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Biografía de Marx (Parte 4)



Una
prensa de agitación política



Cerrada la vía de la docencia, Marx se lanzó al periodismo,
que era una forma de agitación política desconocida hasta entonces en Alemania.
Desde abril de 1842 empezó a colaborar con la Gaceta Renana que
convirtió en una tribuna para propagar las ideas avanzadas y luchar contra la
reacción política y el oscurantismo.

En el periódico Marx empezó a caer del cielo a la tierra, de
lo abstracto a lo concreto. Su puesto de observación le permitió conocer de
cerca la situación de los trabajadores. El contacto directo con la lucha de las
amplias masas de Alemania y su conocimiento del movimiento obrero de otros
países influyeron grandemente en el joven Marx y le hicieron comprender la
necesidad de profundizar sobre problemas nuevos para él, los problemas
económico-sociales. La aparición de una nueva clase, el proletariado, en la
palestra de la lucha hizo que Marx sintiese curiosidad por las publicaciones
socialistas que habían aparecido en Inglaterra y Francia. Engels dice
que Marx le habló posteriormente más de una vez de que el estudio de la ley
sobre la tala ilícita y de la situación de los campesinos de Mosela le
indujeron a pasar de la política a la economía y, de este modo, al socialismo.

Como correspondía a un demócrata revolucionario, en una
serie de artículos, Marx asumió la defensa de los intereses materiales de las
masas populares. Aquí se perfila el paso de Marx del idealismo al materialismo
y de la democracia revolucionaria al comunismo. Pero aún faltaba un trecho.
Cuando el periódico fue acusado de comunismo, Marx respondió anunciando la
próxima publicación de una crítica fundamental del comunismo. Se
negó a adoptar las teorías comunistas tal y como existían entonces de una
manera superficial. Pensaba que las formas de comunismo expuestas eran burdas y
poco desarrolladas, presentándose como abstracciones dogmáticas. En una carta a
Arnold Ruge de noviembre de 1842 escribía que consideraba inadmisible y
hasta inmoral el contrabando de dogmas comunistas y socialistas, es decir, de
una nueva manera de ver el mundo, en las críticas teatrales corrientes, etc., y
que exigía, si se trataba el tema, un estudio totalmente distinto y más a fondo
del comunismo
.


Además, Marx tampoco era aún materialista; estaba convencido
de que para cambiar la sociedad primero había que cambiar el pensamiento. Para
ello había que influir en la opinión general, desarrollar nuevas ideas y
desplegar vastas campañas de propaganda. Sus preocupaciones entonces estaban en
la prensa, en la defensa de la libertad de expresión. La política también la
concebía como un debate de ideas. Por eso uno de sus artículos más importantes,
realmente demoledor, es el que analiza las nuevas normas sobre censura.
Compuesto de seis largos artículos, analizaba entonces los debates de la Dieta
renana sobre la libertad de prensa que habían sido divulgados públicamente pero
sin mencionar los nombres de los participantes. Decía que la Dieta no soportaba
la luz del día y que si, al elegir a sus representantes, los lectores confiaron
en ellos, al ocultarse en el anonimato no confiaban en el juicio de quienes les
otorgaron su confianza.

Uno de los oradores había reclamado la libertad de prensa
como parte integrante de la libertad de industria, y Marx respondió: ¿Acaso
es libre la prensa degradada a industria? Es innegable que el escritor tiene
que ganar con el trabajo de su pluma para existir y escribir, pero jamás
existir y escribir para ganar. La primera libertad de la prensa consiste
precisamente en no ser una industria. Al escritor que prostituye esa libertad
de prensa, convirtiéndola en medio material, le está bien empleada como castigo
de esa esclavitud exterior de la censura; o por mejor decir, ya su propia
existencia es su castigo
. Marx también hablaba de sí mismo, exponiendo una
norma a la que se ajustaría durante toda su vida. Sus trabajos fueron siempre
fin y jamás un medio, hasta tal punto que llegó a dedicarles su propia
existencia.

En sus artículos Marx se mantiene aún en un punto de vista
humanista abstracto, antropocéntrico. Para aquel Marx, el problema reside en
saber quién es el sujeto real que, para el hombre, es el hombre mismo. Con
la Gaceta Renana Marx lucha contra la opresión social,
política y espiritual imperante en Prusia y en el resto de Alemania. Al
observar, en numerosas ocasiones, la actitud desalmada del gobierno prusiano y
sus funcionarios hacia las necesidades vitales del pueblo, Marx llegó a la
conclusión de que dicho gobierno, sus funcionarios y sus leyes no reflejaban ni
defendían los intereses del pueblo, sino los de las capas dominantes: la
nobleza y el clero.

En la redacción de la Gaceta Renana, Marx había
asistido, en las oficinas del periódico en Colonia, a las reuniones de un
círculo de discusión animado por Moses Hess (1812-1875), el primer hegeliano
que se pasó a las filas del comunismo. Los historiadores no han valorado
suficientemente esta temprana influencia de Hess, anterior a la de Weitling y
Proudhon. También de origen burgués y con una vasta cultura, Hess había viajado
de joven por Francia e Inglaterra y destacó entre los primeros revolucionarios
renanos. Aunque reclamaba el sufragio universal, Hess denominó anarquía a
su filosofía social expuesta primero en su Triarquía europea y
en 1843 en Die Philosophie der Tat.

Hess era un hombre muy influenciable y su doctrina, muy
primitiva, acusa su eclecticismo, por no decir confusión. Se declaraba atraído
por Spinoza; ponía a Saint-Simon a la altura de Hegel, aunque también se le
puede considerar próximo a Stirner al declarar que todas las acciones libres
deben surgir de los impulsos individuales, no contaminados por ninguna
influencia externa. Este híbrido no podía satisfacer a Marx, que no se
comprometió con Hess a la ligera. Era la época dorada del socialismo utópico
cuyas diversas variantes se basaban, casi todas, en especulaciones abstractas
acerca de la forma de alcanzar una nueva sociedad más igualitaria, y no tenían
ninguna, relación con las luchas que se desarrollaban ante sus ojos. Es por lo
que Marx rechaza la mayor parte de esos tipos de socialismo que le son
contemporáneos y los considera como formas dogmáticas que encaran el mundo con
esquemas prestablecidos y que consideran indignas de su atención las luchas
políticas prácticas. No se trata de aportar la conciencia a cualquier cosa
inconsciente -la esencia del idealismo- sino de hacer consciente un proceso que
evoluciona ya en esa dirección, un proceso conducido por una necesidad material
que contiene también la necesidad de hacerse consciente de sí mismo. Es la
formulación de la Ideología alemana que define al comunismo
como el movimiento real que suprime el estado de cosas existentes,
que sitúa la conciencia revolucionaria en la existencia de una clase
revolucionaria y que define explícitamente la conciencia revolucionaria como
una emanación histórica del proletariado explotado.

No obstante, durante un tiempo los caminos y Hess y Marx
caminos corrieron en paralelo. En setiembre de 1841 Hess escribió a Bertold
Auerbach una carta para presentarle a Marx:

Te alegrarás de conocer a un hombre que es ahora amigo
nuestro, aunque vive en Bonn, donde muy pronto será encargado de curso […] Me
ha producido una impresión extraordinaria y, sin embargo, mi actividad está muy
próxima a la suya; en resumen, disponte a conocer al más grande y quizá al
único verdadero filósofo vivo. Muy pronto, cuando sea conocido del público (por
sus escritos al mismo tiempo que por su curso en la Universidad), atraerá sobre
él las miradas de Alemania entera […] El doctor Marx -así se llama mi ídolo-
es todavía un hombre muy joven (apenas tiene veinticuatro años). Dará el golpe
de gracia a la religión y a la política medievales; une el espíritu más mordaz
a la más profunda gravedad filosófica: imagina a Rousseau, a Voltaire, a
Holbach, a Lessing, a Heine y a Hegel fundidos en una sola persona, y digo
fundidos y no arrojados al mismo saco […] ese es el doctor Marx.



A Marx su suegro ya le había insistido en la importancia de
Saint-Simon, pero fue Hess quien acercó a los últimos utopistas franceses a
Alemania. Hasta ese momento sólo llegaban noticias muy vagas acerca de
sociedades secretas que circulaban por los periódicos alemanes. Cuando al cabo
de poco tiempo Hess y Marx coincidieron en París, conocieron a Proudhon y a
Bakunin y compartieron varios proyectos políticos. La Ideología alemana es
una respuesta contra un ataque de los hegelianos contra Marx, Engels y
Hess, hasta el punto de que parece ser que éste escribió una parte del texto.
Pese a su anarquismo nominal, Hess nunca estuvo próximo a Proudhon y sus
relaciones con Bakunin terminaron más tarde en una disputa encarnizada. A pesar
de que Hess escribió la parte de la Ideología alemana en la
que se ataca el verdadero socialismo, luego se convirtió en un
exponente de ese mismo verdadero socialismo junto con Carlos
Grün, Hermann Kriege y otros, por lo que tuvo que verse sometido a la
demoledora crítica de Marx. No obstante, a pesar de las divergencias, a
diferencia de otros renegados, Hess nunca se apartó totalmente de Marx,
acabando en las filas lassalleanas. Luego Marx y Engels siguieron
manteniendo relación con su mujer Sibylle Pesch (1820-1903), otra activa
militante revolucionaria que participó en la Liga de los Comunistas, en el
partido lassalleano y en dos congresos de la I Internacional, los de
Bruselas y Basilea. En una carta escrita dos años de la muerte de Hess, Marx le
califica de amigo y camarada, apreciando su obra científica Teoría
dinámica de la materia
.

Inicialmente Hess fue el director del periódico porque Marx
no comenzó a colaborar hasta que en abril se desvanecieron sus intentos de
seguir a Bauer en la Universidad de Bonn. En octubre del mismo año fue nombrado
redactor-jefe y tuvo que trasladarse a vivir a Colonia, mientras Bauer, al ser
expulsado de Bonn, se fue a vivir a Berlín y allí fundó la Liga de los
Libres
 con sus hermanos, Max Stirner, Meyen, Köppen y otros, entre los
que se puede incluir a Engels que entonces cumplía en Berlín el servicio
militar. Con la excepción de Köppen y Engels, este grupo inició una deriva
nihilista, mientras en Colonia Marx experimentaba un proceso inverso. En el
periódico se fue abriendo una brecha entre Marx y sus viejos amigos berlineses,
entre el político y los filósofos, que acabará en una lucha abierta: Cuanto
más penetraba Marx en la realidad concreta más se perdían en la abstracción sus
amigos berlineses
, escribió Nikolaievski. En un principio simplemente
pareció que Bauer no evolucionaba, pero nada se estanca; lo que no evoluciona
retrocede y el retroceso de Bauer, el fogoso neohegeliano, le pondrá en los
brazos de la reacción.

El detonante de la ruptura fue George Herwegh, un poeta que
había ganado gran notoriedad en 1841 con una obra romántica de éxito. Aunque
era un atolondrado político, Herwegh formaba parte de los círculos de
intelectuales revolucionarios y tuvo que exiliarse a comienzos de 1843, aunque
pudo regresar pronto, siendo recibido por Federico Guillermo IV, una entrevista
absurda que dio lugar a una polémica. Algunos colaboradores berlineses de la Gaceta
Renana
 querían criticar la reunión de Herwegh en el periódico. Por su
parte, Herwegh respondió atacando a aquellos berlineses neohegelianos
vinculados al círculo de amigos de Bauer. Marx no estaba de acuerdo con la
reunión de Harwegh con Federico Guillermo IV y, por otro lado, estaba de
acuerdo con las críticas de Harwegh a los berlineses, aunque no entraban en el
fondo del asunto, que era su propio comportamiento. Con el apoyo de Ruge, Marx
se negó a publicar las críticas a Harwegh en el periódico y los berlineses
rompieron la relaciones. Bauer se unió a ellos.

La polémica con la Liga de los Libres tiene
relación con las dos visitas de Engels a Hess en la redacción de
la Gaceta Renana. La segunda de ellas se produjo a finales de
noviembre de 1842 cuando marchaba camino de Inglaterra. Entonces conoció a Marx
pero aquella primera toma de contacto no fue buena. Engels estaba en
correspondencia con los berlineses, que le hablaban mal de Marx, y éste
desconfiaba del que consideraba como un embajador de la Liga de los
Libres
.


Gracias a Marx, la Gaceta Renana fue
adquiriendo una orientación democrática y revolucionaria. El gobierno de Prusia
estableció una rigurosa censura sobre el periódico, asustado por el rápido
aumento de su influencia. Bajo la dirección de Marx se triplicó el número de
suscriptores, alcanzando los tres mil, un número alcanzado por muy pocos
periódicos en Alemania. Los artículos que superaban la censura eran
reproducidos por otros medios y se citaban elogiosamente. Estaba a punto de
convertirse en el periódico más importante de Alemania cuando en enero de 1843
el gobierno dispuso su suspensión a partir del 1 de abril del mismo año después
de haberse publicado unos artículos subversivos, entre ellos uno de Marx sobre
los sufrimientos de los viñadores de la región del Mosela. Como no podía
compartir los propósitos de los accionistas de la Gaceta Renana,
que querían imprimir al periódico una orientación más moderada, Marx declaró el
17 de marzo que no pensaba seguir en la redacción. Fue entonces cuando decidió
abandonar su país para editar en el extranjero una revista revolucionaria
destinada a Alemania. Marx entendía que la revista debía someter todo
lo existente a una crítica implacable
.

La masacre de Katyn

Tras el final de la Primera Guerra Mundial, la frontera entre Rusia y Polonia fue establecida a lo largo de una línea que paso a conocerse como la línea Curzon, siendo Lord Curzon el hombre de estado británico que la propuso.

Esta línea de demarcación no era del agrado de los polacos, que pronto entraron en guerra contra la Unión Soviética para hacer retroceder sus fronteras hacia el este. La Unión Soviética contraatacó y estaba preparada no solamente para defenderse a sí misma, sino también, y en contra de los consejos de Stalin, para liberar a Polonia entera. Stalin consideraba que tal propósito estaba condenado al fracaso, porque según él el nacionalismo polaco todavía era muy fuerte. Los polacos habían dejado claro que NO querían ser liberados por lo que no valía ni la pena intentarlo. De ahí que los polacos opusieran una feroz resistencia al avance de los soviéticos. En último momento la unión Soviética se vio forzada a retirarse e incluso a ceder territorios al este de la línea Curzon a Polonia. Los territorios en cuestión eran el oeste de Bielorrusia y el oeste de Ucrania (unos territorios inmensamente más poblados por bielorrusos e ucranianos respectivamente, en comparación con la población polaca). Todos estos incidentes no podían sino exacerbar la desconfianza mutua entre polacos y rusos…

El 1 de septiembre de 1939, la Alemania Nazi invadió Polonia. El 17 de septiembre, la Unión Soviética movilizó sus fuerzas para reocupar aquellas partes de Polonia que se encontraban al este de la línea Curzon. Tras haber ocupado estos territorios, la Unión Soviética inició el reparto de la tierra a los campesinos e implementó el tipo de reformas democráticas que son tan populares para el pueblo e muy impopulares para los explotadores. Durante la batalla para retomar los territorios al este de la línea Curzon, la Unión Soviética capturó a unos 10 000 oficiales polacos, que se convirtieron en prisioneros de guerra. Estos prisioneros fueron luego llevados a unos campos en el territorio disputado y se les puso a trabajar en la construcción de carreteras, etc.

