La web más censurada en internet

Etiqueta: Imperialismo (página 26 de 70)

A Vox no lo financió la ‘oposición iraní’ sino la CIA

Los medios españoles al servicio del PSOE llevan semanas mareando la perdiz acerca de la creación y financiación de Vox (“la ultraderecha”) por un grupo de la oposición a la República Islámica de Irán, los muyaidines, al que no quieren definir como lo que es y que utiliza varios nombres: Consejo Nacional de Resistencia Iraní, Muyahidin-e Jalq (MEK), PMOI…

No puede extrañar tratándose de una noticia que tiene su origen nada menos que en El País y que, en principio, adopta tintes más suaves: no fueron exactamente los muyaidines sino “simpatizantes” de dicha organización.

Hasta el más torpe entenderá que a los muyaidines España ni les va ni le viene, así que no cabe duda de que aquí hay gato encerrado, no sólo en la financiación de Vox sino en el ocultamiento de las fuentes financieras.

También entenderá que a una organización de exiliados, clandestina, como los muyaidines no le sobra el dinero. Quien conozca el exilio sabe que en tales situaciones todo son gastos y todos son cuantiosos.

Tampoco hay quien se trague que, para sacar a la organización de la primera plana, los medios hablen de “millonarios” iraníes. ¿Acaso los millonarios iraníes son diferentes de los demás?, ¿regalan su dinero para obras de caridad con organizaciones políticas extranjeras?

En las informaciones todo es manipulación. Un artículo de Público la lleva hasta el punto de calificar de “yihadistas” a los muyaidines, así como de “secta de la extrema derecha”, es decir, utilizando tópicos tan falsos como de plena moda.

Otros medios destacan la naturaleza musulmana del grupo, para poner de manifiesto las contradicciones de “la ultraderecha” que son patriotas, xenófobos e islamófobos pero no le hacen ascos al dinero, aunque sea “negro”.

La información poco a poco va soltando pistas a regañadientes cuando
también en España relacionan a la famosa “ultraderecha” con el no menos
famoso “terrorismo”.

“Los musulmanes que financiaron a Vox fueron un grupo terrorista”, titula El Plural de una manera característica porque los muyaidines fueron terroristas pero ya no lo son y no sabemos ni una cosa ni la otra: ni por qué los metieron en el ajo del “terrorismo”, ni por qué los sacaron, ni quién pone y quita tales etiquetas.

“A pesar de haber asesinado a unos 17.000 iraníes” en 2012 la CIA les sacó de su lista negra de organizaciones terroristas y luego le tocó el turno a los que van al rebufo del espionaje, a saber, el Departamento de Estado, la Unión Europea y demás.

Los muyaidines no tienen fuentes de financiación propias sino que, a su vez, son financiados exactamente de la misma manera que el resto de la oposición iraní, en una cadena de lazos que empieza en la CIA; es la CIA quien maneja los hilos de los muyaidines y es la CIA quien ordena los pagos.

Por eso los financieros de este tipo de organizaciones son siempre los mismos: Estados Unidos, Israel y Arabia saudí, además de países de la Unión Europea, como Francia, donde siempre se han movido con plena libertad, tanto cuando eran “terroristas” como ahora.

Naturalmente que dichos países no aparecen como pagadores directos sino a través de bancos, instituciones, fundaciones y una intrincada red de dinero negro.

Como los yihadistas, los muyaidines son pistoleros que cometen los crímenes por encargo de terceros, normalmente Israel, es decir, que junto a la CIA aparece el Mosad como uno de sus grandes padrinos.

La cadena estadounidense NBC ha conectado directamente la financiación de este grupo con la obtención de su armamento directamente de Israel, lo cual pone de manifiesto, por si no estaba claro, los vínculos de “la ultraderecha” con el sionismo que datan del III Reich.

Los muyaidines nunca fueron musulmanes, por más que ellos se definieran como tales en la época de la Revolución iraní de 1979. Más bien todo lo contrario. Son un grupo de renegados que ha acabado al servicio del imperialismo.

Lo que explica que un grupo iraní financie a una organización fascista española a la que ni siquiera conocen es la CIA. Desde el momento en el que Irán se convierte en la “bestia negra” del imperialismo, la oposición política adquiere una importancia creciente, lo mismo que en Siria. Dejan de ser “terroristas” y tienen que aparecer en sociedad como “moderados” porque de lo contrario la prensa no los puede utilizar como fuente, no los puede llevar a los platós, no pueden mantener una infraestructura en muchos paises…

Es la CIA quien cambia el estatuto internacional de los muyaidines para darles respetabilidad y fuerza a sus socios a que hagan lo mismo. Para ello utiliza a los intermediarios que han ido apareciendo, que son otros tantos mercenarios que, a cambio de dinero, llevaron a los muyaidines al Parlamento europeo para que denostaran a la República de Irán. Se trata de Alejo Vidal Quadras, Aznar y Zapatero, entre otros.

Para hacer su trabajo en Europa, la CIA ha utilizado a algunos figurines de la politiquería hispana, siempre por lo mismo; no por convicciones políticas que no tienen, ni saben, ni les interesa, sino por dinero. El dinero entregado a Vox por los muyaidines es dinero de la CIA y, además, de financiar a Vox, la CIA ha llenado los bolsillos, del PP, del PSOE y de sus figurines.

Más información:
– ¿Qué sicarios utilizará el Pentágono en el ataque contra Irán?
De la revolución a la traición: los Muyahidines del Pueblo de Irán
– Los muyahidines iraníes han colaborado con los yihadistas en los atentados de Teherán
– En Washington están preparados para implementar en Irán el modelo sirio de desestabilización

La intervención de las potencias imperialistas en la guerra civil rusa (1918-1920)

Cuando la revolución estalló en Rusia en 1917, los bolcheviques comenzaron a construir la primera sociedad socialista de la historia, una experiencia por la que los imperialistas de otros países no sentían ninguna simpatía; más bien al contrario, esperaban fervientemente que el proyecto condujera rápidamente a un fiasco desastroso.En los círculos dominantes de Londres, París y otros lugares, estaban convencidos de la inevitabilidad del fracaso del audaz iniciativa de los bolcheviques, pero -por si acaso- decidieron enviar tropas a Rusia para apoyar a los contrarrevolucionarios blancos contra los rojos bolcheviques, en un conflicto que se convirtió en una larga y sangrienta guerra civil.

Una primera oleada de tropas aliadas llegó a Rusia en abril de 1918, cuando soldados británicos y japoneses arribaron a Vladivostok y establecieron contacto con los blancos, que ya estaban en guerra con los bolcheviques. Sólo los británicos enviaron 40.000 soldados a Rusia. En la primavera de 1918 el entonces Ministro de Guerra, Churchill también envió una fuerza expedicionaria a Murmansk, en el norte de Rusia, para apoyar a las tropas del general blanco Kolchak, con la esperanza de ayudar a reemplazar a los bolcheviques por un gobierno amistoso con los británicos.

Otros países enviaron contingentes más pequeños, como Francia, Estados Unidos (15.000 efectivos), Japón, Italia, Rumanía, Serbia y Grecia. En algunos casos, las tropas aliadas participaron en la lucha contra los alemanes y los otomanos en las fronteras de Rusia, pero estaba claro que no habían ido para ese propósito, sino para derrocar al régimen bolchevique y “estrangular al bebé bolchevique en su cuna”, como dijo Churchill con tanta delicadeza.

Los británicos, en particular, también esperaban que su presencia permitiera embolsarse atractivos territorios de un Estado ruso que parecía estar colapsando, al igual que el Imperio Otomano. Por eso una unidad británica marchó desde Mesopotamia hasta las orillas del Mar Caspio, es decir, hasta las regiones ricas en petróleo alrededor de Bakú, la capital del Azerbaián moderno. Al igual que la propia Gran Guerra, la intervención de los Aliados en Rusia estaba dirigida tanto a combatir la revolución como a alcanzar los objetivos imperialistas.

En Rusia, la guerra no sólo ha creado las condiciones para la revolución social, sino también, al menos en algunas partes de aquel gigantesco país, revoluciones entre una serie de minorías nacionales. Esos movimientos nacionales ya habían levantado la cabeza durante la guerra y, en general, eran nacionalistas reaccionarios, conservadores, racistas y antisemitas. La oligarquía política y militar alemana identificó a los parientes cercanos ideológicos de estos movimientos como posibles aliados en la guerra contra Rusia. Los alemanes no apoyaron a los nacionalistas finlandeses, bálticos, ucranianos y otros nacionalistas por simpatía ideológica, sino porque podían ser utilizados para debilitar a Rusia; lo hicieron también porque esperaban asentar Estados satélites alemanes en Europa del este y del norte, preferiblemente monarquías con un miembro de la familia noble alemana como su soberano.

El Tratado de Brest-Litovsk demostró ser una oportunidad para crear varios de esos Estados. Del 11 de julio al 2 de noviembre de 1918, un aristócrata alemán llamado Wilhelm (II) Karl Florestan Gero Crescentius, Duque de Urach y Conde de Württemberg, recibió el título de Rey de Lituania bajo el nombre de Mindaugas II.

