Tecnología persuasiva

Una imagen: una bola con pinchos
Una palabra: coronavirusUna interpelación: peligro
Una solución: aislamiento, mordaza, vacuna…

En el mismo año 1971 que en Alemania Federal se cerraba el centro correccional Eichenhof dependiente del Tribunal Tutelar de Menores después de una ola de protestas posteriores a la realización del documental con guión de Ulrike Meinhof y dirigido por Eberhard Itzenplitz “Bambule” en el que se denunciaba las condiciones de represión en el citado centro (1), en la Universidad de Stanford en Estados Unidos se realizaba el experimento sobre comportamiento social “La Cárcel” el cual fue suspendido, dicen, debido a los nefastos efectos psicológicos sobre los participantes. De todos modos las técnicas en aquel momento puestas en práctica no solamente no se detuvieron sino que se han ido acrecentando, modificando y perfeccionando a lo largo de los años por parte de los sistemas represivos en todo el mundo, carcelarios o no carcelarios.

Y, es dentro de los no carcelarios, es decir dirigidos a las personas aparentemente en libertad, que los laboratorios de investigación psicológica y sociológica de las universidades más “prestigiosas” han realizado y están realizando los experimentos de condicionamiento social más despóticos, dirigidos básicamente al mercado, al consumo y a la aceptación voluntaria del estado de las cosas. Concretamente en Stanford desde 1997 está en funcionamiento un laboratorio de investigación sobre tecnología del comportamiento, el Stanford Persuasive Tech Lab que forma parte del departamento H-Star Institut.

Dentro de este entramado está la llamada “Tecnología Persuasiva” en la cual, a tenor de sus defensores, prima la persuasión a la represión en un alarde de cinismo sin precedentes para justificar el lavado de cerebro de miles de millones de personas, como hemos podido comprobar en todo el mudo a partir del 11 de marzo cuando la OMS siendo portavoz de las grandes corporaciones declaró una pandemia mundial a sabiendas de las repercusiones éticas, sociológicas, psicológicas y económicas que conllevaba tal declaración paralela a una serie de medidas insólitas desde tiempos inmemoriales del siglo XIV en plena peste negra derivada de las consecuencias de la guerra de los cien años.

Burrhus F. Skinner, el psicólogo conductista más conocido y representativo, llegó a afirmar que el uso extendido de estas técnicas podría emplearse para modificar la sociedad humana, practicando en ella una especie de ingeniería. En su novela Walden dos, describe el funcionamiento y lo que podría llegar a ser una sociedad científicamente construida.

En el vídeo (2) de la web Wired titulado Cuando “la tecnología te conoce mejor de lo que te conoces a ti mismo” se entrevista a Yuval Noah Harari y Tristan Harris, miembros de CHT (Centro para la Tecnología Humana) que anteriormente habían trabajado en el Stanford Persuasive Tech Lab, Harari afirmó que «Ahora nos enfrentamos no sólo a una crisis tecnológica, sino a una crisis filosófica. Las corporaciones, los gobiernos están jugando con la tecnología para hackear a los seres humanos. Tal vez el hecho más importante de vivir en el siglo XXI es que ahora somos animales hackeables. Si sigues con la ilusión de que la elección humana no puede ser hackeada, no puede ser manipulada, y puedes confiar en ella completamente, y esta es la fuente de toda autoridad, entonces muy pronto terminas siendo un espectáculo de marionetas emocional”.

Es extremadamente irresponsable que se pueda tener un título en informática y en codificación, que se pueden diseñar todos estos algoritmos que ahora dan forma a la vida de las personas, y que no se tenga ningún conocimiento para pensar ética y filosóficamente sobre lo que se está haciendo. Resulta que estar dentro de la sociedad y tener contacto personal puede ser lo mejor, pues el confinamiento solitario es el peor castigo que nos podemos dar los seres humanos, puesto que la tecnología basada para maximizar el aislamiento está diseñada para maximizar el tiempo que permanecemos en la pantalla. Si nos damos cuenta de que nuestros cerebros pueden ser pirateados, necesitamos un antivirus para el cerebro, al igual que tenemos uno para el ordenador.

