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Israel ensaya sus técnicas de vigilancia total en la población palestina

La policía israelí ha estado utilizando el programa espía Pegasus para vigilar ilegalmente a la población, según informó el martes el diario Calcalist (1). La aplicación puede controlar los teléfonos, extraer información o intervenirlos, todo ello de forma casi indetectable.

El programa se justificó porque era necesario para detectar a “terroristas y delincuentes”, pero la diana es el conjunto de la población. Los vigilantes rastrearon 50.000 números de teléfono, entre ellos los de periodistas, jefes de Estado, abogados, activistas y políticos de diferentes países del mundo.

Los que introducen Pegasus en los móviles capturan una gran cantidad de información que les permite chantajear a los usuarios. Según Calcalist, el espionaje en Israel se dirigió esencialmente a los opositores del Primer Ministro Netanyahu para tomar el control de sus dispositivos con el fin de tener la capacidad de escuchar todas sus llamadas y leer todos sus mensajes.

Aprovechando la pandemia, el Grupo NSO se sumó al control de la población, esta vez con pretextos sanitarios y de rastreo. Para ello utiliza un sistema de análisis epidemiológico llamado Fleming, una herramienta cartográfica avanzada que -supuestamente- identifica la propagación del coronavirus en tiempo real (2).

El programa espía Pegasus se hizo famoso en el mundo entero en 2016, aunque nadie recordó que previamente se había ensayado con los teléfonos móviles de los palestinos. La Unidad 8200 del ejército israelí utiliza estas técnicas de vigilancia para identificar a los palestinos.

Tanto en Cisjordania ocupada, en Gaza o en Israel, los palestinos viven bajo una permanente vigilancia israelí (3). El ejército sionista utiliza los territorios ocupados como laboratorio para probar tecnologías de vigilancia invasivas.

Recientemente el ejército israelí ha desplegado la tecnología de reconocimiento facial Blue Wolf, que culminó con un concurso que premió a los soldados que habían fotografiado a más civiles palestinos.

Desde el inicio de la ocupación en 1967, Israel ha aumentado progresivamente su control sobre las tecnologías de la información y la comunicación en Cisjordania y Gaza, desafiando los Acuerdos de Oslo, que exigían que Israel transfiriera gradualmente el control a los palestinos.

Israel prohíbe los avances tecnológicos a las comunidades palestinas, al tiempo que controla la infraestructura que sustenta el estado de vigilancia. Los israelíes tienen acceso a la tecnología 5G, mientras que los palestinos de la Cisjordania ocupada sólo se tienen que conformar con la 3G y los de Gaza con la 2G.

Los israelíes escuchan todas las conversaciones telefónicas de Cisjordania y Gaza y todos los teléfonos móviles importados a Gaza a través del puesto de control de Kerem Shalom están equipados con un dispositivo israelí de rastreo.

Israel ha creado herramientas de vigilancia para cribar el contenido de las redes sociales palestinas, y desde 2015 ha detenido a cientos de palestinos por sus mensajes en las redes sociales a través de un programa de policía predictiva.

El gobierno de Tel Aviv también ha utilizado la pandemia como pretexto para desplegar nuevas medidas invasivas de vigilancia. Las restricciones sanitarias sirvieron para limitar aún más los desplazamientos de los palestinos, sustituyéndolos por aplicaciones en línea.

Aunque los sionistas la presentaron como una medida de salud pública, los usuarios debían conceder a los ocupantes un acceso a los datos almacenados en sus teléfonos, como llamadas, mensajes y fotos.

La videovigilancia y las aplicaciones de reconocimiento facial son otra realidad cotidiana para los palestinos. En 2000 se instalaron varios cientos de cámaras de circuito cerrado de televisión en la Ciudad Vieja de Jerusalén.

En 2015 el sistema se amplió enormemente, y hoy en día la tecnología de reconocimiento facial se ha extendido tanto que muchos palestinos ya no se sienten seguros en sus propios hogares.

Algunas cámaras de vídeovigilancia están colocadas de forma que pueden ver lo que ocurre en los domicilios particulares, lo que lleva a algunas mujeres a dormir con el hiyab puesto, mientras que otras familias se resisten a dejar que sus hijos jueguen en la calle.

