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La Sexta arremete contra Kennedy para lavar los trapos sucios de Fauci

El jueves La Sexta lanzó una diatriba en el noticiario de mediodía contra Robert Kennedy. Helena Resano dijo que había creado un “imperio antivacunas” y que incluso disponía de una cadena de televisión para difundir noticias falsas. Quizá ella se cree que es la única con derecho a tener una cadena de telvisión para difundir sus falsedades.

Hace 40 años que Kennedy pregona a los cuatro vientos que es partidario de las vacunas, que se ha vacunado, que también ha vacunado a cada uno de sus hijos y que las vacunas han salvado millones de vidas en el último siglo. Pero no sirve de neda porque son inquisidores, como Resano, quienes ponen el sambenito a los demás y creen estar exentos de etiquetas propias. Kennedy es uno de esos detestables antivacunas y no hay nada más que decir.

Kennedy preside una asociación, Children’s Health Defense, que realiza una encomiable labor de denuncia de la continua intoxicación de los niños con toda suerte de sustancias químicas desde que nacen, en nombre de la salud y el bienestar de la humanidad.

La campaña de intoxicación de La Sexta contra Kennedy es una defensa a ultranza de uno de los sectores económicos que resultan intocables para las cadenas de televisión mundiales: los monopolios farmacéuticos. El reguero de cadáveres que sus medicamentos van dejando por el camino no les parece suficiente motivo para comentar, siquiera de vez en cuando, alguna de sus muchas tropelías.

Además, para atacar a Kennedy, La Sexta tiene un motivo de actualidad que Resano se cuidó de silenciar: su reciente y demoledor libro contra Fauci (1), de quien ya hemos dicho que es el verdadero patrón de esta pandemia, por encima de otros benefactores de la humanidad, como Gates o la propia OMS.

En algunas entradas ya hemos referido el papel de Fauci, con una carrera dilatada al frente de los organismos sanitarios de Estados Unidos, que son los que marcan la pauta de los demás países. Da igual que ganen los demócratas o los republicanos; Fauci siempre está en la Casa Blanca moviendo los hilos y, como es natural, el dinero. Ha asesorado a seis presidentes de Estados Unidos, al Pentágono, a las centrales de inteligencia, a los gobiernos extranjeros y a la OMS.

Desde 1968 Fauci ha ocupado diversos cargos en el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (Niaid), una delegación de los NIH, el servicio de salud estadounidense, de los que se convirtió en director en 1984, para inaugurar la pandemia de sida. Su trabajo ha consistido en imponer un modelo en todo el mundo: convertir los organismos públicos sanitarios en apendices de las multinacionales farmacéuticas.

Fauci maneja un presupuesto anual de 6.000 millones de dólares que destina a promocionar las políticas privatizadoras de la sanidad. En época de crisis y recortes, no es necesario gastar el dinero público cuando las empresas, las aseguradores o los fondos buitre pueden hacerlo mejor. No es necesario insistir en que, en realidad, no es Fauci: es el sistema, o sea, el capitalismo, que ha encontrado en la sanidad un mercado muy rentable.

Cualquiera de los aspectos que Kennedy aborda en su libro pondrá los pelos de punta al más sereno de los lectores. Por ejemplo, el cambio en los fljos de ayuda internacional a los países más pobres del mundo, antes volcados en la nutrición, el agua potable, el saneamiento y el desarrollo económico. Ahora los programas de salud pública de la OMS están volcados en vender remedios farmacéuticos y vacunas (2).

Como también hemos explicado aquí, la Fundación Rockefeller tuvo un papel pionero, recuerda Kennedy. En 1922 aportó casi la mitad del presupuesto inicial de la Organización Sanitaria de la Sociedad de Naciones (LNHO) y puso en marcha una asociación público-privada con las empresas farmacéuticas, la Comisión Internacional de la Salud, que comenzó inoculando la vacuna de la fiebre amarilla a las desventuradas poblaciones de los trópicos.

Cuando Rockefeller la disolvió en 1951, la Comisión Internacional de la Salud había gastado miles de millones de dólares en campañas contra las enfermedades tropicales en casi 100 países, que entonces estaban en una situación colonial. La salud pública permitió a Rockefeller abrir los mercados de los países en desarrollo al petróleo, la minería, la banca y otros negocios rentables, incluidos los beneficios farmacéuticos.

(1) https://childrenshealthdefense.org/fauci_info/
(2) https://www.globalpolicy.org/en/article/us-philanthrocapitalism-and-global-health-agenda-rockefeller-and-gates-foundations-past-and

Las nuevas pastillas ‘contra del covid’ alteran el ADN, provocan cáncer y defectos de nacimiento

A principios de noviembre la Agencia Europea del Medicamento (EMA) aprobó un fármaco de la multinacional Merck, el molnupiravir, que “podría acabar con el coronavirus en cuestión de horas”, dice ABC (1), recurriendo a una terminología estúpida.

Como en el caso de las vacunas, fue una aprobación “de emergencia”, es decir, a ciegas, antes de acabar los ensayos clínicos. No obstante, la EMA dejaba el asunto en manos de los estados miembros, que serán quienes asuman las responsabilidades.

Hace dos semanas la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) hizo lo propio para Estados Unidos.

