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Memoria Histórica

En Crimea el zarismo quema sus últimos fuegos artificiales

En Crimea el recuerdo de la casa imperial está profundamente marcado por las cicatrices de la Guerra Civil. Fue el último baluarte del Ejército Blanco durante la Guerra Civil que entre 1917 y 1922 enfrentó a los bolcheviques con los últimos restos del zarismo.

El general Piotr Wrangel se refugió en Crimea con sus tropas para intentar resistir el avance del Ejército Rojo. Sin embargo, no logró unirse a las fuerzas del almirante Kolchak, sus tropas fueron diezmadas y se vieron obligadas a evacuar la península.

Tras el desmantelamiento de la URSS, aquellas hordas zaristas no fueron rehabilitadas por la historia, sino por un decreto del Kremlin.

Crimea fue uno de los destinos favoritos de los Romanov. A tres kilómetros de Yalta, el Palacio de Livadia recuerda a los habitantes de la península el esplendor de un Imperio que aún hoy alimenta sus fantasías. Fue en Alutsha, en Tataria, donde el 10 de octubre de 1894 Nicolás II conoció a su mujer, Alexandra Fiodorovna.

También fue allá, a orillas del Mar Negro, donde los últimos Romanov fueron evacuados por los británicos a Constantinopla junto a 150.000 contrarrevolucionarios.

El 31 de octubre del año pasado el gobierno local que preside Sergey Aksyonov decidió rendir un homenaje a los contrarrevolucionarios que cayeron en defensa del zarismo.

Invitó al Gran Duque Gregori Romanov a inaugurar un monumento erigido en honor de los miembros de la casa imperial que fueron justamente ejecutados en las Revoluciones de 1905 y 1917. En su discurso Romanov destacó la importancia del monumento para él mismo y para las generaciones futuras, antes de dar las gracias a los que financiaron la obra, expresando la esperanza de que este tipo de iniciativas encuentren apoyo en otras regiones de Rusia. “Te abrazo y te acaricio infinitamente, quiero mostrarte todo el poder de mi amor por tí. Siempre tuya hasta la muerte y más allá”, dijo en un discurso que quiso ser nostálgico, pero que acabó en caricatura.

El acto reunió a la escoria más reaccionaria de la península, que es muy poca. Acudió al homenaje una delegación de la Asamblea de la Nobleza Rusa, encabezada por Oleg Shcherbatchev, presidente del consejo central de la Sociedad de Descendientes de la Primera Guerra Mundial.

El dinero para levantar el monumento salió de los bolsillos del oligarca Konstantin Malofeiev, que sostiene la Fundación Basilio el Grande y el movimiento “Águila bicéfala”, últimas reliquias de un pasado atroz para los obreros y campesinos de la vieja Rusia zarista.

El monumento, que fue bendecido por el obispo Néstor de Yalta, se erigió en memoria de Nicolás II y su familia y se hizo un llamamiento a todos los escultores rusos para que inmortalizaran a la pareja imperial.

Los artistas contratados, Irina Makarova y Maxim Bataev, convencieron a un comité para supervisar el proyecto, que incluía al Gran Duque Gregori Romanov y a Elena Aksyonova, fundadora del canal de televisión Tsargrad y esposa de un dirigente del partido zarista de Crimea.

El monumento se compone de cuatro esculturas de bronce que representan al zar, la zarina el tío Serguei Alexandrovitch, ejecutado en la Revolución de 1905, y su esposa, la Gran Duquesa Elizabeth Fiodorovna. Tiene algo más de dos metros de altura y está coronado por una cruz ortodoxa.

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Memoria Histórica

El mayor guerrillero de la Segunda Guerra Mundial también combatió en España

Cuando se trataba de demoler edificios enemigos o descarrilar trenes, Ilya Starinov no tenía parangón en el Ejército Rojo. Tanto es así que Adolf Hitler personalmente puso una recompensa por su cabeza.

“El gran bombardero”, “abuelo de las Fuerzas Especiales Soviéticas”, “dios del sabotaje”, “genio de guerra”, así llamaban al coronel Ilya Grigorevich Starinov. Durante la Segunda Guerra Mundial dirigió la destrucción de 256 puentes y descarriló 12.000 trenes del enemigo.

Starinov participó en muchas operaciones y también se dedicó a la preparación y el entrenamiento de unidades. Además, creó personalmente varios tipos de minas y equipos subversivos que acabaron produciéndose en masa.

El talento de Ilya Grigórevich como saboteador se manifestó en toda su extensión durante la Guerra Civil española, donde llegó en 1936 como miembro de las Fuerzas Especiales Soviéticas y bajo el seudónimo de “Rodolfo”.

Starinov siempre abordaba su trabajo con mucho ingenio: en una ocasión escondió un explosivo en una cocina de campo recién capturada, que dejó en un puente y detonó al paso de una columna enemiga. En otra ocasión colocó la bomba en una mula que recogieron los soldados franquistas y llevaron contentos a su campamento fortificado. La explosión allanó el camino para un rápido ataque de las unidades republicanas que esperaban en las cercanías.

Para bloquear un importante túnel enemigo entre Peñarroya y Córdoba, escondió la mina como si fuera un neumático de un coche y la colocó sobre los rieles. Un tren que pasaba con municiones para las tropas de Franco lo enganchó y llevó el neumático al túnel, donde explotó. El fuego provocado por la detonación de la munición duró varios días.

El mayor éxito de Starinov en España le costó muchos nervios. Pensaba que al hacer saltar por los aires las vías férreas cerca de Córdoba, no habría cerca pasajeros civiles. Se sorprendieron al ver cómo un tren de pasajeros se acercaba a la bomba y era imposible detenerlo.