Dos años más tarde, el 22 de junio de 1941, la Alemania Nazi atacó esa a la Unión Soviética por sorpresa. El Ejército Rojo se vio forzado a retirarse urgentemente y Ucrania fue ocupada por los alemanes. Durantes esta retirada urgente no fue posible evacuar a los prisioneros polacos de guerra hacia el interior del país. El jefe del campo nº 1, el Mayor Vetoshnikov, declaró que había solicitado al jefe de tráfico de la Sección de Smolensk de los Ferrocarriles del Este que se le proporcionaran vagones para la evacuación de los prisioneros pero le respondieron que esto estaba lejos de ser posible. El ingeniero Ivanov, que había sido Jefe de Tráfico en aquella época, confirmó que no había vagones que compartir. “Además,” dijo, “no podíamos enviar vagones a la línea Gussino, donde estaban la mayoría de los prisioneros polacos, porque aquella línea ya estaba en la línea de fuego”. El resultado fue que, debido a la retirada soviética del territorio, los prisioneros polacos se convirtieron en prisioneros de los alemanes. En abril de 1943, los hitlerianos anunciaron que los alemanes habían encontrado varias fosas comunes en el bosque de Katyn, cerca de Smolensk, que tenían enterrados los cadáveres de cientos de oficiales polacos supuestamente asesinados por los rusos.

Este anuncio fue preparado para minar más en adelante los esfuerzos de cooperación de polacos y rusos para derrotar a los alemanes. La alianza ruso-polaca siempre fue dificultosa porque el gobierno polaco en el exilio, instalado en Londres, era obviamente un gobierno de las clases explotadoras. Tenía que enfrentarse a los alemanes debido a la posterior cínica invasión de su país para el lebensraum. La posición de la Unión Soviética era que mientras ésta pueda conservar el territorio al este de la línea Curzon, no tendría ningún problema en que se restableciera un gobierno burgués en Polonia. Pero la alianza ya se encontraba en dificultades porque el gobierno polaco en el exilio, liderado por el general Sikorski, instalado en Londres, no estaba dispuesto a que se devolvieran estos territorios. Y esto pese a que en 1941, cuando Hitler invadió Polonia, la Unión Soviética y el gobierno polaco en el exilio no solamente establecieron relaciones diplomáticas sino que además acordaron que la Unión Soviética financiaría “bajo las órdenes de un jefe designado por el gobierno polaco en el exilio pero aprobado por el gobierno soviético” la formación de un ejército polaco, siendo este jefe el general Anders (un prisionero de los soviéticos desde 1939), un antisoviético redomado. El 25 de octubre de 1941 este ejército ya tenía 41 000 hombres, incluyendo 2630 oficiales. No obstante el general Anders rechazaría ulteriormente luchar en el frente germano-soviético por la disputa por la frontera entre la Unión Soviética y Polonia, y el ejército polaco tuvo que ser enviado a otro lugar para luchar, en concreto Irán.

Sin embargo, pese a las hostilidades del gobierno polaco en el exilio, hubo una parte importante de los residentes polacos en la Unión Soviética que no eran antisoviéticos y que aceptaron la reclamación soviético de los territorios al este de la línea Curzon. Muchos de ellos eran judíos. Estos ciudadanos formaron la Unión de Patriotas Polacos que fue la columna vertebral de un gobierno polaco alternativo en el exilio.

La propaganda nazi en relación a la masacre de Katyn fue preparada para volver imposible el que los soviéticos pudieran hacer cualquier trato con los polacos. El general Sikorski utilizó la propaganda nazi para vengarse, afirmándole a Churchill que tenía “abundantes pruebas”. El cómo había obtenido estas “pruebas” de forma simultánea al anuncio alemán de esta supuesta atrocidad soviética no está claro, aunque dice mucho sobre la colaboración secreta entre Sikorski y los nazis. Los alemanes habían hecho pública su acusación el 13 de abril. El 16 de abril el gobierno soviético emitió un comunicado oficial en el que negaba “las fabricaciones calumniosas sobre los supuestos fusilamientos en masa por órganos soviéticos en el área de Smolensk durante la primavera de 1940”. Añadió:

“La declaración de los alemanes no deja ninguna duda acerca del fatal destino de los antiguos prisioneros de guerra polacos, que en 1941 fueron contratados para obras de construcción en el área oeste de Smolensk y que, junto con muchos otros ciudadanos soviéticos, han caído en manos de los verdugos alemanes tras la retirada de las tropas soviéticas”.

Con la fabricación de esta historia, los alemanes decidieron adornarla con un toque antisemita, afirmando que podían dar los nombres de oficiales soviéticos encargados de la masacre que tenían todos nombres judíos. El 19 de abril Pravda respondió lo siguiente:

“Sintiendo la indignación de toda la humanidad progresista por su masacre de civiles pacíficos, y en particular de judíos, los alemanes ahora tratan de provocar la ira de gente crédula contra los judíos. Por este motivo han inventando toda una colección de ‘comisarios judíos’ que según ellos participaron en la masacre de 10 000 oficiales polacos. Para tales expertos en falsificación no ha sido difícil inventarse un par de nombres de gente que nunca ha existido – Lev Rybak, Abraham Brodninsky, Chaim Fineberg. Ninguna de esas personas ha existido jamás, ni en la ‘sección de Smolensk del GPU’ ni en ningún otro departamento del NKVD…”

La insistencia de Sikorski en querer divulgar la propaganda alemana llevó a la total ruptura de relaciones entre el gobierno polaco en el exilio de Londres y el gobierno soviético – tal como lo comentó Goebbels en su diario:

“Esta ruptura supone en un ciento por ciento una victoria de la propaganda alemana y especialmente para mí personalmente… hemos sido capaces de convertir el incidente de Katyn en una importante cuestión política”.

Al mismo tiempo la prensa británica condenaba a Sikorski por su intransigencia:

El diarioThe Times del 28 de abril escribió: “Es sorprendente y lamentable que los que tenían muy buenas razones para comprender la perfidia y la ingenuidad que había en la maquinaria de propaganda de Goebbels, hayan caído ellos mismos en la trampa que había creado. Era difícil que los polacos hubiesen olvidado el volumen de propaganda que se difundió ampliamente durante el primer invierno de la guerra y que describía con todo lujo de detalles unas evidencias circunstanciales, incluyendo una fotografía, que mostraban unas supuestas atrocidades polacas contra los pacíficos habitantes alemanes de Polonia”.

Lo que hay detrás de la insistencia de Sikorski en que la masacre haya sido perpetuada por los soviéticos antes que por los alemanes, es la disputa del territorio al este de la línea Curzon. Sikorski estaba tratando de utilizar la propaganda alemana para movilizar al imperialismo occidental en defensa las exigencias polacas sobre este territorio, de evitar pues, tal como él lo vio, que tomaran partido por la Unión Soviética en la cuestión de la disputa de esta frontera.

Cuando leemos hoy en día las fuentes burguesas, vemos que todas aseguran que la Unión Soviética era responsable de la masacre de Katyn, y lo hacen con tanta seguridad y frecuencia que al tratar de argumentar lo contrario uno se siente como un nazi revisionista intentando negar la masacre de judíos por Hitler. Después de la desintegración de la Unión Soviética, Gorbachov se sumó a esta campaña de desinformación y produjo material que supuestamente provenía de los archivos soviéticos que ‘demostraba’ que los soviéticos cometieron esa atrocidad, y que por supuesto lo hicieron por órdenes de Stalin. Conocemos el interés que todos los Gorbachovs tenían en satanizar a Stalin. Su objetivo no era tanto Stalin como el socialismo. Al denigrar el socialismo, su propósito era el de restablecer el capitalismo y de disfrutar de unas vidas de lujo parasítico para ellos y sus lacayos en detrimento del sufrimiento colectivo de los pueblos soviéticos. Su cinismo equivale al de los nazis alemanes y no nos podemos sorprendernos al verles cantar con la misma cantinela.

Las fuentes burguesas afirman despreocupadamente que las pruebas ofrecidas por los soviéticos que culpaban a los alemanes son totalmente inexistentes o bien se basan en testimonios de habitantes aterrorizados de la región. No mencionan nada acerca de una prueba que hasta el mismo Goebbels reconoció como algo inconveniente, desde su punto de vista. En su diario el 8 de mayo de 1943, escribió: “Desgraciadamente, la munición alemana ha sido encontrada en Katyn… es fundamental que este incidente se mantenga en secreto. Si llegara a ser conocido por el enemigo todo el asunto de Katyn tendría que ser abandonado”.

En 1971 hubo una carta al director The Times que sugería que la masacre de Katyn no pudo haber sido perpetrada por los alemanes puesto que ellos habrían empleado las ametralladoras y las cámaras de gas antes que deshacerse de los prisioneros de la manera en que las víctimas de Katyn fueron asesinados, esto es, mediante un tiro en la nuca. Entonces un antiguo soldado alemán residente en Godalming, Surrey, intervino en la correspondencia con el periódico:

“En tanto que soldado alemán, en esa época convencido de la justeza de nuestra causa, había participado en muchas batallas y acciones durante la campaña rusa. No había estado en Katyn ni en el bosque cercano al lugar. Pero recuerdo bien el escándalo que se produjo cuando en 1943 llegaron las noticias sobre el descubrimiento de la espantosa fosa común cerca de Katyn, cuyo territorio había sido amenazado por el Ejército Rojo.

Joseph Goebbels, tal como lo muestran los archivos históricos, ha engañado a mucha gente. Después de todo, era su trabajo y pocos discutirían su casi total maestría a la hora de hacerlo. Sin embargo, lo que es verdaderamente sorprendente es que se siga considerando una prueba en las páginas del Times treinta años después. Escribiendo desde mi experiencia, no creo que en aquel momento de la guerra Goebbels maquinara para engañar a muchos soldados alemanes en Rusia con el asunto de Katyn… Los soldados alemanes sabían perfectamente que habían sido disparos en la nuca… los soldados alemanes sabíamos que los oficiales polacos no habían sido eliminados por otra gente que la nuestra”.

Además, muchos testigos vinieron después para atestiguar sobre la presencia de oficiales polacos en la región después de que los alemanes la hayan ocupado.

Maria Alexandrovna Sashneva, una maestra de una escuela primaria local, declaró a una comisión especial organizada por la Unión Soviética en septiembre de 1943, inmediatamente después de que el territorio fuera liberado de los alemanes, y dijo que en agosto de 1941, dos meses después de la retirada soviética, ella había escondido a un prisionero de guerra polaco en su casa. Su nombre era Juzeph Lock, y le había hablado de los malos tratos sufridos por los prisioneros polacos bajo la ocupación alemana:

“Cuando los alemanes llegaron, se apoderaron del campo de prisioneros polacos y establecieron allí un régimen estricto. Los alemanes no consideraban a los polacos como seres humanos. Los oprimieron y vejaron de todas las maneras posibles. En alguna ocasión se disparaba a los polacos sin motivo alguno. Él decidió escapar…”

Otros testigos prestaron declaración diciendo que habían visto a los polacos durante los meses de agosto y septiembre de 1941 trabajando en las carreteras.

Además, unos testigos también atestiguaron sobre la persecución de los alemanes a los prisioneros polacos fugados durante el otoño de 1941. Danilenko, un campesino local, era uno de los muchos testigos que testimoniaron sobre ello:

“Se realizaron operaciones de persecución en nuestra aldea para capturar a los prisioneros de guerra polacos que habían escapado. Algunas búsquedas se hicieron en mi casa 2 o 3 veces. Tras una de ellas, le dije al cabecilla… ¿a quién buscáis en nuestra aldea? [Él] respondió que una orden había sido recibida del Estado mayor alemán, por la cual se debían realizar rastreos por todas las casas sin excepción, puesto que unos prisioneros de guerra polacos que habían escapado del campo se estaban escondiendo en nuestra aldea”.

Obviamente los alemanes no le dispararon a los polacos ante la vista de testigos locales, pero hay no obstante testimonios significativos de la gente local acerca de lo que estaba ocurriendo. Un testigo fue Alexeyeva que había sido elegida por el líder de su aldea para servir al personal alemán en una casa de campo en el sector del bosque de Katyn conocido como Kozy Gory, que había sido la casa de descanso de la administración de Smolensk del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos. Esta casa se situaba a unos 700 metros del lugar donde se encontraron las fosas comunes. Alexeyeva dijo:

“Hacia el final de agosto y durante la mayor parte de septiembre de 1941 varios camiones solían venir prácticamente cada día a la casa de campo de Kozy Gory. Al principio no presté atención a ello, pero más tarde advertí de que cada vez que estos camiones llegaban al lugar de la casa de campo paraban allí media hora, y a veces una hora, en algún lugar de la ruta que conectaba a la casa de campo con la carretera. Saqué esta conclusión porque al poco tiempo de llegar al lugar de la casa de campo el ruido que hacían se detenía.

Simultáneamente a la detención del ruido se oían disparos. Los disparos se iban siguiendo uno detrás del otro por intervalos cortos pero aproximadamente regulares. Después los disparos dejaban de oírse y los camiones se dirigían directos a la casa de campo. Los soldados alemanes y los oficiales salían de los camiones. Hablando ruidosamente, venían a lavarse en los baños, tras lo cual realizaban orgías de alcohol.

En los días en que llegaban los camiones, solían venir a la casa de campo más soldados provenientes de unidades militares alemanas. Se les preparaban camas especiales… Evidentemente, poco después de que los camiones llegaran a la casa de campo, unos soldados armados se iban al bosque, al lugar donde paraban los camiones porque en una media hora volvían en aquellos camiones con los soldados que vivían permanentemente en la casa de campo.

… En varias ocasiones vi manchas de sangre fresca en la ropa de dos cabos. De todo esto inferí que los alemanes traían a gente a la casa de campo y las fusilaba”.

Alexeyeva también descubrió que la gente que era ejecutada eran prisioneros polacos.

“Una vez me quedé algo más tarde de lo normal en la casa de campo… Antes de terminar el trabajo que me retenía allí, un soldado entro súbitamente y me dijo que me podía ir… Me… acompañó hasta la carretera.

