Como cualquier automatismo, la filosofía de diseño de los sistemas de seguridad de la alta velocidad están concebidos precisamente para que un fallo humano aislado no desemboque en una tragedia. Para que exista un accidente como el de Urda (Toledo) o Adamuz (Córdoba), previamente se deben penetrar y vulnerar hasta tres capas de seguridad que, ya sea por deficiente mantenimiento o por sabotaje, han sido omitidas, porque la prioridad es la continuidad del servicio comercial.