“Esa noche fue difícil para mí. No esperaba nada bueno del futuro. Sabía que no había lugar para excusas… toda nuestra operación, que nos habíamos esforzado tanto en preparar, estaba en peligro”, escribió en sus memorias, tituladas Notas de un saboteador. De alguna manera, lo que parecía que iba a ser un trágico evento se convirtió en un triunfo. Resultó que a la mañana siguiente el tren no llevaba pasajeros civiles, sino que pertenecía al cuartel general de la división de la Fuerza Aérea de Italia.

A su regreso a casa, Starinov casi fue víctima de la represión estalinista. Muchos de los suyos no tuvieron tanta suerte y fueron acusados de traición y fusilados. Conoció personalmente a muchos de los ejecutados, entre ellos a Yan Berzin, su supervisor directo en España. Starinov se salvó gracias al comisario y mariscal Kliment Voroshilov.

Poco después de la incursión nazi en la URSS, la doctrina soviética de “golpear a tu enemigo en su propio suelo y con pérdidas mínimas” dejó de funcionar y surgió la necesidad imperiosa de crear una amplia red de partisanos capaz de hacer sabotajes tras las líneas enemigas. La experiencia de Starinov resultó muy valiosa.

En octubre de 1941 se estaban produciendo sangrientos combates en Járkov, un gran centro industrial de la Ucrania soviética. El grupo de operaciones de campo de Starinov tenía la tarea de minar la ciudad en caso de ser capturada por la Wehrmacht. Se colocaron más de 30.000 minas antitanque y antiinfantería, así como unas 2.000 minas temporizadas y 5.000 minas señuelo, que tenían como objetivo detener al enemigo, haciéndole gastar tiempo y recursos valiosos.

Además, Starinov pensó en una trampa especial reservada para los alemanes. En el centro de Járkov había un hermoso edificio, donde el saboteador asumió que se quedaría el comando alemán. Decidió colocar una carga de 350 kg, inteligentemente escondida bajo el suelo de la sala de calderas. Justo en el montón de carbón había otro explosivo más pequeño, no destinado a ser detonado.

Cuando los artificieros alemanes se dieron cuenta y desactivaron el señuelo, se creyó que el edificio era seguro para la llegada del general Georg von Braun y el comando de la 68ª división de infantería. A las 5 de la mañana del 14 de noviembre, explotaron por radio la pesada carga. La poderosa explosión mató a von Braun y a los oficiales que estaban con él.

Hitler estaba furioso. Después de que la inteligencia del Tercer Reich diera con la identidad de Starinov, le pusieron precio a su cabeza: 200.000 marcos.

Los alemanes nunca lograron capturar al operativo soviético. Ilyá Grigórevich continuó su trabajo durante toda la guerra, organizando actividades de sabotaje detrás de las líneas enemigas y estableciendo una red de enlace entre el Ejército Rojo y las fuerzas del Ejército de Liberación Nacional Yugoslavo. También se centró en el desminado de las carreteras en Hungría y Alemania.

Después de la guerra, Starinov se centró en enseñar a miembros del KGB. Fue personalmente responsable de entrenar a docenas de operativos Spetsnaz altamente cualificados, que cariñosamente lo llamaban “abuelo”.

Starinov también recibió docenas de medallas y galardones, pero nunca le dieron el mayor premio del país. Fue nominado para la orden del Héroe de la Unión Soviética tres veces durante el período soviético y dos veces en Rusia, pero nunca se materializó. Se debió a su difícil y terca personalidad y a su inclinación por decir verdades sin filtrar a sus comandantes, a menudo a la cara.

Aunque nunca logró alcanzar el rango de general, Starinov no se lo tomó a pecho. “Es mejor ser un coronel vivo que un mariscal muerto”, decía. Falleció en el año 2000, a los 100 años.

https://es.rbth.com/historia/86569-mayor-saboteador-segunda-guerra-mundial
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Noticias

Ha muerto George Blake, el agente doble que espió al gobierno británico para el KGB

Ha muerto George Blake, el agente doble que espió al gobierno británico para el KGB durante la Guerra Fría. La información ha sido difundida por el portavoz de la inteligencia rusa (SVR), Serguei Ivanov, a través de la agencia de prensa Tass.

“El legendario oficial de la inteligencia […] George Blake, falleció hoy. Amaba sinceramente nuestro país y admiraba las proezas de nuestra gente durante la Segunda Guerra Mundial”, ha dicho Ivanov.

Tenía 98 años de edad y una de las biografías más fascinantes del siglo pasado. Era el último de los grandes espías con vida, de los topos que la antigua Unión Soviética logró reclutar en plena Guerra Fría. Propinó a la CIA algunos de los más duros reveses de su historia, como ya expusimos en otra entrada.

Antiguo miembro de la resistencia antifascista en Holanda durante la Segunda Guerra Mundial, se hizo agente del MI6, el servicio de inteligencia exterior británico durante la Guerra Fría. Blake ofreció sus servicios a los soviéticos en los años 50, tras haber sido testigo de los bombardeos estadounidenses contra los civiles en Corea, donde estaba destinado.

Suministró los nombres de centenares de espías al KGB, algunos de ellos ejecutados por la inteligencia rusa, y reveló la existencia de un túnel secreto en Berlín-Este, usado para espiar a los soviéticos, desbarando así la Operación Oro. Fue denunciado por un agente doble polaco y condenado en 1961 a 42 años de cárcel en Gran Bretaña, pero consiguió escaparse cinco años más tarde con ayuda de una cuerda y del apoyo de sus compañeros de celda.