Con el armisticio del 11 de noviembre de 1918, Alemania fue condenada a desaparecer de la escena en Europa del este y del norte, lo que puso fin al sueño de hegemonía alemana en la región. Sin embargo, el artículo 12 del armisticio permitía que las tropas alemanas permanecieran en Rusia, en los Estados bálticos y en otros lugares de Europa Oriental durante el tiempo que los Aliados lo consideraran necesario, es decir, mientras fueran útiles en la lucha contra los bolcheviques, y eso es exactamente lo que estaban haciendo los alemanes. Los dirigentes británicos y franceses como Lloyd George y Foch consideraban a la Rusia revolucionaria como un enemigo más peligroso que Alemania. Los movimientos nacionales de los bálticos, finlandeses, polacos, etc., estaban ahora plenamente implicados en la guerra civil rusa, y los aliados sustituyeron a los alemanes como socios, militarmente hablando, mientras luchaban contra los rojos, en lugar de contra los blancos, lo que hacían con mayor frecuencia, puesto que muchas posesiones orientales, que antes formaban parte del imperio zarista, eran reclamadas simultáneamente por los blancos rusos, polacos, lituanos, ucranianos y otros grupos.

En todos los países que salían de las nubes de polvo causadas por el colapso del Imperio zarista, había esencialmente dos tipos de personas. En primer lugar, los obreros, campesinos y otros miembros de las clases bajas, que estaban a favor de una revolución social, apoyaban a los bolcheviques y estaban dispuestos a conformarse con una cierta autonomía para su propia minoría étnica y lingüística dentro del nuevo estado multiétnico y multilingüe -inevitablemente dominado por su componente ruso- que sustituyó al antiguo imperio zarista y que sería conocido como la Unión Soviética. En segundo lugar, la mayoría, pero no todos, de los miembros de las antiguas oligarquías aristocráticas y burguesas y de la pequeña burguesía, que se oponían a una revolución social y, por lo tanto, odiaban y luchaban contra los bolcheviques y querían nada menos que una independencia total del nuevo estado creado por estos últimos. Su nacionalismo era un nacionalismo típico del siglo XIX, reaccionario y conservador, estrechamente asociado a una etnia, una lengua, una religión y un pasado supuestamente glorioso, sobre todo mítico, que iba a renacer a través de una revolución nacional. También estallaron guerras civiles entre blancos y rojos en Finlandia, Estonia, Ucrania y otros lugares.

Si en muchos casos los blancos salieron victoriosos y lograron establecer Estados decididamente antibolcheviques y antirrusos, no es sólo porque los bolcheviques lucharon durante mucho tiempo con la espalda contra la pared en el corazón mismo de Rusia y, por lo tanto, rara vez pudieron apoyar a sus camaradas rojos en el Báltico y en otras partes de la periferia del antiguo Imperio zarista, sino también porque los alemanes y sus aliados -especialmente los británicos- intervinieron en primer lugar, y luego por medio de la milicia, para aliviar a los blancos. A finales de noviembre de 1918, por ejemplo, un escuadrón de la Marina Real, comandado por el almirante Edwyn Alexander-Sinclair (entonces almirante Walter Cowan), fue al Mar Báltico para proporcionar armas a los blancos estonios y letones y ayudarles a luchar contra sus compatriotas rojos y las tropas bolcheviques rusas. Los británicos hundieron varios barcos de la flota rusa y bloquearon el resto en su base, Kronstadt. En cuanto a Finlandia, en la primavera de 1918, las tropas alemanas habían ayudado a los blancos locales a la victoria y les habían permitido proclamar la independencia de su país.

Los responsables patricios de Londres, París, Washington, etc., tenían la clara intención de asegurar la victoria de los blancos a expensas de los rojos en la guerra civil de la propia Rusia y abortar así la empresa bolchevique, un experimento a gran escala en el que demasiados británicos, franceses, americanos y otros plebeyos mostraron interés y entusiasmo, lo que disgustó mucho a sus oligarquías. En una nota a Clemenceau en la primavera de 1919, Lloyd George expresó su preocupación de que “toda Europa está llena del espíritu de la revolución”, y continuó diciendo que “hay un profundo sentimiento no sólo de descontento, sino de cólera y revuelta entre los trabajadores contra las condiciones de la guerra…. todo el orden existente en sus aspectos políticos, sociales y económicos está siendo desafiado por las masas de la población de toda Europa”.

Sin embargo, la intervención de los aliados en Rusia fue contraproducente, ya que el apoyo extranjero desacreditó a las fuerzas contrarrevolucionarias blancas a los ojos de incontables rusos, que cada vez más veían a los bolcheviques como verdaderos patriotas rusos y, por lo tanto, los apoyaban. En muchos sentidos, la revolución social bolchevique fue a la vez una revolución nacional rusa, una lucha por la supervivencia, la independencia y la dignidad de la Madre Rusia, primero contra los alemanes y luego contra las tropas aliadas que invadieron el país por todas partes y se comportaron como si estuvieran en África central. Por esta razón, los bolcheviques pudieron beneficiarse del apoyo de un gran número de nacionalistas burgueses e incluso aristocráticos. Incluso el famoso general Brussilov, un noble, apoyó a los rojos. “La conciencia de mi deber hacia la nación [rusa] me ha llevado a negarme a obedecer mis instintos sociales naturales”. Los blancos no eran más que un microcosmos de las clases dirigentes y gobernantes del antiguo régimen ruso, oficiales militares, terratenientes y clérigos con un apoyo popular mínimo. También eran corruptos, y gran parte del dinero que los Aliados les enviaron desapareció en sus bolsillos.

Si la intervención aliada en Rusia, a veces presentada como una “cruzada contra el bolchevismo”, estaba condenada al fracaso, también se debió a que fue duramente combatida por innumerables soldados y civiles en Gran Bretaña, Francia y otras partes de occidente. Su lema era “¡Las manos fuera de Rusia!” Los soldados británicos que no habían sido desmovilizados después del armisticio de noviembre de 1918 y que iban a ser enviados a Rusia protestaron y organizaron motines, por ejemplo en enero de 1919 en Dover, Calais y otros puertos del Canal. Ese mismo mes Glasgow fue golpeada por una serie de huelgas, uno de cuyos objetivos era obligar al gobierno a abandonar su política intervencionista hacia Rusia. En marzo de 1919 las tropas canadienses se rebelaron en un campo en Ryl, Gales, matando a cinco hombres e hiriendo a otros 23; más tarde, en 1919, se produjeron disturbios similares en otros campos militares. Estos disturbios reflejaban ciertamente el deseo de los soldados de ser liberados y regresar a sus hogares, pero también revelaron que muchos de ellos no esperaban nada de un destino indefinido en la lejana Rusia.

En Francia, mientras tanto, los huelguistas de París exigían alto y claro que la intervención armada en Rusia debía terminar, y las tropas dejaron claro que no querían luchar contra los bolcheviques, sino que querían volver a casa. En febrero, marzo y abril de 1919, los motines y las deserciones asolaron a las tropas francesas estacionadas en el puerto de Odessa y a las fuerzas británicas en el distrito norte de Murmansk, y algunos británicos incluso cambiaron de bando y se unieron a las filas de los bolcheviques. “Los soldados que habían sobrevivido a Verdún y a la Batalla del Marne no querían ir a las llanuras de Rusia a luchar”, dijo un oficial francés. En el contingente estadounidense, muchos hombres se autolesionaron para solicitar la repatriación. Los soldados aliados simpatizaban cada vez más con los revolucionarios rusos; estaban cada vez más “contaminados” por el bolchevismo contra el que debían luchar. Así, en la primavera de 1919, los franceses, británicos, canadienses, americanos, italianos y otras tropas extranjeras tuvieron que retirarse de Rusia sin ninguna gloria.

Las oligarquías occidentales fueron incapaces de derrotar a los bolcheviques mediante la intervención armada. Por lo tanto, cambiaron de rumbo y proporcionaron un generoso apoyo político y militar a los nuevos Estados que emergieron de los territorios occidentales del antiguo Imperio zarista, como Polonia y los Países Bálticos. Estos nuevos Estados eran, sin excepción, el producto de revoluciones inspiradas por nacionalismos reaccionarios, demasiado a menudo teñidos de antisemitismo, y dominados por los supervivientes de las antiguas oligarquías, incluidos grandes terratenientes y generales de origen aristocrático, industriales e iglesias cristianas nacionales. Con pocas excepciones, como en Checoslovaquia, no se trataba de democracias en absoluto, sino de regímenes autoritarios, normalmente dirigidos por un oficial militar de alto rango y de origen noble, como Horthy en Hungría, Mannerheim en Finlandia y Pilsudski en Polonia. El franco y abierto antibolchevismo de estos nuevos estados sólo fue igualado por su sentimiento anti-ruso. Sin embargo, los bolcheviques lograron recuperar algunos territorios de la periferia del antiguo Imperio zarista, como Ucrania.

El resultado de esta confusa mezcla de conflictos ha sido una especie de vínculo: los bolcheviques triunfaron en Rusia y hasta en Ucrania, pero los nacionalistas antibolcheviques y antirusos con grandes y contradictorias ambiciones territoriales prevalecieron en regiones más al oeste y al norte, especialmente en Polonia, los Estados Bálticos y Finlandia. Fue un acuerdo que no satisfizo a nadie, pero que finalmente fue aceptado por todos, aunque está claro que sólo fue por poco tiempo. Se erigió un cordón sanitario compuesto por una serie de Estados hostiles alrededor de la Rusia revolucionaria con la ayuda de las potencias occidentales con la esperanza de que aislaría al bolchevismo en Rusia.