Sobre la carretera, a 150 ó 200 metros del lugar donde la carretera se bifurcaba hacia la casa de campo, vi un grupo de unos 30 prisioneros de guerra polacos caminando a lo largo de la carretera, fuertemente escoltados por alemanes… Me paré cerca del borde de la carretera para ver adónde los llevaban, y vi que se habían desviado hacia nuestra casa de campo en Kozy Gory.

Desde ese momento comencé a observar de cerca todo lo que iba ocurriendo en la casa de campo, empecé a interesarme por ello. Una vez que había caminado una cierta distancia sobre la carretera, daba marcha atrás y me escondía en los arbustos cerca de la carretera, y esperaba. En unos 20 o 30 minutos oía los familiares ruidos de disparos”.

Las otras dos sirvientas solicitadas para la casa de campo, Mijailova y Konajoskaya, hicieron declaraciones que apoyaban esta versión. Otros residentes del área dieron testimonios similares.

Basilevsky, el director del observatorio de Smolensk, fue elegido ayudante del burgomaestre Menshagin, un colaboracionista nazi. Basilevsky, trataba de asegurar la liberación de Zhiglinski, un profesor arrestado por los alemanes, y persuadió a Menshagin de hablar con el comandante alemán de la región, Von Schwetz, sobre esta cuestión. Menshagin lo hizo pero luego informó que era imposible asegurar esa liberación porque “se habían recibido instrucciones de Berlín ordenando que el régimen más estricto sea mantenido”.

Basilevsky luego contó su conversación con Menshagin:

“Involuntariamente repliqué ‘¿Puede algo ser más estricto que el régimen existente en el campo?’ Menshagin me miró de una manera extraña y aproximándose a mi oído, me respondió: ¡sí, puede haberlo! Los rusos pueden al menos ser abandonados para dejarlos morir, pero en cuanto a los prisioneros polacos, la orden es sencillamente la de exterminarlos”.

Tras la liberación el cuaderno de notas de Menshagin fue encontrado con escritos de su propia letra, tal como lo confirmaron grafólogos expertos. En la página 10, con fecha el 15 de agosto de 1941, anotó:

“Todos los prisioneros de guerra fugitivos deben ser detenidos y entregados en la oficina del comandante”.

En sí mismo, esto prueba que los prisioneros polacos todavía estaban en vida en ese momento. En la página 15, que no tiene fecha, aparece la entrada siguiente: “Hay algún rumor entre la población en relación a las ejecuciones de prisioneros de guerra polacos en Kozy Gory (según Umnov)” (Umnov era el jefe de la policía rusa).

Un gran número de testigos declararon que habían sido presionados en 1942-43 por los alemanes para dar falsos testimonios sobre la ejecución de polacos por los rusos.

Parfem Gavrilovich Kisselev, un residente de la aldea cercana a Kozy Gory, declaró que en otoño de 1942 le había llamado la Gestapo y que había sido entrevistado por un oficial alemán:

“El oficial declaró, de acuerdo con la información que disponía la Gestapo, que en 1940, en la zona de Kozy Gory, en el bosque de Katyn, miembros del personal del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos dispararon a oficiales polacos y me preguntó qué testimonio podría dar yo para dar fe de ello. Le respondí que nunca había oído nada acerca de que el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos disparase a gente en Kozy Gory, y que de todas maneras eso era imposible. Le expliqué al oficial que Kozy Gory era un lugar completamente abierto y muy frecuentado, y que si hubiese habido disparos allí toda la población de las aldeas de los alrededores lo habría sabido…

… Sin embargo, el intérprete no quiso escucharme, y cogió un documento escrito sobre el despacho y me lo leyó. Decía que yo, Kisselev, residente en un caserío de la zona de Kozy Gory, había presenciado personalmente los disparos a los oficiales polacos por miembros del personal del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos en 1940.

Tras haber leído el documento, el intérprete me dijo que lo firmara. Rechacé hacerlo… Finalmente gritó ‘O bien lo firmas de una vez o bien le destruimos. Haga una elección.’

Atemorizado por estas amenazas, firmé el documento y pensé que esto sería el fin del problema”.

Pero no fue el fin del problema, porque los alemanes esperaban que Kisselev diera su palabra de lo que había ‘presenciado’ a unos grupos de ‘delegados’ invitados por los alemanes a la zona para que sean testigos del relato de unas supuestas atrocidades soviéticas.

Poco después de que las autoridades alemanas hubiesen anunciado al mundo la existencia de fosas comunes en abril de 1943, “el intérprete de la Gestapo vino a mi casa y me llevó al bosque en el área de Kozy Gory.

“Cuando habíamos salido de la casa y estábamos solos, el intérprete me aviso de que tenía que decirle todo a la gente presente en el bosque exactamente como lo había escrito en el documento que había firmado en el cuartel de la Gestapo.

Cuando llegué al bosque vi las fosas abiertas y a un grupo de extranjeros. El intérprete me dijo que eran delegados polacos que habían llegado para inspeccionar las fosas. Cuando nos acercamos a las fosas los delegados empezaron a hacerme varias preguntas en ruso en relación a las ejecuciones de los polacos, pero como había pasado más de un mes desde que me había convocado la Gestapo, olvidé todo lo que aparecía en el documento que había firmado, me confundí, y finalmente dije que no sabía nada sobre las ejecuciones de los oficiales polacos.

El oficial alemán se puso muy furioso. Bruscamente, el intérprete me apartó de la ‘delegación’ y me echó fuera. A la mañana siguiente un coche con un oficial de la Gestapo llegó a mi casa. Éste me encontró en el jardín, me dijo que estaba arrestado, me metió en el coche y me llevó a la prisión de Smolensk.

Después de mi arresto fue interrogado muchas veces, aunque más que hacerme preguntas, me golpeaban. La primera vez que me llamaron me pegaron muy fuerte y abusaron de mí, se quejaban de mí diciéndome que les había fallado, y me llevaron de nuevo a mi celda. Durante los siguientes interrogatorios me dijeron que debía declarar públicamente que había presenciado las ejecuciones a oficiales polacos por los bolcheviques, y que hasta que la Gestapo no se creyera que lo hubiera hecho de buena fe, no sería liberado de prisión. Le dije al oficial que preferiría quedarme en prisión antes que decirle mentiras a la gente en su cara. Después de esto me volvieron a pegar duramente.

Hubo varios interrogatorios acompañados de golpes, y como resultado perdí toda mi fuerza, mi sentido del oído se volvió muy pobre y no pude mover mi brazo derecho. Aproximadamente un mes después de mi arresto un oficial alemán me llamó y me dijo: ‘Puede ver las consecuencias de su obstinación, Kisselev. Hemos decido ejecutarle. Por la mañana le llevaremos al bosque de Katyn y le colgaremos.’ Le pedí al oficial que no lo hiciera, y empecé a suplicarles alegando que yo no era la persona adecuada para hacer de ‘testigo’ puesto que yo no sabía cómo contar mentiras y que por lo tanto volvería a mezclarlo todo de nuevo.

El oficial siguió insistiendo. Algunos minutos más tarde unos soldados llegaron a la sala y comenzaron a golpearme con porras. Siendo incapaz de aguantar los golpes y las torturas, acordé aparecer en público con un cuento falaz sobre ejecuciones a polacos por los bolcheviques. Después sería liberado de prisión, con la condición de que en cuanto lo solicitaran los alemanes, hablaría delante de una ‘delegación’ en el bosque de Katyn…

En cada ocasión, antes de llevarme al lugar de las fosas en el bosque, el intérprete solía venir a mi casa, llamarme desde el jardín, llevarme hacia un lado para que nadie oyera, y durante media hora me hacía memorizar todo lo que tendría que decir acerca de las supuestas ejecuciones de oficiales polacos por el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos en el 1940.

Recuerdo que el intérprete me dijo algo así: ‘Vivo en una casita en el área de ‘Kozy Gory’, no muy lejos de la casa de campo del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos. En la primavera de 1940 vi como varias noches se llevaban polacos al bosque y los fusilaban allí’. Después era imperativo que yo declarase literalmente que ‘éstos eran los métodos del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos.’ Tras haber memorizado lo que me dijo el intérprete me llevaba al lugar donde estaban las fosas abiertas en el bosque y me pedía que repitiera todo eso en presencia de las ‘delegaciones’ que acudían al lugar.

Mis declaraciones estaban estrictamente supervisadas y orientadas por el intérprete de la Gestapo. Una vez, cuando hablé delante de algunas ‘delegaciones’, me hicieron la siguiente pregunta: ‘¿Vio usted personalmente a los polacos antes de que fuera ejecutados por los bolcheviques?’ No estaba preparado para responder a una pregunta así y respondí contándoles la verdad, esto es que yo vi prisioneros de guerra polacos antes de la guerra, caminando sobre las carreteras. Entonces el intérprete me sacó bruscamente de ahí y me condujo a mi casa.

Por favor, créanme cuando les digo siempre que tuve remordimientos de conciencia, porque sabía que realmente los oficiales polacos habían sido ejecutados por los alemanes en 1941. No tuve elección, puesto que estaba constantemente bajo la amenaza de que se repitiera mi arresto y la tortura”.

Mucha gente ha corroborado el testimonio de Kisselev, y un examen médico corroboró igualmente la veracidad de su historia de torturas por parte de los alemanes.

También se presionó a Ivanov, un empleado de la estación local de ferrocarriles de Gnezdovo para que diera un falso testimonio:

“El oficial preguntó si yo sabía que una gran parte de los oficiales polacos capturados había llegado en varios trenes a la estación de Gnezdovo durante la primavera de 1940. Luego me preguntó si sabía que durante la misma primavera de 1940, poco después de la llegada de los oficiales polacos, los bolcheviques los habían ejecutado a todos en el bosque de Katyn. Le dije que había oído hablar de ello, y que no podía ser de otra manera puesto que durante los años 1940-41 hasta la ocupación de Smolensk por los alemanes, me había encontrado a oficiales polacos que habían llegado durante la primavera de 1940 en la estación de Gnezdovo y que fueron empleados en la construcción de carreteras.

El oficial me dijo que si un oficial alemán decía que los polacos habían sido ejecutados por los bolcheviques, eso significaba que era un hecho. ‘Por lo tanto’, dijo el oficial, ‘no tiene nada que temer, y usted puede firmar con la conciencia tranquila un informe que dice que los oficiales polacos capturados fueron ejecutados por los bolcheviques y que usted fue testigo de ello’.

Le respondí que yo ya era un hombre muy viejo, que tenía 61 años, y que no quería cometer un pecado en la edad anciana. Solo podía testificar que los oficiales polacos capturados llegaron a la estación de Gnezdovo durante la primavera de 1940. El oficial alemán comenzó a persuadirme de que diera el testimonio exigido, prometiéndome de que si aceptaba me promocionaría de mi puesto de vigilante en el cruce de ferrocarriles al de jefe de la estación de Gnezdovo, que había ocupado durante el gobierno soviético, y también de que satisfaría todas mis necesidades materiales.

El intérprete subrayó que mi testimonio como antiguo oficial de ferrocarriles de la estación de Gnezdovo, la más cercana al bosque de Katyn, era extremadamente importante para el Estado Mayor alemán, y que no me iba a arrepentir si daba testimonio de ello. Comprendí que yo me encontraba en una situación extremadamente complicada, y que me esperaba un triste destino. Pese a todo, volví a negarme a dar un testimonio falso al oficial alemán. Empezó a gritarme, a amenazarme con golpearme y dispararme, y dije que no podía saber qué era lo mejor para mí. Sin embargo, me mantuve en pie. Entonces el intérprete redactó un breve informe de una página en alemán, y me dio una traducción de su contenido. El informe solamente hacia constar, tal como me lo dijo el intérprete, el hecho de la llegada de los prisioneros de guerra polacos a la estación de Gnezdovo. Cuando pedí que mi testimonio fuera registrado no solamente en alemán sino también en ruso, al final el oficial se enfureció, me golpeó con una porra y me sacó del local…”

Sawateyev fue otra persona que fue presionada por los alemanes para dar un falso testimonio. Declaró a la Comisión Soviética de Investigación:

“En el cuartel de la Gestapo testifiqué que durante la primavera de 1940 los prisioneros de guerra polacos llegaron a la estación de Gnezdovo en varios trenes y luego siguieron su camino subidos en camiones, pero no sabía hacia donde iban. También añadí que más tarde vi a esos polacos de forma repetida en la carretera de Moscú a Minsk, donde estaban trabajando en tareas de reparación en pequeños grupos. El oficial me dijo que estaban confundiendo las cosas, que no podía haberme encontrado a los polacos en la carretera, puesto que habían sido ejecutados por los bolcheviques, y me pidió que testificara sobre ello.

Me negué. Tras amenazarme y convencerme de mil maneras durante mucho tiempo, el oficial consultó algo en alemán con el intérprete, y entonces el intérprete escribió un breve informe y me lo dio para que lo firmara. Me explicó que era un registro de mi testimonio. Le pedí al intérprete que me dejara leerlo yo mismo, pero me interrumpió soltándome improperios, ordenándome que lo firmara inmediatamente y me largara. Dudé durante un minuto. El intérprete agarró una porra que colgaba de la pared e hizo ademán de golpearme. Acto seguido firmé el informe que me enseñaron. El intérprete me pidió que saliera y me fuera a casa, y que no hablara con nadie de este tema o entonces sería fusilado…”

Otros dieron un testimonio similar.

Se han proporcionado también pruebas de cómo los alemanes ‘trataron’ las fosas comunes para tratar de eliminar cualquier indicio de que la masacre no tuvo lugar durante el otoño de 1941 sino durante la primavera de 1940, poco después de que los polacos llegaran en primer lugar a la zona. Alexandra Mikhailovna había trabajado durante la ocupación alemana en la cocina de una unidad militar alemana. En marzo de 1943 encontró un prisionero de guerra ruso escondido en su cobertizo:

“De las conversaciones que mantuve con él supe que su nombre era Nikolai Yegorov, un nativo de Leningrado. Había estado en el campo de prisioneros alemán número 126 en la ciudad de Smolensk desde el final del año 1941. Al comienzo del mes de marzo de 1943, fue enviado con una columna de varios cientos de prisioneros de guerra desde el campo hacia el bosque de Katyn. Una vez ahí, todos fueron obligados, incluyendo a Yegorov, a desenterrar unas fosas que contenían los cadáveres de oficiales polacos con el uniforme puesto, a sacarlos fuera de las fosas y retirar de sus bolsillos documentos, cartas, fotografías y todo artículo que pudieran encontrar.

Los alemanes dieron la estricta orden de que nada podía quedar en los bolsillos de los cadáveres. Dos prisioneros de guerra fueron ejecutados porque tras haber registrado algunos cadáveres, un oficial alemán encontró algunos papeles en los mismos. Los artículos, documentos y cartas extraídas de las ropas de los cadáveres fueron examinados por los oficiales alemanes, quienes entonces obligaron a los prisioneros a recolocar de nuevo parte de los papeles en los bolsillos de los cadáveres, mientras que el resto fue arrojado a un montón de artículos y documentos que habían extraído, para ser luego quemado.

