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Hitler copió el modelo racista de Estados Unidos

La legislación racista de Estados Unidos inspiró al III Reich. En su obra “El modelo americano de Hitler” el profesor de la Universidad de Yale, James Whitman, ha estudiado el impacto americano sobre las Leyes de Nuremberg, la pieza central de la legislación racista aprobada por los nazis.

En los primeros años de la década de 1930, las Leyes de Nuremberg fueron aprobadas por los nazis inspirados por la legislación racial estadounidense. El propio Hitler, en su Mein Kampf, escrito en 1925, describe a Estados Unidos como el único estado que había avanzado hacia la creación de “una sociedad racista sana”.

Los nazis estaban fascinados por la conquista del oeste y el exterminio sistemático de millones de indígenas. Después de tomar el poder en 1933 copiaron el modelo estadounidense porque admiraban la supremacía blanca que se había impuesto al otro lado del Atlántico.

En Estados Unidos el racismo no era cosa de unos exaltados con sábanas y cruces ardiendo, sino un elemento institucionalizado y regulado. A principios del siglo XX, era el país más “avanzado” (atrasado) en cuanto a legislación racista, y no solo en los estados del sur, sino también a escala federal. Su ley de inmigración se basaba en la raza y era aplaudida por los racistas de todo el mundo.

Los nazis, los de entonces y los de ahora, están obsesionados con los peligros de la inmigración y Estados Unidos era un país único por la dureza de sus leyes de segregación racial, que no sólo prohibían matrimonios entre razas, sio que amenazaban a las parejas de raza mixta con castigos criminales severos. Los juristas nazis estudiaron los estatutos de estados desde Virginia a Montana, que tenían formas de ciudadanía de segunda clase para grupos minoritarios -como chinos, japoneses, filipinos, puertorriqueños y nativos americanos- de gran interés para los nazis cuando se propusieron crear sus propias formas de ciudadanía de segunda para algunos alemanes.

El 5 de junio de 1934, un año y medio después de que Hitler se convirtiera en canciller, los principales juristas de la Alemania nazi se reunieron para redactar las Leyes de Nuremberg. Se hizo una transcripción literal por taquígrafo, como un registro del momento crucial en la creación de su nuevo régimen racial. Esa transcripción revela que hubo discusiones sobre las leyes racistas vigentes en Estados Unidos.

El ministro de Justicia presentó un memorándum sobre ellas que fue un documento recurrente en las discusiones de la sesión. Entre otras cosas, se debatió si debían importar la segregación de las leyes Jim Crow al III Reich.

Se repasaron los estatutos de los 30 estados que criminalizaban los matrimonios mixtos. Revisaron cómo determinaban quién entraba en la definición de “negro” o “mongol” para considerar esas técnicas, darle su propio enfoque y establecer a quién podía considerarse como inferior.

https://www.gonzoo.com/actualidad/story/como-hitler-modelo-la-alemania-nazi-segun-las-leyes-raciales-americanas-5498/
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La Revolución Socialista de 1917 en Rusia cambió el mundo para siempre

El aliento de la Revolución Rusa de hace un siglo todavía mantiene su acalorada temperatura emocional cien años después. La temporada está repleta de exposiciones, recolecciones de memorias, publicaciones y eventos que recuerdan el centenario de uno de los momentos más trascendentes de la historia: la primera toma del poder político, económico y social protagonizada por obreros, campesinos y soldados.

El colapso de la dinastía despótica de los zares, que reinaba sobre un país inmenso, empobrecido, hambriento y gestionado según un modelo medieval de siervos y señores feudales, cruzó la Tierra como un terremoto y trajo, con el triunfo sobre el absolutismo, la extensión del socialismo como esperanza para los desheredados del mundo. La Biblioteca Británica se suma ahora a las conmemoraciones con la exposición “Russian Revolution: Hope, Tragedy, Myths” (La Revolución Rusa: esperanza, tragedia, mitos).

Definida por la institución —tras la del Congreso de Estados Unidos, la segunda biblioteca del mundo en tamaño, con 150 millones de objetos a los que se añaden seis millones más cada año— como la “exposición definitiva” sobre la revolución triunfal de los soviets, la muestra abarca un arco temporal que va del reinado del último zar, Nicolás II, hasta la muerte, en 1924, del dirigente bolchevique, Lenin.

En cartel hasta el 29 de agosto, la muestra promete a los visitantes la posibilidad de convertirse en testigos de un mundo interrumpido, conmocionado y cambiado para siempre” mediante el análisis y la contemplación de material gráfico, fotos, cine, grabaciones sonoras, publicaciones y propaganda, así como artículos raramente vistos.

Destacan una primera edición del Manifiesto Comunista, escrito por Marx y Engels y editado por primera vez precisamente en Londres en 1848, hasta una orden policial de Scotland Yard de 1922 prohibiendo a la biblioteca el préstamo o consulta de propaganda revolucionaria, que el gobierno británico consideraba “incendiario y demasiado peligroso” para la estabilidad política del país. También se exhibe material antibolchevique, muy poco difundido.

Los organizadores desean ofrecer la oportunidad de “entender las historias personales menos conocidas detrás de los eventos que cambiaron el mundo”, uniendo lo político con lo personal, resaltando el elenco de los grandes protagonistas de la Revolución y a la “gente común que vivió aquellos tiempos extraordinarios”.

La exposición contará la historia a través de carteles, cartas, fotografías, pancartas, armas, grabaciones y películas. El material es tan variado que va desde desde un álbum de souvenirs de lujo de la coronación del zar hasta la propaganda pintada a mano por los obreros de las fábricas.

Destacan también prendas de los uniformes del Ejército Rojo y una solicitud escrita de puño y letra por Lenin en abril de 1902 solicitando ser lector de la biblioteca del Museo Británico. Aparece firmada con el seudónimo Jacob Richter, que usaba para evadir la persecución ser lector de la biblioteca del Museo Británico. Aparece firmada con el seudónimo Jacob Richter, que usaba para evadir la persecución internacional de la policía zarista.