En su rocambolesca huida logró atravesar el Telón de Acero y pasó al este. En Moscú se le consideró un héroe y recibió el rango de coronel de los servicios de inteligencia soviéticos.

En 1990 publicó su autobiografía en Moscú, titulada: “No hay opción”.

Era sobrino del dirigente comunista egipcio Henri Curiel, asesinado en París en 1978, de quien hablamos en una entrada anterior.

Más información:
– El oscuro espía del KGB que infligió a la CIA el mayor golpe de su historia
– El primer ciudadano del Tercer Mundo

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Guerra psicológica

El mito del gulag

La propaganda de la CIA y la prensa occidental tomaron, a partir de 1945, el relevo de la Gestapo, a la hora de crear una gigantesca campaña contra la Unión Soviética. El llamado «macartismo» y el «antiestalinismo» son las dos caras de una misma moneda. El diario español La Vanguardia publicó una investigación en 2001 que a día de hoy cuesta localizarlo, a pesar de su importancia

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Memoria Histórica

John Reed: cien años que estremecen al mundo

El jueves de la semana pasada se cumplieron cien años de la muerte de John Reed, el autor de “Diez días que estremecieron al mundo”. Su nombre está ligado a la revolución socialista de 1917 en Rusia y a la revolución mexicana.

Sus obras y sus artículos, extraordinariamente escritos, son relatos de primera mano de la revoluciones que cambiaron para siempre el curso de la historia humana, y no sólo de Rusia o de México.

Reed nació el 22 de octubre de 1887 en Portland, Oregón, y se graduó en la Universidad de Harvard en 1910. Poco después de graduarse, comenzó a trabajar como periodista para varias publicaciones.

En 1913 la revista Metropolitan le envió a México para informar sobre la revolución en curso. Escribió una serie de artículos notables que le dieron una reputación en Estados Unidos como corresponsal de guerra. Tenía un estilo subjetivo que nada tiene que ver con el repugnante periodismo actual: Reed simpatizaba con la lucha del pueblo mexicano y se oponía con vehemencia a la intervención militar de su país. En 1914 sus artículos se publicaron en el libro “México insurgente”, una obra maestra de lectura muy recomendable.

En abril de 1914 relató la Masacre de Ludlow en Colorado, donde un crimen orquestado por el propietario principal de la mina John D. Rockefeller y perpetrado por la milicia local durante la huelga de los mineros del carbón. Reed investigó los hechos, habló en nombre de los mineros y escribió un apasionado artículo sobre el tema, que es otra obra maestra del periodismo: “La guerra de Colorado”.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, viajó a Europa como corresponsal de la revista Metropolitan. Cubrió los frentes de batalla de Alemania, Rusia, Serbia, Rumania y Bulgaria. Basándose en estas experiencias, escribió el libro “La guerra de los Balcanes”, publicado en abril de 1916, donde revelaba la naturaleza imperialista de aquella guerra.

En agosto de 1917 le enviaron a Rusia junto con su esposa, Louise Bryant, lo que les permitió ser testigos presenciales de la Revolución de Octubre. El resultado de sus observaciones aparecen en el libro “Diez días que estremecieron al mundo”, publicado en 1919. Es el relato más vivo de los primeros momentos de la revolución.

Lenin escribió un prólogo para la edición rusa de la obra: «Con el mayor interés e incansable atención, he leído el libro de John Reed ‘Diez días que estremecieron al mundo’. Lo recomiendo sin reservas a los trabajadores del mundo. Este es un libro del que me gustaría ver millones de copias publicadas y traducidas a todos los idiomas. Da un relato veraz y muy vívido de acontecimientos significativos para la comprensión de lo que realmente son la revolución proletaria y la dictadura del proletariado. Estas cuestiones son ampliamente debatidas, pero antes de que alguien pueda aceptar o rechazar estas ideas, debe entender el significado total de su decisión. El libro de John Reed sin duda ayudará a aclarar esta cuestión, que es el problema fundamental del movimiento obrero internacional”.

La experiencia de la revolución socialista cambió a Reed para siempre. Se convirtió en un partidario entusiasta de los bolcheviques y colaboró con el gobierno revolucionario. A su regreso a los Estados Unidos en 1918, se enfrentó a una abierta hostilidad del gobierno y fue detenido en varias ocasiones acusado de violar la Ley de Sedición. Sin embargo, permaneció activo en el movimiento obrero, adoptando una postura política consecuente.

En 1919, tras ser expulsado de la Convención Socialista, formó el Partido Comunista Obrero de América que, unos meses más tarde, vio su nombre sustituido por el del Partido Comunista Unido de América. Reed era el principal colaborador de “La Voz del Trabajo”, el periódico del Partido.

Acusado de sedición y con la esperanza de ganar el apoyo de la III Internacional para dicho Partido, huyó de Estados Unidos con un pasaporte falso a principios de octubre de 1919. Cayó enfermo de tifus en septiembre de 1920 y murió en Moscú el 17 de octubre de 1920, con su esposa a su lado. Tuvo un funeral de estado y fue enterrado en la Necrópolis del Kremlin, siendo el primero de los tres estadounidenses que tienen el honor de permanecer enterrados allí. Los otros dos son Charles Ruthenberg y Bill Haywood.

“Octubre”, la obra maestra de cine del director soviético Serguei Eisenstein, se basaba en el libro de Reed. Cincuenta y cuatro años más tarde, en 1981, la vida de Reed inspiró la película “Rojos”, protagonizada por Warren Beatty, Diane Keaton y Jack Nicholson.