Llevamos, pues, dos años con el mismo mantra: los medios de intoxicación no son otra cosa que propagandistas de las empresas fabricantes y que la EMA y la FDA respalden el medicamento pone a los organismos públicos en la misma ecuación que, por ciento, tampoco tiene nada de científica.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Carolina del Norte estudió los efectos de molnupiravir en células aisladas de ratones durante 32 días y descubrió que el fármaco induce mutaciones en el ADN. Esas mutaciones contribuyen al desarrollo del cáncer, y pueden causar defectos de nacimiento, ya sea en un feto en desarrollo o a través de la incorporación a las células precursoras del esperma (2).

El fármaco afecta a las células en proceso de división. Los hombres fabrican constantemente espermatozoides en división que podrían ser portadores de esas mutaciones. En consecuencia, los hombres que quieran ser padres no deberían ingerir el medicamento.

Naturalmente la multinacional Merck dice que sus estudios no encuentran pruebas de que el medicamento cause mutaciones en el ADN.

Originalmente la pócima se desarrolló en la Universidad Emory para el tratamiento de la gripe. A su vez, la Universidad es una empresa comercial con el mismo nombre que vendió la patente a Ridgeback Biotherapeutics, una empresa con sede en Miami que se asoció a Merck para llevarlo al mercado mundial.

Que el monulpiravir es mutagénico y provoca defectos en los recién nacidos se sabe desde que comenzó la pendemia (3), cuando las investigaciones farmacológicas de la gripe se trasladaron al coronavirus.

Una de las empresas que investigó el ingrediente activo del medicamento, Phirmasset, abandonó la carrera.

El 3 de diciembre del año pasado, la revista Nature publicó un artículo sobre el tratamiento con molnupiravir de hurones infectados con “covid” (4) y, como es natural, las conclusiones fueron favorables a la multinacional.​ Las pastillas son “eficaces” contra el “covid”, tanto o más que las vacunas. Pero si no es suficiente con tomar una pastilla a la semana, se puede tomar todos los días, o a cada hora… y así que hasta demoestrar su “eficacia”.

(1) https://www.abc.es/sociedad/abci-molnupiravir-pildora-anti-covid-nsv-202103111252_noticia.html
(2) https://www.nytimes.com/2021/12/13/health/merck-covid-pill-pregnancy-risk.html
(3) https://cen.acs.org/pharmaceuticals/drug-development/emerging-antiviral-takes-aim-COVID-19/98/web/2020/05
(4) https://www.nature.com/articles/s41564-020-00835-2

La Unión Europea se olvida de la OMS cuando se trata del glifosato y los agrotóxicos

Este mes la Unión Europea tiene que decidir si renueva o no la autorización de uso del glifosato, un herbicida que está bajo sospecha desde hace décadas.

Es un tóxico que tiene muchas similitudes con las vacunas porque también está comercializado por multinacionales, como Bayer, capaces de imponer lo que es ciencia y lo que no. Desde luego los que se oponen a las multinacionales son tachados de “conspiranoicos”. Si no tuviéramos multinacionales, no podríamos disfrutar de tóxicos en los campos ni vacunas en las venas.

Lo mismo que las vacunas, los estudios científicos que aporta Bayer para justificar la autorización del glifosato son secretos y, desde luego, son interesados, es decir, que los redactan “expertos” sobornados por la industria para defender una tesis aceptada de antemano. En numerosas ocasiones Bayer ha sobornado a periodistas y científicos para escribir artículos alegando que no es una sustancia peligrosa para la salud (1).

A los lectores les sonará todo esto: las multinacionales y sus científicos a sueldo afirman que la relación causa a efecto entre el herbicida y el cáncer no está demostrada, es decir, que en este caso los “negacionistas” son Bayer y las empresas agroquímicas. Sin embargo, en los juzgados sí se ha demostrado. Hasta julio del año pasado Bayer perdió más 8.000 millones en los juicios que ha habido en Estados Unidos a causa de los daños causados por el glifosato (2).

Los partidarios de la prohibición del glifosato exigen que la Unión Europea adopte su decisión en función de estudios científicos independientes, o sea, que no estén redactados por los sicarios de la industria. Pero es una ingenuidad creer que la Unión Europea toma sus decisiones apoyándose en la ciencia y no en el capital. ¿Lo que convence en Bruselas son los argumentos o el dinero?

Los incautos piden a la Comisaria europea de Salud y Seguridad Alimentaria, Stella Kyriakides, que tenga en cuenta, por ejemplo, el estudio sobre el glifosato del Collegium Ramazzini de Bolonia, que es el más complejo jamás realizado sobre un pesticida.

La respuesta de Kyriakides ha sido que es “prematuro” entrar en esas minucias. Es mejor que los trabajadores del campo se sigan intoxicando con glifosato y que contaminen los alimentos.

En 2015 la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la OMS, incluyó el glifosato en el listado de sustancias asociadas al cáncer (3). Sin embargo, eso es como todo lo demás: cada cual se aferra a lo que dice la OMS según le conviene en cada caso. Si se trata de vacunas, la Unión Europea invoca a la OMS, pero si se trata de agrotóxicos la cosa cambia. Si la OMS grita “pandemia” el mundo entero se moviliza, pero si dice que el glifosato produce cáncer, miran hacia otro lado.

Ya saben que la ciencia tiene dos caras, igual que las monedas y los billetes bancarios. Para contrarrestar el informe de la IARC, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicó el suyo propio: el glifosato no es cancerígeno.

