‘Trabajo en la mina para comprarme un televisor de pantalla plana’, dice un niño boliviano

Hace 700 años, el cerro de Porco ya era el primer yacimiento de plata en Potosí, antes del descubrimiento del Cerro Rico. Hoy en día, más de un millar de cooperativistas aún rasgan el mineral de las entrañas de ese macizo, entre ellos adolescentes y niños pertenecientes a familias de bajos recursos económicos que migran desde otras regiones del país.

En las cooperativas mineras de Porco el trabajo infantil es un secreto a voces. Cuando la cotización de los minerales está en alza, decenas de familias de escasos recursos con adolescentes y niños llegan para trabajar en la mina atraídos por la buena paga.

Mientras los dirigentes niegan aquel extremo al afirmar que hay jóvenes desde los 18 años, otra es la realidad en los polvorientos senderos que conducen al yacimiento minero a más de 4.100 metros de altitud, hasta donde suben cada mañana, entre mineros adultos, algunos menores de edad.

En Bolivia, el trabajo de los adolescentes es legal desde los 14 hasta los 18 años y para ello se debe llenar un formulario que permite a las autoridades hacer un seguimiento a sus derechos. Esa tarea fue encargada a la jefaturas de trabajo departamentales, gobiernos municipales y departamentales a través de sus unidades de protección a los niños, niñas y adolescentes.

La norma no se cumple. “Sí, sí, hay menores de 14 años y cuando subimos (al cerro) a realizar una inspección laboral, ellos se van. Saben (los cooperativistas) que no deben estar ahí los menores de 18 años. (Pero) Les hacen trabajar clandestinamente y creo que por eso a las dos semanas ya los empiezan a sacar” de las cooperativas, sostiene Jhosseline Gaspar, directora del SLIM (Servicio Legal Integral Municipal) de Porco.

Desde la Unión de Niñas Niños y Adolescentes Trabajadores de Bolivia (Unatsbo) Héctor Soliz, el responsable y colaborador en Potosí, confirma que hay niños mineros trabajando en varias minas del departamento de Potosí. Cita además al Cerro Rico y los centros mineros de Llallagua y Uncía.

Por una pantalla plana de televisión

En Porco y el Cerro Rico de Potosí, en muchos casos, los niños y adolescentes crecen con el ideal de convertirse cuando sean grandes en mineros exitosos. Las historias de familiares que encontraron una veta de plata que les cambió la vida son habituales en un contexto donde hay pocas oportunidades de trabajo. La primera alternativa es la mina, la otra opción es migrar a la Argentina.

En Porco el mítico cerro alberga a tres cooperativas y una empresa privada. Huayna Porco es una de las cooperativas, que posee unos 380 socios y si contamos a los obreros, la cifra fácilmente supera los 600 trabajadores, que en épocas de buenos precios del mineral puede duplicarse.

En afueras de uno de los socavones, un adolescente espera que el reloj dé las 9:00 para ingresar a la mina. “Yo vine con mi papá, él es de Cochabamba y estoy acá porque quiero ganarme algo de dinero para comprarme un televisor de pantalla plana. El trabajo no es peligroso, sólo hay que cuidarse de las explosiones” de dinamita, cuenta José. Asegura que tiene 15 años, su rostro dice otra cosa.

Los cascos les quedan grandes, los uniformes quedan sueltos para estos adolescentes que desafían el frío con poleras deportivas para luego entrar al cerro, donde las decenas de galerías dejaron al macizo como un verdadero hormiguero, un rincón por el que transitan los “niños topos”.

“El 2019 también vine (tenía 14 años). El polvo (copajira en interior mina) nos hace mal, de eso también hay que cuidarse”, añade José (nombre ficticio). Al igual que otros mineros, no usa barbijos pese al riesgo del contagio del coronavirus aún latente en Bolivia: otra amenaza sanitaria que ignoran en las minas.

Trabajar en la mina es peligroso, pero lo es aún más en el sistema cooperativista, donde en algunos casos los obreros y los adolescentes, que dependen de un socio, no cuentan con el seguro médico. Cada uno se protege y cuando hay un accidente se comunican entre ellos, para auxiliar. El socio se hace cargo y se le paga su indemnización al obrero, que puede ser menor de edad, cuenta el minero Ubaldino Rodríguez.

Nicolás Marín, uno de los responsables de la Fundación Voces Libres, que ayuda a niños y mujeres guarda en el departamento, refiere que “los niños se accidentan en las minas, pero nadie se hace cargo de los gastos”.

Accidentes laborales de los niños

Reyna Paucara Canaza, directora del Centro de Salud de Porco, hasta donde llegan muchos cooperativistas después de algún accidente laboral, informa que entre julio y octubre de 2020, seis mineros fallecieron. La cuarentena por la pandemia, que paralizó las operaciones desde marzo hasta mediados de julio, redujo también el número de lesionados.

No obstante, cuando el precio del mineral está alto, llegan más obreros y por semana muere una persona, por lo que en un año se puede llegar hasta 48 fallecidos en la montaña. “Tenemos tres accidentes mínimos por semana (144 por año) y las muertes son de uno por semana (48). Eso pasó en 2017”, cuenta Paucara. Lesiones por caída de rocas, planchones son las más comunes. En muchos casos los mineros asumen los gastos.

El centro de salud de Porco recibe pacientes mineros cooperativistas adultos, pero también a menores. Los más jóvenes son de 11, 12 y 13 años, pero también de 15 y 17 años, “que es lo más común”, corrobora la directora.