Brian Jeffrey Fogg ha sido fundador y director del Laboratorio de Tecnología Persuasiva de Stanford. En el 2009, Fogg publicó el Modelo de Comportamiento Fogg (FBM), un modelo para analizar y diseñar el comportamiento humano. El FBM describe tres condiciones necesarias para que un comportamiento ocurra: (a) motivación, (b) habilidad y (c) un estímulo. La motivación puede ser influenciada por factores como el placer/dolor, la esperanza/miedo, y la aceptación/rechazo social. La habilidad puede verse afectada por el tiempo, el dinero, el esfuerzo físico, los ciclos cerebrales, la desviación social y la falta de rutina. Los estímulos también se conocen como desencadenantes. A partir de ahí diseñó el concepto “Captología” que, según sus palabras “se focaliza en el diseño, investigación y análisis de productos informáticos (o, más ampliamente, digitales) interactivos, creados con el propósito de cambiar las actitudes y comportamientos de la gente”.

Hemos podido comprobar sobradamente que la preparación, diseño y puesta en práctica del discurso pandémico se ha realizado siguiendo las pautas del FBM: utilizando el placer/dolor, la esperanza/ miedo, la aceptación/ rechazo social; el tiempo (las largas horas y días de confinamiento y restricciones a la movilidad, los problemas económicos, el cambio de los ritmos; y finalmente como estímulo la promesa de una vacunación.

En el blog de seguridad Security art Work, en un extenso análisis sobre la tecnología persuasiva, se pregunta: ¿por qué hablamos de programación o tecnología persuasiva en un blog de seguridad? Muy sencillo: para convencernos de que es preciso aplicar esas mismas estrategias al ámbito de la seguridad, por ejemplo para realizar ataques de ingeniería social. Fabriquemos un bulo y convenzamos a la gente de algo que nosotros queremos, transmitiéndoles que es lo correcto para ellos (3).

Nir Eyal explica en su libro Hooked, How to Build Habit-Forming Products que ha venido aplicando estas técnicas en el diseño de productos que crean dependencia. Para Eyal, el comportamiento de una persona puede ser diseñado por medio de la creación de hábitos que aseguren la fidelización de sus consumidores, manteniéndolos enganchados como el adicto a las drogas. “Lo reconozcamos o no, estamos manipulados. Las tecnologías que usamos nos han forzado a adoptar conductas y también han generado nuevas adicciones. Los psicólogos cognitivos definen los hábitos como “conductas automáticas estimuladas por señales situacionales” (4).

FOMO: Fear of Missing Out (el miedo a perdernos algo importante) nos obliga incoscientemente a revisar de manera compulsiva la pantalla del teléfono, de este modo cada minuto que pasa sin estar “en las redes” se convierte desde la psicología de los “infectados por la tecnología persuasiva”, en la posibilidad de perder algo y para que esto no suceda, se siente la necesidad de estar permanentemente conectados. Así han programado las redes sociales desde el inicio de la declaración de la pandemia enviando constantemente twits con frases o fotos de muertes, infecciones, contagios… sean o no reales.

Y, la pandemia ha funcionado como un test, estableciendo que los usuarios estén preparados para que la vida virtual 24/7 funcione (veinticuatro horas al día y siete días a la semana). Son la parte necesaria para que esta situación se reproduzca en la subjetividad de cada usuario, a efectos de la puesta en funcionamiento los grandes cambios tecnológicos exigidos por la industria 4.0.

Para evitar cualquier grieta en el sistema, los servicios de seguridad nacional de los Estados Unidos, Reino Unido (5), Unión Europea, Rusia, China y otros, han concretado que las herramientas cibernéticas previamente diseñadas para su uso en la «guerra contra el terror» posterior al 11 de septiembre de 2001, ahora se están aplicando para su uso contra fuentes de información que promuevan la vacilación sobre la beneficencia de las vacunas, que denuncian la corrupción de la industria farmacéutica o la información relacionada con la pandemia que va en contra del discurso oficial.

La tecnología se ha convertido en el petróleo del siglo XXI. (6). Las empresas tecnológicas, grandes defensoras de la pandemia, han sabido sacar buena tajada de ella para detentar el control de una parte muy importante de la economía mundial y para ello han recibido la inestimable ayuda de un virus microscópico. Es el mismo capitalismo con traje nuevo.

(1) Documental que a pesar de estar programado para emitirlo a través de la Arbeitsgemeinschaft der Rundfunksanstalten Deutschlands (Radio-Estudio de Alemania Federal) se eliminó de la programación en un alarde de censura
(2) https://www.wired.com/story/artificial-intelligence-yuval-noah-harari-tristan-harris/
(3) https://www.securityartwork.es/2014/03/26/tecnologia-persuasiva/
(4) https://www.leadersummaries.com/es/libros/detalle/enganchado-hooked
(5) https://unlimitedhangout.com/2020/11/reports/us-uk-intel-agencies-declare-cyber-war-on-independent-media/
(6) Boletín Tropia. El futuro llegó hace rato

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