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Día: 14 de diciembre de 2021 (página 1 de 1)

Una unidad militar secreta de Estados Unidos es la responsable de los ataques contra civiles en Siria

Desde 2014 una unidad militar secreta de Estados Unidos, llamada Talon Anvil, es la responsable de un elevado número de muertes de civiles en la Guerra de Siria.

Operativa hasta 2019, la célula de coordinación de los ataques militares secretos de Estados Unidos debía identificar objetivos del Califato Islámico en Siria, como convoyes, coches bomba y centros de mando. Sin embargo, los disparos, efectuados por los pilotos siguiendo instrucciones, causaron muchas muertes entre la población civil: agricultores, niños en la calle y familias que huían de los combates.

Menos de 20 operadores formaban parte de la unidad, pero durante su funcionamiento se dispararon decenas de miles de bombas y misiles contra el Califato Islámico. Durante este período, el índice de víctimas civiles en Siria aumentó de forma espectacular, según Larry Lewis, antiguo asesor del Pentágono y del Departamento de Estado.

“Era mucho más alto de lo que se podía esperar de una unidad americana. El hecho de que [la tasa de muertes] haya aumentado de forma drástica y constante durante un periodo de varios años me sorprendió”, dice Lewis.

Entre los ejemplos de “malos ataques”, es decir, misiones que provocaron víctimas civiles injustificadas, está el bombardeo cerca de la ciudad de Manbij en otoño de 2016. Según un antiguo oficial de inteligencia de la Fuerza Aérea, Talon Anvil vio allí a tres hombres, todos con bolsas de tela, trabajando en un olivar. Aunque no tenían armas y no estaban cerca de ningún combate, Talon Anvil insistió en que esos hombres eran combatientes del Califato Islámico. Todos murieron por un misil.

Otro ejemplo es la operación llevada a cabo en marzo de 2017 en Al-Karama, cuando una bomba alcanzó un supuesto centro de entrenamiento del Califato Islámico. Cuando el humo se disipó, las cámaras de infrarrojos mostraron a mujeres y niños saliendo a trompicones del edificio parcialmente derrumbado.

Oficialmente, Talon Anvil nunca existió: casi todo lo que hacía era altamente clasificado. La mayoría de los ataques fueron ordenados por comandos de rango relativamente bajo de Delta, una unidad de las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos dependiente del Mando Conjunto de Operaciones Especiales.

El principal centro de operaciones de la Fuerza Aérea en la región fue informado en repetidas ocasiones sobre los “malos ataques”, pero sus dirigentes parecían reacios a investigar la unidad, según un antiguo oficial de inteligencia de la Fuerza Aérea.

Los pilotos a veces se negaban a lanzar bombas porque Talon Anvil quería atacar objetivos dudosos en zonas densamente pobladas. Los oficiales superiores de la CIA también advirtieron a otros militares sobre la extraña distribución del fuego.

En unos siete años y medio de operaciones en Siria e Irak, la coalición encabezada por Estados Unidos ha informado de 1.417 muertes de civiles por ataques aéreos. Sin embargo, según las estimaciones de Air Wars, la cifra es mayor: entre 8.159 y 13.192 personas.

—https://www.ibtimes.sg/what-talon-anvil-thousands-civilian-deaths-syria-blamed-us-secret-cell-61758

Rusia veta una resolución del ONU para vincular el cambio climático con la seguridad militar

Ayer Rusia vetó en el Consejo de Seguridad de la ONU un proyecto de resolución presentado por Níger e Irlanda para víncular el cambio climático con la seguridad mundial, apoyado por la mayoría de los miembros de la ONU.

El texto, que contó con el apoyo de 12 de los 15 miembros del Consejo, pide al Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, que “integre los riesgos de seguridad relacionados con el clima como elemento central en las estrategias generales de prevención de conflictos de la ONU”.

India, que no tiene poder de veto, también votó en contra, argumentando que el calentamiento global no es un problema de seguridad internacional sino de desarrollo económico. China se abstuvo.

