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El Tratado de Maastricht impuso el euro en Europa hace 25 años

Se cumplen 25 años de la aprobación del Tratado de Maastricht, firmado en una pequeña localidad holandesa, que hace 25 años puso los cimientos para la creación de una nueva moneda: el euro.

Primero fue el Mercado Común, luego la Comunidad Económica Europea y, después de Maastricht, la Unión Europea. Fue entonces cuando empezaron a aparecer las primeras grietas. En Dinamarca la incorporación al Tratado se sometió a referéndum y ganaron los que se oponían a la nueva moneda. Tuvieron que hacer excepciones y cambios de última hora para que los votos no sirvieran para nada. En Francia el referéndum resultó aprobado por los pelos.

La Unión Europea estrechó sus lazos a medida que entre la población crecía el descontento, lo cual demuestra que Lenin tenía razón, una vez más, cuando dijo, en referencia precisamente a la consigna de los Estados Unidos de Europa, que tales uniones sólo triunfan en etapas de auge económico. Cuando llega la crisis, se impone el “sálvese quien pueda”.

Ahora en Europa la situación se reproduce, mientras los mentecatos de siempre señalan el humo para ocultar el incendio. Critican el euro y proponen la salida de la Unión Europea, como si el epicentro estuviera en Bruselas, y no en el capitalismo.

Hace 25 años en Maastricht, para crear el euro, los países integrantes de la Unión Europea aprobaron un tope de déficit presupuestario del tres por ciento del PIB y del 60 por ciento de deuda pública, que la crisis económica ha tirado por los suelos en todos los países, poniendo de manifiesto otra de las leyes fundamentales del capitalismo que los que hablan de neoliberalismo, de globalización y de transnacionales nunca tuvieron en cuenta: el capital es una relación de producción regulada por el Estado que cambia de un lugar a otro.

Con el tiempo la crisis del capitalismo puso de manifiesto, a quien quisiera verlas, las verdaderas leyes de su funcionamiento (y su disfuncionamiento). Por ejemplo, demostró la ley del desarrollo desigual, de manera que los Estados no se desarrollan (o se hunden) de manera uniforme y acompasada, como creyeron en Maastricht, sino que sus disparidades aumentan con el tiempo.

Sin embargo, en España el gobierno del PSOE dijo todo lo contrario, tanto durante la incorporación al “Mercado Común”, como al firmar el Tratado de Maastricht, como al introducir el euro: tendríamos la misma moneda que Alemania, tendríamos los mismos sueldos que Alemania… seríamos como Alemania. Un cuarto de siglo después, Alemania ha perdido todo el encanto; es el ogro de Europa.

Las legiones de “expertos” que hay en Bruselas no dirigen el capitalismo sino que son dirigidos por él. Naturalmente en 2007 no pudieron evitar el desplome, ni la crisis griega de 2015 (de la que ya nadie se acuerda, como si no existiera).

Pero lo más importante del futuro que le espera al Viejo Continente lo recordó Jean Claude Juncker, el Presidente de la Comisión Europea: hoy somos una parte importante de la economía mundial, una cuarta parte; dentro de diez años seremos sólo el 15 por ciento y dentro de 20 años ningún Estado europeo será miembro del G7.

Aunque se cree el ombligo del mundo, Europa representa hoy un pasado capitalista agotado.

A partir de hoy en Francia hay presos que están encarcelados sin haber cometido ningún delito

Lo que Marx calificó como “cretinismo parlamentario” no es privativo de España ni de ningún partido político. Más bien es una plaga. Un ejemplo de esa idiotez la cometieron los parlamentarios que el 3 de junio del pasado año en Francia aprobaron una ley por la cual la consulta de páginas yihadistas era un delito castigado con una pena de dos años de cárcel y 30.000 euros de multa.

Hoy Reuters informa que el Consejo Constitucional acaba de declarar nula dicha ley. Es un alivio.

Pero dicho Consejo Constitucional tampoco es inmune al cretinismo, por lo que sus decisiones tienen ese mismo carácter rematadamente idiota: después de afirmar que la consulta de páginas yihadistas no es delito, ordena que las personas que han sido encarceladas a causa de ello no sean puestas en libertad.

Suman 21 presos, por lo que, a partir de ahora en Francia habrá 21 personas que estén en la cárcel sin haber cometido ningún delito, o sea, por la cara.

Como en todos los países capitalistas, en Francia la libertad está retrocediendo a pasos agigantados, aunque se trata de un país aficionado a enviar tropas a cualquier otro con la excusa de proteger los derechos fundamentales de sus habitantes. ¿Por qué no se preocupan un poco más de los de su propia población?