Eso es todo lo que pudo lograr occidente, pero la ambición de poner fin a la experiencia revolucionaria en Rusia, tarde o temprano, siguió estando muy viva en Londres, París y Washington. Durante mucho tiempo, los dirigentes occidentales continuaron esperando que la Revolución Rusa se derrumbara por sí sola, pero eso no sucedió. Más tarde, en la década de 1930, esperaban que la Alemania nazi se encargara de destruir la Revolución en su guarida, la Unión Soviética; por eso permitieron a Hitler remilitarizar Alemania y, a través de la famosa “política de apaciguamiento”, lo alentaron.

Jacques R. Pauwels https://www.counterpunch.org/2018/12/10/foreign-interventions-in-revolutionary-russia/

La guerra civil rusa (Primera parte) | La guerra civil rusa (Segunda parte)

El imperialismo fabrica mierda y el mundo se la devuelve a la cara

En enero de este año Trump demostró a las claras lo que es el imperialismo cuando calificó de “países de mierda” a los más pobres del mundo, y luego preguntó: “¿Por qué querríamos que toda esa gente de los países de mierda viniera aquí?”

Le han respondido Richard Falk en su ensayo “The Shithole Phenomenon at Home and Abroad” (El fenómeno de la mierda en casa y en el extranjero) y la antigua congresista estadounidense Cynthia McKinney en un reciente libro titulado “How the US Creates Shithole Countries” (Cómo Estados Unidos crea países de mierda).

En efecto, se trata justamente de eso: el imperialismo fabrica la mierda que hay en el mundo, exactamente igual que fabrica los países de mierda que gobiernan sobre él.

Trump, Estados Unidos y el imperialismo no son ajenos a la mierda; ellos son la mierda. El modelo de país de mierda no es Somalia sino Estados Unidos. Los demás países están fabricados según ese modelo.

A quienes se oponen a él le esperan las intervenciones “humanitarias”, las primaveras, los golpes de Estado, las revoluciones de colorines y demás formas de injerencia.

Se trata de convertir al mundo entero en países de mierda y el modelo de acción típico consiste en encontrar uno que se resista para desestabilizarlo, acusarlo de violar los derechos humanos, imponer sanciones económicas, provocar disturbios e intervenir militarmente para defender la democracia, la libertad y las elecciones.

El imperialismo fabrica mierda y el mundo se la devuelve a la cara.

‘¿Por qué querríamos que toda esa gente de los países de mierda viniera aquí?’

Estados Unidos orquesta montajes contra empresas y empresarios chinos uno detrás de otro

La detención de la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, en Canadá forma parte de los planes de Estados Unidos para atacar a China, a las empresas chinas y a los empresarios chinos.Meng es hija del fundador de Huawei, Ren Zhengfei y fue detenida con el pretexto de violar las sanciones comerciales impuestas por Estados Unidos contra Irán.

El subdirector del Instituto de Estudios Americanos de la Academia China de Ciencias Sociales, Ni Feng, sostiene que la detención de Meng forma parte de la campaña de Estados Unidos contra las empresas chinas de alta tecnología.

“Estados Unidos está utilizando su ‘jurisdicción de largo alcance’ para tomar medidas directas contra las empresas chinas”, dijo Ni.

En abril Estados Unidos prohibió a las empresas estadounidenses vender componentes a ZTE durante siete años, alegando que la empresa china había violado un acuerdo con el gobierno de Estados Unidos al vender ilegalmente productos en Irán.

En agosto Liu, fundador y director ejecutivo del gigante chino del comercio electrónico JD.com, fue detenido en Minneapolis por violación, aunque luego fue puesto en libertad y devuelto rápidamente a China.

El caso Liu recuerda a la campaña contra Dominique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional, por presunta violación de una camarera de hotel en 2011. Su detención fue ordenada por el gobierno de los Estados Unidos, después de que Kahn descubriera que el depósito de lingotes de oro de Estados Unidos en Fort Knox había desaparecido.

En las redes sociales chinas se ha desatado un clamor contra Estados Unidos y por la liberación de Meng. “Los trucos estadounidenses pueden crear problemas a China, pero no detendrán el ritmo de desarrollo de la tecnología 5G en China”, escribe un usuario de Weibo.

Algunos usuarios se preguntaban si Canadá es un país soberano o simplemente un mercenario de Estados Unidos. “¿Tanto teme Estados Unidos a una China en crecimiento? Lo admiraba como una gran nación. Pero se ha convertido en un gángster”, escribe otro en la misma red social.

Los usuarios de Twitter y Facebook también preguntaron si el gobierno de Estados Unidos podía arrestar a un extranjero por cargos infundados.

“Imagínate que eres tan arrogante que piensas que puedes detener a ciudadanos de otro país por ‘quebrantar’ las sanciones que has impuesto a un tercer país”, escribe otro usuario en Facebook.

República Democrática Alemana: los datos fundamentales que es necesario tener muy en cuenta

En los Tratados de Yalta y Postdam, los aliados (Estados Unidos, Gran Bretaña y la URSS) acordaron crear zonas de ocupación militar para después de la derrota de Alemania, que serían provisionales. Cada uno de ellos ocuparía una de las zonas y se crearía un Consejo de Control común para dirigir el proceso.

Berlín había sido capturada al asalto por el ejército soviético que, según lo acordado, se retiró a su zona para permitir a las demás potencias aliadas entrar en la capital alemana y ocupar su zona.

El 5 de junio de 1945 se aprobó la Declaración de Berlín, que ratificó el reparto de la autoridad suprema en Alemania entre las fuerzas que habían derrotado a los nazis.

Más tarde los franceses también obtuvieron su propia zona de ocupación: los alilados les cedieron la región del Sarre, así como una zona de Berlín.

Por lo tanto, Alemania y Berlín quedaron divididas en cuatro zonas de ocupación.

El 10 de junio de 1945 el ejército soviético en Alemania fue el primero en autorizar la actividad de los partidos políticos democráticos y los sindicatos en su zona. Posteriormente la República Democrática Alemana siempre fue pluripartidista hasta su desaparición en 1990.

El 30 de agosto se formó el Consejo de Control a través del cual los aliados debían colaborar conjuntamente en la ocupación de Alemania. La palabra “conjuntamente” quiere decir que los unos no podían actuar unilateralmente sin los otros.

Un año antes, el 22 julio de 1944 había concluido la conferencia de Bretton Woods en la que Estados Unidos había impuesto el dólar en el comercio internacional. La URSS no participó en dicha conferencia.

1946:

El 1 de enero de 1946 se restablece el comercio entre las zonas soviética y británica.

El 5 de marzo Churchill pronuncia su discurso en Fulton en el que anuncia el Telón de Acero y el comienzo de la Guerra Fría contra la URSS.

El 6 de agosto el general estadounidense Lucius Clay anuncia en Stuttgart la unificación de las zonas de ocupación estadounidense y británica.

2 de diciembre Estados Unidos y Gran Bretaña firman un acuerdo en Nueva York para fusionar sus zonas de ocupación, lo que origina en el mapa de Europa una entidad con el nombre de “Bizone”. La actuaación de ambos aliados fue unilateral, lo que vulneraba los acuerdos firmados.

1947:

1 de enero de 1947: Siguiendo lo acordado en Bretton Woods Estados Unidos impone -otra vez unilateralmente- el dólar en el comercio con “Bizone”, lo que afecta al comercio con la zona soviética. Los alemanes no tenían dólares y la URSS tampoco, por lo que quedan fuera del comercio.

El comercio entre las dos mitades de Alemania desaparece de golpe.

El 12 de marzo el presidente Truman pronuncia su discurso, el primero sobre la política de expansión del imperialismo estadounidense en la posguerra.

El 5 de junio se aprueba el Plan Marshall.

1948:

Del 23 de febrero al 6 de marzo de 1948 se celebra en Londres la Conferencia de las Seis Potencias (Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo), que acuerdan -unilateralmente- crear un Estado alemán en sólo tres zonas de ocupación.

Los imperialistas comienzan a dividir -unilateralmente- Alemania en dos estados. Se rompen los tratados firmados con la URSS durante la guerra.

El 20 de marzo la URSS se retira del Consejo de Control, que cesó sus actividades. A partir de entonces cada parte actúa por su cuenta.

El 20 de junio los imperialistas imponen el Deutschemark como moneda en sus zonas de ocupación. Pero el nuevo marco alemán no tenía nada de alemán. Se imprimió en secreto en Estados Unidos y lo pusieron en circulación sin previo aviso. Desapareció el viejo Reichsmark utilizado hasta entonces.

A cada alemán le permitieron cambiar 60 marcos alemanes a una tasa de uno nuevo por cada uno viejo. Se podían cambiar 40 marcos inmediatamente y los otros 20 dos meses después. Podían intercambiar la mitad de sus ahorros a una tasa de 1×10, mientras que la otra mitad fue congelada hasta una fecha posterior, cuando podría ser intercambiada a 1×20. Los salarios, las pensiones, los pagos y los impuestos se volvieron a calcular en la nueva moneda a una tasa de 1×1. Las empresas recibieron 60 marcos por cada trabajador.

Fue un gran atraco, uno de los mayores de la historia. Las deudas públicas debidas en el viejo Reichsmark se cancelaron sin compensación. Alrededor de dos tercios de los activos del banco, que se habían invertido en bonos del Estado, no tenían valor alguno.