“Es imposible entender el mundo de hoy sin una comprensión de la Revolución Rusa”, dice la coordinadora de la muestra, Katya Rogatchevskaia. “Además de dar una visión general de acontecimientos trascendentales, desde los últimos días del Imperio Ruso y la caída del último zar, Nicolás II, hasta el surgimiento del primer estado socialista bajo la dirección de Lenin, también nos centraremos en las vidas de la gente común utilizando cartas, diarios y fotografías”.

http://www.20minutos.es/noticia/3033171/0/biblioteca-britanica-exposicion-centenario-revolucion-sovietica/
 
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Enaltecimiento de un ‘terrorista’: Francesc Ferrer i Guardia

Francesc Ferrer i Guardia (1859-1909)
El pedagogo catalán Francesc Ferrer i Guardia es uno de los más grandes personajes que ha conocido la historia de Catalunya (y de España). Si hubiera nacido un siglo después estaría en la cárcel, condenado por la Audiencia Nacional. Pero en aquellos tiempos todo era más sencillo: consejo de guerra y fusilamiento. Era lo que hoy la prensa calificaría como “un terrorista”.

Fue el fundador en 1901 de una nueva escuela de pedagogía, la “Escuela Moderna”, por dos veces le acusaron de intentar ejecutar al rey Alfonso XIII en 1906 y 1906 y tres años después de participar en el levantamiento de Barcelona, que ha pasado a la historia como “La Semana Trágica”.

La lucha política también es pedagogía y desde joven Ferrer i Guardia participó en el intento de golpe militar republicano del general Villacampa de septiembre de 1886, a causa de lo cual tuvo que huir al exilio, a París, donde permaneció hasta 1901.

Al regresar a España fundó la Escuela Moderna. Uno de sus mejores discípulos y amigo fue otro “terrorista” Mateo Morral, que trabajó como bibliotecario y traductor en la Escuela Moderna.


Sin ninguna clase de pruebas, algunos historiadores acusan a ambos, Ferrer i Guardia y Matero Morral, de participar en mayo de 1905 en un atentado fallido en la capital francesa contra Alfonso XIII, cuando volvía de la ópera en compañía del Presidente de la República.

Pero ninguno de los dos fue detenido. En el juicio los acusados afirmaron que el gobierno español había montado una provocación, para forzar a Francia a perseguir a los anarquistas españoles exiliados en París.

Lo que son los tiempos: en aquella época ante el tribunal de París desfilaron numerosos hombres ilustres, políticos y escritores para solidarizarse con “el terrorismo” y justificar el atentado contra el rey.

Uno de ellos,  Lerroux, le explicó al jurado francés que la policía española era “la heredera de la Inquisición”.
Al declarar inocentes acusados, la sala “estalló en aplausos”, dicen las crónicas de entonces.

Dos años después, en la calle Mayor de Madrid, Mateo Morral repitió el intento de ejecución de Alfonso XIII con una bomba de fabricación casera. Esta vez Ferrer i Guardia se tuvo que sentar en el banquillo acusado de ser el inductor. El juicio se inició en junio de 1907 y, través del periódico republicano “España Nueva”, Lerroux volvió a lanzar una campaña de solidaridad a favor de Ferrer i Guardia.

Como aquello aún no era la Audiencia Nacional, la acusación no logró su objetivo y, a pesar de que a Ferrer i Guardia no le importó reconocerse culpable, dando muestras de su coraje, fue absuelto.

Entre 1901 y 1903 el pedagogo colaboró en el periódico “La Huelga General”, que había fundado y subvencionado. Entre 1901 y 1903 escribió una serie de editoriales para el periódico bajo el seudónimo “Cero”, algunos de ellos en colaboración con el anarquista Anselmo Lorenzo. Apoyaba la huelga general de los trabajadores como instrumento de lucha revolucionaria y reconocía abiertamente que “habría “sangre… sí, mucha en cualquier huelga de esas características”. Fue premonitorio de lo que iba a ocurrir: la sangre derramada sería la de los trabajadores, incluida la suya propia.

Además de periódicos, Ferrer i Guardia financió a sindicatos de trabajadores, como Solidaridad Obrera y se solidarizó con numerosas luchas de aquella época.

La Semana Trágica comenzó en Barcelona en 1909 como una huelga general y derivó en una insurrección sangrienta, una explosión de violencia revolucionaria que se cobró más de un centenar de vidas, tranvías incendiados, corte de líneas de telégrafo, daños en el sistema de alumbrado público, en los ferrocarriles…

El juicio contra Ferrer i Guardia por su implicación en la Semana Trágica le condenó como “jefe principal de la rebelión”. En eso no cambiaban mucho las cosas con respecto a lo que ocurre ahora en los juicios políticos: cuando no hay pruebas de nada es porque eres el jefe de todo. Si algo quedó claro en el consejo de guerra es que en, efecto, no había ninguna clase de pruebas. Un siglo después sigue sin haberlas, ni falta que hace porque el pedagogo catalán era el chivo expiatorio que necesitaba el gobierno para dar un escarmiento a los trabajadores de Barcelona.

Así son los juicios políticos. Incluso el fundador del PSOE, Pablo Iglesias, llegó a confesar entonces en el Parlamento que ellos también se consideraban terroristas. En España todos los que han luchado por cambiar las cosas han sido considerados así siempre: terroristas.

A raíz de su detención, se levantó en toda Europa un clamor enorme que pedía su libertad, una formidable campaña internacional de solidaridad. Ferrer era “el educador de España”, “el nuevo Galileo”, víctima de “la Inquisición” y la “España negra”.

Pero la solidaridad no fue suficiente esta vez para frenar su fusilamiento cobarde.

De Ferrer i Guardia queda su memoria inolvidable, sus escritos y su obra pedagógica. Durante su primera detención, escribió en 1906 desde la cárcel: “La Escuela Moderna pretende combatir cuantos prejuicios dificulten la emancipación total del individuo, y para ello adopta el racionalismo humanitario, que consiste en inculcar a la infancia el afán de conocer el origen de todas las injusticias sociales para que, con su conocimiento, puedan luego combatirlas y oponerse a ellas. El estudio de cuanto sea favorable a la libertad del individuo y a la armonía de la colectividad, mediante un régimen de paz, de amor y bienestar para todos sin distinción de clases ni de sexos”.

El pedagogo introdujo en España el racionalismo educativo, uno de los experimentos más interesantes de la historia contemporánea, que tuvo una enorme influencia en toda Europa. En sus aulas no se impartían enseñanzas religiosas y sí científicas y humanistas, se fomentaba la no competitividad, el pensamiento libre e individual, el excursionismo al campo, y el desarrollo integral de la infancia.

Según Ferrer Guardia, la educación no puede ser dogmática ni basada en dogmas ni prejuicios, y debía aceptar los métodos de la ciencia, desterrando todo lo que no se puede demostrar por el método científico. La libertad era considerada un valor fundamental, se procuraba la igualdad de todos, niños y niñas, que ese educaban juntos, se rechazaba el espíritu competitivo y por lo tanto toda imposición, exámenes, premios y castigos.

