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Día: 22 de abril de 2021 (página 1 de 1)

Amnistía Internacional pide al gobierno tunecino que permita a los médicos expresarse libremente sobre la pandemia

Una de la secuelas más absurdas que acompañan a la pandemia es la de quienes suponen que todos los médicos mantienen el mismo criterio terapéutico. Algunos creen que eso incluso se puede decir de todos los médicos del mundo. Otros creen que esa opinión uniforme se extiende a todos los médicos de un determinado país, como los españoles, los chinos o los indonesios.

Buena prueba de que no es así, son las represalias impuestas en España contra los díscolos, que vienen sufriendo toda clase de insultos y sanciones, incluidas las de sus propios colegas, en un ataque inquisitorial sin precedentes. En España ese siniestro papel censor ha procedido de los Colegios de Médicos, que han emprendido una verdadera caza de brujas contra algunos de sus miembros. En otros casos, como en Túnez, los ataques proceden del propio gobierno.

El 16 de abril el Ministerio de Sanidad tunecino publicó una lista de médicos y funcionarios sanitarios autorizados a hacer declaraciones a los medios de comunicación o en las redes sociales sobre la pandemia. Los demás se exponen a sanciones si se expresan sin el acuerdo de las autoridades.

El gobierno decide los que pueden hablar y los que no. Los que pueden hablar es para apoyar las medidas represivas del gobierno. Los que no pueden hacerlo es porque son capaces de expresar una voz crítica.

Afortunadamente se han producido reacciones contrarias a dicha imposición. Amnistía Internacional y el Colegio de Médicos de Túnez han pedido al gobierno que permita a los médicos expresarse libremente sobre la pandemia.

El martes Amnistía Internacional criticó la medida como “desproporcionada” y un “grave ataquen a la libertad de expresión. Es “un claro intento de censurar a los trabajadores de la salud”, dijo Amna Guellali, portavoz de la organización en un comunicado público.

Por su parte, en otro comunicado el Colegio de Médicos ha adoptado una postura bien diferente de sus colegas españoles, reafirmando “el derecho de los médicos a expresar sus opiniones en su campo de especialización y de acuerdo con los datos científicamente establecidos”.

Los huthíes están ganando la Guerra de Yemen

Los rebeldes huthíes están envalentonados. El movimiento alineado con Irán está convencido de que está ganando la Guerra de Yemen, y tienen razón. Ansarollah, la milicia huthi dominante, controla el territorio donde vive cerca del 80 por ciento de la población de Yemen.

La confianza de los huthíes procede del cambio en la política exterior de Washington hacia Yemen con el nuevo gobierno de la Casa Blanca y los continuos ataques de Ansarollah contra Arabia saudí, ilustrados recientemente por los ataques del 7 de marzo en Ras Tanura, dirigidos a uno de los mayores puertos petroleros del mundo.

En lugar de deponer las armas y aceptar lo que el enviado especial de Estados Unidos a Yemen, Tim Lenderking, calificó de plan de alto el fuego “sólido”, los huthíes decidieron continuar su lucha armada para apoderarse de la provincia de Marib, rica en hidrocarburos.

El gran dilema del gobierno de Biden es lidiar con la determinación de los huthíes de continuar la lucha. Con los huthíes actualmente a la ofensiva, para Estados Unidos es difícil encontrar una manera de conseguir que depongan las armas y confíen en un proceso de paz que les obligue a hacer concesiones a sus adversarios nacionales, regionales e internacionales.

Gran parte de la dificultad para Biden proviene del hecho de que Estados Unidos no tiene prácticamente ninguna influencia directa sobre los huthíes. Debido al apoyo de Washington a Arabia saudí en la guerra, los rebeldes ven a Estados Unidos como un enemigo.

Desde el inicio de la campaña saudí apoyada por Washington -Operación Tormenta Decisiva- en 2015, los huthíes empezaron a considerar la posibilidad de establecer relaciones más profundas con Irán, China y Rusia en un esfuerzo por contrarrestar el apoyo de Riad de los gobiernos occidentales y otros países árabes.

Alineados con Irán y el Hezbolah libanés, los huthíes han adquirido un inmenso poder. El grupo probablemente nunca tendrá la fuerza necesaria para controlar todo Yemen, y la naturaleza fluida de la guerra sugiere que algunos de sus avances podrían revertirse si el conflicto continúa. Sin embargo, el alcance del control de los huthíes sobre Yemen en la actualidad debería dar a todos los responsables políticos razones para descartar la posibilidad de que Arabia saudí y el débil gobierno del presidente yemení Abdrabbuh Mansur Hadi puedan derrotar militarmente a Ansarollah.

“Una cosa no puede estar más clara: los huthíes no sucumbirán a la presión”, escribe Bruce Riedel, del Brookings Intelligence Project. “Casi seis años de bombardeos saudíes, de bloqueo y de catástrofe humanitaria no han conmovido a los rebeldes”.

