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Mes: agosto 2021 (página 7 de 10)

El hundimiento financiero ya ha llegado a Wall Street

Una paradoja económica se desarrolla ante nuestros ojos. Desde hace más de un año, restaurantes, hoteles y otros negocios del sector servicios han tenido que cerrar o sufrir una importante reducción de ingresos debido al confinamiento. Sin embargo, cuando pasamos por delante de una gran cadena hotelera, por ejemplo, las luces parecen estar siempre encendidas. A menos que supongamos que estas empresas han descubierto una forma de convertir el plomo en oro, podemos preguntarnos de dónde sale el dinero.

Para responder a esta pregunta, debemos adentrarnos en las profundidades de los mercados financieros. En un rincón oscuro de estos mercados, encontramos una clase de activos conocida como bonos basura.

Los bonos basura -a veces llamados educadamente “bonos de alto rendimiento”- suelen tener tipos de interés muy altos y bajas calificaciones crediticias. Esto significa que los inversores consideran que las empresas que emiten estos bonos tienen muchas probabilidades de fracasar, por lo que pagan tipos de interés muy altos para pedir dinero prestado. El mercado de bonos basura funciona porque los inversores pueden soportar la altísima tasa de impago debido al elevado tipo de interés que se paga.

Desde marzo del año pasado, cuando comenzó el confinamiento, el mercado de bonos basura se ha vuelto loco. Normalmente, en este mercado, el tipo de interés aumenta cuando aumenta el número de quiebras. Las quiebras se dispararon en marzo del año pasado y el tipo de interés de los bonos basura aumentó. Pero entonces ocurrió algo extraño. Las quiebras siguieron siendo elevadas, pero los tipos de interés de los bonos basura cayeron a mínimos históricos. ¿Por qué ha ocurrido esto?

Parece que hay dos fuerzas en juego. El primero es la Reserva Federal. Cuando comenzó el confinamiento, la Fed puso en marcha su programa de compra de activos más drástico y extenso hasta la fecha. Inusualmente, incluso se aventuró en el mercado de bonos basura, lo que antes era impensable. Al mismo tiempo, tras un breve desplome, los mercados financieros empezaron a enloquecer. Una burbuja tras otra comenzó a inflarse en un mercado tras otro; todos vemos el caos en el mercado del bitcoin, pero muchos no saben que el S&P500 está ahora más sobrevalorado de lo que ha estado en cualquier momento desde el boom de las puntocom de finales de los 90 y principios de los 2000.

La segunda razón es que cuando los mercados se vuelven maníacos, los inversores tienen hambre. Buscan inyectar más y más dinero en más y más mercados. La precaución se tira por la ventana. Los activos de riesgo se compran como si fueran bonos del Tesoro estadounidense. La voluntad de la Fed de intervenir en el mercado de bonos basura dio a los inversores maníacos la excusa que necesitaban. Se abalanzaron sobre ellos y empujaron los tipos de interés de los préstamos a mínimos históricos, incluso cuando las quiebras seguían siendo elevadas y tenían claramente el potencial de aumentar.

En marzo de 2021 el Banco de Pagos Internacionales publicó un documento que recibió muy poca atención. Los autores señalaron que, en relación con la magnitud de la recesión económica, eran muy pocas las empresas que quebraban. Trataron de entender por qué, y descubrieron que las empresas utilizaban los mercados de crédito. Pedían prestado para mantener las luces encendidas. En concreto, descubrieron que las empresas en riesgo pertenecían a los sectores de la aviación, la hostelería y el ocio, todos ellos muy afectados por los cierres patronales.

Al examinar la investigación y los mercados, parece que los inversores tienen una especie de razón de ser para este aumento masivo de los préstamos a tipos de interés históricamente bajos. Parecen suponer que la recuperación del sector de los servicios después de la crisis será mágica. Sin embargo, si pensamos en ello por un momento, esta justificación no tiene sentido.

En primer lugar, está la cuestión de si las vacunas traerán la tan esperada vuelta a la normalidad. La eficacia de las vacunas parece disminuir con el tiempo. Algunos aún mantienen la esperanza de que las vacunas eviten otro cierre este invierno, pero ejemplos como el de Florida echan un jarro de agua fría sobre estas aspiraciones. Florida tiene más del 80 por ciento de su población vulnerable totalmente vacunada y, sin embargo, este verano se registraron tasas de hospitalización que rivalizan con los picos anteriores a la vacunación.

Pero suponiendo que las vacunas consigan controlar el virus, ¿veremos realmente la recuperación del sector servicios que esperan los mercados? Parece poco probable. Mucha gente está realmente aterrorizada por este virus, algunos hasta un punto totalmente irracional. Esas personas podrían tardar años en recuperar la normalidad en sus vidas. Esto significa que los sectores afectados verán menos clientes que antes de la pandemia. Esto no es un buen augurio para la recuperación de la industria.

¿Qué pasaría, entonces, si los mercados se volvieran menos optimistas, los tipos de interés de los bonos basura subieran y viéramos una ola de impagos? Algo muy parecido a lo que ocurrió en el mercado de valores respaldados por hipotecas en 2008. Los bonos que los inversores consideran relativamente seguros se convertirían en lodo tóxico, y cualquiera que los tuviera en su poder perdería la camisa. Mientras tanto, en la economía real, las empresas que finalmente incumplieran y quebraran despedirían a su plantilla.

