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El gobierno del PSOE y Podemos engañó a todos con un ‘comité de expertos’ sobre la pandemia que nunca existió

En una respuesta oficial al Consejo de Transparencia, el gobierno del PSOE y Podemos ha reconocido que no existió ningún “comité de expertos” encargado de decidir qué territorios iban avanzando en la desescalada del confinamiento.
Las decisiones que se han tomado no han sido de naturaleza técnica sino política.

A raíz de una denuncia, el organismo le preguntó si se ajustaba a la ley su negativa a hacer públicos los nombres de las personas que le asesoraban en la desescalada.

Fue el propio Pedro Sánchez quien en su día denominó al supuesto equipo como “comité técnico para la desescalada” a principios del mes de mayo, pero desde el anuncio de su creación, se ha negado a dar información sobre su composición o los nombres que lo conformaba, pese a las reiteradas preguntas de periodistas o partidos políticos. “Lo que importa es que son funcionarios del Ministerio de Sanidad quienes junto a las direcciones de Sanidad Pública de las comunidades, deciden de manera coordinada los territorios que pueden pasar de una fase a otra y es es lo más importante”, respondía en rueda de prensa el 9 de mayo.

En esa misma rueda de prensa, insistió en que “estamos siendo asesorados por expertos de una extraordinaria calidad desde el punto de vista científico y de compromiso de servicio público y lo único que puedo hacer es reivindicar su profesionalidad y reconocer su compromiso”.

Fernando Simón también mintió. El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias fue preguntado al respecto el 6 de mayo y se negó a dar nombres. “No les voy a dar el nombre de ninguna persona del equipo”, respondía tajante, ante la insistencia de los medios. “Las presiones que sufre cualquier persona a la que se nombre […] acaban haciendo muy difícil que puedan trabajar con la suficiente libertad […] Lo mejor que podemos hacer es dejar que hagan su trabajo correctamente y de la forma más independiente posible”, justificaba para no dar sus nombres. El único dato que apuntó es que se trataba de 12 técnicos “que trabajan en la Dirección General de Salud Pública”.

La petición de los nombres también fue transmitida al ministro de Sanidad, Salvador Illa, sin obtener una respuesta clara. “Todo el mundo conoce quién es el ministro de Sanidad, todo el mundo conoce quién es el director del Centro de Coordinación de Emergencias y quién es la directora general de Salud Pública del Ministerio”.

“Yo creo que esto está muy claro. Las comunidades transmites sus propuestas que después son evaluadas por el Comité. Se celebra una reunión bilateral y se llega a un acuerdo”, añadía. “Los técnicos, profesionales, funcionarios que trabajan en el Centro son conocidos” e insistía en que “es un procedimiento claro y transparente”.

“El comité de expertos lo que hace es asesorar al gobierno”, explicaba por su parte la ministra portavoz, María Jesús Montero, un 8 de mayo. “Pero los encargados de evaluar el panel de indicadores, de establecer los criterios, de dialogar con las Comunidades Autónomas con reuniones bilaterales a diario, son los funcionarios habituales y miembros del CCAES, que están con todos los datos disponibles y que disponen de todos los criterios para poder mantener ese diálogo y el ministro finalmente firma la orden”, aclaraba.

https://www.20minutos.es/noticia/4339395/0/gobierno-alusiones-comite-tecnico-expertos/

¿Le interesa a Usted una segunda opinión en un asunto que concierne a su salud? Pues ya no puede pedirla

Antes cuando un médico le daba un diagnostico al paciente, éste podía consultar a otro distinto para obtener una segunda opinión. Ahora ya no. Ya no puede preguntar. Se tiene que conformar con lo que le den.

Se llama pensamiento único porque el paciente ni siquiera sabrá que esa segunda opinión existe. Es posible que ni siquiera el médico sepa que existe la posibilidad de otro diagnóstico, o de otro tratamiento. Quizá nunca haya oído hablar de nada diferente de la doctrina que le impartieron en la facultad cuando era estudiante.

Dentro de poco tampoco quedará ninguna otra fuente de información. Por fin, todos pensaremos lo mismo y no tendremos dudas de ninguna clase.

Si tenemos cualquier problema de salud, existirá un vademécum de soluciones dictado por la OMS, encargada de dictaminar lo que es ciencia y lo que no lo es, y todos seguirán esas soluciones al pie de la letra, sean ricos o pobres, de izquierdas o de derechas, de Porriño o de Calcuta.

Por eso desde el 20 de mayo Youtube prohíbe que las publicaciones contradigan las recomendaciones de la OMS: “Youtube no permite el contenido que difunda información médica errónea que contradiga a la Organización Mundial de la Salud (OMS) o a las autoridades sanitarias locales”.

¿Se dan cuenta? La información que contradice a la OMS es “errónea”, incluso cuando la propia OMS se contradice a sí misma.

La censura de YouTube se dirige expresamente a cualquier discurso que se refiera al coronavirus y sea diferente del oficial. Por ejemplo, están prohibidos los “vídeos que digan que el distanciamiento social y el auto-aislamiento no son efectivos para reducir la propagación del virus”.

Tampoco puedes decir que “el coronavirus no existe”. Por el contrario, no tienes ningún problema al afirmar que el virus SV40 no existe. Todo depende del virus al que te refieras porque hay virus y virus, unos más censurables que otros.