En realidad el contrainforme había sido redactado por el BfR alemán y Bayern es un monopolio alemán, así que no es necesario ser muy espabilado para saber cómo y por qué se redactan tanto los informes científicos como los seudocientíficos.

Los más conspiranoicos sospechamos incluso que el verdadero autor del contrainforme fue la multinacional Bayer y que los tinglados institucionales de Bruselas no hicieron más que estampar su firma.

Es más, no queremos ni hurgar en este asunto porque seguro que acertamos.

(1) http://loquesomos.org/de-vida-o-muerte-el-cancerigeno-glifosato-y-el-maiz-transgenico/
(2) https://cincodias.elpais.com/cincodias/2020/08/04/companias/1596527087_415661.html
(3) https://www.diariocolatino.com/el-glifosato-un-herbicida-polemico-en-todo-el-mundo/

Manual del golpe de estado farmacéutico

A finales de abril 2020, en el comienzo de La Pandemia, escribí: “Hasta el covid-19, la doctrina del miedo cerval (mega-shock) a escala planetaria no funcionaba con las viejas excusas: religión, patria, oro. Ahora han encontrado la Sanidad como excusa humanitaria inapelable y el pánico ante la pandemia ha sido universalizado mediante una campaña promocional que es una siniestra obra de arte – degenerado, Entartete Kunst en jerga nazi. Rebuscando en la Historia, no encuentro un episodio de credulidad y de obediencia que se aproxime siquiera a la actual histeria colectiva. Claro que, hasta ahora, no había una perversa globalización mediática, ni tanto pánico biológico inducido, ni tanto terror estatal o Gran Miedo en estado cristalino”.

Poco tiempo después, redacté un largo trabajo sobre La Pandemia (LP) titulándolo “Un potlatch (casi) universal”. Usé la palabra potlatch, un tecnicismo etnográfico, porque estaba destinado a un seminario de antropología ámbito donde es un término asaz conocido –i.e., ceremonia donde el poder se demuestra destruyendo valiosas pertenencias. Con ello, quería significar que LP iba a suponer un descenso de la actividad económica, un fenómeno impensable pues era absurdo que fuera provocado por los grandes capitalistas, perpetuos idólatras de la producción perpetuamente incrementada -esa entelequia suicida a la que llaman “progreso económico”. Insólita situación para cuyo análisis no necesitábamos recurrir al acrisolado sintagma de la “sobreproducción inherente al capitalismo”. En primer lugar porque sería una caída efímera –léase, especulativa, la cancha preferida por el capital financiero-, y, en segundo lugar, porque el Poder no es monolítico sino policéntrico. En este Golpe de Estado, el capital cibernético-financiero (improductivo, nómada y clandestino) condujo el proceso puesto que estaba en su mejor momento pero, como “nuevo gran poder”, necesitaba una socia y/o aliada para demostrar su fuerza frente a sus parientes tradicionales. Y vaya si les demostró quién era el Jefe…

La Organización Mundial de la Salud, OMS, como agente capitalista

Evidentemente, “descartadas las viejas excusas religión, patria, oro”, el poder farmacéutico, la Big Pharma (BF), fue la afortunada socia del Golpe de Estado. Pero, como también BF es policéntrica, ha debido repartir calderilla entre sus subalternos: empresas medias, recicladores de desechos orgánicos, charlatanes esotéricos, mascarillas, gel alcohólico, laboratorios de baratillo enriqueciéndose con los azarosos –por no decir asesinos, lo sé por amarga experiencia- PCR y con los superfluos antígenos. Etc.

[Todo lo anterior será tildado de conspiranoico, un descalificativo que sólo se utiliza contra los-de-abajo, nunca contra la componenda perpetua de los-de-arriba, esa conspiración anti-popular denominada “alianza estratégica”, “fusión bursátil”, “tratado de amistad” y otros eufemismos generalmente radicados alrededor de una palabra clave: optimización. Todo lo posterior eludirá considerar la gravedad o benignidad del covid-19 -cuestión elemental que pondría en tela de juicio los protocolos epidemiológicos instalados para quedarse. Sin embargo, he preferido que cada cual saque o confirme su conclusión a partir de las siguientes notas. Sólo añadiría que, recordemos, el mundo materialmente próspero goza de menor mortalidad a cambio de una inmensa morbilidad ¿inducida?]

OxyContin: primer ensayo

A la hora de articular su colosal estafa, los conspiradores (perdón, emprendedores) de LP contaban con varios antecedentes, unos exitosos y otros de inciertos resultados –ambos, desde el punto de vista del bolsillo elitesco. Entre los primeros, destacaba el caso del OxyContin (OX), un opiáceo legal en el origen de un cuasi genocidio de gringos pobres. El OX se basaba en el principio activo oxicodona (nombre comercial OxyContin o Percocet) o en su derivado la hidrocona (comercializada como Vicodin)

Este insidioso OX fue el más conocido de la multitud de opiáceos que inundaban la sanidad gringa. Es plausible suponer que los emprendedores LP se fijaron en él porque su éxito propagandístico y, sobre todo, la impunidad por la que se multiplicó su venta fue realmente espectacular. Pero, si era evidente que su frecuente sobredosis causaba la muerte, ¿cómo pudo venderse por millones?, ¿por qué se desinformó sobre sus 200 y más víctimas diarias? Desde hace una década, en los EEUU muere más gente por OX que por cualquier otra causa –incluyendo por armas de fuego, accidentes de tráfico, guerras interiores y exteriores y enfermedades. La explicación de este cuasi genocidio es sencillísima: OX disparó sus ventas porque era legal y porque los médicos lo recetaban y recomendaban (véase, Anna Lembke, Drug Dealer, MD: cómo los médicos fueron engañados, los pacientes se engancharon y por qué es tan difícil parar; 2016)