Los números de esta posibilidad arrojan resultados aterradores. Los sectores vulnerables en 2008 -el inmobiliario y la construcción- representaban alrededor del 3 por ciento del empleo total en Estados Unidos. En la actualidad, los sectores vulnerables -ocio y hostelería, transporte aéreo y arte y ocio- representan más del 5 por ciento del empleo total. Es cierto que los despidos en un escenario de quiebra masiva pueden ser menos severos esta vez que en el sector inmobiliario en 2008, pero el hecho de que haya una mayor reserva de la que disparar debería ponernos nerviosos.

¿Qué podría desencadenar un choque de este tipo? Un ratón que asuste al elefante del mercado. Es casi seguro que los mercados se encuentran en las últimas fases de una burbuja. En algún momento, algo los asustará. Tal vez un poco más de inflación, tal vez la amenaza de una subida de la Fed, o tal vez un fracaso prolongado para controlar el virus. Su suposición es tan buena como la mía. Pero lo que sube debe bajar. Y si esto baja, parece probable que el mercado de bonos basura baje con él. Entonces podríamos estar ante otra crisis financiera a gran escala. Pónganse el cinturón.

Philip Pilkington https://www.newsweek.com/next-financial-crisis-coming-opinion-1617575

Ante el avance talibán, las potencias occidentales evacúan al personal diplomático de Afganistán

Ayer comenzó la evacuación urgente de los diplomáticos occidentales de Afganistán, debido a la aceleración del ritmo de la ofensiva talibán. Estados Unidos y otras potencias occidentales están especialmente preocupados después de que los talibanes tomaran el control de las mayores ciudades del país y se acercaran a Kabul.

Washington ha decidido reducir aún más su presencia diplomática en Kabul en las próximas semanas. Para llevar a cabo la evacuación, el Pentágono desplegará 3.000 soldados en el aeropuerto internacional de la capital. Otros 1.000 se enviarán a Qatar para recibir apoyo técnico y logístico.

La embajada de Estados Unidos en Kabul ordenó a su personal que destruyera los documentos sensibles y los símbolos estadounidenses que pudieran ser utilizados por los talibanes con fines propagandísticos. Un funcionario de la embajada informó al personal del lugar en el que se encuentra el incinerador y otros equipos de destrucción de documentos.

Un portavoz del Departamento de Estado dijo que se trataba del protocolo habitual cuando se reduce la presencia diplomática estadounidense en un país.

Los diplomáticos estadounidenses recuerdan el atentado de 2012 contra el consulado en Bengasi, en Libia, en el que cuatro funcionarios murieron, entre ellos el embajador Chris Stevens.

Al mismo tiempo, Londres ha anunciado el redespliegue de 600 militares para ayudar a los ciudadanos británicos a salir de Afganistán.

También Alemania reducirá su personal diplomático en Kabul al mínimo necesario, aunque la embajada seguirá trabajando, dijo el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Heiko Maas. El gobierno enviará un equipo de apoyo a la capital afgana para ayudar a organizar la evacuación. Alemania ha decidido adelantar el flete de vuelos para repatriar al personal de la embajada, así como a los ciudadanos afganos que lucharon junto con el ejército alemán y a los traductores que colaboraron en la ocupación.

Dinamarca y Noruega anunciaron el cierre temporal de sus respectivas embajadas en Kabul, ya que ambos países decidieron evacuar a todos sus funcionarios. El gobierno español ha anunciado que empezará a repatriar al personal de su embajada en Kabul y que esta preparado para cualquier eventualidad, incluido el vaciado de la embajada si fuera necesario. Finlandia, por su parte, mantiene abierta su representación, pero ha decidido evacuar hasta 130 afganos que han trabajado al servicio de Finlandia, la Unión Europea y la OTAN, y a sus familias, dijo el ministro de Asuntos Exteriores finlandés, Pekka Haavisto.

‘Ningún tuit está disponible’: Twitter vuelve a censurar a MPR21 tras su acuerdo con Reuters y Associated Press

Esta semana, Twitter ha estrenado su nuevo acuerdo con The Associated Press y Reuters «para expandir nuestros esfuerzos para identificar y elevar información creíble» en su plataforma, lo que ha llevado a bloquear o silenciar aquellas cuentas no avaladas por los dos principales monopolios de la información. Y entre las cuentas afectadas está la nuestra. Leer más

Comienzan los ataques informáticos a los lectores de certificados de vacunación

La vida cotidiana se ha llenado de códigos de barras y códigos QR. Están en las mercancías de los supermercados, en los paquetes de entrega, en los billetes de tren o avión, en las entradas de conciertos, en los restaurantes y, por supuesto, en los certificados de vacunación.

Los códigos de barras los interpretan lectores, que son tanto aparatos físicos como programas informáticos que cualquiera puede descargar en su móvil. Lo mismo que cualquier dispositivo, un lector de códigos QR se colapsa cuando lee la siguiente cadena de 68 caracteres:

X5O!P%@AP[4\PZX54(P^)7CC)7}$EICAR-STANDARD-ANTIVIRUS-TEST-FILE!$H+H*

La industria informática utiliza esos caracteres para comprobar el funcionamiento de los programas antivirus. Cuando un programa antivirus se encuentra con dicha cadena, supone que está en presencia de una aplicación intrusiva y procede a eliminarla por varias formas, que dependen del sistema de seguridad.

Normalmente, la cadena de caracteres se inserta en un archivo de prueba llamado “eicar” (*), pero también se puede incluir en otro formato, como un código de barras.

Eicar son las siglas del Instituto Europeo para la Investigación de los Antivirus y, al mismo tiempo, es un archivo ejecutable que comprueba si las barreras contra los virus funcionan. No es un virus porque no supone un riesgo para la seguridad del sistema en el que se efectúa la prueba.