Tras depurar a los conspiranoicos de internet, deberíamos continuar luego por las librerías y bibliotecas. Los gorrillas que velan por nuestra salud deberían hacer acopio de los libros terraplanistas y quemarlos en la vía pública, no vaya a ser que engañen a alguno. Posteriormente deberían continuar haciendo lo mismo con los médicos que siguen doctrinas terraplanistas, homeopáticas, germánicas, chamánicas y demás.

Estamos ante un serio problema de salud y para acabar con él no podemos parar hasta dejar títere sin cabeza.

(*) https://support.google.com/youtube/answer/9891785

Más información:
– Dossier coronavirus

La Policía Municipal se llevó atado a la camilla al hospital a una persona que no quiso hacerse un test de coronavirus

El terrorismo fascista funciona hoy de la siguiente manera: la Policía Municipal de Valladolid se llevó atado a la camilla al hospital a una persona que se negó a hacerse un test de coronavirus.

De este de terror fascista son cómplices los que aplauden y jalean ese tipo de agresiones contra quienes no hacen otra cosa que ejercer sus derechos y, muy especialmente, la cohorte de seudoprogres, la izquierda domesticada, los antisistema, los partidos “revolucionarios” y sindicatos que mediante un lenguaje engañoso llevan agua al redil fascista.

El 4 de abril la Policía Municipal de Valladolid detuvo a un vecino a la fuerza para trasladarlo hasta un centro sanitario, ya que se negó a realizar una prueba de coronavirus de manera voluntaria.

El joven de 30 años trató de zafarse del atropello policial, aunque lograron reducirle a la fuerza en medio de los aplausos de algunos vecinos desde sus respectivos domicilios.

Bajo la “nueva normalidad” que han fabricado, unos llevan la jeringuilla y otros la pistola. El personal sanitario es un auxiliar de la represión policial y en Valladolid la tropa mixta llegó al domicilio privado de la víctima en una ambulancia en la que también viajaba un policía municipal, provistos de la parafernalia de rigor, esa especie de equipo de buceo característico de la guerra termonuclear.

Llegaban muy bien preparados. ¿Por qué le detuvieron, ¿qué delito había cometido? Ninguno: era un sospechoso de tener un virus, según informaron a Europa Press fuentes policiales.

Le sacaron a la fuerza de su vivienda y en el traslado a la ambulancia, ya en plena calle, la víctima trató de zafarse de sus secuestradores, si bien finalmente lograron reducirle, en medio de los aplausos de algunos vecinos desde los balcones.

Luego le ataron a la camilla y le llevaron al Hospital Clínico Universitario para someterle a la prueba para comprobar si era un apestado o no.

El terrorismo policial se asimila mejor cuando en lugar de meterte en un furgón con rejas, te meten en una ambulancia con camilla.

Es por nuestro bien. El fascismo se preocupa de la salud de la población.

https://www.tribunavalladolid.com/noticias/la-policia-municipal-se-lleva-atado-a-la-camilla-al-clinico-a-un-hombre-que-no-queria-hacerse-el-test-del-coronavirus/1586278387

Más información:

– La policía privada ha empezado con la sanidad: Cataluña subcontrata con empresas la persecución de los apestados
– Fascismo terapéutico: cuando la policía encarcela a los apestados por orden de los médicos
– Un juez ordena la busca y captura de un apestado para imponerle el confinamiento forzoso

– Antes la policía nos fichaba por nuestros crímenes, ahora los médicos nos fichan por nuestras enfermedades

– Ya tiene a su disposición su tarjeta de apestado y puede pasar a recogerla en cualquier momento

– Nueva subnormalidad: otro apestado al que los médicos ponen en busca y captura

Hay que dejar de alimentar el miedo (en Suiza la prensa ha procedido como cualquier otra del mundo)

Catherine Riva y Serena Tinari

Observamos con preocupación que la actual cobertura mediática de la epidemia de coronavirus es principalmente angustiante y emocional. Ello se debe a dos factores por lo menos: por una parte, la presentación de las cifras no da una idea lo más realista posible de la gravedad de la epidemia y de la forma en que se está desarrollando en Suiza; por otra parte, la tendencia a poner de relieve casos individuales que no son muy representativos o situaciones muy especiales, como la de Bérgamo (Italia), sin ponerlos en perspectiva.

De hecho, el público suizo no dispone de la información necesaria para juzgar si las medidas adoptadas en nombre de su protección le parecen aceptables y justificadas, en particular habida cuenta de los efectos negativos que esas medidas ya tienen y tendrán cada vez más, entre otras cosas, en la salud de los habitantes.

Las autoridades federales no proporcionan ciertos indicadores que permitan analizar la situación de la mejor manera posible y, lamentablemente, en la gran mayoría de los casos, los medios de comunicación no los piden.

Ejemplos de información indispensable que las autoridades no comunican de manera proactiva son la evolución de la tasa de letalidad, los criterios con arreglo a los cuales se realizan las pruebas o la base sobre la cual se atribuyen las muertes a Covid-19 (¿basta con que un paciente que muere como portador de la infección por coronavirus diga que murió «a causa de Covid-19» o se aplican otros criterios?) Y desafortunadamente, hasta donde sabemos, virtualmente ningún periodista los ha reclamado.

