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El fascismo postmoderno: cien partidos y política única

¿Dónde esta el fascismo?, se preguntaban los jóvenes en uno de sus carteles. En la reforma laboral, en el código penal, en las Empresas de Trabajo temporal, en la penalización de la insumisión, en la reforma de la Ley penitenciaria, en los Cuerpos Represivos (policía, sistema judicial…), en el paro estructural, en las reconversiones.

El fascismo no fue algo que paso a la historia con personajes tan negros como Hitler, Mussolini o Franco, como quieren hacer creer los ideólogos burgueses. No estamos en los años 30, si no en la era de la informática y de la “aldea global“. El fascismo postmoderno ya no puede tener las mismas señas de identidad de entonces: el partido único fascista, el sindicato vertical, la militarización de la sociedad, la brutalidad indiscriminada, el oscurantismo religioso… Esas formas burdas se podrían calificar como la “etapa infantil del fascismo” y puede asegurarse que, a la postre, fueron un fracaso y un pésimo negocio porque generaron un impresionante movimiento antifascista y revolucionario. Las masas aprendieron a combatirle en aquellas condiciones y a hacerle retroceder, alcanzando importantes conquistas: baste recordar que tras la II Guerra mundial el campo socialista se extendió a un tercio del mundo y las luchas de liberación de los pueblos oprimidos por el imperialismo a todo el planeta.

La burguesía no es tonta y también aprendió la lección; así, aunque su régimen político actual tiene las mismas características explotadoras, represivas y contrarevolucionarias del viejo fascismo, sus formas ya son otras y se nos presentan bajo el manto de la “democracia“. En tres se pueden resumir los rasgos que más lo identifican:

La política de Estado

Monopolismo y democracia son incompatibles. En la medida que se va concentrando el poder económico en manos de unos reducidos grupos oligárquicos, éstos no se limitan a ejercer desde sus consejos de administración. La burguesía financiera necesita apoderarse -y así lo ha hecho- de todos los aparatos y resortes del Estado para ponerlos enteramente a su exclusivo servicio. Ellos son el Estado y el poder. Y hay que distinguir muy bien entre el poder real y el circo de los políticos que sirve para embellecer al fascismo.

La burguesía ha aprendido que puede haber cien partidos (cuanto más cacareo, mas confusión, y a río revuelto…) siempre que se garantice su política única. Es más, la existencia de esos partidos es una necesidad para dar legitimidad y base social a esa política de Estado y convertirla en “política nacional” decidida “democráticamente“. El gobierno, los parlamentarios, los cargos públicos, los jueces, etc., etc., no son el poder sino los ejecutores y gestores de esas política de Estado de los monopolios. Esas son las reglas del juego, y quien no las acate es excluido de la legalidad.

En esas condiciones, ¿qué necesidad tienen los partidos de presentarse a unas elecciones con un programa? Lo único que precisan son piquitos de oro, asesores de imagen y chupar mucha cámara. Su función no es otra que engatusar, engañar, confundir al personal y hacerle tragar con lo que se decide en los despachos de la Banca y las multinacionales. Solo Anguita repite como un loro lo de “programa, programa, programa…” ¿Y cual es su famoso programa? ¡¡ La Constitución !! Para ese viaje no hacia falta tanta demagogia… Y lo triste para él es que, por reivindicar la Constitución, lo acusan de peligroso y estalinista y no le dejan levantar cabeza. ¡Pobre desgraciado!

Pues bien, la Constitución -que por algo fue redactada e impuesta por los oligarcas y gerifaltes del régimen- ya dejo “atados y bien atados” los principios de esa política de Estado: la santísima propiedad privada y la libertad de explotación, la sagrada “unidad” de España y la opresión de las nacionalidades históricas, la monarquía heredera de Franco, su bandera y su himno, el ejército golpista del 18 de julio como garante de los privilegios y del poder de la oligarquía, su voluntad de participar en los foros internacionales como potencia imperialista… Y así sucesivamente.

No hay más que ver en los hechos cuál a sido el desarrollo de esa política de Estado por lo sucesivos gobiernos” democráticos” de la UCD, del PSOE y del PP. En nombre de la “modernidad ” y la “competitividad” han llevado a cabo la reconversión y la desindustrialización de toda la economía (siderurgia, astilleros, textil, pesca, agricultura, ganadería, etc., etc. ), convirtiendo a España en una autentica fábrica de parados. Han impuesto el despido libre, la precariedad en el escaso empleo, los contratos basura. Han ido eliminando una tras otra todas las conquistas sociales impuestas en la lucha de los años 60 y 70. Han privatizado todo el sector público y amenazan hasta con privatizar la Seguridad Social. Han ido reduciendo el poder adquisitivo de las masas por medio de las subidas de los precios, los impuestos, los “medicamentazos”, las congelaciones salariales y de las pensiones o seguros de paro… No hay consejo de ministros en la que no aparezca un decretazo contra los trabajadores, eso sí, previamente pactado con “los legítimos representantes de la voluntad popular”. Igualmente, las grandes superficies, las cadenas comerciales, los bancos, han arruinado a cientos de miles de pequeños y medianos comerciantes, campesinos, transportistas, industriales, etc. Han extendido, como arma política, las redes de la droga hasta el último rincón del país, con la “sana” intención de destruir a una juventud a la que quieren robar el futuro y evitar que sea una juventud consciente y luchadora.

Pero no es suficiente. El monopolismo es imperialismo, no tiene fronteras. La integración en Europa, Maastricht, la OTAN etc., a permitido a los monopolistas -ya homologados como “demócratas”- ampliar la exportación de sus capitales y participar mucho más de la explotación de los pueblos, aunque sea como potencia de segunda fila.

Tienen motivos de mucho peso, en billones de pesetas, para defender a sangre y fuego su democracia. Cada año los bancos aumentan sus beneficios en un 30 ó 40 por ciento sobre el anterior. Hablan de miles de millones con la mayor naturalidad. Nunca antes ganaron tanto ni tuvieron tanta libertad, nunca hubo tanta especulación, tanta corrupción y dinero negro del trafico de drogas, de armas, de influencias… La “democracia” es el paraíso de los grandes capitalistas, sin más objetivo que la ganancia que puedan obtener de la explotación más feroz que puedan imponer a los trabajadores.

El Estado-policía

Esa política única es impensable sin el monopolio del poder, sin el monopolio de la libertad de expresión, de dictar leyes, de expresar su ideología reaccionaria, y sin el monopolio de la violencia. El Estado “democrático” actual es el brazo armado hasta los dientes de la oligarquía. No en vano la Constitución declara garantes de la democracia al Ejercito, la Guardia Civil y la Policía, que gozan de total impunidad.

No hay que olvidar que en España la reforma supuso un portentoso milagro, como el de la virgen que parió a Cristo y siguió siendo virgen. Aquí el fascismo parió a la democracia “sin romperlo ni partirlo”, sin hacer una sola depuración ni destitución en los aparatos del Estado. Continuaron los mismos milicos, los mismos torturadores, los mismos jueces prevaricadores. Continuaron las mismas leyes, especialmente dedicadas a la represión política: las de Bandidaje y Terrorismo contra rojos y separatistas, corregidas y aumentadas se llamaron Ley Antiterrorista; el TOP (Tribunal de Orden Publico) pasó a llamarse Audiencia Nacional; la BPS (Brigada Político Social) tomó el nombre de Brigada de Información. Ni un solo día pararon los torturadores en su faena, ni cesaron las detenciones, los asesinatos y la guerra sucia. Ni un solo día dejo de haber presos políticos.