Cuando registra un código QR Eicar, un lector cualquiera de códigos de barras se vuelve inoperante. Lo mismo ocurre con el lector de pasaportes de un aeropuerto, con el cajero automatico de un aparcamiento de vehículos, etc.

La información que registra un lector de código de barras llega a la base de datos de un servidor, que suele funcionar con Windows y en el que está instalado un antivirus. El sistema operativo del servidor queda inutilizable.

En algunos países han comenzado a circular pegatinas con el Código QR Eicar. Los piratas también difunden gorras o camisetas con el Código QR Eicar impreso en ellas. Muchos de los lectores de códigos y cámaras de vigilancia registan inopinadamente los Códigos Eicar y quedan inservibles.

Según el Código Penal español, la destrucción de un sistema informático puede constituir un delito.

(*) https://www.eicar.org/?page_id=3950

La pandemia y sus vacunas comenzaron a fraguarse cuando se patentaron hace 20 años

¿Y si el nuevo coronavirus no tuviera en realidad nada de novedoso? ¿Y si la denominada pandemia no fuera otra cosa que una campaña de coerción y terror con el objetivo de hacer grandes negocios? ¿Y si las pruebas de todo esto se encuentran en el Registro Público de Archivos de Patentes de Estados Unidos?

¿Escalofriante? Más bien un hecho comprobable, según el doctor David Martin, director general y fundador de M-CAM Inc., una empresa internacional aseguradora y de análisis de activos intangibles que abarca la financiación de la innovación y la auditoría de la calidad de las patentes.

Sobre la supuesta novedad del coronavirus este especialista sostiene que fue una “ilusión fabricada”. De ello dan cuenta “73 patentes emitidas entre 2008 y 2019, que tienen los elementos supuestamente novedosos del SARS CoV-2, específicamente en lo que se refiere al sitio de clivaje polibásico, el dominio de unión al receptor de ACE2 y la proteína espiga”, detalló Martin en una reciente entrevista  mantenida con el abogado Reiner Fuellmich, que encabeza el Comité Alemán de Investigación del Coronavirus. “La única publicación –“A novel bat coronavirus reveals natural insertions at the S1/S2 cleavage site of the Spike protein and a possible recombinant origin of HCoV-19”– que se convirtió en el trabajo que se ha utilizado de forma rutinaria para identificar el nuevo virus, no reporta nada nuevo”, subrayó Martin, exprofesor adjunto de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia, quien añadió que el problema es que incluso si aceptásemos que hay neumonías idiopáticas y que hay algún conjunto de síntomas inducidos por el patógeno, “no tenemos una sola evidencia publicada que nos diga que cualquier cosa en el subclado SARS-CoV-2 tenga alguna diferencia clínica respecto de cualquier cosa que se haya conocido y publicado antes de noviembre de 2019 en las 73 patentes presentadas a partir de 2008”.

“Todo eso está disponible en el Registro Público de Archivos de Patentes, que cualquier persona de la audiencia puede revisar y el Public Pair (Oficina de Marcas y Patentes de Estados Unidos) tiene no sólo las pruebas, sino también los documentos reales, que tengo también en mi poder”, aseguró.

Para llegar a tales hallazgos, Martin y su equipo revisaron las más de 4.000 patentes que se han emitido en torno al coronavirus SARS (Síndrome Respiratorio Severo Agudo). “Hemos hecho una revisión muy completa de la financiación de todas las manipulaciones del coronavirus, que dieron lugar al SARS como subclado de la familia del coronavirus beta”, puntualizó.

Según precisó Martin, al confeccionar el documento que reúne todos estos descubrimientos tomaron las secuencias genéticas reales reportadas como nuevas por el Comité Internacional de Taxonomía de los Virus (ICTV, por sus siglas en inglés) de la Organización Mundial de la Salud y las contrastaron con los registros de patentes que estaban disponibles en la primavera de 2020. “Lo que encontramos, como verán en este informe, son más de 120 pruebas que sugieren que la declaración de un nuevo coronavirus era en realidad una falacia completa. No había ningún coronavirus nuevo”, insistió.

De hecho, Martin encontró registros en los archivos de patentes de secuencias atribuidas a lo que se consideró ahora novedoso, que se remontaban a patentes que se solicitaron ya en 1999.

La primera vacuna la diseñó Pfizer en 2000

Tampoco el concepto de la novedosa vacuna desarrollada contra el coronavirus es nuevo, de acuerdo con la investigación del especialista en patentes.

En ese sentido, afirmó que la primera vacuna patentada para el coronavirus fue en realidad buscada por Pfizer, la cual consistía específicamente en esta proteína S o espiga. “Es exactamente lo mismo que, supuestamente, nos hemos apresurado a inventar ahora. La primera solicitud fue presentada el 28 de enero de 2000, hace 21 años”, remarcó.

“La idea de que misteriosamente nos tropezamos con la forma de intervenir en las vacunas no sólo es ridícula, sino que es increíble porque Timothy Miller, Sharon Clapford, Albert Paul Reed y Elaine Jones, el 28 de enero de 2000, presentaron lo que se emitió como la patente de Estados Unidos 6372224, que era la vacuna contra el virus de la proteína de la espiga: una vacuna para el coronavirus canino, que es en realidad una de las múltiples formas de coronavirus”, prosiguió Martin, para luego detallar que los primeros trabajos hasta 1999 se centraron en el ámbito de las vacunas para animales.