Este dato evidencia la letal mega-corrupción del estamento sanitario pero, en este caso y en cualquier otro, conviene señalar quiénes son los mayores beneficiarios –o los mayores corruptos: es la BF en su acepción de grandes detentadores de patentes. La BF en general, se lleva la parte del león. Pero en una minúscula proporción lo deriva a sus filiales pues de la producción y de la comercialización se encarga los carroñeros menores. Con los opiáceos, los productores más activos fueron SpecGx (38% de cuota de mercado), seguido de Actavis Pharma y Par Pharmaceutical con cuotas menores y por Purdue (3,2% de cuota) Y, en el último escalón, las cadenas de farmacias CVS Health, Walmart y Walgreens –únicas procesadas en algunos Estados.

Remedios dudosos contra la gripe ‘española’ de principios del siglo XX

BF se enriqueció –no ilícita sino algo más, criminalmente. Aliada con la Brigada Mediática (BM), eliminó el alcance de la pandemia OX y, en consecuencia, suprimió la mortandad, al contrario que la LP donde, al hipertrofiar las muertes, ha seguido una estrategia propagandística opuesta. Esta única diferencia de proselitismo entre las dos pandemias (OX y LP), es coyuntural. Sin embargo, la OX enseñó a la BF que administró LP un ingenioso argumento: la creación del concepto pseudoadicción o la convicción –científica, of course-, de que, aunque tenga todos los síntomas, un paciente no puede ser adicto si consume los opioides bajo receta médica. Mutatis mutandis, es probable que los magos de la LP hayan encontrado en este fantasmagórico protocolo la inspiración para cronificar la vacunación universal y las medidas colaterales que la siguen y seguirán ad infinitum, a menudo catalizadas por el miedo que causan las docenas de variantes del virus.

‘Verdades, mentiras y estadísticas’

Si me obligaran a escoger la disciplina que ha salido más desprestigiada de LP, diría que la Estadística. Ese bombardeo alfanumérico que BF aliada a BM nos ha infligido a toda hora, día y noche, era y es una yuxtaposición de entidades heterogéneas de imposible comparación entre ellas –no digamos homologación. En su papel de mamporrera de la BF, la BM nos ha alfombrado con detritus, explosivos e incongruencias con el claro propósito de abrumar a la ciudadanía mediante una ilusoria acumulación de guarismos incongruentes entre sí. El resultado ha sido angustioso puesto que el súbdito medio patalea su ignorancia (inducida) en medio del piélago “algorítmico” gubernamental.

El problema básico de la verosimilitud de las estadísticas LP estriba en que están viciadas desde el origen, allá donde sanitarios estresados y menospreciados clasifican síntomas y tratamientos parroquiales. No es cuestión de formación profesional ni tampoco de rigor sino que están coaccionados –científicamente, claro está, no politics, please, we’re europeans- para acomodarlos a categorías nacionales o mundiales que, generalmente, coinciden con el interés gubernamental pero no con las necesidades locales. Parece un obstáculo de menor cuantía pero es nefasto que un error en la primera línea sea integrado en la cadena nacional porque, en la práctica, ese error se multiplica en cada escalón administrativo. Lo comprobé in situ cuando, con la intención de alertar sobre ese peligro, estudié los datos de una ínfima medicatura (véase, AP, 1983, «Exorcismo contra una epidemia de sarampión que azota al Alto Río Negro»; en Actas de las I Jornadas de Antropología Médica, vol. I, pp. 152-183; Arxiu d’Etnografía de Catalunya, Tarragona, España. Pero, ojo, es un informe, deficientemente transcrito y peor editado).

Además, una investigación reciente demuestra que la mitigación de LP se apoya en unas estadísticas no sólo viciadas de origen sino, asimismo, pésimamente diseñadas (ver Starnini M, Aleta A, Tizzoni Mand Moreno. 2021. “Impact of data accuracy on the evaluation of COVID-19 mitigation policies”, en Data & Policy, 3: e28. doi:10.1017/dap.2021.25)

Una vez aclarado dónde se incuba el huevo de la serpiente, observemos las fases elementales que se desarrollan en el proceso LP y en bastantes otros:

Fraccionar las entidades

Primer paso: el proceso LP es complejo ergo la BF conspiradora tiene que ofrecer un panorama en 360º pero fraccionando sus componentes pues pretende hacernos creer que el vulgo es incapaz de asimilar la perspectiva global. Entonces, la BM se encarga de distorsionar la geografía para que casos demográficamente mínimos parezcan casos extrapolables, extraordinarios y cuasi letales -en efecto, son casos literalmente extra-ordinarios pero la BM los muta en referencias mundiales.

Así, pues, el diablo está en los detalles y las particularidades son un buen punto de partida al que se abandona una vez haya colaborado en la estrategia mediática. De ahí que la BM sea alérgica a publicar porcentajes de manera que, a la postre, no pueden ser comparadas ni contrastadas con, por ejemplo, las cifras de población de cada país. Dícese hoy que Rumanía tiene el triple de contagios, muertes, etc. que España, pero ¿cuál es la población de Rumanía? Naturalmente, esta operación busca minimizar los daños, cansino leit-motiv de toda fontanería palaciega.

