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Día: 5 de agosto de 2021 (página 1 de 1)

Los partidarios y detractores de las vacunas se manifiestan conjuntamente contra su obligatoriedad

A los medios españoles les gusta decir que la ola de protestas en Europa contra la vacunación obligatoria está organizada por “antivacunas”. Es una de las muchas manipulaciones que vienen lanzando desde el minuto cero de esta pandemia, como las etiquetas de “negacionistas”, e incluso “ultraderecha”, que ni siquiera saben lo que significa.

Desde el principio de la pandemia y la imposición de la ley marcial en casi todo el mundo, las protestas han crecido, hasta el punto de hacerse masivas a medida que los gobiernos se mostraban más desafiantes hacia las libertades y derechos más básicos, esos que en Europa creían que nadie se atrevería nunca a burlar.

En el movimiento contra la vacunación obligatoria y el pasaporte sanitario también participan activamente los que se han vacunado, e incluso los que recomiendan vacunarse, a pesar de los pesares. Son muchos los que se ha dado cuenta, unos más tarde y otros más temprano, que los estados de emergencia, las restricciones sanitarias, las vacunas y el pasaporte sanitario son mecanismos de control, es decir, de reforzamiento del poder político.

Actualmente sólo el 17 por ciento de los franceses se niega a vacunarse contra el coronavirus, mientras que casi la mitad de las personas expresan su apoyo o simpatía por el movimiento contra el pasaporte sanitario.

La agencia France Press ha enviado a sus reporteros a las movilizaciones contra el pasaporte sanitario y se han encontrado a muchos publicistas de las vacunas, en general, e incluso de las vacunas contra el coronavirus, en particular (*).

El elemento común de unos y otros no es la vacuna sino la obligatoriedad, es decir, el retorno al fascismo o el reforzamiento de lo que jamás finalizó.

A diferencia de España, en Francia los sindicatos ha publicado comunicados recomendando la vacunación y oponiéndose a su carácter obligatorio. Lo mismo ha ocurrido con otras organizaciones sociales, que no están acostumbradas a presiones y chantajes tan descarados de sus gobiernos.

En Francia el pasaporte sanitario es obligatorio desde el 21 de julio en los locales culturales y de ocio y el lunes de la semana que viene se ampliará a los cafés, restaurantes, trenes de larga distancia, autocares y vuelos nacionales, así como a los pacientes y visitantes de los centros sanitarios y residencias de ancianos.

Desde que comenzaron hace tres semanas, las manifestaciones contra los pasaportes sanitarios son cada vez más numerosas. El sábado la policía francesa contabilizó más de 200.000 participantes y ha advertido de que pueden convertirse en un nuevo movimiento, parecido a los “chalecos amarillos” y cada vez más radicalizado.

“Soy camarero, nunca quise ser policía”, dijo Stéphane Grand, de 27 años, manifestante en Montpellier el sábado. “Me repugna que se nos pida que comprobemos quién está vacunado y quién no, eso hace imposible mi trabajo”, añade.

La vacunación obligatoria es uno de los diez puntos de alerta enumerados el 20 de julio por el Defensor de los Derechos Humanos, que denuncia “el control de una parte de la población por otra”.

(*) https://www.lepoint.fr/societe/des-vaccines-et-pro-vaccins-rejettent-farouchement-le-pass-sanitaire-05-08-2021-2437901_23.php

Los que no se vacunen tampoco podrán votar en Italia

El apartheid no era cosa sólo de Israel o de la vieja Sudáfrica. Ya está en Europa. Lo ha introducido el pasaporte de vacunas. Si se te olvida en casa, no puedes entrar en la panadería, en un bar, un concierto o un autobús.

Ahora el Primer Ministro italiano, Mario Draghi, quiere impedir la entrada en los colegios electorales a los que no se vacunen, porque esto no ha hecho más que empezar.

Lo han empezado a deslizar por Roma desde ayer por la tarde. Lo llaman “la bomba atómica de Draghi”.

No hay nadie capaz de parar este delirio. No es sólo el gobierno italiano, ni sólo los electores, sino también los candidatos. El secretario del Partido Democrático italiano, Enrico Letta, ya ha dicho que sólo quiere que haya candidatos vacunados en las listas electorales.

Naturalmente los juristas se ponen exquisitos: es anticonstitucional, es ilegal… Como si eso importara. Alguno interpondrá un recurso porque le han impidido votar y los jueces le darán la razón.

Al juez le calificarán de “fascista” por pretender que las personas voten en las elecciones. Ya vemos cómo están las cosas.

A otros se les ocurrirán salidas ingeniosas. Por ejemplo, poner unos colegios electorales para vacunados y otros para no vacunados, que podrían estar al aire libre. Quizá urnas para unos y otros.

Lo de los candidatos también tiene remedio. Se pueden poner a los no vacunados de todos los partidos en una lista única y si salen electos, se les pude situar juntos en una esquina del hemiciclo, separados de los demás por una mampara de metacrilato para que no contagien a nadie.

Hay muchos italianos que tienen su residencia, por ejemplo, en Roma, pero viven en Milán, Palermo, Turín, en lugares lejanos del colegio electoral. Habría que garantizarles la posibilidad de subir a los trenes. También se podrían fletar tres especiales sólo para no votantes, o quizá vagones especiales en los que se les podrían reunir los recalcitrantes a las agujas hipodérmicas.

Cualquier iniciativa es buena antes de que los antivacunas empiecen a decir que ya hemos vuelto al fascismo.

—https://www.iltempo.it/politica/2021/07/27/news/mario-draghi-green-pass-obbligatorio-voto-elezioni-vaccino-covid-seggi-incostituzionalita–28117108/

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