La mitad de Alemania tenía una moneda y la otra mitad tenía otra. Para paliar los estragos del gran atraco, los alemanes que vivían en la zona occidental trataron de gastar sus viejos marcos en la otra. Se lanzaron a desvalijar las tiendas de la zona ocupada por los soviéticos.

El imperialismo pretendía provocar un un levantamiento popular para provocar la consabida represión de la URSS y que los medios de comunicación ofrecieran las imágenes de una carnicería, cuanto más sangrienta mejor.

Los soviéticos tuvieron que impedir la entrada de los alemanes occidentales con la vieja moneda, pero antes de la construcción del muro, en Berlín era prácticamente imposible impedir la entrada o la salida de nadie.

El gobierno soviético prohibió viajar a Berlín a través de su zona de ocupación y a los berlineses del sector occidental de la ciudad se les impidió entrar por el este.

Fue lo que los imperialistas calificaron como “bloqueo” de Berlín occidental.

El 1 de julio los gobernadores militares de las zonas de ocupación occidental presentaron los llamados “documentos de Frankfurt” a los 11 Estados bajo su jurisdicción. La decisión se había tomado en Londres para que crearan un nuevo gobierno.

1949:

El 4 de abril de 1949 los imperialistas crean la OTAN.

El 23 de mayo anuncian el nacimiento de la República Federal de Alemania. El nuevo Estado era un títere que hasta 1951 no pudo tener su propio Ministerio de Asuntos Exteriores. Los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña no proclamaron la soberanía de Alemania occidental en materia de asuntos exteriores hasta el 24 de junio de 1954.

Moscú reaccionó a la creación de Alemania occidental proclamando la formación de la República Democrática Alemana el 7 de octubre de 1949.

Stalin sostuvo que era un error crear dos Alemanias en el corazón de Europa. El 10 de marzo de 1952 la URSS envió una propuesta al respecto a los imperialistas que la historia conoce como la “Nota de Stalin”.

La política soviética defendió siempre la unidad alemana, así como su neutralidad. La demás cuestiones debían ser aprobadas por los propios alemanes. La Unión Soviética quería llevar a cabo negociaciones inmediatas sobre la reunificación de Alemania y la celebración de elecciones libres en todo su territorio, con la consiguiente formación de un gobierno único que conservara la neutralidad.

El 6 de mayo de 1955 Alemania ingresa en la OTAN, una provocación que impidió definitivamente cualquier posibilidad de convertirse en un país neutral.

Hasta 1972 Alemania occidental no reconoció a Alemania oriental. Antes los dos Estados alemanes no tenían relaciones diplomáticas mutuas.

La Unión Europea se alinea con Rusia y China de una manera cada vez más abierta

El martes 25 de septiembre la Asamblea General de la ONU en Nueva York, el mayor evento diplomático del mundo, se convirtió en una demostración de solidaridad de la Unión Europea con Rusia y China frente a Estados Unidos.

El acercamiento tuvo lugar en torno a la cuestión iraní, símbolo del unilateralismo de Trump. Mike Pompeo, dirigente de la política exterior de Trump, estaba “preocupado e incluso profundamente decepcionado”.

“Es una de las medidas más contraproducentes imaginables para la paz y la seguridad regional y mundial”, dijo a los periodistas tras siete décadas en las que Estados Unidos y la Unión Europea permanecieron unidos contra adversarios comunes, como la Unión Soviética, en lo que se conoce como “relación transatlántica”.

Pompeo se refería al empeño de la Unión Europea y otros países por comprar petróleo iraní pasando por encima de las nuevas sanciones impuestas a Irán por Estados Unidos.

“Todo lo que dijo la Sra. Mogherini es extremadamente positivo”, dijo a la prensa Vladimir Yermakov, diplomático ruso de alto rango, refiriéndose a Federica Mogherini, dirigente de la política exterior de la Unión Europea. Yermakov tomó la palabra tras una reunión presidida por Mogherini con los ministros de Relaciones Exteriores de Rusia, China, Irán, Francia, Alemania y el Reino Unido, celebrada en Nueva York el mismo día de la Asamblea.

“Los Estados miembros de la Unión Europea crearán una entidad jurídica [denominada SPV] para facilitar las transacciones financieras legítimas con Irán, que permitirá a las empresas europeas seguir comerciando con Irán de conformidad con la legislación de la Unión Europea y podría estar abierta a otros socios de todo el mundo”, dijo Mogherini a los periodistas al margen de la Asamblea de la ONU en presencia del Ministro de Asuntos Exteriores iraní, Javad Zarif.

Los expertos de la Unión Europea se reunirán pronto para aclarar los detalles, dijo. La Unión Europea, Rusia y China “lamentan profundamente” la decisión de Trump, añadieron en una declaración. Sus sanciones van contra “la diplomacia multilateral aprobada unánimemente por el Consejo de Seguridad de la ONU”, agregaron.

En 2015 el grupo dirigido por la Unión Europea, llamado “E3+2 e Irán”, había acordado, junto con el gobierno anterior de Estados Unidos, cuando fue llamado “E3+3 e Irán”, levantar las sanciones contra Teherán a cambio de congelar sus operaciones de enriquecimiento de uranio. Pero Trump, en mayo, lo rompió.

La amenaza de sanciones estadounidenses ha hecho que empresas europeas como los fabricantes de automóviles franceses y alemanes Daimler, Peugeot y Renault, la empresa alemana de ingeniería Siemens y el grupo energético francés Total se retiren de Irán.

La Unión Europea “no puede aceptar que Estados Unidos decida con qué regiones las empresas europeas pueden o no pueden hacer negocios”, dijo el primer ministro belga Charles Michel tras reunirse con el presidente iraní Hassan Rohani en Nueva York. “Estamos trabajando duro en este tema [SPV] con nuestros socios europeos”, dijo el ministro de Asuntos Exteriores alemán Heiko Maas.

La división entre la Unión Europea y Estados Unidos sobre Irán se produjo después de que Trump lanzara una guerra comercial con Europa y China, la amenaza de retirar a Estados Unidos de la OTAN y la retirada de Estados Unidos de un acuerdo mundial sobre cambio climático, el Acuerdo de París.

También amenazó con imponer multas a empresas austriacas, holandesas, alemanas y francesas si cofinanciaban un nuevo gasoducto entre Rusia y Alemania llamado Nord Stream 2.

El Presidente francés Macron criticó a Trump por promover el “nacionalismo” y el “proteccionismo” en su discurso del martes en la ONU. “Estamos siendo presionados por las decisiones unilaterales de nuestros aliados estadounidenses”, en un enfoque que ha llevado al “aislamiento y al conflicto… a expensas de todos”, dijo Macron.

Por su parte, en su discurso ante la ONU, Trump amenazó a Irán con la fuerza militar y redobló su ataque al Nord Stream 2: ”Alemania se volverá totalmente dependiente de la energía rusa si no cambia inmediatamente de rumbo”, dijo.

También felicitó a Polonia por “defender su independencia, seguridad y soberanía” un día después de que la Comisión Europea, el lunes, llevara a Polonia ante el más alto tribunal de la Unión Europea por interferencia política en su sistema judicial en violación de los valores y leyes europeas.

https://euobserver.com/foreign/142953

El impulso del imperialismo británico al terrorismo yihadista (2)

Straw, ministro de Exteriores en 2006
Martin Bright

En diciembre de 1972 un oscuro mandarín del Foreign Office regresaba de un viaje por Oriente Medio convertido en una persona muy confusa. Como la mayoría de funcionarios y expertos de la época, James Craig creía que la principal amenaza a los intereses británicos en la región venía de los nacionalistas árabes y de los marxistas revolucionarios. Pero como buen diplomático que era, Craig mantuvo sus oídos abiertos, y el rumor en la calle era intrigante: en Jordania y Líbano, el arabista de 48 años de edad escuchó rumores de un resurgimiento islamista.

Craig escribió a Sir Richard Beaumont, embajador británico en Egipto, que había recogido rumores de un resurgimiento similar en Egipto y los compartió con el personal de las embajadas en Oriente Medio para alertarlos y pedir respuestas. “Una teoría que escuché en Beirut era que, ante el fracaso del nacionalismo árabe, la gente estaba virando hacia la alternativa de nacionalismo islámico. Repliqué que también esto había fracasado; efectivamente, fracasó hace mucho. La respuesta fue que la cantidad de tiempo transcurrida desde ese fracaso hacía posible intentarlo una segunda vez”.

En la época de la carta de Craig las respuestas, reveladas en documentos del National Archive desclasificados en 2003 fueron negativas casi por entero. En Líbano el embajador escribió: “Le mantendremos informado de los hechos, pese a que no esperamos que esto sea importante en el futuro cercano”. Nuestro hombre en Jordania dijo a Craig: “No vemos señales de un resurgimiento fundamentalista islámico aquí”. Jerusalén simplemente afirmó: “No vemos señales en la Franja occidental de un resurgir islamista”. Solamente R.A. Burroughs, embajador británico en Argelia, había empezado a recoger los mismos mensajes que Craig y Beaumont. Informaba de que los “síntomas” de un resurgimiento islamista no eran difíciles de encontrar. De hecho, Craig y Beaumont habían tropezado con la reactivación de la Hermandad Musulmana, conocidos en árabe como Jamiat al-Ikhwan al-Muslimin. Fundada por Hassan al-Banna en 1928, llamaba a un regreso a los principios del islam y al establecimiento de la shariá. Pese a que a menudo se presentan como “moderados” en comparación con los psicópatas yihadistas de Al-Qaeda, la consigna de la Hermandad sigue siendo hoy “Alá es nuestro objetivo. El profeta es nuestro guía. El Corán es nuestra constitución. La yihad es el camino. Morir por Alá es nuestra más alta esperanza”.