La batalla primero, las negociaciones después

Los mayores logros de la campaña de bombardeos saudíes han sido negativos. Ha generado una virulencia extrema y ha profundizado las divisiones tribales y sectarias en Yemen, lo que hace mucho más difícil crear una confianza suficiente o incluso mínima entre las partes enfrentadas.

Ansarollah teme que el desarme sin garantías suficientes de que los huthíes estarán protegidos, es demasiado arriesgado. En última instancia, los huthíes temen, con razón, ser atacados por sus enemigos yemeníes y saudíes tras ser derrotados por las negociaciones de paz. En este contexto, los combatientes huthíes continúan su ofensiva en Marib, así como sus ataques cada vez más sofisticados con cohetes y drones contra objetivos saudíes. Para los rebeldes, ambas acciones sirven para aumentar la influencia de los huthíes antes de las negociaciones.

Esta estrategia tiene cierta lógica a corto plazo. Si se iniciaran negociaciones serias sobre la paz después de que los huthíes tomaran el control de Marib, Ansarollah estaría en una posición mucho más fuerte para dictar los términos. Estratégicamente situada al este de la capital de Yemen, Sanah, controlada por los huthíes, Marib alberga gran parte de los recursos petrolíferos y gasísticos de Yemen y es el último bastión del gobierno de Hadi en el norte.

Descrito por los expertos como un “faro de relativa estabilidad” que era un “remanso de paz en medio de una guerra”, Marib es ahora un importante punto caliente en el que se juegan tanto los huthíes como sus oponentes. Si los huthíes consiguen hacerse con el control de la ciudad, Ansarollah se sentirá aún más envalentonado, ya que este cambio sobre el terreno reforzará inevitablemente la sensación de debilidad del gobierno de Hadi y probablemente le inducirá a aceptar condiciones de paz favorables a los huthíes.

Por otro lado, Ansarollah está asumiendo riesgos importantes al tratar de apoderarse de más tierras antes de las negociaciones. La agresividad de los huthíes en su deseo de conquistar Marib podría unir a las fuerzas antihuthíes, anteriormente divididas, contra ellos. También podría hacer que el gobierno de Biden estuviera menos abierta al diálogo con un grupo claramente comprometido con la escalada del conflicto, en lugar de reducirlo.

En consonancia con el compromiso de Biden de encontrar una salida a la Guerra de Yemen por vías diplomáticas, ¿cómo podría Washington dar a Ansarollah razones para considerar que un alto el fuego es un camino mejor que continuar la guerra? Para empezar, Estados Unidos podría mostrar su buena voluntad convenciendo a Arabia saudí de que ponga fin al bloqueo de Yemen, incluidos los del aeropuerto de Sanah y el puerto de Hodeida, ambos bajo control de los huthíes.

Este asedio ha tenido un efecto mínimo en la capacidad de lucha de los huthíes, pero es directamente responsable de la muerte de innumerables yemeníes. Esta medida señalaría el compromiso de Estados Unidos de tomar medidas concretas para ayudar a poner fin a esta guerra y abordar los problemas humanitarios actuales. De este modo, si los saudíes accedieran a levantar el bloqueo, los huthíes podrían, a su vez, aceptar el cese de todos los ataques en territorio saudí para responder a las legítimas preocupaciones de seguridad de Riad.

Además, Washington debería aprovechar cualquier oportunidad futura para entablar un diálogo constructivo con los huthíes en busca de objetivos alcanzables y medidas de fomento de la confianza, generando un impulso para la eventual negociación de un acuerdo político.

Lo más probable es que Estados Unidos dependa de otros países que puedan facilitar el diálogo entre Washington y los rebeldes alineados con Irán, contra los que la coalición saudí respaldada por Estados Unidos lleva luchando seis años. Los Estados más cualificados para desempeñar este papel son Omán, Qatar y quizás Rusia, todos ellos con un historial de compromiso y diálogo con los huthíes. La capacidad de Mascate, Doha y Moscú para desempeñar un papel de puente será fundamental, dada la falta de confianza entre Estados Unidos y los huthíes.

Cualquiera que sea el enfoque de el gobierno de Biden hacia el movimiento huthi, el futuro de grandes franjas del norte de Yemen permanecerá bajo el control de los huthíes, incluso después de que los combates hayan terminado, y esta es sólo una de las muchas áreas de conflicto en Yemen hoy en día.

En lo que respecta al panorama político del país, no se volverá a las épocas pasadas de la historia yemení. Lo que ocurra cuando se asiente el polvo será inevitablemente el producto único de los últimos seis años de guerra civil y sufrimiento humano. Cualquier política exterior realista que adopte Washington con respecto a Yemen debe aceptar esta y otras realidades para poder comprometerse de forma pragmática con este país devastado por la guerra.

De cara al futuro, cabe suponer que Yemen seguirá siendo un país profundamente fracturado que necesita mucha más ayuda internacional de la que recibe actualmente. Sin embargo, no cabe duda de que la continuación de la guerra es la principal razón por la que los grupos externos no pueden proporcionar la ayuda necesaria a los millones de yemeníes que, en palabras del director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, David Beasley, “están llamando a la puerta de la inanición”.

