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Día: 3 de septiembre de 2020 (página 1 de 1)

La afirmación de Angela Merkel sobre el envenenamiento de Navalny a manos de Putin es falsa

El presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko afirma haber interceptado una conversación entre Varsovia y Berlín sobre la falsificación del envenenamiento del opositor ruso Navalny.

Hoy Lukashenko ha declarado que su país ha interceptado una conversación entre Varsovia y Berlín de la que se desprende que la reciente afirmación de la canciller alemana Angela Merkel sobre el envenenamiento del opositor ruso Alexei Navalny es una falsificación.

“Observando los acontecimientos rusos, me di cuenta de que Occidente tiene una nueva característica distintiva: otra vez el novichok, otra vez envenenamiento. Debo decirle que ayer o anteayer, antes del discurso de Merkel —esta dijo que a Navalny le querían cerrar la boca— interceptamos una conversación… Entendemos que Varsovia habla con Berlín”, afirmó Lukashenko durante una reunión en Minsk con el primer ministro de Rusia, Mijail Mishustin.

El dirigente bielorruso señaló que compartirá la grabación junto con la transcripción con el FSB, el Servicio Federal de Seguridad de Rusia, y también se lo dará a leer a Mishustin. Según Lukashenko, la grabación “claramente dice que es una falsificación: no hubo ningún envenenamiento de Navalny”.

“Que yo entienda, un grupo de especialistas prepararon los hechos para la Administración de Merkel y a lo mejor también las declaraciones que hizo. Lo hicieron para —voy a citarlo— ‘quitarle las ganas a Putin de meter las narices en los asuntos de Bielorrusia’”, declaró Lukashenko.

El portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, ha señalado que el Kremlin de momento no dispone de los detalles acerca de los datos de los servicios de inteligencia de Minsk que apuntan que el envenenamiento de Navalny pudo haber sido falseado.

Ayer el gobierno alemán anunció que tenía “pruebas inequívocas” de que Navalny fue envenenado “por un agente nervioso del tipo novichok”.

El 20 de agosto Navalny fue ingresado en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Omsk después de desvanecerse en el interior un avión que iba a llevarlo de vuelta a Moscú desde Tomsk, en Siberia.

De Omsk fue trasladado a un hospital de Berlín, donde el ejército le ha examinado, concluyendo con que la causa de su estado era el envenenamiento.

Un envenenamiento con novichok habría causado la muerte a Navalny y no un coma, según uno de los científicos que desarrollaron el tóxico.

La teoría de la conspiración ‘buena’: Putin ha envenenado a otro de sus opositores

¿Creían Ustedes que sólo había una teoría de la conspiración y una única especie de conspiranoicos? Se vuelven a equivocar porque hay dos, como todo en este mundo: los buenos y los malos. ¿Quiénes son los buenos? Nosotros, claro. ¿Quiénes son los malos? Los que no están de acuerdo con nosotros.

Una teoría de la conspiración “buena” es la que leímos ayer en las cadenas de información del mundo entero: Alexei Navalny, el opositor a Putin, ha sido envenenado por orden del Presidente ruso con un derivado del ya famoso novichok.

¿Cuál es la fuente? Un laboratorio del ejército alemán que le ha examinado. Naturalmente, la fuente que hasta ahora ha dicho lo contrario, que fue una hipoglucemia, miente porque es un hospital ruso.

Apenas hacen falta más pruebas porque, como ha dicho el Washington Post, es un método tradicional con el que Putin elimina a sus adversarios políticos (1), como es el caso de Piotr Verzilov (de los Pussy Riots), Vladimir Kara-Murz y otros que nosotros añadimos por nuestra cuenta: Anna Politovskaia, Alexander Litvinenko, Boris Nemtsov, Serguei Skripal

Seguro que los lectores no han podido evitar escuchar ese tipo de noticias. Tan seguro como que jamás han leído que el dirigente palestino Yasser Arafat fue envenenado con polonio-210, es decir, igual que Litvinenko.

Ahora bien, que Navalny haya sido envenenado por Putin es moneda corriente, pero que Arafat haya sido envenenado por el Mosad es propio sólo de conspiranoicos y por eso los medios nunca han dicho nada al respecto.

En la larga lista de envenenados, El Mundo incluyó a Katerina Yushenko (2), la mujer del Presidente ucraniano de 2005 a 2010 que llamó a “limpiar de suciedad” su país, renunciar a los símbolos “satánicos” del comunismo y mandarlos al “basurero de la historia”. Hasta que los ucranianos no lo hicieran “no podrán recibir el bienestar ni la bendición divina”.

Poco después llegó esa “bendición divina” en forma de Golpe de Estado fascista, pero antes su marido también fue envenenado. Por lo menos eso dijeron los médicos que le trataron en el hospital Rudolfinerhaus de Viena, aunque aquella vez el veneno utilizado fueron dioxinas ingeridas por vía oral.