El año pasado, Microsoft, ante una auditoría pública, anunció que vendería su participación en la empresa israelí de reconocimiento facial AnyVision.

(1) https://www.calcalistech.com/ctech/articles/0,7340,L-3927410,00.html
(2) https://www-nsogroup-com.translate.goog/fighting-the-covid-19/
(3) https://www.middleeasteye.net/opinion/israel-palestine-surveillance-tech-dystopia

El sueño del control se hace realidad: la identidad digital

El Banco Internacional de Pagos se ha manifestado a favor de la vacunación generalizada, con el peregrino principio de que es la única manera de lograr la recuperación económica.

En su reciente informe anual de 2021, también aboga por un sistema mundial de identidad digital, es decir, de asociar a cada uno de los habitantes del mundo a un código de barras.

Finalmente, el Banco es partidario de la introducción de las monedas digitales de los bancos centrales (CBCD) que sustituirán a los dólares y otras monedas fiduciarias.

A falta de ideas originales, el Banco tira de tópicos conocidos. Las monedas digitales, como el bitcoin, sirven para el blanqueo de dinero, para financiar el terrorismo y, ¡cómo no!, son una amenaza para el medio ambiente porque consume demasiada energía.

Unas monedas digitales son malas, pero hay otras que son buenas porque se pueden controlar. Para ello, las deben emitir los bancos centrales y hay que controlar cada una de las transacciones mundiales y, en consecuencia, cada una de las personas, empresas, sociedades e instituciones que hay en el mundo.

El dinero en efectivo se tiene que acabar y la pandemia ha dado un gran salto en esa línea con la imposición de los pagos mediante tarjeta, de manera que el control se extiende hasta el último céntimo.

Cada ciudadano tendrá una cuenta abierta en su banco central, sin intermediarios, y cada transacción es un movimiento de dicha cuenta. La más mínima transacción monetaria, en cualquier parte del mundo y para cada individuo, cada negocio, cada empresa, puede ser analizada y diseccionada.

Lo más interesante es que de esa manera, además de las transacciones, se controlan a las personas, a las empresas y todo tipo de sociedades, no sólo desde el punto de vista económico, sino en todas las facetas de su vida. La identidad digital es todo en uno: un lugar de trabajo, una cuenta corriente, un pasaporte, un certificado de vacunas, un carnet de conducir, una declaración de impuestos, redes sociales…

(*) https://www.bis.org/publ/arpdf/ar2021e.pdf

China envía especialistas en ciberguerra a Kazajistán

El gobierno chino ha enviado especialistas en ciberguerra y telecomunicaciones para ayudar al gobierno kazajo a bloquear las redes de internet y filtrar la telefonía móvil con la que se coordina la desestabilización del país.

El miércoles unos 500 manifestantes asaltaron la cadena de televisión Mir en Almaty. También asesinaron a un colaborador del canal de televisión de Almaty y atacaron al hijo del director de un periódico de la ciudad meridional de Saryaghash.

China, que tiene enormes intereses económicos en Kazajstán, quiere poner a prueba sus capacidades de contraguerra cibernética y clausura de redes en condiciones de guerra híbrida de fase I en un país de 2.724.900 kilómetros cuadrados. Se trata de un ensayo a pequeña escala de lo que probablemente ocurrirá a mayor escala en un futuro muy próximo.

Por su parte, el gobierno kazajo ha detenido al antiguo ministro, Karim Massimov, por alta traición. Es un socio comercial del hijo de Biden (*). El jefe de los servicios especiales y altos oficiales del ejército también están implicados en la desestabilización del país.

Más de 4.400 personas, entre ellas muchos extranjeros, han sido también detenidos desde el inicio de la revuelta.

Mientras, los países de la OTSC siguen enviando tropas y el equipo militar a Kazajistán, sobre todo Rusia. El objetivo es desmantelar, o al menos neutralizar, las poderosas redes desestabilizadoras creadas dentro de los servicios de inteligencia y el alto mando del ejército kazajo.