No hace mucho que el Senado publicó un largo informe de dos tomos sobre la situación en las cárceles francesas, cuyo título lo decía todo: “Las cárceles francesas son la vergüenza de la República”. ¿Aún queda un pizca de vergüenza en Francia?

En 1789 la Revolución Francesa empezó con el asalto a la Bastilla, que era una cárcel poblada por numerosas personas condenadas de la misma forma arbitraria que en la actualidad. Los insurrectos proclamaron la amnistía por su cuenta y abrieron las puertas de par en par.

Esperemos que ahora ocurra otro tanto y que las personas encarceladas por la cara salgan, por una vía o por la otra.

Un tercio de los eurodiputados dejan el cargo para dedicarse luego a presionar a los parlamentarios

“Transparencia Internacional Unión Europea” ha publicado un informe sobre el aumento imparable del fenómeno de puertas giratorias en Bruselas. Mediante un análisis del desarrollo profesional de los 485 diputados del Parlamento Europeo que figuraban en la anterior legislatura y de los 27 Comisarios Europeos que trabajaron en el mandato anterior al precedente que preside Jean Claude Juncker, han observado que un 30 por ciento de los eurodiputados que han dejado la política trabajan ahora en empresas y organizaciones como bufetes de abogados y estudios de comunicación, que están inscritas en el Registro de Transparencia de la Unión Europea.

Conocido como el registro de “lobby”, aunque no todos de los que figuran allí se dedican a realizar tareas de “lobby”, ya que también hay “think tanks”, universidades y otras organizaciones como diferentes iglesias, que intervienen de alguna manera con su opinión y reflexiones sobre las políticas de la Unión Europea. Tanto la Comisión Europea como el Parlamento se han vinculado a la transparencia para informar sobre las reuniones y agendas que tienen con los miembros registrados, no siendo el caso del Consejo Europeo, que, a la postre, es el pilar institucional europeo más poderoso.

En el informe se recuerda que el Parlamento Europeo lleva camino de alcanzar los niveles de influencias externas del Congreso de Estados Unidos, donde aproximadamente la mitad de los congresistas se dedican a tareas de ‘lobby’, una vez concluido su mandato. Si en el caso de los europarlamentarios el porcentaje está en el 30 por ciento, en el caso de los Comisarios, equivalentes a ministros del Ejecutivo comunitario, supera el 50 por ciento.

Aparte del caso del presidente de la Comisión, Durao Barros, que fue contratado por Goldman Sachs, el informe destaca también el fichaje de Neelie Kroes, quien fuera comisaria de varias carteras, por la controvertida Uber, o, una vieja conocida en estos lares, Benita Ferrero-Waldner, a la que se le acusó de romper incluso el Código de Conducta, que rige para la cuarentena de los comisarios (ahora en 18 meses), al  no haber informado de un contrato con Gamesa, empresa para la que empezó a trabajar el mismo mes de haber dejado la Comisión. Otros están en empresas tan poderosas como Volkswagen, Arcelor Mittal o Bank of America.

Si éste es el panorama de las personas más reconocibles, el informe deja entrever que aún es peor el de los tecnócratas que trabajan en la Comisión, más de 3.000 altos cargos, de los cuales muchos dejan la Comisión todos los años. La Comisión no ha prohibido a ninguno de estos altos cargos acceder a determinados empleos, a pesar de aprobar algunos en aparente grave conflicto de interés. Así, quien fuera director general de Energía, Philip Lowe, figura ahora en el Registro de “lobbies” como asesor del despacho de abogados Wimmer Hale, que ejerce tareas de “lobby” en Bruselas. También denuncia el estudio el caso de Bertrand Dumont, quien fuera jefe de gabinete del Comisario Barnier, que se encarga ahora de la regulación del mercado financiero en el banco HSBC (recordar que Barnier es además el encargado por Bruselas de negociar el Brexit).

El coladero de las autorizaciones y el nulo poder coercitivo de las cautelas se aprecia en el caso de Herve Jouanjean, que fue Director General en el negociado de Presupuesto hasta 2024  y fue fichado por Fidal, el mayor bufete de abogados de Francia, que le encargó de las relaciones con la Unión Europea.

El caso  más revelador del poder de acción de los “lobbies” en la Unión Europea es el de Google. El estudio asegura que de los “lobistas” acreditados que trabajan para la multinacional estadounidense, el 57 por ciento trabajaron anteriormente en instituciones de la UE. Gracias al “Google Transparency Project” que ha aportado datos relevantes a un colectivo con sede en Berlín, el “Tactical Technology Collective”, sabemos que en los últimos diez años al menos han sido identificadas 80 personas que han trabajado para Google y gobiernos europeos.