Aparte de esto, los alemanes hicieron que los prisioneros colocaran en los bolsillos de los oficiales polacos algunos papeles que habían tomado de las maletas o maletines (no recuerdo exactamente) que habían traído consigo. Todos los prisioneros de guerra vivieron en el bosque de Katyn bajo el cielo abierto en pésimas condiciones, y estaban siendo extremadamente vigilados. A principios del año 1943, todo el trabajo planificado por los alemanes parecía aparentemente estar completado, porque durante tres días ninguno de los prisioneros de guerra tuvo trabajo alguno que hacer…

De repente de noche todos fueron despertados sin excepción alguna y fueron llevados a algún lugar. Se había reforzado la guardia. Yegorov sintió que algo iba mal y comenzó a observar detenidamente todo lo que estaba ocurriendo. Caminaron durante tres o cuatro horas en dirección desconocida. Se detuvieron en el bosque cerca de un hoyo que había en un claro. Vio como separaban un grupo de prisioneros del resto, éstos fueron llevados hacia el hoyo y luego fusilados. Los prisioneros de guerra empezaron a inquietarse y a ponerse nerviosos haciendo ruido. No muy lejos de donde estaba Yegorov varios prisioneros de guerra atacaron a los guardias. Otros guardias vinieron corriendo hacia el lugar. Yegorov aprovechó la confusión reinante y se fue corriendo hacia la oscuridad del bosque, oyendo gritos y disparos.

Después de oír esta terrible historia, que se me quedó grabada en la mente para el resto de mi vida, empecé a sentir mucha pena por Yegorov, y le dije que viniera a mi habitación a calentarse y que se escondiera en mi casa hasta que hubiera recobrado su fuerza. Pero Yegorov rechazó mi proposición… Dijo que pasara lo que pasara iba a irse esta misma noche, para intentar atravesar la línea de frente del Ejército Rojo. Por la mañana, cuando vine para asegurarme de que Yegorov se había ido, todavía estaba en el cobertizo. Al parecer por la noche había intentado irse, pero tras solamente haber dado 50 pasos se sintió tan débil que se vio obligado a volver. Decidimos que se quedara en mi casa durante varios días más para recobrar su fuerza. Después de alimentar a Yegorov me fui al trabajo. Cuando volví a casa por la tarde mis vecinos Branova, Mariya Ivanovna, Kabanovskaya y Yekaterina Viktorovna me dijeron que al mediodía hubo un registro, por lo que el prisionero del Ejército Rojo había sido encontrado y se lo habían llevado”.

Posteriormente, un ingeniero mecánico llamado Sujachev, que había trabajado bajo la ocupación alemana como mecánico en el molino de la ciudad de Smolensk, corroboró esos hechos:

“Yo estaba trabajando en el molino durante la segunda quincena de marzo de 1943. Ahí hablé con un chófer alemán que hablaba un poco de ruso, y como transportaba harina al pueblo de Savenki para la tropas, y volvía a Smolensk el día siguiente, le pregunté si podía llevarme con él para que pudiera comprar mantequilla al pueblo. Mi idea era que viajar en un camión alemán me evitaría el ser detenido en el punto de control. El alemán aceptó a cambio de dinero.

El mismo día a las 10 de la noche yo y el conductor alemán nos dirigimos en el camión hacia la carretera que iba de Smolensk a Vitebsk. La noche era liviana, y solamente una ligera niebla reducía la visibilidad. Aproximadamente a unos 22 o 23 kilómetros de Smolensk, a la altura de un puente en ruinas sobre la carretera, hay una ruta con una pendiente bastante inclinada. Cuando estábamos empezando a bajar por ahí, de repente surgió un camión desde dentro de la niebla, dirigiéndose hacia nuestra posición. Bien porque nuestro frenos no funcionaban correctamente, o bien porque el conductor no tenía experiencia, no fuimos capaces de detener el camión, y como el paso era bastante estrecho, nos chocamos con el camión que venía hacia nosotros. El impacto no fue muy violento porque el conductor del otro camión viró bruscamente hacia un lado, motivo por el cual los camiones se chocaron y se deslizaron el uno contra el otro.

Sin embargo la rueda derecha del otro camión se metió en la zanja, y el camión se cayó por la ladera de la carretera. Nuestro camión se mantuvo en posición vertical. El conductor y yo salimos inmediatamente fuera de la cabina y corrimos hacia el camión que se había caído. Nos cruzamos con un fuerte hedor a carne putrefacta que salía del camión.

Según nos íbamos acercando, vi que el camión transportaba un cargamento cubierto con una lona y atado con cuerdas. Con el impacto, las cuerdas se habían roto, y parte del cargamento se había caído sobre la ladera. Era un horrible cargamento – cadáveres humanos vestidos con uniformes militares. Según recuerdo había unos seis o siete hombres cerca del camión, un conductor alemán, dos alemanes armados con metralletas – el resto eran prisioneros de guerra rusos, puesto que hablaban ruso y se vestían como tales.

Los alemanes comenzaron a insultar a mi conductor y luego varias veces intentaron poner el camión en pie. Unos dos minutos después otros dos camiones llegaron al lugar del accidente y se acercaron. Un grupo de alemanes y de prisioneros de guerra rusos, unos diez en total, salieron de esos camiones y vinieron hacia nosotros… Juntando esfuerzos comenzamos a enderezar el camión. Aprovechando un momento oportuno le pregunté a uno de los prisioneros de guerra rusos en voz baja: ‘¿Qué es esto?’ Él respondió, muy tranquilamente: ‘Ya llevamos varias noches transportando cadáveres al bosque de Katyn’.

Antes de que el camión que se había volcado se enderezara, un oficial alemán se acercó a mí y a mi conductor y nos ordenó que marcháramos inmediatamente. Como nuestro camión no había sufrido daños serios, el conductor cogió el volante y lo llevó hacia un lado, se metió en la carretera, y así nos fuimos. Mientras pasábamos al lado de los dos camiones cubiertos que habían llegado más tarde pude oler de nuevo el horrible hedor de los cadáveres”.

Hubo varias personas más que también aseguraron haber visto los camiones cargados con cadáveres.

Un tal Zhukov, un patólogo que visitó las fosas en abril de 1943 por invitación de los alemanes, también dio su testimonio:

“Las ropas de los cadáveres, en particular las casacas, las botas y los cinturones, se encontraban en buen estado de preservación. La parte metálicas de las ropas – las hebillas de los cinturones, los ganchos de los botones y los clavos de la suelas de los zapatos, etc. – no estaban muy oxidadas, y en algunos casos el metal todavía conservaba el brillo. Las secciones de la piel de los cadáveres que se podían ver – rostros, nucas, brazos – eran en general de un sucio color verde, y en algunos casos marrón, pero no había una desintegración total de los tejidos, ni putrefacción. En algunos casos se podían ver tendones cortados de un color blanquecino y partes de músculos.

Mientras estaba en las excavaciones había gente trabajando en clasificar y extraer cadáveres del fondo de una gran fosa. Para ellos usaron palas y otras herramientas, e incluso agarraban los cadáveres con las manos y se los llevaban de un lugar a otro cogiéndolos de los brazos, las piernas o la ropa. No vi un solo cadáver desmembrarse o caer al suelo.

Considerando todo ello, llegué a la conclusión de que los cadáveres no se habían mantenido bajo tierra durante tres años, tal como afirmaban los alemanes, sino mucho menos. Sabiendo que en las fosas comunes, y particularmente sin ataúdes, la putrefacción de los cadáveres progresa más rápidamente que en simples tumbas, concluí que las ejecuciones masivas de los polacos habían tenido lugar hacía aproximadamente año y medio, y que podían haber ocurrido durante el otoño de 1941 o la primavera de 1942. Como resultado de mi visita al lugar de las excavaciones me convencí firmemente de que los alemanes habían cometido un crimen monstruoso”.

Varias otras personas que visitaron las fosas en aquel momento dieron un testimonio parecido.

Además, unos patólogos que examinaron los cadáveres en 1943 llegaron a la conclusión de que no podría llevar muertos más de dos años. Por si fuera poco, se encontraron documentos en algunos de los cadáveres que obviamente se les escaparon a los alemanes cuando trataron de adulterar las pruebas. Entre aquellos se encontraban una letra con fecha de septiembre de 1940, una tarjeta postal con fecha del 12 de noviembre de 1940, una papeleta de empeño recibida el 14 de marzo de 1941 y otra recibida el 25 de marzo de 1941, unos recibos con fechas del 6 de abril de 1941, 5 de mayo de 1941, 15 de mayo de 1941 y una tarjeta postal en polaco sin enviar con fecha del 20 de junio de 1941. Aunque todas estas fechas sean anteriores a la retirada de los soviéticos, todas se posteriores al momento en que se produjeron los presuntos asesinatos por parte de las autoridades soviéticas durante la primavera de 1940, fecha de la supuesta masacre que dieron todos los que los alemanes fueron capaces de intimidar para que dieran un falso testimonio. Si, como dicen los propagandistas burgueses, esos documentos son falsos, habría sido de lo más fácil falsificar documentos que fueran posteriores a la retirada soviética, sin embargo esto no se hizo – y no se hizo porque los documentos encontrados eran indudablemente auténticos.

Ella Rule, Stalin Society

Biografía de Marx (Parte 3)



Demócrito y Epicuro
en el país de los idealistas


En la Universidad de Berlín, Marx leyó de todo pero estuvo
muy influido por el pensamiento de Hegel que, convenientemente manipulado, era
la doctrina oficial del Estado prusiano. Hegel había muerto en 1831 y no era en
absoluto responsable del modo en que quienes decían ser sus herederos,
retorcían sus postulados, especialmente aquel de que todo lo real es
racional
. Más que cualquier otra cosa, Hegel es el filósofo del cambio, de
la evolución, de que todo lo real tiene que convertirse en racional,
lo cual es precisamente lo contrario de lo anterior. Bajo Hegel se cobijó tanto
la reacción como la revolución; en una expresión no del todo correcta pero
gráfica se ha dicho que los unos se aferraron al sistema, los otros al método.
Lo realmente importante es que aquellas disputas no eran más que el envoltorio
de una lucha política entre el viejo feudalismo alemán y la nueva burguesía
revolucionaria. Pero aquello duró muy poco. Hegel no podía ser nunca un pilar
sólido del orden establecido. La presencia de Hegel en la burocracia prusiana y
alemana ha sido muy exagerada por la posteridad. La misma existencia de unos
revolucionarios que se refugiaban en el hegelianismo, desencadenó una reacción
contra todo lo que tuviera algo que ver con el pensamiento de Hegel y el
gobierno tuvo que liquidar hasta su misma memoria.

Aunque Hegel glorificaba a la burocracia prusiana, esto sólo
podía ir en detrimento de la religión, que era el núcleo de la tradición feudal
y fue en el terreno religioso donde sobrevino el primer choque entre ambas
corrientes que se reclamaban hegelianas. Hegel había sostenido que las
historias sagradas de la Biblia debían ser consideradas como profanas porque a
la fe no le compete el conocimiento de la historia. En 1835 David Strauss se
aferró a esa idea para someter la historia evangélica a la crítica histórica
escribiendo una Vida de Jesús que provocó una enorme
sensación. La Biblia no era la palabra de dios sino un libro de historia. Así
Strauss entroncaba con el luteranismo y el racionalismo burgués. Su
planteamiento hubiera sido inconcebible en un país dominado por el catolicismo
y el dogma pero resultaba lógico en aquellos países donde la vinculación del
hombre con dios se establecía a través de una lectura propia de la Biblia.

Hasta Strauss, la filosofía hegeliana y la religión habían
vivido en buena armonía. Marx escribió, pocos años después: La crítica
de la religión es la condición necesaria de toda crítica. El fundamento de la
crítica irreligiosa es el siguiente: el hombre hace la religión, la religión no
hace al hombre. Pero el hombre no es un ser abstracto, exterior al mundo real.
El hombre es e1 mundo del hombre, es el Estado, la sociedad. Ese Estado, esa sociedad,
que son un mundo absurdo, producen la religión, absurda concepción del mundo.
La religión es la realización fantástica del ser humano, porque el ser humano
no tiene verdadera realidad. La lucha contra la religión es, pues,
indirectamente, la lucha contra un mundo del que ella es el aroma espiritual
.

Políticamente, Strauss era inofensivo, como lo siguió siendo
durante toda su vida. Pero había abierto la veda; sólo había que explotar aquel
filón y para eso ni siquiera eran necesarios pensadores profundos y gruesos
libros de filosofía sino, más que nada, divulgadores y agitadores. Entre éstos
encajaba a la perfección Arnold Ruge (1802-1880), quien había estado
encarcelado de 1824 a 1830. En 1832 entró como profesor en Halle, donde comenzó
a publicar los Anales de Halle entre 1838 y 1841, el órgano de
la izquierda hegeliana. Gracias a un matrimonio afortunado, disfrutaba de una
existencia apacible. Ruge nunca fue más allá del liberalismo burgués, por más
radical que fuera su apariencia. Aunque luego tuviera que refugiarse, en sendas
ocasiones, en Francia y en Inglaterra, él mismo se calificó alguna vez,
bastante acertadamente, de comerciante en espíritu al por mayor. Sin ser ningún
pensador original, ni mucho menos un revolucionario, Ruge tenía, sin embargo,
la cultura, la ambición, el celo y el ardor combativo que hacían falta para
dirigir bien una revista o un periódico científico. Él aseguraba a la
burocracia prusiana que sus Anales de Halle eran cristianos
y prusianos de Hegel
 pero, por mucho que se lo suplicó, el Estado
prusiano no le correspondió en aquel momento, tardó un poco más, lo que tardó
Ruge en abandonar cualquier veleidad agitadora. Finalmente, Ruge acabó a los
pies de Bismarck, quien en 1877 le gratificó con un pensión para pagar y apagar
su conciencia. Es de aquellos que pasó de vivir el presente a vivir del pasado
y, naturalmente a recordarlo: escribió unas memorias tituladas Recuerdos
del tiempo pasado, 1862-1867
. Pero eso sucedió bastante después…

En Halle los Anales de Ruge se convirtieron
en un centro de reunión para todos los espíritus inquietos, especialmente todos
los neohegelianos de Berlín, entre los que había docentes, profesores y
escritores de edad juvenil. De ellos destacaremos a cuatro: Eduardo Meyen,
Adolfo Rutenberg, el más íntimo de los amigos berlineses de Marx, Carlos
Federico Köppen y, sobre todo, Bruno Bauer. No se sabe si también pertenecía a
aquel círculo Max Stirner, profesor en un colegio de señoritas. Nada hay que
permita afirmar que Marx le conociera personalmente, pero entre ambos no medió
nunca la menor afinidad espiritual.
El más importante de todos ellos era Bruno Bauer
(1809-1882), hijo de un pintor en una fábrica de porcelana. Estudió filosofía y
teología en la Universidad de Berlín directamente con Hegel hasta que éste
murió en 1831. En una ocasión Hegel otorgó al joven Bauer un premio académico
por un ensayo filosófico criticando a Kant. Tras obtener la licenciatura en
teología, comenzó a enseñar en la Universidad de Berlín en 1834 y se ocupó,
sobre todo, de crítica bíblica. Próximo entonces a las posiciones de la derecha
hegeliana, criticó a Strauss afirmando la autoridad indiscutible de la
revelación divina, lo que desató una réplica por parte de éste y de la reacción
prusiana. Fue este debate el que empujó a Bauer a cambiar de alineamiento
filosófico, pasándose a la izquierda hegeliana. Al mismo tiempo, en el curso de
esta polémica la reacción se dio cuenta que aquel peligroso proceso tenía sus
raíces en Hegel y que había que acabar con todo el hegelianismo. A la inversa,
Bauer se apercibió de que la única manera de defender Hegel de aquel ataque
generalizado era desde las posiciones de la izquierda.