El país sigue bajo toque de queda y se ha decretado de facto la ley marcial en varias ciudades de Kazajistán. La policía tienen instrucciones de disparar a los insurgentes armados sin previo aviso.

Las tropas rusas en Kazajistán están asistidas por las de Armenia, Bielorrusia y Tayikistán.

(*) https://www.rt.com/russia/545442-kazakhstan-security-chief-arrested-treason/

Los implantes de microchips ya están aquí

Hasta hace muy pocos meses los implantes subcutáneos de microchips eran una de tantas paranoias, que a muchos les daba risa. Ahora son una realidad que va creciendo en muchos países, con empresas emergentes del ramo, como la sueca Epicenter, que ha probado con éxito un microchip del tamaño de un grano de arroz.

El implante se utiliza ahora para rastrear el estado de las personas, tanto si se han vacunado, como si no. Es cuestión de tiempo que los gobiernos de todo el mundo marquen a sus ciudadanos con estas inyecciones, que también son capaces de almacenar información financiera, lo que significa que serán necesarias para comprar y vender.

“Hoy en día es muy cómodo tener un pasaporte covíd siempre disponible en el implante”, afirma Hannes Sjöblad, director de DSruptive, uno de los socios de desarrollo tecnológico de Epicenter.

El gobierno sueco obliga a los ciudadanos a presentar una prueba de inyección si se les solicita en cualquier reunión en la que participen más de 100 personas. Esto incluye conciertos, eventos teatrales e incluso iglesias.

El anuncio del gobierno sobre esta cuestión ha hecho que muchos suecos se apresuren a implantarse los microchips de seguimiento de Epicentre en la piel. Las últimas cifras sugieren que al menos 6.000 suecos están ya etiquetados y preparados para participar en otro experimento social.

Un simple móvil sirve para escanear la muñeca de la persona e identificar el microchip, confirmando el cumplimiento de las normas gubernamentales.

Los 6.000 suecos que han dejado sus muñecas marcadas podrán ahora ir a restaurantes, hacer ejercicio en el gimnasio y participar en otras actividades sociales en las que se exige una prueba de inyección.

Al igual que el microchip sueco, la versión china se basa en la identificación por radiofrecuencia, o comunicación RFID, que utiliza campos electromagnéticos para transmitir señales que verifican la información almacenada.

Los implantes aumentaron tras el inicio de la pandemia, dada la aversión a tocar cosas, incluso en su propio domicilio. Ahora se utilizan ampliamente para realizar pagos, como si se tratara de una tarjetas bancaria.

El almacenamiento de datos de un microchip se puede ampliar eventualmente para albergar una amplia gama de informaciones de identificación, lo que plantea las viejas cuestiones del derecho a la intimidad y facilidad de vigilancia por parte de terceros.

En 2017, justo después de que Donald Trump llegara a la Casa Blanca, una empresa tecnológica con sede en Wisconsin llamada Three Square Market presentó su propia tecnología de microchips implantables que se entregaba a los trabajadores y que les permitía pagar la comida y la bebida durante el descanso.

El gobierno canadiense ha espiado más de 33 millones de móviles durante la pandemia

El gobierno canadiense ha confesado que durante la pandemia ha espiado más de 33 millones de teléfonos móviles con el pretexto de evaluar “la respuesta de la población a las medidas de confinamiento”.

La población total de Canadá es de unos 38 millones de habitantes, lo que significa que por medio de los móviles el gobierno ha estado vigilando a casi toda la población canadiense.

El control de los ciudadanos canadienses se reveló la semana pasada. La Agencia de Salud Pública de Canadá (PHAC) compró a Telus datos sobre la ubicación y los movimientos de los usuarios de teléfonos móviles con el fin de “comprender los posibles vínculos entre los movimientos de la población en Canadá y la propagación del covid-19”, dijo un funcionario de la institución (1).

“Debido a la urgencia de la pandemia”, añadió el portavoz, la PHAC “ha estado recopilando y utilizando datos de movilidad, como los datos de localización de las torres de telefonía, a lo largo de la respuesta al covid-19”.

El espionaje de esos movimientos “ayuda a avanzar en los objetivos de salud pública”, según el funcionario de la PHAC.