Entre sus contenidos, se declaraba prioritaria la educación del conocimiento, los afectos y la sexualidad, la experimentación y la observación de la naturaleza, la solidaridad, la ayuda mutua y la crítica de las injusticias. Su educación se basaba en la evolución de los niños, y se hacia de forma individualizada.

La Escuela Moderna generó enseguida la reacción de la Iglesia Católica, pues ponía en entredicho sus postulados dogmáticos, sus métodos y el poder económico de los centros educativos de la Iglesia. No cejaron hasta destruir a su fundador y cerrar la Escuela Moderna. Durante todo el primer tercio del siglo XX, decenas de escuelas, ateneos y universidades populares de toda Europa seguirían los planteamientos de la Escuela Moderna.

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‘Le cortaron los testículos, se los metieron en la boca, le cortaron la lengua y le quitaron los ojos’

La muerte atroz de un maestro republicano
Un vil crimen, cometido por falangistas en una aldea de Lugo, convirtió a Arximiro Rico en un mártir de la educación pública. Hombre ilustrado, encarnó el progreso en el rural gallego, sometido al poder de curas y caciques, quienes apagaron su luz.

Llamaron a la puerta de la casa y su madre, la noche ya encima, le rogó que no abriese la puerta. Se lo llevaron. De camino a la sierra de la Ferradura, los falangistas pararon en una taberna a abrevar y a él, mientras, lo amarraron a una argolla. Monte arriba, cabalgaron sobre su lomo. Al llegar a la cima, “le cortaron los testículos, se los metieron en la boca, le cortaron la lengua y le quitaron los ojos… Y todo eso vivo, claro”. Luego lo molieron a palos y abrieron fuego. “Eran tiros de escopeta, porque la cabeza estaba desfigurada”. Muerte de un maestro. Primero de septiembre de 1937.

“Es Arximiro, criatura única y ser colectivo, nombre gentilicio de todos los maestros escarnecidos y asesinados por la réplica fascista de Atila, que martirizó a la Galiza republicana entera”, escribe Xosé Manuel Beiras en uno de los prólogos de Maestros de la República, de María Antonia Iglesias. La periodista alumbró esta antología de mártires de la enseñanza, santos laicos a los que ningún cura rezó, tras descubrir el trágico fin de un hombre hecho a sí mismo y deshecho por otros. Lo leyó en Arximiro Rico, luz dos humildes, escrito a dos manos por Narciso de Gabriel y Xosé Manuel Sarille, quienes rescataron su figura del silencio.

“Escuché hablar de él desde pequeño, así como de su horrible muerte. Cuando iba a casa de mis padrinos, que vivían en Pol, por las noches contaban historias. Una versaba sobre una buena persona que no le había hecho nada malo a nadie. Mi padrino lamentaba aquel asesinato y se sorprendía por la carnicería. La narración fue tan contundente que siempre ha permanecido en mi memoria”, explica De Gabriel, decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de A Coruña. La descripción del macabro ritual se la escuchó a Manuel Sarille, socialista represaliado y padre de Xosé Manuel, quien dedicó su vida a investigar el terror sembrado en Montecubeiro durante la Guerra Civil.

Aunque nada podría explicar el ensañamiento, la parroquia de Castroverde fue escenario de un luctuoso suceso que contextualiza el crimen. Un año después del golpe de 1936, dos guardias civiles a la caza de varios fugados fallecen en un tiroteo, lo que desata una feroz represión en este municipio del interior de Lugo. Una lista pone en el punto de mira a 65 inocentes, de los cuales quince son asesinados. Arximiro Rico da clases en una aldea de Baleira, un ayuntamiento vecino, si bien frecuenta la zona y tiene amistades con republicanos del lugar. Su
cadáver fue abandonado en el límite entre ambos municipios. “Lo dejaron tirado en el monte para extender la sensación de terror”, explica Sarille, profesor de Historia jubilado.

Era un maestro ilustrado de origen humilde, aunque también un hombre que echaba una mano a sus vecinos: curaba a personas y animales, daba consejos sobre cultivos y repoblaciones forestales, enseñaba las cuatro reglas a niños y formaba a escolantes… “Pasaba por rojo, pero era un republicano centrista seguidor de Manuel Portela Valladares, quien estaba a la derecha de la Izquierda Republicana de Azaña”, matiza Sarille. Tampoco era un ateo, sino un creyente que había desterrado el crucifijo del aula. No daba clases de religión, mas regalaba catecismos a sus pupilos para que los leyesen en sus casas.

Sin embargo, Arximiro encarnaba el progreso. “Hizo un labor sociocultural que trascendía los muros de la propia escuela: creó un coro, un grupo de teatro, una biblioteca circulante… Elementos importantes para un lugar como aquel, muy aislado de los núcleos grandes de población”, afirma Narciso de Gabriel, quien lo describe como “el maestro total”. De hecho, cuando le llegó la muerte, estudiaba Medicina, al tiempo que daba clases mañana, tarde y noche, pues preparaba a bachilleres y a maestros por libre. “Mataron, pues, la esperanza de un futuro mejor para la gente del común”.

¿Por qué lincharon a un hombre bueno? Quizás la respuesta ya haya sido dada. “Ellos pretendían, además de vengarse de un enemigo político, matar esa antorcha de luz y cultura”, asegura el decano coruñés. Cuando dice ellos, se refiere a los poderes fácticos: el cura y, por extensión, el obispado de Lugo; los caciques, agazapados hasta que prendió la mecha de Franco; y los falangistas, una panda de analfabetos de la zona, quienes hicieron valer la fuerza sobre la razón. “Era evidente que la difusión de la cultura contribuía a erosionar esos liderazgos tradicionales”, le explicó De Gabriel a María Antonia Iglesias, quien también habló con su alumno Antón Arias: “Yo creo que si matan a mi padre no lo siento tanto…”.

José María Maravall, en el prólogo de Maestros de la República, señala que detrás del asesinato subyace una campaña sistemática para laminar la política educativa y cultural de Azaña. “Las razones de las ejecuciones eran erradicar el espíritu de la República encarnado en los maestros y en la educación; provocar un miedo generalizado. Esas razones fueron reforzadas por las venganzas”. Porque en la ejecución de Arximiro también hubo motivos personales: además de que los verdugos eran vecinos, y no esbirros llegados de otros lares, él había tenido roces con el cura de San Martín, cuyo hermano era un abogado falangista de tomo y lomo que llegó a ser alcalde de Lugo.