Coronavirus para una vacuna contra el sida

Más tarde, según relató el director de M-CAM, Anthony Fauci y el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID, por sus siglas en inglés) encontraron que debido a su maleabilidad el coronavirus resultaba un candidato potencial para las vacunas contra el VIH.

“El SARS no es en realidad una progresión natural de una modificación genética del coronavirus. De hecho, muy específicamente en 1999, Anthony Fauci financió una investigación en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill para crear un coronavirus infeccioso de replicación defectuosa, ajustado específicamente al epitelio pulmonar humano”, aseveró Martin, quien puntualizó que tal definición consta en una solicitud de patente presentada el 19 de abril de 2002 (bajo el número 7279327). “En otras palabras, construimos la enfermedad SARS y la patentamos el 19 de abril de 2002”, reiteró y aclaró que esto fue antes de que hubiera un supuesto brote en Asia.

Martin explicó que el receptor de la ACE, el dominio de unión ACE2, la proteína espiga S1 y otros elementos de lo que hemos llegado a conocer como este patógeno, no sólo fueron diseñados, sino que pueden ser modificados sintéticamente en el laboratorio, utilizando nada más que las tecnologías de secuenciación de genes, al tomar el código informático y convertirlo en un patógeno o un intermedio del patógeno. “Esa tecnología se financió exclusivamente, en los primeros tiempos, como un medio por el cual podríamos aprovechar realmente el coronavirus como vector para una vacuna contra el VIH”, remarcó.

Pero, a su vez, el especialista en patentes de innovación explicó que, en los primeros días del año 2000, a su organización se le pidió que vigilara las violaciones del Tratado de Armas Biológicas y Químicas. Por este motivo, a lo largo del otoño de 2001 comenzaron a monitorear un enorme número de patógenos bacterianos y virales que estaban siendo patentados a través de los Institutos Nacionales de Salud (NIH), el NIAID y el programa de enfermedades infecciosas de los servicios armados de los Estados Unidos (AMRIID) y una serie de otras agencias a nivel internacional que colaboraban con ellos.  “Nuestra preocupación era que el coronavirus estaba siendo visto no sólo como un potencial agente manipulable para su uso como vector de vacunas, sino que también estaba siendo claramente considerado como un candidato a arma biológica. De modo que nuestro primer informe público sobre esto tuvo lugar antes del brote de SARS, a finales de 2001”, reveló Martin.

La expresión ‘nueva normalidad’ la acuñan las farmacéuticas en 2004

Al parecer, ni siquiera el actualmente publicitado slogan de “Nueva normalidad” es nuevo. Según apuntó el titular de M-CAM, el laboratorio Merck ya en una conferencia de 2004 titulada “SARS y bioterrorismo. Bioterrorismo, enfermedades infecciosas emergentes, antimicrobianos, terapéuticos e inmunomoduladores” introdujo la noción de “La nueva normalidad”.

“La primera introducción de la campaña de la nueva normalidad, en la que se trataba de conseguir que la gente aceptase una vacuna universal contra el coronavirus y la gripe se adoptó en realidad el 6 de enero de 2004. Así que ha existido durante bastante tiempo”, señaló.

Asimismo, se refirió a otro de los protagonistas que -de alguna manera- “anticipó” lo que viviríamos en la actualidad: el zoólogo británico y presidente de EcoHealth Alliance, Peter Daszak, quien forma parte de los equipos de la OMS y de The Lancet que investigan los orígenes de la pandemia de coronavirus de Wuhan y que además se ha señalado que tiene vínculos profesionales y financieros de larga data con el Instituto de Virología de Wuhan.

“Mi cita favorita de esta pandemia es una declaración hecha en 2015 por Peter Daszak, reportada en The National Academies Press, el 12 de febrero de 2016: ‘Tenemos que aumentar la comprensión pública de la necesidad de contramedidas médicas, tales como una vacuna universal contra los coronavirus. Una vía clave son los medios de comunicación y la economía seguirá el revuelo mediático que se cree. Debemos usar ese bombo publicitario a favor nuestro para ir a los temas reales. Los inversores responderán si ven beneficios al final del proceso’”.

Martin prosiguió diciendo que Daszak “es la persona que estaba corroborando independientemente la no-teoría de la no-fuga china de laboratorio. No hubo ninguna fuga de laboratorio. Esto se trató de convertir intencionalmente la proteína espiga en un arma biológica para inyectar a la gente y hacerla adicta a una vacuna universal contra el coronavirus. Esto no tiene nada que ver con un patógeno que se haya liberado y cada uno de los estudios que se ha lanzado para tratar de verificar una fuga de laboratorio es algo para desviar la atención”.

Por lo tanto, consideró que la actual situación no es una crisis de salud pública, sino una campaña de marketing oportunista para abordar un objetivo declarado. “Ellos dijeron que necesitaban conseguir que el público aceptase una contramedida de vacuna contra el coronavirus y que los medios de comunicación le dieran publicidad a esto, ya que luego los inversores seguirían, allá donde vieran beneficios. No precisas nada más en lo que basarte para explicar los acontecimientos de los últimos 20 meses que la declaración real del verdadero responsable”, remarcó.

Vacunas que no vacunan

Martin también mencionó lo “ridículo” de la historia de que esta vacuna es de alguna manera profiláctica o preventiva. Sostuvo que esa clase de afirmación “se burla del 100% de la evidencia, porque la evidencia deja muy claro que no ha habido ningún esfuerzo por parte de ninguna empresa farmacéutica para combatir el virus”.