En cambio, la Oficina Federal de Salud Pública (OFSP) y la gran mayoría de los medios de comunicación siguen presentando sistemáticamente en primer lugar el número acumulado de casos identificados y el número acumulado de muertes, reforzando así día tras día la impresión infundada entre el público de que una epidemia se está propagando como un incendio forestal y está haciendo estragos en nuestro país.

Esta impresión es infundada porque, hasta la fecha, los modelos que preveían un desarrollo dramático que podría poner en peligro nuestras infraestructuras sanitarias han demostrado ser erróneos: nuestras unidades de cuidados intensivos no están desbordadas, al contrario, incluso tienen capacidad suficiente para acoger a varias decenas de pacientes de Francia. E incluso en Italia, un análisis más detallado revela que la situación extremadamente difícil de Lombardía y, en menor medida, de Emilia-Romaña parece seguir limitada a esta zona geográfica, ya que ninguna otra región ha experimentado una evolución similar.

http://www.re-check.ch/wordpress/fr/medias-suisses-covid-19/

(*) Catherine Riva y Serena Tinari son periodistas suizas especializadas en salud pública. El artículo lo publicaron el 5 de abril, en la etapa culminante de la pandemia

‘El País’: la banca sostiene a un medio de comunicación con una deuda impagable

Felipe González y J.L.Cebrián: tal para cual
El Grupo Prisa es una empresa multimillonaria, con una importante proyección americana, que se ve controlada cada vez más por bancos y fondos de inversión extranjeros. Aun así, “está lejos de desvincularse del legado franquista” y no se puede entender sin tomar en cuenta “la turbulencia y las disfunciones que ha experimentado el sistema mediático español desde la recuperación de la democracia”. Esto lo afirman Luis Albornoz, Ana Segovia y Núria Almiron en Grupo Prisa: Media Power in Contemporary Spain (El poder mediático en la España contemporánea), que acaba de publicar la prestigiosa editorial londinense Routledge en una colección dedicada a “gigantes” mediáticos internacionales.

El libro, escrito para un público angloparlante no necesariamente versado en las cosas de España, narra la accidentada historia de Promotora de Informaciones, S.A., fundada en 1972 y creadora, cuatro años después, del diario El País. También analiza la profunda transformación que ha vivido Prisa en la última década y media, periodo caracterizado por el peso nefasto de una deuda impagable; la venta de ramas importantes de la empresa; varias oleadas de despidos masivos; y la marginación de los mandatarios originales –la familia Polanco y Juan Luis Cebrián– a favor de poderes financieros españoles e internacionales.

Profesores de Periodismo y Comunicación los tres, Luis Albornoz (Buenos Aires, 1967) enseña en la Carlos III, Ana Segovia (Madrid, 1972) en la Complutense y Núria Almiron (Sabadell, 1967) en la Pompeu Fabra. La entrevista se realiza por videoconferencia, a cuatro voces.

Su libro está escrito en inglés para un público extranjero. ¿Hay algo que pudiera aprender de él un lector medio de El País o una oyente habitual de la Cadena Ser?

Luis Albornoz: Ofrecemos una perspectiva novedosa, también para lectores españoles: una visión de Prisa panorámica, crítica, desde la economía política. Y si bien hay bastantes libros sobre El País, no hay casi nada escrito sobre Santillana Ediciones, aunque ha sido una parte central de la empresa. De hecho, hoy Santillana es considerada la joya de la corona por los ingresos que da. Pero esa parte de la investigación la hemos tenido que realizar a golpe de hemeroteca.

Ana Segovia: También desmenuzamos con detalle la estructura de la propiedad de Prisa desde sus comienzos. Aunque es un tema que se ha cubierto bastante en los últimos años, puede que a un lector medio español le sorprenda la mescolanza muy diversa de ideologías políticas representadas en el grupo fundador.

Ese grupo fundador ha desaparecido casi por completo del organigrama. Empresas como Prisa están cada vez más controlados por la banca y fondos de inversión internacionales.

Nuria Almiron: El interés principal de una empresa que acaba financiarizada ya no es, desde luego, el periodismo. Tiene la cabeza en otros sitios. Esto se manifiesta de formas distintas. A nivel de redacción, se ve que el afán de lucro impide dedicar los recursos necesarios para hacer un periodismo de calidad e independiente que elija sus propios temas y tenga cierto margen de confianza a la hora de cubrir fraudes financieros o bancarios. Yo publiqué un libro sobre uno de los grandes fraudes del sistema bancario español en el que estuvo implicada toda la banca pero especialmente el Banco de Santander. Al revisar la hemeroteca, me quedó muy claro que en la cobertura en El País hubo manipulaciones realizadas para minimizar el daño a la imagen del banco.

Esto ocurre en otros grupos mediáticos también, ¿no? David Jiménez y otros han contado casos de censura directa –llamadas a la redacción desde los despachos de bancos, empresas o ministerios– y patrones de autocensura internalizados. En los últimos años ha salido todo un anecdotario en ese sentido. Lo que intentan hacer ustedes, me parece, es desvelar las estructuras que ayudan a explicar esas anécdotas.

Núria Almiron: Por algo somos economistas políticos.

Luis Albornoz: David Jiménez da un retrato fantástico de lo mal que está funcionando el periodismo en España. Porque, lamentablemente, lo que ocurre con el Grupo Prisa, donde la financiarización erosiona la independencia de los medios, también se da en los otros grupos de comunicación.