La Hermandad Musulmana fue brutalmente eliminada en Egipto tras un intento de asesinato del presidente Nasser en 1954 y una creencia común la consideraba como una fuerza desaparecida. De hecho, sus miembros se reagruparon en el exilio en Oriente Medio y en 1981 el Presidente Sadat fue asesinado por cuatro miembros de una escisión de la Hermandad. Sadat fue asesinado por islamistas pese a haberse acercado inicialmente a la Hermandad para distanciarse del panarabismo de izquierda de su antecesor y para demostrar sus devotas credenciales musulmanas. Liberó a miles de islamistas de prisión, legalizó la Hermandad e hizo de la shariá “la principal fuente de toda la legislación pública”. El destino de Sadat es una lección objetiva de lo difícil que es asimilar al tigre islamista.

Craig se convertiría en embajador británico en Arabia saudí y Siria. El 27 de abril de 2004 el Guardian decía que era uno de los 52 ex diplomáticos que avisaron al primer Ministro de que la política que estaba llevando a cabo con Estados Unidos sobre el problema árabe-israelí e Irak era un error. Con el tiempo, Craig se alineó con el consenso general del Foreign Office, concluyendo que hablar de un resurgimiento islamista era exagerado. Ahora admite que se quedó tan sorprendido como cualquiera por la revolución islámica iraní en 1979. Esta posibilidad estaba tan lejos de las mentes del Foreign Office en 1972 que Irán era uno de los pocos países de Oriente Medio que Craig no consultó en 1972. Pero Burroughs en Argelia conocía el futuro: un partido islamista, el Frente Islámico de Salvación, venció al gobierno del Frente Nacional de Liberación nacionalista en la primera vuelta de las elecciones a finales de 1991, para encontrarse con que los militares suprimieron la segunda vuelta a principios de 1992. La amarga guerra civil entre el gobierno y los islamistas que siguió costó más de 100.000 vidas.

Han pasado tres décadas desde la carta de Craig, y otro hombre en el Foreign Office intenta desesperadamente luchar a contracorriente. Esta vez nadie duda de la “vuelta del nacionalismo islámico”: la inevitable marcha del islam político se acepta a ciegas ahora en los círculos del Foreign Office igual que se negó como una cómica curiosidad histórica en 1972. Algunos han llegado a elaborar planes para una alianza abierta con la Hermandad Musulmana, la principal fuerza en Egipto tras las elecciones de 2005 con 88 diputados en una Asamblea Popular de 454 escaños. El 23 de junio de 2005 Derek Plumby escribía al director político del Foreign Office, John Sawers: “Detecto entre nosotros la tendencia hacia el acuerdo por el acuerdo; a confundir ‘compromisos con el mundo islámico’ con ‘compromisos con el islamismo’, y a menospreciar los aspectos ocultos para nosotros contenidos en las probables políticas exteriores y sociales de los islamistas, si alcanzaran el poder en países tales como Egipto”. En su carta, Plumby recomendaba una precaución extrema, sugiriendo que el Foreign Office se confundiría si creía que el compromiso afectaría de algún modo la futura dirección de la Hermandad Musulmana. “Sospecho que habrá relativamente pocos contextos en los que seamos suficientemente capaces de influenciar los planes islamistas”. Plumby había sido avisado de los movimientos en la política respecto a la Hermandad Musulmana en una mesa redonda sobre compromisos con islamistas en el mundo árabe, que había tenido lugar en París el 1 y 2 de junio de 2005. Esa mesa redonda incluía a funcionarios de toda Europa, que escucharon a académicos y analistas expertos en el área. Publiqué los primeros detalles de la carta de Plumby en el New Statesman en febrero, pero también tengo una copia de una circular interna del Foreign Office resumiendo detalles de la mesa redonda que había causado a Plumby tal preocupación. La carta la dirige Angus McKee, alto funcionario del departamento de Oriente Medio y norte de África en el Foreign Office, a Frances Guy, jefe del grupo “Relaciones con el Mundo Islámico”, que también desempeña un papel importante en el trabajo con los musulmanes británicos. Pese a que la carta se considera un informe objetivo del debate en torno a si los gobiernos occidentales debieran establecer conversaciones con los islamistas, revela que los altos funcionarios no estaban preguntando si Inglaterra debía llegar a acuerdos con los radicales islámicos sino, más bien, cómo hacerlo.

La lista de países en los que ahora se comprueba una presencia islamista significativa fueron precisamente los países contactados por Craig en 1972: Marruecos, Argelia, Egipto, Palestina, Jordania, Siria y Líbano. Pero ahora el consenso parece ser que los islamistas intervinientes en los procesos políticos en Oriente Medio debieran ser buscados como socio en la reforma de las estructuras democráticas en la zona. Olivier Roy, del CNRS en París y autor de “El fracaso del islam político” se ve mencionado de forma aprobadora en el resumen de Angus McKee, diciendo que las tradicionales políticas occidentales de contención y represión hacia los islamistas han sido un fracaso. “El argumento de que el autoritarismo crearía una sociedad secular que llevaría por sí misma a la democracia se ha demostrado erróneo”, afirmaba Roy en el encuentro. “Ahora tenemos regímenes incapaces de reforma, que en la práctica han aumentado el atractivo del islamismo. Si occidente esta interesado en reformas, tendría que considerar cómo integrar a los islamistas en el sistema político”.

El atractivo de los diversos movimientos islamistas se discute en detalle, y puede resumirse de la siguiente manera: se oponen a regímenes opresivos o a un ocupante extranjero; tienen un mensaje anticorrupción seductor; tienen habilidad para implantar estructuras de asistencia social alternativas a las proporcionadas por el Estado. Bajo el titular de “Motivos para el acuerdo”, el informe de McKee en la mesa redonda de París incluso sugiere que podría resultar beneficioso dar ayuda a los grupos islamistas en vez de a los gobiernos: “Dado que los grupos islamistas están a menudo menos corrompidos que la generalidad de las sociedades en las que operan, debiera considerarse canalizar recursos de ayuda a través de ellos, en la medida en que se disponga de suficiente transparencia”.

McKee dice que en París ningún momento no se discutió sobre la ideología islamista, ni sobre las consecuencias de la principal preocupación de Derek Plumby, la llegada al poder de un partido islamista. A veces, el análisis es lamentablemente de una visión muy corta: solo unos meses antes de que Hamas ganara las elecciones palestinas, Angus McKee pudo hacer una afirmación sobre los islamistas palestinos: “Muchos quieren participar en el sistema político, pero temen asumir poder y responsabilidad. Para Hamas, el convertirse en parte del Gobierno podría indicar una complacencia de su parte en entablar un diálogo con Israel, una noción a la cual se opone implacablemente”.

Al final fueron los daneses quienes aportaron su política pragmática de no negociar con Hamas como tal, pero llegar a negociaciones con todos los políticos electos, incluso si pertenecía a partidos islamistas. Era una estrategia que el Foreign Office encontró atractiva, y parece ser admisible que ese principio orientara las discusiones posteriores sobre la negociación con la Hermandad Musulmana sin aparentar conversar con grupos extremistas. Pese a la alta sintonía del Foreign Office con los islamistas, Angus McKee sin embargo se sorprendió del enfoque “directo” de Alemania de permitir a sus representaciones negociar con cualquiera que “pudiera llegar al poder en un plazo de cinco años”.

En su carta al director político del Foreign Office, John Sawers, de 23 de junio de 2005, Plumby acepta conversar con los islamistas. Las preocupaciones de Plumby giran en torno a negociaciar sin un detallado conocimiento de lo que el gobierno británico espera obtener de ello. Pero tiene sospechas de que el gobierno ya ha adoptado una política general de compromiso, sin tener en cuenta las consecuencias para determinados países. “Si entramos en una postura que considere un principio general [esa negociación] entraremos en dificultades específicas en determinados países, incluyendo éste. Visto desde aquí, sería mejor adoptar una postura para cada país individual, en orden a seguir nuestros objetivos mundiales de reforma. Los principios generales debieran ser de aplicación universal (democracia, libertad de expresión, respeto a los derechos humanos, etc.)”. Pero la sugerencia de Plumby de que sería mejor continuar tras el telón, recogiendo información país por país sobre la Hermandad Musulmana, fue aparentemente rechazada a favor de la adopción de un principio general de acuerdo con los islamistas.

Las conversaciones de París llevaron en 2005 a la difusión de un informe sobre las políticas de la Hermandad Musulmana titulado “La Hermandad Musulmana, ¿terroristas?”. Este documento, muy revelador, subraya la historia de esa organización y es un convincente argumento para llegar a acuerdos con la versión moderna y reformada del movimiento. Un mes después de la reunión en París, el Foreign Office se orientaba hacia una política de compromiso total, pese a las preocupaciones de Plumby.