Escoger un chivo expiatorio

Si la campaña de LP tiene algún problema empresarial, es tradición corporativa recurrir al espantajo de un chivo expiatorio. Entonces, para anestesiar la irritación popular, la LP puede dirigir su atención al caso OX. En aquel reciente genocidio clasista, la familia Sackler, propietaria de Purdue Pharma y del OxyContin, fue condenada a pagar una multa calculada entre 12.000 y 8.300 m. US$ -como sucede en tantas quiebras fraudulentas, los Sackler se declaran en bancarrota y el Estado USA se hace cargo de los dispendios. ¿Por qué Sackler-Purdue y no otras BF igualmente culpables y, además, más grandes? Por eso mismo, porque no era la más poderosa –recordemos su escasa cuota de mercado. El orgasmo en el que vive BF la tiene tan drogada que todavía no asume que habrá problemas mediáticos pero estoy seguro de que alguna empresita acabará siendo purificada en la hoguera. Hasta es probable que se avergüence de su “error” y hasta es posible que se ofrezca voluntariamente (¿) en sacrificio para salvar la LP –léase, la BF.

Muchos daños y sólo un beneficio

Si algo en esta campaña mediática me irrita especialmente es el daño colateral (collateral damage) que inflige al sentido común. En una operación absolutamente torticera e insultante, la BM llega en su zafio descaro a crear la imagen del negacionista. Para inventarla, ha utilizado las identificaciones más canallas, desde igualarla con los negacionistas del Holocausto hasta volcar en el mismo saco a una patulea de irracionalistas, resentidos, esotéricos de toda laya, terraplanistas, marginales “anti-sistema” y quién sabe si hasta veganos. No cabe más suciedad mediática. Mientras que, apoyándose en datos estudiados críticamente, los negacionistas políticos –y parte de los científicos- se manifiestan por miles en las calles, nos sobrarían dedos para contar a los terraplanistas. Volvemos al escamoteo de los porcentajes.

‘No escupir’. ¿Profilaxis básica y/o control social?

El filón de esta pandemia de credulidad y de obediencia se renueva comercialmente con el incesante invento de accesorios vendidos como remedios indispensables. Sin tino ni camino, ya hormiguean las vacunas en forma de pastillas y luego vendrán en jarabes, lociones, infusiones, supositorios y hasta en caramelos. Al mismo tiempo, se solidifica un dislate característico del antropocentrismo: las nuevas enfermedades son producto exclusivo de los animales (zoonosis) olvidando así que, siendo esto parcialmente cierto, también existe otra vía de contagio, la causada por el Homo sapiens (antroponosis)

La exigencia de una mejor dotada sanidad pública, además de obvia, es un lema en el que se debe insistir pero de resultados revolucionarios –léase, imposibles. En el fondo, aletea una cuestión: si estuviera todo privatizado, ¿funcionaría mejor? No, esta pandemia público-privada donde lo público paga y lo privado cobra, demuestra que el saqueo de lo Común está férreamente enclavado en el sistema. De hecho, ni siquiera el pecado (mortal) del aborto escapa a la furia privatizadora puesto que se derrocha dinero para clínicas privadas –léase que, esas potentadas que nunca fueron a abortar a Londres porque abortaban en su país, verán abaratados sus trances.

Ante tanta calamidad inducida son escasos los beneficios. Pero, entre los logros intelectuales estará –si llega- un mayor sentido crítico frente a la Ciencia en general y frente a la epidemia de “expertos” en particular. Internet ha propiciado la publicación de miles de investigaciones deplorables tanto en su concepción como en su desarrollo con dinero público (improbable.com las denuncia y otorga a las más disparatas el Premio Ig-Noble). En Epidemiología, deberíamos recordar que uno de sus más prestigiosos científicos, John Ioannides, publicó en 2005 un cuidado ensayo semi estadístico con un título muy explícito (“Why most published research findings are false”, en PLoS Med 2005; disponible en internet), demostrando que la prisa, la corrupción académica y metodológica y no digamos la insana cópula BF-BM, estaba hundiendo el rigor científico.

NB. La proliferación de las siglas BF y BM hace difícil la lectura. Lo lamento pero refleja el hecho de que BF y BM son primas “univitelinas”. Por ende, no es grave fusionarlas y confundirlas.

Nònimo Lustre http://loquesomos.org/manual-del-golpe-de-estado-farmaceutico/

Las nuevas enfermedades que se inventa la OMS

En 2018 la OMS decidió añadir una nueva enfermedad a su catálogo, llamado CIE-11 y también Clasificación Internacional de Enfermedades. Se trataba de la adicción al juego, que se convirtió en un “trastorno del juego”, en especial por internet, que definió por la prioridad que establece el ludópata sobre otros intereses de la vida, con consecuencias negativas sobre el adicto.

Como cualquier enfermo, el ludópata debe recibir tratamiento. En Corea del Sur hay centros de rehabilitación. Curar se convierte en un negocio que empieza a repartir mucho dinero, subvenciones, cargos, cátedras, másters… Es un medio de vida para los curanderos y los estudiosos de la “enfermedad”.

La adicción al juego y a los videojuegos no es una enfermedad porque no está definida y, por lo tanto, no se puede diferenciar de cualquier otro comportamiento compulsivo. La OMS tomó su decisión como toma tantas otras: por las presiones políticas de China y otros países asiáticos.