¿Esa promiscuidad entre poderes políticos, económicos y mediáticos se da solo en España?

Luis Albornoz: En el libro subrayamos, en ese sentido, la importancia de la relación con la política del otro lado del Atlántico, de México hasta Argentina. No es casual que una de las primeras cosas que hace Macri, el presidente argentino, sea visitar España y que, en esa visita, se reúna con los directivos del Grupo Prisa. Su sucesor, Alberto Fernández, visitó España incluso antes de ser proclamado presidente e hizo lo propio.

El control de los grupos mediáticos en España no solo ha pasado a bancos e inversores, sino que algunos de los medios más importantes del país son propiedad de empresas extranjeras –italianas, por ejemplo–.

Núria Almiron: El control de los poderes financieros sobre los medios es algo que sucede en todas partes. Pero en España ocurre, además, otra cosa: los medios de comunicación adolecen de un déficit democrático importantísimo. Es el mismo déficit del que adolece el país entero, que parte de una transición mal hecha. El régimen fascista se mantuvo en el corazón no solo de la democracia sino en toda la estructura empresarial, incluida la del diario El País, por más progresista que pareciera. Si agregamos a esto el hecho de que El País y el Grupo Prisa tuvieron al mando durante décadas a una persona proveniente de ese origen no democrático, como lo fue Juan Luis Cebrián, no creo que el problema central sea la pérdida de control por el influjo de capital de fuera. Importa más el hilo de control con ese ideario inicial de la empresa. Es paradójico, pero el capital financiero no tiene nacionalidad o ideología, más allá del principio neoliberal de ganar el máximo de dinero a costa de lo que sea. El capital no parte de favoritismos políticos. A pesar de ello, el Grupo Prisa ha tenido claramente unas direcciones políticas que no tienen nada que ver con su capital financiarizado. A diferencia del resto de Europa, en España, todo el sistema mediático ya venía sufriendo de un déficit democrático interno.

Cuando habla de un déficit democrático, ¿se refiere al funcionamiento interno de los medios o a la forma en que estos comprenden la democracia y su función dentro de ella?

Núria Almiron: Me refiero a ambas cosas, pero sobre todo a lo segundo: a los tabúes que no se tocan, como la monarquía o la unidad de España. O para volver al tema bancario, la misma crisis del 2007-2008. Ningún medio mainstream la ve venir o la quiere ver venir. No puede ser de otra manera porque los medios, con Prisa a la cabeza en España, forman parte del sistema financiarizado que la causa. ¿Y qué ocurre después? El Estado salva a la banca –los principales actores que provocan la crisis– con el apoyo de los medios mainstream, de nuevo con Prisa a la cabeza en España. Prisa forma parte del deep state en España.

Ana Segovia: Al hilo del relevo reciente de la dirección del periódico y de lo que se prevé en la próxima junta de accionistas, sorprende que en el seno de Prisa siga habiendo dos referentes industriales muy fuertes que tienen mucho peso dentro del Consejo de Dirección, aunque sus acciones son relativamente pocas. Uno es el Grupo Santander, que con la enorme cantidad de dinero que le tiene prestado a Prisa podría controlar muchas más acciones. Y otro es el Grupo Telefónica, al que se ha recurrido cuando ha hecho falta. Se ve que, más allá de lo financiero, siguen funcionando las redes clientelares de la élite económica del país.

Luis Albornoz: Ese lector medio del que hablamos antes quizá no tenga una conciencia muy clara de lo internacionalizada que está la propiedad del Grupo Prisa. Tanto El País como la Cadena SER siguen siendo vistos como medios españoles ligados a los círculos de poder de Madrid. La gente tiene la idea de que, muerto Polanco y desplazado Cebrián, los bancos españoles se han hecho con Prisa. Pero la verdad es que el capital nacional es muy minoritario.

Aunque parece que ese capital minoritario todavía lleva la voz cantante en algunos asuntos.

Ana Segovia: Bueno, hay choques importantes. No se puede olvidar que quien consigue dar la patada a Cebrián es Joseph Oughourlian, el fundador de Amber Capital, que tiene casi el 30% de las acciones.

Núria Almiron: La verdad es que, en lo que respecta al control de una empresa, el accionariado es un valor relativo. Porque cuando debes cientos y cientos de millones de euros, como los debe Prisa todavía, el que tiene el control real es la entidad a la que debes ese dinero.


En su libro, describen el nombramiento de Gallego-Díaz en 2018 como un “un giro ideológico por razones comerciales” pensado para recuperar lectores. El relevo de estas últimas semanas, ¿obedece también a motivos comerciales, o más bien políticos?

Luis Albornoz: Gallego-Díaz fue la primera mujer en ocupar la dirección del periódico y la persona que, con mucho, menos tiempo lo ha ocupado en los más de 40 años del diario. Ella ha dicho que ha cumplido con su mandato de dos años. Eso me ha sorprendido porque no recordaba haber leído en ninguna parte que lo asumiera por solo 24 meses. Entiendo que el cambio se debe a peleas internas entre grupos de accionistas. Pero no creo que responda a un giro político-ideológico en busca de un nicho de lectores determinado ahora que la web del diario ha pasado a un modelo de pago.