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Estrategia

Los cazas soviéticos MiG-21 protegieron Cuba durante la crisis de los misiles… y después

El MiG-21 se convirtió en el caza soviético más popular de Cuba. Varias modificaciones de esta aeronave estuvieron en servicio en la isla caribeña: el MiG-21F-13, PF, PFM, PFMA, entre otras. La primera unidad de la URSS en recibir los MiG-21 fue el 32 Regimiento de caza de la Guardia (32 Gv.IAP) en 1961. En junio de 1962 el regimiento recibió la orden de trasladarse a Cuba, renombrándose 213 IAP. A finales de septiembre el regimiento estaba listo y contaba con un total de 40 MiG-21, 6 MiG-15 UTI y un Yak-12.

Inicialmente no todos los aviones se pintaron con los colores de Cuba, pero después de escuchar a los estadounidenses en unas intercepciones de radio hablar de los “MiG con estrellas rojas”, todos los aviones se repintaron urgentemente de acuerdo como si fueran de la Fuerza Aérea Cubana. El primer vuelo de los pilotos soviéticos en el MiG-21 tuvo lugar el 18 de septiembre de 1962. El 22 de octubre se declaró el estado de alerta máxima y el regimiento se dispersó a varios aeródromos entre San Antonio, Santa Clara y Camagüey.

El único enfrentamiento de los MiG-21 con los estadounidenses tuvo lugar el 4 de noviembre. Un piloto soviético interceptó dos F-104C Starfighter, que estaban realizando un vuelo de reconocimiento cerca de la base aérea de Santa Clara. Sin embargo, los estadounidenses decidieron no entrar en combate.

El papel de los MiG-21 no se limitó a la crisis de los misiles. Después de aquel conflicto el mando soviético consideró que era mejor dejar los aviones en el Caribe y empezó a entrenar rápidamente a los pilotos cubanos. Ya en abril de 1963 se formó el primer cubano, y el 10 de agosto de 1963 se anunció oficialmente la creación de un escuadrón armado con MiG-21F-13.

Por su parte, los pilotos cubanos de MiG-21 asesoraron en varios países a sus colegas, e intercambiaban experiencia. Así fue el caso de Vietnam y Perú.

El 21 de febrero de 1968 un MiG-21 cubano cayó al mar cuando maniobraba a baja velocidad cerca de una avioneta que violaba el espacio aéreo del país.

El 18 de mayo de 1970, en respuesta a la detención de 14 pescadores cubanos por las autoridades de las Bahamas, varios MiGs-21 despegaron y pasaron a la velocidad supersónica sobre la capital Nasau. Los pescadores fueron liberados pronto. A petición del gobierno de Bahamas aparecen varios F-4 Phantom norteamericanos, que volaron junto a los MiG-21, pero el conflicto se resolvió sin mayores consecuencias.

El 10 de septiembre de 1977, el escuadrón MiG-21MF, comandado por Rafael del Pino, realizó un vuelo de demostración sobre el puerto de Puerto Plata (República Dominicana). Fue la respuesta a la detención del buque mercante cubano Capitán Leo, que iba con destino a Angola y transportaba armas. Al mismo tiempo, el comando de la Fuerza Aérea Cubana desarrolló el plan operacional Pico, según el cual los MiGs lanzarían un ataque con bombas y misiles contra las ciudades de Puerto Plata y Santiago de los Caballeros si los dominicanos no hubiesen liberado el barco. Los MiG-21 sobrevolaron varias veces Santo Domingo, superando la barrera del sonido en vuelo rasante y rompiendo cristales. Cuba amenazaba con bombardear Puerto Plata y Santiago de los Caballeros si el gobierno dominicano no liberaba el barco. Ante la presión, los dominicanos cedieron.

Durante su misión en Etiopía en 1978, los pilotos del escuadrón MiG-21bis y varios MiG-21R realizaron cientos de misiones de combate, destruyendo un gran número de tanques y posiciones de artillería somalíes. Varios MiG fueron derribados y murió al menos un piloto.

El 10 de mayo de 1980 un par de MiG-21 atacaron la patrullera dominicana Flamingo que había detenido cuatro barcos de arrastre. El gobierno cubano declaró el ataque había sido un error y, junto con sus disculpas, pagó una compensación económica.

El MiG-21 fue usado activamente en Cuba para labores de patrulla aérea e incluso hubo víctimas mortales entre los pilotos. Por ejemplo, el 21 de febrero de 1982, un piloto cubano maniobrando a baja velocidad sobre el agua, no supo mantener el control del caza y falleció.

Los MiG cubanos también participaron en ejercicios conjuntos con las Fuerzas Armadas Soviéticas. Así, los pilotos cubanos entrenaron la interceptación de objetivos aéreos del “enemigo”, cuyo papel interpretaban los aviones espía Tu-95, “atacaron” objetivos marítimos. En aquel momento la presencia militar soviética en la región era bastante extensa.

En 1984 la URSS decidió vender a Nicaragua una escuadrilla de MiG-21bis. El aeropuerto de Puenta Huete se acomodó para que pudieran operar y los pilotos nicaragüenses se entrenaron en el manejo y mantenimiento del MiG-21. Pero el gobierno de EE UU se opuso rotundamente a la compra y Cuba ofreció desembarcarlos en sus puertos para que luego volaran a Nicaragua por sorpresa. En 1985 Gorbachov, para evitar la confrontación con EE UU, decidió cambiar los MiG-21 por helicópteros de ataque Mi-25 Hind.

En 1986 dos MiG-21 interceptaron un HU-25A Guardian de la Guardia Costera de EE UU por violar supuestamente las 12 millas náuticas cubanas. En 1990 un piloto estadounidense trató de acortar su vuelo de Opalocka hacia Costa Rica, sobrevolando Cuba en su avioneta Cessna, siendo interceptado por dos MiG-21 que lo obligaron a aterrizar en La Habana.