No sólo llegan pacientes mineros varones. En 2017, producto de una intoxicación con los gases minerales, un grupo de mineros fue evacuado hasta ese centro. “El gas se impregna a la ropa y, claro, teníamos que desvestirlos y en esa tarea encontramos a una jovencita. Era mujer. Se visten de hombres para trabajar en la mina, porque les pagan bien”, indica Canaza.

En Porco, además de las cooperativas, opera la empresa Illapa, que tiene trabajadores asalariados que, según la empresa, acceden al seguro de salud dotados de ambulancias y equipos médicos para la atención inmediata. Los cooperativistas deben acudir al sistema de salud pública, entre ellos niños y adolescentes.

Los cooperativistas lo niegan

Carlos Mollo, presidente de la Federación de Cooperativas Mineras de Potosí, que agrupa al menos unas 80, que dan empleo a unos 50.000 trabajadores en toda esa región, rechaza que exista trabajo infantil en las minas.

“No entran (los menores) porque no son productivos. Los hijos de las palliris (seleccionadoras de mineral) venden mineral, pero no entran a la mina”, afirma enfático Mollo desde su oficina en el centro de la ciudad de Potosí. Para él los jóvenes que ingresan a interior mina tienen 18 años. Consultado sobre la realidad en Porco, a 52 kilómetros de la capital potosina, Mollo indica que en esa zona minera tienen normas distintas y está alejada de nuestra federación.

Cuando se le informó que el centro de salud atiende también a mineros de 11 hasta 17 años, Mollo respondió sorprendido: “Son 80 cooperativas que hay que atender, tenemos poco tiempo, pero tenemos dirigentes que trabajan en los talleres de sociabilización contra el trabajo infantil, pero no siempre estamos llegando al 100 por 100 (de las cooperativas). Esa es una de nuestras debilidades, haremos que mejore, porque no podemos permitir que niños y niñas estén corriendo ese riesgo”.

Elías Choque, presidente de la administración de la Cooperativa Huayna Porco, sostuvo por su lado que no admiten el trabajo infantil. “No permitimos en áreas mineras el trabajo infantil, porque es un delito que un menor de edad trabaje en la mina. Es riesgoso”.

Explicó que en algunos casos, hijos acompañan a sus padres que a la vez son socios, pero los menores no trabajan. El socio debe ser responsable de su hijo, no puede entrar a la mina. Ahora, de vez cuando, los llevan para que se distraigan, pero no se permite que trabajen en interior mina.

Hebert Ruiz, jefe departamental de Trabajo en Potosí, no respondió. Con anterioridad, el entonces responsable de ese despacho, Alberto Calle, sostuvo que ese despacho no tiene la tuición para fiscalizar a las cooperativas mineras.

Desde los 7 años, los niños realizan 7 tareas en las minas

En los centros mineros, niños y adolescentes que en la mayoría de los casos son hijos de mineros o mujeres guarda, ineludiblemente comienzan a temprana edad su vínculo con esta actividad. En un primer momento escogen el mineral con sus madres, hasta convertirse en perforistas cuando cumplen los 18 años.

Nicolás Marín, activista de la Fundación Voces Libre, que ayuda a mujeres y niños que cuidan las bocaminas en Potosí, revela que los menores de edad desempeñan cinco oficios en el trayecto hasta convertirse en mineros adultos.

Un dirigente de la mina San Germán tenía a sus dos hijos de siete y ocho años trabajando y cuando yo le pregunté por qué lo hacía, me respondió: “Por si me pasa algo a mí, ellos deben aprender”, relata Marín.

En las minas del Cerro Potosí y también de Porco algunos niños de siete y ocho años, pertenecientes a familias de mineros cooperativistas, empiezan con tareas sencillas. “A los siete y ocho años comienzan a elegir el mineral (pequeños palliris) como sus madres”, añade Marín.

Luego al cumplir los 12 años comienzan a ingresar a los socavones para empujar las carretillas y por ello son bautizados como los carretilleros. Dos años después, cuando cumplen 14, entran a la mina a chasquear con pala material minero a los carros. Cargar con pala el producto minero.

“A los 16 años comienzan a carretear”, indica Marín. Aquella labor requiere de mucha fuerza porque se debe empujar el carro con el mineral por los rieles y tras toda esa experiencia de aproximadamente ocho años, el adolescente ya está listo para ser perforista, que también requiere de mucha energía para sostener la máquina y soportar el golpeteo sobre la roca.

En Porco, la directora del SLIM (Servicio Legal Integral Municipal), Jhosseline Gaspar, informa que debido a que algunos cooperativistas no avisan que tienen a menores de edad trabajando para ellos. Cuando hay accidentes o fallecen sus papás y quedan niños, no nos avisan (los cooperativistas) y tenemos que investigar para ayudarles, porque en algunos casos no les quieren resarcir económicamente.

Héctor Soliz, coordinador y colaborador de la Unión de Niñas Niños y Adolescentes Trabajadores de Bolivia (Unatsbo), añade que tras una inspección laboral detectaron a 19 menores de edad en cooperativas de Llallagua y Uncía, pero que no hay datos generales del departamento de Potosí.

No obstante, la directora del centro de salud de Porco, Reyna Paucara, confirmó que los pacientes mineros, que atienden periódicamente, tienen entre 11 y 17 años. En 2017, una jovencita, que se disfrazó de varón sufrió un accidente laboral y fue evacuada al nosocomio.

https://www.paginasiete.bo/sociedad/2021/1/4/ninos-topos-eslabon-oculto-de-mineria-cooperativizada-en-porco-279978.html

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