La trayectoria del Grupo Prisa que pintan en el libro tiene bastante potencial dramático: cuentan un relato de ascenso y caída que daría para una buena película. De hecho, es tentador ver la historia de la empresa encarnada en una figura central como la de Cebrián. En ese marco, la ruina cabría achacarla a alguna debilidad fatal suya: la soberbia, por ejemplo, o la codicia. Explicar la historia de la empresa mediante un drama biográfico de ese tipo, ¿sería una falacia?

Luis Albornoz: En el libro hemos intentado evitar, precisamente, hacer la película de Cebrián. O, puestos a hacer películas, la de Polanco, porque cabría preguntarse quién sería más digno del papel protagonista. Si te circunscribes a El País es Cebrián, sin duda. Pero para el Grupo Prisa, la figura definitoria es la de Polanco. De todas formas, nosotros, como economistas políticos que somos, huimos automáticamente de un enfoque así en las figuras heroicas centrales. Por la misma razón, nos dedicamos a desmontar mitos como el de la salida del diario en el 23-F –sin ignorar el peso simbólico que tuvo, pero tampoco sin dejar de constatar cómo El País -barra-Prisa supo capitalizar ese acontecimiento–. De modo similar, insistimos en que la expansión transatlántica de El País se inscribe en un movimiento más grande de empresas españolas hacia América. Pero claro, si hicieras una película sobre el Grupo Prisa enfocándola en Cebrián o Polanco, sería buenísima.

Núria Almiron: A ver, analicemos bien de qué estamos hablando. ¿Cuáles han sido los problemas principales de Prisa? Uno de los más importantes es la enorme deuda que se generó. ¿Cómo? Esencialmente por una fiebre compradora pero, sobre todo, por una inversión monumental en lo audiovisual. Y esa apuesta es la de Cebrián. Es él quien apuesta por Sogecable, por Canal Plus, etcétera. Y eso es lo que lleva a la empresa a una deuda de cinco mil millones de euros. Es verdad, por tanto, que ese señor tiene un protagonismo enorme. Y no precisamente de héroe, en absoluto, sino de alguien que no está jugando con su dinero. Esto es lo que les pasa a los grandes magnates: apuestan a lo alto con el dinero de otros. Esa ambición por construir un emporio audiovisual es Cebrián puro, porque Polanco eso no lo entendía.

Ana Segovia: Para mí, Jesús Polanco sigue siendo la figura central. En 2007 y 2008 se da una tormenta perfecta. Se muere Polanco, y poco después fallece la que iba a ser su heredera –su hija Isabel–. Se produce la crisis financiera global. Y, para colmo, la apuesta por lo audiovisual no tiene los resultados esperados.

Su libro deja claro que la Gran Depresión fue un golpe de gracia, pero que la situación económica de Prisa ya era insostenible antes de que estallara la crisis mundial.

Núria Almiron: Es que la empresa estaba ya en quiebra técnica. Y ahí sigue actualmente, en una quiebra técnica de manual, por más que haya podido reducir su deuda. Si no quiebra, es porque sus deudores no quieren.

Además de capital económico, El País ha sido un gran generador de capital cultural, como referente del rigor periodístico en España, pero también por su compromiso expreso con los valores democráticos.

Luis Albornoz: Es verdad que Prisa, a través de El País, pudo generar capital muy rápidamente. Es que El País jugó sus cartas muy bien al principio. Se vio con un escenario vacío –el escenario del postfranquismo– y supo ocupar un lugar central en él. Ahora bien, lo que forja desde allí no es solo capital cultural y económico sino también político. Esto es muy importante. Porque lo que le ha permitido a Prisa sobrevivir a pesar de estar en quiebra técnica es precisamente ese capital político. En esas primeras décadas, es difícil separar esas diferentes formas de capital que genera la empresa. Quizá sea solo ahora que podemos verlas como dimensiones diferenciadas.

Ustedes citan El País o la referencia dominante, coordinado por Gérard Imbert y José Vidal Beneyto en 1986.

Luis Albornoz: Ese libro da una buena idea del momento en que El País logra construirse como un actor central de la nueva España democrática. Allí Prisa comienza ese juego especular, identificando al periódico El País con el país, es decir, con la misma España.

La historia de la empresa desde entonces, ¿cabe resumirse como un largo intento por convertir ese capital cultural y político en capital económico crudo?

Ana Segovia: Durante todos los años ochenta, la gente considera El País –y a Cebrián como su director– el adalid del periodismo en España. Pero si nos fijamos, ya en 1983 Prisa cambia sus estatutos para convertirse en una empresa que no se dedica solo a las noticias, sino que se puede dedicar a cualquier actividad económica. Y, en efecto, una vez que se liberaliza el mercado de los medios en España y se empiezan a repartir licencias de televisión y de radio, Prisa utiliza el capital simbólico que ya tiene acumulado para perseguir beneficios económicos. A partir de entonces, el objetivo periodístico lo dejan refugiado en El País o la SER. Pero el objetivo central es el de la rentabilidad.

Núria Almiron: Bien mirado, fueron pocos los años en que tuvieron solo una misión periodística.

Señalan ustedes también que Prisa muy pronto se convierte en generador activo de capital cultural por cuenta propia. Organiza encuentros para la élite política y económica; crea toda una serie de premios (que no duda en otorgar a sus propios colaboradores); y a través de Alfaguara y Babelia ayuda a definir el canon literario español y latinoamericano. Ese poder de conferir prestigio, ¿se ha erosionado en los últimos años?

