Ya no es conspiranoico hablar de ovnis porque el Pentágono ha confirmado su existencia

Como hemos explicado tantas veces, una tesis es conspiranoica y anticientífica en función de quién la exprese. Da igual que sea sobre virus que sobre ovnis. En medio de la avalancha de intoxicación sobre los primeros, los virus, ha comenzado la intoxicación sobre la segunda, los ovnis.

Antes los ovnis era un asunto del que sólo se ocupaban elementos como Iker Jiménez, o sea, que resultaba ridículo el mero hecho de hablar de ellos. Antiguamente a los ovnis los llamaban “platillos volantes”. Fueron característicos de la Guerra Fría y lo que se llamó “la conquista del espacio” por los soviéticos: el vuelo tripulado de Gagarin, el lanzamiento del Sputnik…

Los soviéticos habían llegado al cielo y en Estados Unidos hablaban de platillos volantes y marcianos, o sea, lo que hoy llaman extraterrestres y exobiología.

Ahora los avistamientos de ovnis ya no están en los expedientes secretos del Pentágono y las seudociencias se han puesto de moda, de la mano de los medios de intoxicación más “prestigiosos”, esos cuyas noticias nunca son bulos, no necesitan fuentes, ni verificadores de hechos que las contrasten. “Los ovnis existen y el Pentágono lo ha confirmado: ¿por qué no nos lo tomamos en serio?”, pregunta GQ (1).

Los ovnis ya no son cosa de magufos. Ya podemos hablar sobre ellos sin miedo de que nos acusen de chalados. Hace un año el New York Times escribió sobre tres vídeos de ovnis desclasificados por la Marina. La semana pasada el New Yorker publicó otro y la veda se ha abierto en la prensa mundial, incluso en la deportiva (2). El Pentágono es la fuente para hablar de ovnis y los medios estadounidenses ejercen de correa de transmisión.

Los ovnis desafían las leyes de la física, e incluso las de la lógica. Pero eso no significa que sea mentira, un fraude, sino todo lo contrario. Al argumento se le da una vuelta de tuerca para decir que se trata de extraterrestres, una civilización avanzada. Posiblemente acabaremos leyendo que los ovnis proceden de un laboratorio chino.

La palabra “ovni” es un acrónimo para referirse a algo no identificado. Por lo tanto, cualquier cosa puede ser un ovni o, en otraas palabras, los ovnis no son nada. Lo que les da credibilidad son las fuentes que propagan los avistamientos, que ahora proceden de los despachos oficiales, e incluso del mismo Pentágono, un origen del que no cabe dudar. “La confesión del Pentágono sobre los ovnis lo cambia todo”, dice El Confidencial (3).

Los que han cambiado no son, pues, los ovnis sino el Pentágono, que los ha sacado del armario, y hay que preguntarse por los motivos de ello. La explicación es la misma que con los virus, que son siempre una amenaza. Los ovnis y los extraterrestres también son una amenaza porque si Estados Unidos no tuviera amenazas, tampoco tendría armas y sin ellas no hay dinero.

El nuevo jefe de la NASA, Bill Nelson, se ha subido al carro y quiere “investigar” la existencia de ovnis. En una entrevista publicada el martes, Nelson dijo que nadie -ni siquiera la dirección de la agencia espacial- sabe qué son exactamente los ovnis detectados por las fuerzas de la Marina (4). La NASA hace lo mismo que el Pentágono: cuando necesita dinero excita la imaginación de los diputados que aprueban los presupuestos con leyendas sobre ovnis y extraterrestres.

Las amenazas de la OMS se llaman virus y pandemias. Su solución son vacunas. Las del Pentágono son extraterrestres y su remedio son las armas.

No sabemos nada de los extraterrestres, excepto que quieren acabar con Estados Unidos y su estilo de vida, lo cual es intolerable. En todas las películas de extraterrestres aparece el ejército para salvar al mundo de sus pretensiones de invadirnos. Hay que matarlos en cuanto pisen el suelo terrícola. Para ello, el Pentágono necesita nuevas armas, más sofisticadas, y más dinero para fabricarlas.

Esta película ya la vimos en los ochenta, cuando Reagan inventó la “guerra de las galaxias” para acabar con la URSS. “Los funcionarios de inteligencia creen que al menos algunos de los fenómenos aéreos podrían ser obra de la tecnología experimental de una potencia rival, muy probablemente Rusia o China”, según el Times. “Un alto funcionario informado del asunto dijo sin dudar que los funcionarios estadounidenses sabían que no era tecnología estadounidense. Añadió que los funcionarios de inteligencia y militares temían que China o Rusia estuvieran experimentando con la tecnología hipersónica” (5).

De esta manera pasamos a un asunto más terrenal: los extraterrestres son países como Rusia, China, Corea o Irán, y las naves espaciales son en realidad armas hipersónicas para las cuales el Pentágono no está suficientemente preparado. Tanto si son extraterrestres como rusos, la conclusión es la misma: el ejército de Estados Unidos necesita más armas y más dinero para fabricarlas.

(1) https://www.revistagq.com/noticias/articulo/ovnis-existen-pentagono-confirmacion
(2) https://www.marca.com/tiramillas/actualidad/2021/05/31/60b46796ca47411c1b8b45c1.html
(3) https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2019-07-21/confesion-pentagono-ovnis-cambia-todo-area-51_2018738/
(4) https://edition.cnn.com/2021/06/04/tech/ufos-nasa-study-scn/index.html
(5) https://caitlinjohnstone.substack.com/p/msm-wastes-no-time-using-senate-ufo

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