“Se trata de hacer que la gente se inyecte con la proteína espiga, conocida por su carácter dañino -añadió-. Así que la historia creada como fachada es que si se obtiene una expresión de una proteína espiga, uno va a tener algún tipo de alivio sintomático general. Pero el hecho es que nunca ha habido una intención de vacunar a una población si usamos la definición dentro del universo de la vacunación”.

En la misma línea, apuntó que cuando Anthony Fauci trataba desesperadamente de conseguir que se publicaran algunas de sus “vacunas de ARN sintético”, sus propias patentes fueron rechazadas por la oficina de patentes, que respondió que el argumento presentado era “persuasivo en la medida en que un péptido antigénico estimule una respuesta inmune que puede producir anticuerpos que se unen a un péptido o proteína específica, pero no es persuasivo en lo que respecta a una vacuna”.

“La respuesta inmunitaria producida por una vacuna debe ser algo más que una simple respuesta inmunitaria. Debe también ser protectora. Como se señaló en la anterior Acción de la Oficina, el estado del arte reconoce que el término vacuna es un compuesto que previene la infección. El solicitante no ha demostrado que la vacuna reivindicada al instante cumpla incluso el estándar más bajo establecido en la especificación, y mucho menos la definición estándar para ser operativa. Por lo tanto, las reivindicaciones cinco, siete y nueve no son operativas, ya que la vacuna contra el VIH (que es en lo que estaba Fauci trabajando), no es una utilidad patentable”, argumentó la oficina de patentes.

“Así que el propio Anthony Fauci fue informado por la oficina de patentes de que lo que proponía como vacuna no cumplía el estándar de patentes, el estándar legal o el estándar clínico”, subrayó Martin, para luego lamentarse: “Planteé estas cuestiones a partir de 2002, después del susto del ántrax, y la tragedia es que ahora estamos sentados en un mundo donde tenemos cientos de millones de personas que están siendo inyectados con una secuencia de computadora que es un patógeno estimulante, que se vende bajo lo que la oficina de patentes, la profesión médica, y la FDA y sus propias normas clínicas, no sugieren que sea una vacuna. Pero mediante el uso del término estamos ahora sometiendo a cientos de millones de personas a lo que se sabía que era, ya en 2005, un arma biológica”.

Una gran oportunidad lucrativa

La maquiavélica trama relatada por Martin a Fuellmich incluye además detalles sobre solicitudes de patentes realizadas por los CDC de Estados Unidos y diversos laboratorios que dejan al descubierto el modo en que se manejó información confidencial y se fueron moviendo las piezas con fines comerciales, anticipando lo que vendría.

Hasta la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el documento “A World at Risk”, trazó un escenario en septiembre de 2019 sobre lo podría pasar “si hubiese una liberación accidental o intencional de un patógeno respiratorio”, meses antes de que hubiese un supuesto patógeno.

“Ya entonces escribían que deberíamos tener una experiencia global coordinada de una liberación de un patógeno respiratorio, que para septiembre de 2020 debía poner en marcha una capacidad global para la gestión de las relaciones públicas, el control de las multitudes y la aceptación de un mandato de vacuna universal”, concluyó.

Algunas de las patentes que menciona Martin a lo largo de la entrevista son: 6372224, 7220852, 7776521

Agustina Sucri https://kontrainfo.com/pandemia-un-montaje-que-comenzo-a-fraguarse-hace-20-anos-y-las-patentes-que-lo-prueban/

Shock, Brainwashing y Big Brother

Estamos asistiendo estos días a una agobiante e indecente campaña mediática en pro de la vacunación obligatoria con el subliminal mensaje -en el Estado español- de que se trataría de un debate, debate inexistente pues los llamados despectivamente «negacionistas» no tienen voz. O son insultados o ridiculizados. Dispone el discurso oficial dominante de los medios convencionales (prensa, radio, tv), los alternativos (Facebook, Twiter, Google, etc.), organismos internacionales (OMS, ONU, Agencias Médicas, Colegios), Gobiernos, etc., etc., y, aún así, no están seguros y se ponen nerviosos ante cualquier atisbo o manifestación de rechazo o crítica a sus mantras. Como, sobre todo, en Francia y sus manifestaciones -que ya no pueden ocultar- contra las restricciones cuasimilitares de su Gobierno que poco tienen que ver con lo sanitario y sí con el control social y lavado de cerebro (brainwashing) y el Gran Hermano (Big Brother). Porque vamos camino -delante de nuestras propias narices- de las distopías cada vez menos futuristas orwellianas.

En España se da un fenómeno perverso, anfibológico y logomáquico, y es que el Gobierno se puede permitir el lujo de blasonar de no imponer la vacunación obligatoria y fardar de «demócrata y liberal» cuando, en realidad, lo que subyace es este semantema: «no nos hace falta imponer por la fuerza o la coerción la vacunación obligatoria porque es tal la chapa y
pavor bestial que les insuflamos a diario en las mentes que las anulamos y paralizamos de terror hasta convertirlos en obedientes y obsecuentes corderitos que, si les decimos como a los carneros de Panurgo que se tiren por un barranco -«por su bien»-, se lanzan. Esto no es Francia». Se parece algo esta pandemia a la doctrina del shock de Naomi Klein en el
terreno de la psicología social y sus técnicas de despersonalización y adopción de nuevos patrones de comportamiento (mascarillas, confinamientos, toques de queda, etc.) mediante el bombardeo diario massmediático hasta sumir al individuo en un estado vegetal, catatónico. ¿Exageramos? Tal vez…

Y respecto del Gran Hermano, lo que más me pudre es que fue una obra –1984– escrita (en 1948) por un chivato -George Orwell- con claro y diáfano mensaje antisoviético ergo: anticomunista y, por supuesto, elevado a los altares en el «mundo libre». Pero resulta que la experiencia que vivimos de algo parecido, similar o semejante a lo descrito es bajo el capitalismo y sus secuelas y rémoras. Todo lo previsto en su libro -«Rebelión en la granja» es todavía más explícito en su intención reaccionaria- con la diferencia de que sus «efectos adversos» duran eternamente.

En fin, si yo fuera un buen chico que sigue y obedece lo que le digan y ordenen como borrego, diría en roman paladino: «sí, joder, ya vale, hostia, ya sabemos y hemos entendido que los «negacionistas» de los cojones son unos apestosos pirados iluminados terraplanistas, que son los malos, insolidarios e irresponsables, unos hijoputas, pero, mecagoendios, ¿es que ya no dan pelis de indios y vaqueros o tenemos que seguir aguantando esta brasa?»

La pandemia es otra de esas nuevas realidades que los imperialistas han creado

La pandemia, sea real o ficticia, que a efectos políticos tanto da, no ha sido la causa de nada nuevo, de nada que no se conociera antes, sino simplemente el catalizador de proyectos que el capitalismo tenía sobre la mesa para afrontar la mayor crisis que ha conocido a lo largo de su historia.

“A grandes males, grandes remedios”, dice el refrán y, en efecto, si no hubiera habido pandemia, se la hubieran tenido que inventar, lo mismo que la armas de destrucción masiva que Saddam Hussein tenía en su poder y que dieron lugar a la famosa frase de Karl Rove, el portavoz de la Casa Blanca entonces:

“Ahora somos un imperio y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras [Ustedes] estudian esa realidad —juiciosamente, si quiere— actuaremos de nuevo, creando otras nuevas realidades, que podrá estudiar de nuevo, y así las cosas continuarán. Somos [los creadores] de la historia […] Y Ustedes, todos ustedes, sólo tendrán que estudiar lo que hemos [creado]”.

La pandemia es otra de esas nuevas realidades que los imperialistas han creado. Es el reverso de la crisis que ya ha comenzado, una crisis a la vez económica, política e internacional. Es una crisis que no pueden mitigar de ninguna manera; a lo único que pueden aspirar es a sofocar el descontento social que va generar en el mundo entero.

La salud ha sido el pretexto para poner en marcha medidas represivas que no hubiera sido posible justificar de ninguna otra manera. Además, la salud ha permitido que el reformismo se convirtiera en el más sólido puntal del estado de guerra y las restricciones. Los grupos reformistas han afirmado muy claramente -incluso- que la represión implementada era poca y que estaban dispuestos a apoyar más restricciones, porque la salud es lo primero y está por encima de todo y de todos.

Para justificar su sucia labor de apoyo, los reformistas han vuelto a airear el fantasma de la “ultraderecha”, de manera que cualquier crítica era tachada de “negacionismo” y, en consecuencia, asimilada al fascismo. De esa manera el reformismo apoya la represión y quien la combate es un fascista; por lo tanto, son los fascistas los que luchan contra la represión…

Ese tipo de planteamientos han causado una enorme confusión, con la aparición de un nuevo arsenal de vocablos y neologismos, señal inequívoca de la profundidad de la crisis.

En medio de la misma, la burguesía ha puesto en marcha sus planes en apenas un año. Sólo con comprobar las que ya están en funcionamiento, cabe asegurar que marcarán para siempre el futuro de las formas de dominación y control social, especialmente en los países capitalistas avanzados. Lo que antes parecía ciencia ficcion, propia del cine fantástico, ya ha sido introducido entre los hábitos de millones de personas.

A los materialistas les gusta decir que la conciencia va por detrás del desarrollo de los acontecimientos, y aquí tienen uno de los mejores ejemplos. Da igual el tiempo que tarde la niebla en disiparse. Una nueva realidad se nos ha venido encima. En buena parte está trufada de tecnología y de informática, aunque eso no cambia en absoluto el hecho de que se trata de medidas de control social y de dominación política que no sustituyen a las anteriores, sino que las complementan.

El Senado francés lo ha explicado con mucha claridad: a diferencia de las restricciones “físicas”, que no se pueden soportar si se prolongan en el tiempo, las digitales son permanentes y en consecuencia, cumplen el mismo papel mucho más eficazmente (*):

“Las oportunidades de uso de las tecnologías digitales son inmensas, y la crisis de Covid-19 sólo ha dado una muestra de los muchos casos de uso posibles a corto, medio y largo plazo.

“Aunque la pandemia de Covid-19 no ha terminado, y es probable que no sea ni la última ni la más fuerte, sería irresponsable no aprovechar estas oportunidades. Las restricciones generalizadas de las libertades ‘físicas’ en los últimos meses son cada vez más insostenibles. No son sostenibles ni siquiera muy eficaces en comparación con lo que permitiría un uso más sistemático de la tecnología digital.

“El uso de la tecnología digital permitiría un control preciso del cumplimiento de las medidas sanitarias, a escala individual y en tiempo real: a cambio, las restricciones podrían dirigirse a un número reducido de personas, y ser más limitadas en el tiempo, sin dejar de ser lo más eficaces posible. Quizás el día de mañana, gracias a la tecnología digital, podamos recuperar nuestras libertades ‘físicas’ más rápidamente, o incluso no renunciar a ellas nunca, y tener pandemias sin confinamiento, aunque no haya vacuna ni tratamiento”.

No se trata de algo exclusivo de las crisis sanitarias sino a cuaquier clase de crisis y, por lo tanto a cualquier situación política y social, porque las crisis las definen los gobiernos respectivos, tanto si son reales, como si son simuladas, o si son exageradas:

“Los casos de uso más evidentes [de las herramientas informáticas] se refieren al control del cumplimiento de las normas destinadas a limitar la transmisión del virus (pase sanitario, toques de queda, confinamientos, cuarentenas, etc.), lo que implica el cruce de tres tipos de datos: los datos de identificación, los datos médicos y los datos de localización (desde los más intrusivos, con el seguimiento por GPS, hasta los más ligeros y ocasionales, con el acceso condicionado a determinados lugares, pasando por los datos de localización relativa con el rastreo de contactos).

“La utilidad de las herramientas digitales en la gestión de crisis va más allá del ámbito sanitario y se extiende a otros tipos de crisis […] que tienen en común que presentan un peligro elevado e inminente para la población, lo que exige una respuesta rápida y eficaz. Pueden ser el resultado de un ataque deliberado (convencional o terrorista, en particular bioterrorista), pero también de un accidente industrial o de una catástrofe natural […] Todas estas situaciones pueden requerir la rápida identificación de las personas, la evaluación de su estado de salud o de los riesgos a los que se enfrentan, y su localización precisa para poder prestarles ayuda”.

A buen entendedor…

(*) http://www.senat.fr/rap/r20-673/r20-6738.html

Un virus desenmascara una supuesta ideología progresista de izquierdas y abertzale

En algún medio de comunicación vasco (“Sustatu”) y por parte de determinadas personas (Luistxo Fernández) se permiten el denostar a un medio digital como “Independentea”, y con ello, a todo aquel que haya escrito en este medio con un mínimo sentido crítico y por lo tanto muchas dudas razonables sobre lo que está aconteciendo con esta pandemia, cuando en realidad la duda razonable es un elemento esencial en el progresismo y la izquierda, por lo que este virus lo primero que ha hecho es desenmascarar a estos falsos progresistas de izquierdas y abertzales.

Algo parecido se puede decir con respecto a “Maldita” y “Newtral”, y otros medios de comunicación vascos, que con la vitola de ecuanimidad y progresista, lo que realmente están haciendo es servir fielmente al discurso oficial, que es quien les paga, y, al igual que ese mencionado medio de comunicación vasco, sin dar opción a debatir científicamente las diferentes posiciones. Siempre es más fácil denostar sin debatir que debatir sin denostar. Valga la ocasión para recordar que estas difamaciones antes de difundirlas hay que contrastarlas con la fuente, como así lo hice en su día con los medios españoles “Newtral” y “Maldita”, consiguiendo que al final –al no aceptar ellos dicho contraste de opinión– no lograsen calificarlo de bulo. Estos medios, como los citados junto con otros medios de comunicación vascos, lo que están haciendo es una praxis propia de estados dictatoriales donde se persigue la libertad de pensamiento a cambio del enriquecimiento crematístico utilizando herramientas propias de tiempos pasados que, yo por lo menos, en ningún momento deseo volver a tener que sufrir.

En dicho medio vasco se permiten calificar con epítetos de que los que somos críticos con la pandemia somos unos mentirosos, no teniendo la valentía de decirlo de frente y de estar dispuesto a un debate con el fin de saber quién es el que realmente miente, es decir, nuevamente este virus ha desenmascarado la cobardía de muchas personas que se las dan de luchadores vascos por la verdad, la justicia y la soberanía de nuestro pueblo.

La izquierda abertzale oficial en su momento nos dijo que tenía asesores científicos para la pandemia y, puedo decirlo alto y claro, en su momento me ofrecí para colaborar con los asesores que tuviesen, como lo había hecho en otras ocasiones en asuntos relacionados con mi profesión, siendo mi sorpresa que al final ni aceptaron mi colaboración ni realmente tenían asesor alguno, es decir, nuevamente el virus ha desenmascarado la realidad de lo que se ha convertido un partido político que se suponía diferente al resto, pero que al final no deja de ser como cualquier otro partido político, al utilizar la política como su medio de vida aparcando su ideario político esencial. Y ahí, en ese concepto de vivir de la política, es donde encajan perfectamente personas como la comentada anteriormente en relación a los medios de comunicación.

En esta pandemia, esta izquierda abertzale ha llegado a pedir mucha más dureza en las medidas restrictivas, a apoyar la vacunación de todo el mundo incluso haciendo campaña de ella, y no ha sido capaz de ponerse de frente a los despropósitos de los profesionales de la educación y la manera inaceptable desde el punto de vista humano con la que se ha tratado a los pequeños y a los adolescentes en las ikastolas y escuelas, es decir, nuevamente el virus ha desenmascarado la cara más controladora de un supuesto progresismo abertzale más propio de una opción ideológica conservadora y poco democrática.

Igualmente, durante esta pandemia esta izquierda abertzale nos ha trasmitido el mensaje de la necesidad más rastreadores y más test de PCR, es decir, cuanto más test más positivos, sin hacer la mínima crítica a cómo se ha utilizado la incidencia acumulada a catorce días, elevándola y bajándola a libertad de las medidas restrictivas que se iban adoptando. Claro, a una opción progresista que utiliza la demagogia economía vs. salud, parece ser que sólo le interesa la economía de los que tienen el sueldo y el puesto de trabajo asegurados, dejando de lado a sectores que precisamente con esas medidas restrictivas han dejado de tener tanto ese sueldo como ese puesto de trabajo fijo, es decir, nuevamente el virus ha desenmascarado a opciones que son propias del neoliberalismo y no del progresismo.