Los “padres de la Constitución” sólo recogieron -a la fuerza ahorcan- las libertades que ya se habían impuesto en la lucha, pero para inmediatamente pasar a recortarlas y eliminarlas. ¿Qué ha pasado con la libertad de huelga? Que ha sido asfixiada con mil requisitos y condiciones previas, que tienen que garantizar unos “servicios mínimos” que son máximos, que tienen que respetar todos los cauces del diálogo y sólo pueden declararla los sindicatos. ¡Nada de “coacciones”! ¡Nada de piquetes! ¡Nada de solidaridad! ¡La libertad de los esquiroles es sagrada!

Exactamente igual ocurre con el derecho de reunión o manifestación. En cuanto sales a la calle ya es un asunto de “orden público” y entran a saco los “criterios públicos” con sus porras y sus metralletas. ¡Nada de alterar la Paz social! ¡Nada de cortas calles o carreteras, de gritar consignas “subversivas”! ¡No se puede coartar “el libre desenvolvimiento de la vida ciudadana”!

Las asambleas sólo pueden ser informativas, las decisiones ya las tomaron los representantes legales. Las manifestaciones sólo pueden ser procesiones silenciosas, debidamente “protegidas” por servicios de orden y la policía o la Guardia Civil. De hecho la mayoría de las huelgas, asambleas y manifestaciones son ilegales. Se hacen al margen y en contra de los sindicatos, de los partidos y de esa legalidad asfixiante… Y frente al aparato represivo.

También el Estado actúa preventivamente extendiendo el miedo entre la población: el despido libre y la precariedad en el trabajo son una amenaza que pesa sobre cada trabajador y hay que pensárselo dos veces antes de plantarse. Las listas negras funcionan más que nunca. El control policiaco se extiende desde el puesto de trabajo al bar, en la vivienda, en el barrio, a través de la Seguridad Social, de Hacienda, de los bancos, de las escuchas telefónicas, los policías de barrio, las cámaras de vídeo. Eso sin olvidar a los propios partidos y sindicatos o las redes de chivatos que son los traficantes de drogas. Todo ello forma un entramado que fomenta el miedo y alienta a la “colaboración ciudadana”. El ciudadano ejemplar es el más rastrero y chivato.

Esta labor represora se complementa con las campañas de guerra sicológica permanente en los medios de comunicación. Estos, de entrada, ya son propiedad de los grandes banqueros o monopolistas tipo Polanco. Y son los estrategas y expertos del CESID y del Ministerio del Interior los que dictan la “línea informativa”, controlan las agencias de noticias y deciden lo que se puede decir y cómo hay que decirlo. Así que las “estrellas” del periodismo lucen por su adhesión militante a esa política de Estado, por su espíritu policiaco y su capacidad de manipulación de la opinión pública.

El Estado ha invertido miles de millones en multiplicar sus efectivos y en tecnología punta, así como en fondos reservados para la guerra sucia. Sobre la base del control exhaustivo van reciclando la vieja mentalidad de la represión a lo bestia e indiscriminada por la selectividad y la “ciencia” (da gusto ver que el torturador te revienta asistido por médicos que le dicen dónde duele más y cuándo tiene que parar…). Esa selectividad implica que con quien destaca en la lucha todo vale: la tortura, las condenas sin pruebas, las cárceles de exterminio, la guerra sucia y la cal viva. Todo el que no comulgue con su política de Estado es “terrorista” o “violento”, y es combatido con la represión más brutal y ejemplarizante. Así es como han machacado y machacan a los obreros cuando defienden su puesto de trabajo, a los parados que se manifiestan, a los okupas, a los insumisos, a todo el que se resista y levante el puño o la voz. Y no digamos ya si se trata de los “rojos” o “separatistas” ¡Todo vale!

El Estado de los monopolios sólo puede ser un Estado-policía. En la etapa actual de crisis permanente y de descomposición del capitalismo, bajo el nombre de “democracia”, lo que se ha impuesto como normalidad es el Estado de excepción permanente, la propaganda fascista, el terrorismo de Estado y la guerra sucia.

La integración del reformismo

El régimen fascista no podía legitimarse a sí mismo tras la muerte de Franco. El gran “invento” de la Reforma fue la integración del reformismo, que debía aportarle legitimidad y base social. Así fue como los Carrillo y Camacho se convirtieron en los mejores aliados del régimen durante toda la “transición”. Al mismo tiempo, a toda prisa y a base de millones de pesetas y marcos fabricáron un PSOE a su medida. Para que la farsa democrática funcionara, los fascistas de nuevo cuño echaron mano de sus “40 años de lucha antifranquista” y sus “100 años de honradez”, así como de la experiencia en demagogia, traiciones y marrullerías de estos vendidos. Los reformistas se pusieron manos a la obra, enterraron las consignas de “ruptura” con el franquismo, la tradición republicana, la lucha reivindicativa… y comenzaron los cambalaches y los consensos. En cuanto les dieron plaza en el pesebre se convirtieron en los más rabiosos abanderados del régimen. Ya nunca más hablaron de fascismo, de lucha de clases, de explotación y otras antiguallas. Ahora todos éramos “ciudadanos y ciudadanas”, “señores trabajadores” (da igual que sea un banquero, un torturador o un albañil); todo es consenso, pacto, diálogo… todo se negocia y de todo se cobran comisiones, ya sea de un AVE, un “Pacto por el empleo”, una reconversión o un asesinato del GAL.

En cuanto a los sindicatos mayoritarios, hóy son calificados por los obreros avanzados como “mafias sindicales”. Su función ha sido la de imponer a los trabajadores las reconversiones, las congelaciones salariales, la precariedad, el despido libre, los ritmos infernales de trabajo…; a través de continuos “pactos”, “acuerdos” y “negociaciones” han ido eliminando una tras otra las conquistas sociales, anulando en la práctica los derechos de huelga, reunión y manifestación. Han saboteado toda lucha consecuente, han manipulado asambleas, han intrigado para romper la unidad y las luchas. Y, ¡como no!, han denunciado ante los empresarios y la policía a los trabajadores más combativos. Hoy los “sindicatos” han quedado reducidos a un aparato de “liberados” pagados por el Estado que en la práctica son un cuerpo de funcionarios al servicio de la política económica monopolista: un sindicato estatal de elementos corrompidos y mafiosos.

Pero para su desgracia y la de sus amos monopolistas, tanto los partidos como los sindicatos “institucionales” se han hundido al fundir-se con el Estado en una sola pieza. Se jodieron los amortiguadores, podridos de puro servilismo y corrupción, se quemó la hoja de parra del reformismo que debía tapar al régimen sus vergu~enzas. Mientras en otros países capitalistas la “democracia” lleva funcionando décadas y aún tiene cierto margen de maniobra, aquí ha tardado sólo unos años en mostrar su calavera fascista. S¡n embargo, no por ello renuncia la oligarquia a su “juego democrático”; a pesar de que cada vez tienen que actuar más a cara de perro, los fascistas y su desprestigiado coro de partidillos y mafias sindicales no cesañ de bombardearnos con su cantinela de que todo lo hacen en nombre de la “democracia”: dominan por decreto invocando “los intereses generales”, reprimen para “defender la democracia” y explotan para salvaguardar la “economía nacional”. Los enemigos del régimen son “fascistas y terroristas”, y hasta se apoderan de los símbolos de la Resistencia. La ideología, el lenguaje, el arte y la cultura han quedado sometidos al dictado de los intereses del Estado fascista, que amplifica hasta el infinito su mensaje reaccionario y demagógico con el monopolio que ejerce sobre los medios de difusión y la educación.

