Una de cada cuatro leyes que hoy están vigentes la firmó el criminal Franco

Todavía queda alguno que insiste en que el franquismo es cosa del pasado, pero casi una de cada cuatro de las 1.278 leyes que hoy están vigentes la firmó Franco de su puño y letra.

En total son casi 300 leyes, sin contar los decretos, órdenes y otras disposiciones jurídicas de muy diverso rango que también siguen vigentes desde que las aprobara algún gobierno o ministro franquista.

Desde 1960 el Boletín Oficial del Estado compila todas las disposiciones que se aprueban, tanto si están vigentes como si no lo están. Entre ese año y la muerte del criminal Franco en 1975 se promulgaron 1.444 leyes. Las que sobrerviven constituyen, pues, un 27 por ciento de lo legislado en este periodo.

Otras leyes franquistas, como el Código Penal, han estado vigentes hasta hace muy poco tiempo, por lo que gran parte de la represión se ha estado llevando a cabo bajo las reglas del franquismo, con policías del franquismo y procedimientos también franquistas.

Otro ejemplo es la ley franquista de secretos oficiales aprobada en 1968 que, hasta el año pasado, ningún diputado pensó siquiera en reformar nunca. ¿Para qué?

Lo mismo ocurre con la jurisprudencia, las sentencias del Tribunal Supremo que se invocan en cualquier pleito, que también siguen plenamente vigentes y se pueden leer en los repertorios jurídicos, como si el tiempo no hubiera pasado en absoluto.

Por fin, hay numerosas instituciones creadas por el franquismo que siguen en pie, funcionando a pleno rendimiento, la más conocida de las cuales es la Audiencia Nacional.

Al decir todas estas cosas parece que las nuevas leyes que han sustituido a las anteriores son mejores que ellas o incluso que son distintas al franquismo. Es otro error. Como difundió el New York Times cuando se aprobó la ley mordaza, “Vuelven los días oscuros de Franco”.

¿Vuelven o nunca se fueron? Ya es triste que un país tenga leyes que fueron aprobadas bajo un régimen asesino, pero es aún mucho peor que nos impongan nuevas leyes que son iguales o peores que aquellas.

El Estado actual y las normas por las que se regula son una pesadilla que sigue viva, a pesar de que insistan una y otra vez en decir lo contrario. Siempre hablan de los cambios que se han producido a lo largo de estos años, pero se callan lo que no ha cambiado.

Lo que ellos no han cambiado, hay que hacerlo cambiar de todas formas.

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