Ayer el expresidente de Kosovo, Hashim Thaçi, fue condenado a 25 años de cárcel por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. La sentencia fue hecho pública por el Tribunal Especial de Kosovo en La Haya. Entre otros delitos, declaró a Thaçi culpable de secuestros, torturas, asesinatos y tratos crueles.
La acusación pedía 45 años de prisión por los delitos cometidos por Thaçi y tres comandantes coacusados del Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK) durante la Guerra de Kosovo. El UÇK fue un grupo creado, financiado y adiestrado por la OTAN en los años noventa para destruir Yugoslavia y luego Serbia.
El Tribunal se creó en 2015 para juzgar los crímenes cometidos por los miembros de UÇK, dejando al margen las responsabilidades de la OTAN y de los servicios de inteligencia alemanes que dirigieron las actividades del grupo terrorista desde su fundación en los años noventa. Para preparar la guerra contra Serbia, en 1990 Thaçi se exilió en Suiza durante cuatro años, donde el espionaje alemán le adiestró en técnicas de terrorismo.
El objetivo asignado por Alemania a UÇK fue el de enfrentar y dividir a Yugoslavia. La brutal guerra acabó, de momento, con la creación de un nuevo Estado fantoche en Kosovo, patrocinado por la Unión Europea.
Conocido como “El Serpiente”, Thaçi ocupaba la presidencia de Kosovo cuando fue acusado formalmente en noviembre de 2020, dimitió de su cargo y se entregó a las autoridades en La Haya, donde quedó bajo custodia. Durante el juicio, la fiscalía presentó pruebas sobre asesinatos, torturas, persecuciones y detenciones ilegales de personas en campamentos situados en Kosovo y en el norte de Albania. Según el escrito de acusación, estos crímenes fueron perpetrados por miembros del UÇK contra cientos de civiles serbios, gitanos y albanokosovares.
Durante la guerra a los presos serbios les arrancaron sus órganos en vivo y durante años el Estado kosovar fue el centro neurálgico del tráfico de órganos humanos. Los tribunales europeos ya han condenado a cinco médicos kosovares a penas que van hasta los ochos años de cárcel. Formaban parte de una red que operaba desde una clínica en las afueras de Pristina, la “capital” kosovar.
Alrededor de 13.000 personas perdieron la vida en la Guerra de Kosovo. De ellas, 11.000 eran albanokosovares, en su gran mayoría civiles. La guerra terminó con una campaña de bombardeos de la OTAN que obligó a las tropas serbias a retirarse del territorio.