En conclusión

Hay que darles la razón a los fascistas hispanos cuando dicen que la Reforma está terminada. Efectivamente, el marco está definitivamente cerrado y bunkerizado, con los “demócratas” prietas las filas en torno a la política del Estadopolicía. Sin embargo, ni un solo día ha cesado la resistencia de las masas y las organizaciones revolucionarias. En estas últimas décadas, cada medida que ha tomado el régimen, cada reconversión, cada decreto aprobado por los Gobiernos de tumo, cada ley votada en el parlamento, han tenido que imponerlas de la mano de la Guardia Civil y la policía. La lista de represaliados, detenidos, torturados, encarcelados y asesinados por la “democracia” es espeluznante. De esta forma, las masas obreras y populares han sido expulsadas del sistema, sin ninguna posibilidad de utilizar ese marco legal para defender sus intereses y reivindicaciones. Lo único que nos han dejado es el voto cada equis años y porque les sirve para legitimar al fascismo, de tal manera que ese voto en vez de ser un arma es una cadena a nuestro propio cuello; votar en esta “democracia” no es un acto de libertad sino de esclavitud.

Es Impensable utilizar la legalidad para acumular fuerzas democr~ticas y revolucionarias. Hay que asumir este hecho incuestionable, que ha venido a convertirse también en un ras-go distintivo del moderno Estado capitalista, y descartar cualquier intento legalista y reformista: el fascismo no puede reformarse, sólo se le puede combatir. Hoy, nuevamente, las luchas obreras y populares tienen que prescindir sin complejos de esa legalidad asfixiante, tienen que plantearse de entrada, y desenvolverse, al margen y frente a la ley y al orden del Estado fascista. Y por la misma razón, porque no nos dejan ningún resquicio y los únicos argumentos que nos dan son la represión y la violencia, no tenemos por qué ser respetuosos y exquisitos: estamos legitimados -y obligados- para utilizar todos los medios a nuestro alcance y todas las formas de lucha.

—http://lahaine.org/espana/fascismo_unica.htm

Los caminos de la revolución en Italia. De los años 70 en adelante (parte 7)

7. El concierto polifónico de la Autonomía Organizada.
Las corrientes generadas por la disolución de Potere Operaio, corrientes que en sentido amplio se pueden denominar Autonomía Obrera Organizada, desarrollarán numerosas experiencias organizadas, que se perfilarán según las determinaciones del debate y as cambiantes posturas. Se caracterizaron por una cierta fluidez, con fracturas y recomposiciones. Globalmente se produjo una intensa actividad político-militar, evidentemente menos unitaria, homogénea ó constante que la producida por las Brigadas Rojas. Incluso la fragmentación y la auténtica cacofonía de siglas –recurriendo cada formación a varias- fueron políticamente perjudiciales, creando confusión y dificultades para comprender el hilo de sus propuestas.
Se puede también destacar el hecho de que una parte al menos de las iniciativas estaban relacionadas con situaciones inmediatas, en una agrupación provisional y espontánea. Si esto era signo de la riqueza del “antagonismo” difuso, también era señal de la incapacidad de dar un salto cualitativo, de centralización y de largo plazo, para conseguir un cambio cualitativo en el movimiento de clase, la dimensión política del enfrentamiento con el poder.
Se produjeron así ataques con explosivos contra grandes empresas, tanto por su papel en la luchas del momento como por su papel imperialista; la FIAT, Face Standard, ITT, Unión Petrolífera, y también algunos ataques en la persona de sus directivos. La Autonomía de la región del Veneto expreso un alto nivel cualitativo de uso de la fuerza, como un aspecto de la construcción de un contrapoder sobre el territorio. Como prolongación de un trabajo de afianzamiento real en el tejido de las luchas locales, su lucha armada estuvo hecha de series simultáneas de “pequeños ataques”, teniendo por objetivo algunas noches vehículos, sedes ó locales patronales, por ejemplo; y además otra serie de fascistas y carabinieri.

Y esto hasta tener la capacidad de decretar la ocupación de un barrio de ciudad durante algunas horas, patrullado por grupos armados (impidiendo los movimientos policiales) ocupándose en su interior de los patronos, los precios, los alquileres, los fascistas, etc. Esto no sucedió mas que tres o cuatro veces…pero sucedió. Se consideraba la prefiguración de una etapa superior de contrapoder, como objetivo a conseguir y generalizar. Otra importante rama de la Autonomía, la principal, la mas consistente y presente en numerosas regiones, será la que gira en torno al periódico Rosso (Rojo), que se expresaba principalmente por las siglas Brigadas Comunistas, pero utilizando otras también.
Muchos ataques se produjeron  a nivel de “fábrica difusa” (categoría formulada para definir el fenómeno, entonces en sus inicios, de la deslocalización-fragmentación de la fábrica sobre todo un territorio, con sus corolarios de sobreexplotación, trabajo en negro, etc.), estructurándose una forma organizacional armada a medio camino entre el clásico núcleo y la acción de una manifestación de masas que barría no una gran fábrica sino un conjunto de pequeñas industrias. O al menos esa era la intención, porque la conjugación de estos dos niveles so será fácil. Exigía un nivel de madurez y de capacidad del que se disponía raramente. Prevalecerán las contradicciones y las derivas. Será una positiva experiencia, y posible hasta 1977 incluido. (Mas adelante se verán las razones de su agotamiento). Muchos ataques fueron dirigidos así contra las fuerzas de represión, los fascistas y los traficantes de heroína. Igualmente se asistió al ascendente movimiento de las “Reapropiaciones”, y su apoyo con ataques a  estructuras de la especulación mercantil, a los grandes grupos, a las inmobiliarias, etc.
Y también se asistió a las iniciativas tomadas por el área que constituyó Prima Linea. Entre 1975 y 1976 se manifiestan los preparativos de puesta en marcha, y que dan una buena idea del salto cualitativo que iba a producirse: el “gambizzato” del primer directivo de la FIAT, efectuado en una fase de lucha interna especialmente fuerte, en la fábrica de Rivalta en las afueras de Turín, lucha en cuyo transcurso el papel de los jefes intermedios había sido esencial; se los denuncia en un panfleto que contenía una lista de los peores, y una manifestación interior que expulsó a tres de las puertas de la fábrica. La fuerza política de la iniciativa hace temblar a los revisionistas y a los oportunistas de “extrema izquierda”, y esto da una idea de la estrecha dialéctica que existía entre la intervención pública y la intervención armada. Hay que señalar además que el año 1976 fue, desde el punto de vista de vista del movimiento obrero, un año de apogeo, en donde se alcanzan las conquistas mas altas. La indexación de salarios, alcanzada aquel año, llevará a la paradoja de una recuperación en los salarios superior al nivel de la inflación; la patronal no sabía a que santo encomendarse. El tejido de núcleos y comités autónomos de fábrica es muy denso, teniendo un papel esencial en numerosas movilizaciones.
Otro ataque de Prima Linea fue la ejecución de un responsable del partido fascista de Milán en la primavera de 1976, como represalia de una serie de agresiones fascistas especialmente graves. Esta fue la primera ejecución planificada, aparte de los tiroteos accidentales; la primera en tanto que acto político-militar explícito. Hacia finales de año, Prima Linea empieza a operar con intensidad y continuidad, empezando con una irrupción en una sede patronal de Turín, igualándose con las B.R. en la fuerza, la dimensión y el alcance del proyecto. Tanto más que en su fase de despegue, Prima Linea consiguió reunir a las Formaciones Comunistas Combatientes. Constituían una enésima rama de la Autonomía Organizada y armada, y no de las menores. Esta sobre todo centrada en la zona Centro-Sur, principalmente en Roma y su región. No se dio una unificación, pero actuarán conjuntamente.
Entre 1976 y 1977, las F.C.C. realizan dos “gambizzati” de dirigentes de las grandes fábricas en el Sur, en donde operan como Comités Obreros, y un sabotaje que produjo un enorme apagón en la fábrica FIAT de Cassino (Lacio) durante tres días.