“El cura observa cómo en la escuela aparece un foco de luz que irradia sobre las gentes, funde las tinieblas, despierta las conciencias y hace desaparecer la ignorancia”, escribe Sarille. Arximiro, de algún modo, se convirtió en uno de los nuevos líderes locales que habían desplazado a los estamentos tradicionales. Sin embargo, “ante ellos tenían un clero ultramontano, una jerarquía que creía poseer la verdad absoluta y trataba, en consecuencia y naturalmente, de imponerla”. Así, fue expulsado de la escuela y sustituido por una maestra adepta al franquismo. Recurrió y la autoridad competente terminó dándole la razón, una humillación para sus detractores y un motivo más para llevárselo por delante.

Así, cuando llegó el comunicado oficial que le permitiría reincorporarse a su puesto, ya había sido asesinado. “En el rural gallego, durante la Segunda República había comenzado un proceso de sustitución de notables. Frente a caciques y sacerdotes, brotaron nuevas figuras, como los maestros. Desde ese momento, el enfrentamiento está dado porque él le segó al antiguo régimen la hierba bajo los pies. Y de ahí el odio”, analiza Sarille. “Cuando los liderazgos tradicionales y brutales tuvieron oportunidad de tomarse la revancha, no ahorraron en medios ni en formas”, concluye De Gabriel.

Arximiro, pese a que era consciente de que la guadaña falangista campaba por Montecubeiro, se confió y volvió a casa. O, lo que es lo mismo, a su escuela, aunque no llegó a poner un pie en ella. La última vez que su hermano Gumersindo lo vio, el maestro le dijo: “Me sentenciaron a muerte por haber enseñado a leer a una aldea”.

http://www.publico.es/politica/arximiro-rico-maestro-republicano.html
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101 soldados heroicos del Ejército Rojo fueron asesinados por los nazis en un campo de concentración holandés

Hoy los antifascistas holandeses honran la memoria de 101 prisioneros del Ejército Rojo asesinados por los nazis en un bosque de Amersfoort, cerca de Utrecht, en 1942. Son soldados desconocidos de origen uzbeko que dejaron sus hogares en Asia central para combatir al III Reich. La Wehrmacht los capturó en la batalla de Smolensk. Los llevó presos y vestidos de harapos a un campo de concentración en Holanda.

Cada primavera los antifascistas holandeses se reúnen y encienden velas para honrar su memoria en el mismo lugar en el que fueron acribillados por los nazis hace más de medio siglo.

Nadie recordaría a aquellos combatientes de no ser por el periodista holandés Remco Reiding que descubrió su historia hace 18 años cuando volvió a su país después de haber trabajado varios años en Rusia como corresponsal y escuchó de un amigo que había un cementerio de guerra soviético cerca de la zona. “Me sorprendió ya que nunca antes había escuchado de este cementerio”, dice Reiding. “Visité el lugar y comencé a buscar archivos y testigos”.


865 soldados soviéticos estaban enterrados allí y todos, con excepción de 101, habían sido llevados a ese lugar desde otras partes de los Países Bajos o de Alemania. Los 101 sin nombre habían muerto allí, en Amersfoort, un campo de concentración que estaba bajo el mando de Karl Peter Berg, quien fue ejecutado en 1949. Una inscripción en la tumba de los 101 dice “Soldado soviético desconocido” en ruso.

Los héroes del Ejército Rojo fueron capturados cerca de Smolensk en las primeras semanas después de la invasión alemana de la Unión Soviética y los nazis los transportaron a la Holanda ocupada por cuestiones de propaganda. “Eligieron meticulosamente a los que tenían aspecto asiático para exhibirlos ante los holandeses que se resistían a las ideas nazis”, cuenta Reiding.

“Los llamaron ‘untermenschen’ [personas inferiores] y contaron con que una vez que los holandeses vieran la apariencia de los soviéticos, querrían unirse a los alemanes”. El objetivo principal de los nazis era convencer a los holandeses comunistas, que habían sido detenidos en un campo de concentración en Amersfoort junto con los judíos locales, desde agosto de 1941.

Pero el plan no funcionó. Henk Broekhuizen, quien hoy tiene 91 años, es uno de los pocos testigos que quedan de lo ocurrido. Recuerda cuando era adolescente y vio llegar a los prisioneros soviéticos. “Cuando cierro los ojos veo sus caras”, dice. “Estaban envueltos en harapos, ni siquiera parecían soldados, solo podías ver sus caras”, recuerda.

“Los nazis los desfilaron por la calle principal, desde la estación de tren hasta el campo de concentración”, dice Broekhuizen. “Se los veía débiles y pequeños, sus pies estaban cubiertos en telas viejas. Algunos apenas podían caminar y eran ayudados por sus amigos”, rememora.

Algunos prisioneros pudieron establecer contacto visual con los locales y usaron gestos para indicar que tenían hambre. “Les llevamos un poco de agua y pan”, dice Broekhuizen. “Pero los nazis nos los sacaron de las manos y no nos dejaron ayudarlos”. Nunca más los volvió a ver y no oyó nada sobre lo que les ocurrió.

Pero Reiding logró hallar evidencias en los archivos holandeses. Una de las cosas que descubrió es que la mayoría de los soldados eran uzbekos. Los verdugos del campo de concentración no lo supieron, hasta que llegó un agente de la SS que hablaba ruso y los entrevistó. La mayoría era de Samarcanda, según Reiding. “Quizás había algún kazako, kirguís o baskir, pero la mayoría eran uzbekos”.

En 2015 Reiding compiló las confesiones de los guardianes del campo de concentración y los recuerdos de los prisioneros en el libro “Child of the Field of Honour” (Niño del Campo de Honor).  El periodista logró rastrear a los familiares de 200 de los 865 soldados soviéticos enterrados en Amersfoort.

También averiguó que los soldados del Ejército Rojo fueron tratados peor que los demás presos. “Durante los primeros tres días en el campo de concentración los uzbekos fueron dejados a la intemperie, sin comida y rodeados de alambres de púa”, señala Reiding. “Los alemanes tenían listo un equipo de filmación para captar el momento en que estos ‘bárbaros subhumanos’ se pelearan por comida, una grabación que querían usar como propaganda. Así que los nazis les lanzaron una rodaja de pan a los hambrientos uzbekos”.

“Para sorpresa de ellos, uno de los prisioneros tomó el pan y con calma lo dividió en pedazos iguales con una cuchara”. “Los otros esperaron pacientemente. Nadie se peleó. Luego se dividieron los pedazos de pan de manera igualitaria. Los nazis estaban decepcionados”
, asegura el periodista.

