Más de medio millón de personas se manifestaron ayer en toda Francia durante una jornada de movilizaciones contra la carestía de la vida, que ha estado marcada por el incendio del ayuntamiento de Limoges, las 1.200 detenciones y graves enfrentamientos con la policía en varias ciudades.
Un joven de 17 años perdió la mano derecha a causa de la explosión de una granada lanzada por la policía en la ciudad de Saint-Etienne. Por la tarde, en Limoges unos decenas manifestantes asaltaron el ayuntamiento, incendiaron el edificio y destruyeron la planta baja. La policía se refugió en el edificio y recurrió al lanzamiento de gas lacrimógeno para dispersar a la multitud, reunida en la explanada.
Una comisaría de policía en Burdeos fue destruida, mientras que en Lyon los manifestantes incendiaron una oficina de turismo.
El Ministerio de Interior registró 140 acciones distintas en todo el país, que movilizaron a 550.800 personas. El sindicato CGT, que participó en las protestas, dijo que participaron 800.000 personas. El llamamiento a salir a la calle tuvo una repercusión especial entre los jóvenes.
Asimismo, se llevaron a cabo 1.200 detenciones a escala nacional. La mayor parte de ellas tuvieron lugar en París, donde la policía disolvió dos manifestaciones no autorizadas. Las movilizaciones han reunido a los antiguos “chalecos amarillos” y estudiantes, conformando un movimiento heterogéneo impulsado por un malestar creciente ante las subidas de precios.
Calles enteras en París “han sido devastadas”, dijo el alcalde de la capital, Emmanuel Gregoire, donde la tensión aumentó rápidamente en las inmediaciones de la Plaza de la República, punto de partida de la manifestación principal. La policía utilizó gases lacrimógenos en varias ocasiones para contener a los manifestantes, la mayoría de ellos con el rostro cubierto y vestidos de negro. Algunos lanzaron artefactos pirotécnicos.
La policía esperaba unos 150.000 manifestantes fuera del área metropolitana de París y cerca de 40.000 en la capital, unas previsiones que acabaron desbordadas. Los gritos más coreados fueron “Macron dimisión” y “Todo el mundo odia a la policía”. En La Rochelle los manifestantes desfilaron detrás de una pancarta que decía “Revolución o muerte”.
Un contexto social explosivo a seis meses de las elecciones presidenciales
En París, decenas de miles de personas marcharon a través del este y norte de la ciudad en una marcha importante, algunos gritando «Todo el mundo odia a la policía» y «Macron, renuncia».
Los medio de comunicación no se libraron de la ira popular. Se produjeron 21 detenciones tras una acción frente a la sede de la cadena CNews, durante la cual se lanzaron proyectiles. También se registraron incidentes en otras regiones: un edificio de la Facultad de Letras de Ruan sufrió un incendio, al parecer provocado, mientras que en Marsella fue atacada una comisaría de la policía municipal. En Lyon, los antidisturbios dispersaron con gases lacrimógenos a cerca de 300 personas que se habían concentrado frente a la universidad.
En Toulouse la policía intervino para impedir el bloqueo de trenes y de una rotonda.
“Estamos hartas de la esclavitud de unos salarios miserables mientras los alquileres siguen subiendo”, dijo una maestra a los periodistas en Estrasburgo. “A fin de mes no me queda nada; los precios suben, pero los salarios no. Ya no podemos más, nos estamos asfixiando”, aseguraba por su parte un funcionario de unos cuarenta años que participó en una manifestación en Gueret junto a otras 300 personas, de las cuales una cuarta parte eran estudiantes.
Una madre preocupada por el futuro denunció que “desde hace décadas”, poco a poco, un trocito por aquí, otro por allá, los gobernantes han ido recortando los servicios públicos, mientras que, al mismo tiempo, los millonarios acumulan cada vez más dinero.
Los sindicatos ya han convocado a los trabajadores de los sectores público y privado a una nueva jornada de huelga y manifestaciones para el próximo 5 de noviembre, con el fin de defender los salarios y los servicios públicos.
El movimiento de los “chalecos amarillos” surgió entre 2018 y 2019 a raíz de las protestas contra el aumento de los impuestos a los combustibles, para luego extenderse a una amplia variedad de reivindicaciones. Francia, la segunda economía de la zona euro, se enfrenta a una situación de fuerte endeudamiento, en un clima social muy tenso debido al fuerte incremento de los precios de los combustibles.