Núria Almiron: Depende de dónde vivas en España. En Catalunya, El País ha vendido muy poco siempre pero ahora no vende nada. El Grupo Prisa aquí representa lo peor de la prensa española. En Madrid es distinto.

Luis Albornoz: Me parece que también en Madrid se ha erosionado. Pero en realidad ese proceso ha afectado a todas las instituciones símbolos de la Transición, desde la propia RTVE hasta la monarquía. En cuanto a Prisa, no solo se ha erosionado la institución sino también sus hombres y mujeres. Cebrián es el representante de una generación a la que se le acabó el tiempo.

¿A qué se debe?

Luis Albornoz: Es difícil decirlo. El revisionismo de los últimos años ha contribuido, pero hay otros factores. Si entrevistas a los jóvenes hoy, ves que su consumo informativo-cultural está completamente alejado del mundo Prisa que ha sido constitutivo de toda una generación.

Ana Segovia: Hay momentos puntuales, como esa portada con una supuesta foto de Hugo Chávez intubado o la salida de Ignacio Echevarría por una reseña literaria crítica. Pero también han influido la digitalización de los medios y el auge de la posverdad.

Después de vender sus empresas audiovisuales y sus editoriales literarias, Prisa ha venido apostando por lo que llaman ustedes “la joya de la corona”, que es Santillana: una empresa educativa cuyos ingresos dependen de las buenas relaciones con los gobiernos, sobre todo latinoamericanos, con los que firman contratos lucrativos. En esta vuelta al negocio seguro, cuasi monopolístico, que es el mercado educativo –recordemos que Polanco se convirtió en el productor principal de libros de texto durante el franquismo–, ¿qué función les queda dentro del grupo para medios periodísticos como El País o la Cadena SER? Desde el punto de vista de los inversores, ¿ya solo sirven como una especie de lobby al servicio de los otros negocios de la empresa?

Núria Almiron: Pero esto ha sido siempre así, ¿no? Es verdad que El País antes no perdía dinero –ahora supongo que sí– pero el dinero seguro desde siempre ha sido el que generaba la editorial. Tener un medio de comunicación es lo que te permite tener influencia política.

Ana Segovia: Santillana siempre ha sido una base fundamental. No es casual que, cuando Prisa salió a bolsa, primero integrara Santillana al grupo. Eso para los accionistas generaba un valor más estable.

Luis Albornoz: Como dice Núria, El País antes daba dinero, incluso cuando se expandió internacionalmente. Ahora, que ha dejado de darlo, queda simplemente más expuesta su función de lobby, de brazo político. Si no, ¿por qué mantener algo que genera pérdidas, y más en este clima neoliberal en que vivimos?

https://www.lamarea.com/2020/07/15/un-libro-analiza-la-evolucion-de-prisa-el-poder-de-sobrevivir-con-una-deuda-impagable/

La mentira como arma política

Bianchi

En política, como en las guerras -otra forma de hacer «política»-, la verdad es un lujo sacrificado en el ara de lo que da en llamarse «realidad» construida por los neosofistas al servicio del poder establecido. No me refiero a no importa qué stablishment -como harían los anarquistas-, sino al único que he conocido: el poder de la burguesía, en su variante fascista y neofascista, como clase dominante y el capitalismo como modo de producción basado en la explotación del hombre por el hombre. Como comunista, mi lucha está por la  desaparición de las clases sociales y la emancipación de la gran mayoría de la sociedad, otrosí las clases trabajadoras y su dictadura transitoria sobre las minorías explotadoras. Esto que digo ni es una utopía cabetiana ni una petición de principio, salvo para los que nieguen la lucha de clases como motor de la historia. La filosofía política se divide entre quienes apuestan por conciliar los contrapuestos intereses entre la burguesía y el proletariado bajo el capitalismo, y quienes optan por agudizar las contradicciones de clase como modo de consumar esa gran tragedia que es una revolución que arroje al museo de la historia a quienes chupan la sangre del pueblo.

La verdad de las cosas es lo que menos importa hoy a las oligarquías (gobierno de unos pocos) dominantes. Al revés:es la mentira política la que prevalece hegemónicamente. Cada vez mienten más y con más descaro. «La mentira como una de las bellas artes», podía haber titulado este artículo emulando a Thomas de Quincey. Mintió Aznar cuando el 11-M y mintió Bush en el episodio de las supuestas armas de destrucción masiva en Irak, por no hablar de la madre de las mentiras que fue el 11-S y las Torres Gemelas, o del bluff del fantoche de Bin Laden. O, actualizándonos, de la sarta de mentiras vertidas, como ra-ta-ta-tás de metralleta, acerca del coronavirus. Sin embargo, entre la verdad y la mentira política existe un nexo dialéctico que estamos por calificar de fatídico cuando no perverso:las consecuencias políticas. De una mentira o posverdad -igual que de una verdad- se infieren consecuencias políticas de igual modo que del barro de la «modélica transición española» -ese milagro, esa mentira- se infiere el lodo del marasmo actual, cuyo último capítulo es el intento de desvestir un rey -el Emérito- para vestir otro, su hijo. De la mentira no deriva la verdad, sino más mentira. Ni aún alcanzando, con el tiempo, la categoría de mito versus hecho histórico.

