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Día: 19 de septiembre de 2021 (página 1 de 1)

Los archivos de la CIA muestran que Estados Unidos utilizó armas biológicas durante la Guerra de Corea

Los archivos desclasificados de la CIA muestran que Estados Unidos utilizó armas biológicas durante la Guerra de Corea, y las huellas de la Unidad 731 están “por todas partes”, asegura el historiador estadounidense Jeffrey Kaye.

Kaye, ex psicólogo clínico en San Francisco, expuso el uso de la tortura en Guantánamo en un libro publicado en 2017. Más tarde centró su atención en la guerra biológica estadounidense durante la Guerra de Corea, cuyos registros fueron sistemáticamente censurados y destruidos durante la caza de brujas de McCarthy.

Sin embargo, Kaye obtuvo abundantes pruebas, incluido el Informe de la Comisión Científica Internacional (ISC) para la Investigación de los Hechos de la Guerra Bacteriológica en Corea y China, así como las confesiones de 25 pilotos estadounidenses. El año pasado obtuvo “la última pieza del rompecabezas”.

“La CIA ha publicado cientos de documentos previamente clasificados”, dijo Kaye. “He encontrado unos 20 que se refieren a la guerra biológica”.

Los documentos, basados en un trabajo de la Agencia de Seguridad de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que descifró, tradujo y analizó las comunicaciones internas de China y de Corea del norte, muestran que el personal militar de ambos países, ajeno al espionaje, informó de ataques bacteriológicos, enfermedades y muertes.

“La huella de la Unidad 731, que tanto Estados Unidos como Japón encubrieron, estaba por todas partes”, dijo Kaye, y añadió: “Las mismas personas [en el Servicio de Guerra Química de Estados Unidos] que habían defendido y presionado a favor de la amnistía y la colaboración con [el dirigente de la Unidad 731] Shiro Ishii y sus tropas, acabaron defendiendo la guerra biológica más tarde y fueron colocados en puestos de responsabilidad en 1950-51”.

Tras señalar que su conclusión se basa en documentos disponibles públicamente, incluidos los desclasificados por el Departamento de Defensa de Estados Unidos en las últimas décadas, Kaye dijo que le sorprendía que estos documentos hubieran pasado desapercibidos a lo largo de los años.

También señaló que los miembros de la Unidad 731 fueron amnistiados después de la Segunda Guerra Mundial por el entonces Comandante Supremo Aliado Douglas MacArthur, y que MacArthur observó con interés el potencial de la guerra biológica de Ishii “en climas fríos”, como el noreste de China, Corea del norte y la Unión Soviética.

“Por supuesto, Fort Detrick fue y sigue siendo el centro de la investigación de guerra biológica de los Estados Unidos. En la década de 1950, Fort Detrick también colaboró estrechamente con la CIA y creó una división llamada de Operaciones Especiales que producía armas biológicas”, dijo Kaye.

Varios miembros del personal de Fort Detrick que trabajaban con armas biológicas murieron en rápida sucesión tras los ataques biológicos estadounidenses durante la Guerra de Corea, sin que las investigaciones militares se hicieran públicas, añadió Kaye.

La guerra biológica estadounidense era secreta. “De hecho, en sus confesiones, los pilotos de alto rango… mencionaron la extrema importancia del secreto [en la guerra biológica] a riesgo de un consejo de guerra, y que incluso algunos de los pilotos no sabían lo que llevaban”, apunta Kaye.

Para encubrir la guerra biológica, Estados Unidos censuró sistemáticamente la información, llevó a cabo persecuciones y destruyó pruebas, asegura Kaye: “Cualquiera que lograra obtener esta información fue perseguido durante la era McCarthy, y también los periodistas”.

Los archivos desclasificados de la CIA son coherentes con las pruebas aportadas por el informe del ISC y las confesiones de los pilotos. “Digo que ahora tenemos una preponderancia de pruebas de que Estados Unidos está involucrado en una campaña de guerra biológica”, por lo que pidió una comisión internacional de investigación.

“La única manera de crear confianza y restablecer la diplomacia, y evitar tensiones agresivas, sería hacer justicia con los crímenes del pasado”, concluyó.

Una puñalada trapera que se veía venir desde hace tiempo

En Francia se sienten traicionados por Estados Unidos por la cancelación de un contrato para construir 12 submarinos nucleares para Australia, es decir, Washington ha presionado a Australia para que no compre equipos militares a París.