En 1836, durante sus primeros días como profesor, Bauer
impartió clases a Marx del mismo modo que, una generación después, también fue
mentor de otro joven: Friedrich Nietzsche. Ambos acabaron abandonando a Bauer.
En 1838 publicó en dos volúmenes su Kritische Darstellung der Religion
des Alten Testaments
 que muestran que, aun siendo muy superior a
Strauss desde el punto de vista intelectual, seguía fiel a la derecha
hegeliana. Pero muy pronto su opinión sufrió un vuelco y, en tres trabajos, uno
sobre el cuarto evangelio, el de Juan, otro sobre los tres sinópticos (Marcos,
Mateo y Lucas) y el tercero titulado Herr Hengstenberg, kritische
briefe uber den Gegensatz des Gesetzes und des Evangeliums
, anunció su
ruptura con la derecha hegeliana.

Las aportaciones de Bauer a la historia evangélica fueron
muy importantes, limpiando los últimos residuos teológicos que Strauss había
dejado en pie. Elaboró un profundo análisis de la literatura cristiana del
siglo I para demostrar que en los Evangelios no existía la verdad histórica,
que todo en ellos era obra de la imaginación de los evangelistas. Asimismo
argumentó que la religión cristiana no le había sido impuesta, como se pensaba,
al mundo greco-romano, sino que era el más genuino producto de este mundo. De
este modo, abría la única senda por la que se podían investigar científicamente
los orígenes del cristianismo. Sostuvo que muchos temas centrales del Nuevo
Testamento, especialmente los que eran opuestos al Antiguo Testamento, ya se
encontraban en la literatura greco-romana de aquella época. Bauer demostró que
la influencia judía en Roma había sido mucho más importante de lo que los
historiadores habían creído hasta entonces y que el judaísmo se había
introducido en Roma en la época de los Macabeos, incrementando su población.

Pero en 1839 el prestigio de Bauer, el giro radical que dio
a la teología y, sobre todo, su incorporación al círculo de la izquierda
hegeliana forzaron su traslado a la Universidad de Bonn. Era un intento de
descabezar al grupo, privarlo de su dirección para dispersarlo. La vinculación
entre Bauer y Marx era muy estrecha entonces. Apenas se estableció aquel en
Bonn, intentó que Marx se trasladara con él. Entonces Marx trabajaba en su
tesis doctoral sobre la Diferencia entre la filosofía natural de
Demócrito y la de Epicuro
. Para Bauer aquello no tenía demasiado interés.
Para él, fuera de Aristóteles, Spinoza y Leibniz, no había otra filosofía en el
mundo. En una carta le aconsejaba a Marx que acabase de una vez con aquel despreciable
examen
 y que no le dedicase tanto tiempo, lo cual demostraba que ya
entonces Marx hacía gala de su estilo de escribir concienzudo y, por tanto,
exasperantemente lento, lo que fue una desolación para todos los que le
conocieron, especialmente Bauer, que era una máquina de escribir, casi de manera
automática. En la carta Bauer le decía, además, que Ruge le daba pena y
calificaba de lánguidos sus Anales de Halle aceptando,
a cambio, la publicación de una revista radical que Marx le había propuesto,
dirigida por ambos.

Bauer era el campeón de la crítica. Si existe el arte por el
arte, Bauer sería el representante de la crítica por la crítica, un verdadero
precursor de la Escuela de Frankfurt. La palabra nihilismo apareció entonces
bajo estas influencias perdidas en la abstracción. Lo de Bauer era una
revolución pero sólo en el terreno de la filosofía, para la que Bauer contaba
más con la ayuda que con la oposición del gobierno. La miopía política
de Bauer no era otra cosa que el reverso de su agudeza de visión filosófica
,
escribió Mehring. Bauer atacaba a la teología pero sólo para entronizar al
Estado prusiano sobre fundamentos más sólidos. Separando a la Iglesia del
Estado se fortalecía el Estado y más concretamente sus instituciones
educativas, especialmente la universidad, algo en lo que los académicos como
Bauer estaban muy interesados en una época en la que aún estaban obligados a
llevar peluca. Como Ruge, Bauer acabó sus días siendo otro de aquellos
aduladores de Bismarck.

Muy influido entonces por Bauer, Marx presentó su tesis
doctoral sobre Demócrito y Epicuro, dos filósofos que Hegel había tratado con
bastante desdén porque no podían competir con Platón ni compararse con
Aristóteles. Los escépticos, epicúreos y estoicos formaron escuelas filosóficas
griegas que brotaron en su decadencia, contribuyendo más que ninguna otra a
fecundar el cristianismo. Su meta común era hacer al hombre individual,
independiente de todo lo exterior a él, retrotrayéndole a su vida interior,
llevándole a buscar su dicha en la paz del espíritu, asilo inconmovible aunque
el mundo se derrumbase. En suma, eran filosofías de la autoconciencia. Pero
luego el cristianismo, sostenía Bauer, había enajenado la autoconciencia en
beneficio del Señor de los Evangelios. La humanidad había sido educada en la
esclavitud de la religión cristiana para, de este modo, preparar mejor el
advenimiento de la libertad y abrazarla con tanta o mayor fuerza cuando por fin
ese día llegase. La propia conciencia del hombre, al recobrar su
autoconciencia, recobraría un poder infinito sobre los frutos de su prolongado
renunciamiento.

Como había escrito Köppen, en este abigarrado galimatías
filosófico de la época no subyacía otra cosa que el racionalismo burgués del
siglo XVIII, que también había bebido de las fuentes de la duda de los
escépticos, el ateísmo de los epicúreos y la convicción republicana de los
estoicos. Aunque no tenían la talla de Platón o Aristóteles, estos filósofos
griegos habían dejado una huella muy profunda en la historia. Habían abierto al
espíritu humano nuevas perspectivas, rompiendo las fronteras sociales de la
esclavitud y las fronteras nacionales del helenismo, habían fecundado el
cristianismo primitivo, la religión de los dolientes y los oprimidos, que en
Platón y Aristóteles se trocaba en la Iglesia explotadora y opresora de los
dominadores.

Esta es la médula que Marx quiso explotar. Entonces, aunque
seguía compartiendo la concepción idealista, empezaba ya a extraer de la
ambigua filosofía de Hegel conclusiones ateas y revolucionarias. Mientras Hegel
criticaba el materialismo y el ateísmo de Epicuro, Marx hablaba con admiración
de la valiente lucha que el filósofo griego había sostenido contra la religión
y los prejuicios. Mientras todos los filósofos se habían burlado de Epicuro por
su absurda tesis de la declinación de los átomos, Marx le considera como el
más grande racionalista griego
 que había introducido un absurdo entre
las leyes ciegas de la naturaleza por el que se filtraba la libertad humana.

Naturalmente, en medio de un ambiente idealista, que era
también el de Marx entonces, éste traía el materialismo, el atomismo y el
ateísmo como notas discordantes, otra declinación de los átomos. Además del
materialismo, Demócrito y Epicuro tenían en común su atomismo, y Marx expone
así la diferencia entre ambos: para Demócrito se trata tan sólo de la existencia
material del átomo, mientras Epicuro pone de relieve el concepto del átomo al
lado de su realidad, la forma al lado de la materia; no le basta la existencia;
investiga también la esencia, y no ve en el átomo solamente la base material
del mundo sino también el símbolo del individuo aislado. Si Demócrito deducía
de la caída perpendicular de los átomos la necesidad de cuanto acaecía, Epicuro
los desviaba un poco de la línea recta para dejar sitio al libre arbitrio. Es
una contradicción entre el átomo como fenómeno y como esencia. La filosofía de
Epicuro introduce así una explicación ilimitadamente arbitraria de los
fenómenos físicos.


Es también sorprendente la superioridad que Marx observa en
Epicuro sobre Demócrito porque éste no hizo más que aventurar una hipótesis que
era el resultado de la experiencia, pero no su principio dinámico, un defecto
capital que luego Marx siempre denunció en todo el materialismo anterior que no
captaba la realidad más que bajo una forma pasiva, no como práctica, no como
actividad humana. Con esto adelantaba la importancia que luego dio al
movimiento y a la práctica. Demócrito era un teórico y Epicuro un político,
como se demuestra en el desafío de éste a la religión. Epicuro le atrajo a Marx
porque era un luchador, un filósofo se alzaba contra el peso oprimente de la
religión y la desafiaba.

Fue la primera obra extensa de Marx, de la que Mehring
concluye: Con este estudio, el discípulo de Hegel se extiende a sí
mismo el certificado de mayoría de edad: su pulso firme domina el método
dialéctico, y el lenguaje acredita esa fuerza medular de expresión que había
tenido, a pesar de todo, el maestro, pero que hacía mucho tiempo que no se veía
en el séquito de sus discípulos
.

Marx tenía la oportunidad de consagrarse a la actividad
científica y hacerse profesor de la Universidad de Bonn junto a Bauer. Pero él
prefería a Epicuro antes que a Demócrito. Era un militante, no un teórico. No
quería convertirse en un pensador solitario que escribía en el remanso de una
biblioteca. Era un demócrata, un revolucionario que luego evolucionaría hacia
el comunismo bajo la atracción de una clase, el proletariado, que supo hacer
suyos el indudable talento de Marx como pensador en la lucha por un mundo
nuevo. La concepción de los revolucionarios nunca ha sido invención de un
ideólogo individual, sino la expresión teórica de un movimiento vivo.

El ministro de Educación Altenstein había trasladado a Bauer
a la Universidad de Bonn con la promesa verbal de concederle una plaza de
profesor titular, pero murió en mayo de 1840 casi al mismo tiempo que Federico
Guillermo III y su sustituto, Eichhorn, no estaba por la labor. Se iniciaba una
etapa de dura reacción acompañada de represión política. Le propusieron que se
dedicara a escribir con la promesa del apoyo financiero del Estado pero Bauer
no aceptó y se aprestó a librar una batalla con la ayuda de Marx en una nueva
revista de agitación. El nuevo ministro mantuvo el pulso inundando la
Universidad de Berlín de reaccionarios prestos a librar toda clase de batallas.
Llevó allí al viejo Schelling, que se había convertido en portaestandarte de la
revelación divina, para dar el golpe de gracia al hegelianismo. En medio de
violentas manifestaciones de protesta, Julius Stahl, un absolutista, sucedió al
hegeliano Gans, fallecido el año anterior. El forjador de escuela histórica del
derecho, Savigny, amigo personal del nuevo monarca Federico Guillermo IV,
depuró a universidad de las tesis jurídicas hegelianas. Por tanto, en 1840
Prusia había declarado la guerra al hegelianismo, que apenas había podido
reinar una década. El título de un folleto de Bauer resumía el final de aquella
época: La trompeta del juicio final contra Hegel, el ateo y el
anticristo
. Marx participó en la redacción de ese folleto; formaba parte de
esa corriente y, aunque lo hubiera pretendido, las aulas estaban vetadas para
él.

Marx decidió doctorarse en la pequeña Universidad de Jena y
publicar luego la tesis doctoral, acompañado de un prólogo retadoramente audaz,
como testimonio de sus conocimientos para luego instalarse en Bonn y editar
allí con Bauer, la proyectada revista. Además, como doctor por una Universidad
extranjera
, la de Jena, las universidades prusianas no podrían cerrarle sus
puertas y tendrían que permitirle profesar la enseñanza por libre.

El 15 de abril de 1840 Marx recibió la investidura de doctor
por la Universidad de Jena, sin su presencia personal, previa presentación de
una tesis que no era más que un fragmento de una magna obra en la que se
proponía estudiar la evolución de la filosofía epicúrea, estoica y escéptica,
poniéndolas en relación con toda la filosofía griega.

Biografía de Marx (Parte 2)



Los años jóvenes


Marx nació el
5 de mayo de 1818 en Tréveris, una antigua ciudad medieval enclavada en la
Prusia renana. En el siglo X fue, con Roma, uno de los centros de la
cristiandad. Poseía establecimientos de curtido y fábricas textiles, pero la
industria manufacturera no estaba muy desarrollada en comparación con las zonas
septentrionales de Renania. Tréveris conservaba hasta cierto punto las
costumbres de una ciudad medieval, encuadrada en una región vinícola donde los
campesinos eran en su mayoría pequeños propietarios, vinateros, amantes de la
alegría y el buen vino. Marx siempre se interesó entonces por la situación de
aquellos campesinos. Realizaba excursiones a los pueblos de los alrededores y
se documentaba a fondo sobre su vida. Los artículos que publicó años más tarde
en la prensa demuestran que conocía perfectamente los detalles de la vida
rural, el régimen de la propiedad del campo, y los procedimientos de cultivo de
los campesinos de la comarca.

Su padre,
Enrique Marx, era un abogado de origen judío, culto y libre de prejuicios
religiosos que admiraba la filosofía del siglo XVIII y enseñó a su hijo a leer
las obras de librepensadores como Locke, Diderot, Voltaire pero sobre todo
Kant.

Mientras
algunos biógrafos han negado casi totalmente la influencia de su origen judío
sobre Marx, otros se han dedicado a subrayar su enorme trascendencia. Es
indudable que en la historia del socialismo alemán cuatro judíos, Börne, Heine,
Marx y Lassalle tuvieron un papel muy importante. Pero ahí el origen judío no
tuvo influencia en evolución política. No fueron motivos religiosos sino
políticos, como el propio Marx explicó en sus artículos sobre la Cuestión
judía
. Están ligados a la situación semifeudal de Alemania donde, como
otros, los judíos carecían de derechos civiles y políticos, agravados en su
caso porque les alcanzaba aunque se tratara de burgueses. Lo verdaderamente
importante y lo que se ha tratado de silenciar con el recuerdo de las raíces
judías de Marx, es la situación semifeudal de Alemania y la privación de
derechos políticos de las amplias masas. El padre de Marx, que desde hacía
mucho tiempo no practicaba, seguía siendo judío, se convirtió en 1824 al
cristianismo para escapar a la discriminación que sufrían los judíos tras la
reincorporación de Renania a Prusia. Por su parte, Marx escribió el 13 de marzo
de 1843 en una carta a Arnold Ruge: La religión israelita me inspira
repulsión
.