Carta de Marcos Martín Ponce sobre la brutal paliza en la cárcel de Morón de la Frontera

Morón, 16 de Noviembre de 2012
 
¡Hola! Espero que ya sepáis lo que me ha ocurrido en el Módulo de Aislamiento de ésta prisión, a pesar de que la dirección de la cárcel está haciendo todo lo posible por mantenerme completamente aislado, pues dos días después de lo sucedido, me han puesto en una galería solo y no me han activado los teléfonos para que no pueda avisar a nadie de lo que han hecho conmigo. Aunque, a pesar de todo este aislamiento, la Solidaridad ha hecho llegar a vuestros oídos mi situación desde el primer día, lo sé a ciencia cierta. Así pues, ya sabéis que me dieron una paliza tremenda y que estoy en Huelga de Hambre.

Intentaré ser breve para no perderme en detalles (ya he denunciado ante el JCVP) y os podéis hacer una idea de lo más importante.
Desde mi llegada a esta prisión (hace tres años y medio), ya he denunciado las constantes provocaciones de carácter político que se traducen en: buscar hacernos la vida imposible a los Presos Políticos, creando esto constantes tensiones que se han ido acumulando y que he sabido ir toreando, con paciencia y en compañía de los P.P. Vascos; al menos, hasta el 14-XI-2012, cuando los carceleros de turno venían decididos a que ese día se terminaría de romper “el jarrón”.

Desde que llegué, me he destacado por exigir que se cumplan nuestros escasos derechos en éste módulo de aislamiento: Conseguí que nadie se tuviera que poner de pié en los recuentos, que dieran bata para cubrirnos en los cacheos integrales; que distribuyesen productos y material de limpieza todos los días; que se respetasen las cuatro horas de patio integras que tenemos al día; poder utilizar un ordenador todos los días (fuera de las horas de patio) para los que estuviéramos estudiando alguna carrera universitaria por la UNED…, y otras cuantas cosas más relativas al día a día en aislamiento.

Pero, a la vez que iba consiguiendo que se respetasen estos avances, se ha ido acumulando el odio en una parte de los carceleros, los que unidos bajo los sindicatos de prisiones hacen del odio fascista una militancia activa contra los Presos Políticos, y no han podido soportar ver que, a pesar de sus putadas, me mantengo un hombre íntegro, esmerado en contacto con los obreros, con la juventud antifascista; haciendo deporte, cultivándome intelectualmente y mostrando siempre una amplia sonrisa ante las habituales adversidades.

Así pues, ese 14 de Noviembre, a las 9 de la mañana vino a sacarme al patio una de esas guardias de militantes fascistas. Tenían muy claro a qué venían y no se iban a ir sin conseguirlo. Abrieron la puerta de la celda, me pusieron contra la pared; mientras uno me pasaba la “raqueta” detectora de metales, otro cacheaba mi mochila y otros dos mi celda, la rutina diaria. Pero el que cacheaba mi bolsa, saca de ella una tartera donde siempre llevo mi almuerzo (se me quedó la costumbre de los albañiles), y me dice que a partir de ahora eso está prohibido; le digo que es mi almuerzo y me insulta, diciendo que ya no lo es. Le digo que me trate con respeto y, sin más preámbulos, me coje y me empuja hacia dentro de la celda, pues no quería que lo que iban a hacer lo vieran lascámaras de seguridad del pasillo. Así es como supe desde el primer momento que la cosa se iba a poner fea. Al entrar en la celda los cuatro funcionarios, el de la tartera me da un bofetón y los otros se echan a por mí, yo me cubro la cabeza con manos y brazos. Enseguida oigo a uno decir: “Aquí no, Carlos, que están los otros golpeando las puertas”, y es que los P.P. vascos estaban haciendo ruido para protestar y mostrar su solidaridad.

Así es que me ponen los grilletes y me sacan a rastras mientras oigo los gritos de ánimo y reprobación de los compañeros. Me llevan al cuarto de cacheos, donde tampoco hay cámara, y me piden que me quite la ropa. Me quito todo menos el pantalón de deporte y pido la bata; en ese momento me dan otro guantazo y sacan las porras. Me patean y me aporrean hasta que caigo al suelo y, una vez en el suelo, me hago un ovillo y siguen dándome patadas en la cabeza y porrazos por todo el cuerpo. Pasan los minutos y continúan dándome si bajar ni la intensidad ni la cadencia, uno de ellos me separa los brazos de la cabeza mientras otro me da un puñetazo en la cara; me logro soltar y me vuelvo a tapar, entonces me dan un pisotón en la cabeza y empiezo a perder el conocimiento… Mi cuerpo se va relajando mientras noto que se convulsiona con los golpes que me siguen dando.

Cuando recobro el conocimiento, estoy esposado a la espalda y dos carceleros me arrastran por el pasillo; parece que se me van a desencajar los brazos. Me llevan a una celda donde veo que solo hay una cama con correas, me arrojan a ella y me atan de pies, manos y cintura. Yo empiezo a vomitar y uno de ellos me tira del pelo para sacarme la cabeza de la cama; veo que solo echo babas mezcladas con sangre y un trozo de diente. ¡Estoy casi entero!

Solo llevo encima los pantalones cortos de deporte, el torso desnudo y sin zapatillas; veo que abren la ventana y el frío de la mañana alivia un poco mis extremidades, que están empezando a amoratarse por lo fuerte que han apretado las correas. Estoy boca abajo y los carceleros me insultan: “Ahora qué, GRAPO cabrón” y lindezas por el estilo; la mayoría de ellas en referencia a mi militancia política y los avances conseguidos en los derechos de esta prisión. Al rato se van y me dicen que cuando me haya hecho mis necesidades encima, volverán para desatarme. Estoy atado unas 15 horas, con la ventana abierta y medio desnudo. El frío que al principio aliviaba mi maltrecho cuerpo, a las dos horas martiriza mis músculos haciéndome temblar de frío y de dolor. Durante ese tiempo pierdo la conciencia de nuevo un par de veces más. Es el único descanso que encuentro: cuando estoy consciente el dolor es puntiagudo y generalizado por todo el cuerpo.

Habrían pasado 3 o 4 horas desde que estoy allí atado. Cada cierto tiempo entraban los carceleros: “Qué, todavía estás vivo, comunista hijo de puta”, me tiraban del pelo, me daban algún manotazo y se iban.

El frío terminó deshinchando un poco mis muñecas y tobillos, y así pude luchar contra las correas durante un buen rato, hasta que me solté de la mano izquierda, del resto de extremidades no pude soltarme. Así logré colocarme de medio lado y con esa mano suelta pude maniobrar para orinar fuera del colchón, en el suelo. Afortunadamente, tengo la costumbre de hacer deporte en ayunas y no había comido nada, por lo que no tuve necesidad de defecar. Eso sí, cada movimiento que hacía creía que me estaba rompiendo algún hueso.

A las 23 horas de la noche, cuando ya había cambiado la guardia que me hizo eso, entraron 7 u 8 carceleros y me dijeron que, ya que había orinado en el suelo, me iban a soltar y cambiar de celda. Cuando me soltaron, yo no me podía mover, mi único gesto fué encogerme en posición fetal; le dije al Jefe de Servicios que estoy operado de hernia discal y que ellos me habían vuelto a herniar. Llamaron al médico, esta hizo un informe a vuelapluma, visiblemente impresionada de las torturas marcadas en mi espalda, y me puso una inyección de diclofenaco. Al rato me llevaron en volandas a la celda de al lado, me tiraron en un colchón lleno de suciedad y me tiraron una manta. Allí pasé el resto de la noche y medio día posterior. Eso sí, cada dos horas, durante toda la noche, se preocuparon de no dejarme dormir, golpeando la puerta, insultándome, amenazándome y dejando la luz encendida… Yo me enrosqué en la manta y dormí lo que pude y lo que me dejaron.