Pero luego vendrían cosas peores. “A los uzbekos les daban la mitad de comida que al resto y si algún otro prisionero los ayudaba todo el campo de concentración se quedaba sin comida, como castigo”, cuenta Bahodir Uzakov, un historiador uzbeko. Uzakov, quien vive en la cercana Gouda, también ha estado investigando lo que ocurrió en el campo de concentración de Amersfoort.

“Cuando comían sobras y cáscara de papas los nazis los golpeaban por comer comida de cerdos”, asegura.

Reding averiguó que a los uzbekos les daban las peores tareas. Por ejemplo, cargar la albañilería más pesada o arena o troncos, en temperaturas heladas.

Una de las historias más horrorosas que descubrió es sobre el médico del campo de concentración, un holandés llamado Nikolaas Van Nieuwenhuysen, un sádico que tras la guerra fue sentenciado a 10 años de prisión.

Cuando dos uzbekos murieron, obligó a otros prisioneros a decapitarlos y a hervir sus cráneos hasta que estuvieran limpios, cuenta Reiding. “El doctor guardó las dos calaveras en su escritorio para estudiarlos, ¡qué locura!”, señala. Muertos de hambre y débiles, los uzbekos comenzaron a comer ratas, ratones y plantas.

Veinticuatro de ellos no sobrevivieron el duro invierno de 1941 y los restantes 77 no le servían a los nazis una vez que se pusieron demasiado débiles para trabajar. Así que una mañana en abril de 1942 los alemanes les dijeron que los trasladarían al sur de Francia, donde el clima más cálido les sentaría mejor.

En realidad los llevaron a un bosque justo afuera del campo de concentración donde los fusilaron y los enterraron en una fosa común. “Algunos comenzaron a llorar, otros juntaron las manos y enfrentaron su muerte. Los que trataron de huir fueron perseguidos y acribillados”, dice Reiding, basándose en lo que contaron los guardias que presenciaron la ejecución.

“Imagina estar a 5.000 km de tu hogar, en un lugar donde no hablas el idioma y nadie entiende el tuyo”. “Y nunca entiendes por qué estas personas te tratan como si fueras un animal”, reflexiona.

No hay mucha información que ayude a identificar a estos prisioneros. Los nazis le prendieron fuego a los archivos del campo de concentración cuando huyeron en mayo de 1945. Hay una sola foto que muestra caras, las de dos hombres, que no están identificados. También hay nueve retratos dibujados en lápiz por un prisionero holandés, pero solo dos tienen nombre.

“Los nombres están mal escritos pero suenan uzbekos”, dice Reiding. “Uno es Kadiru Xatam y el otro Muratov Zayer. Así que lo más probable que el primero sea Kadirov, Hatam y el segundo Muratov, Zair”. Los retratos muestran a hombres de unos veinte años o quizás más jóvenes. Seguramente en Uzbekistán sus madres habían comenzado a buscarles esposas apropiadas y sus padres ya habrían comprado un ternero para arriar para su fiesta de casamiento cuando explotó la guerra y cambió todo.

Se estima que un tercio de los 1,4 millones de uzbekos que lucharon en la Segunda Guerra Mundial no regresaron y 100.000 permanecen desaparecidos. Hay varios motivos por los cuales los 101 soldados uzbekos que fueron enterrados en Amersfoort no fueron identificados, salvo los dos de los dibujos.

Uno fue la Guerra Fría, que llegó inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y convirtió a Europa Occidental y a la Unión Soviética en enemigos ideológicos. Otro es la decisión de Uzbekistán de olvidar su pasado soviético cuando se independizó en 1991. Los veteranos dejaron de ser considerados héroes.

Un monumento dedicado a una familia que adoptó a 14 huérfanos de la guerra fue retirado de una plaza en el centro de Tashkent, aunque el nuevo presidente uzbeko dijo que será devuelto a ese lugar. Los cuerpos de los uzbekos fueron trasladados de la fosa común a un cementerio y luego mudados nuevamente a un cementerio creado especialmente para los soldados soviéticos caídos.

En resumen, podría decirse que buscar a soldados que desaparecieron hace varias décadas cuando formaban parte del Ejército Rojo no ha sido una prioridad del gobierno uzbeko. No obstante, Reiding mantiene la esperanza de encontrar los nombres en los archivos de ese país. “Los documentos sobre soldados soviéticos que no murieron o cuyas muertes no eran conocidas por las autoridades soviéticas fueron enviadas a la KGB local (la agencia de inteligencia soviética) así que es probable que la identidad de los 101 prisioneros esté guardada en Uzbekistán”, asegura.

http://www.bbc.com/mundo/noticias-39889803
Karl Peter Berg, jefe nazi del campo de concentración, fusilado en 1949
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Represión

La masacre del ‘Domingo Sangriento’ en Irlanda

Hace 45 años los paracaidistas enviados por el gobierno de Londres asesinaron a 14 manifestantes republicanos desarmados en Derry, Irlanda del norte. Otros 30 más resultaron heridos.

Esa tarde, inmortalizada como el “Domingo sangriento”, los soldados abrieron fuego contra quienes se manifestaban a favor de los derechos civiles y en contra del encarcelamiento sin juicio previo, en su mayoría de miembros del IRA (Ejército Republicano Irlandés).

Seis de los fallecidos tenían tan solo 17 años y otros tres entre 19 y 22. Muchas de las víctimas recibieron disparos en la espalda cuando trataban de huir y ninguno de ellos llevaba armas.

La masacre se convirtió en uno de los episodios más brutales en los 30 años de guerra entre los colonialistas británicos y los independentistas irlandeses, que dejó como saldo más de 3.600 muertos y concluyó con el acuerdo “de paz” del Viernes Santo de 1998.

Los acuerdos de paz impusieron al entonces primer ministro británico, Tony Blair, la reapertura de una nueva investigación que tardó 12 años en concluir, costó más de 230 millones de euros y produjo un informe oficial de 5.000 páginas que se puede leer en internet (*).

El informe lleva el nombre del juez Lord Saville y acabó con 40 años de mentiras y engaños del gobierno británico, concluyendo que las muertes “ni estaban justificadas ni eran justificables” y obligó a que el entonces primer ministro, David Cameron, pidiera disculpas públicamente.

Desde el acuerdo “de paz” de 1998, la violencia se ha reducido considerablemente, aunque algunas facciones del IRA no lo aceptan y continúan activas.

En 2002 el director de cine Paul Greengrass dirigió una película que retrata la matanza. El relato se centra en la figura de Ivan Cooper, un pacifista que dirigía el movimiento por los derechos civiles, que acabó aplastado en medio de la represión de los militares británicos.