La  multinacional estadounidense ha cuadruplicado, entre 2012 y 2015, el dinero gastado en hacer “lobby” en la UE, que ahora excede los 4 millones de euros. Google reclama mucha transparencia a los gobiernos, empresas y público en general, pero no se aplica para sí mismo ese criterio, y esa es una de las razones por las que nación el citado “Google Transparency Project”. En el estudio del colectivo alemán sobre Google se aprecia que esta empresa recluta gente de gobiernos, tanto de la derecha como de la presunta izquierda, como ha sido el caso en el Reino Unido, en los mandatos de Blair y Cameron. Por dar una muestra de interés para los españoles, citamos a una española, Esperanza Ibáñez Lozano, actualmente manager de Políticas y Asuntos Públicos en Google, reclutada en junio de 2011 donde trabajaba en el ministerio de Justicia de España, como directora adjunta del gabinete del ministro Francisco Caamaño, habiendo trabajado también como asesora parlamentaria en el Senado.

http://www.lacelosia.com/un-tercio-de-los-eurodiputados-que-dejan-la-politica-se-dedica-profesionalmente-hacer-lobby/

Alemania aspira a ampliar su zona de influencia sobre Asia a expensas de Estados Unidos

Sigmar Gabriel
En Alemania han entendido inmediatamente que la nueva línea política de Trump no es ningún peligro, en absoluto. Por el contrario, la retirada de Estados Unidos del tratado de libre comercio con Asia les brinda una gran oportunidad que no pueden desaprovechar. Para ello han emprendido una reestructuración de alto calado dentro del partido socialdemócrata, ahora en la oposición.

La cúpula ha cambiado en una carambola de cargos que han caído en cascada. El antiguo Presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, ha asumido la dirección del partido. El anterior Presidente, Sigmar Gabriel, pasa de asumir la cartera de Economía en el gobierno de Merkel, a apoderarse de la Asuntos Exteriores, de la que sale otro socialdemócrata, Frank-Walter Steinmeier, al que nombran Presidente de la República.

El 24 de enero el diario económico Handelsblatt publicó una entrevista con Gabriel, cuyo propósito imperialista no puede estar más claro: “Si Trump emprende una guerra comercial con Asia y América del sur, nos abre nuevas oportunidades […] Ahora Europa debería elaborar rápidamente una nueva estrategia para Asia. Hay que utilizar ahora los espacios que deja libres América”.

Por si alguien no le entiende, Gabriel lo repite: “Si el proteccionismo americano conduce a nuevas oportunidades para Europa a lo largo en Asia, debemos sacar provecho de ello”. ¿Cómo? Gabriel quiere crear un núcleo de fieles en Europa bajo la batuta de Alemania, reforzar la unidad europea, elaborar una política exterior común y, sobre todo, forjar “nuestra propia estrategia para Asia, India y China”.

El Brexit no es un impedimento para ello, sino todo lo contrario. Es otra oportunidad para desarrollar la Unión Europea en torno a su “núcleo duro”.

La comisaria sueca de la Unión Europea para la política comercial, Cecilia Malmström, ha defendido el plan de Gabriel y ha sostenido que la Unión Europea tiene una larga lista de países con los que quiere concluuir tratados comerciales. Entre ellos ha citado a Japón, México y los miembros de Mercosur.

Poco después, el corresponsal en Bruselas del sitio del Spiegel en internet reforzaba los argumentos de Gabriel en un comentario en la misma línea: “Trump es una oportunidad para Europa”, titula. Alemania quiere explotar en su propio interés la ola de indignación que ha desatado el Presidente electo por todo el mundo y presentarse como un país defensor de los “valores occidentales”.

Merkel está en esa misma línea, aunque la Unión Cristiano-Demócrata es un partido dividido como consecuencia de la Guerra Fría, cuando Estados Unidos creó en su seno poderosas redes clientelares, de las que forma parte la Unión Social-Cristiana de Baviera que, como los grupos fascistas, ha adoptado posturas seudonacionalistas, contrarias a la admisión de refugiados e inmigrantes.

Pero, una vez más, el incendio se oculta detrás del humo patriotero. El sábado el Spigel volvía a poner los problemas fundamentales encima de la mesa: ¿cuáles son los objetivos fundamentales del imperialismo alemán? De nuevo la respuesta no puede ser más clara: Alemania necesita romper “de manera clara e inequívoca” con Estados Unidos, e incluso cambiar su estatuto “de amigo a enemigo”, para lo cual tiene adoptar medidas de respuesta y buscar nuevos aliados, “por ejemplo en Asia”.