Al día siguiente me comunicaron que estaría en aislamiento total hasta que la DGIP decidiera si me cambiaban de prisión, o me aplicaban la 1ª Fase (el aislamiento absoluto); al final me aplicarán ambas medidas, y en la cárcel donde aterrice estarán esperándome los carceleros del sindicato, para recordarme que cuando el sistema capitalista se ve al borde del precipicio, es tiempo para volver a los orígenes más fascistas, para defender sus privilegios.

En esas cosas he estado pensando durante todo este maltrato, durante, por qué no decirlo, la aplicación del Estado de Derecho que la burguesía tiene reservado para los revolucionarios. También pensaba en mis camaradas, en mi compañera, en el libro “El Estado y la Revolución” de Lenin, que me estoy volviendo a releer, en el auge del Movimiento de Resistencia Antifascista y en la reconstrucción de la Solidaridad obrera con los presos políticos. Todo eso me ha hecho aguantar estas torturas, sabiendo que cada golpe tenía un significado político, que la lucha de clases había marcado en mi espalda más de 25 porrazos y patadas que, al mirarlos en el espejo, me recuerdan que sin sacrificios no obtendremos ni uno solo de los objetivos revolucionarios a los que los obreros estamos llamados.

Mi ánimo se resume en esta cita del Che: “En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bien venida sea, siempre que nuestro grito de guerra haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar cantos luctuosos con tableteos de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de Victoria”.

ABRAZOS COMBATIVOS.
Marcos Martín Ponce
 
-Actualmente se encuentra en la Prisón de Puerto III (Cádiz)

Los caminos de la revolución en Italia. De los años 70 en adelante (parte 6)

6. Las luchas en las prisiones: los Núcleos Armados Proletarios.
Estos tres años serán testigos también de las más importantes acciones de los NAP (Núcleos Armados Proletarios). Su historia es la historia de las luchas en las cárceles, luchas que serán paralelas en el movimiento de clase, con un mismo impulso, en el tiempo y en las referencias.
Impresiona ver como las primeras acciones serán revueltas violentas en las tres grandes prisiones metropolitanas de Turín, Milán y Génova, la misma geografía exacta de los polos obreros, y entre 1969 y 1970. Luego se da una generalización, las luchas se suceden y el movimiento revolucionario corre inmediatamente a apoyarlas desde el exterior. La explicación de esta sincronización hay que buscarla en la clase, con toda seguridad. Los años sesenta habían visto, en este vasto proceso de recomposición de clase y de los fenómenos culturales que lo acompañaban –la generación beat, los teddy-boys, el pelo largo, las minifaldas, la insubordinación y las tendencias libertarias- también la emergencia de nuevas formas de “bandidismo”, de fuera de la ley. Jóvenes procedentes de barrios obreros, de la inmigración, que rompían radicalmente con el destino de esclavitud en la cadena, decidiendo apropiarse de la riqueza social: eran los “pícaros”, los grupos de atracadores de bancos. Se convierte en un fenómeno importante, bien porque el ataque a los bancos era novedoso (de esta manera sistemática y difusa), bien por los caracteres homogéneos de estas nuevas bandas y sus marcadas diferencias con los ambientes clásicos.
Mientras que el antiguo medio delictivo era expresión del subproletariado (con toda su ambigüedad, bien tratada ya por Marx), y no era precisamente glorioso en cuanto a sus actitudes sociales, con una interiorización del orden y los valores burgueses (actitudes de opresión y explotación de los otros, prostitución al mejor comprador, colaboración con la policía, etc.) los jóvenes atracadores eran rebeldes, productos puros de barrios obreros,
en torno a los cuales estaban relacionados. Fue una generación de jóvenes combativos que, una vez en masa en las cárceles, consiguieron impulsar una dinámica de lucha. Y también consiguieron fácilmente relaciones con el movimiento revolucionario en el cual se reconocían, social y culturalmente. Será sobre todo esta composición de clase la que llevará el ciclo de luchas, junto a los numerosos proletarios que pueblan esos lugares alternativos a la fábrica. Por otro lado, será la figura del “proletario prisionero” la que se formalizará políticamente por el movimiento revolucionario, dándole una identidad y un lugar en la revolución de clase.
A la fase de revueltas destructivas siguió la tentativa de estructurarse, de alcanzar los objetivos que no eran sólo la mejora de las condiciones (si bien siempre importantes en el reducto carcelario), sino que serán también las prácticas de evasión, abundantes y sistemáticas, así como la práctica de respuesta a las violencias del aparato represivo. En estos aspectos, los núcleos de vanguardia creados por las luchas se funden cada vez mas con los grupos exteriores, y tras la fase de “Panteras Rojas” (en explícita referencia a los afroamericanos, a George Jackson y a los Hermanos de Soledad), se llega rápidamente a los NAP:
De hecho, los NAP tuvieron muchas temáticas en común con las BR: centralidad de la lucha armada, construcción de contrapoderes, etc. Si bien anclados en las luchas carcelarias, como se verá, su paso hacia un horizonte mas general consistirá en la integración en las BR. Característica importante fue su radicación en Nápoles y otros territorios del Sur, lo que aportaba un complemento precioso.
Sus primeras acciones fueron las difusiones por altavoz (auto-explosivos) ante las prisiones, en apoyo de las luchas en el interior. Siguieron ataques con explosivos contra estructuras penitenciarias, y también contra la Democracia Cristiana, creando un paralelismo con las campañas de las BR, en tanto que se daba una complementariedad geográfica, al actuar los NAP en Nápoles y en el Sur. Muy pronto sufrieron bajas, principalmente los camaradas Mantini y Romeo,  abatidos a la salida de un banco. En la primavera de 1975 secuestran a un juez director de asuntos penitenciarios –De Gennaro- mientras que en prisión tres militantes armados intentan la fuga. Es un fracaso; se atrincheran y se hacen eco de la acción en el exterior, que consigue la lectura de un comunicado en los noticiarios de la radio nacional.
El juez será liberado a cambio de garantías a los tres prisioneros. Estas garantías sólo serán observadas algunos días, sufriendo los camaradas un trato atroz durante meses. Otra camarada, Anna Maria Mantini muere en una auténtica encerrona. Los NAP consiguieron identificar al policía y al magistrado responsable del asesinato, hiriéndoles.
Habrá aún otras campañas dirigidas por las BR –ataques a las estructuras de los carabinieri y de las prisiones- y un atentado contra el director de los servicios de seguridad de prisiones; ataque que termina mal, con la muerte del camarada Martino Zicchitella, muy conocido en la vanguardia de luchas en prisión desde 1969. Dos policías caerán también en el transcurso de estas acciones.
Todavía habrá otra ejecución, la del camarada Antonio LoMuscio. Identificado en la calle, y tras una persecución, resultará herido; en el suelo recibirá un tiro a quemarropa. Estaba desarmado. En el verano de 1977, con un documento de balance redactado por algunos prisioneros finaliza la historia de los NAP, que, en su mayoría, pasan a las Brigadas Rojas.