La resolución también pedía al Secretario General de la ONU que informara en un plazo de dos años “sobre las implicaciones para la seguridad […] de los efectos adversos del cambio climático” en los asuntos tratados por el Consejo, así como recomendaciones sobre cómo se pueden abordar estos riesgos. Los redactores del texto retiraron recientemente la petición de nombrar un enviado específico para promover la aceptación por parte de Moscú.

El cuento de la lechera del cambio climático dice que la inestabilidad en ciertas partes del mundo no tiene su origen en el imperialismo sino en el termómetro. La subida de temperaturas provoca sequías, que a su vez provocan escasez de alimentos y hambrunas que favorecen los levantamientos armados de la población.

La embajadora de Irlanda, Geraldine Byrne Nason, destacó que el proyecto de texto era un pequeño primer paso. “Tenemos que entender mejor este vínculo [entre clima y seguridad] y tenemos que considerarlo internacionalmente”, dijo.

Su homólogo de Níger, Abdou Abarry, denunció tras la votación la miopía de los opositores al texto propuesto. El 9 de diciembre, el presidente de Níger, Mohamed Bazoum, acudió a la ONU para defender la resolución. “Ya es hora de que el Consejo, en el marco de su mandato de prevención, tenga en cuenta los riesgos de seguridad relacionados con el cambio climático como un elemento más de nuestra arquitectura de paz y seguridad”, dijo.

El representante permanente de Rusia ante la ONU, Vasili Nebenzia, dijo que la resolución era inaceptable. “Para nosotros, la relación directa entre el terrorismo y el cambio climático dista mucho de ser obvia”, dijo, y rechazó una resolución que crea confusión y duplicación con otros foros que se ocupan del calentamiento planetario.

Los enfoques generales y automáticos para tratar las causas del calentamiento distraen al Consejo de Seguridad de abordar estas cuestiones, añadió el embajador ruso.

El proyecto de resolución estaba patrocinado por 113 de los 193 miembros de la Asamblea General de la ONU. Algunos países del sur, como Níger, se han aferrado a las doctrinas del cambio climático en espera de que los países desarrollados, que son los tienen más emisiones de CO2, paguen las ingentes cantidades de dinero que han prometido a los del Tercer Mundo, calificados como “víctimas”.

La Unión Europea se olvida de la OMS cuando se trata del glifosato y los agrotóxicos

Este mes la Unión Europea tiene que decidir si renueva o no la autorización de uso del glifosato, un herbicida que está bajo sospecha desde hace décadas.

Es un tóxico que tiene muchas similitudes con las vacunas porque también está comercializado por multinacionales, como Bayer, capaces de imponer lo que es ciencia y lo que no. Desde luego los que se oponen a las multinacionales son tachados de “conspiranoicos”. Si no tuviéramos multinacionales, no podríamos disfrutar de tóxicos en los campos ni vacunas en las venas.

Lo mismo que las vacunas, los estudios científicos que aporta Bayer para justificar la autorización del glifosato son secretos y, desde luego, son interesados, es decir, que los redactan “expertos” sobornados por la industria para defender una tesis aceptada de antemano. En numerosas ocasiones Bayer ha sobornado a periodistas y científicos para escribir artículos alegando que no es una sustancia peligrosa para la salud (1).

A los lectores les sonará todo esto: las multinacionales y sus científicos a sueldo afirman que la relación causa a efecto entre el herbicida y el cáncer no está demostrada, es decir, que en este caso los “negacionistas” son Bayer y las empresas agroquímicas. Sin embargo, en los juzgados sí se ha demostrado. Hasta julio del año pasado Bayer perdió más 8.000 millones en los juicios que ha habido en Estados Unidos a causa de los daños causados por el glifosato (2).

Los partidarios de la prohibición del glifosato exigen que la Unión Europea adopte su decisión en función de estudios científicos independientes, o sea, que no estén redactados por los sicarios de la industria. Pero es una ingenuidad creer que la Unión Europea toma sus decisiones apoyándose en la ciencia y no en el capital. ¿Lo que convence en Bruselas son los argumentos o el dinero?

Los incautos piden a la Comisaria europea de Salud y Seguridad Alimentaria, Stella Kyriakides, que tenga en cuenta, por ejemplo, el estudio sobre el glifosato del Collegium Ramazzini de Bolonia, que es el más complejo jamás realizado sobre un pesticida.