Estados Unidos devuelve el golpe recibido tras la entrada en funcionamiento del Nord Stream 2 que traerá gas ruso a Europa. La unidad atlántica y la OTAN se resquebraja de forma acelerada.

El enemigo principal de Estados Unidos es China, lo que convierte al Extremo Oriente en el teatro principal de operaciónes del Pentágono, por encima de Europa y por encima de Oriente Medio. Es lo que Obama llamó “pivot hacia Asia”. Para Estados Unidos el principal eje para enfrentarse a Pekín son Australia, Japón e India, la llamada “Cuatrilateral”, que se reunirá próximamente, además de Reino Unido.

El miércoles Biden, el Primer Ministro australiano, Scott Morrison, y el Primer Ministro británico, Boris Johnson, celebraron una cumbre en la que anunciaron un nuevo acuerdo, denominado Aukus (1), para intensificar la cooperación militar entre los tres aliados anglosajones para compartir tecnología militar. Los demás quedan fuera.

El acuerdo implica que Australia tiene que romper un acuerdo de 2016 de 43.000 millones de dólares con Francia para construir los submarinos, una medida que ha provocado indignación en París, que acusa a Estados Unidos de traición. En junio Macron dijo que el acuerdo representaba la promesa de una cooperación continuada durante años. Hace apenas quince días, los ministros de Defensa y de Asuntos Exteriores de Australia volvieron a confirmar su compromiso con el acuerdo con Francia.

El ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian, ha declarado: “Hoy estoy muy enfadado. Esto no se hace entre aliados… Esta decisión unilateral, brutal e imprevisible se parece mucho a lo que hacía el señor Trump… Es realmente un golpe en la espalda. Habíamos construido una relación de confianza con Australia y esa confianza está siendo traicionada”.

Estados Unidos ha dejado oficialmente sentadas sus cartas sobre los aliados que realmente le importan, y los que no, en la guerra con China. Europa queda al margen y tendrá que tomar sus propias decisiones acerca de sus propios aliados, aunque desde luego, Washington presiona a Europa para que tome partido.

Las diferencias entre Trump y Biden son retóricas. Trump lo hacía a las claras, no se escondía, mientras Biden llegó a la Casa Blanca comprometiéndose a renovar los lazos con Europa. “El problema no era solo Trump, es Estados Unidos”, ha dicho Maria Zajarova, la portavoz del Ministerio ruso de Asuntos Exteriores, con su proverbial acierto.

Sólo unas semanas antes de la toma de posesión de Biden, la Unión Europea y China habían firmado un acuerdo general de inversiones que daría a las empresas europeas un mejor acceso a los mercados chinos que el que tiene actualmente Estados Unidos.

Washington se opuso en nombre de la “solidaridad transatlántica”. El asesor de seguridad de Biden, Jake Sullivan, se posicionó a favor de las primeras consultas con Europa sobre “nuestras preocupaciones compartidas sobre las prácticas económicas de China”. Estados Unidos convenció a la Unión Europea para que impusiera nuevas sanciones a China, lo que provocó la respuesta de Pekín y, a su vez, llevó a los parlamentarios europeos a congelar el acuerdo sobre inversiones en señal de protesta.

Trump no restó importancia a la OTAN por una estrategia personal errática, como dijeron los medios en Europa, sino porque los intereses estratégicos de Estados Unidos habían cambiado. Ya no estaban centrados en Europa, por lo que Francia, Alemania y otros tendrían que financiar su propia defensa, es decir, al margen de la alianza atlántica.

Europa ya no es estratégicamente relevante para Estados Unidos como lo fue durante décadas, no sólo con respecto a Rusia sino también a Oriente Medio. Esta es una nueva era, y la Guerra Fría no es como la anterior porque el centro de gravedad no está en Europa, sino en Asia.

Si la Unión Europea no resucita el acuerdo de inversiones con China y refuerza su propia capacidad militar, es porque realmente “son unos pringados”, concluye Tom Fowdy (2).

(1) https://www.bbc.com/news/world-58564837
(2) https://www.rt.com/op-ed/534991-geopolitical-shift-france-us-australia/

Del ‘útero errante’ al ‘baile de las locas’: las mujeres que sirvieron como cobayas de los médicos

La directora de cine francesa Melanie Laurent ha llevado a la pantalla “El baile de las locas”, basada en la novela homónima de Victoria Mas (*), sobre las mujeres encerradas en el hospital Salpetriere de París, donde médicos como Jean Martin Charcot las utilizaban como cobayas para realizar sus experimentos.