El análisis del Foreign Office está en profunda sintonía con la Hermandad Musulmana, prohibidos en Egipto, y se muestra crítico con los intentos del presidente Hosni Mubarak de demonizar a la organización como “terrorista”. El autor es también Angus McKee, quien se muestra como una de las principales fuerzas impulsoras tras la facción del Foreign Office favorable al acuerdo, o al menos un efectivo abanderado de la política previa. “Se trata de una política consistente, que, junto con detenciones periódicas y otros acosos, intenta mantener a la Hermandad Musulmana ‘dentro de la caja’. Sin embargo, pese a ello, la Hermandad Musulmana siguen siendo la mayor y más efectiva oposición en Egipto. Su capacidad para movilizar apoyo y su crítica del actual sistema son mucho mas efectivas que las de los partidos de la oposición oficiales”.

A medida que se desarrollaban las conversaciones en el verano de 2005, los mandarines del Foreign Office hicieron circular un informe con el título “Debemos hablar con los islamistas políticos en Oriente Medio, y no sólo en Irak”. Fue redactado por Richard Murphy, Asistente al Secretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos de Oriente Medio en el gobierno Reagan, y por Basil Eastwood, antiguo embajador británico en Damasco, una impresionante pareja en la propaganda interna de guerra del Foreign Office. Los dos veteranos arabistas escribían que ellos habían dialogado con “un pequeño grupo de gente cercanos a las diferentes ramas nacionales de la Hermandad Musulmana, con Hamas y con Hezbollah”. Su entusiasmada conclusión era a favor del diálogo. En esencia, categorizan la ideología islámica de la Hermandad Musulmana en tres campos: el “islam oficial” de los regímenes de Oriente Medio y Asia, que desprecian por no liberal y antidemocrático; el “islam yihadi” de Al Qaeda y otros grupos, comprometido con la violencia como estrategia revolucionaria, y el “islam político”, que busca reformas en el islamismo a través de procesos democráticos.

Las tesis de Murphy y Eastwood a favor de los acuerdos con los islamistas son claras y ordenadas y se resumen en el siguiente párrafo: “Tal vez la mejor prueba a su favor [de los islamistas políticos] es el hecho de que son duramente criticados por musulmanes extremistas que abogan por la violencia para implantar una dirección clerical autoritaria. Porque, cuando se trata de política, los musulmanes no están más unidos que los cristianos. El islam político varía de un país a otro, pero existen diferencias mucho más grandes entre los islamistas políticos y el ‘islam oficial’ por una parte y entre ellos y los yihadistas por otra. Incluso dentro del islam suní (ortodoxo) hay grandes divisiones entre los exponentes del ‘islam oficial’, los islamistas ‘políticos’ que buscan cambios pero no abogan por la violencia para derrocar regímenes y los yihadistas, los extremistas islámicos que sí lo hacen”. Los autores no aclaran que las tres ramas que identifican no están tan definidas como ellos quisieran. En el mundo musulmán individualmente, muchos pasan fácilmente de una categoría a otra, o bien ocupan dos o más a la vez.

En efecto, Murphy y Eastwood abogan por un diálogo inmediato con el islam político para evitar una conflagración y su conclusión es apocalíptica: “Creemos que los gobiernos del G8 deben ahora, tal vez de forma indirecta, entrar en diálogo con dichos movimientos e implicarlos en la vía de la sociedad civil del proyecto ‘Broader Middle East Initiative’ del gobierno Bush. Si queremos evitar un choque de civilizaciones entre el islam y occidente (o, incluso más serio, con en islam en occidente) y si somos serios respecto a las reformas en Oriente Medio, tenemos que negociar con aquellos que luchan por adaptar su fe al mundo como es ahora, y no como era en los tiempos del Profeta”. Es fácil ver que este tipo de argumento clásico de “tercera vía” puede parecer atractivo a funcionarios deseosos de agradar a los ministros del Nuevo Laborismo proclives a las políticas de compromiso y triangulación. No sorprende que venciera a los enfoques más cautos de funcionarios como Plumby.

En enero de 2006, después de que la Hermandad Musulmana lograran un quinto de los diputados en las elecciones egipcias, el Foreign Office aprovechó la ocasión para cambiar su política sobre ellos, algo que llevaba preparando algún tiempo. Un memorándum a los ministros fechado el 17 de enero de 2006 subrayaba las opciones preferidas:

– “Incrementar la frecuencia de contactos de trabajo con los parlamentarios de Hermandad Musulmana (que no abogan por la violencia), especialmente con los miembros de comités parlamentarios.
– Cambiar el contenido de nuestro diálogo para centrarlo en comunicar nuestra política, así como estar en actitud de escucha
– Animar a otros países a adoptar una política similar de compromiso, incluyendo a la Unión Europea y a los Estados Unidos”.

Pese a que el documento afirma que ese cambio en su política tiene la aprobación de “Egipto” (es decir, de Plumby), el razonamiento tras las modificaciones parece estar en contradicción directa con lo que el embajador en El Cairo había dicho en su carta de junio de 2005, sobre no caer en el autoengaño de pensar que podamos usar nuestros contactos para influenciar sobre los islamistas políticos. El informe, que fue trasladado al entonces Secretario de Exteriores Jack Straw y al ministro de Oriente Medio Kim Howells afirmaba: “El incremento de los contactos puede ayudar a desanimar la radicalización. Interactuar con el ‘islam político’ es un importante elemento de nuestra estrategia contenida en el ‘Compromiso con el Mundo Islámico’ y debiéramos intentar influenciar estos grupos, que a menudo tienen una significante influencia en las ‘raíces’. También nos da la oportunidad de poner en duda su percepción de Occidente, incluyendo al Reino Unido, y sus recetas para resolver los desafíos respecto a Egipto y el área”.

La posición del gobierno británico fue clarificada en las respuestas parlamentarias a principios de 2006, en respuesta al ministro en la sombra conservador Michael Gove. Preguntado sobre los contactos entre el gobierno y la Hermandad Musulmana desde septiembre de 2001, Kim Howells respondía el 11 de mayo de 2006: “Funcionarios británicos han tenido contactos con miembros del parlamento egipcio, incluyendo contactos ocasionales con miembros de la Hermandad Musulmana desde septiembre de 2001. Los funcionarios también se han reunido con representantes de la Hermandad Musulmana en Jordania, Kuwait y Líbano. Además, los funcionarios han tenido contactos limitados con la Hermandad Musulmana en Siria, cuyos dirigentes están exiliados en Londres”. Interpelado en los Comunes el 23 de mayo por Keith Simpson, un portavoz de Asuntos Exteriores en la sombra conservador, sobre si algunos de los individuos con los que el gobierno estaba hablando estuvieran relacionados con el terrorismo, las respuestas de Howells fueron incluso mas reveladoras: “Ciertamente no tengo información sobre ello, y no tengo conocimiento de que alguien con los que hemos hablado estuviera relacionado con tales actos. El Honorable Caballero recordará, sin duda, que este Parlamento tiene alguna historia de conversar con organizaciones terroristas como el IRA. Me esforzaré en asegurar que no nos comprometemos con nadie que abogue por el terror, sea islamista o de otro tipo, que amenace matar a gente inocente”. La respuesta de Howells apunta a la profunda confusión dentro del gobierno sobre como enfrentarse a este desafío. Y plantea la pregunta de si contempla a la Hermandad Musulmana como una organización terrorista, o no.

¿Quién se beneficia de llegar a tales organizaciones? Ciertamente la Hermandad Musulmana sabe aprovechar tal aparente incertidumbre. El 2 de junio de 2006, el boletín semanal de la Hermandad Musulmana publicado en Londres informaba de la sesión de la Cámara de los Comunes del 23 de mayo con evidente alegría. Con el titular de “La Hermandad Musulmana domina las sesiones parlamentarias británicas”, aplaude la nueva postura de Gran bretaña sobre el diálogo y se congratula de su éxito al colocarse como un destacado protagonista en Egipto. Promoviendo el diálogo, el gobierno británico ha reforzado por tanto la credibilidad internacional de la Hermandad Musulmana. El acuerdo no es una calle de un solo sentido, claramente.

Martin Bright, When Progressives Treat with Reactionaries. The British State’s flirtation with radical islamism, Policy Exchange, julio de 2006, https://www.policyexchange.org.uk/wp-content/uploads/2016/09/when-progressives-treat-with-reactionaries-jul-06.pdf

El Pentágono mantiene laboratorios de guerra bioquímica en 25 países protegidos bajo inmunidad diplomática

Dilyana Gaytandzhieva
El Pentágono ha desplegado a sus científicos en 25 países y les ha concedido inmunidad diplomática para investigar virus, bacterias y toxinas mortales en laboratorios militares fuera del territorio de Estados Unidos en un programa presupuestado en 2.100 millones de dólares, denominado Programa de Compromiso Biológico Cooperativo (CBEP).

El programa lo financia la Agencia de Reducción de Amenazas de la Defensa (DTRA) y las instalaciones se ubican en países de la antigua Unión Soviética, como Georgia y Ucrania, así como Oriente Medio, el sudeste Asiático y África.

Uno de esos laboratorios de guerra bioquímica está en Tblisi, la capital de Georgia, y la embajada transporta en valijas diplomáticas sangre humana congelada y patógenos para el programa militar secreto.

El gobierno de Estados Unidos no tiene dinero para invertir en la salud de sus ciudadanos pero se gasta 161 millones de dólares en su laboratorio de Tblisi, una instalación secreta ubicada a sólo 17 kilómetros de la base aérea militar estadounidense de Vaziani.