Aunque no
estuviera ligado espiritualmente en absoluto con el medio, Marx se interesó por
la cuestión judía durante su juventud. Mantenía relaciones con la comunidad
judía de Tréveris. Los judíos enviaban frecuentemente peticiones para solicitar
la desaparición de diversas medidas humillantes. A petición de sus parientes próximos
y de la comunidad de Tréveris, Marx, que entonces tenía veinticuatro años,
escribió una de estas peticiones. Marx no despreciaba en absoluto a sus
antiguos correligionarios; se interesaba por la cuestión judía y participaba en
la lucha por la emancipación de los judíos. Ello no le impedía distinguir
perfectamente entre los judíos pobres y los representantes de las altas
finanzas, aunque, a decir verdad, había pocos judíos ricos en la región donde
vivía Marx. La aristocracia judía estaba concentrada entonces en Hamburgo y
Frankfurt.

Buena prueba
de la ausencia de aquella influencia religiosa es el segundo de los tres
ejercicios escolares que tuvo que presentar para aprobar su bachillerato. Se
titulaba Una demostración, según el evangelio de San Juan, naturaleza,
necesidad y efectos de la unión de los creyentes de Cristo
. Expresa todavía
la persistencia confesional del cristianismo que imperaba en el ambiente
escolar que, en todo caso, no era el judaísmo sino el protestantismo, también
minoritario en Tréveris, donde la mayoría era católica.

Lo mismo cabe
decir del supuesto carácter prusiano de Marx, que significa
ignorar por completo que aquella Renania era cualquier cosa menos prusiana. No
sólo por su temporal adscripción francesa sino porque la reincorporación a
Prusia significaba la pertenencia formal a un régimen administrativo que en
absoluto suponía que los renanos fuesen, desde el punto de vista social,
prusianos. Algunos autores pretenden enlazar esa genética prusiana con
Hegel para destacar la sobrevaloración de Marx hacia el Estado y la burocracia.
Pero nadie como Marx puso a la sociedad por delante del Estado, dando la vuelta
al pensamiento hegeliano y enfrentándose luego a Lassalle a causa de la
veneración de éste por el Estado. En cuanto a Prusia, tanto los escritos de
Marx como los de Engels testimonian que no hubo mayores adversarios
de la unificación de Alemania por la vía prusiana que ellos. Por tanto, esas
ideas son ajenas por completo a Marx a lo largo de toda su trayectoria, en las
que demostró que su programa tenía por objeto la desaparición del Estado.

En cualquier
caso, el origen -y más si ese origen es lejano- no determina el rumbo de
ninguna persona. Influye, pero seguramente influyen mucho más otras circunstancias,
algunas de las cuales la propia biografía personal se encarga de superar y
olvidar. Otras permanecen. Entre éstas fue importante para Marx la propia
ubicación geográfica de su Renania natal. A orillas del río que le da el nombre
y próxima a la frontera francesa, en Renania la influencia de la revolución de
1789 fue muy importante. Estuvo en manos de los franceses y no fue entregada a
Prusia hasta después de 1815. Los franceses abolieron en Renania las cargas
feudales y la región se convirtió en una de las más industrializadas de Prusia.
Las riquezas naturales de la región (carbón y hierro) contribuyeron al
surgimiento de una gran industria capitalista metalúrgica y textil que, a su
vez, ocasionó la ruina de los campesinos y los artesanos y la formación de una
nueva clase: el proletariado.
El desarrollo
del capitalismo también hizo cada vez más insoportables los vestigios de las
relaciones feudales de servidumbre que perduraban aún en muchos países de
Europa. Acostumbrados a una relativa libertad bajo el régimen francés, los
renanos reaccionaron contra el régimen prusiano al cual se vieron sometidos. En
1832 se organizó una gran fiesta en Hambach en la cual Börne defendió la
necesidad de una Alemania libre y unificada. Entre ellos se encontraba un
obrero de 23 años, Johann Becker, un revolucionario que realizaba agitación y
propaganda y posteriormente se convirtió en escritor.

Pero Becker
era sobre todo un hombre de acción que organizó fugas de los revolucionarios
encarcelados. Estando en prisión, su círculo organizó en 1833 un ataque armado
contra la guarnición de Frankfurt, sede entonces de la Dieta de la
Confederación Germánica. Los estudiantes y obreros afiliados a este círculo
estaban convencidos de que una insurrección en esta ciudad produciría una
fortísima impresión en Alemania, pero fracasaron. Carlos Schapper participó
activamente en aquella insurrección y, después del fracaso, consiguió huir a
París donde, junto con Schuster y otros, fundaron una sociedad secreta: la Liga
de los Proscritos.

Entonces
Marx, que conocería luego a muchos aquellos revolucionarios, estudiaba en el
instituto de Tréveris, donde permaneció de 1830 a 1835, reconociendo sus
maestros que era uno de los alumnos más brillantes. Encargado por su profesor
de escribir una composición sobre la elección de una profesión por los jóvenes,
Marx argumentó que no se puede elegir libremente una profesión, que el hombre
nace en unas condiciones que condicionan la elección así como su concepción del
mundo. Se podría adivinar ya el embrión de la concepción materialista de la
historia. Pero es necesario ver en ello únicamente la prueba de que, ya durante
su juventud, Marx, influenciado por su padre, había penetrado en las ideas
fundamentales del materialismo francés.

Después de
terminar los estudios en el instituto, en 1836 se matriculó en la Facultad de
Derecho de la Universidad de Bonn, donde estuvo un año, pasando luego a la de
Berlín. En aquella época habían cesado los disturbios revolucionarios y reinaba
establecía una cierta calma en la vida universitaria, presidida por la
represión y los confidentes de la policía; la práctica había dejado paso a la
teoría. Aunque se había matriculado en derecho su interés estaba en la
filosofía y la historia.

De esta época
poseemos un documento interesante sobre él: una carta en la que se dirige a su
padre como a un amigo íntimo, al cual explica claramente sus ideas. Enrique
Marx apreciaba y comprendía muy bien a su hijo, y basta leer su respuesta para
poder juzgar su profunda cultura. En el espíritu de este tiempo, Marx busca
unas concepciones, unas doctrinas, que le permitan motivar teóricamente el odio
que ya siente por el régimen político y social dominante. Posteriormente
estudiará esta cuestión con mayor detalle.

Las ideas
científicas y políticas de Marx cristalizaron en una época en que en Alemania y
otros países de Europa maduraban importantes acontecimientos históricos. El
fortalecimiento del capitalismo en los países de Europa occidental llevaba a la
agudización de la lucha de clases, al impulso de los movimientos
democrático-burgueses y de liberación nacional. Si bien espontánea e
inconscientemente, el proletariado se rebelaba ya contra la opresión capitalista,
haciendo su entrada en la escena histórica. En la Alemania atrasada y
semifeudal, fraccionada económica y políticamente, donde las masas trabajadoras
sufrían un doble yugo -el de los vestigios del feudalismo y el del capitalismo
naciente- maduraba la revolución democrático-burguesa. El fin de los años 30 y
comienzo de los 40 se caracterizaban en Alemania por el aumento del descontento
de las masas populares, la animación de la vida social y el surgimiento de
diversos grupos y tendencias oposicionistas en la burguesía y la
intelectualidad.

Biografía de Marx (Parte 1)



Introducción

Carlos Marx, genial
pensador y dirigente del proletariado, ocupa un lugar destacado entre las
grandes figuras cuyas obras y cuyos nombres perviven a través de los siglos. El
17 de julio de 2005 el programa de la BBC In our time organizó
una votación entre los espectadores para elegir al mayor filósofo de la
historia, y éste fue el resultado:


1.
Carlos Marx
27,93%
2.
David Hume
12,67%
3.
Wittgenstein
 6,80%
4.
Nietzsche
 6,49%
5.
Platón
 5,65%
6.
Immanuel Kant
 5,61%
Tumba de Marx en el cementerio de Highgate (Londres)


A estos pensadores
les siguen Tomás de Aquino, Sócrates, Aristóteles, Karl Popper y otros. Por
tanto, a pesar de todos los esfuerzos propagandísticos de la burguesía acerca
de la muerte del pensamiento marxista, sigue más vivo que
nunca. Sus ideas transcienden la letra escrita y han ejercido una poderosa
influencia histórica, especialmente a lo largo de todo el siglo XX. Ningún otro
autor tiene tan ingente número de seguidores como él repartidos por todo el
mundo y, desde luego, absolutamente nadie entre los explotados y oprimidos.
Marx era un pensador como ha habido muy pocos en la historia. Como escribió Engels, Marx
era un genio; los demás, a lo sumo, somos hombres de talento. Sin él, la teoría
no sería hoy, ni con mucho, lo que es. Por eso ostenta legítimamente su nombre
.


El mayor mérito
histórico de Marx consiste en haber forjado la ciencia que trata de las leyes
más generales que rigen el desarrollo de la naturaleza, la sociedad y el
pensamiento humano, esto es, el materialismo dialéctico y el materialismo
histórico. Con ello mostró el camino no sólo para la comprensión del mundo,
sino también para su transformación por la vía revolucionaria.


Marx demostró de
manera científica que la muerte del capitalismo y el triunfo de la sociedad
comunista son inevitables. Gracias a él, el socialismo dejó de ser un sueño
estéril en un futuro mejor de la humanidad y se convirtió en una ciencia.


Junto con su amigo Federico
Engels, Marx fundamentó científicamente la misión histórica del proletariado
como la clase más avanzada, revolucionaria hasta el fin, que, al liberarse a sí
misma, libera de todo yugo y de toda explotación al conjunto de la humanidad.


Marx señaló que el
camino que conduce a la sociedad socialista es el de la revolución proletaria y
la dictadura del proletariado. La principal diferencia del marxismo con las
ideologías burguesas más progresistas y avanzadas es la teoría de la dictadura
del proletariado.


La doctrina de Marx
es la ideología de la clase obrera, la expresión teórica de sus intereses
vitales, la ciencia de la transformación del mundo por vía revolucionaria. Los
fundadores del marxismo enseñaban que el proletariado no podría cumplir su
misión histórica de sepulturero del capitalismo y creador de la nueva sociedad
si no organizaba su propio partido proletario.


Si echamos una
mirada retrospectiva al espacio creciente de tiempo que nos separa del período
en el que Marx vivía, queda claro el hecho irrebatible de que, en el curso de
la lucha de clases revolucionaria, la influencia de la teoría creada por él
sobre las masas trabajadoras aumenta cada vez más. La clase obrera -la más
avanzada, la que orienta a todos las masas oprimidas- va influyendo cada vez
más en la marcha de la historia universal, transformando el mundo de una manera
activa y conscientemente, apoyándose en las leyes objetivas del progreso
social, descubiertas por Marx y Engels y desarrolladas posteriormente por Lenin.
La doctrina de Marx, desarrollada por Lenin y empleada de manera
creadora y constantemente enriquecida por los partidos comunistas de todo el
mundo, demuestra cada vez con mayor claridad su enorme fuerza vital.

Biografía de Marx

Carlos Marx
(1818-1883)

Sumario:



(Antorcha.org)

«Cuando me muera decid que fui roja»

A Encarnación Moreno, la «Lechuguina»

Encarna Moreno dijo a su nieta hace poco tiempo: «Cuando me muera decid que fui roja». Encarna fue roja y republicana
(A la memoria de todas las viudas víctimas del genocidio franquista que comenzó en 1936)
Encarna Moreno, de Dicastillo, ha muerto con 101 años de edad en la clínica de San Juan de Dios. El apodo de Lechugina lo heredó de su padre, pastor e hijo de pastor, de Arellano, que le enseñó el oficio desde los 7 años. Poco fue a la escuela. «Los pastores se hacen esclavos para ser libres». Con sus cabras era la reina de Montejurra. Encarna ha sido una mujer guapa de intensos ojos azules y firmeza en la mirada.
La noche que cumplió los 100 años le hizo un quite al miedo y rasgó la mordaza de silencio que marcó toda una vida nada fácil. Empezó a contar, como si fueran fogonazos de memoria viva, el asesinato de su marido Fortunato Alvarez Macua en 1936. «Que se presente» dijeron los fascistas. Ella fue a avisarle, estaba segando en el campo. «Me van a matar padre». Los campos quedaron sin segar, las espigas tumbadas y no había brazos, estaban en la cárcel. Los sacaron a barrer las calles, a burlarse de ellos antes de matarlos. Después se los llevaron en un coche y de noche, con las manos amarradas, un tiro de gracia en el portillo de Enériz y abandonados en una fosa común. Encarna no pudo empezar a respirar hasta que salió del pueblo, dejando allí a su hija de un año al cuidado de su suegra. Sufrimiento hondo y pena negra.
Navarra quedó sembrada de fosas comunes, no vale contar porque no son números las más de 3.500 personas asesinadas con nombre y apellidos, que dejaron viudas, viudos e hijos, madres y padres, hermanos y hermanas. Casados o solteros, de tal pueblo, fecha de nacimiento, oficio, ideas republicanas, de izquierdas, nacionalistas, que lucharon por recuperar el comunal, la jornada de 8 horas, el estatuto vasco… por que se cumpliera la legalidad republicana.
Reparar su memoria y la de sus familias y denunciar aquella matanza es obligación de cualquiera que tenga responsabilidad de gobierno municipal. Es mezquino seguir callando crímenes de lesa humanidad porque las fuerzas políticas pactaran aquel consenso y la consecuente imposibilidad de hacer justicia. El genocidio no prescribe.
Encarna Moreno dijo a su nieta hace poco tiempo: «Cuando me muera decid que fui roja». Encarna fue roja y republicana y conservaba la lucidez de aquella generación que no fue educada en el franquismo, a la que masacraron y represaliaron para que nos dejaran como herencia el miedo y el silencio. Solo se permitió la memoria de los vencedores.
Pero esta mujer de 101 años, que sintió mucho no poder ir al homenaje a las víctimas del Franquismo en Dicastillo, cuando recibió en la clínica la bandera republicana, se echó a llorar y se secó las lágrimas con ella, bandera que significó la libertad desde los tiempos de Galán y García Hernández, Libertad con mayúsculas, hecha con los brazos que la mantenían, con la vida de todos aquellos jornaleros mártires, navarros dignos, gentes de bien. Y Encarna levantó el puño ante la bandera, como entonces.
Urales San Pedro, a quien le dejaron sin padre cuando no había cumplido el año, me mandó este escrito en agradecimiento por el homenaje: «Se les va a juntar a nuestros nietos la Memoria Histórica de nuestros abuelos con nuestra propia Memoria Histórica. Nos están matando sin mancharse las manos de sangre y nosotros nos estamos enterrando sin cavar nuestras propias fosas comunes».
¡Qué solos se han sentido los familiares! Encarna se ha ido satisfecha porque ha denunciado («el pueblo tiene que hablar, no yo»), y porque se ha hecho algo de justicia: la reparación pública tocaba hacerla al pueblo. Y la hemos hecho. Hasta siempre Encarna, descansa en paz. Nos dejas una valiosa herencia.