Los videojuegos preocupan a varios países de Extremo Oriente, a la vez productores y consumidores. En Japón y Corea del Sur llaman “hikikomori” a los adultos que se aíslan, viven en casa de sus padres, no salen a la calle, comen comida rápida, navegan por internet y compiten con videojuegos.

Recientemente China ha aprobado una ley que prohíbe a los menores de 18 años utilizar juegos de internet entre las 10 de la noche y las 8 de la mañana. En 2011 Corea del Sur prohibió a los menores de 16 años jugar a internet entre la medianoche y las 6 de la mañana para mejorar el sueño. La prohibición se anuló poco después. Una investigación demostró que era contraproducente: aumentaba el tiempo que los niños pasaban en internet y no tenía ningún efecto significativo en la mejora del sueño.

En torno a la “nueva enfermedad”, la OMS está tratando de crear el típico “consenso” de especialistas. Para ello ha encargado una serie de “estudios científicos” bien remunerados, capaces de justificar la decisión que ya ha tomado previamente.

La prevalencia de la adicción a los juegos y videojuegos oscila bastante entre la población. Pero, según la bilbiografía seudocientífica disponible, resulta mucho más adictiva que el alcohol o los opiáceos, lo cual es inverosímil.

Algunas personas pasan mucho tiempo jugando ante la pantalla de un ordenador, con repercusiones desfavorables importantes. Algunos adolescentes surcoreanos se orinan encima para no levantarse de sus asientos. Pero las personas puede desarrollar relaciones problemáticas con casi cualquier forma de actividad humana: con el ejercicio, con el sexo, con el alcohol, con los somníferos…

En 2017 el doctor Andy Przybylski, psicólogo del Oxford Internet Institute, analizó a 6.000 personas que se calificaron como “adictas” a los juegos y comprobó si seguían siendo adictas seis meses después. De las 6.000 personas reclutadas, ninguna de ellas cumplía los criterios de diagnóstico de los trastornos de juego al inicio y al final del estudio. En otras palabras, nadie permaneció “adicto” durante seis meses. Ni uno solo.

La adicción al juego por internet no es como al tabaco o al alcohol, es decir, no es una adicción y, desde luego, no es una enfermedad, o no es una una enfermedad independiente. Sin embargo, es corriente leer todo lo contrario, incluso que es “un trastorno mental comparable con la adicción al alcohol y a las drogas” (*).

Todavía una parte importante de los especialistas sostienen que el trastorno del juego no existe, que es un invento y nadie aun les tacha de “negacionistas”, como ocurre con otras enfermedades ficticias, cada vez más abundantes. La Asociación Americana de Psiquiatría aún no la ha añadido a su catálogo oficialmente.

La creación de una enfermedad por la OMS otorga a los médicos, sicólogos, terapeutas y demás, la facultad de “tratar” un trastorno y de obligar a los que rodean al “enfermo” a buscar a un curandero que les quite el problema de enmedio… a cambio de 150 euros cada hora de consulta. Entonces cada vez que un niño pasa demasiado tiempo junto al ordenador, los padres se asustan y comienzan las consultas y las búsquedas.

La decisión de la OMS patologiza comportamientos normales, crea un mercado, profesionales, clientes y, finalmente, fármacos, tranquilizantes… Se escuda en la ciencia para hacerlo, pero ni hay enfermos, ni hay tratamientos, ni hay diagnóstico… Nada de nada.

(*) https://mind.se/es/datos/condiciones-relacionadas/adiccion-al-juego/

El Nuevo Eldorado bursátil: las empresas de biotecnología

La pandemia ha desatado una fiebre por la industria de la tecnología sanitaria. Cada vez son más las empresas biotecnológicas que cotizan en bolsa, tras el éxito (económico) de BioNTech y Moderna. Han surgido los primeros multimillonarios cien por cien biotecnológicos. Los fondos buitre miran con lupa los libros de contabilidad de las empresas biomédicas y los laboratorios.

El ARN mensajero (ARNm) es la nueva vedette del espectáculo. Los investigadores lo han dejado todo por ella. Hay prisas. Son ya más de 150 los proyectos que se han puesto en marcha, entre ellos vacunas, tratamientos para el cáncer, enfermedades genéticas y trastornos autoinmunes. Las grandes farmacéuticas están comprando a precio de oro las patentes especializadas. Incluso las acciones de los laboratorios de plásmidos, la materia prima para fabricar ARNm, suben como la espuma.

No hay que olvidar que los laboratorios son ciencia, sin duda, pero sobre todo son empresas que se compran y se venden al mejor postor. El modelo es el acuerdo entre Pfizer y BioNTech para dar el pelotazo sobre la vacuna contra el coronavirus. A la carrera se preparan otras alianzas entre farmacéuticas y biotecnológicas, como la de GSK y la biotecnológica alemana CureVac.

El 28 de septiembre la multinacional Sanofi abandonó la carrera para fabricar su propia vacuna de ARN mensajero contra el coronavirus, pero va a poner mucho dinero encima de la mesa para que no se le vuelva a escapar la gallina de los huevos de oro. En primavera absorbió Tidal Therapeutics, una empresa de biotecnología especializada en ARNm. Luego compró todas las acciones de la empresa estadounidense Translate Bio por 2.700 millones de euros.