La institución afirma que seguirá rastreando la información y los movimientos de la población durante “al menos los próximos cinco años” para controlar “otras enfermedades infecciosas, la prevención de enfermedades crónicas y la salud mental”, según el funcionario.

David Lyon, autor de “Pandemic Surveillance” y antiguo director del Centro de Estudios de Vigilancia de la Universidad de Queen confirma que “la población canadiense descubrirá muchas más iniciativas de vigilancia no autorizadas antes de que termine la pandemia, e incluso después” (2).

“La PHAC utiliza el mismo tipo de lenguaje ‘tranquilizador’ que las agencias de seguridad nacional”, asegura Lyon. “Al no mencionar las posibilidades de reidentificación de los datos que han sido ‘desidentificados’. En principio, por supuesto, los datos de los teléfonos móviles pueden utilizarse para el seguimiento”.

(1) https://nypost.com/2021/12/25/canada-secretly-tracked-33-million-phones-during-lockdown/
(2) https://nationalpost.com/news/canada/canadas-public-health-agency-admits-it-tracked-33-million-mobile-devices-during-lockdown

La verificación de hechos no existe, lo que se censura son opiniones divergentes

Facebook ha admitido, por fin, su verdadero papel censor: eso que presentan como “verificación de hechos” es una caza de brujas de opiniones divergentes (1).

El periodista John Stossel presentó una demanda judicial para demostrar que la supuesta lucha contra la “desinformación” de los monopolios tecnológicos es una farsa (2). Publicó dos vídeos en los que abordaba el cambio climático. Ninguno de los dos cuestionaba la realidad del cambio climático, sino que cada uno de ellos abordaba otras cuestiones conexas, como la gestión forestal y el uso de la tecnología para adaptarse.

Sin embargo, los sicarios de Facebook, llamados Science Feedback, los calificaron de “falsos” o, como dicen ahora, “faltos de contexto” porque no les gustó el “tono”.

Esto demuestra que en asuntos como el cambio climático no basta con repetir sólo una parte; hay que insistir en todo el repertorio clásico de temas ligados a la cuestión central para no dejar lugar a dudas: es la peor catástrofe de la historia de la humanidad, hay que gastar billones para combatirlo…

Sólo por eso, Facebook prohíbe o margina algunos reportajes, privándoles de lectores. Pero cuando le demandan, Facebook se encoge de hombres y dice “¡No hemos sido nosotros!” Ellos subcontratan la censura a sicarios como Science Feedback, que deben cobrar por cada hereje al que llevan a la hoguera.

Facebook califica a este tipo de mercenarios, estilo Newtral y Maldita, de “verificadores independientes” porque venden la burra muy barata. Al mejor postor.

El New York Post se ha encontrado con el mismo problema varias veces. En febrero del año pasado publicaron un artículo preguntando si el coronavirus se había escapado desde el laboratorio de Wuhan. La información fue calificada de falsa por los censores de Facebook.

Los verificadores, dice el New York Post, se basan en un grupo reducido de “expertos” interesados en rechazar ciertas teorías, incluyendo EcoHealth, que financió el funcionamiento del laboratorio de Wuhan. Por lo tanto, si la fuga del virus fuera cierta, serían responsables de los daños causados y estarían obligados a indemnizar.

Cuando Twitter bloqueó los informes del New York Post asegurando que el ordenador de Hunter Biden era un “equipo pirateado”, no se basó en nada. Sólo era una excusa para que la reputación de la familia presidencial, padre e hijo, permaneciera inmaculada y, con ella, el partido demócrata al que Twitter sirve.

La “verificación de hechos” se ha convertido en un negocio, otro más, propicio para trepas y vendidos de todos los pelajes. Está financiada por magnates oscuros, como George Soros, con la apariencia de ONG y al servicio de los monopolios tecnológicos y, por supuesto, del discurso dominante.

(1) https://thefederalist.com/2021/12/13/facebook-quietly-admits-its-third-party-fact-checks-are-opinions/
(2) https://www.hollywoodreporter.com/business/digital/john-stossel-sues-facebook-1235019248/

‘Multas sin contacto’: otra innovación que la pandemia ha traído a la policía

El término “multas sin contacto” significa que la policía redacta y envía denuncias sin llegar a controlar físicamente a la persona sancionada. También se podrían llamar multas a distancia o multas sin control. En algunos casos se trata de multas sin infracción.

