La huelga de los conductores de Uber en Inglaterra

En Inglaterra los conductores de Uber comenzaron el martes una huelga exigiendo una subida salarial y mejores condiciones de trabajo. Es un movimiento que expresa algunas de las nuevas condiciones de trabajo impuestas por las empresas tecnológicas, así como las luchas que contra ella inician los trabajadores.

La convocatoria la hizo en Londres, Birmingham y Nottingham el sindicato IWGB (British Institute for Self-Employed Workers), que también pidió a los usuarios que no utilizaran la aplicación informática durante la huelga.

El sindicato pide un aumento de las tarifas de viaje a dos libras esterlinas (2,30 euros) por milla desde las 1,25 libras (1,42 euros) por milla, que es la tarifa actual en Londres, así como una reducción de la comisión cobrada en cada viaje y el fin de lo que la empresa califica como “desactivación” de los conductores, que no es otra cosa que un despido.

En Londres unos 50 manifestantes equipados con silbatos y un tambor se reunieron frente a las oficinas de la empresa, donde gritaron “la vergüenza de Uber” y lanzaron botes de humo. Muchos automovilistas que pasaban por allí tocaron la bocina para expresar su apoyo a los conductores.

“Uber abusa de los trabajadores, pagan por debajo del salario mínimo y los conductores están endeudados”, dice un conductor de 48 años que lleva más de tres años trabajando en la multinacional.

Anteriormente era un conductor autónomo, pero su situación se volvió imposible de mantener: “Uber monopolizaba el mercado”. Para ganarse la vida normalmente, un conductor de Uber “debe trabajar doce horas al día, de 6 a 7 días a la semana”.

El salario mínimo británico está por debajo de las 8 libras (menos de 9 euros) la hora para trabajadores mayores de 25 años.

“Antes era mejor, había más trabajo”, dice otro conductor de 41 años y padre de familia, que se niega a dar su nombre. “Trabajaba 8 horas al día, ahora tienes que trabajar 13 ó 14 horas para ganar lo mismo”, concluye.

La monopolización del sector

Las nuevas empresas de transporte de pasajeros, como Uber o Cabify, son grandes monopolios internacionales que están devorando lo que hasta ahora era un sector de trabajadores autónomos, los taxistas, es decir, que expresa la proletarización de una parte de la fuerza de trabajo.

En España las grandes empresas utilizan licencias VTC (Vehículos de Turismo con Conductor), que son lo que su nombre indica: el alquiler de un vehículo con conductor. Cuando hace unos años se crearon empresas como Uber y Cabify, este tipo de licencias se usaban para alquilar limusinas.

Los monopolios utilizan las aplicaciones informáticas en móviles, tanto para captar clientes como para comunicarse con los conductores.

Las licencias VTC se piden a las Comunidades Autónomas y, al menos hasta ahora, no las piden las empresas sino trabajadores del sector, cooperativas, sociedades laborales y de otro tipo que expresan el escaso grado de monopolización alcanzado hasta la fecha.

Hay casi 9.000 licencias VTC contra 65.000 para taxi en total, una proporción que en Madrid es de 1 contra 7 y en Cantabria de 1 contra 3.

Tanto las licencias de taxi como las VTC son un negocio en sí mismas: se compran y se venden. En Madrid una licencia de taxi se vende por unos 150.000 euros, una cifra que en otras capitales se puede disparar hasta por encima de los 200.000 euros. Por el contrario, una licencia VTC sólo cuesta unos 5.000 euros teóricos que en la práctica se convierten en 40.000 euros en el mercado de segunda mano.

Las licencias VTC son un instrumento de control del mercado y hay Comunidades Autónomas que no conceden ninguna, por lo que quienes quieren comprarlas tienen que iniciar un juicio para lograrla, con el consiguiente aumento del precio.

La creciente monopolización está alcanzando tal grado que ya ha llegado a las ambulancias. En el futuro serán las grandes empresas las que se apoderen de las VTC y luego harán lo mismo con el taxi. La fuerza de trabajo, hasta entonces independiente, se convertirá en asalariada.

El éxito de Uber, Cabify y otras aplicaciones condujo a  un grupo de especuladores españoles a crear la empresa Moove Cars para dominar el mercado. En 2016 compraron diez licencias y a partir de ahí todo fueron entradas de nuevos socios y de capital.

Actualmente es la empresa que tiene más licencias VTC (300 con 600 conductores) y está dirigida por el fondo estadounidense Kind Street Capital Management a través de Jaime Castellanos, que desde 1998 presidió el Grupo Recoletos, propietario en aquel entonces de periódicos como Expansión, Marca o Telva.

Moove Cars compite directamente con Vector Ronda Teleport, una empresa propiedad de Rosauro Varo, el antiguo dueño de Pepephone. Ambas empresas quieren dominar las flotas que utilizan Cabify y Uber en España para transportar viajeros.

Manuel Puga, Consejero Delegado de Moove, señaló que el objetivo de la empresa era crear 10.000 empleos y transportar 100.000 pasajeros al día. El propio directivo declaró que la empresa aspiraba a facturar en 2020 más de 400 millones de euros.

Los conductores de Moove cobran alrededor de 1.000 ó 1.100 euros al mes con jornadas de trabajo interminables. Los contratos laborales son de 40 horas pero la empresa obliga a trabajar entre 50 y 60 a la semana.

La empresa cuenta con varios grupos de Whatsapp donde los mensajes a los trabajadores presionan para aumentar la facturación y los trayectos. “No dijeron las condiciones por lo cual no sabemos lo que tenemos que facturar”, escribe uno de los trabajadores. El jefe zanja la discusión al mejor estilo mafioso: “Las condiciones os las doy a cada uno en privado, se acabó el tema”.

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