1ª jornada por la amnistía de los presos políticos (adelanto)

El pasado 6 de Octubre se celebraron en Madrid las primeras jornadas por la amnistía de los presos políticos. El evento contó con una charla debate a cargo de Juan Manuel Olarieta, abogado y escritor, y José Balmón, ex preso político del PCE(r), la presentación del poemario “Con la solidaridad por bandera” de Aitor Cuervo y Pablo Hasél y la actuación de los grupos La Plataforma, Pablo Hasél, RPG-7 y Núcleo Terco.


Próximamente el reportaje completo con las charlas (íntegras), el recital de poesía y los conciertos.

La Unión Europea: un sueño nazi hecho realidad


Con motivo de que la Unión Europea ha ganado el Premio Nobel a la paz…


Nos han vuelto a tratar de engañar. Después de 50 años de la firma del Tratado de Roma –por fin- nos hubieran debido contar la verdad. Pero no ha sido así. Siguen con la cantinela de que la unidad europea se ideó después de la II Guerra Mundial y no antes. Dicen que la unidad europea se edificó para superar el nacionalismo y evitar guerras intestinas; que el nazismo había sido una experiencia funesta para Europa y que Europa debía ser lo contrario del nazismo. Siguen tratando de hacernos creer que las naciones conducen al nacionalismo, el cual es perverso por sí mismo porque, a su vez, conduce a la guerra. Quieren hacernos creer que el proyecto de integración europea nació después de la II Guerra Mundial como antídoto contra las rivalidades nacionalistas internas. Aseguran que durante ese conflicto el chovinismo había alcanzado sus mayores cotas y los europeos comprendieron repentinamente que sus pequeños estados respectivos debían quedar unidos por instituciones supranacionales para que la guerra no volviera a causar estragos en el viejo continente.


Sin embargo, es falso que la idea original de la unificación europea sea posterior a la II Guerra Mundial; es falso que esa idea fuera concebida en oposición a la rivalidad imperialista anterior. Por el contrario, no solo los nazis, sino los fascistas y los colaboracionistas de muchos países europeos utilizaron el europeísmo para justificar la agresión. Los nazis, los vichystas, los fascistas italianos y muchos otros pasaron muchos años antes y durante la guerra elaborando sofisticados programas de integración política y económica de Europa.

El modelo alemán

A mediados del siglo XIX Alemania no existía como Estado unificado. Por tanto, cuando estalla la I Guerra Mundial apenas hacía 50 años que Alemania había entrado en el concierto de los Estados europeos con una sola voz. Fue una loca carrera en la que pasaron velozmente de un situación casi feudal al capitalismo monopolista más salvaje, y de los problemas de construcción interna de un Estado federal al trampolín del control de su propia zona de influencia en el exterior. De vértigo. Una vez edificado su propio país, los imperialistas alemanes creyeron que su modelo federal era válido también para su entorno económico. Se convencieron ellos a sí mismos y se esforzaron en con—vencer a los demás. Su federalismo nacional lo convirtieron en un federalismo internacional, o por lo menos europeo. Surgió el pangermanismo porque fuera de las fronteras aún quedaban alemanes por unificar, desde el Báltico hasta el Mar Negro. Esos países que aún quedaban fuera, las reliquias del Imperio austro-húngaro o del zarista, diezmado por la Revolución bolchevique de 1917, estaban muy atrasados con respecto a la locomotora alemana. Incorporarse a Alemania era como incoporarse al siglo XXI partiendo del siglo XVII. Es bien sabido que los imperialistas alemanes, siempre generosos, se declararon dispuestos a compartir con los demás sus conquistas y sus progresos, antes y después de 1933.

Incluso sus planes de integración europea aseguraban que mantendrían intacta la soberanía nacional de los estados miembros de Europa. No se trataba de una incorporación sino de una integración. No podían presentar sus planes al exterior como una expansión imperialista sino como una integración europea. En la futura Europa nazi no habría amos ni siervos sino socios. Eso es lo que dijo su propaganda durante toda la II Guerra Mundial, consagrando enormes esfuerzos a convencer al resto de Europa de que los progresos económicos alemanes, la infraestructura de transporte y la economía en general eran mucho mejores que en el resto de Europa y que, en consecuencia, Europa debía integrarse según el modelo alemán. Más que los alemanes eran los propios europeos los que debían estar interesados en esa integración. El plan de Hitler de establecer una sola entidad política en toda Europa, su necesidad de buscar respaldo en los propios países ocupados, y muchos elementos centrales de la filosofía nazi, todo ello formaba parte de su pensamiento europeísta.

Los proyectos elaborados por los nazis proclamaban que los estados miembros de la futura Confederación Europea tenían que asegurar que en su territorio no se cometieran actos incompatibles con la solidaridad europea y las obligaciones europeas. En 1943 en una Nota sobre la fundación de una Confederación Europea, Cecile von Renthe-Fink, que ocupaba el rango diplomático de ministro con Hitler, sostenía que las naciones europeas tenían un desarrollo común; decía que Alemania deseaba unir a Europa sobre una base federal; proclamaba que no había intención de inmiscuirse en los asuntos internos de otros países: Lo único que se requiere de los estados europeos es que sean miembros leales y proeuropeos de la comunidad y colaboren voluntariamente en sus tareas […] El objeto de la cooperación europea será promover la paz, la seguridad y el bienestar de todos los estados europeos y su población. No se trataba de que un estado o grupo de estados dominara a otros sino de que se establecería una relación de alianza y lealtad mutua en vez de los métodos imperiales de la era anterior. En un tono similar, Werner Daitz declaraba que Europa no se puede administrar de forma centralizada: se debe conducir de modo descentralizado.

Una versión avanzada del plan nazi sobre la futura Confederación Europea volvían sobre el tema del federalismo con la esperanza de encontrar así una solución a la rivalidad entre las potencias imperialistas europeas. Argumentaban que el problema europeo era que una multiplicidad de pueblos tenía que vivir en una superficie relativamente reducida en una combinación de unidad e independencia:

Su unidad debe ser tan firme como para que nunca más pueda haber guerra entre ellos y los intereses externos de Europa se puedan salvaguardar en su conjunto. Al mismo tiempo, los estados europeos deben conservar su libertad e independencia, para actuar de acuerdo con sus diferentes situaciones y misiones nacionales y cumplir su función particular dentro del marco más amplio, en un espíritu alegre y creativo. La fuerza y la seguridad de Europa no dependen de la subordinación impuesta o exigida por una potencia europea a la otra, sino de la unión de todos. El problema europeo solo se puede resolver sobre una base federal por la cual los estados europeos resuelvan por libre voluntad, basados en un reconocimiento de esta necesidad, unirse en una comunidad de estados soberanos. Esta comunidad se puede designar confederación europea.

Hasta la hoy famosa y fracasada Constitución Europea es una iniciativa de los nazis. El borrador nazi de Constitución para la Nueva Europa proclamaba el derecho de cada país a organizar su vida nacional como considere adecuado, siempre que respete sus obligaciones hacia la comunidad europea. Otros documentos repetían la misma idea. La actual guerra es también una guerra por la unidad y libertad de Europa, escribió Renthe-Fink:

Sus objetivos son crear y garantizar una paz duradera para los países europeos […] eliminar las causas de las guerras europeas, sobre todo el sistema deequilibrio de poder […] superar el particularismo europeo mediante la cooperación libre y pacífica entre los pueblos europeos. La lealtad a Europa no significa sujeción sino cooperación franca basada en igualdad de derechos. Cada pueblo europeo debe participar a su manera en la nueva Europa. El único requerimiento es que los estados europeos sean francamente leales a Europa, de la cual son miembros.

Finalmente, Renthe-Fink añadía: Cada estado continental debe permanecer consciente de su responsabilidad hacia la Comunidad Económica Europea. El autor de los proyectos hitlerianos sostenía que no deseaba una burocracia supranacional, ni siquiera un sistema de conferencias intergubernamentales. Cualquier pretensión supranacional podía generar sospechas hacia las ambiciones imperialistas alemanas.

El europeísmo nazi

El europeísmo es, pues, un invento nazi; ellos fueron los primeros en elaborar planes (económicos y políticos) de integración europea. Si extractáramos algunos discursos de la época de Hitler, Goebbels, Ribbentrop y otros dirigentes nazis sin mencionar la fuente, muchos pensarían que son actuales y que se trata de parlamentarios de la eurocámara.

Mucho antes de llegar al poder, en 1932, el dirigente nazi Alfred Rosenberg ya asistió a un congreso de Europa en Roma. Luego Hitler y todos sus portavoces hicieron frecuentes referencias a Europa durante su época de dominación terrorista, incluso antes de la guerra. Hay varias compilaciones, entre ellas un libro profusamente ilustrado, titulado simplemente Europa, cuya introducción escribió Ribbentrop. En 1937, por ejemplo, declaró en el mitin del partido nazi en Nuremberg que quizá estemos más interesados en Europa de lo que otros países necesitan estarlo. Nuestro país, nuestro pueblo, nuestra cultura y nuestra economía han surgido de condiciones europeas generales. En consecuencia, debemos ser enemigos de cualquier intento de introducir elementos de discordia y destrucción en esta familia europea de pueblos.

Poco después, en 1938, Rudolf Hess organizó una presentación en el Congreso del partido Nazi, llamada La lucha por el destino de Europa en el Este, que explicaba por qué la colonización alemana de Rusia llevaría la civilización europea a los bárbaros eslavos.

En 1940 Joseph Goebbels dijo: Estoy convencido de que dentro de cincuenta años la gente ya no pensará en términos de países. El jefe nazi de propaganda creía que el federalismo alemán podía ser un modelo para Europa porque la absorción de los estados alemanes por parte del imperio alemán había funcionado. Así los estados europeos se podían integrar armónicamente sin atentar contra su identidad: Si nosotros, con nuestra perspectiva de la Gran Alemania, no tenemos interés en atentar contra las peculiaridades económicas, culturales o sociales de, por ejemplo, los bávaros y los sajones, tampoco tenemos interés en atentar contra la individualidad económica, social o cultural de, por ejemplo, el pueblo checo.

Los lacayos europeos de los nazis también aceptaban que Alemania era un modelo: Vidkun Quisling declaró que la Confederación Alemana podía servir como modelo para la cooperación con otros estados europeos. Goebbels aseguraba que nunca hemos tenido la intención de imponer por la fuerza este nuevo orden o reorganización de Europa. De ningún modo debéis pensar que cuando los alemanes traemos un nuevo orden a Europa lo hacemos con el propósito de sofocar a otros pueblos. Se explayaba sobre el carácter realista de la integración europea: A mi juicio la concepción que una nación tiene respecto de su propia libertad se debe armonizar con los hechos actuales y las simples cuestiones de eficiencia y propósito. Así como ningún miembro de una familia tiene derecho a turbar la paz por motivos egoístas, no se puede permitir que ninguna nación europea se interponga en el camino de un proceso general de organización. En el mismo tono, un funcionario del ministerio nazi de Empleo declaró que Alemania podía afirmar que no estaba luchando por sí misma, sino por Europa. Una versión del proyecto nazi de Confederación Europea sostenía que el papel de Alemania en Europa consistía en reconciliar los intereses particulares de los estados europeos con los intereses de Europa en su conjunto. A esta aspiración se sumaba la opinión de que los intereses y necesidades de Alemania están esencial e inseparablemente ligados con los de Europa.

Con frecuencia los nazis enfatizaban que los estados debían unirse voluntariamente a la nueva Europa. Liderazgo no significa dominación sino protección externa y responsabilidad interna, era su consigna. Hitler y Mussolini no querían sometimiento sino cooperación sincera: Todos los pueblos europeos que se han probado históricamente son bienvenidos como miembros de la nueva Europa. Su desarrollo nacional y cultural en libertad e independencia está garantizado. Cínicamente alegaban que los ejemplos de Finlandia, Hungría, Bulgaria, Rumanía, Croacia y Eslovaquia, países militarmente ocupados todos ellos, demostraban que no había intención de intervenir en los asuntos internos de otros estados: Nuestro único requerimiento es que los estados europeos sean miembros sinceros y entusiastas de Europa. Los imperialistas alemanes creyeron encontrar, por fin, un nuevo modo de dirigir Europa sin dominarlaLa idea del liderazgo, que será el concepto dominante de la nueva vida internacional de Europa, es la negación de los métodos imperialistas de una época pasada: significa reconocimiento de la confiada cooperación de estados menores e independientes para abordar las nuevas tareas comunales.

De la misma manera, Arthur Seyss-Inquart escribió que nadie deseaba ver una Europa dominada por Alemania: Nuestro único deseo es que surja una Europa que sea realmente europea y consciente de su misión europea. Después de la invasión de la Unión Soviética, Signal, un periódico de circulación masiva en los tiempos gloriosos del III Reich, señaló también que no habría una Europa alemana: En realidad los soldados del Reich no solo defienden la causa de su patria sino que protegen cada nación europea digna de ese nombre. El problema estaba en quienes no eran dignos de ese nombre…

Una constante en la estrategia imperialista nazi consistía en hablar de sus socios y vecinos y pregonar la idea de que la búsqueda común de intereses compartidos había reemplazado a la rivalidad y la competencia capitalistas. Los hitlerianos también fueron pioneros de la globalización y dedicaron mucha atención a asuntos como el sentido europeo de comunidad. Anton Reithinger, gerente del monopolio I. G. Farben, en la conferencia de la Comunidad Económica Europea de 1942, habló del equilibrio entre los diversos intereses de los socios del espacio económico europeo, por una parte, y los intereses comunes de todos los pueblos europeos, por la otra: Para poner estos intereses en práctica se requiere […] una creencia en la idea europea y en la misión europea de Alemania.

Los arquitectos de la Nueva Europa

Pero las múltiples declaraciones nazis que se puedan aportar son muy poco comparadas con los planes concretos que dibujaron para la integración económica y política de Europa. No hablamos de que se parezcan a las que luego se pusieron en práctica tras la guerra; lo que estamos diciendo exactamente es que son las mismas, es decir, que la Unión Europea fue diseñada por los nazis.