Es un contrasentido mezclar algo tan divertido, como un baile, con algo tan terrorífico, como el hospital Salpetriere, que por sí mismo contaría la historia pavorosa de un internado que servía para que un “prestigioso científico” hiciera sus experimentos con mujeres que carecían de recursos para defenderse a sí mismas, una especie de “Mary La Tifoidea” a gran escala.

En el siglo XIX, el “baile de las locas” era una de las atracciones más populares de París, una reunión social que congregaba a la burguesía feliz en torno a mujeres solitarias (solteras), abandonadas o encerradas por sus maridos o padres con cualquier pretexto. Entonces había muchos de espectáculos de ese estilo en la capital francesa, donde la carne de cañón de la sociedad se había convertido en monos de feria propicia para divertirse, emborracharse y pasar una buena tarde de domingo.

El espectáculo se celebraba a finales de febrero, el martes de Carnaval, alentado por el doctor Charcot, uno de los más prestigiosos médicos de la época. El baile acercaba a la “alta sociedad” a las mujeres “enfermas”. Había otro para niños epilépticos, para travestidos… La humillación pública era la única ventana para unos seres que vivían en un encierro perpetuo, por “razones médicas”.

La película recorre el viaje de la joven Louise, una mujer “alienada” que sufre “ataques de histeria” tras ser violada. También presenta a Thérèse, una prostituta que lleva años internada por haber arrojado a su chulo al río Sena. Otro personaje es Eugenie, que tiene el poder de comunicarse con los muertos, así como a la enfermera jefe, Genevieve, interpretada por la propia directora.

Por sí mismo, el hospital Salpetriere, el más conocido de la capital francesa, merecería varias novelas trágicas. Construido en el siglo XVII, primero fue una especie de cárcel para desempleados, mendigos, campesinos expoliados, emigrantes… Marx relató la historia de este tipo de centros en uno de los fragmentos más brillantes de la literatura universal: la acumulación originaria de capital.

En aquella época no había ninguna diferencia entre un hotel, un hospicio o un hospital. Eran centros de reclusión del “ejército industrial de reserva”, la mano de obra barata que se reclutaba entre los los locos, los alcohólicos, los huérfanos y, naturalmente, las mujeres. En pleno centro de París unas 10.000 mujeres permanecían recluidas con diversos pretextos, algunos de los más peregrinos: libertinaje, histeria, prostitución o aborto.

Hasta la Revolución, la Salpetriere no tenía ninguna función médica. En 1792, bajo “el Terror”, cientos de hombres armados entraron en el hospital y liberaron a 186 mujeres, pero violaron y masacraron a una treintena de ellas.

Jane Avril

El internado tenía una reputación aterradora: “La fuerza, la violencia, la brutalidad, incluso la ferocidad, reinaban. Los baños helados, los azotes y la privación absoluta de alimentos eran los medios que se empleaban constantemente contra los ataques de locura furiosa, medios bárbaros y estúpidos que, lejos de detener el mal, lo avivaban y lo hacían incurable”, escribió un periodista de la época.

A finales del siglo XIX, el doctor Charcot reconvirtió una cárcel en un hospital. La mujeres dejaron de ser presas para ser enfermas, pero siguieron encerradas igual. La diferencia es que a un enfermo hay que curarle… aunque ellos no quieran y aunque los médicos no sepan cómo. Si no se conoce ningún tratamiento curativo, se trata de experimentar y quizá suene la flauta por casualidad y aquellas “locas” se vuelvan cuerdas mágicamente sometiéndolas a torturas, como sumergirlas en agua congelada.

Antes de Freud, el doctor Charcot estaba considerado como un pionero en la hipnosis y la histeria, que en la época era un trastorno -principalmente femenino- causado por un “útero errante”. Una vez a la semana, el médico abría al público el “salón de las histéricas” del hospital, en el que las mujeres cobaya se hicieron famosas. Fue uno de los más memorables espectáculos de circo de la época. Una de las cobayas, Jane Avril, llegó a ser luego bailarina principal del Moulin Rouge, inmortalizada en varios retratos del pintor Toulouse-Lautrec.

Al final de sus días Charcot reconoció que estaba equivocado, pero para entonces la medicina ya era un espectáculo mediático en el que los enfermos y los sanos (sobre todo los sanos) jugaban el papel de bufones. “No hay personas sanas, sólo mal diagnosticadas”, es el lamentable lema de los matasanos posmodernos.

(*) https://www.penguinlibros.com/es/literatura-contemporanea/38088-el-baile-de-las-locas-9788418107641

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