Los caminos de la revolución en Italia. De los años 70 en adelante (parte 5)

5. Años 1974 y 1975: la afirmación de la lucha armada.
Veamos una cronología de los episodios y las acciones significativas de esta fase:
El año 1974 está marcado por el secuestro del juez Sossi, hecho decisivo del nivel de “propaganda armada”, directamente ligado al conflicto de clases en la relación capital/trabajo, nivel que perfila la lucha política general, el enfrentamiento Clase/Estado. Este juez era muy conocido, y odiado, por el proletariado en lucha de Génova. El ataque estuvo particularmente acertado, al poner en relación las exigencias del movimiento de clase y el plano del enfrentamiento con el Estado. Lógicamente, esto hacía visible el considerable nivel político-organizacional conseguido, teniendo en cuenta que el secuestro dura algunas semanas y que se dio una negociación pública (decidiendo las B.R., de una forma coherentemente revolucionaria, hacer público todo el desarrollo del suceso, para que la clase lo haga suyo; por el contrario, el Estado buscaba esconder y torpedear esos contenidos de lucha bajo un espeso manto de manipulación, de intoxicación y de ignorancia). Las B.R. plantearon la liberación de 13 militantes, sacando a la luz del día la existencia de este frente de lucha: la cárcel, los nuevos campos, la represión como terreno estratégico del Estado. Se llegará a un acuerdo, las B.R. liberarán al rehén, ¡pero el Estado reniega de su palabra! Dos años más tarde, las B.R. arreglarán las cuentas con el magistrado que gestionó esta traición, el Procurador Coco, con dos escoltas, acción que significa también un salto cualitativo en el nivel de ataque.
La acción contra Sossi marca también la definición estratégica, apareciendo algunas consignas que se harán célebres, al hacer de ellas el eje de los ataques de las B.R. La más conocida es «Llevar el ataque al corazón del Estado». Hay que precisar un poco que se entiende por eso, contra un montón de deformaciones conscientes que han circulado. No es un ataque de carácter simbólico, siempre similares a otros, de estilo anarquista. No es un ataque de tipo predominantemente militar, que se orienta de forma inmediata a cortar la potencia del Estado porque, mas allá del simple buen sentido, las B.R. preveían un proceso revolucionario, por etapas y donde, naturalmente, el carácter y los niveles de ataque dependían de la etapa. No es nunca al principio cuando se está en condiciones de destruir las fuerzas enemigas.
El concepto de «ataque al corazón del Estado» es mas bien la concepción de que en todas las fases de la lucha de clases existe un  nudo en donde se atan ó se concentran las contradicciones…

 

 y la línea de enfrentamiento entre las clases y que, a este nivel, el Estado en la persona del Gobierno actúa elaborando uno o mas proyectos políticos que son su arma fundamental en su dirección del enfrentamiento. En el proyecto político de coyuntura (o de fase) se resume el interés burgués de la fracción dominante (componiendo de manera subordinada, y siempre contradictoria, el interés de las fracciones burguesa secundarias), su forma de atacar al proletariado y desarrollar el sistema capitalista. Salir de los límites del enfrentamiento capital/trabajo y de los escollos del “movimientismo” significa saber colocar la fuerza de la clase sobre aquel plano: atacar a la burguesía en un plano político general, haciendo mostrar al Estado al mismo tiempo su carácter de clase, y oponiéndole el interés general histórico del proletariado, de la clase.
Por consiguiente, existe una lógica de ataque muy político-militar, con el objetivo de recomposición de clase que no puede darse más que afrontando las contradicciones centrales, en el plano del choque entre la clase y el Estado.
Como resultado del gran salto adelante y de la influencia creciente, dos nuevas columnas comienzan a estructurarse, en Liguria y en el Véneto (y sobre la base de núcleos obreros de grandes fábricas y puertos, principalmente), mientras que se constituye la Dirección Estratégica, que en el futuro marcará cada año la actividad de la Organización, mediante una elaboración político-teórica, que informará los objetivos estratégicos. La primera Dirección Estratégica –en forma de documento- se publicará en abril del año 1975. Por su claridad constituye aún hoy un instrumento útil. También en la primavera de ese año se producirá el primer secuestro de un capitalista a efectos de expropiación. En el tiroteo con los carabinieri que intentan su liberación cae Mara Cagol, una camarada parte del núcleo fundador. Persona muy querida, permanecerá como figura simbólica, y la Columna de Turín tomará su nombre. Algunos meses antes ella misma había dirigido el primer asalto contra una cárcel (Casale Monferrato, en el Piamonte) para liberar a un camarada.
Habrá también una campaña en colaboración con los NAP (Núcleos Armados Proletarios) contra el aparato de la contraguerrilla, ataques contra estructuras de los carabinieri y el sistema penitenciario. Y también el primer ataque personal contra el enemigo, en la figura de un notable del partido en el poder, la D.C. (Democracia Cristiana), ataque que tomará a menudo la forma de “gambizzazione” o disparos en las piernas (“gambe” en italiano, N. del T.).
En 1976 se produce la ejecución, como se mencionaba antes, del magistrado Coco, como represalia y elevación del nivel del ataque al Estado. Y también la muerte de otro camarada, Walter Alasia, un joven muy estimado. La columna de Milán tomará su nombre. Su entierro será también un momento destacable, con la presencia de centenares de personas a pesar de la intimidación de los sicarios, y la defensa pública que de él hicieron los Comités Obreros del movimiento autónomo de Milán.

«Cuando me muera decid que fui roja»

A Encarnación Moreno, la «Lechuguina»

Encarna Moreno dijo a su nieta hace poco tiempo: «Cuando me muera decid que fui roja». Encarna fue roja y republicana
(A la memoria de todas las viudas víctimas del genocidio franquista que comenzó en 1936)
Encarna Moreno, de Dicastillo, ha muerto con 101 años de edad en la clínica de San Juan de Dios. El apodo de Lechugina lo heredó de su padre, pastor e hijo de pastor, de Arellano, que le enseñó el oficio desde los 7 años. Poco fue a la escuela. «Los pastores se hacen esclavos para ser libres». Con sus cabras era la reina de Montejurra. Encarna ha sido una mujer guapa de intensos ojos azules y firmeza en la mirada.
La noche que cumplió los 100 años le hizo un quite al miedo y rasgó la mordaza de silencio que marcó toda una vida nada fácil. Empezó a contar, como si fueran fogonazos de memoria viva, el asesinato de su marido Fortunato Alvarez Macua en 1936. «Que se presente» dijeron los fascistas. Ella fue a avisarle, estaba segando en el campo. «Me van a matar padre». Los campos quedaron sin segar, las espigas tumbadas y no había brazos, estaban en la cárcel. Los sacaron a barrer las calles, a burlarse de ellos antes de matarlos. Después se los llevaron en un coche y de noche, con las manos amarradas, un tiro de gracia en el portillo de Enériz y abandonados en una fosa común. Encarna no pudo empezar a respirar hasta que salió del pueblo, dejando allí a su hija de un año al cuidado de su suegra. Sufrimiento hondo y pena negra.
Navarra quedó sembrada de fosas comunes, no vale contar porque no son números las más de 3.500 personas asesinadas con nombre y apellidos, que dejaron viudas, viudos e hijos, madres y padres, hermanos y hermanas. Casados o solteros, de tal pueblo, fecha de nacimiento, oficio, ideas republicanas, de izquierdas, nacionalistas, que lucharon por recuperar el comunal, la jornada de 8 horas, el estatuto vasco… por que se cumpliera la legalidad republicana.
Reparar su memoria y la de sus familias y denunciar aquella matanza es obligación de cualquiera que tenga responsabilidad de gobierno municipal. Es mezquino seguir callando crímenes de lesa humanidad porque las fuerzas políticas pactaran aquel consenso y la consecuente imposibilidad de hacer justicia. El genocidio no prescribe.
Encarna Moreno dijo a su nieta hace poco tiempo: «Cuando me muera decid que fui roja». Encarna fue roja y republicana y conservaba la lucidez de aquella generación que no fue educada en el franquismo, a la que masacraron y represaliaron para que nos dejaran como herencia el miedo y el silencio. Solo se permitió la memoria de los vencedores.
Pero esta mujer de 101 años, que sintió mucho no poder ir al homenaje a las víctimas del Franquismo en Dicastillo, cuando recibió en la clínica la bandera republicana, se echó a llorar y se secó las lágrimas con ella, bandera que significó la libertad desde los tiempos de Galán y García Hernández, Libertad con mayúsculas, hecha con los brazos que la mantenían, con la vida de todos aquellos jornaleros mártires, navarros dignos, gentes de bien. Y Encarna levantó el puño ante la bandera, como entonces.
Urales San Pedro, a quien le dejaron sin padre cuando no había cumplido el año, me mandó este escrito en agradecimiento por el homenaje: «Se les va a juntar a nuestros nietos la Memoria Histórica de nuestros abuelos con nuestra propia Memoria Histórica. Nos están matando sin mancharse las manos de sangre y nosotros nos estamos enterrando sin cavar nuestras propias fosas comunes».
¡Qué solos se han sentido los familiares! Encarna se ha ido satisfecha porque ha denunciado («el pueblo tiene que hablar, no yo»), y porque se ha hecho algo de justicia: la reparación pública tocaba hacerla al pueblo. Y la hemos hecho. Hasta siempre Encarna, descansa en paz. Nos dejas una valiosa herencia.