Después del confinamiento comenzaron a llegar sanciones a los domicilios de muchos franceses por haber sido rastreados en la calle o viajando en un transporte público. Las cámaras de videovigilancia los han grabado e identificado. Algunas veces incluso los han confundido, pero eso no importa porque el método ya está en marcha. La “inteligencia artificial” aprende, sobre todo, con los errores, las quejas y los recursos de los propios afectados.

Es un verdadero hostigamiento policial contra poblaciones que están en el punto de mira, como los barrios obreros o las concentraciones de inmigrantes. La prensa se está llenando de quejas porque reciben multas por deambular por lugares en los que no han estado nunca. A veces reciben multas por haber permanecido al mismo tiempo en lugares diferentes.

Las quejas muestran que la población está desesperada porque no pueden demostrar que no han estado en un lugar concreto en un momento determinado.

Hay jóvenes que han recibido diez o incluso quince multas de golpe. Pone de manifiesto la voluntad política y policial de vigilar y seleccionar a determinadas poblaciones para excluirlas de un espacio público cada vez más higienizado y vaciado de sus habitantes naturales.

El origen de las multas es siempre una cámara de videovigilancia instalada en la calle y conectada a un servidor policial dotado con un programa de reconocimiento facial.

En Millau, Aveyron, 50 vecinos recibieron una multa de 135 euros en sus buzones en mayo del año pasado por reunirse sin cumplir con las medidas sanitarias tras salir del confinamiento. La identificación la realizó la inteligencia territorial de la policía por medio de una memoria de datos masiva de la población.

En Foix ocurrió lo mismo tras el fin del primer encierro. En este caso fue un carnaval organizado en mayo del ao pasado. Algunos sancionados afirman no haber estado presentes, pero eso es lo demás. Es otro experimento de la pandemia. El ayuntamiento quiere instalar más cámaras, mientras los vecinos se organizan para luchar contra ellas.

La mayor parte de las multas se impusieron una vez finalizado el confinamiento, pero en otras localidades la estrategia de acoso en los barrios obreros ya estaba en marcha antes de la pandemia. Ahora no ha hecho más que intensificarse. Es la política de “limpieza de las calles” que ha seguido la comisaría del distrito 20 de París.

La pandemia ha aumentado considerablemente el poder coercitivo de la policía, se ha modernizado tecnológicamente, se ha convertido en una política masivas y sistemática. Ya no está limitada, como antes, por los recursos humanos y materiales de la policía.

Las nuevas tecnologías represivas se basan en un trabajo previo de inteligencia policial, que ha formado ficheros con fotos, nombres, apellidos, direcciones, huellas dactilares, grupo sanguíneo, amigos, contactos…

La policía se apoya en la vídeovigilancia. Ya no necesitan desplazarse al lugar. Se limitan a comprobar a posteriori las grabaciones.

Algunos municipios se están asociando con las empresas para incorporar tecnologías de lectura automática de matrículas a sus sistemas. Las multas y las bases de datos financian los costosos programas y equipos de esas empresas.

Es un cambio de escala. Las cámaras de videovigilancia más modernas permiten crear nuevas infracciones y recaudar más multas, o multas más elevadas. Algunas están equipadas con altavoces que ordenan a los residentes que recojan los excrementos de sus perros.

—https://www.bondyblog.fr/societe/police-justice/des-jeunes-surendettes-a-cause-des-amendes-du-couvre-feu-dans-les-quartiers/

El efecto manipulación de Google

Un buscador de internet no es un algoritmo neutral sino que toma partido, como hemos repetido tantas veces aquí. Google no está para buscar información sino para ocultarla. Es algo conocido desde hace muchos años que se ha hecho especialmente evidente y grave durante la pandemia.

El gigante tecnológico es un instrumento de la hegemonía imperialista y de control de la información que circula. Oculta las fuentes que no son oficiales o no están autorizadas o, en suma, lo que no quieren que se difunda.