La matanza del Domingo Sangriento puso fin a las manifestaciones pacíficas y llevó la guerra a Irlanda del norte. “Domingo sangriento” es también el título que eligió el grupo U2 para una canción que recuerda aquella matanza.

Irlanda del norte es un territorio apropiado por Reino Unido tras el logro de la independencia de Irlanda en 1922.

(*) http://report.bloody-sunday-inquiry.org/

No olvidamos a los heroicos republicanos irlandeses caídos en la lucha:

John “Jackie” Duddy (17 años), fue alcanzado por un disparo en el hombro en el aparcamiento de Rossville Park. La bala le atravesó saliendo por la parte izquierda del pecho. Cuatro testigos declararon que le abatieron mientras corría desarmado huyendo de los disparos. Tres de ellos afirmaron haber visto a un soldado apuntar deliberadamente hacia él.

Patrick Joseph “Paddy” Doherty (31), fue tiroteado por la espalda mientras se arrastraba buscando refugio. Doherty fue sujeto de una serie de fotografías, tanto antes como después de su muerte, llevadas a cabo por el fotógrafo francés Gilles Peress.Aunque el testimonio de un soldado le señalaba como portador de un arma con la que pudo haber disparado contra las tropas británicas, el informe Widgery reconoció posteriormente que en las fotografías se le podía ver desarmado, resultando negativas las pruebas forenses buscando residuos de haber utilizado un arma de fuego.

Bernard “Barney” McGuigan (41) que había estado escondido en la esquina de los pisos Rossville, salió agitando un pañuelo blanco para avisar de sus intenciones, tratando de llegar hasta Patrick Doherty, que yacía moribundo. En su camino recibió un disparo en la cabeza.Hugh Gilmore (17) fue abatido cuando corría hacia los pisos Rossville huyendo de los disparos.Tenía heridas de bala en la parte derecha y la parte izquierda del pecho, además de en el brazo derecho. Probablemente estas heridas se las causaron dos balas.

Kevin McElhinney (17) fue alcanzado por disparos por la espalda mientras se arrastraba buscando refugio. Dos testigos declararon que iba desarmado. La bala le entró por la nalga izquierda, saliendo por la parte izquierda de su pecho, cerca del hombro.

Michael G. Kelly (17) recibió un tiro en el estómago mientras permanecía junto a la barricada de escombros próxima a los pisos de Rossville St.En el informe Widgery se reconoció que iba desarmado.

John Pius Young (17) fue herido de bala en la cabeza mientras estaba en la barricada de escombros. Dos testigos declararon que estaba desarmado.

William Noel Nash (19) recibió un tiro en el pecho cerca de la barricada. Los testigos declararon que Nash estaba desarmado e iba en ayuda de uno de los heridos cuando fue abatido.

Michael M. McDaid (20) fue herido de bala en la cara junto a la barricada mientras se alejaba de los paracaidistas. La trayectoria de la bala, que entró por su mejilla izquierda saliendo por la parte superior derecha de su espalda, indica que podría haber sido abatido por un tirador desde las posiciones que las tropas británicas ocupaban sobre las murallas de la ciudad.

James Joseph “Jim” Wray (22) fue herido y posteriormente rematado por disparos a corta distancia cuando yacía en el suelo. Testigos que no fueron llamados a declarar para el informe Widgery afirmaron que Wray estaba pidiendo ayuda, gritando que no podía mover las piernas, cuando le dispararon por segunda vez. Un testigo (el padre O’Keefe) afirmó que iba desarmado.

Gerald Donaghy (17) fue herido en el estómago mientras corría buscando refugio entre Glenfada Park y Abbey Park. Fue llevado a una casa vecina, donde le examinó un doctor. Allí le vaciaron los bolsillos con objeto de identificarlo. Una fotografía posterior de la policía mostraba el cadáver de Donaghy con varias bombas de clavos en los bolsillos. Ni los que le registraron en la casa ni el oficial médico que certificó su muerte poco después declararon haber visto ninguna bomba.

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A propósito del 2 de mayo,un par de preguntas brevísimas

B.

Y son: ¿eran patriotas o terroristas los madrileños que se alzaron el 2 de mayo de 1808 contra las tropas napoleónicas de ocupación?
Y ¿eran
terroristas o patriotas los soldados de Murat que ejecutaron a cientos de madrileños en la Montaña del Príncipe Pío durante la terrible madrugada del
3 de mayo?
Dramáticos episodios inmortalizados por el mágico pincel
impresionista de Goya acusado,por cierto,de «afrancesado», esto es de
«antipatriota».
Hoy le fusilarían, como volverían a crucificar a Jesucristo
(y eso que ni existió).
¿Hablamos de la resistencia vasca o catalana en sus diferentes vertientes y
luchas? ¿Será excesivo el paralelismo?
¿Será demagogia?
Es que no tienen un pase estos fachas.
Bonne nuit.
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Galina Brok Beltsova, la legendaria piloto soviética que aterrorizó al fascismo

Galina Brok Beltsova
Galina Brok Beltsova fue una legendaria piloto soviética que aterrorizaba a los fascistas en los tiempos de la guerra contra la Alemania nazi, entre 1941 y 1945.

La leyenda viva, ahora con 92 años, contó en un programa televisivo de la cadena principal rusa Perviy Kanal detalles de aquella etapa. Qué era lo más complicado durante un vuelo de combate, cómo empezó a trabajar en el contraespionaje y por qué es importante decir la verdad sobre la guerra a los jóvenes. 

En 1941, cuando estalló la guerra, Galina tenía solo 16 años. Y así de repente se convirtió de meteoróloga (especialidad que estudiaba) en piloto de un bombardero. Vuelos de combate, bombardeos peligrosos, cansancio y falta de sueño formaron parte de su vida por cuatro años.

«Sí que había miedo pero hay otra frase que es ‘se debe hacer’. Cuando uno de los aviones, que volaban en línea, resultaba derribado, los otros seguían volando, adelante, marcando el lugar donde sucedía. La palabra ‘miedo’ no existía, solo el ‘deber'», cuenta.

La mujer explica que aquel momento se podía pensar solo en cómo «liberar a la patria de enemigos y parar la masacre».

Sin embargo, señala, a pesar de la guerra las pilotos no olvidaban simples pasatiempos como leer poesía, escribir cartas a la familia o incluso bordar.

Brok Beltsova recuerda que en su práctica también había situaciones de emergencia durante vuelos de combate. Una vez chocó contra otro avión de su línea mientras maniobraba para evitar disparos de unidades antiaéreas fascistas. Todo sucedió a 5.000 metros sobre la tierra.