La mentira se puede definir como aquella declaración intencionalmente falsa dirigida a otra persona. Y la mentira política es aquella trola del poder político o gubernamental dirigida a los propios ciudadanos que supuestamente representan. El engaño es deliberado y consciente. Pudiera decirse que, hoy, la «política» se basa en la nada venial mentira hecha adrede y aposta. De la mentira teológica vaticana a la mentira secularizada y prosaica burguesa.

Platón, en la conformación de su Estado ideal, de su República, hablaba ya de la necesidad de la «mentira política» como algo útil para evitar «penas y dolores» a la comunidad. Pero ello en circunstancias especiales. Establece una analogía con la medicina:engañar al paciente terminal con una «noble mentira» (sic), ocultarle la verdad. Como hoy hacen los gobiernos burgueses, engañar al pueblo (el paciente) con mendacidades, sólo que, a diferencia del elitista Platón, el enfermo terminal y caquéxico es la burguesía y no el pueblo.

Vivimos en una falacia permanente. El concepto «Estado de Derecho» -de orígenes prusianos décimonónicos- ya se utilizaba en los años 50 en pleno franquismo. Y ello para legitimarse y cohonestar su imagen de cara a la opinión pública internacional y la Europa burguesa de los mercaderes. De un lenguaje con regusto tradicionalista que hablaba de «Fueros» y unas «Cortes españolas» de sabor guildista, gremial,  corporativista -la «democracia orgánica»- que suplían y evitaban llamarlo Parlamento (liberal) al igual que los diputados eran «procuradores», el léxico se renueva y ya en 1957, el nuevo gobierno (opusdeísta) habla de «complementar el cuadro de las instituciones jurídicas y políticas propias del *Estado de Derecho*». La utilización de la idea del «Estado de Derecho» ya fue usada por los falangistas y hasta, a su manera, por el catolicismo político. El falangista nazi y «cuñadísimo» de Franco, Serrano Súñer, hablaba de sustituir el inicial «Estado campamental» (sic) por el «Estado de Derecho» que superaría -clave de bóveda y desiderátum fascista- el caduco Estado liberal y su democracia inorgánica (la que conocemos hoy). Los católicos como Martín Artajo, igual o similar. Hoy, los «demócratas» de pacotilla se llenan la boca -regurgitándolo como vacas- con esa leyenda urbana, con esa muletilla. Vino nuevo en odres viejos. Puro lifting.

Los bulos del New York Times (se le coge antes al mentiroso que al cojo)

El viernes el New York Times publicó un bulo afirmando que una unidad de inteligencia militar rusa había ofrecido dinero a los talibanes para que mataran a las tropas de Estados Unidos en Afganistán.

El bulo fue elaborado por el espionaje de Estados Unidos, dijo al día siguiente el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia a la agencia Tass, es decir, que el New York Times es el altavoz que utiliza la CIA para propagar sus bulos.

“Esta falsa noticia demuestra claramente las débiles capacidades intelectuales de los propagandistas de los servicios de inteligencia americanos que tienen que inventar este tipo de tonterías en lugar de informar sobre lo que realmente está pasando. No obstante, qué más se puede esperar del organismo de inteligencia que fracasó miserablemente en la guerra de 20 años en el Afganistán”, dijo el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores.

Aprovechando la oportunidad, el Ministerio puso de relieve la participación del espionaje estadounidenses en el tráfico de drogas de Afganistán.

“¿Debemos hablar de hechos? En Afganistán no es ningún secreto que los miembros de la comunidad de inteligencia estadounidense están involucrados en el tráfico de drogas, en pagos en efectivo a los militantes para que dejen pasar los convoyes de transporte, en sobornos de contratos para ejecutar diversos proyectos pagados por los contribuyentes estadounidenses. La lista de sus acciones puede ser ampliada si lo desea”, añadió el Ministerio.

Estas acciones derivan de que a las agencias de inteligencia de Estados Unidos “no les gusta que nuestros diplomáticos y los suyos unan sus fuerzas para facilitar el inicio de las conversaciones de paz entre Kabul y los talibanes”.

“Podemos entender sus sentimientos; no quieren que se les prive de las fuentes de ingresos no oficiales mencionadas anteriormente”, dijo el Ministerio con muy mala uva.

Tienen buenos motivos porque el bulo del New York Times ya ha dado lugar a amenazas directas contra los diplomáticos rusos, dijo la embajada rusa en Washington el sábado. “Las acusaciones infundadas y anónimas que acusan a Moscú de ser el cerebro del asesinato de los soldados estadounidenses en Afganistán ya han dado lugar a amenazas directas contra las vidas de los empleados de la embajada rusa en Washington D.C. y en Londres”, dijo la embajada en su cuenta de Twitter.

Según los diplomáticos rusos, el New York Times inventa historias falsas contra Rusia. Los autores del artículo “carecen claramente de información sobre la cooperación ruso-estadounidense en el proceso de paz de Afganistán, los programas sirios, norcoreanos, venezolanos e iraníes”.

“Pedimos a las autoridades estadounidenses competentes que tomen medidas efectivas para asegurar el cumplimiento de sus obligaciones internacionales en virtud de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961”, concluyó la embajada.

En su artículo, el New York Times aseguraba que hacía varios meses que Trump había sido informado de que los rusos pagaban a los talibanes por matar soldados estadounidenses.