Originalmente fue un proyecto de investigación financiado y apoyado por la inteligencia y el ejército estadounidense para mantener el control en la guerra de la información.

Los usuarios avanzados de internet no utilizan Google para buscar sino para averiguar el alcance de la censura. En 2015 el investigador estadounidense Robert Epstein lo llamó SEME (Search Engine Manipulation Effect o Efecto de Manipulación de los Motores de Búsqueda) (1). Epstein trabaja como sicólogo en el Instituto Americano de Investigación del Comportamiento y la Tecnología y en 2019 testificó en el Senado acerca de la manipulación de los resultados de búsqueda por parte de Google (2).

La censura de la multinacional no sólo afecta a los resultados de las búsquedas, sino incluso a las sugerencias de búsqueda. El motor primero manipula lo que busca el usuario y luego manipula aún más los resultados que le remite. Epstein afirma que la manipulación es “uno de los efectos conductuales más grandes jamás descubierto”.

Cuando tienen que votar, los electores no estudian el programa el electoral, sino que recurren al motor de búsqueda. En las elecciones de 2018 en Estados Unidos, Google logró cambiar el voto de más de 78 millones de electores a favor de los demócratas. Una empresa multinacional logra cambiar más del 25 por ciento de los votos en el mundo pero, sobre todo, determina el voto de los indecisos, asegura Epstein (3).

En un móvil o en un ordenador, el usuario no aprecia la intervención de un ser humano. Se cree que interacciona con una máquina, y los votantes tienen más confianza en ellas que en los seres humanos. Cree que las máquinas son imparciales, no afiliadas, reaccionarias ni progresistas.

Google es una maquinaria publicitaria que lo mismo vende mercancías que candidaturas electorales. En ambos casos se ha enfrentado a cuantiosas multas por manipular los resultados de las búsquedas. En 2017 la Unión Europea impuso una multa de 2.400 millones de euros por manipular los resultados de las búsquedas para favorecer su propio servicio de comparación de compras.

Un año más tarde, la multinacional recibió una multa de 21,1 millones de dólares, esta vez en India, condenada por dirigir a los usuarios de la web que buscaban vuelos a su propia página de búsqueda de vuelos, privando a otras empresas de la competencia de su mercado.

(1) https://www.pnas.org/content/112/33/E4512
(2) https://www.c-span.org/video/?c4808451/user-clip-dr-robert-epstein-testimony
(3) https://www.latimes.com/politics/la-na-pol-google-search-bias-elections-20190322-story.html

Los robots de la policía patrullan las calles de Singapur

La infinidad de cámaras de videovigilancia instaladas en cada esquina no son suficientes. Los drones tampoco. Con la pandemia han llegado los robots que se pasean por la acera a nuestro lado. Naturalmente, ahora dichos artilugios están dotados de programas de reconocimiento facial.

Desde el inicio de las restricciones Singapur ha visto una explosión de los artefactos utilizadas para vigilar a la población. Utilizan robots de patrulla, llamados “Xavier”, para vigilar a la población.

Los robots tienen cámaras que les permiten observar su entorno en 360 grados y ver en la oscuridad. Buscan a las personas que fuman, que infringen las restricciones sanitarias, que aparcan la moto de forma incorrecta o que venden mercancías en el “top manta”.

Desde una terminal, cómodamente senados, los policías los manejan a distancia y se pueden comunicar directamente con los infractores a través del robot (*). El sistema de análisis de vídeo está programado para reconocer la postura de una persona, el contorno de un cigarrillo en la boca y otras señales visuales.

El gobierno defiende el uso de sus robots alegando que los robots podrían ayudar a reducir el número de policías necesarios para patrullar las calles, es decir que se puede controlar a más vecinos con menos policías.

“La mano de obra se está reduciendo”, afirma Ong Ka Hing, técnico de la agencia gubernamental que desarrolló los robots. «Tenemos que abordar la falta de trabajadores ante el envejecimiento de la población”, añade.

Desde su despliegue, los incidentes se han multiplicado. Durante una patrulla reciente, uno de los robots entró en una zona residencial y se detuvo frente a un grupo de personas mayores que miraban una partida de ajedrez. “Por favor, mantengan una distancia de un metro y limítense a cinco personas por grupo”, advirtió una voz robótica, mientras una cámara indiscreta enfocaba a las personas detenidas.

