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Mes: abril 2022 (página 4 de 10)

El FBI revela nuevos informes sobre la intervención del gobierno saudí en los atentados del 11-S

Aprovechando que las miradas están puestas en Ucrania, el FBI ha desclasificado un informe de más de 500 páginas que elaboró en 2017 sobre los ataques terroristas del 11-S. El documento confirma algo ya sabido: la intervención del gobierno saudí en los atentados.

El atentado del 11 de septiembre fue un acontecimiento traumático que configuró de forma irrevocable la política exterior e interior de Estados Unidos durante todo el siglo, provocando la mayor ola de desastres para el mundo que se ha conocido. Sin embargo, cuando salen a la luz nuevas informaciones que implican a un gobierno aliado en la ejecución del atentado, a casi nadie parece importarle.

La publicación del informe rompe 70 años de una complicidad que comenzó con el Pacto del Quincy. Es un toque de atención hacia el gobierno de Riad, cada día más enfrentado a Estados Unidos y más proclive a escuhar al Kremlin.

El informe gira en torno a Omar Al-Bayumi, un espía saudí que operaba en San Diego bajo la cobertura de una empresa de aviación propiedad del gobierno de Riad. Al-Bayumi ayudó a dos de los secuestradores del 11-S a trasladarse a Estados Unidos mientras se preparaban para llevar a cabo su ataque. La mayor parte de los responsables directos de los atentados eran saudíes y sólo quedaba conocer los detalles concretos de la intervención del dirigentes de Riad.

El verdadero papel de Al-Bayumi era conocido desde el primer momento de los atentados, tanto por sus vínculos con yihadistas, como por un empleo que nunca tuvo, como por el hecho de que conoció a dos de los secuestradores en un restaurante, antes de encontrarles un piso en San Diego, firmar su contrato de alquiler, actuar como avalista, pagar su primer mes de renta e integrarlos en la comunidad saudí local.

Según un comunicado del FBI de junio de 2017, desde finales de la década de 1990 hasta el 11 de septiembre de 2001, Al-Bayumi “recibió un sueldo mensual como ayudante de la Presidencia General de Inteligencia saudí (GIP)”, la principal agencia de espionaje del país. Sin embargo, su participación en la inteligencia saudí no fue confirmada en el momento del informe oficial de la Comisión del 11-S. En otro documento de 2017, el FBI dijo que “hay un 50% de posibilidades de que [Al-Bayumi] tuviera conocimiento de los atentados del 11-S”.

Al-Bayumi cobraba del antiguo embajador saudí en Estados Unidos, el príncipe Bandar Bin Sultan Alsaud, amigo de la familia de Bush desde hace mucho tiempo, a la que informaba directamente. Toda la información que Al-Bayumi reunía sobre “personas de interés en la comunidad saudí de Los Ángeles y San Diego y otros asuntos, se transmitía a Bandar”.

Esta revelación es especialmente explosiva porque Bin Sultan no sólo era miembro de la Casa Real saudí, sino también un amigo íntimo de Bush y, en general, muy cercano a la clase política estadounidense, hasta el punto de que se le apodaba “Bandar Bush”. Amigo íntimo del padre de Bush durante más de dos décadas (“Me siento como un miembro de tu familia”, le escribió en 1992), posteriormente donó un millón de dólares a la biblioteca presidencial del padre de los Bush.

Esta amistad se extendió al joven Bush, cuyo padre le aconsejó que consultara a Bin Sultan cuando se preparaba para lanzar su campaña presidencial. Su relación era tan estrecha que Bin Sultan fue una de las primeras personas con las que habló Bush cuando decidió invadir Irak. Los dos hombres se reunieron en la Casa Blanca dos días después del atentado del 11-S y fumaron puros en el balcón. Luego unos aviones fletados, violando una prohibición de aterrizaje en todo el país, recogieron a 160 miembros de la familia real, miembros de la familia Bin Laden y otros dignatarios saudíes y los sacaran del país.

Si Al-Bayumi tenía conocimiento previo de los atentados, también lo sabía Bandar Bin Sultan, lo que significa que puso sobre aviso al gobierno de Estados Unidos y, seguramente, al propio Bush en persona.