Los MiG también participaron en operaciones tan delicadas como la cobertura de los aviones de Castro durante sus numerosas visitas a los países de América Central y del Sur. Sin embargo, la “gloria” les llegó en diciembre de 1975, cuando Castro decidió prestar ayuda a gran escala a su amigo angoleño, Eduard Santos.

https://es.rbth.com/technologias/86063-cazas-sovieticos-mig-21-protegieron-cuba-crisis-misiles-despues

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Memoria Histórica

Uzbekistán reconstruye la historia de su etapa soviética según las necesidades de la política económica

El Presidente de Uzbekistán, Shavkat Mirziyayev, ha ordenado que se perpetúe la memoria de todos los uzbekos que fueron perseguidos durante el “stalinismo”. Según datos oficiales del gobierno, hay unos 100.000, de los cuales 13.000 fueron fusilados.

Cambiarán los nombres de las escuelas, de las “mahallas” (bloques de viviendas) y publicarán libros con las biografías de las víctimas. “Imagina las grandes cosas que esta gente podría haber hecho en nombre del desarrollo nacional, la ciencia, la economía, la cultura y la literatura, ¡qué grandes avances habrían hecho nuestros pueblos si no hubieran sido reprimidos! Hoy recordamos esta pérdida con tristeza”, subrayó el Presidente de Uzbekistán.

Los dirigentes de las repúblicas surgidas del desmantelamiento de la URSS se han empeñado en recordar a las víctimas de la URSS o de Stalin porque es un signo de distanciamiento con Rusia y de acercamiento a Estados Unidos. Incluso Rusia ha caído en ocasiones en la reescritura de la historia con el único propósito de complacer al imperialismo.

Durante años dio la impresión de que los nuevos libros de historia eran necesarios para romper para siempre con la URSS en mil pedazos. Aquellos pueblos ya no eran “hermanos”. En Nukus, la capital del Karakalpakstán autónomo, se erigió un monumento a la amistad de los pueblos. Dos muchachas, una rusa y una Karakalpak, aparecían cogidas de la mano. Ahora la joven de Karakalpak está sola; su amiga rusa ha sido destruida.

El antistalinismo es una metamorfosis histórica de la rusofobia. Es algo relativamente normal en países como los Bálticos, pero extraña mucho en Asia central, donde hasta la Wikipedia reconoce que en 1990 no había ningún interés por romper con la URSS ni por salir de ella. Países como Uzbekistán se hicieron independientes con desgana.

Hasta no se levantaron complejos conmemorativos como el “Shahidlar hotirasi”, en memoria de las víctimas de la represión. El primer museo público creado en el Uzbekistán independiente tiene un nombre similar.

El museo está dividido en diez secciones, pero sólo cuatro de ellas están dedicadas al período soviético. El primero se centra en la colonización de Asia central por el Imperio zarista, mientras que el segundo se concentra en los años anteriores al colapso de la URSS. Los ejemplos de opresión se asocian exclusivamente con la URSS y Rusia. Desde entonces la represión ya no existe.

Busto de Stalin en Saylyk

La represión era “rusa”. Después de su independencia, Tashkent hizo una apuesta inequívoca por el nacionalismo, que implicaba la negación de todo el período ruso de la historia. El cruel imperio del norte oprimió al pueblo uzbeko durante siglos. Incluso reniegan de la participación uzbeka en la Segunda Guerra Mundial, presentada como una guerra por intereses extranjeros, en la que el pueblo uzbeko se vio obligado a participar por la fuerza.

Ahora Uzbekistán es la única república de Asia central en la que, según las encuestas de opinión, la mayoría de la población no lamenta el colapso de la URSS, a pesar de que el periodo soviético fue el más gigantesco salto adelante de todos los pueblos de Asia central, pero sobre todo de Uzbekistán. Nunca antes una sociedad agrícola tradicional de subsistencia se transformó tan rápidamente en una sociedad moderna, con fábricas, hospitales y universidades.

Los libros de historia no hablan de eso. Sólo les interesa la represión “stalinista”, gracias a la cual las mujeres uzbekas dejaron de llevar velo y se emanciparon plenamente.

Los nuevos libros de historia de Turkmenistán van más allá: dicen que los turcomanos inventaron la rueda.

En Uzbekistán era habitual que el Presidente Islam Karimov acudiera a Moscú a celebrar la victoria contra el fascismo en la Gran Guerra Patria. Pero a partir de 2016 las cosas empezaron a cambiar. Querían estimular las inversiones internacionales y el turismo, para lo cual hay que hacer lo que las potencias occidentales esperan que hagas. Había que cambiar de imagen para que Uzbekistán pareciera un país moderno, asimilable a cualquier otro.

Tras cuatro años de cambios, la reescritura de los libros de historia y el lavado de imagen, The Economist nombró a Uzbekistán “país del año” y la CNN lo nombró entre los destinos turísticos selectos. Esas cosas son imprescindibles para que un país como Uzbekistán entre en la modernidad, las guías de viajes, las recomendaciones gastronómicas y los reportajes de National Geographic.

Los rusos fueron los primeros en redescubrir Uzbekistán. En los medios de comunicación rusos empezaron a aparecer las bellezas de Samarcanda y fotos en los blogs de turismo. A medida que los rusos llegaban haciéndose fotos, la rusofobia pasaba a un segundo plano. En los discursos oficiales nadie habla mal de Moscú y la Gran Guerra Patria vuelve a cambiar en los libros de historia. Ya nadie derriba más monumentos, e incluso el 9 de mayo se construyó el Parque de la Victoria y se rodaron tres películas sobre la victoria contra el fascismo.

La bestia negra de Mirziyoyev ya no es Rusia, ni tampoco la URSS. El discurso de detiene en Stalin, que es poco más que un fetiche fabricado para recibir golpes. Es una crítica acotada y limitada por las necesidades de la política económica.

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Noticias

El occidente y sus mentiras sobre la Segunda Guerra Mundial

Darío Herchhoren

Hace pocos días se celebró el 75 aniversario de la derrota del nazifascismo en la guerra mundial de 1939/45.

El nazifascismo no es otra cosa que la exacerbación del capitalismo en su forma más brutal y criminal. Significa que el estado burgués se quita la máscara, y aparece su cara más horrible y siniestra.

En 1941, dos millones de soldados invadieron la URSS, penetrando profundamente en su territorio, donde cometieron crímenes de lesa humandad que luego fueron juzgados en el tribunal de Nuremberg. La URSS se defendió como pudo, y 27 millones de soviéticos dejaron su vida como consecuencia de ese ataque.

Los paises occidentales (EEUU, Gran Bretaña y Francia), al principio miraron para otro lado, y ayudaron con cuentagotas a la URSS, que pedía insistentemente la apertura de un segundo frente que aliviara la agresión a su territorio; pero ello se retardaba con la intención clara de producir un desangramiento de la URSS y por ende del socialismo. Era un secreto a voces que el primer ministro inglés Winston Churchill simpatizaba con el duce Mussolini, y mantenía con él una muy abundante correspondencia. Igual ocurría con personajes de los EEUU como Henry Ford que no dejaban de proclamar su admiración por Hitler; sobre todo porque había metido en cintura a la clase obrera alemana que soportó unas jornadas de trabajo interminables, bajos salarios, una vida miserable. Las huelgas estaban prohibidas en Alemania, y miles de trabajadores fueron muertos, ejecutados por el aparato represivo del nazismo bajo la dirección de la Gestapo y las SS, un ejército personal de Hitler, bajo la dirección de un personaje tan criminal como Heinrich Himler.

Pero últimamente se ha producido todo un movimiento político e histórico contra la actuación de la URSS en la guerra, pretendiendo otorgar el triunfo sobre el nazismo a los EEUU, y en ese intento se han mezclado los gobiernos occidentales, cierta prensa amarillista y algunos «tertulianos».

Es como querer tapar el sol con la mano. Es imposible negar la verdad histórica. En la invasión de la URSS se pretendió adjudicar la victoria sobre el nazismo al barro, a la nieva y al frío; pero el argumento es tan torpe que se desmonta con una sola pregunta: ¿Ese barro, esa nieve y ese frío, lo sufrían también los soviéticos o no?

En esa invasión los nazis utilizaron lo mejor de su arsenal con sus carros de combate, sus baterías de artillería, su fusilería. El mejor militar especialista en blindados era sin duda el general Hans Guderian, que años después reconoce la valentía, el coraje y la entrega total a la defensa de la patria de los soldados soviéticos.

En esta guerra hay que reconocer desde el punto de vista militar dos momentos que significaron un punto de inflexión, y que volcaron el resultado final para el nazismo, y ellos fueron la batalla de Stalingrado, y la batalla de Kursk.

En Stalingrado, los alemanes tuvieron 200 mil prisioneros entre los cuales estaba el Mariscal Von Paulus, 23 generales, y unos tres mil oficiales de menor rango; así como material de guerra valioso.

Ya parada la invasión nazi a la URSS, había que reconquistar el territorio perdido, y la puntilla para los nazis fue la batalla de Kursk, la más grande de la historia reciente de blindados.

Los nazis lanzan a la batalla nada menos que 4.300 panzer al mando del General Guderian, y los soviéticos están apoyados por 4500 tanques, al mando de los mariscales de la URSS Georgi Zhukov, Rokossovsky, Gromov, Gretchko y Timoshenko, que arrollan a los nazis, y prácticamente los muelen.

Los nazis ya habían perdido su supremacía en los cielos, y los aviones soviéticos Mikoyan, volaban sin peligro sobre todo el territorio de la URSS.

Ahora vamos a analizar someramente las razones por las cuales los llamados aliados retrasaban la apertura del segundo frente.

Ya era evidente luego de Stalingrado y de Kusrk, que la URSS iba a derrotar finalmente al nazismo; y que en su persecución era muy probable que su ejército rojo ocupara grandes porciones de Europa, entre ellas Francia, y posiblemente la España fascista de Franco; y ese es el motivo principal por el cual se abre el segundo frente. No es por el miedo al nazismo, más bien es por el miedo al socialismo, que se implantaría en naciones de primer orden como Alemania y Francia.

Ahora a 75 años de la proeza de la URSS, se intenta torcer la historia y ponerse laureles que no se corresponden con la realidad. El vencedor indiscutible de la guerra es la URSS. Honor y Gloria eternos a sus soldados.

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La CIA y Soros apoyaron a Gorbachov en el desmantelamiento de la URSS

Bush y Gorbachov
Arthur González

Gorbachov confesó durante un discurso en la universidad norteamericana de Turquía:

“El objetivo de mi vida fue la aniquilación del comunismo […] mi esposa me apoyó plenamente y lo entendió incluso antes que yo […] para lograrlo logré encontrar compañeros de lucha, entre ellos A.N. Yakovlev y E. A. Shevardnadze”.

Recientemente la CIA desclasificó algunos documentos donde se afirma que “el magnate financiero George Soros y la CIA, ayudaron a Gorbachov a proporcionar la posterior disolución de la URSS.

Sobre ellos el analista y ex empleado de la NSA, Agencia de Seguridad Nacional, Wayne Madsen, afirmó que el multimillonario George Soros, proporcionó en 1987 cobertura económica, al gobierno de Mijaíl Gorbachov, a través de una ONG de la CIA conocida como el Instituto de Estudios de Seguridad Este-Oeste, IEWSS, por sus siglas en inglés.

La información expone que Soros y la CIA promovieron la difusión de dos términos orquestados desde Occidente en aquellos años, la “perestroika” (apertura) y la “glasnost” (transparencia) para que ambas sirvieran como ente desestabilizador en acelerar la desaparición de la URSS.

Esos documentos de la CIA prueban que lo sucedido no fue producto de un acto “espontáneo y democratizador” de Gorbachov, debido a que el sistema socialista estaba “agotado y quebrantado”, como quieren hacerle creer al mundo.

En Turquía el propio Gorbachov afirmó: “Para lograrlo aproveché mi posición en el Partido y en el país, tuve que sustituir a toda la dirección del PCUS y de la URSS, así como a la dirección de todos los países socialista de Europa”.

La verdad es que fue la CIA con el dinero de la Organización Soro, quien diseñó y ejecutó esa gran operación, con todo el apoyo del entonces líder soviético.

El ex analista Wayne Madsen asegura que el plan diseñado para eliminar el bloque socialista de Europa oriental, fue organizado por dos copresidentes del IEWWS de Soros, Joseph Nye, economista de Harvard, y Withney MacMillan, presidente del agro multinacional Cargill, quien había mantenido relaciones comerciales con la Unión Soviética en los años setenta del siglo XX.

No satisfechos con los resultados alcanzados, en 1991 la CIA y Soros centraron sus esfuerzos en provocar un fuerte golpe en la nueva Federación de Rusia, estimulando el separatismo en sus regiones con el fin de debilitarla al máximo.

El informe de Nye y MacMillan, augura el fin de la Unión Soviética y los elementos del nuevo modelo para las futuras relaciones de Moscú con Estados Unidos, para pasar a la era capitalista, y, según ellos, “cualquier nueva evaluación de las relaciones de Occidente con una Unión Soviética aperturista, tiene que partir de una posición de fuerza en vez de un equilibrio de poder”.

El informe del IEWWS fechado en 1987, y su aplicación práctica, fue una forma incruenta de ir despedazando a la URSS por etapas.

En dicho documento se exhorta a Occidente a tomar ventajas respecto de la agonizante Unión Soviética, en el nuevo mapa geopolítico que se avecinaba, en particular en el Tercer Mundo, un área que hasta entonces había sido de influencia soviética.

Madsen apunta que Soros y sus aliadas organizaciones de “derechos humanos”, trabajaron activamente para destruir la Federación de Rusia, apoyaron los movimientos independentistas en Kuzbass (Siberia), a través de los derechistas alemanes que buscaban restaurar Konigsberg y Prusia Oriental, y estos financiaron a nacionalistas lituanos y de otras repúblicas autónomas y regiones como Tatarstán, Osetia del Norte, Ingushetia, Chechenia, entre otras, con el propósito de estimular el separatismo en las llamadas Repúblicas Autónomas Socialistas Soviéticas.

La actividad injerencista de Soros contra Rusia no se ha detenido, se ha incrementado provocativamente a través de sus bases operativas repartidas en los territorios aledaños, en particular Ucrania, Estonia, Letonia, Lituania, Finlandia, Suecia, Moldavia, Georgia, Azerbaiyán, Turquía, Rumania, Mongolia, Kirguistán, Kazajstán, Tayikistán y Uzbekistán, unido a grupos de corte terroristas en coalición con fascistas ucranianos y neonazis moldavos sionistas.

Recientemente, el presidente ruso Vladimir Putin, expulsó a varias organizaciones de Soros como, la Fundación Open Society Foundation y otras ONG de la CIA que operaban en similares circunstancias en territorio ruso, incluidas la NED (Fundación Nacional para la Democracia), el Instituto Republicano Internacional, la Fundación MacArthur y la Freedom House, considerándolas como indeseables y una amenaza para la seguridad del Estado ruso.

No por gusto Mijaíl Gorbachov fue premiado con el Nobel de la Paz, pues siguió diligentemente las orientaciones de la CIA y de George Soros.

La CIA no descansa y pretende eliminar todo vestigio de socialismo en la tierra, por eso sus planes contra Cuba y ahora en Venezuela, donde nada es casual ni por obra y gracias del espíritu santo, pero como dijo San Juan: 8-32, “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”.

Por eso cada día el mundo comprueba de lo que son capaces los yanquis para lograr sus intereses hegemónicos y las mentiras que tejen, creando patrones preconcebidos entre las grandes masas mediante sus campañas de prensa; de ahí que sabiamente José Martí afirmara: “Hallar una verdad regocija tanto como ver nacer un hijo”.

https://heraldocubano.wordpress.com/2017/09/18/se-abre-paso-la-verdad-sobre-la-caida-de-la-urss/

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La lucha contra las epidemias en la URSS

Al socialismo en la URSS no solo le correspondió la tarea de dar el primer paso en la emancipación del trabajo de todas las cadenas del capital, resolviendo la contradicción fundamental entre el capital y el trabajo, es decir, de la explotación y opresión de la burguesía contra el proletariado mediante la instauración de un nuevo régimen social con la socialización de los medios de producción, con un Estado de dictadura proletaria, una revolución de donde se desprenden un sinfín de hazañas y proezas admirables inclusive hasta nuestros días; como eI papel de la liberación de la mujer, el desarrollo de las fuerzas productivas, la alfabetización y la lucha contra la ignorancia, el impresionante desarrollo cultural y científico, la derrota del nazi fascismo europeo y asiático, etc., sino que además tuvo el mérito de desplegar una victoriosa lucha por la salubridad pública y la erradicación de epidemias.

Tal es el ejemplo de la erradicación de la viruela, un virus que generó una mortal enfermedad que llevaba miles de años azotando a la especie humana y cobrando muchísimas vidas en cada brote, incluso en algunas momias en el antiguo Egipto hay rastros de dicha enfermedad. La viruela traída por los colonizadores europeos a América fue la principal causa de la casi total desaparición de los aborígenes en muchas partes de este continente, quienes fueron diezmados por la epidemia en el siglo XVIII después de su conquista. En el siglo XX, ese mismo virus cobró centenares de millones de vidas, que afectaba especialmente a niños con una tasa de mortalidad del 50%. Y aunque desde el siglo XIX se había descubierto una vacuna, el virus seguía generando muertes pues el capitalismo era Incapaz de destinar los recursos para difundirla ampliamente.

El creador del plan para erradicar la Viruela fue Viktor Zhdanov; viceministro de salud de la URSS, quien en 1958 presentó ante una asamblea de la OMS un detallado plan para erradicar la viruela en 5 años. Aunque ya la dirección del socialismo se había extraviado a manos de los revisionistas tras la muerte de Stalin en 1953, la URSS aún no había entrado en crisis y mantenía la inercia del potente desarrollo que venía desplegándose desde la década del 30. Fue solo gracias a esto que la URSS pudo destinar 23 millones de vacunas para iniciar la campaña que fue aprobada en la asamblea de la OMS, además puso a disposición a un millar de médicos soviéticos. En 1959 se dio inicio al plan y en 1977 se produjo el último brote del virus en Somalia. En 1980 la OMS declaró erradicada la viruela y su paso a los anales de la historia.

Otro importantísimo ejemplo de las grandiosas luchas contra las epidemias fue la librada por una comisión médica que visitó a un pequeño pueblo llamado Kjara, de un país asiático y vecino de la URSS que a inicios de la década de 1940 tuvo un mortal brote con la temible “muerte negra”, llamada así por los pobladores del lugar, pero conocida como peste negra en occidente. Los médicos soviéticos libraron allí una dura lucha, tal historia sirvió como fuente de inspiración para la novela “Esta es tu causa” de Yuri Guerman, en donde se registra cómo la peste fue propagada por la caza irresponsable y desenfrenada de las marmotas cuyas pieles se vendían en el mercado y su precio se comenzó a cotizar hasta en 6 veces su precio normal. Esta caza de marmotas incluso enfermas generó la epidemia, la cual se transmitía por la pulga que parasitaba a estos animales, que a la vez transmitía con su picadura una bacteria mortal, la forma pulmonar de la peste negra era terriblemente letal, con una tasa del 100% de mortalidad. En el país asiático sus habitantes se organizaban en aldeas, cuando la peste invadía una, se izaba una bandera negra en señal de contagio. La lucha de 105 médicos soviéticos allí no solo se libró contra la peste, sino contra el grave crimen de las fuerzas imperiales que ante la epidemia comenzaron a desarrollar cercos y masacres en las aldeas infectadas, a donde llegaban eliminando sistemáticamente a sus pobladores, sin discriminar entre sanos y enfermos.

El gran avance dado por las ciencias, sumado a la creación de universidades y la facilidad de ingreso a las mismas en la URSS y los recursos cuantiosos destinados además a la salubridad pública, ayudaron a que la población contara con un excelentísimo sistema de salud. Por ejemplo, en la década del 30 era obligatorio que cada obrero acudiera por lo menos cada 2 meses al médico, el cual le diagnosticaba una dieta adecuada según su trabajo y un deporte acorde a sus necesidades, con el fin de fomentar una medicina preventiva. La ingeniosidad y versatilidad fueron unas características fundamentales del sistema de salud soviético, que fue puesto a prueba en la segunda guerra mundial, a falta de haber descubierto los antibióticos, usaban bacteriófagos para combatir las infecciones bacterianas ocasionadas por las heridas en la guerra -los bacteriófagos son virus que afectan sólo las bacterias-, de esa forma combatieron en la Segunda Guerra Mundial.

Hoy día no existe el socialismo en ningún país, aunque haya países que se autodenominen como tal, por ejemplo en China, Corea del Norte o Vietnam, que décadas atrás fueron socialistas, hoy sólo existe un capitalismo monopolista de Estado. La actual pandemia de Coronavirus (Covid-19) ha demostrado que tales países han resultado mejor librados que los países capitalistas donde el papel de Estado es menor y al servicio exclusivo de los monopolios privados, aunque si fueran realmente socialistas, hubieran derrotado la epidemia más fácilmente. Mientras que Italia, España y ahora Estados Unidos, países capitalistas donde predominan los sistemas de salud privados, están siendo devastadas por la epidemia, con poca posibilidad de maniobra y con toda la carga para los trabajadores de esos países.

Mirar el pasado y la lucha de la URSS contra las epidemias, hoy en el marco de la cuarentena del Covid-19, llama al proletariado consciente, a la intelectualidad revolucionaria y al pueblo en general a tomar las banderas de la salubridad pública como una forma de defenderse en contra del negocio de la salud y del inminente despido y posterior hambruna y hacinamiento, como una forma no solo de combatir la epidemia sino contra el negocio de la salud, una oportunidad para organizar la revolución proletaria y derrocar este caduco y podrido Estado.

http://www.revolucionobrera.com/covid19/la-urss-y-su-lucha-contra-las-epidemias/