En 2004 los Yushenko participaban en la campaña electoral que los llevaría a la Presidencia y su enemigo era Viktor Yanukovich, al que sólo barrerían del mapa diez años después con el Golpe de Estado fascista.

Este tipo de batallas no se entablan sólo entre un gobierno y la oposición. A veces todo es mucho más familiar, como en el caso de Navalny: su mujer es hija de Boris Abrosimov, un antiguo jefazo del KGB que ahora ejerce como banquero a cargo de los activos rusos en Londres. Abrosimov es un hombre muy cercano a Alexander Lebedev, antiguo coronel del KGB. En 2008 la revista Forbes lo incluyó entre los oligarcas rusos más poderosos y la 358 persona más rica del mundo. Es propietario de varios periódicos británicos, como “The Independent” o “Evening Standard” y a su hijo le han nombrado recientemente “par” del Reino Unido.

Navalny no es, pues, ningún opositor ruso. Mucho menos los medios le pueden presentar como un campeón de la lucha contra la corrupción en Rusia. Es un peón de la oligarquía, metido hasta las cachas en todos y cada uno de sus tejemanejes. Lo pueden llamar “corrupto” si la palabra no fuera otra cosa que un sinónimo del mismo capitalismo ruso.

En otras palabras: Navalny ha luchado contra la corrupción tanto como Bárcenas.

(1) https://www.washingtonpost.com/world/2020/08/21/why-poison-is-weapon-choice-putins-russia/
(2) https://www.elmundo.es/internacional/2020/08/20/5f3eb3be21efa0543d8b459f.html

Estados Unidos sanciona a la fiscal del Tribunal Penal Internacional, Fatou Bensouda

Ayer Estados Unidos anunció que sancionaba a la fiscal del Tribunal Penal Internacional, Fatou Bensouda, y a todos los que la ayuden en sus tareas. Bensouda es una jurista gambiana de 59 años, que ejerció como ministra de Justicia de su país.

“Cualquier individuo o entidad que continúe ayudando materialmente a la fiscal también está sujeto a sanciones”, dijo Mike Pompeo, secretario de Estado, en una conferencia de prensa.

Como cualquiera que se interpone en su camino, Bensouda se ha convertido en la diana de Estados Unidos porque intenta abrir una investigación sobre los crímenes cometidos por los soldados estadounidenses en Afganistán.

En junio de este año Trump emitió una orden ejecutiva por la que autorizaba la imposición de sanciones a “funcionarios, empleados y agentes, así como a sus familiares directos” que trabajaran en la Tribunal Penal Internacional.

Hasta ahora el Tribunal Penal Internacional se ha dedicado a perseguir a políticos africanos en exclusiva, lo que desató numerosas críticas en el Continente Negro, que lo vieron como un nuevo instrumento colonialista.

Entonces nombraron a Bensouda para el cargo de fiscal y trataron de lavar su imagen con una investigación dirigida contra los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos en Afganistán.

En una entrevista a la cadena France 24, Bensouda dijo que las sanciones estadounidenses contra el Tribunal Penal Internacional constituyen un “ataque sin precedentes” contra la independencia del sistema judicial internacional ya que, generalmente, están reservadas a los terroristas y a señores de la guerra.

De momento no está claro si los jueces del Tribunal también están sancionados.

Una búsqueda en la base de datos SDN, donde constan los países, instituciones, empresas y personas sancionadas por Estados Unidos, muestra que la fiscal gambiana aparece dos veces, una con su nombre completo, Fatou Bom Bensouda, en la categoría de sanciones del ICCP impuestas por la orden ejecutiva de Trump.

El confinamiento arruina a los campesinos africanos

Con cara seria, Jean Woulabonn mira sus tomates, deteniéndose para ver la podredumbre que los corroe. Habla de “hecatombe” y nos recuerda que en siete años de gestión del cultivo, nunca ha tenido que enfrentarse a tantas pérdidas.

A su lado, Dorcas Ther Andjick, la esposa del propietario de la plantación de seis hectáreas en Nyokon II, un pueblo del centro de Camerún, pone una cifra al desastre: más de 8 millones de francos CFA (más 12.200 euros) invertidos, más de 7 millones de francos CFA de deuda, salarios atrasados de los diez trabajadores, una cosecha arruinada. “Al principio, estábamos vendiendo con pérdidas. Preferimos dejar que la fruta se pudra en el campo”, dice.

Los confinamientos y el cierre de fronteras han arruinado a muchos campesinos africanos. Desde que el Camerún declarara su primer caso de coronavirus el 6 de marzo, el gobierno cerró las fronteras terrestres, marítimas y aéreas.