Estados Unidos está directamente al mando de la Guerra de Ucrania

Sobre el terreno, Estados Unidos está directamente al mando de la Guerra de Ucrania, ha asegurado Georges Malbrunot, un periodista que acaba de regresar del frente tras viajar allí con una expedición de mercenarios extranjeros.

Malbrunot, corresponsal del diario francés Le Figaro, ha mantenido una entrevista con la cadena CNews. Afirma haber acompañado a varios mercenarios franceses, dos de los cuales ya habían combatido en Oriente Medio.

“Me sorprendió, y a ellos también, descubrir que para reunir al ejército ucraniano, bueno, los estadounidenses están al mando”, dijo Malbrunot, añadiendo que él y los mercenarios “estuvieron a punto de ser detenidos” por los estadounidenses, que decían estar al mando. El periodista reveló entonces que les habían obligado a firmar un contrato “hasta el final de la guerra”.

“¿Y quién está al mando? Son los estadounidenses, los vi con mis propios ojos”, dice Malbrunot, quien también añade: “Creí que estaba en compañía de las brigadas internacionales, y me encontré frente al Pentágono”.

Malbrunot también menciona la entrega por parte de Estados Unidos de drones suicidas Switchblade a Ucrania, algo que mencionó Lloyd Austin, el Secretario de Defensa de Estados Unidos en un mensaje en las redes sociales en el que revelaba que los soldados ucranianos estaban siendo entrenados para utilizar los drones en Biloxi, Mississippi.

Citando una fuente de la inteligencia francesa, Malbrunot también aseguró que las unidades SAS británicas de las fuerzas especiales “también han estado presentes en Ucrania desde el comienzo de la guerra, al igual que las unidades Delta estadounidenses”.

Rusia parece haber entendido perfectamente la guerra secreta lanzada en Ucrania por los mercenarios extranjeros instalados en la región desde febrero.

Tanto Reino Unido como Estados Unidos han declarado públicamente que ni un solo soldado “pisaría suelo ucraniano”, pero aparentemente la presencia militar de Estados Unidos y Reino Unido ha estado allí desde el comienzo de la guerra.

“Las encuestas realizadas en el período previo a la guerra han demostrado que la abrumadora mayoría de los estadounidenses quiere que nuestro gobierno se mantenga al margen, pero nuestros dirigentes lo saben mejor, y están más que felices de arriesgar una tercera guerra mundial para defender el régimen títere en Ucrania”, escribe Chris Menahan.

El Pentágono es una mina de oro para la industria de guerra

La Guerra de Ucrania ha desencadenado una ola de aumentos en los presupuestos militares, tanto en Estados Unidos como en Europa, por lo que la industria armamentista, esencialmente estadounidense, está de fiesta.

Pero antes de que estallaran las hostilidades, los caciques de las principales empresas armamentistas ya se preparaban para aumentar sus ventas. En una conferencia telefónica de enero de este año con los inversores de su empresa, Greg Hayes, director general de Raytheon Technologies, se jactó de que la perspectiva de una guerra en Europa oruental y otros puntos calientes del planeta sería buena para el negocio: “Vemos, yo diría, oportunidades de ventas internacionales… Las tensiones en Europa del este, las tensiones en el Mar de China Meridional, todas esas cosas ejercen presión sobre algunos de los gastos de defensa allí. Así que espero que obtengamos algún beneficio de ello”.

A finales de marzo, en una entrevista concedida a la Harvard Business Review tras el inicio de la guerra en Ucrania, Hayes defendió que su empresa se beneficiaría de la guerra: “Así que no me disculpo por ello. Creo que una vez más reconocemos que estamos ahí para defender la democracia y el hecho es que acabaremos beneficiándonos de ella con el tiempo. Todo lo que se está enviando a Ucrania hoy, por supuesto, proviene de reservas, ya sea del DoD [Pentágono] o de nuestros aliados de la OTAN, y eso es una gran noticia. Con el tiempo tendremos que reponerlos y obtendremos un beneficio para el negocio en los próximos años”.

