El fin del mundo está cada vez más cerca: la inteligencia artificial va a acabar con la humanidad

El 8 de septiembre un ingeniero de Anthropic, Jacob Coxon, anunció el fin del mundo en las redes sociales. Atribuyó el nuevo “apocalipsis” a la inteligencia artificial y para reforzar su gilipollez dimitió de la empresa. El mensaje obtuvo más de 157 millones de visitas y la tonteoría fue instantáneamente reproducida por los medios de todo el mundo.

Poco después, Evan Hubinger, cabecilla de la misma empresa, volvió a insistir en la estupidez de Coxon y la matizó aún más: “Creemos seriamente que la IA podría matar a todos los humanos. Personalmente creo que hay [más de] un 10 por cien de posibilidades en la próxima década”.

Finalmente, Anthropic tomó el relevo con un informe de 154 páginas que confirmaba la profecía (*): los malvados están usando la inteligencia artificial para exterminar cualquier rastro de vida sobre el planeta. Por si alguien tenía dudas, los malvados tienen nombres y apellidos:

— los huthíes de Yemen intentan construir misiles hipersónicos
— China utilizó la inteligencia artificial para infiltrarse entre los uigures musulmanes
— Rusia espía y piratea los servidores ucranianos
— Irán recurre a Claude para sus campañas de influencia y guerra cognitiva
— algún científico loco intenta diseñar un virus genéticamente modificado del chikungunya

El detonante de esta farsa, como el de otras es obvia: desde febrero de este año los modelos chinos de inteligencia artificial se empiezan a utilizar con más asiduidad que los estadounidenses, como muestra el gráfico adjunto, lo cual pone a los monopolios tecnológicos al borde del abismo: nunca van a poder devolver las gigantescas cantidades de dinero que han pedido prestadas.

Como la inteligencia artificial es otra “amenaza”, lo mismo que Rusia, lo mejor es recurrir a chatbots inofensivos que tengan el aval del gobierno de que no son perjudiciales para la salud de los usuarios.

Hay que “regular” la inteligencia artificial, dice OpenAI, para que no pueda perjudicar a la humanidad. La Unión Europea debería crear un equivalente de la Agencia del Medicamento que haga un listado de los buenos chatbots y prohíba los malos.

Ya hay empresas, como Newtral, entregadas en cuerpo y alma a diferenciar entre las noticias veraces y las falsas. Se podrían encargar también de la inteligencia artificial “buena”, para diferenciarla de la “mala”.

Es la única manera de que la humanidad se salve de un exterminio inminente. Lo mismo que hay una lista negra de “organizaciones terroristas”, Anthropic ha creado algo parecido, al que llama Grupos de Amenazas Generativas en la que figuran los que “abusan” de los chatbots para propósitos inconfesables.

Los cabecillas de los monopolios tecnológicos están divididos

El lunes los cabecillas de las grandes empresas tecnológicas se unieron para pedir una “regulación” que frenara el desarrollo de la inteligencia artificial, que avanza demasiado rápidamente, según dicen. Los disidentes fueron Zuckerberg y Jensen Huang, de Nvidia, que son partidarios de acelerar su desarrollo para no perder el ritmo de los chinos.

Trump se ha pronunciado a favor de estos dos últimos: si no echan a correr ya, Estados Unidos puede perder definitivamente la carrera con China. Además, no se debe olvidar que la inteligencia artificial es un problema de seguridad nacional.

Recientemente el dirigente australiano de la oposición, Andrew Hastie, dijo que el fracaso en la inteligencia artificial dejará a Australia como un mendigo. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, abundó en lo mismo: “No hay nada inherentemente malo en importar en lugar de producir nuevas tecnologías. Pero hay razones por las que la inteligencia artificial es especial”.

(*) https://www.anthropic.com/threat-intelligence-report-september-2026

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