El laboratorio está muy vigilado. En un radio de 100 metros todos los transeúntes son filmados en vídeo, a pesar de que se encuentra en el barrio de Alexeevka, una zona residencial.

En sus alrededores el aire se carga con el olor de los productos químicos. Por la noche el viento lleva el humo hacia la zona residencial. Los vecinos se quejan de que por la noche el laboratorio quema productos químicos peligrosos y que se vierten residuos peligrosos al río cercano a través de las tuberías de desagüe.

Por la noche el laboratorio parece estar todavía en funcionamiento y un coche diplomático con matrícula de la embajada de Estados Unidos se puede ver en el aparcamiento del Centro.

Los vecinos se quejan de dolores constantes de cabeza, náuseas, presión arterial alta y mareos cuando los productos químicos se queman por la noche en el laboratorio que está a sólo un par de cientos de metros de sus casas.

“Hay humo negro, rojo o verde en la noche o especialmente temprano en la mañana alrededor de las 3 ó 4 de la madrugada. Incluso las gallinas han muerto. Pusieron una gran tubería bajo tierra y la conectaron a los desagües. Este olor viene de allí. Huele a huevos podridos y a heno en descomposición. El olor es muy fuerte y se propaga en diferentes direcciones por el viento”, dice Eteri Gogitidze, que vive en un bloque de pisos junto al laboratorio.

“Tengo una enfermedad de la tiroides. Hay familias de tres personas en el vecindario y los tres tienen una enfermedad de la tiroides. Dicen que se debe al laboratorio”, explica Gogitidze.

Albert Nurbekyan, que vive a unos 300 metros del laboratorio, muestra las cuatro chimeneas que emiten humo por la noche. “A veces el viento esparce un olor a huevos podridos. Una vez me desperté temprano por la mañana y noté que salía humo violeta del laboratorio. Por la noche dejan salir el humo para que la gente no vea. ¿Por qué por la noche?, ¿qué es lo que nos ocultan?”

Luego nos da otro dato preocupante: “Hay grandes tuberías de plástico azul a lo largo de esta calle [desde el laboratorio] y desde donde todo va al río, que está a 3 ó 4 kilómetros de distancia. No sólo contaminan nuestro aire, sino que también envenenan nuestra agua”.

https://dilyana.bg/us-diplomats-involved-in-trafficking-of-human-blood-and-pathogens-for-secret-military-program/

Golpe de Estado contra Maduro: enviados de Estados Unidos se han reunido con militares venezolanos en secreto

Eviados del gobierno de  Trump se han reunido en secreto con militares venezolanos para dar un Golpe de Estado y derrocar al Presidente Maduro por la fuerza, asegura el New York Times (*).

Establecer contactos clandestinos con golpistas en Venezuela fue una gran apuesta para Washington, dado su largo historial de intervenciones encubiertas en toda América Latina. Muchas personas de la región aún sienten un gran resentimiento contra Estados Unidos por haber respaldado rebeliones, golpes de Estado y complots en países como Cuba, Nicaragua, Brasil y Chile, así como por haber guardado silencio ante los abusos que los regímenes militares cometieron durante la Guerra Fría.

En respuesta a las preguntas sobre esas conversaciones secretas, la Casa Blanca señaló mediante un comunicado que era necesario participar en un “diálogo con todos los venezolanos que expresan el deseo de restablecer la democracia” con el fin de “aportar un cambio positivo a un país que ha sufrido mucho bajo el gobierno de Maduro”.

Sin embargo, un comandante militar de ese país que estuvo involucrado en las conversaciones difícilmente puede ser considerado como un emisario democrático: está en la lista de funcionarios corruptos de Venezuela que han sido sancionados por el gobierno estadounidense.

Él y otros miembros del aparato de seguridad venezolano han sido acusados por Washington de un gran número de delitos graves, entre ellos torturar a los opositores del régimen, encarcelar a cientos de prisioneros políticos, herir a miles de civiles, traficar drogas y colaborar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), un grupo guerrillero que Estados Unidos considera como una organización terrorista.

Al final, los funcionarios estadounidenses decidieron que no ayudarían a los conspiradores, y el plan del golpe de Estado quedó estancado. No obstante, la disposición del gobierno de Trump de reunirse varias veces con oficiales rebeldes que pretenden derrocar a un mandatario de este hemisferio podría resultar políticamente contraproducente.

Desde hace mucho tiempo, Maduro afirma que los imperialistas de Washington están intentando destituirlo de manera activa, y las reuniones secretas podrían proporcionarle argumentos para cambiar la postura de la región que, en general, se muestra en su contra.

“Esto caerá como una bomba” en la región, comentó Mari Carmen Aponte, quien fungió como la principal diplomática en asuntos de América Latina durante los últimos meses del gobierno de Barack Obama.

Además del complot golpista, el gobierno de Maduro ya ha eludido varios ataques, entre ellos una descarga de artillería desde un helicóptero el año pasado y un dron que explotó mientras pronunciaba un discurso en agosto.

Los militares venezolanos buscaron tener acceso directo al gobierno estadounidense durante la presidencia de Obama, pero fueron rechazados, señalaron los funcionarios.

Después, en agosto del año pasado, el presidente Trump declaró que Estados Unidos tenía una “opción militar” para Venezuela, una afirmación que atrajo el repudio de los aliados de Estados Unidos en la región, pero que animó a los militares rebeldes venezolanos a comunicarse con Washington una vez más.

“Ahora era el presidente quien lo decía”, señaló el excomandante venezolano que se encuentra en la lista de sancionados durante una entrevista, quien habló con la condición de conservar su anonimato por temor a represalias por parte del gobierno de Venezuela. “No iba a dudar de la información si provenía de ese mensajero”.

Durante una serie de reuniones secretas en el extranjero —que comenzaron el otoño pasado y continuaron este año— los militares le dijeron al gobierno estadounidense que representaban a varios cientos de miembros de las fuerzas armadas que no estaban de acuerdo con Maduro. Le pidieron a Estados Unidos que les proporcionara radios cifradas, pues aseguraron que necesitaban comunicarse de manera segura, mientras desarrollaban un plan para instalar un gobierno de transición dirigido por el Ejército con el fin de gestionar el país hasta que pudieran convocar elecciones.

Los funcionarios estadounidenses decidieron no proporcionar el material de apoyo y los planes se vinieron abajo después de un operativo de represión en el que se detuvo a decenas de conspiradores.

El recuento de las reuniones clandestinas y los debates políticos que las precedieron se elaboró a partir de entrevistas con once funcionarios y exfuncionarios estadounidenses, además del excomandante venezolano. Este dijo que por lo menos tres grupos distintos dentro de las fuerzas armadas venezolanas habían conspirado contra el gobierno de Maduro.

Uno estableció contacto con el gobierno estadounidense a través de la embajada de Estados Unidos en una capital europea. Cuando se informó a Washington sobre este acercamiento, los funcionarios de la Casa Blanca se mostraron intrigados pero recelosos. Les preocupaba que la solicitud de reunirse pudiera ser una trampa para grabar clandestinamente a algún agente estadounidense mientras al parecer conspiraba contra el gobierno venezolano, señalaron los funcionarios.

No obstante, el año pasado, los estadounidenses decidieron que valía la pena correr el riesgo con el fin de tener un panorama más claro de los planes y los oficiales que buscaban destituir a Maduro. “Después de muchas discusiones, acordamos que debíamos escuchar lo que querían decirnos”, comentó un funcionario gubernamental de alto nivel que no tiene autorización para hablar sobre las reuniones secretas.

Al principio, el gobierno consideró enviar a Juan Cruz, un agente veterano de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que recientemente renunció a su puesto como principal autoridad normativa de la Casa Blanca en asuntos de América Latina. Sin embargo, los abogados de la Casa Blanca dijeron que sería más prudente enviar a un diplomático de carrera.

Le pidieron al enviado estadounidense que asistiera a las reuniones “solo para escucharlos”, y no le dieron autorización para negociar ningún asunto importante durante estos encuentros, de acuerdo con un funcionario de alto nivel del gobierno.

Después de la primera reunión, que tuvo lugar a finales de 2017, el diplomático informó que los venezolanos no parecían tener un plan detallado y se habían presentado con la esperanza de que los estadounidenses llegaran con ideas o directrices de apoyo.

El excomandante venezolano señaló que los rebeldes jamás pidieron una intervención militar por parte de Estados Unidos. “Jamás acordé ni se propuso un operativo conjunto”, precisó el excomandante.

Agregó que él y sus colegas consideraron llevar a cabo su plan el verano pasado, cuando el gobierno suspendió los poderes de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, e instaló la Asamblea Nacional Constituyente que es leal a Maduro. No obstante, dijo que abortaron el plan por temor a que sucediera una masacre.

Después planearon hacerse con el poder en marzo, relató el exmilitar, pero el plan se filtró. Finalmente, los disidentes decidieron que ejecutarían la operación durante las elecciones del 20 de mayo, fecha en que Maduro fue reelecto. Pero una vez más, se corrió el rumor de que los conspiradores se estaban preparando y tuvieron que detener sus planes, aunque no hay pruebas de que el Presidente supiera que los golpistas habían contactado a los estadounidenses.

Para que cualquiera de los complots funcionara, explicó el excomandante, él y sus colegas creían que era necesario detener a Maduro y a otros personajes principales del gobierno al mismo tiempo. Para lograrlo, los funcionarios golpistas necesitaban un medio para comunicarse en forma segura. Hicieron su petición durante la segunda reunión con el diplomático estadounidense, que sucedió el año pasado.