Los planes nazis de integración europea eran tanto políticos como económicos. Como dijo Heinrich Hunke, se reconoce la necesidad de un orden político para la cooperación económica de los pueblos. Desde mediados de 1941 Goebbels comenzó a intervenir más en la cuestión europea y le dedicó numerosos discursos, mitines y artículos periodísticos. Llenó las páginas de su semanario Das Reich con consignas europeístas: La nueva EuropaEl nuevo orden europeoel Lebensraum de Europa o La visión de una nueva Europa. Entretanto, Ribbentrop señalaba que la lucha contra el bolchevismo, que unía a muchos pueblos del este de Europa, evidenciaba una creciente unidad moral de Europa dentro del Nuevo Orden que nuestros grandes líderes han proclamado y preparado para el futuro de las naciones civilizadas. Aquí se encuentra el sentido profundo de la guerra contra el bolchevismo. Es signo de la regeneración espiritual de Europa.

Dentro del Ministerio del Exterior, ese interés culminó con la creación de un comité de Europa en el otoño de 1942. Integraban el comité funcionarios del Ministerio del Exterior y expertos del Instituto para el Estudio de Países Extranjeros. Las luminarias eran Alfred Six, director del Instituto de Asuntos Exteriores -que organizó en 1941 una conferencia llamada La nueva Europa, para 303 estudiantes de 38 países- y Werner Daitz.

En marzo de 1943, se habían trazado planes muy avanzados para una confederación europea. Esos planes adoptaron la forma de constituciones y tratados que delineaban las competencias y la estructura de la futura confederación. El 21 de marzo de 1943 Ribbentrop escribió una nota que comienza así: Soy de la opinión de que, como ya le he propuesto al Führer en mis actas anteriores, deberíamos proclamar cuanto antes, en cuanto hayamos alcanzado un éxito militar significativo, la Confederación Europea en forma muy específica. Lo único que paralizó a los nazis en la proclamación oficial de su Confederación Europea fue que el éxito militar significativo que Ribbentrop esperaba no se produjo y las hordas hitlerianas fueron aplastadas en Stalingrado.

El plan de Ribbentrop proponía invitar a los jefes de los estados en cuestión (Alemania, Italia, Francia, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Eslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Croacia, Serbia, Grecia y España) para firmar el instrumento que daría existencia a la Confederación. Junto al memorándum había un borrador que hablaba del destino común de los pueblos europeos y del objetivo de garantizar que nunca estallen guerras entre ellos. También preveía la abolición de barreras aduaneras entre los estados participantes.

En junio de 1943, un funcionario presentó los elementos básicos de un plan para la nueva Europa a un miembro del Comité de Europa. En medio de los habituales mentiras merca del anhelo de paz de las naciones, la sección titulada La organización económica de Europa anticipaba un comercio basado en el principio de la preferencia europea frente a los países no europeos, con el objetivo de llegar a una unión aduanera europea, un centro de clearingeuropeo y tipos de cambio estables en Europa, con miras a una unión monetaria europea; y la armonización de las condiciones laborales, lo que parece querer decir que todos los trabajadores europeos deberían ingresar en campos de concentración. El proyecto también anticipaba conferencias en cada especialidad (trabajo, agricultura y demás) para decidir las políticas aplicables a toda la Confederación.

Este documento fue seguido en agosto de 1943 por una Nota sobre la fundación de una Confederación Europea en la que Renthe-Fink escribió:

En la tremenda lucha por el futuro de Europa, los alemanes somos campeones de un nuevo y mejor orden donde todos los pueblos europeos hallarán un lugar legítimo y digno. Hasta ahora hemos evitado hacer una propuesta concreta en lo concerniente a la cuestión europea […] Si ahora presentáramos la idea de una solución confederada, basada en la libre cooperación entre naciones independientes, ella consolidaría la confianza de los pueblos europeos en nuestra política y aumentaría su voluntad de seguir nuestra guía y trabajar por nuestra victoria.

Aunque los principios encarnados en el acto constitutivo de la Confederación Europea anexos al memorándum especificaban que la Confederación era una comunidad de estados soberanos que se garantizaban mutuamente la libertad y la independencia, está claro que, bajo la batuta hitleriana, laconfederación ejercería un control casi total sobre los asuntos internos de sus estados miembros: La economía europea será planificada conjuntamente por los estados miembros según sus intereses comunes y nacionales, decía el documento. El objetivo era incrementar la prosperidad material, la justicia social y la seguridad social en los estados individuales, y desarrollar los recursos materiales y laborales de Europa […] para proteger la economía europea de las crisis y las amenazas económicas externas. Sugería que las barreras aduaneras que impiden aumentar el comercio entre los miembros de la Confederación se eliminarán gradualmente y que el sistema intraeuropeo de comunicaciones por ferrocarril, autopistas y vías fluviales y aéreas se desarrollará de acuerdo con un plan unificado.

El plan europeo de integración de Renthe-Fink preveía la necesidad de un Consejo Económico compuesto por representantes de los estados miembros, el cual se dividiría en comités destinados al comercio, la industria y la navegación, los asuntos de economía y moneda, las cuestiones laborales y sociales, la alimentación, la agricultura y los bosques. El documento repetía los objetivos definitivos de la Confederación:

La solución de los problemas económicos, con miras a la inmunidad frente a un bloqueo; la regulación del comercio sobre la base de la preferencia por Europa frente al resto del mundo, con miras a una unión aduanera europea y un mercado libre europeo; un sistema central de clearing europeo y tasas de cambio estables en Europa, con miras a una unión monetaria europea. Los objetivos incluirían la estandarización y mejoramiento de las condiciones de empleo y seguridad social, así como la planificación de largo plazo de la producción industrial, agropecuaria y forestal.

Como vemos, la producción agropecuaria ocupaba un ligar prominente en los documentos nazis sobre Europa. Era preciso que la agricultura europea fuera autosuficiente.

Los documentos nazis también manifestaban que la integración de Europa era inevitable a causa del desarrollo tecnológico. Solían sostener que la fragmentación de los recursos económicos de Europa era un grave obstáculo para la prosperidad y el progreso social de los diversos países. Se requería coordinación y planificación económica: Con el objeto de alentar el comercio mutuo y crear un gran mercado europeo, se eliminarán progresivamente las aduanas y otras barreras entre los países.

Otro proyecto nazi es lo que cincuenta años después los europeístas llamaron redes transeuropeas, una avanzadilla de la modernidad actual. Según Renthe-Fink, la experiencia ha mostrado que el actual sistema de comunicaciones de Europa es inadecuado para el aumento de la demanda. La red interna de ferrocarriles, carreteras y líneas aéreas se desarrollará de acuerdo con un plan común. También el ministro vichysta Jacques Benoist-Méchin, lamentaba la centralización del sistema de transporte francés, como si París fuera el único centro del mundo, y exigía nuevas arterias que se conectaran con las carreteras alemanas e italianas para dar a la infraestructura de transporte de Francia un carácter genuinamente europeo. Un orador de la conferencia sobre la Comunidad Económica Europea proclamó que el futuro pertenece al transporte motorizado.

Las sorpresas de los adelantos nazis no tienen fin. Otro ejemplo es el Tratado Europeo contra el terrorismo de 1977, que está literalmente extraído del Pacto entre Hitler y Mussolini, el llamado Pacto Antikomintern, el acuerdo contra los comunistas. Por eso cuando Rumanía se incorporó en enero de este año a la Unión Europea, emitió una declaración contra el comunismo y, al mismo tiempo, rehabilitó con todos los honores la figura de Antonescu, la versión local de Hitler, Mussolini y Franco.

Europa es justamente eso y nada más que eso. Pero por si alguien tiene dudas, seguiremos informando…

Una vez más sobre Pablo Iglesias

Una vez más ha llamado nuestra atención un peculiar personaje que
desde hace tiempo anda confundiendo a la juventud revolucionaria con sus ideas
reformistas y claudicantes, junto a la camarilla que lo acompaña y laurea.

Se trata nada más y nada menos que de Pablo Iglesias
Turrión, quien, tras verter mierda sobre los presos del PCE(r) y GRAPO, con cuya
lucha muchos nos sentimos identificados, nos ha ilustrado hace poco con un
curioso artículo. Nos parecía que este individuo ya había sido lo
suficientemente rebatido por otras personas (véase las declaraciones públicas
al respecto de Pablo Hasel o este otro artículo [http://rsamadrid.wordpress.com/2012/09/12/contra-el-revisionismo-tuerkista-y-en-defensa-de-lxs-presos-del-pcer-y-grapo-dos-feminas-que-se-solidarizan/
]), pero ha dado una nueva vuelta de tuerka
y otra vez se ha pasado de rosca.


Hace unos días, como todos los buenos comunistas saben, hemos
celebrado la muerte de Santiago Carrillo, quien fue un traidor al
marxismo-leninismo y un lacayo de la oligarquía financiera al dirigir la
destrucción del PCE y la conciliación de clases, no importándole así pactar con
los fascistas y entregar a comunistas a los mastines de la burguesía. No en
vano todos los medios de propaganda al servicio del gran capital han
engrandecido su figura. Y a ellos se les ha sumado este individuo, Pablo
Iglesias, que, apoyado por sectores del PCE e individuos tan defensores de la
revolución socialista como Nega, y creyéndose de algún modo “de izquierdas” y
“anticapitalista”, ha engrandecido la figura del dirigente revisionista del PCE.


En dicho artículo [que se puede leer aquí: http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/98/el-ultimo-secretario-general/],
comienza contándonos la situación en la que se hallaba al recibir la noticia.
Este señor dice que la noticia le “había sorprendido en una reunión de
comunistas”, para afirmar acto seguido que quien tomaba la palabra en el
momento en que supieron la noticia fue “la candidata de la Syriza galega”. Está
claro que: o es un despiste o la coherencia no es un don que el señor Iglesias
sepa plasmar en sus escritos.

A continuación, nos asegura que los asistentes a la reunión
no guardaban mucha simpatía por Santiago Carrillo, pero que, tras recibir la
noticia, sí que le guardaron respeto, respeto que el autor del artículo hace
suyo cuando afirma que Carrillo “fue siempre merecedor […] de respeto”. De esto
ya no hay duda: el señor Iglesias ha declarado contundentemente que Carrillo
merece su respeto. El mismo respeto que hoy día le brinda toda la prensa
fascista controlada por los grandes monopolios ¡Enhorabuena! Esa declaración es
muy “alternativa” a las del resto de la prensa, de la que el articulista se
suele mofar asegurando que su programa de tertulianos es el más variado, plural
y de izquierdas de todo el Estado.

Ese respeto que hoy Pablo Iglesias profesa hacia Santiago
Carrillo será justo el sentimiento contrario al que tendrán las masas obreras
cuando hayan derrocado al Estado monarco-fascista y se hayan hecho con el
poder. El señor Iglesias sabrá entonces que los “experimentos” que ayer
realizan y hoy siguen realizando los militantes del PCE(r) y GRAPO se habrá
tornado en verdad a través de la práctica revolucionaria y de la actuación
consciente de la vanguardia del proletariado en conjunción con las masas
alzadas en armas.

Pero, al margen de la ciencia del materialismo histórico que
puede ser tachada de futurología por
algunos… ¿Qué respeto nos puede merecer aquel hombre que, junto a su camarilla,
se dedicó a traicionar a los comunistas, entregarlos, maniatarlos, asesinarlos,
etc.? ¿Qué respeto nos puede merecer ese hombre que, cuando los obreros paraban
las fábricas y luchaban resueltamente en la calle contra la policía, andaba de
trapicheos con los fascistas? ¿Qué respeto nos puede merecer este personaje,
que vomitaba cosas como que “los del GRAPO son de extrema derecha”? ¿Qué
respeto nos puede  merecer el que firmó
los pactos de silencio a cambio de una poltrona, el mismo que se tomaba
plácidamente cigarros con Fraga?


Señor Iglesias, usted respeta a este tipo. Bien, es su opinión
y su posicionamiento. Pero no intente hacer pasar su posición por una “de
izquierdas” o incluso “anticapitalista”. En la lucha de clases, hay dos bandos:
el de la revolución y el de la contrarrevolución. Y al parecer no estamos
en el mismo. Nosotros, los marxistas-leninistas, odiamos y rechazamos
categóricamente a Carrillo por razones antes mencionadas y por otras muchas más
que darían para comentarlas en treinta programas de los suyos.

¡Pero oigan! ¡Esto no es todo! ¡Queda lo mejor! El señor
Iglesias, aunque si bien “no estaba de acuerdo con él en muchas cosas”,
confiesa que la entrevista que tuvo con él le “hizo admirarle (sic)”. El
respeto pronto se torna en admiración y el señor anticapitalista y de
izquierdas se postra de rodillas ante la figura del gran “secretario general” (¡socialfascista!)
y le confiesa que “nadie estuvo a su nivel”. No obstante, todo esto lo dice no
sin afirmar antes que, en su caso, “tiene su mérito admirar a Carrillo”, “arguyendo”
para ello su militancia y que su padre fue militante del FRAP. No creo que haga
falta rebatir tan magnífico argumento como puede ser el del ejemplo de su
padre, pero desde luego el hecho de que nombre su militancia, que supuestamente
debe ser antagónica a Carrillo, me ha hecho soltar alguna que otra carcajada ¿Este
señor considera militancia el socialismo de cátedra? Es cierto que, como decía
aquel genio alemán tan olvidado entre estos personajillos “de izquierdas”, la
historia se repite: “una vez como tragedia y otra vez, como farsa”. Huelga
decir que la farsa es el triste teatro que nos ofrece Pablo Iglesias. Ahora
andamos empeñados en volver al socialismo de cátedra, al pre-marxismo…

“Nunca fue un mediocre”, aunque “pudo tener muchos defectos y
es seguro que fue responsable de decisiones innobles contra otros comunistas”.
Aun reconociendo parte de sus “hazañas”, tiene la desvergüenza de admirarlo. En
fin, dejemos que estos auténticos revolucionarios admiren a quienes entregan
revolucionarios.

Acaba diciendo que “nadie ejerció con tanta altura la
dignidad de ser Secretario General” y que “a pesar de todo, Santiago era uno de
los nuestros”. Al final ha terminado haciendo de Carrillo su imagen y semejanza
ideológica, un “camarada” con el que intercambiar cigarrillos hablando de lucha
de clases y al mismo tiempo de reconciliación nacional. Suena chistoso, a la
vez que vomitivo. Se olvida de quienes se templan cada día al calor de la lucha
de clases en su militancia abnegada, de quienes han pasado a la
clandestinidad o de quienes están entre rejas.

El título del artículo, “El último secretario general”, a
muchos nos recordará a quienes quieren poner punto y final a la historia, pero
no dejaremos esta tesis como nuestra, no vaya a ser que nos tachen de “dogmáticos
sectarios”… Para nosotros, las “Arenas” han borrado a los “Carrillos” del mapa
desde hace tiempo en la práctica revolucionaria diaria.

¡Que la rueda de la historia siga y no pare!

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