Este incidente, aparentemente inocuo, está teniendo un gran impacto en la población. En Singapur tienen que tener más cuidado con lo que dicen y hacen que en otros países.

(*) https://www.straitstimes.com/singapore/autonomous-robots-checking-on-bad-behaviour-in-the-heartland

Al nuevo capitalismo de rostro humano no le gustan los monopolios tecnológicos

Decíamos ayer que las críticas a Facebook, que están absolutamente justificadas, no tienen otro objetivo que imponer una regulación pública de los contenidos de las redes sociales, en general, es decir, reforzar la censura.

Dicho y hecho: hoy el diario británico Morningstar, exponente británico de la izquierda domesticada, publica un artículo (1) exigiendo una regulación de Facebook y demás monopolios tecnológicos (Google, Amazon, Microsoft, Apple), por una obviedad: “no están al servicio de los usuarios”. No son un servicio público, pero deben serlo.

Como es típico de Morningstar, la regulación forma parte de una “lucha antimonopolista” porque las empresas tecnológicas manipulan cantidades ingentes de datos sobre sus usuarios, o que a su vez les da poder de mercado y les permite dominar su sector, eliminando cualquier competencia emergente.

Uno de los ejemplos de esa “lucha antimonopolista” es la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos, que dirige Lina M. Khan. El periódico británico no oculta, pues, que su referente está al otro lado del Atlántico.

Khan es una experta en esta “lucha”. En un artículo publicado en 2017 atacó a Amazon y defendió la “libre competencia” y el mercado con toda suerte de banalidades. “La doctrina de la competencia ya no debe centrarse únicamente en el interés del consumidor, sino en la existencia de un poder de mercado que se traduzca en prácticas predatorias que impidan la innovación o la aparición de posibles competidores” (2).

En su estrategia para conquistar su mercado, dice Khan, Amazon ha optado durante mucho tiempo por sacrificar los beneficios para ganar cuota de mercado, lo que le ha permitido cortar de raíz cualquier competencia.

A la empresa Diapers, que vendía productos de belleza y cuidados del bebé en línea, Amazon le impidió deliberadamente desarrollarse rebajando sus precios de venta (dumping) y ofreciendo servicios atractivos a los consumidores con un servicio de suscripción favorable.

Diapers tiró la toalla. Fue absorbida por Amazon que, a partir de entonces, abandonó rápidamente su agresiva política de precios y ofertas promocionales o de suscripción para subir los precios.

Esta práctica dio un nuevo giro cuando Amazon abrió su plataforma a todo tipo de vendedores, lo que le permitió captar enormes cantidades de datos sobre las mercancías de la competencia y adaptar sus políticas de precios a las de los vendedores que utilizan su plataforma.

Posteriormente, Amazon comenzó a ofrecer sus propias mercancías, que competían directamente con los vendedores que utilizaban su plataforma.

Luego Amazon invirtió gradualmente en su propia logística. De ser el mayor cliente de grupos de mensajería como Fedex o UPS, se convirtió en un competidor potencial.

No hay nada nuevo ni original en la tesis de Khan, aunque el monopolismo moderno no se basa sólo en el dumping, sino en el acceso a las grandes bases de datos (consumidores, vendedores, proveedores). Las empresas más grandes reducen los precios para limitar la competencia y controlar un número cada vez mayor de áreas de negocio.

Como las redes sociales deben ser un servicio público, deben ser reguladas, es decir, hay que redactar una legislacion sobre los monopolios tecnológicos, lo mismo que con el agua, la electricidad o las telecomunicaciones.

Luego llegará el siguiente paso: la creación de nuevos modelos de negocio, de empresas de tecnología “responsable”, que serán algo parecido a la “banca ética” y otras de “economía social” que representan al nuevo capitalismo de rostro humano, limpio, sostenible y no binario.

(1) https://www.morningstar.fr/fr/news/215874/gafa–une-r
(2) https://www.yalelawjournal.org/pdf/e.710.Khan.805_zuvfyyeh.pdf

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