A su vez, el enviado comunicó la petición a Washington, donde fue rechazada por los altos funcionarios. “Quedamos frustrados”, comentó el excomandante venezolano. “No hubo seguimiento. Me dejaron esperando”.

Después el diplomático estadounidense se reunió con los conspiradores por tercera ocasión, a principios de este año, pero no lograron obtener una promesa de ayuda material ni una señal clara de que Washington apoyaba los planes de los rebeldes, según el excomandante venezolano y varios agentes estadounidenses.

Aun así, los venezolanos consideraron las reuniones como una aprobación tácita de sus planes, argumentó Peter Kornbluh, historiador del Archivo Nacional de Seguridad en la Universidad George Washington.

“Estados Unidos siempre ha mostrado interés en conocer información de inteligencia sobre posibles cambios de liderazgo en los gobiernos”, dijo Kornbluh. “Pero tan solo el hecho de que un diplomático estadounidense se presentara a una reunión como esa probablemente se percibiría como un espaldarazo”.

Agentes estadounidenses han citado abiertamente la posibilidad de que las fuerzas armadas de Venezuela puedan tomar medidas.

El 1 de febrero, Rex Tillerson, que en ese entonces era secretario de Estado, dijo que Estados Unidos no había “promovido un cambio de régimen ni la destitución del presidente Maduro”. Sin embargo, en respuesta a una pregunta, Tillerson indicó la posibilidad de que se produjera un golpe de Estado militar.

“Cuando las cosas estén tan mal que el mando militar se dé cuenta de que ya no puede servir a los ciudadanos, encontrará la forma de realizar una transición pacífica”, comentó.

Días después, Marco Rubio, el senador de Florida que ha buscado influir en el enfoque del gobierno de Trump sobre Latinoamérica, publicó una serie de tuits que animaron a los disidentes de las fuerzas armadas venezolanas a derrocar a su presidente.

Durante su época como director de políticas de la Casa Blanca para América Latina, Cruz les envió un mensaje a los venezolanos durante un discurso en abril. Se refirió a Maduro como “demente”, Cruz dijo que todos los venezolanos debían “instar a las fuerzas armadas a respetar el juramento que hicieron de desempeñar sus funciones”, dijo. “Cumplan con su promesa”.
En años recientes los funcionarios estadounidenses debatieron los pros y los contras de establecer diálogos con facciones golpistas de las fuerzas armadas.

“Eran diferencias de opinión”, dijo Aponte, la exdiplomática principal en materia de Latinoamérica del gobierno de Obama. “Había gente que le tenía mucha fe a la idea de que podían aportar estabilidad, ayudar a distribuir alimentos y trabajar en cuestiones prácticas”.

No obstante, otros —entre ellos Aponte— vieron los riesgos de establecer vínculos con líderes de las fuerzas armadas que, según el análisis de Washington, se habían convertido en un pilar del tráfico de cocaína y los abusos a los derechos humanos.

Roberta Jacobson, una exembajadora en México que antecedió a Aponte en el puesto de funcionaria principal del Departamento de Estado para políticas de Latinoamérica, dijo que, aunque desde hace mucho Washington considera que las fuerzas armadas venezolanas sufren de “corrupción generalizada, están muy involucradas en el narcotráfico y son despreciables”, ella pensaba que valía la pena establecer un canal diplomático extraoficial con algunos de sus miembros”.

“Dada la descomposición extendida de las instituciones venezolanas, se tenía la idea de que, aunque no necesariamente eran la respuesta, cualquier tipo de resolución democrática habría tenido que incluir a las fuerzas armadas”, dijo Jacobson, quien renunció al Departamento de Estado a principios de este año. “La idea de escuchar a los líderes de esos lugares, sin importar qué tan indeseables resulten, es esencial para la diplomacia”.

Sostener discusiones con los golpistas podría hacer sonar alarmas en una región con una lista de intervenciones infames: la invasión fallida de la CIA en Bahía de Cochinos para derrocar a Fidel Castro en 1961; el golpe de Estado respaldado por Estados Unidos en Chile en 1973, que llevó a la larga dictadura militar de Augusto Pinochet, o el apoyo encubierto del gobierno de Reagan a los rebeldes de derecha conocidos como los Contras en Nicaragua durante la década de 1980.

En Venezuela, un golpe de Estado en 2002 destituyó brevemente a Hugo Chávez, el predecesor de Maduro. El gobierno de Bush abrió un canal de comunicación con el jefe golpista pero Chávez fue restituido como presidente.

En el complot más reciente, el año pasado había de 300 a 400 miembros de las fuerzas armadas vinculados con el plan, pero esa cantidad se redujo a casi la mitad después de las enérgicas medidas emprendidas por el gobierno de Maduro este año.

El excomandante venezolano lamentó que Estados Unidos no proveyera los radios a los rebeldes, pues cree que eso pudo haber cambiado la historia del país. “Estoy decepcionado”, dijo el exgeneral. “Pero soy el menos afectado. Yo no soy prisionero”.

(*) https://www.nytimes.com/es/2018/09/08/trump-golpe-de-estado-maduro/

Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (y 4)

Los terroristas que apoyaba Reino Unido tenían una relación muy estrecha con el Frente Al-Nosra. En 2013 Paul Wood, de la BBC, informó que “el Ejército Libre de Siria [estaba] tan cerca del Frente Al-Nosra que casi se había fusionado”. El “Ejército Libre de Siria” colaboró regularmente con el Frente Al-Nosra durante toda la guerra.

En 2015 se desestimó una demanda presentada ante el Tribunal Penal Old Bailey contra Bherlin Gildo, un ciudadano sueco acusado de asistir a un campo de entrenamiento terrorista para luchar en Siria, cuando se descubrió que los servicios de inteligencia británicos apoyaban a los mismos grupos de oposición que él. Los medios de comunicación británicos informaron de que Gildo estaba luchando en las filas del Frente Al-Nosra o en un grupo yihadista afiliado, Kataib Al-Mujahidin.

Sin embargo, no se sabía si realmente Gran Bretaña apoyaba a este grupo en particular. Probablemente la desestimación de la demanda estuvo relacionada más bien con el hecho de que Gran Bretaña apoyó al “Ejército Libre de Siria” y que estas fuerzas eran en gran medida indistinguibles de los grupos yihadistas a los que se unieron individuos como Gildo.

Aunque es poco probable que Gran Bretaña haya armado directamente o formado grupos yihadistas en Siria, su guerra secreta ha aumentado la certeza de que estos grupos se beneficiaron de sus políticas. “Occidente no está entregando armas a Al-Qaeda, y mucho menos al Califato Islámico, pero el sistema que ha construido está conduciendo precisamente a ese resultado”, señaló Alastair Crooke, director del MI6. Las armas proporcionadas al “Ejército Libre de Siria” fueron un supermercado que abastecía a los grupos más extremistas para imponer la yihad.

El esfuerzo por controlar a esos grupos antes de enviar ayuda occidental sonó como un reconocimiento del papel dominante que dentro de la oposición desempeñaban los grupos yihadistas. En gran medida esa política careció de sentido. La operación secreta británica formaba parte de un programa masivo en el que Arabia saudí gastó “varios miles de millones de dólares” y Qatar 3.000 millones de dólares para financiar principalmente a grupos yihadistas.

El año pasado el gobierno británico reveló que desde 2015 había gastado 199 millones de libras esterlinas (unos 229 millones de euros) para apoyar a la oposición “moderada” frente a Assad y al Califato Islámico.

El apoyo incluía “equipos de comunicación, médicos y logísticos”, así como la formación de periodistas en el desarrollo de “medios de comunicación sirios independientes”. Sin embargo, los detalles de las últimas operaciones secretas británicas siguen siendo poco claros y se ha proporcionado poca información para revelar el papel desempeñado por Reino Unido.

En la actualidad, el gobierno sigue dando respuestas engañosas a las preguntas parlamentarias. La semana pasada no respondió a una pregunta del diputado laborista Lloyd Russell-Moyle, que preguntó qué grupos armados había formado Reino Unido desde 2012. En cambio, dio a entender que desde 2016 sólo había formado grupos que luchaban contra el Califato Islámico.

En respuesta a otra pregunta parlamentaria del mes pasado sobre el número de soldados que actualmente tiene Gran Bretaña en Siria, el gobierno también despertó sospechas al no responder con precisión, dando fe únicamente de la presencia de 600 soldados desplegados por todo Oriente Medio, una vez más con el único propósito de luchar contra el Califato Islámico.

Paralelamente, el gobierno británico sigue argumentando que “los principales grupos armados de oposición sobre el terreno” en Siria “no son terroristas” y, en cambio, apoyan una solución política negociada de lo que califican como “una crisis”.

La política británica, al igual que la de los aliados de Gran Bretaña, ha contribuido a que los sirios sigan sufriendo y no se ha visto motivada en modo alguno por su angustia. También ha contribuido a la amenaza terrorista a nivel nacional.

Cientos de británicos, incluidos los yihadistas que trabajan con los grupos más violentos, han recibido formación en Siria y les han alentado a regresar a Reino Unido para llevar a cabo los ataques. La política activa y beligerante de Gran Bretaña contra Siria es un desastre para la población de ambos países.

(Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies