La pandemia es otra de esas nuevas realidades que los imperialistas han creado

La pandemia, sea real o ficticia, que a efectos políticos tanto da, no ha sido la causa de nada nuevo, de nada que no se conociera antes, sino simplemente el catalizador de proyectos que el capitalismo tenía sobre la mesa para afrontar la mayor crisis que ha conocido a lo largo de su historia.

“A grandes males, grandes remedios”, dice el refrán y, en efecto, si no hubiera habido pandemia, se la hubieran tenido que inventar, lo mismo que la armas de destrucción masiva que Saddam Hussein tenía en su poder y que dieron lugar a la famosa frase de Karl Rove, el portavoz de la Casa Blanca entonces:

“Ahora somos un imperio y cuando actuamos creamos nuestra propia realidad. Y mientras [Ustedes] estudian esa realidad —juiciosamente, si quiere— actuaremos de nuevo, creando otras nuevas realidades, que podrá estudiar de nuevo, y así las cosas continuarán. Somos [los creadores] de la historia […] Y Ustedes, todos ustedes, sólo tendrán que estudiar lo que hemos [creado]”.

La pandemia es otra de esas nuevas realidades que los imperialistas han creado. Es el reverso de la crisis que ya ha comenzado, una crisis a la vez económica, política e internacional. Es una crisis que no pueden mitigar de ninguna manera; a lo único que pueden aspirar es a sofocar el descontento social que va generar en el mundo entero.

La salud ha sido el pretexto para poner en marcha medidas represivas que no hubiera sido posible justificar de ninguna otra manera. Además, la salud ha permitido que el reformismo se convirtiera en el más sólido puntal del estado de guerra y las restricciones. Los grupos reformistas han afirmado muy claramente -incluso- que la represión implementada era poca y que estaban dispuestos a apoyar más restricciones, porque la salud es lo primero y está por encima de todo y de todos.

Para justificar su sucia labor de apoyo, los reformistas han vuelto a airear el fantasma de la “ultraderecha”, de manera que cualquier crítica era tachada de “negacionismo” y, en consecuencia, asimilada al fascismo. De esa manera el reformismo apoya la represión y quien la combate es un fascista; por lo tanto, son los fascistas los que luchan contra la represión…

Ese tipo de planteamientos han causado una enorme confusión, con la aparición de un nuevo arsenal de vocablos y neologismos, señal inequívoca de la profundidad de la crisis.

En medio de la misma, la burguesía ha puesto en marcha sus planes en apenas un año. Sólo con comprobar las que ya están en funcionamiento, cabe asegurar que marcarán para siempre el futuro de las formas de dominación y control social, especialmente en los países capitalistas avanzados. Lo que antes parecía ciencia ficcion, propia del cine fantástico, ya ha sido introducido entre los hábitos de millones de personas.

A los materialistas les gusta decir que la conciencia va por detrás del desarrollo de los acontecimientos, y aquí tienen uno de los mejores ejemplos. Da igual el tiempo que tarde la niebla en disiparse. Una nueva realidad se nos ha venido encima. En buena parte está trufada de tecnología y de informática, aunque eso no cambia en absoluto el hecho de que se trata de medidas de control social y de dominación política que no sustituyen a las anteriores, sino que las complementan.

El Senado francés lo ha explicado con mucha claridad: a diferencia de las restricciones “físicas”, que no se pueden soportar si se prolongan en el tiempo, las digitales son permanentes y en consecuencia, cumplen el mismo papel mucho más eficazmente (*):

“Las oportunidades de uso de las tecnologías digitales son inmensas, y la crisis de Covid-19 sólo ha dado una muestra de los muchos casos de uso posibles a corto, medio y largo plazo.

“Aunque la pandemia de Covid-19 no ha terminado, y es probable que no sea ni la última ni la más fuerte, sería irresponsable no aprovechar estas oportunidades. Las restricciones generalizadas de las libertades ‘físicas’ en los últimos meses son cada vez más insostenibles. No son sostenibles ni siquiera muy eficaces en comparación con lo que permitiría un uso más sistemático de la tecnología digital.

“El uso de la tecnología digital permitiría un control preciso del cumplimiento de las medidas sanitarias, a escala individual y en tiempo real: a cambio, las restricciones podrían dirigirse a un número reducido de personas, y ser más limitadas en el tiempo, sin dejar de ser lo más eficaces posible. Quizás el día de mañana, gracias a la tecnología digital, podamos recuperar nuestras libertades ‘físicas’ más rápidamente, o incluso no renunciar a ellas nunca, y tener pandemias sin confinamiento, aunque no haya vacuna ni tratamiento”.

No se trata de algo exclusivo de las crisis sanitarias sino a cuaquier clase de crisis y, por lo tanto a cualquier situación política y social, porque las crisis las definen los gobiernos respectivos, tanto si son reales, como si son simuladas, o si son exageradas:

“Los casos de uso más evidentes [de las herramientas informáticas] se refieren al control del cumplimiento de las normas destinadas a limitar la transmisión del virus (pase sanitario, toques de queda, confinamientos, cuarentenas, etc.), lo que implica el cruce de tres tipos de datos: los datos de identificación, los datos médicos y los datos de localización (desde los más intrusivos, con el seguimiento por GPS, hasta los más ligeros y ocasionales, con el acceso condicionado a determinados lugares, pasando por los datos de localización relativa con el rastreo de contactos).

“La utilidad de las herramientas digitales en la gestión de crisis va más allá del ámbito sanitario y se extiende a otros tipos de crisis […] que tienen en común que presentan un peligro elevado e inminente para la población, lo que exige una respuesta rápida y eficaz. Pueden ser el resultado de un ataque deliberado (convencional o terrorista, en particular bioterrorista), pero también de un accidente industrial o de una catástrofe natural […] Todas estas situaciones pueden requerir la rápida identificación de las personas, la evaluación de su estado de salud o de los riesgos a los que se enfrentan, y su localización precisa para poder prestarles ayuda”.

A buen entendedor…

(*) http://www.senat.fr/rap/r20-673/r20-6738.html

comentarios

  1. Que placer es leer –aprehender– la inteligencia,
    esa ‘ave raris’ que vuela a la caída del sol,
    cuándo el crepúspulo nos inunda
    con estimulantes colores.

    La verdad es el código postal,
    la calle y un número.
    La inteligencia es el medio para llegar a la dirección.
    Don Juan Manuel, en este artículo determinado,
    usa ese perínclito medio
    para llegar, sin perderse, a esa dirección,
    en este caso, el ‘Ananké’,
    como llamaba Freud al Principio de la Realidad.
    Y el tal Don nos describe acertadamente esa Realidad,
    este escenario que nos ha tocado vivir
    en esta encrucijada y ajadas circunstancias históricas

    «Si no hubiera habido pandemia,
    se la hubieran tenido que inventar»
    (Como hicieron con Dios)
    Que verdad
    Que código postal, calle y número más exacto.
    Y que método expresivo más preciso para llegar a ello.

    Los únicos lejos de ello –como es natural–
    son los que tienen que levantarser a las seis de la mañana
    para coger el Metro y tener que ir a trabajar,
    y, al anochecer, regresar a un piso de dos cuartos
    donde lo esperan la mujer, cuatro hijos y la suegra.
    Estos viven y padecen el ‘Ananké’ que tan bien
    describe Olarieta, pero no lo pueden entender
    tan elocuenemente como Don Juan Manuel.

    Pero –es un lujo, lo sabemos– nosotros si,
    y esto nos compromete mucho.
    Mas que como compromiso político,
    como compromiso ontológico (Ferrater Mora),
    compromiso con el ser,
    con nuestro ser,
    con el ser de los otros,
    sobre todo en estos momentos de eclipses
    cuándo hay que mantener encendidas
    las pocas luces que nos han dejado…

    Por eso, en la Batalla de la Ideas que se avecina
    –que ya esta aquí, vivita y coleando–
    vamos a tener que ayudarnos los unos a los otros,
    los que viajan en Metro
    y los que viajamos en Kilómetro varado,
    los que se quedaron de espectadores
    y dudan en tomar bando,
    los torcidos y acomodados,
    todos,
    que sólo unidos podremos desviar
    el diabólico curso de este barco
    formando un Movimiento («per se muovo»)
    en el que quedemos comprometidos a reconocer
    que «el ‘Proyecto Corona’ es una parte integral
    de la Agenda imperial de los Estados Unidos
    que tiene geopolítica y estratégicas implicaciones…
    y que también requiere –o eventualmente requerirá–
    que los arquitectos de esta diabólica pandemia
    sean enjuiciados y condenados por crímenes
    contra la humanidad» (M. Chossudovsky)

    Y aúnque a Paco Perez, ese trabajador citado
    que se levanta a las seis de la mañana
    para coger el Metro e ir a trabajar,
    lo que estamos diciendo aquí le importa un bledo
    –que es natural–, él, y los millones como él,
    tienen que ser, primordialmente, los destinatarios
    de ese compromiso ontológico citado
    como «back bone» de las Batallas de las Ideas
    a la que estamos destinados….

  2. Si
    «Una nueva realidad se nos ha venido encima»
    Que, como dijo Karl Rove, «mientras ustedes estudian esa realidad —juiciosamente, si quiere— actuaremos de nuevo, creando otras nuevas realidades, que podrán estudiar de nuevo, y así las cosas continuarán. Somos los creadores de la historia…Y Ustedes, todos ustedes, sólo tendrán que estudiar lo que hemos creado».

    Pero se equivocan, claro, y lo saben.
    Lo que pasa es que es una equivocación consciente y táctica,
    útil y pertinente, es un enroque ajedrecístico para defender y proteger
    al rey –ya Emérito– de la partida –de su partida–
    cada vez más frágil y con menos «corona»;
    y ello sólo sirve en última instancia
    para disuadir e intimidar –no para perpetuarse–,
    porque, lo quieran o no lo quieran los creadores de esa Historia,
    «el entero desarrollo del capitalismo no es nada más que un proceso en contínua reproducción de las contradicciones capitalistas en escala cada vez mayor»
    (N. Bukharin, «Imperialismo y Economía Mundial». Capitulos III y XII, Nueva York, 1929)

    Y sobre esas contradicciones en escala cada vez mayor…
    los «creadores de la Historia» se estan poniendo la soga al cuello.
    Lo que no sabemos es quíen le dará la patada a la silla dónde van subidos…
    ¿Tal vez sus propias ojivas nucleares?
    Claro que, naturalmente, en este caso casero,
    tanto los estudiosos y padecientes de esa Historia
    como los productores de la mismas,
    todos nos iremos a la mierda.

    En este caso se cumplirá lo que creía Arthur Koestler:
    «El ‘Homo Sapiens’ representa una malformación biológica
    –perdido el balance entre mente y cuerpo–
    Es el resultado de una vía totalmente errónea
    en el curso del proceso evolutivo»
    («Das Gespenst in der Maschine», Viena, 1970; página 391)

    Apañaos vamos…

    POSTED AD HUMANITATEM

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