El gobierno alemán prepara acuerdos comerciales en Asia que pongan a su economía en la onda de auge económico de la cuenca del Pacífico, asegura el Spiegel, donde China debe ocupar un lugar especial. Muy lejos de las viejas ambigüedades diplomáticas, la revista habla de la necesidad de formar un eje Pekín-Berlín, “que podría sustituir, al menos parcialmente, al antiguo orden transatlántico”.

La Comisión Europea quiere convertir a las redes sociales en el nuevo Torquemada

Desde hace siglos España es la envidia del mundo, martillo de herejes, cuna de la Inquisición y del Gran Torquemada que censuraba hasta los más recónditos pensamientos. En el resto del mundo la mayor parte de la gente cree en el librepensamiento, en que cada cual puede decir lo que le viene en gana. Nunca conocieron los avances que aquí logramos, desde los tiempos en que los libros se quemaban, hasta ahora, cuando los fiscales de la Audiencia Nacional piden penas de prisión por contar chistes o cantar un rap.

Por fin la Comisión Europea se ha propuesto que España sea un ejemplo para el Viejo Continente y acabar de una vez con esas noticias procedentes de fuentes no oficiales que proliferan por las redes sociales y son falsas, bulos, chismorreos y otros graves errores contra las Sagradas Escrituras.

En la Comisión Europea hay un encargado de eso que en Bruselas llaman “mercado único digital” porque allá todo, incluso las informaciones, verdaderas o falsas, es un negocio. El tipo se llama Andrus Ansip y se ha dirigido a Facebook y otras redes sociales para que emprendan una cruzada contra las informaciones erróneas, dudosas, equívocas o infundadas.

Para su “fatwa” el tal Ansip ha utilizado un medio sobre cuya fiabilidad no puede caber absolutamente ningun duda: el Financial Times. El Gran Inquisidor apela a la “autoregulación”, es decir, quiere que la censura la impongan las propias multinacionales, pero en caso contrario se muestra dispuesto a ejercer de pirómano por sí mismo.

A un monopolio como Facebook no hace falta que un enchufado de Bruselas le diga lo que tiene que hacer; ya está en plena tarea inquisidora, filtrando contenidos y animando a los usuarios a que hagan de chivatos e indiquen qué informaciones consideran como falsas pulsando sobre un indicador de la pantalla. También ha cerrado el acceso de la publicidad a los perfiles que difunden falsedades.

Pero al Torquemada de Bruselas eso le parece poco y uno de sus portavoces ha dicho que van a publicar “directrices” sobre la manera en que las multinacionales informáticas tienen que censurar la información.

Más que un mercado, lo que hay es un mercadillo digital cada vez más controlado por lo peor de un Estado: los servicios secretos. Ante las próximas elecciones en Alemania, los espías dicen haber detectado un aumento en la difusión de noticias falsas que tienen por objeto debilitar la posición electoral de Merkel.

Naturalmente que los espías se han puesto a contrarrestarlo, para lo cual se les ha ocurrido crear una asociación de “periodismo de investigación” encargada de verificar las informaciones que circulan por las redes. Al presidente del grupo parlamentario socialdemócrata, Thomas Oppermann, se le ha ocurrido la feliz de idea de imponer multas a las redes sociales que no desempeñen su papel inquisidor con suficiente celo.

También han aparecido impacientes que han asumido como propia la tarea de modernos Torquemada y han elaborado listados de los herejes que difunden mentiras, bulos y calumnias por internet. Hay uno que ha publicado una base de datos con 1.200 mentirosos que deben ser enviados a la hoguera, encabezados por ¡Russia Today! ¡Cómo no!

No pierdan la oportunidad de echar un vistazo a esa lista: https://archive.is/vvpf9

La Unión Europea levantará un muro en la frontera rusa de Kaliningrado

Las fronteras se convierten en muros militares e ideológicos, como el Telón de Acero, el de Gaza o el de Melilla, por algún motivo especial. Pero cuando ni siquiera se reconoce a quien lo levanta, mucho menos se podrán conocer los motivos de ello.

En tiempos de la Guerra Fría la propaganda repetía, una y otra vez, que la República Democrática Alemana había alzado el Muro de Berlín porque como no había libertad (en el este), no dejaban a las personas viajar, salir de su país, y la gente huye hacia donde hay libertad, como es bien sabido por todos.

El motivo invocado era, pues, la libertad. Pero ahora, como se están levantando cada vez más muros por todas partes, a pesar de que ya no existe la URSS, ni el Pacto de Varsovia, ni nada parecido, aquel argumento no vale. Hay que inventar otro.