1ª jornada por la amnistía de los presos políticos (adelanto)

El pasado 6 de Octubre se celebraron en Madrid las primeras jornadas por la amnistía de los presos políticos. El evento contó con una charla debate a cargo de Juan Manuel Olarieta, abogado y escritor, y José Balmón, ex preso político del PCE(r), la presentación del poemario “Con la solidaridad por bandera” de Aitor Cuervo y Pablo Hasél y la actuación de los grupos La Plataforma, Pablo Hasél, RPG-7 y Núcleo Terco.


Próximamente el reportaje completo con las charlas (íntegras), el recital de poesía y los conciertos.

Los caminos de la revolución en Italia. De los años 70 en adelante (parte 4)

4. Movimiento y nacimiento del área de la autonomía obrera.
Como se ha señalado, Potere Operaio constituyó una especie de crisol para diferentes experiencias. A partir de su voladura muchos de sus núcleos organizaron el Movimiento e impulsaron las iniciativas y las conversaciones. En general, fueron estos núcleos los que alimentaron y encuadraron el debate y las siguientes evoluciones, en los encuentros y las colaboraciones con otros sectores del Movimiento. Fue sobre todo la confluencia con el área de los procedentes de Lotta Continua (que estalla en 1976, pero, a diferencia de P.O., de forma negativa, como resultado de una crisis grave de identidad y de perspectiva). Especialmente, la realidad revela todo un área pequeño-burguesa que remedaría algunos gestos de traición, un regreso al rebaño familiar, de una buena parte de “sesentayochistas”. Numerosos colectivos territoriales y de fábrica, mas una gran parte de los servicios de orden, se reagruparon tras la (perdida) batalla interna para avanzar hacia un proceso revolucionario, y principalmente hacia la etapa del armamento de las masas.
Se han visto ya dos caracteres fundamentales de este proceso político y organizacional, caracteres que serán determinantes y estarán cargados de consecuencias:
1) No se da una auténtica separación entre el nivel de masas y el nivel que debiera considerarse como estratégico, si no  Partido si al menos la Organización. Esta última comienza a perfilarse como la federación de numerosos colectivos y comités locales (a menudo muy dignos, pero en donde en cualquier caso era preeminente la dimensión de masas y pública).
2)  Armamento de las masas. He aquí una consigna extremista, confusionista (de niveles) y cargada de derivas militaristas. Que es lo que llegará con el tiempo, y que era evidente entre un sector muy defectuoso en este sentido, como los mencionados servicios de orden.
Habrá dos años de experiencia y de preparación de este nuevo conjunto, resumiéndose la elaboración político-teórica en una publicación (“Linea di Condotta”), años que se desarrollan en una fase de lucha cada vez mas fuerte y rica, y en la que algunos de estos colectivos tuvieron una marcada presencia. Es destacable el caso de una Coordinación de Comités de fábrica en el cinturón de Milán, (Sesto San Giovanni, centro siderúrgico apodado Stalingrado por su aportación a la Resistencia) que llegarán a ejercer su hegemonía en una gran fábrica (la Magneti Marelli) en donde llegarán a experimentar el ejercicio de la fuerza en la lucha interna, bajo la forma de imposición de “decretos obreros”, incluso hasta impedir el despido de cuatro camaradas, haciéndoles entrar a trabajar todos los días escoltados por la “milicia obrera”, ¡y esto durante algunos meses!.
Este asunto de la “milicia obrera” será además un eje central: construir la fuerza político-militar como apoyo a las organizaciones de masas avanzadas, como una especie de contrapoder, como ejercicio concreto, imposición de los objetivos de lucha que comenzaban a romper los límites de la legalidad y a anunciar contenidos “objetivamente” revolucionarios. Fue el caso de la ola de auto-reducciones. Consistía en un rechazo de las subidas de tarifa de gas, electricidad y teléfono, que se traduce en 1975 en un vasto movimiento de auto-reducción de las facturas. Estructurado alrededor de una extensa red de Comités de Lucha en los barrios (al tiempo que una parte de los Consejos de fábrica apoyaba el movimiento rompiendo el sabotaje de los revisionistas), se prestaba bien a desarrollar una radicalización de los movimientos de masas: “los precios políticos”, es decir, como expresión de las relaciones de fuerza y como tendencia a la negación de la mercancía; la “reapropiación”, como formas de lucha no ya reivindicativas sino de directa imposición, como “práctica del objetivo”; “contrapoder”, por tanto, un terreno nuevo que exige la organización de la fuerza, generalmente armada (lo que para una parte era precisamente la línea de la “milicia obrera”).
Hay que considerar también que esta ola se apoyaba en una considerable situación previa de ocupación de inmuebles (ciudades enteras de HLM[*]) y sobre una organización general en Comités Autónomos de Lucha, por ejemplo en la “huelga de los alquileres”. Terreno de lucha poblado de enfrentamientos con la policía, que llegaron a matar a algunos camaradas, lo que produce a cambio oleadas de violencia proletaria y el ejercicio de nuevas formas de organización. En las barriadas periféricas de Roma, principalmente, se llegará a enfrentamientos armados entre los ocupantes apoyados por los camaradas organizados y la tropa. Y con victorias, en fin, tanto contra la policía, tanto en el objetivo de conseguir las viviendas (esto siempre entre 1974 y 1975).
Y además un importante movimiento de “expropiación de masas” se iba a desarrollar, como plasmación de la consigna de “precios políticos”, los Comités habían iniciado la actividad en las grandes superficies, en los mercados, especuladores, intermediarios comerciales, etc., hasta acciones de auto-reducción de precios y de expropiaciones masivas. Sobre esto creció el impulso espontáneo de la nueva generación de jóvenes camaradas (que constituirían los primeros Círculos de Jóvenes Proletarios), a medio camino entre el local político y cultural y la ocupación, que iban directamente a las ocupaciones sistemáticas; no sólo en los supermercados sino también en las tiendas de lujo: disco y sonido, libros, ropa. Los límites cada iban más allá. Esto no era, especialmente para los jóvenes, solamente una reducción de precios sobre los bienes esenciales, una especie de lucha salarial de nuevo tipo; ¡era la “reapropiación de la vida” así como la destrucción de la mercancía! Los más frecuente es que estas acciones estuvieran “protegidas” por la presencia de un equipo armado, y en general todas estas formas de lucha en los barrios  conocieron un desarrollo muy destacable de práctica armada de las organizaciones. Más bien en términos de ámbito local, fragmentario, no unidos por un proyecto centralizado de desarrollo de procesos revolucionarios, y de ahí la ausencia de una firma única, centralizada, y la cacofonía de siglas que hacía creer en la existencia de decenas de grupos.
Estos proyectos existían, pero quedaba por así decir en estado latente, subyacente, no llegando a manifestarse claramente como en el caso de la B.R.  Esto llegará pronto a formalizarse en una organización y en una “rama” (Prima Linea y la  Autonomía Obrera Organizada, que nunca llegarán a unificarse, y en donde coexistieron tres o cuatro principales Organizaciones armadas), que intentaron este paso; pero siempre quedaron marcadas por ese carácter espontaneísta, movimientista de fondo, y, como se verá, su intento, muy precario y contradictorio, naufragará rápidamente en su vuelta al Movimiento, como resultado de una derrota y por tanto como grave retroceso.
Esto no quiere ser una denegación de esta área revolucionaria, ni de sus aportaciones que han sido importantes en la búsqueda de nuevos caminos que hubieran podido responder a las contradicciones abiertas en el ciclo histórico precedente: la valorización de las expresiones de clase en tanto que sujeto revolucionario, para superar el exceso de dimensión política separada (que también había abierto la puerta a las derivas revisionistas). De ahí las categorías de “antagonismo”, de “contrapoder”, de “ilegalidad de masas”. Categorías que primaban el (pretendido) valor revolucionario de lo social, de las luchas y los comportamientos de masas como “autovalorización proletaria”, del sujeto social que estaba en vanguardia (en primer lugar para el “obrero-masa”, luego para el “obrero social”, ó “sujeto antagonista”, en definitiva).