Para los especuladores en bolsa, las estrellas más codiciadas son los laboratorios de ARNm. La capitalización bursátil de las cinco empresas cotizadas centradas en las plataformas de ARNm se ha multiplicado por 20 en dieciocho meses, pasando de 15.000 millones de dólares a finales de 2019 a 300.000 millones el pasado agosto. La de BioNTech ha ascendido a 50.000 millones de dólares y la de Moderna a 126.000 millones.

Los primeros resultados de los ensayos realizados a finales de la década de los noventa fueron alentadores y el mercado sanitario quedó cautivado por el potencial de la nueva terapia génica. Los laboratorios se convencieron de que el genoma humano es como la ITV. Cuando el coche falla, hay que llevarlo al taller y cambiar los genes estropeados por otros en buen estado de funcionamiento.

Ya hemos relatado en otra entrada los estragos que ello supuso y su posterior prohibición. Pero eso no podía impedir un buen pelotazo bursátil. Moderna ya ha lanzado una vacuna de ARNm contra el VIH en ensayos clínicos de fase 1, mientras que Sanofi está desarrollando su próxima vacuna contra la gripe con la misma técnica.

Los laboratorios también están desarrollando vacunas terapéuticas que abordan diferentes mutaciones en tumores. Estos productos llegarán al mercado en 2035, y la revista Nature estima que el mercado se situará entre 7.000 y 10.000 millones de dólares en ese primer año.

La tuberculosis reaparece por el incremento de la miseria en todo el mundo

Decían que era un enfermedad en trance de desaparición, pero en 2002 un albergue de inmigrantes de París se convirtió en el epicentro de una epidemia de tuberculosis. La crisis económica está trayendo otra vez la antigua tisis a los parias de las grandes metrópolis capitalistas.

Por este motivo en mayo de 2011 se celebró en París una cumbre de alcaldes de las ciudades más grandes del mundo desarrollado, en la que estaba representada Barcelona. Se trata de poner en marcha instrumentos de alerta temprana ante el posible rebrote de nuevos casos de tuberculosis en cualquiera de las grandes capitales del mundo.

El doctor Bertrand Dautzenberg fue muy claro en su intervención. Dijo que el mantenimiento de los inmigrantes en situación ilegal puede provocar una catástrofe sanitaria en Francia porque la tuberculosis se ceba en los sectores marginados de la sociedad. La crisis económica conduce a la desnutrición y la desnutrición provoca la tuberculosis.

Si al mismo tiempo los recortes presupuestarios afectan a la sanidad, la catástrofe está servida, pero nadie podrá decir que se trata de una catástrofe de la naturaleza, sino del capital.

Desde 1882 los galenos dicen que esta enfermedad es algo que les compete y atribuyen su origen a una micobacteria: el bacilo de Koch. Ante el peligro de la tuberculosis un concejal francés proponía la vacunación obligatoria de la poblaciones de los barrios marginales. Se imaginan que sin bacteria no habrá tampoco enfermedad.

Pero una tercera parte de los habitantes del planeta la tiene y, sin embargo, sólo uno de cada diez de ellos padece la enfermedad. Por lo tanto, no es sólo un problema médico; la miseria no se combate con fármacos. Los remedios de esta epidemia no están en la medicina sino en acabar con una sociedad que conduce a la miseria y el hambre.

La tuberculosis es la plaga de la explotación, una enfermedad endémica de las grandes urbes capitalistas cuyas víctimas están en los barrios marginales, la población hambrienta, los que se hacinan en chabolas, los contaminados, sin agua potable y sin servicios de ninguna clase. No hablo del Tercer Mundo.

En París la situación es tan preocupante que en 1994 se promulgó una ley para dispensar gratuitamente atención antituberculosa a las personas que viven en la calle. En setiembre de 2011 la revista “Le Nouvel Observateur” informaba de algo que parece propio de Calcuta: los padres de alumnos de un barrio del norte de París se dirigían a la ONU solicitando ayuda humanitaria para que el barrio dispusiera de la debida atención médica.

Alguna organización de solidaridad instaló equipos sanitarios de emergencia sobre el asfalto, que la policía trató de desalojar. El asunto acabó en los tribunales, los cuales reconocieron la necesidad de la iniciativa solidaria a causa de una situación de “urgencia humanitaria”.

En todo el mundo capitalista la situación se va a reproducir porque esta crisis económica no tiene fondo. Los desahucios no van a parar y miles de personas acabarán viviendo en la calle.

Los inmigrantes ya viven hacinados por decenas en viviendas muy reducidas, que son otros tantos focos infecciosos. Algunos supermercados ya están alimentando a los pensionistas con latas de comida para gatos. El copago sacará del sistema sanitario a miles de parados que no puedan pagarse la atención farmacéutica.

La única solución del capitalismo a las cifras del paro es que los parados se mueran en masa. Cuando los muertos empiecen a contarse por miles, los titulares de la prensa dirán lo mismo que en mayo en Alemania con los muertos causados por la otra bacteria, la E.coli: no es algo nuestro sino que viene de fuera. Si la epidemia de gripe de 2009 tenía pasaporte mexicano, la E.coli de 2011 emigró desde España.

Tendremos una campaña xenófoba justificada porque los senegaleses nos están trayendo bacterias que luego nos contagian a nosotros. Nos van a vacilar con el bacilo. Para los medios de intoxicación propagandística no será nunca un problema del capitalismo sino un desastre médico, nunca un desastre causado por la ausencia de medicina, es decir, por la falta de atención, la privatización de la sanidad o el precio de los fármacos.

Afortunadamente, como creen que la tuberculosis es contagiosa, puede que el miedo de los explotadores les obligue -a pesar de los recortes- a adoptar algún tipo de medida, no sólo sanitaria sino también social: salarios, alimentación, vivienda y barrios salubres para los obreros. Pero también es posible que por mucho miedo que tengan a contagiarse, la crisis económica les haya vaciado los bolsillos hace tiempo.

Nota: este artículo se publicó en 2011, hace más de diez años

Las empresas farmacéuticas han entregado millones de dólares a los dos partidos políticos australianos

La industria farmacéutica contrata a un gran número de grupos de presión y entrega millones de dólares a los dos partidos políticos australianos, creando un nivel de influencia que un antiguo secretario del departamento de salud ha relacionado con los altos precios de los medicamentos en el país.

Alrededor de 72 empresas farmacéuticas distintas contratan a grupos de presión pagados para influir en las decisiones y políticas del gobierno. Están representadas por 29 empresas de presión distintas, muchas de las cuales tienen como personal a antiguos asesores ministeriales o políticos.

Entre 1998-99 y 2016-17, las empresas que fabrican medicamentos, o que los distribuyen al por menor, como las empresas de farmacia y las farmacéuticas, donaron 4,7 millones de dólares a los partidos Liberal, Nacional y Laborista.

Veintidós de las 72 empresas que contratan a grupos de presión también han hecho donaciones políticas en los últimos 19 años. Las donaciones alcanzaron su punto máximo en el ejercicio 2013-14, que coincidió con las elecciones federales de 2013.

Las grandes farmacéuticas tienen un importante interés económico en la forma en que se comporta el gobierno, especialmente en las decisiones o políticas que afectan a los precios de los medicamentos o a los procesos de aprobación de nuevos fármacos.

Un antiguo secretario del departamento federal de Sanidad, Stephen Duckett, que ahora es uno de los principales investigadores en materia de salud del Instituto Grattan, dijo que la industria farmacéutica era extremadamente poderosa y ejercía una importante influencia en el gobierno.

El año pasado, Duckett publicó un informe en el que se constataba que los precios de los medicamentos en Australia eran significativamente más altos que en el extranjero, y que los australianos pagaban unos 500 millones de dólares de más por los genéricos.

Dijo que la influencia de la industria farmacéutica contribuía claramente a los altos precios de los medicamentos. “No puedo decir cómo lo hacen, pero emplean a mucha gente”, dijo. “Son muy, muy activos reuniéndose con gente en el propio Parlamento”.

“Lo único que veo es el resultado, que acabamos pagando más. Tenemos políticas diseñadas a su medida y no a la del consumidor o el contribuyente”.

Un informe anterior de Duckett descubrió que la industria farmacéutica tenía a menudo un acceso y una influencia extraordinarios sobre determinadas políticas. Los grupos de presión de la industria estaban presentes cuando el gobierno federal elaboró su política de precios terapéuticos, una política destinada a impedir que el gobierno malgastara dinero en medicamentos de precio excesivo.

“Está muy bien que se consulte a los grupos de la industria, a las partes interesadas», dijo. «Pero en este caso concreto, no sólo se les consultó, sino que básicamente tuvieron la pluma y diseñaron la política”.

La cuestión de la influencia farmacéutica no es nueva ni exclusiva de Australia. Barbara Mintzes, investigadora de la Universidad de Sidney y experta en política farmacéutica, dijo que se había producido una tendencia mundial a debilitar las normas de evidencia para los nuevos medicamentos. Los cambios han facilitado la entrada de nuevos medicamentos en el mercado.

“Hemos visto un cambio a nivel internacional hacia la reducción de los estándares, especialmente en lo que respecta a la eficacia, la evidencia y la introducción de vías para comercializar un nuevo medicamento, y estándares de evidencia muy limitados, especialmente para algunos de los nuevos medicamentos contra el cáncer y las enfermedades raras que están llegando”, dijo Mintzes.

Melissa Raven, analista de políticas de la Universidad de Adelaida y epidemióloga psiquiátrica, dijo que también hay pruebas de que las empresas farmacéuticas participan en grupos de presión “astroturf”, es decir, el uso enmascarado de grupos de consumidores supuestamente “de base” para presionar a favor de un medicamento en particular.

“Utilizan esas organizaciones de consumidores sobre todo para los temas realmente emotivos, como un medicamento para salvar la vida de los adolescentes con cáncer”, dijo Raven.

“La industria farmacéutica ha sido extraordinariamente inteligente y estratégica a la hora de hacer ese tipo de presión emotiva”.

—https://www.theguardian.com/business/2018/sep/25/pharmaceutical-industry-donates-millions-to-both-australian-political-parties

Las Comunidades Autónomas se blindan eliminando las vacunas COVID de las historias clínicas de las personas inoculadas

A pesar de ser una exigencia legal, la inoculación de las vacunas autorizadas por la Agencia Española del Medicamento contra el llamado COVID-19 no aparecen en las historias clínicas de aquellas personas que han recibido alguna de sus dosis, ni tampoco aparecen en el calendario de vacunación. Cualquier efecto secundario posterior quedará disociado de su inoculación, y será tratado como una patología ajena al fármaco. Leer más

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