El último plan es el de Lituania, que echa de menos su propio muro y quiere ponerlo alrededor de los 130 kilómetros de frontera de Kaliningrado, que pertenece a Rusia y permanece enclavado, pues, dentro de la Unión Europea, con frontera al Báltico, a Lituania y a Polonia.

Es posible que en el futuro también alguien le de la vuelta a este muro, afirmando que es Rusia quien lo levanta, por lo que hay que poner en claro las cosas desde este mismo momento. Lo dijo ayer el Ministro lituano de Interior, Eimutis Misiunas: “Las razones son a la vez económicas, impedir el contrabando, y geopolíticas, reforzar la frontera exterior de la Unión Europea”.

No se trata del muro de Trump sino de la Unión Europea, por lo que pasará mucho más desapercibido que el otro. Lo más seguro es que nadie diga nada, y si alguien dice algo, es posible que no sea en tono de protesta o, finalmente, que alguien se queje, pero sólo del coste de la obra que pagará Bruselas: 25 millones de euros.

La excusa geopolítica del ministro lituano es banal. Se cree que puede parar los misiles nucleares con un muro de ladrillos de dos mestros de altura, al estilo de línea Maginot de hace 100 años.

El ministro también se ha excusado con el contrabando de tabaco, algo sencillamente inverosímil. Del contrabando de tabaco viven muchos vecinos rusos, pero del contrabando de ámbar viven los lituanos, y de eso el ministro no dice nada.

Además de un fortín naval, Kaliningrado, la vieja Könisberg kantiana, tiene las mayores reservas mundiales de ámbar, una riqueza que saquean sus vecinos bálticos y Polonia, por donde la piedra preciosa sale al mercado negro de la joyería.

Muy cerca de los submarinos nucleares se pueden ver las minas de ámbar de Kaliningrado que se explotan clandestinamente al más viejo estilo minero.

En 2012 el Tribunal ruso de Cuentas publicó un informe según el cual el año anterior Rusia había obtenido un rédito de 20 millones de dólares gracias al comercio legal de ámbar, mientras Polonia había obtenido 600 millones, 30 veces más, sin poner nada a cambio. Un verdadero saqueo. El puerto polaco de Gdansk está considerado como la capital mundial del ámbar ruso.

El negocio es tan redondo que nadie quiere el ámbar legal, el que explota Rusia, que es sólo el 16 por ciento del mercado del ámbar; el resto es ilegal y beneficia a los países bálticos y Polonia. No hay nada como el contrabando y la corrupción ligada al mercado negro.

Por ejemplo, Rusia explota la mina de Yantarny, que está dirigida directamente desde Moscú por el Ministerio ruso de Finanzas, pero está a punto de cerrar o de venderse a capital extranjero porque no puede competir.

En Kaliningrado el muro demostrará que los mercados capitalistas son tan libres que en ellos también caben los mercados negros, y cuando más negros mejor; más beneficios reportan. ¿O creen que la Unión Europea levantará el muro para que los vecinos no roben el ámbar a Rusia?

La ‘lucha contra el terrorismo’ es la coartada para la creación de un Estado fascista

Coupat: un culpable a la medida
Juan Manuel Olarieta

Si hablara del yihadismo este artículo perdería su gracia, por lo que hablaré del anarquismo, o sea, de la asimilación del anarquismo al terrorismo y de los réditos que de ella se han derivado siempre, desde hace más de cien años.

Pero si hablara de la “lucha contra el terrorismo” (anarquista o cualquier otro) en España acabaría en una mazmorra inmunda, así que hablaré de otro país, como Francia, por ejemplo, algo que -de momento- no atraerá las iras de ningún inquisidor de la fiscalía (o eso espero).

En 2008 la policía antiterrorista francesa, respaldada por la correspondiente intoxicación mediática, como es habitual, fabricó la historia de los sabotajes a varias líneas del AVE francés (TGV). Un caso claro de terrorismo cuya lotería le tocó a los anarquistas, aunque podía haber tocado a cualquier otro. Lo importante es que la policía y los medios necesitaban ruido y les resulta fácil lograrlo si nadie les hace frente como se merecen.

Como consecuencia de aquellos “sabotajes anarquistas” la policía francesa remueve Roma con Santiago, con redadas y registros en cada uno de los centros donde se reunían los sospechosos, hasta que dieron con el lugar ideal para orquestar la farsa: una comuna de okupas en la localidad de Tarnac.

Aquellos pacifistas y alternativos no eran tan inofensivos como creían los vecinos, sino tipos peligrosos y mal encarados. ¡Hay que estar un poco más alerta y llamar a la policía a la mínima sospecha!

