshev que supervisara las unidades de combatientes voluntarios en Ucrania y enfatizó la necesidad de proporcionar unidades capaces de llevar a cabo diversas misiones de combate, especialmente en el contexto de la Guerra de Ucrania.

Troshev fue un colaborador cercano del anterior dirigente de Wagner, Yevgeny Prigojin, quien murió en agosto en un sabotaje del avión en el viajaba. Apenas unos días después de la asonada de Wagner, Putin ofreció a sus tropas la oportunidad de seguir luchando y sugirió que Troshev quedaría al frente de la unidad, informó el periódico ruso Kommersant.

Conocido por el apodo de “Sedoi” (pelo canoso), Troshev recibió la condecoración de Héroe de Rusia por su papel en el apoyo al ejército regular sirio en 2015 y 2016 como comandante de Wagner.

El segundo entierro de Stalin

Stalin murió a comienzos de marzo de 1953 y el mundo entero guardó luto, dentro y fuera de la URSS, porque aún no había comenzado la “desestalinización”, una de las mayores campañas de intoxicación propagandística, que no ha cesado hasta hoy.

El documental “La gran despedida” (Великоепрощание) muestra las gigantescas y sentidas manifestaciones de dolor en Moscú y otras localidades. El dirigente soviético era el símbolo mismo de la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial.

Cuatro días después de su muerte, su cuerpo embalsamado fue colocado en el Mausoleo de Lenin, rebautizado como “Mausoleo de Lenin y Stalin”, donde permaneció hasta 1961. Era el monumento más visitado y fotografiado por los soviéticos y los turistas procedentes del mundo entero, incluso después de que en 1956 Jruschov leyera su informe contra Stalin.

No podía haber “desestalinización” en medio de las riadas de visitas diarias al mausoleo. Lo más lógico hubiera sido sacar el cuerpo inmediatamente después del XX Congreso del PCUS. Sólo cuando estuvo seguro de que la retirada del cuerpo de Stalin no provocaría disturbios populares, Jruschov puso en práctica su plan. Incluso se inventó un lema para la ocasión: “¡Hacia el comunismo, sin Stalin!”.

En el 22 Congreso del PCUS se se presentó como una “iniciativa desde abajo”, proveniente de los trabajadores de dos fábricas de Leningrado, Kirov y Nevsky, y de la fábrica Lenin en Moscú. Se anunció el último día y como última pregunta por el primer secretario del comité regional del partido de Leningrado, Ivan Spiridonov.

Fue aceptado por unanimidad. Además de Spiridonov, la propuesta fue apoyada por Peter Demitchev, primer secretario del comité municipal del PCUS en Moscú, quien exclamó ardientemente que “dejar el cuerpo de Stalin en el mausoleo es una gran blasfemia”.

Antes de que se discutiera el tema en el Congreso, Jrushov convocó al jefe del noveno departamento de la KGB, el general Nikolai Zajarov, y al también general Andrey Vedenin, comandante del Kremlin, y les informó que era urgente volver a enterrar el cuerpo de Stalin.

Se creó una comisión para el nuevo entierro. Estaba formada por Vasily Mzhavanadze, primer secretario del Partido Comunista de Georgia, Alexander Chelepin, miembro del Politburó, Nikolai Dygai, presidente del comité ejecutivo de Mossovet, Javakhishvili, Presidente del Consejo de Ministro de Georgia, y el ya mencionado Demitchev. La comisión estaba encabezada por Nikolai Chvernik, ex presidente del Presidium del Sóviet Supremo bajo Stalin.

Se decidió volver a enterrar a Stalin durante el ensayo del desfile militar, que tendría lugar el 7 de noviembre. Debido al ensayo, la Plaza Roja quedó libre de curiosos, turistas y transeúntes.

Las personas que participaron en el levantamiento del cuerpo fueron elegidas de forma especialmente fiable entre el personal de la oficina del comandante del Kremlin. Al final, se seleccionaron seis soldados para cavar la tumba cerca del muro del Kremlin y ocho oficiales para retirar el sarcófago del mausoleo. Los trabajadores de mantenimiento cerraron el espacio detrás del mausoleo con paneles de madera contrachapada para que nadie pudiera ver lo que estaba sucediendo.

A las seis de la tarde la Plaza Roja fue bloqueada y los soldados comenzaron a cavar la tumba a toda prisa; todos querían terminar antes de medianoche. Luego se cubrió con losas de hormigón y madera contrachapada. Al mismo tiempo, el sarcófago que contenía el cuerpo de Stalin fue transportado desde el mausoleo al laboratorio del Kremlin, donde se llevaron a cabo varios actos de humillación. El comandante Mashkov quitó la estrella dorada del uniforme de Stalin y cortó los botones dorados del uniforme, reemplazándolos por unos simples de latón.

Los oficiales presentes trasladaron el cuerpo de Stalin hacia el ataúd y lo cubrieron con un velo negro, dejando sólo la cara y el pecho al descubierto. Entonces Chanin, jefa del taller de carpintería del Arsenal, cerró el ataúd con una tapa y lo clavó. Los agentes sacaron el ataúd del Kremlin, lo llevaron a la tumba y lo colocaron sobre soportes de madera durante unos minutos. En ese momento parecía que al menos dos de los presentes estaban llorando: Javakhishvili y el jefe de la comisión, Chvernik. Este último estaba tan molesto que tuvo que apoyarse en su guardaespaldas.

El ataúd de Stalin se bajó a la tumba, al pie de las murallas del Kremlin, donde casi todos los agentes arrojaron un puñado de tierra. El sarcófago se cubrió y colocaron encima una losa de mármol. Sin embargo, no todo había terminado: mientras se desmantelaban los tableros de contrachapado en la Plaza Roja, Zajarov y Vedenin firmaban el protocolo del nuevo entierro en el Kremlin, y el comandante Mashkov y sus oficiales reorganizaban el sarcófago de Lenin en el mausoleo.

Por la mañana, el mausoleo se abrió como si nada hubiera pasado. Sin embargo, los agentes de la KGB vestidos de civil podían oír a los transeúntes preguntando y hablando entre ellos. Se quejaban de que no les habían consultado para un asunto así.

Jruschov no celebró durante mucho tiempo su victoria sobre Stalin. Tres años más tarde, él mismo fue destituido de sus cargos y jubilado. No tuvo el honor de ser enterrado ni siquiera cerca de la muralla del Kremlin sino en el cementerio de Novodevichi.

En 1970 se colocó un busto sobre la tumba de Stalin para mejorar las relaciones con el Partido Comunista de China. Sigue siendo el monumero más visitado de la Rusia actual. Nunca faltan flores frescas.

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