«El avión llevaba bombas. No se podía dejarlas caer. El aeródromo estaba debajo de nosotros. Además, debajo se encontraban nuestras tropas que estaban realizando una ofensiva […] Tomamos la decisión de aterrizar con bombas. Todos estaban en pánico al verlo, porque en el aeródromo había otros aviones caza […] Al aterrizar, el avión se salió de la pista, nos salvaron unos huecos en la tierra en los que ‘entraron’ nuestras bombas», indica.

En 1945, cuando todo el país celebraba la victoria, para ella empezaba un nuevo período de vida, en el frente invisible, el contraespionaje en los tiempos de la guerra fría. De ello ni siquiera sabía su marido.

«En la comisaría militar me invitaron a hablar […] me preguntaron si quería luchar contra los espías que invadieron Moscú», señala. La mujer aceptó la propuesta sin vacilar.

Lo explica en parte con la pobreza, las dificultades que experimentaba su familia aquel período. «Mi padre tenía una tarjeta alimentaria para 800 gramos, mi madre estaba enferma y mi hermana aún era pequeña. Tenían que vivir los tres con esa tarjeta alimentaria», comenta. Mientras con la propuesta le daban un trabajo real con el que podía ayudar a su familia.

Después de la desmovilización, Brok Beltsova se graduó en Historia por la Universidad Estatal de Moscú y trabajó en una escuela durante unos 70 años.

https://mundo.sputniknews.com/rusia/201705071068973393-rusia-pilotos-guerra-alemania-fascistas/
 
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La mujer comunista más perseguida por la Gestapo

La comunista brasileña Olga Benario
Unas 2.000 páginas contiene el más extenso archivo de la Gestapo sobre una sola víctima del Tercer Reich. Sputnik entrevistó a Anita Prestes, quien estudió los documentos liberados por Moscú sobre su madre, Olga Benario, a los 75 años de su muerte en un campo de concentración, en 1942.

“No veo contradicción entre mi papel como historiadora y el hecho de ser hija de [Luiz Carlos] Prestes y Olga [Benario]”, dijo Anita Prestes, quien lanza en los primeros días de mayo una nueva biografía sobre su madre en Brasil. “Una comunista en los archivos de la Gestapo”, subtitula el libro que revela detalles del proceso de 2.000 páginas que resultó en la ejecución de la judía alemana y comunista en una cámara de gas por los nazis en 1942, a los 34 años.


“Olga Benario Prestes fue mi madre y la gran inspiración de toda mi vida. Mi padre, Luiz Carlos Prestes, también fue una gran inspiración. Antes de conocerlo en persona, a los nueve años de edad, ya conocía su historia, que me fue transmitida por mi abuela Leocadia Prestes y mi tía Lygia Prestes. Siempre estuve conectada con mi padre y su lucha abnegada por la revolución en Brasil. De adulta, me convertí en su interlocutora de confianza y actué como su asesora en sus últimos 15 años de vida”, contó la historiadora.

‘La Revolución creó seres humanos con pensamiento crítico’

Benario, nacida en Munich en 1908, tuvo desde muy joven un papel activo en los movimientos comunistas de Alemania. A los 20 años, debió exiliarse en la Unión Soviética con su pareja, el escritor Otto Braun, a quien ayudó a fugarse de la prisión, pero después se separaron.

En Moscú conoció al líder político brasileño Luiz Carlos Prestes, al que llamaban “Caballero de la Esperanza”, porque entre 1925 y 1927 recorrió Brasil en una marcha de 25.000 kilómetros a pie, junto con 1.500 hombres para sembrar la revolución en el país. Los intentos de este grupo, conocido como “Columna Prestes”, fracasaron y debió partir al exilio a la Unión Soviética. En 1934 se le encargó volver a su país para liderar un nuevo movimiento y Benario recibió la misión de protegerlo, debido a que estaba militarmente entrenada por los soviéticos. Los dos viajaron encubiertos como una pareja en luna de miel.

Ficción y vida real se mezclaron: ambos establecieron una relación. Sin embargo, la pareja terminó en manos de la policía más tarde. El Gobierno del entonces presidente de Brasil, Getulio Vargas, coqueteaba con las potencias del Eje. Una investigación conjunta con la Gestapo reveló la verdadera identidad de Benario, quien además era judía en plena época de persecución nazi. Pese a que estaba embarazada de un brasileño, se dictó su deportación a la Alemania en 1936.

A finales del mismo año nació Anita Leocadia Prestes en una cárcel de Berlín. Indagada sobre el peso de ser hija de personajes tan emblemáticos, la doctora en Filosofía por el Instituto de Ciencias Sociales de Moscú remarcó el orgullo que siente de sus padres y el ideal de la justicia social que le imprimieron.

Poco más de un año después de nacer, Anita Prestes fue separada de su madre y fue entregada a su familia brasileña para escapar de la prisión. Benario resistió seis años más y pasó por otros campos de concentración hasta que murió ejecutada en una cámara de gas el 23 de abril de 1942. En su última carta a Prestes y a su hija, Olga escribió: “He luchado por lo justo, por lo bueno y por lo mejor del mundo… Quiero que me entiendan bien: prepararme para la muerte no significa que me rinda, sino saber hacerle frente cuando llegue”.

Una parte de esa historia ha sido retratada en numerosos libros y en una conmovedora película. Pero, ¿cómo describían a Olga los agentes de la Gestapo?


“Mi libro sobre mi madre está basado en documentación inédita del archivo de la Gestapo liberado al público hace dos años. Habrá muchas informaciones hasta ahora desconocidas. Por ahora, las mantengo en secreto para provocar la curiosidad del público”, aseveró.

Dichos documentos suman cerca de 2.000 páginas del llamado “Proceso Benario”. Los papeles habían sido aprehendidos por el Ejército Rojo, tras la derrota de Adolf Hitler en la Segunda Guerra Mundial. Se mantuvieron guardados durante décadas en la capital rusa.  De acuerdo con la presentación preliminar de la obra por la editorial responsable, Boitempo, el material revelado incluye una cincuentena de cartas recibidas y escritas por Olga para la familia de su marido, también detenido, pero en Brasil.

El año pasado, Anita también publicó una biografía de su padre, “La Columna Prestes” en referencia a la histórica marcha encabezada por el Caballero de la Esperanza. La escritora se presenta como una “comunista brasileña” orgullosa de los ideales internacionalistas de sus padres, “quienes dieron sus vidas por la Revolución”.