La lotería policiaca siguió cuando algunos (y no otros) fueron acusados de un delito creado en los tiempos en que el general fascista Petain era el amo del Vichy colaboracionista de la Segunda Guerra Mundial. Se llama “asociación de malhechores con fines terroristas”, el equivalente a la “pertenencia a banda armada” autóctona. A Francia no le bastaba con el yihadismo sino que también necesitaba resucitar el “terrorismo de extrema izquierda” para justificarse a sí misma, sus atropellos y sus crímenes: el auténtico terrorismo de Estado.

Para tapar la boca a los escépticos de la prensa, la ministra del Interior daba datos tan exactos como que la red de “terroristas de extrema izquierda” que la policía vigilaba la componían 300 alborotadores dispuestos a todo, sobre todo a luchar contra los recortes presupuestarios y la reforma laboral que el gobierno quería emprender de inmediato.

Tras la redada, el Ministerio de Interior movilizó a 150 sabuesos para demostrarle al juez que aquella película no era de ficción sino real como la vida misma. La policía puso todo su empeño en ello y los hechos, las circunstancias, los testigos, los informes, las pruebas, las pistas, los indicios… todo fue tuneado para la ocasión.

La policía se volcó en el guión que llevaba escrito de antemano, y fue jaleada por los medios hasta tal punto que se pasaron de rosca. Durante meses tuvieron micrófonos instalados en el supermercado del pueblo y llegaron a falsificar los atestados. Era algo tan obvio que tres años después del montaje, un juez abrió un sumario contra la policía por apañar las pruebas.

El asunto dio un giro de 180 grados; los vigilantes se vieron sometidos a lo que más odian: ser vigilados.

Bauer: un socialfascista de libro
El caso de los anarquistas de Tarnac es uno de esos experimentos de laboratorio a los que se han aficionado los países de la Unión Europea. Su detonante no fueron los sabotajes a las líneas ferroviarias de alta velocidad sino el Informe Bauer, redactado poco antes a petición de Nicolás Sarkozi, cuando era Presidente de la República.

Alain Bauer, el artífice del informe, es un antiguo militante socialista que creó una empresa de seguridad con la que se ha llenado los bolsillos gracias a la privatización de la policía. Su informe es tecnología represiva típicamente fascista, es decir, preventiva. Dado que el gobierno sabía que sus recortes y su reforma laboral encontrarían una furibunda oposición, necesitaban atajarla atemorizando a las masas, para lo cual tenían que fabricar un enemigo y rodearle de la parafernalia típica del caso.

Lo mismo que la Operación Pandora en España, en Francia apareció una obra premonitoria sobre “La futura insurrección” firmada por un “Comité invisible” pero atribuida por la policía a una de las víctimas del montaje, el anarquista Julien Coupat, que ha negado ser su autor. El Informe Bauer aseguraba que esta obra era similar a los primeros folletos que publicaron las Brigadas Rojas en Italia.

En la Europa actual asistimos con la mayor naturalidad e indiferencia a que las letras de las canciones, los chistes y los escritos, en digital o en el papel, se conviertan en manos de policías, fiscales y jueces en crímenes de la peor especie, en torno a los cuales se orquestan verdaderos montajes como el de los inofensivos okupas franceses.

Los sabotajes a las líneas de alta velocidad se hicieron colocando ganchos en las catenarias, algo que ya hacía el movimiento antinuclear alemán hace un cuarto de siglo y que es inocuo para los viajeros. No había terrorismo por ninguna parte, ni ningún motivo de alarma y menos para la paranoia que desataron los medios. Nunca hubo ningún otro terrorismo que el de la policía, los fiscales y los jueces.

Pero el fiscal, un verdadero degenerado, puso de manifiesto sus propias taras personales y profesionales cuando aseguró que los okupas eran peligrosos porque eran anticapitalistas y tenían contactos con las “movidas anarquistas internacionales”, lo cual el contraespionaje francés (la hoy desaparecida DST) trató de probar con un informe del FBI sobre la participación de Coupat en varias manifestaciones celebradas en Estados Unidos contra centros de reclutamiento del ejército.

El ejercicio de un derecho básico, como el de manifestación, se convertía en su contrario: en la prueba de un grave delito.

En la “lucha contra el terrorismo” el sistema judicial ha pasado a formar parte, también en Francia, de la guerra preventiva. En unos casos se utiliza para invadir países o derrocar gobiernos; en los otros, para encarcelar indiscriminadamente y atemorizar a la población con farsas seudojudiciales.