Ucrania sólo pone los muertos

La guerra en Ucrania será, en efecto, un impulso para empresas como Raytheon y Lockheed Martin. En primer lugar, estarán los contratos de reabastecimiento de armas como el misil antiaéreo Stinger de Raytheon y el misil antitanque Javelin producido por Raytheon/Lockheed Martin que Washington ya ha suministrado a Ucrania por miles. Sin embargo, el mayor flujo de beneficios provendrá de los aumentos asegurados en el gasto de “seguridad nacional” tras la guerra, aquí y en Europa, justificados, al menos en parte, por la invasión rusa de Ucrania y el desastre que siguió.

Las transferencias directas de armas a Ucrania ya reflejan sólo una parte del dinero extra para las empresas militares estadounidenses. Sólo en este año fiscal tienen garantizados importantes beneficios de la Iniciativa de Ayuda a la Seguridad de Ucrania (USAI) del Pentágono y del programa de Financiación Militar Extranjera (FMF) del Departamento de Estado, que financian la adquisición de armas y otros equipos estadounidenses, así como la formación militar. Son los dos principales canales de ayuda militar a Ucrania desde el momento en que los rusos tomaron Crimea en 2014. Desde entonces, Estados Unidos ha comprometido unos 5.000 millones de dólares en ayuda militar a Ucrania.

Todo estaba previsto antes de la guerra

El 31 de marzo del año pasado, antes del inicio de la guerra, el Mando Europeo de Estados Unidos declaró una “crisis potencial inminente”, dados los cerca de 100.000 efectivos rusos ya presentes a lo largo de la frontera con Ucrania. A finales del año pasado el gobierno de Biden prometió 650 millones de dólares en armas a Ucrania, incluyendo equipos antiaéreos y antiblindaje como el misil antitanque Javelin de Raytheon/Lockheed Martin.

Desde el 24 de febrero Estados Unidos ha prometido unos 2.600 millones de dólares en ayuda militar al país, con lo que el gobierno de Biden ha entregado ya más de 3.200 millones de dólares.

Parte de esa ayuda se incluyó en un paquete de gastos de emergencia para Ucrania en marzo, que exigía la compra directa de armas de la industria de defensa, incluyendo drones, sistemas de cohetes guiados por láser, ametralladoras, munición y otros suministros. Las principales empresas armamentistas buscarán ahora más contratos con el Pentágono para entregar el armamento adicional, incluso mientras se preparan para reponer las existencias del Pentágono ya entregadas a los ucranianos.

En este frente, de hecho, las empresas militares tienen mucho que celebrar. Más de la mitad de los 6.500 millones de dólares asignados al Pentágono como parte del plan de gastos de emergencia para Ucrania están destinados a reponer las reservas del Departamento de Defensa. En total, los legisladores asignaron 3.500 millones de dólares al esfuerzo, 1.750 millones más de lo que había solicitado el Presidente. También aumentaron la financiación del programa FMF del Departamento de Estado para Ucrania en 150 millones de dólares. No hay que olvidar que esas cifras no incluyen la financiación de emergencia para los costes de adquisición y mantenimiento del Pentágono, que están garantizados para proporcionar flujos de ingresos adicionales a los principales fabricantes de armas.

Pero todavía quedan muchos bocados en la manzana de la ayuda militar a Ucrania. Biden ya ha dejado claro que “vamos a dar a Ucrania las armas para luchar y defenderse en los difíciles días que se avecinan”. Es de suponer que se están preparando más acuerdos.

Otro efecto secundario positivo de la guerra para Lockheed, Raytheon y otros traficantes de armas como ellos es la presión ejercida por Adam Smith, presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, y Mike Rogers, para acelerar la producción de un misil antiaéreo de nueva generación que sustituya al Stinger. En su audiencia de confirmación en el Congreso, a principios de este mes, William LaPlante argumentó que Estados Unidos también necesitaba más “líneas de producción en caliente” de bombas, misiles y drones.

El Pentágono es una mina de oro

Sin embargo, para los fabricantes de armas estadounidenses, los mayores beneficios de la guerra en Ucrania no serán las ventas inmediatas de armas, por importantes que sean, sino el cambio de la naturaleza del debate actual sobre el gasto del Pentágono en sí mismo. Los portavoces de la industria bélica ya apuntan al desafío a largo plazo que supone China. La Guerra de Ucrania no es más que el último grito de guerra para aumentar el gasto militar. Incluso antes de la guerra, el Pentágono iba a recibir al menos 7.300.000 millones de dólares durante la próxima década, más de cuatro veces el coste del plan nacional de Biden de 1.700.000 millones de dólares (Build Back Better), que ya ha sido bloqueado por los miembros del Congreso, que lo han calificado de “demasiado caro” por un amplio margen. Dado el actual repunte del gasto del Pentágono, esos 7.300.000 millones de dólares pueden resultar una cifra mínima.

Dirigentes del Pentágono, como la subsecretaria de Defensa Kathleen Hicks, han mencionado a Ucrania como una de las razones del proyecto de presupuesto de seguridad nacional récord de 813.000 millones de dólares del gobierno de Biden, calificando la invasión rusa de “amenaza aguda para el orden mundial”. En otras circunstancias, este presupuestó se habría considerado asombroso, ya que es superior al gasto en el momento álgido de las guerras de Corea y Vietnam y más de 100.000 millones de dólares más de lo que el Pentágono recibía anualmente en los momentos estelares de la Guerra Fría.

A pesar de su tamaño, los republicanos del Congreso -a los que se han unido un número importante de sus colegas demócratas- están presionando para conseguir más. Cuarenta miembros republicanos de los Comités de Servicios Armados de la Cámara de Representantes y del Senado han firmado una carta dirigida a Biden en la que piden un aumento del 5 por cien en el gasto militar por encima de la inflación, lo que podría añadir hasta 100.000 millones de dólares a la solicitud de presupuesto. La diputada Elaine Luria acusa a Biden de “recortar el presupuesto de la Marina” porque planea retirar algunos barcos viejos para dejar espacio a los nuevos. La queja se presentó a pesar de que el servicio planea gastar 28.000 millones de dólares en nuevos buques en el presupuesto del año que viene.

El gasto militar sólo beneficia a la industria de guerra

El aumento en la financiación de la construcción naval forma parte de un paquete de 276.000 millones de dólares propuesto en el nuevo presupuesto para la adquisición de armas y la investigación y el desarrollo. Es donde los cinco principales contratistas de armas -Lockheed Martin, Boeing, Raytheon, General Dynamics y Northrop Grumman- ganan más dinero. Estas empresas ya se reparten más de 150.000 millones de dólares en contratos con el Pentágono cada año, una cifra que se disparará si Biden se sale con la suya. Para poner esto en contexto, solo una de estas cinco empresas principales, Lockheed Martin, recibió 75.000 millones de dólares en contratos del Pentágono solo en 2020. Esa cantidad es considerablemente superior a todo el presupuesto del Departamento de Estado, lo que demuestra lo sesgadas que están las prioridades de Washington, a pesar de la promesa de Biden de “dar prioridad a la diplomacia”.

El nuevo submarino de misiles balísticos de clase Columbia, construido por la planta de General Dynamics Electric Boat en el sureste de Connecticut, verá incrementado su presupuesto de 5.000 a 6.200 millones de dólares. El gasto en el nuevo misil balístico intercontinental (ICBM) de Northrop Grumman, el Ground Based Strategic Deterrent, aumentará aproximadamente un tercio al año, hasta los 3.600 millones de dólares. Se espera que la categoría de defensa y neutralización de misiles, una especialidad de Boeing, Raytheon y Lockheed Martin, reciba más de 24.000 millones de dólares. Los sistemas de alerta de misiles basados en el espacio, un componente clave de la Fuerza Espacial creada por Trump, aumentarán de 2.500 millones de dólares a 4.700 millones de dólares en el presupuesto previsto para este año.

F-35: chatarra para el desguace de última generación

Entre todos estos aumentos, sólo hubo una sorpresa: una propuesta de reducción de las compras del avión de combate F-35 de Lockheed Martin de 85 a 61 aviones. El avión tiene más de 800 defectos de diseño identificados y sus problemas de producción y rendimiento son legendarios. Afortunadamente para Lockheed Martin, este recorte no ha ido acompañado de una reducción proporcional de la financiación y que Suiza y Alemania están comprando F-35. Mientras que los aviones de nueva producción pueden reducirse en un tercio, la asignación presupuestaria real para el F-35 se reducirá en menos de un 10 por cien, de 12.000 millones de dólares a 11.000 millones.

Desde que Lockheed Martin obtuvo el contrato del F-35, los costes de desarrollo se han duplicado con creces, mientras que los retrasos en la producción han hecho retroceder el avión casi una década. Sin embargo, se han vendido tantos aviones de este tipo que los fabricantes no pueden satisfacer la demanda de repuestos. La eficacia en combate del F-35 ni siquiera puede probarse adecuadamente, porque los programas informáticos de simulación no sólo no están acabados, sino que ni siquiera hay una fecha de finalización prevista. Por lo tanto, el F-35 está a años luz de producir aviones que realmente funcionen como se pretende, si es que eso es posible.

Una serie de sistemas de armamento que, en el contexto de la guerra de Ucrania, tienen garantizada un derroche de dinero, son tan peligrosos o disfuncionales que, como el F-35, deberían ser eliminados. Por ejemplo, el nuevo ICBM (misil balístico intercontinental). El ex secretario de Defensa William Perry calificó a los misiles balísticos intercontinentales como “una de las armas más peligrosas del mundo”, ya que un presidente dispondría de sólo unos minutos para decidir su lanzamiento en caso de crisis, lo que aumentaría enormemente el riesgo de una guerra nuclear accidental basada en una falsa alarma. Tampoco tiene sentido comprar portaaviones de 13.000 millones de dólares cada uno, sobre todo porque la última versión tiene problemas incluso para lanzar y aterrizar aviones -su función principal- y es cada vez más vulnerable a los ataques de misiles de alta velocidad de última generación.

Los pocos puntos brillantes del nuevo presupuesto, como la decisión de la Armada de retirar el inútil e inviable Buque de Combate Litoral -una especie de “F-35 de los mares” diseñado para múltiples tareas que no realiza bien- deberían ser anulados. La Cámara de Representantes, por ejemplo, cuenta con un poderoso Caucus de Cazas de Ataque Conjunto, que en 2021 hizo que más de un tercio de todos los miembros de la Cámara presionaran para conseguir más F-35 de los que el Pentágono y las Fuerzas Aéreas solicitaron, como probablemente volverán a hacer este año. Un grupo de construcción naval, copresidido por los diputados Joe Courtney y Rob Wittman, luchará contra el plan de la Armada de retirar los barcos viejos y comprar otros nuevos. Preferirían que la Armada mantuviera los barcos viejos y comprara otros nuevos con más dinero de sus impuestos. Asimismo, la “Coalición ICBM”, formada por senadores de estados con bases o centros de producción de ICBM, tiene un historial casi perfecto de lucha contra los recortes en el despliegue o la financiación de estas armas y, en 2022, saldrá a defender su asignación presupuestaria.

La modernización del Pentágono

Desarrollar una política de defensa sensata, realista y asequible tendría que incluir cosas como la reducción del número de contratistas privados en el Pentágono, cientos de miles de personas, muchas de las cuales se dedican a tareas totalmente redundantes que podrían ser realizadas de forma más barata por empleados civiles del gobierno o simplemente eliminadas. Se calcula que una reducción del 15 por cien del gasto en contratistas permitiría ahorrar unos 262.000 millones de dólares en 10 años.

El plan de “modernización” del Pentágono, de tres décadas y casi dos billones de dólares, para construir una nueva generación de bombarderos, misiles y submarinos con armamento nuclear, así como nuevas ojivas, debería, por ejemplo, abandonarse por completo, de acuerdo con la estrategia nuclear de “disuasión estricta” desarrollada por la organización de política nuclear Global Zero. El impacto militar mundial de Estados Unidos -una invitación a nuevos conflictos que incluye más de 750 bases militares en todos los continentes excepto en la Antártida, y operaciones antiterroristas en 85 países- debería, como mínimo, reducirse en gran medida.

Una revisión estratégica relativamente minimalista podría ahorrar al menos un billón de dólares en la próxima década, lo suficiente para hacer un buen desembolso inicial para inversiones en salud pública, o para empezar a reducir los niveles récord de desigualdad de ingresos.

Por supuesto, ninguno de estos cambios puede producirse sin desafiar el poder y la influencia del complejo militar-industrial en el Congreso. Una nueva fiebre del oro del gasto en defensa es un desastre a punto de ocurrir para todos los que no formamos parte de ese complejo.

—https://tomdispatch.com/the-new-gold-rush/

La dislocación del mercado mundial

Aunque la atención está centrada en Rusia, el mayor peligro para la economía mundial es China. La fábrica del mundo se ha parado. Los proveedores de Sony y Apple cierran sus fábricas en Shanghai. Tesla también ha cerrado la suya, que producía unos 2.000 coches eléctricos al día. Quanta, el mayor fabricante de ordenadores portátiles del mundo, ha interrumpido completamente la producción. Su planta representa alrededor del 20 por cien de la capacidad de producción de portátiles de Quanta, y la empresa había estimado previamente que suministraría 72 millones de unidades este año.

El viernes el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información de China dijo que había enviado un grupo de trabajo a Shanghai para reanudar la producción en 666 fábricas estratégicas de la ciudad, paralizadas a causa de los confinamientos. Tesla espera que les permitan reabrir el lunes, poniendo fin a la pausa más larga de la planta desde que se inauguró en 2019. Hasta ahora el fabricante de automóviles ha perdido más de 50.000 unidades de producción.

Casi 400 millones de personas de 45 ciudades chinas, más de la cuarta parte de la población, están total o parcialmente confinadas como consecuecia de la delirante política de “covid cero”. En conjunto, representan el 40 por cien del PIB de la segunda economía mundial. Lo más alarmante es el cierre indefinido de Shanghai, una ciudad de 25 millones de habitantes y uno de los principales centros industriales de China, que mueve el 6 por cien de las exportaciones del país.

Los cierres masivos impactan directamente en las cadenas de suministro mundiales así como en la producción industrial, que lleva un mes parada. Pueden costar al menos 46.000 millones de dólares de pérdidas de producción mensuales, el 3,1 por cien del PIB.

Las cuarentenas han provocado escasez de alimentos, falta de acceso a la atención médica e incluso la muerte de animales. También han dejado al mayor puerto del mundo sin personal suficiente. El puerto de Shanghai, que gestionó más del 20 por cien del tráfico de mercancías de China en 2021, está prácticamente paralizado. Los suministros de alimentos atrapados en contenedores de transporte sin acceso a la refrigeración se están pudriendo.

Las mercancías entrantes permanecen atascadas en las terminales marítimas de Shanghai durante una media de ocho días antes de ser transportadas a otro lugar, lo que supone un aumento del 75 por cien desde que comenzaron los últimos confinamientos. El tiempo de almacenamiento de las exportaciones ha disminuido, pero eso se debe probablemente a que no se envían nuevos contenedores a los muelles desde los almacenes.

Las compañías aéreas de transporte de mercancías han cancelado todos los vuelos con destino y salida de la ciudad, y más del 90 por cien de los camiones que realizan entregas de importación y exportación están actualmente fuera de servicio.

Al desolador panorama hay que sumar las sanciones contra Rusia, la inflación, el endeudamiento y la inminente subida de los tipos de interés. “En el futuro, será cada vez más difícil separar las cuestiones económicas de consideraciones más amplias de interés nacional, incluida la seguridad nacional”, dijo Janet Yellen, la secretaria del Tesoro, ante el Consejo Atlántico.

Aunque Yellen confesó que esperaba evitar una “división bipolar” entre China y Estados Unidos, “la actitud del mundo hacia China y su voluntad de adoptar una mayor integración económica puede verse afectada por la reacción de China a nuestro llamamiento a una acción decisiva contra Rusia”.

En otras palabras, si todo sigue como hasta ahora, en el futuro no habrá un único mercado mundial sino varios, cada vez más incomunicados entre sí, con consecuencia inimaginables para la situación de los trabajadores de todo el mundo.

Últimos detalles del ataque de la OTAN al crucero ruso Moskva en el Mar Negro

El hundimiento del crucero Moskva en la noche del 13 de abril es uno de los indicadores más evidentes de la intervención de la OTAN en la Guerra de Ucrania. Es inverosímil que el ejército ucraniano sea capaz de hacerlo por sus propias fuerzas y tampoco es cierta la versión rusa de que fue un incendio accidental.

Sólo la OTAN dispone de los medios técnicos para localizar y hundir un navío de esas características. El ataque lo llevaron a cabo baterías costeras emplazadas en Odessa y operadas por especialistas de la Alianza Atlántica.

El buque se encontraba a 110 kilómetros de distancia y fueron necesarios dos misiles para hundirlo. Sin embargo, más importante que la puntería de los dos disparos es la ubicación exacta de buque, cuyos radares no fueron capaces de advertir a tiempo la llegada de los proyectiles.

Algunas fuentes sugieren que el buque fue detectado por drones turcos Bayraktar TB-2 y que, a su vez, el Moskva no fue capaz de detectarlos, o bien no fue capaz de derribarlos antes de que comunicaran su posición. Tampoco es una versión creíble.

El diario británico The Times asegura (1) que un avión de patrulla marítima P-8A Poseidon de la OTAN [AE681B] estaba en una misión sobre el Mar Negro poco antes del ataque contra el crucero. Así se desprende de los datos de seguimiento del tráfico aéreo del 13 de abril.

El P-8A Poseidón despegó de la base militar que tiene la OTAN en Sigonella, Sicilia y fue visto a las 13:32, hora de Kiev, sobrevolando el Mediterráneo en dirección a los Balcanes y Bulgaria. Se perdió el rastro a las 15:27 sobre Rumanía, a 20 kilómetros de la frontera ucraniana y 180 kilómetros de la última posición del Moskva. Poco antes de apagar su transpondedor, había descendido a una altitud de 3.600 metros.

Faltaban tres horas para el ataque. El primer mensaje informando del ataque contra el crucero se envió a las 20:42 a través de las redes sociales. La información fue confirmada a las 22:31 por el gobernador de Odessa.

El avión de la OTAN reapareció a las 18:23 en Rumanía, apagó su transpondedor de nuevo a las 18:42 y lo volvió a encender 42 minutos después, cerca de Abrud, desde donde se dirigió de nuevo a la base de Sigonella.

El patrullero pudo vigilar todos los movimientos de los barcos entre la costa rumana y Crimea, aunque es más discutible que su presencia durante horas no fuera advertida por el Moskva ni por ningún otro radar ruso.

Un alto funcionario del Pentágono ha admitido que “como parte de nuestro apoyo al flanco oriental de la OTAN, hemos realizado algunas patrullas aéreas limitadas frente a la costa rumana”, pero no quiso dar más detalles de ningún operativo.

Pero hay otro dato importante. El 8 de abril el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, admitió por primera vez que Estados Unidos estaba proporcionando información a las fuerzas ucranianas “para llevar a cabo operaciones en el Donbass”.

Luego un funcionario estadounidense confirmó a la CNN (2) que la OTAN estaba transmitiendo “información útil” al gobierno de Kiev. “A medida que la lucha migre más hacia la región del Donbass, ajustaremos nuestro flujo de información según sea necesario”, admitió.

Blanco y en botella. La presencia de los aviones P-8A Poseidon en el Mar Negro no es excepcional, al igual que la presencia de otros aviones de inteligencia pertenecientes a los distintos Estados miembros de la OTAN.

Por ejemplo, el 19 de abril el mismo avión, Poseidón AE681B, apareció de nuevo en la misma región con el indicativo AE6833. El día del hundimiento del Moskva, el indicativo AE67FF estaba patrullando en la zona junto con un dron de la OTAN RQ-4B Global Hawk con indicativo Forte 10.

(1) https://www.thetimes.co.uk/article/ukraine-war-us-spy-plane-on-patrol-in-black-sea-before-sinking-of-russian-flagship-moskva-fblbg0znd
(2) https://edition.cnn.com/2022/04/07/politics/us-intel-ukraine-donbas-operations/index.html

Miembro de la Royal Navy británica caído cerca de Kramatorsk

Los países pobres destruyen las vacunas caducadas que les envían los ricos

En la imagen, una apisonadora destruye las vacunas caducadas que han enviado los países más “generosos” a los más “necesitados”. No es otra cosa que un reflejo de la absurda sociedad capitalista que padecemos.

Los países ricos han gastado tanto dinero en vacunas, que después de esforzarse por inyectar el mayor número de dosis posibles a sus ciudadanos, les siguen sobrando, las almacenan, se olvidan de ellas, caducan y se las regalan al primero que pasa para demostrar su buen corazón. Entra dentro de un capítulo de los presupuestos públicos que se llama “ayuda al desarrollo” o algo parecido.

Es una “ayuda” que te puede matar, o por lo menos intoxicar, salvo que la OMS o algún tertuliano decrete que también las vacunas caducadas son buenas para la salud. No es importante, porque en ciertos países olvidados un muerto más casi ni se nota. Lo realmente dramático es que se hubiera muerto alguien sin vacunar. Las ONG no perdonarían eso y retorcerían nuestra conciencia con carteles en las paradas del autobús.

Lo que no caduca nunca son los beneficios de las grandes farmacéuticas, que han hecho su agosto y les da lo mismo lo que hagas con los fármacos. Al principio de la campaña de inyecciones decían que las vacunas de Pfizer debían conservarse a 70 grados bajo cero, pero como nadie tiene neveras para eso, me temo que más de uno se ha metido en vena una dosis en muy mal estado, aunque se ha sentido muy aliviado porque algo debe entrar en el torrente sanguíneo para saciar el miedo.

La época que vivimos nos hace víctimas propiciatorias de un ridículo meticulosamente organizado y financiado. Enviamos sobras a otros países sólo porque satisface nuestra angustia por un breve instante. No importa que luego esos excedentes no se puedan almacenar, ni distribuir en el país de destino. El caso es enviarlo, sacarlo de nuestra vista.

Con los fármacos pasa como con cualquier otra mercancía. El fabricante fija una fecha de caducidad lo más corta posible porque es otra manera de ampliar el mercado de ventas. Si un producto caduca, hay que comprar otro… pero sólo si eres rubio de ojos azules.

El aeropuerto de Dakar no tiene keroseno para que despeguen los aviones

El aeropuerto de Dakar, en la capital de Senegal, no tiene keroseno para que despeguen los aviones y pide a las compañías aéreas que aterrizan que aseguren su propio suministro de combustible para los vuelos de regreso. En otras palabras, que se busquen la vida como puedan.

La empresa que suministra el combustible para la aviación (Smcady) ha anunciado interrupciones durante dos semanas en el repostaje a partir de hoy a mediodía.

La empresa SMCady es propiedad de varios grupos petroleros extranjeros.

La empresa AIBD (Aeropuerto Internacional Blaise-Diagne) que gestiona el aeropuerto es propiedad a dos empresas turcas. Ha pedido a las compañías aéreas que “tomen las medidas necesarias […] para garantizar la autonomía de combustible de los vuelos de regreso”.

“El sistema de abastecimiento de parafina está gravemente perturbado debido a una situación internacional desfavorable combinada con tensiones sin precedentes en los precios de ciertas materias primas, señala un comunicado de prensa de AIBD.

Ayer la compañía aérea nacional Air Senegal quiso tranquilizar a sus clientes. Anunció en un comunicado de prensa que «llevará a cabo su programa de vuelos habitual con el mismo horario», a pesar de la escasez de keroseno.

Según la prensa local, el gobierno ha tomado medidas para que el suministro de combustible sea prioritario para Air Senegal y el ejército. “A raíz de esta situación, nuestros vuelos Dakar-París están haciendo una escala en Las Palmas” para repostar, dijo ayer un portavoz de Air France en París.

Desde el inicio de las sanciones contra Rusia, los precios del petróleo se han disparado en los mercados mundiales, lo que ha provocado carestía y una fuerte subida de los precios de los combustibles en muchos países.

Varios automovilistas dicen que han tenido dificultades para encontrar gasóleo en Dakar durante el fin de semana (el lunes era festivo), y a veces tuvieron que pasar por varios surtidores antes de poder repostar.

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