Lo mismo podríamos decir sobre el desenmascaramiento de este virus al progresismo abertzale si hablamos de los confinamientos y la poca altura de miras, para no ver que científicamente no era lo acertado (claro, no tenían asesores) y que desde el punto de vista social y económico es lo menos progresista que se puede dar, o bien del cierre de la atención primaria en la sanidad pública, elemento esencial en una ideología progresista. Pero la reivindicación versaba sobre hacer más test a los sanitarios y ponerles más medios de seguridad o bien que se quedasen en casa trabajando, eso sí, estos cobrando, mientras que otros trabajadores se tenían que quedar obligadamente en casa sin cobrar. Si la propuesta es que éstos últimos entren en la rueda del subvencionismo, además de ser pan para hoy y hambre para mañana, eso supone acabar dependiendo del poder instituido, lo cual acaba siendo un voto cautivo. Señores de la izquierda abertzale, ¿saben a favor de quién va a ir ese voto cautivo? Supongo que ya saben la respuesta: a quien tiene el poder en Euskadi, no hace falta ser muy listo.

La izquierda abertzale en ningún momento se ha opuesto a las medidas restrictivas llevadas a cabo por el Gobierno Vasco, es más, en muchas ocasiones le han parecido suaves, como en ningún momento se ha opuesto al chantaje del pasaporte verde de la vacuna de la covid, que, además de utilizarla para penalizar el ocio, se puede utilizar para conservar los puestos de trabajo, y lo que es todavía más impropio de una opción de izquierdas: el que se pueda utilizar para el control de la inmigración, como ya se está haciendo en algunos países de Europa. Señores de la izquierda abertzale, ¿es que alguien que venga escapando en un cayuco va a tener el pasaporte verde en regla? Es decir, nuevamente este virus ha desenmascarado las opciones del progresismo abertzale.

Si hablamos de la ley antipandemia que se quiere aprobar en el Gobierno Vasco, aunque la izquierda abertzale no esté de acuerdo, los argumentos que utiliza no son sobre la falta de contenido democrático y de respeto de los derechos individuales y colectivos, sino sobre tener una ley más soberana para, en su caso, poder adoptar medidas más restrictivas. Y mi parecer es que yo, que me considero soberanista, no quiero una soberanía basada en la falta de respeto a los derechos y con total sesgo antidemocrático; mi concepto de soberanía es el del total respeto de las ideas y derechos, y por supuesto plenamente democrática.

Es curioso que, con esta ley antipandemia y otras medidas que se han adoptado durante esta pandemia, muchos ciudadanos que fuimos partícipes del no apoyo a la Constitución y por tanto al régimen del 78, posición avalada por la izquierda abertzale, en este momento estemos deseando que el Constitucional declare la ilegalidad de esta ley. Señores de la izquierda abertzale, como sigan así, van a conseguir que España logre que los vascos acepten el sistema constitucional y, por ende, den un respiro al régimen del 78.

Cuando los partidos abertzales no creen en su propio país, es decir, cuando pervierten el concepto de soberanía y aceptan lo que podríamos considerar que es una soberanía mal entendida.

Realmente tanto PNV como EH Bildu nos han transmitido que se necesita una verdadera soberanía, pero muchos, creyendo en la soberanía, nos preguntamos: ¿para qué queremos tener una República Vasca soberana si esta no me respeta mis derechos y libertades? ¿Es que queremos la soberanía para plantear más dureza en las restricciones con la demagogia de economía vs. salud, como se ha venido haciendo por parte de ciertas opciones políticas?

La realidad es que en esta pandemia, con un verdadero asesoramiento científico, sin la utilización demagógica de la estadística epidemiológica, realizando políticas de salud pública y sanitarias propias y con una dosis importante de pedagogía en la población, se hubiese establecido un marco diferente donde los partidos abertzales (mayoría de la cámara de Gasteiz) podrían haber hecho valer y haber ejercido una verdadera soberanía con estrategias propias y diferentes a las del estado español, de manera que el Gobierno de España no hubiese tenido capacidad de maniobra salvo la de la fuerza, la cual hubiese significado el principio del fin de la sumisión de los vascos al estado español, pero la realidad es que hemos perdido una ocasión inmejorable para hacerlo por la sumisión a lo que establecía el Estado español y al globalismo neoliberal.

De verdad que, cuando estos medios de comunicación nos colocaban a los críticos con la pandemia al lado de posturas de ultraderecha como Bolsonaro o Trump (ahora curiosamente es Biden, candidato por el que apostaba precisamente la izquierda), la realidad es que esa falta de visión, en la que los árboles no les han dejado ver el bosque, es la que ha colocado a la izquierda abertzale, con la defensa de su postura durante esta pandemia, en la defensa de las posturas del globalismo neoliberal más profundo.

Esta persecución, que ha llegado en algunos casos al acoso, es de tal nivel que no sólo se han dedicado a denostar a determinadas personas por tener un espíritu crítico de lo que estaba ocurriendo con la pandemia, sino que, no conforme con ello, se ha utilizado de forma peyorativa el término “negacionista” cuando este término tiene unas connotaciones claras de ideologías fascistas y que devienen de la época en que los nazis negaban el “holocausto”, siendo, por lo tanto, desde todo punto de vista rechazable por parte de aquellas personas que han colaborado con “Independentea” y motivo más que suficiente para querellarse contra determinadas personas de determinados medios de comunicación por haber practicado la calumnia y el acoso.

Fuente: EuskalNews

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