[*] HLM, habitation á loyer modéré,en francés, viviendas de alquiler controlados o subsidiados (N. del T.)

Los caminos de la revolución en Italia. De los años 70 en adelante (parte 3)

3. Noviembre de 1970: la formación de las Brigadas Rojas y sus inicios.

Estos inicios fueron la conclusión de un proceso político-ideológico que, tras el encuentro entre el núcleo de estudiantes de Trento y algunas vanguardias de lucha obrera de Milán y de la región de Emilia, había tomado forma en el Colectivo Político Metropolitano de Milán. Era un lugar de encuentro y coordinación interna de las luchas, y al mismo tiempo un organismo que elevaba el nivel del debate, comenzando a trazar las líneas de orientación que llevaron al proyecto de lanzamiento de la lucha armada. Dispondrá de una revista, “Sinistra Proletaria”,  durante el tiempo preciso para decantar la posición política y tener las primeras experiencias. El nivel teórico demostrado es, desde el inicio, elevado; constituye una buena síntesis de comprensión del ciclo de luchas internas y del contexto internacional, de posicionamiento respecto al moderno revisionismo y a las vanguardias reales.

Esta síntesis hacía emerger la necesidad de superar la estrategia de “los dos tiempos” (fase de acumulación de fuerzas a través de la lucha de masas y el electoralismo, continuando con la fase insurreccional), que de hecho se había convertido en uno de los motivos de putrefacción revisionista, pero que engangrena también a la nueva izquierda extraparlamentaria con su incapacidad para extraer las contradicciones por las que precisamente se habían convertido en revisionistas, con su espontaneismo y seguidismo de las luchas de masas. La idea formulada (¡y aplicada!) era la de que era necesario desarrollar una estrategia basada sobre la unidad de lo político-militar. El proceso revolucionario debía, desde el inicio, contener sus elementos constitutivos, prefigurar el camino en sus posibilidades y necesidades, y por tanto indicar claramente, en la práctica, como se podía pasar de las simples luchas inmediatas (por radicales que fueran) a niveles mas altos, para enfocar la cuestión crucial: la lucha por el poder. Y ya había quedado demostrado que nunca se hubiera crecido siguiendo a las masas, acompañando sus movimientos. Se necesitaba instaurar, construir una dialéctica entre estas expresiones fundamentales, y la tendencia revolucionaria, lo que significaba ideología, teoría, programa político, pero también (y especialmente) concretarlo en los medios y en una estrategia de lucha planteados subjetivamente. Y por consiguiente en una Organización, que tuviera como objetivo el Partido Comunista formado en el ejercicio de esta práctica, la unidad de lo político y lo militar, la lucha armada.

Por lo tanto, el proyecto se basaba en la síntesis de tres elementos esenciales:

– un planteamiento de la autonomía proletaria (o de clase) como aportación y análisis concreto de las grandes luchas de masas que se sucedían (y en cuyo interior los camaradas se situaban en tanto que vanguardias reconocidas), sus potenciales y sus límites infranqueables;

– la decisión subjetiva, en tanto que colectivo militante, de formular una línea política, una estrategia para la revolución, aquí, en las metrópolis imperialistas, basándose en los logros históricos del marxismo-leninismo y de la nueva ola internacional (China, Vietnam, Cuba y América Latina). En palabras de los camaradas brasileños, precisamente «hoy la alternativa del poder proletario debe plantearse ya en términos político-militares, dado que la lucha armada es la vía principal de la lucha de clases»;

– y una implantación teórico-ideológica adecuada al nivel expresado por  las contradicciones de clase, al nivel de relación de fuerzas internacional, haciendo la suma de ambos soñar ampliamente sobre la madurez del paso al comunismo, algo profundamente vivo en el interior de los movimientos. Aplicando que «sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario», y también buscando las nuevas aportaciones: «la revolución cultural es tan necesaria como la revolución política».

Para todos aquello que dudaban aún del calado y de la complejidad del proyecto (argumento agitado por tantos oportunistas que lo han denigrado como “una práctica de gesto ejemplar”), debe leerse este párrafo: «Creemos que la acción armada es únicamente el momento culminante de todo un trabajo político, mediante el cual se organiza la vanguardia proletaria, y el movimiento de resistencia, de manera directa respecto a sus necesidades reales e inmediatas. En otras palabras, para las BR la acción armada es el punto mas alto de un profundo trabajo en la clase: es su perspectiva de poder».

Supieron así las B.R. dar continuación y cuerpo a las expresiones de la autonomía de clase: el incendio de los coches de los jefes, de los fascistas y de otros colaboradores de fábrica, y también los de los policías de la región, actos ejecutados de manera organizada y política. No se efectuaba esto en un plano simbólico (aunque evidentemente también tenía este aspecto) sino concretamente, políticamente, en los episodios del enfrentamiento político-social de clase. Y aún más con la ejecución de algunos secuestros (de corta duración) de directores de grandes fábricas, en los centros de las luchas (Siemens y la FIAT).

Esta coherencia valiente supuso el éxito político inmediato. El núcleo frágil del principio, del que se ha hablado, se extendió como una mancha de aceite: la Organización se implanta en numerosas fábricas grandes y barrios de Turín, Milán, Génova, Venecia. Se acierta en la “apuesta”: la clase comprende y responde, también con la disponibilidad de cuadros militantes obreros de entre los mejores (lo que será visible en las primeras detenciones).

No estaban solos, porque se insertaban en comportamientos y formas de lucha muy extendidas en la época, con la práctica obrera de desperfectos en las líneas de montaje durante las manifestaciones interiores en las fábricas, el sabotaje, las encerronas fuera de la fábrica a los jefes, etc. Especialmente la práctica de manifestaciones interiores era la auténtica arma de masas, que acompañaba el desarrollo de una fase de la lucha; las BR estaban ahí insertadas, y “dialectizaban” sus iniciativas con relación a todo esto.

Y también porque otros componentes militantes habían comenzado a plantearse la misma perspectiva y la misma práctica. Aunque algunas importantes diferencias ideológico-políticas crearían unas distancias que se convertirían con el tiempo en una cuestión de líneas diferentes; además, el carácter menos claro de estos otros componentes, su gestación política mas complicada causó que sus iniciativas y estructuras quedaran durante largo tiempo –hasta 1976- en una especie de limbo, sin plantear reivindicaciones claras, utilizando siglas diferentes, faltos de la correspondiente colaboración política-ideológica. Hay que reconocer también las características de fuerza y la coherencia estratégica que hicieron preeminentes a las BR (y su continuidad entre otras organizaciones, hasta entonces).

De hecho, la gran diferencia residía en la relación con el “Movimiento”, aquella entidad general que englobaba todas las luchas, aquella especie de río de donde todos procedían. Todas las demás organizaciones mantuvieron una relación de complementariedad, de seguidismo en un cierto sentido, permanecieron “movimientistas”, como se decía entonces. En realidad, una reedición del desnivel entre leninistas y no leninistas.

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