La respuesta de Kyriakides ha sido que es “prematuro” entrar en esas minucias. Es mejor que los trabajadores del campo se sigan intoxicando con glifosato y que contaminen los alimentos.

En 2015 la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, incluyó el glifosato en el listado de sustancias asociadas al cáncer (3). Sin embargo, eso es como todo lo demás: cada cual se aferra a lo que dice la OMS según le conviene en cada caso. Si se trata de vacunas, la Unión Europea invoca a la OMS, pero si se trata de agrotóxicos la cosa cambia. Si la OMS grita “pandemia” el mundo entero se moviliza, pero si dice que el glifosato produce cáncer, miran hacia otro lado.

Ya saben que la ciencia tiene dos caras, igual que las monedas y los billetes bancarios. Para contrarrestar el informe de la IARC, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicó el suyo propio: el glifosato no es cancerígeno.

En realidad el contrainforme había sido redactado por el BfR alemán y Bayern es un monopolio alemán, así que no es necesario ser muy espabilado para saber cómo y por qué se redactan tanto los informes científicos como los seudocientíficos.

Los más conspiranoicos sospechamos incluso que el verdadero autor del contrainforme fue la multinacional Bayer y que los tinglados institucionales de Bruselas no hicieron más que estampar su firma.

Es más, no queremos ni hurgar en este asunto porque seguro que acertamos.

(1) http://loquesomos.org/de-vida-o-muerte-el-cancerigeno-glifosato-y-el-maiz-transgenico/
(2) https://cincodias.elpais.com/cincodias/2020/08/04/companias/1596527087_415661.html
(3) https://www.diariocolatino.com/el-glifosato-un-herbicida-polemico-en-todo-el-mundo/

Alemania no admite la calificación de la energía nuclear como ‘verde’

Alemania se opone a calificar la energía nuclear como “verde”, ha dicho la nueva ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, que está de visita en París. Se lo ha dicho a la cara porque es Francia quien pretende ese galardón para sus centrales nucleares.

A diferencia de los franceses, Baerbock, que es de Los Verdes, sabe diferenciar a ese color de los demás.

Macron quiere hacer una lista europea de energías para separar a las “verdes” de las demás. El que no esté en la lista no saldrá en la foto, es decir, no tendrá acceso a la financiación verde y, en consecuencia, perderá la ventaja competitiva con los sectores etiquetados.

El debate es económico y no ecológico, por lo que ganará Macron. La subida de los precios de la energía ha revalorizado los galardones de las centrales nucleares.

La cara oscura de la energía nuclear son los residuos, un asunto peliagudo que está uy lejos de haberse resuelto.

La llegada de Los Verdes al gobierno alemán de coalición ha sido un contratiempo para los franceses y sus centrales. En septiembre el ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, pidió a la Unión Europea que reconozca la contribución de la energía nuclear a la lucha contra el cambio climático y la incluyan en una lista de inversiones sostenibles para facilitar su financiación.

Los pronucleares se presentan como los campeones de la lucha contra el cambio climático. “O luchamos contra el cambio climático con un enfoque ideológico y fracasamos, o luchamos contra el cambio climático con un enfoque científico y tenemos éxito. Pero esto significa reconocer el valor añadido de la energía nuclear”, dijo Le Maire en una reunión en Eslovenia.

Francia se abriga con la misma manta ecológica que China. En 2019 un grupo de expertos en “finanzas sostenibles” concluyó que, como no emite CO2, la energía nuclear podría ayudar a mitigar el cambio climático, pero se callaba sobre otro tipo de incidencias ambientales, como los residuos.

En un informe publicado a finales de marzo, el servicio científico de la Comisión Europea (Centro Común de Investigación) concluyó que “ningún análisis aporta pruebas científicas de que la energía nuclear perjudique a la salud humana o al medio ambiente más que otras energías” que se puedan incluir en la lista.

Es otro de esos apasionantes debates científicos, como cuando a uno le preguntan: “niño, ¿le quieres más a tu padre o a tu madre?” El niño no tenía respuesta porque se crió en un orfanato.

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