En Francia los montajes policiales no han frenado las protestas contra la reforma laboral

Se cumplen 25 años de la destrucción de Yugoeslavia por la Unión Europea

Milosevic, el dirigente yugoslavo asesinado
El 15 de enero de 1992, hace un cuarto de siglo, Alemania establecía relaciones diplomáticas con dos de los nuevos Estados surgidos de la destrucción de Yugoeslavia: Eslovenia y Croacia. Fue el primer país de la Unión Europea en reconocer los restos del descuartizamiento que había provocado en los Balcanes, de donde había salido derrotada en 1945. La Unión Europea hizo lo propio sólo unos días después. Un Estado soberano, la República Federal de Yugoeslavia, desaparecía.

Inicialmente Francia se opuso al fraccionamiento de Yugoeslavia, aduciendo tímidamente que los serbios corrían un serio peligro, pero la presiones alemanas vencieron.

Por su parte, al principio la ONU también se opuso al plan alemán de partición. En aquella época el delegado de la ONU para Yugoeslavia era Cyrus Vance, el antiguo Secretario de Estado norteamericano.

La ONU desplegó un contingente de 10.000 tropas con una misión hipócrita, la paz, que todos sabían que se iba a cobvertir en lo contrario, en la peor guerra que ha habido en Europa desde 1945. Por lo tanto, el desmembramiento de Yugoeslavia y las tropas “de paz” de la ONU fueron el comienzo de la Guerra de los Balcanes.

Los imperialistas quisieron acabar así con uno de los pilares fundamentales de los países no alineados y repartirse sus despojos en pedacitos cada vez más pequeños, para lo cual exacerbaron el patrioterismo de unos y otros para que se mataran de la manera más brutal posible.

El chovinismo feroz fue alentado por sus dos compañeros de cuna: el fascismo y el islamismo, representados respectivamente por el croata Franjo Tudman y por el bosnio Izebegovic. Si el fascismo llegó de la mano de Alemania, el islamismo lo hizo de la de Estados Unidos.

“La experiencia adquirida en Bosnia podrá servir de modelo para nuestras operaciones futuras de la OTAN”, dijo entonces Javier Solana, Secretario General de la alianza militar imperialista y antiguo ministro del PSOE.

Es el modelo de la OTAN en Irak, el modelo de Libia, el de Siria…

El modelo del asesinato de Milosevic es el del asesinato de Saddam Hussein, el del asesinato de Gadafi… Los asesinos siempre mantienen un mismo “modus operandi” en todos sus crímenes.

Fischer: un pacifista que exige el rearme del ejército alemán

No hay nada más peligroso que un pacifista, porque llaman a la guerra mientras hablan de paz. Es el caso de un personaje siniestro, Joschka Fischer, que llegó a ser jefe de Los Verdes en Alemania procedente de los más furibundos grupúsculos de la extrema izquierda, un poco al estilo del portugués Durao Barroso, que saltó del maoísmo al banco Goldman Sachs después de un triste periplo en la Comisión Europea.

El pacifista Fischer llegó a ser ministro de Asuntos Exteriores y le correspondió el honor de ser el primero que sacó al ejército alemán fuera de su país desde 1945. Siempre se mostró partidario del rearme de Alemania y el mantenimiento de una alianza estrecha entre la Unión Europea y Estados Unidos dentro de la OTAN.

Ese fue el motivo de la crisis de gobierno en 2003 entre Los Verdes y la socialdemocracia. A diferencia de Fischer, el canciller Schröder pretendía reforzar los lazos de Alemania con Rusia.

Pero los tiempos están cambiando a marchas aceleradas, incluso para el canalla de Fischer, que de tonto no tiene un pelo. Ahora mismo, con el acercamiento entre Trump y Putin, la OTAN ya no es una apuesta segura para el imperialismo alemán, por lo que Fischer propone el rearme del Bundeswehr y una mayor aproximación a Francia, independientemente de la Unión Europea. Así lo ha manifestado en un artículo que publicó el lunes el diario Süddeutsche Zeitung.

La llegada de Trump a Washington va a sacudir la Unión Europea, pronostica Fischer, tanto como a la OTAN. Ni una ni otra son fiables para Alemania porque desde Washington y Moscú van a tratar de desestabilizar al Viejo Continente apoyando a los movimientos nacionalistas, contrarios a Unión, que necesita un Plan B, alternativo al actual.

El plan de Fischer es constituir a la Unión Europea en un tercero en discordia, incluso sin la Unión, sobre la base de los Estados que forman parte de ella, por lo que no es nada diferente de las propuestas de los partidos euroescépticos, tan en boga, como el Frente Nacional en Francia o el Movimiento 5 Estrellas en Italia.

El impulso al nuevo militarismo alemán no es, sin embargo, obra sólo de Fischer. Comenzó hace tres años cuando el preseidente alemán Gauck, el ministro de Asuntos Exteriores Frank-Walter Steinmeier y la ministra de Defensa Ursula von der Leyen proclamaron solemnemente el “fin de la contención alemana” y, como consecuencia de ello, el militarismo, el rearme y las aventuras bélicas más allá de las fronteras.