En última instancia, el gobierno de Biden haría bien en respaldar sus palabras sobre los desastres humanitarios en Yemen con acciones concretas que prioricen la necesidad de salvar vidas por encima de cualquier otro objetivo. La única manera de hacerlo es reforzar el compromiso entre Washington y los huthíes, y el equipo negociador de Biden debe utilizar estos canales para aumentar lentamente el alcance de las negociaciones.

—https://responsiblestatecraft.org/2021/03/21/bidens-problem-in-yemen-the-houthis-are-winning/

El Golpe de Estado sanitario

El equipo de 70 expertos que asesora al gobierno suizo desde el origen de la pandemia lleva un título militar, “task force”, como si fuera una unidad de choque. Lo mismo que en otros países, su campo de acción no es sólo la enfermedad, ni la ciencia, sino los hábitos de comportamiento de las personas, es decir, que han puesto en práctica un experimento de ingeniería social.

El reglamento interno del equipo establece que sus miembros no deben comunicarse directamente con los medios de comunicación. Sólo su presidente está facultado para ello, y si la comunicación se refiere a nuevas medidas, debe hacerlo después de que se hayan hecho públicas por el gobierno.

Los miembros del equipo se han saltado a la torera estas disposiciones, participando regularmente en los medios de comunicación, que los han elevado a los altares: sólo lo que ellos afirman es ciencia. La televisión, la radio y los periódicos han convertido a unos desconocidos en auténticas estrellas de la sociedad del espectáculo (*).

Hace un año nadie conocía a Fernando Simón en España y lo mismo ocurría con Martin Ackerman, su homólogo en Suiza, que aparece en la foto de portada. Hoy no hay nadie que no los conozca en sus respectivos países. En un año, los periódicos han dedicado miles de portadas y primeras planas a estas nuevas figuras del famoseo, un fenómeno que jamás había ocurrido antes, ni siquiera con el deporte, la música o cualquier otro espectáculo de masas. Antes los periodistas eran altavoces de los políticos y ahora de los científicos.

Naturalmente, el equipo científico no se limita a aconsejar. Está creando un nuevo tipo de sociedad, de relaciones personales, de comportamientos públicos y privados.

Las armas de estos expertos son muy simples. Se componen de amenazas, miedo y falsedades. Si el gobierno (y la sociedad) no hacen lo que ellos dicen, llegará la hecatombe. Cuando el gobierno decide no seguir sus recomendaciones, los expertos se salen con la suya acudiendo a los medios, porque los periodistas, como la sociedad, siempre cree más a un científico que a un político. El científico sabe; el político sólo opina.

Así ocurrió en Suiza con el uso obligatorio de mascarillas en el transporte público, o el cierre de restaurantes, bares y discotecas.

El equipo científico es ahora uno de los organismos más influyentes de Suiza y a nadie parece importarle que no los haya elegido nadie, que no representen a nadie y no sean responsables ante nadie. Sus miembros son cooptados. Se han elegido a sí mismos. No existe ningún reglamento que establezca los criterios de elección o de destitución. En marzo del año pasado invitaron a incorporarse a Pietro Vernazza, médico jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas de un Hospital Cantonal y a continuación le despidieron sin ninguna explicación. ¿Por qué? No se sabe…

Además de la falta de legitimidad democrática, el funcionamiento de los equipos es totalmente opaco.

¿Al servicio de quién están los expertos? Ni siquiera en Suiza hay transparencia sobre los conflictos de interés de los asesores científicos del gobierno. Hasta junio del año pasado los expertos suizos no hicieron declaraciones de interés. Sin embargo, sigue pendiente la comprobación de su exactitud.

¿Cómo toman sus decisiones?, ¿por mayoría?, ¿por unanimidad?, ¿se lo juegan al mus? Nadie lo sabe.

¿Llevan actas? En caso afirmativo, ¿se darán a conocer algún día o serán secretas?

¿Cuánto tiempo estarán en su cargo, tomando decisiones que comprometen la vida y los derechos de las personas?, ¿hasta que ellos mismos decidan? Tampoco se sabe.

En Suiza dicen que los expertos no están cobrando por su asesoramiento, lo cual no hay quien se lo crea. En España parece que son de pago, pero ¿cuánto han cobrado en lo que llevamos de pandemia?, ¿han cobrado las horas extra o no?

En Suiza saben quiénes son los expertos, pero en España no. Los expertos son fantasmas (en el más amplio sentido de la palabra). ¿Qué papel están jugando los sicarios de IS Global en el equipo que asesora al gobierno español?, ¿a quién deben su lealtad?, ¿al gobierno o a La Caixa que los financia?

Por cierto, el Vicepresidente de IS Global no es otro que Javier Solana, antiguo secretario general de la OTAN.

(*) https://www.foeg.uzh.ch/dam/jcr:13f6efc8-f9c4-45dd-816c-b6a8356edfe6/2020_Gesamtausgabe.pdf

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