Anita, que estuvo exiliada en dos períodos de su vida en la Unión Soviética, recuerda con cariño esos momentos y destaca “la solidaridad del Gobierno y del pueblo soviético hacia los revolucionarios de todo el mundo que eran perseguidos en sus países de origen”.


“Las entrevistas que he concedido buscan esclarecer mis libros al público, así como la vida y la actuación política de mis padres y de los comunistas. Como historiadora marxista, considero necesario contribuir para que las nuevas generaciones conozcan interpretaciones históricas comprometidas con la evidencia, como defendía el gran historiador Eric Hobsbawm. Por ello, considero importante hablar a la prensa siempre que soy solicitada”, remarcó.
https://mundo.sputniknews.com/entrevistas/201704271068705983-anita-prestes-olga-benario/

Más información:
Olga Benario, la vida heroica de una militante comunista
 

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El juez franquista que robó una niña tras el fusilamiento de su padre

Juan Miguel Baquero
Después de que su padre fuera fusilado, a la niña Inés se la queda un juez franquista, Manuel Carrión Bracho, quien se la apropia como una cosa más. Igual que las pocas pertenencias que tenían, una casa y un trozo de tierra. Inés Franco tenía cinco años. Ahora, con 85, busca los huesos de su padre, Andrés Franco, en una fosa común en Álora (Málaga).

42 nombres y una orden: “Han de ser ejecutados en las primeras horas del día de mañana”. La sentencia de muerte establece la secuencia. “El encargado del Depósito Municipal entregará a las fuerzas del Ejército Nacional a los reos que se encuentran a mi disposición”. Está firmada por “el Capitán Juez Militar”, sin especificar el nombre. Y así se cumple. De madrugada, el 5 de abril de 1937, caen muertos a balazos.

Los fascistas suman aquella noche un puñado de presos más a la ejecución. Las balas atraviesan la carne. Los rebeldes arrojan 60 cuerpos al agujero excavado en el castillo del pueblo. Andrés yace inerte. Asesinado a sangre fría, cubierto de tierra. Sin juicio ni defensa. Solo un papel del Juzgado Militar de Álora que marca el destino.

Para los descendientes de Inés y Andrés pudo haber otro final. Consideran que el magistrado que se quedó con Inés pudo haber impedido la muerte de su padre. “Estaba en el bando franquista y era amigo de la familia”, relata Susana Cintado Franco, hija y nieta de estas víctimas. “Debería haber hecho algo si realmente le preocupaban sus hijos”, apunta. A cambio, prosigue Cintado, se acaba llevando a la pequeña Inés, a la que adopta legalmente “cuando tiene 22 años”. Por eso “la califico como niña robada”, recalca. El juez aludido no dejó familia directa a la que poder preguntar por el caso.

“Por favor, no me llevéis que tengo tres niños pequeños”, gritaba Andrés el día que es capturado, según relata la familia. La escena queda sepultada. Hasta el año 2012 en que Inés regresa, por primera vez, a la calle Rosales en Álora. “Cuando llegamos, ella recordó los gritos de su padre… es como si su mente lo hubiera borrado todo, hasta ese día que vuelve a estar al lado de la que era su casa”, rememora su hija. “Y tenía miedo, pensaba que la iban a acusar por haberse ido con un fascista”, dice.

Víctimas del terrorismo de Estado

Los padres de Inés eran un hijo de ‘los cuchilleas’ y una hija de ‘los moñigos’. Familias conocidas en el pueblo. Su madre, María Arjona, había muerto años antes, en el 34. El matrimonio dejó tres huérfanos: Juan, José y la pequeña Inés.

“Se lleva a mi madre con él porque ese matrimonio no podía tener hijos” y, de paso, asegura, “se queda también con el pequeño patrimonio familiar, una casa y unas tierras”. Vivirán en Málaga, Barcelona. El juez franquista “adopta legalmente” a Inés cuando ésta tiene 22 años. Y cuando la mujer del magistrado fallece, le dice “que está enamorado de ella”. Que deben casarse. “Mi madre le dice que es antinatural, que es su hija, y como no quiere casarse con él, la echa de casa”.

Inés investiga, a partir de ahí, y acaba por conocer el paradero de sus hermanos. “Con Juan se volvió a ver en 1968, en Holanda, y José se murió de leucemia”, cuenta Cintado.

80 años después de su muerte, ha comenzado la búsqueda de los restos óseos de Andrés. Y de José, Cristóbal, Antonio, Francisco, Alonso, Martín… La exhumación en el Castillo de Álora, a cargo de la Dirección General de Memoria Democrática de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, busca “una gran fosa que apunta a una gran saca”, en palabras del director arqueológico de la intervención, Andrés Fernández.

“A mi abuelo lo mataron en la noche de los 60 fusilados”, relata Susana Cintado. Son “víctimas del terrorismo de Estado”, dice sin tapujos. Quizás bajo tierra aparezcan más de aquellas seis decenas, más de un centenar es posible, enterrados a casi metro y medio de profundidad. Entre ellos, Andrés Franco. Lo espera su hija, Inés, la niña que se quedó un juez franquista.

‘Y que devuelvan a mi familia lo robado’

Los viajes de ida y vuelta de la memoria dejan rastro en los nombres implicados. La secuencia empieza en la propia Inés, que arrastra la tragedia en sus apellidos. “Cuando la robó”, el juez no elimina los originales de la niña “pero coloca su apellido delante del resto”. E Inés Franco Arjona pasa a ser Inés Carrión Franco Arjona. Cuando Inés es madre, hace años que conoce su adopción y logra prescindir del apellido prestado para dejar el rastro familiar en el nombre de su propia hija: Susana Cintado Franco.

Con la apertura de la fosa aparece la opción de cerrar el duelo para la familia Franco. De restañar la herida abierta una vida entera. Inés, hoy, sufre una enfermedad degenerativa que le impide hablar y tener autonomía propia. Pero sigue ahí, pendiente a su modo. “No sé si vamos a tener los restos exactos de mi abuelo en mis manos”, dice Susana. “Casi que daría igual, quiero decir, si los sacan, lloraría a cualquiera de los que hay ahí”.

Susana Cintado Franco quiere una reparación que alcance “un homenaje a las víctimas”, un informe histórico, una placa en el castillo que recuerde a los ejecutados “y que se le devuelva a mi familia lo robado”. Lucha contra la impunidad de los crímenes del franquismo. Llegará, dice, “hasta el final” del caso.

http://www.lamarea.com/2017/05/01/nina-robada-adoptada-juez-franquista/