Ahora mismo el Bundeswehr inicia una de esas salidas y pronto estará desplegado en Mali, en el corazón del Sahel. Nada menos.

La Unión Europea ya tiene su propio Ministerio franquista de Información

Por 304 votos contra 179 y 208 abstenciones el Parlamento europeo ha aprobado una resolución sobre “comunicación estratégica” cuyo objetivo es contrarrestar la propaganda que terceros (o sea, Rusia) llevan a cabo en contra de la Unión Europea. Desde su mismo enunciado la resolución es, pues, un fraude ya que aparenta un carácter defensivo que no tiene. Su objetivo no es otro que impedir la libre circulación de la información, imponer un canon, una versión oficial de cualquier acontecimiento al más puro estilo franquista, cuando dentro del gobierno existía un “Ministerio de Información” encargado de contar “la verdad”.

Lo mismo que el franquismo, la Unión Europea ha creado su propio “Ministerio de la Verdad” que editará dos boletines que cada Estado se encargará de distribuir entre sus súbditos a fin de que pueda conocer la verdad en bibliotecas, consejos de redacción, agencias de prensa y posiblemente encima de las barras de los bares, las mesillas de las peluquerías y las salas de espera de los dentistas.

Es el fascismo. A medida que el descrédito de los grandes medios de comunicación aumenta, la guerra sicológica arrecia y se convierte en auténtica propaganda de guerra como parte de la guerra misma, en la que se han involucrado a fondo las redes sociales, como Facebook, e incluso los monopolios informáticos, como Google, que la ha llevado hasta el navegador Chrome que es el más utilizado por los usuarios de internet.

La paranoia antirusa tiene muchos elementos comunes con la turca y su origen es igual de remoto. Surge en el siglo XI con el cisma de las iglesias orientales, que abandonan la disciplina romana, a partir de lo cual la jerarquía organiza una de tantas cazas de brujas bajo la acostumbrada amalgama de lo religioso con lo racial.

A diferencia de lo que hoy creen tantos colectivos, la propaganda no se difunde sino que se organiza, algo que en Roma la Curia conoce a la perfección porque desde hace más de mil años ha creado grandes organizaciones, como las universidades, dedicadas exclusivamente a llevar sus postulados ideológicos hasta los últimos rincones del mundo sometidos a su influencia.

Desde el siglo XV la iglesia romana creó y alimentó el fantasma de una Rusia asiática y bárbara, poniendo el epicentro de la batalla política e ideológica en el este de Europa, en la frontera misma que la separaba de los ortodoxos. La Universidad de Cracovia, en Polonia, una de las más antiguas del mundo, forjó una batería de concepciones que no sólo definían a los rusos y los turcos como herejes, lo peor del momento, sino como refugio de apóstatas. Ambos imperios, ruso y turco, desafiaban la autoridad romana acogiendo a quienes huían porque en el occidente de Europa les perseguían a causa de sus ideas. No consentían que fueran quemados en la hoguera.

El carácter tan sumamente reaccionario del catolicismo polaco tiene ese origen. Desde el siglo XV Polonia fue el primer muro de defensa de la auténtica cristiandad, por lo menos tanto como la Inquisición española, creada posteriormente para emprender otra batalla contra los judíos, los moriscos y luego los llamados protestantes. Los rescoldos de aquella persecución ideológica siguen humeando hoy y en España la “cultura” fascista, que es ampliamente dominante, es buena muestra de ello, de xenofobia, de islamofobia, de antisemitismo, favorecido porque quienes debieran hacerle frente siguen cruzados de brazos.

Pocos vecinos ha tenido la Unión Europea que le hayan mostrado mayor veneración que Rusia y Turquía, a quienes ha pagado con los desprecios más rotundos que cabe imaginar, verdaderamente intolerables. Podemos remontarnos a aquellos tiempos en que Gorbachov hablaba de “la casa común europea” o a los primeros discursos de Putin al llegar a la Presidencia, como el de 25 de setiembre de 2001 en el Bundestag, en el que propuso unificar medios a la Unión Europea, “con los hombres, el territorio y los recursos naturales rusos así como con el potencial económico, cultural y defensivo de Rusia” en un gran espacio económico desde Lisboa a Vladivostok.

Lo mismo que Turquía, durante décadas Rusia ha estado llamando a las puertas de la Unión Europea y hasta la fecha no ha recibido más que portazos, acompañados de la más repugnante de las campañas difamatorias que se recuerda desde los tiempos de la Guerra Fría.

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