Europa necesita su propio plan de acción contra los ataques híbridos y debe ponerse de acuerdo urgentemente para responder a “ciertos incidentes”, dijo ayer la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen. En su discurso sobre el Estado de la Unión, anunció un nuevo mecanismo de acción conjunta, parecido al artículo 4 del Tratado de la OTAN.
En el futuro la Unión Europea debería reaccionar rápida y coordinadamente a las crisis de seguridad. No se refería a la crisis de Ceuta sino, en general, a cierto tipo de acciones por debajo de un ataque armado, pero que amenazan la seguridad: ciberataques, sabotajes, incendios provocados e intrusión de drones.
El artículo 4 del Tratado de la OTAN establece el mecanismo de consulta entre los miembros de la Alianza: las partes deben reunirse cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las partes se vea amenazada.
Pedro Sánchez calificó la avalancha de Ceuta precisamente como un ataque a la integridad territorial de España, pero a Von der Leyen sólo le preocupa Rusia. Habló de los incidentes en Lituania, Dinamarca y Polonia, que aumentan a diario, dijo. Sin embargo, la autoría de ese tipo de acciones, o se trata de acciones de falsa bandera, o es difícil de probar.
Una vez que un Estado miembro de la Unión Europea activa el mecanismo, todos los países de la Unión Europea deben reunirse. En conjunto, deberían votar sobre una respuesta común, disuadir una mayor escalada y limitar el impacto del incidente.
Las medidas a tomar serían objeto de debate. Se podrían concebir medidas diplomáticas, sanciones, intercambio de información de inteligencia, asistencia técnica o una mayor protección de la infraestructura crítica. Una operación militar no activaría el protocolo.
La Unión Europea ya tiene un botón del pánico
Sería una especie de botón del pánico: un país afectado podría llamar a la mesa a los otros miembros a corto plazo, incluso antes de que un incidente cruce el umbral de un ataque armado abierto.
Von der Leyen no proporcionó más detalles sobre los plazos, las normas de toma de decisiones y las posibles reacciones. Por lo tanto, la propuesta es una mera declaración política y no un mecanismo establecido.
El artículo 4 del Tratado de la OTAN solo obliga a los aliados a consultarse entre sí. No debe confundirse con el artículo 5, que regula la defensa colectiva tras un ataque armado. Pero incluso el artículo 5 no significa que todos los estados de la OTAN entren automáticamente en una guerra. Cada aliado decide por sí mismo las medidas que considera necesarias, que pueden incluir el uso de la fuerza militar.
En caso de un ataque armado, la Unión Europea ya tiene su propia regulación. De conformidad con el artículo 42, apartado 7, del Tratado de la Unión, los países miembros deben asistencia a otro que se vea atacado con todos los medios a su disposición. La cláusula también tiene en cuenta la neutralidad de los países individuales y el papel especial de la OTAN para sus miembros.
Además, en el Reglamento integrado para la respuesta política a las crisis ya existe otro procedimiento con el que los 27 pueden coordinar su respuesta a las grandes crisis. Suele ser gestionado por la Presidencia del Consejo y fue creado contra el “terrorismo”, las “pandemias” y otras crisis transfronterizas.
El nuevo mecanismo de Von der Leyen aparentemente es para responder específicamente a las amenazas de seguridad. La diferencia clave sería que un solo miembro podría iniciar las consultas y el mecanismo se adaptaría explícitamente a los ataques híbridos por debajo del umbral de un ataque armado.
El Consejo Europeo de Seguridad
Además, Von der Leyen anunció sus planes para multiplicar la burocracia de Bruselas con un Consejo Europeo de Seguridad, un órgano de coordinación política y estratégica para las crisis internacionales. Se sumaría al Consejo de Seguridad de la ONU, al Consejo Europeo y a otros “consejos” tan abundantes.
Von der Leyen no explicó cómo estaría compuesto el nuevo Consejo de Seguridad, a quién se le permitiría convocarlo y si los socios europeos fuera de la Unión Europea también podrían participar. Tampoco está claro si debería aprobar las decisiones por unanimidad y qué competencias tendría.
Afortunadamente, la Presidenta no puede poner en marcha ambos proyectos por sí misma. Para un nuevo mecanismo de seguridad, los países miembros al menos tendrían que ponerse de acuerdo políticamente. Si eso requiere un cambio en los tratados europeos, el procedimiento sería aún más complejo. Por lo tanto, el discurso de Von der Leyen marca el comienzo de un debate que no conduce a ninguna parte.