En aquel momento, creyendo que la medida era sólo temporal, los cultivadores de tomates, que ya se dedicaban a la siembra, no cambiaron sus planes.

Más de 329.000 pequeños campesinos, principalmente en las regiones occidental, central y noroccidental, se ganan la vida con este cultivo, que proporciona 1,65 millones de puestos de trabajo.

En los últimos años, se ha convertido en lo que Alain Kantar, un joven productor de Nyokon II, ha rebautizado como “oro rojo”.

“Cuando inviertes 1,5 millones de francos CFA, puedes obtener un beneficio anual de casi un millón”, dice. Una docena de otros campesinos confirman que los tomates son “extremadamente rentables”. O más bien lo eran.

El confinamiento ha dificultado el comercio con los países de la región. Gabón y Guinea Ecuatorial, que se encuentran entre los principales clientes, han ralentizado considerablemente las transacciones. Y el cierre de las fronteras con Nigeria interrumpió las compras a ese país, el principal importador.

El tomate que antes se exportaba permanece en Camerún. Este excedente se devuelve al mercado local, lo que hace que la oferta sea mayor que la demanda, provocando una fuerte caída de los precios.

Aunque los tomates se han convertido en la fruta más consumida por los cameruneses, la producción media, estimada en 889.800 toneladas anuales, inunda ahora los mercados, donde las cajas han visto caer sus precios a 1.000 ó 2.000 francos CFA o incluso menos. Este es un precio de dos a diez veces más bajo que en años anteriores.

Las consecuencias son catastróficas para los productores que no han podido recuperar sus inversiones. Al menos tres de ellos se han quitado la vida, “arruinados”, “endeudados”, “acosados por sus acreedores”. Temiendo ser encarcelados por no poder pagar sus deudas, abandonaron sus campos y huyeron de sus pueblos.

https://www.lemonde.fr/afrique/article/2020/08/31/au-cameroun-la-detresse-des-producteurs-de-tomates-face-au-covid-19_6050494_3212.html

La pandemia rescata los campos de concentración para migrantes y apestados

Cientos de etíopes han sido recluidos en al menos dos “centros cerrados” en Arabia saudí, supuestamente destinados a frenar la propagación del coronavirus y donde las condiciones de supervivencia son literalmente espantosas.

La información la publicó el domingo el periódico británico The Telegraph. Procede del periodista etíope Zecharias Zelalem y el británico Will Brown y va acompañada de imágenes y filmaciones de vídeo.

“Los guardias tiran los cadáveres como si fueran cubos de basura”, dijo uno de estos reclusos etíopes que fue contactado clandestinamente por los periodistas.

Todos los presos entrevistados describen un infierno en el campo de concentración: la promiscuidad de cientos de hombres con un calor terrible, azotados al ritmo de gritos racistas, poca agua, poca comida…

Las imágenes filmadas por los teléfonos móviles y enviadas al periódico son horribles: letrinas desbordadas, ventanas bloqueadas, llamadas desesperadas de hombres con sus camisas y pies descalzos, vadeando en una alcantarilla, e incluso una adolescente que se suicida colgándose de una ventana.

Los datos de geolocalización de las imágenes indican que hay al menos dos centros en el sur y el oeste del país, cerca de Jazán y La Meca. Los migrantes etíopes fueron recluidos allá en el mes de abril, tras las redadas realizadas para “reducir la propagación del coronavirus”.

En Arabia saudí los trabajadores emigrantes que proceden de Asia y África constituyen el 20 por ciento de la población y carecen de los más elementales derechos laborales y civiles.

En cuanto The Telegraph publicó la investigación, la reacción internacional fue inmediata. Las instituciones oficiales, británicas e internacionales, y las ONG comenzaron a darse golpes en el pecho, incluida la ONU. Piden “una investigación”.

Los sátrapas saudíes han prometido “arrojar luz” sobre las impactantes imágenes. En una declaración enviada al periódico, el gobierno saudí dice que están “estudiando el estado de todos los centros gubernamentales”, añadiendo que si algunos de ellos “no satisfacen sus necesidades”, serían cerrados. Sin embargo, se han negado a devolver a los etíopes a su país “por la cuarentena”.

El gobierno Etiopía, por su parte, le dice al periódico que no sabe nada de los “campos de detención”. La ministra de la Diáspora, Tsion Teklu, dijo que lo único que sabía es lo que había revelado el periódico británico y que plantearía la cuestión a los saudíes.

Arabia saudí no es el único caso, ya que también El Salvador abrió “albergues” especiales para recluir en ellos, por tiempo indefinido, a los apestados y a todos los demás equiparados a ellos que la policía recogió por las calles. La reclusión no necesitaba orden judicial, ya que se trataba de “emergencias sanitarias”.

http://www.telegraph.co.uk/global-health/climate-and-people/investigation-african-migrants-left-die-saudi-arabias-hellish/

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