También es mentira. A Trump nadie le ha informado de nada parecido, según reconoció el sábado Kayleigh McEnany, la Secretaria de Prensa de la Casa Blanca.

“Se le coge antes al mentiroso que al cojo”.

El triunfo de Le Bon

Gustave Le Bon
Josep Cónsola

En 1895 Gustave Le Bon escribía “Psychologie des Foules” preocupado por los amplios movimientos de masas que a partir de las legislaciones de la Tercera República, en 1880 habían aparecido los primeros sindicatos socialistas y anarquistas, aprobado el derecho de huelga, de asociación y reunión y seguramente impresionado por el amplio movimiento político de masas encabezado por Georges Boulanger de 1887 a 1889. Así lo expresaba:

“El advenimiento de las masas marcará seguramente una de las últimas etapas de las civilizaciones de occidente, un retorno hacia aquellos periodos de confusa anarquía que preceden a la eclosión de las nuevas sociedades. Pero, ¿cómo impedirlo?”

El profesor Florencio Jiménez Burillo explica cómo la ideología reaccionaria de un autor condiciona y altera de manera profunda el estudio de la realidad social. Tal es el contenido de la obra de Le Bon, dedicada a diagnosticar el fracaso de la democracia ya que para él la psicología tenía que consistir en el descubrimiento de un conjunto de leyes que rigen la mentalidad individual y colectiva. La idea de Le Bon es que el individuo sufre una transformación cuando está inmerso en una situación multitudinaria:

“Miles de sujetos separados entre sí, en un determinado momento y bajo la influencia de ciertas emociones pueden adquirir características de una masa psicológica… La imaginación representativa de las masas, al igual que la de todos los seres en los que no interviene el razonamiento, puede ser profundamente impresionada… ¿Cómo impresionar la imaginación de las masas? No son los hechos mismos, en sí, los que afectan la imaginación popular, sino la manera de como se presentan. Tales hechos tienen que dar lugar a una impresionante imagen que obsesione el espíritu. Conocer el arte de impresionar la imaginación de las masas es equivalente a conocer el arte de gobernarlas”.


“Para vencer las masas se tiene que tener en cuenta primeramente los sentimientos que las animan, simular que se participa de ellas e intentar después modificarlas… La afirmación de las cosas, de forma simple, desnuda de todo razonamiento y de toda prueba, constituye un medio seguro para hacer penetrar una idea en el espíritu de las masas. Cuanto más vacía de pruebas y demostración, tanta más autoridad posee… Y cuando una afirmación ha estado suficientemente repetida, con unanimidad en la repetición, se construye aquello que se llama una corriente de opinión e interviene el potente mecanismo de contagio. En las masas, los sentimientos, las emociones poseen un poder contagioso tan intenso como el de los microbios. El contagio no exige la simultánea presencia de individuos en un solo punto, se puede verificar a distancia bajo la influencia de determinados acontecimientos…  El contagio es tan potente que impone a los hombres, no solo ciertas opiniones, sino también determinadas maneras de sentir”.

Hasta aquí una breve reseña del pensamiento de Le Bon, que sirvió de base al nazismo en cuanto a la estructura del discurso, en el cual muchas de las expresiones en “Mein Kampf” son copiadas de la Psicología de las Masas.

Durante el siglo XX, la experimentación sobre el comportamiento humano fue una constante, y sobresaliendo podemos citar el “Experimento de Milgram” del año 1961 para medir la disposición de las personas a obedecer las órdenes de la autoridad aunque estas entraran en contradicción con su conciencia personal, y diez años después, en 1971 el “Experimento de la Prisión de Stanford”, financiado por el ejército de los Estados Unidos, en el cual Philip Zimbardo, psicólogo de la Universidad de Stanford, dio las siguientes instrucciones a los que hacían de “guardianes”: “Podéis producir en los ‘prisioneros’ aburrimiento, miedo hasta cierto punto, podéis crear una noción de arbitrariedad y de que su vida está totalmente controlada y que no tendrán privacidad. En general todo esto conducirá a un sentimiento de impotencia. Es decir que en esta situación tendremos todo el poder y ellos no tendrán ninguno”.

Estoy seguro de que hemos vivido, y todavía vivimos un gran experimento sobre comportamiento social a escala planetaria como no se había realizado nunca. Todos los ingredientes presentes en la obra de Le Bon y los resultados de Milgram y Zimbardo: aceptación de la autoridad (OMS), mentiras, carencia de razonamiento, discurso vacío de pruebas, afirmación repetitiva, contagio emocional, disposición a obedecer, vida controlada, miedo, sentimiento de impotencia, han sido puestos a prueba en la gran operación llamada pandemia COVID, la finalidad de la cual todavía tardaremos en conocer, pero que no está alejada de los grandes cambios previstos en un futuro no lejano. Cambios a todos niveles: económicos, sociales, políticos y culturales en el camino de la llamada “cuarta revolución industrial” o industria 4.0, todo a mejor gloria del capital y su pervivencia.

Los experimentos controlados requieren la manipulación de diferentes variables independientes para examinar el efecto sobre una variable dependiente. Pero, las muestras pequeñas utilizadas en experimentos controlados típicamente no tienen mucha validez externa, es decir el grado en que estos experimentos pueden ser generalizados en la población en general. Un experimento a escala mundial que estuvo probado anteriormente para buscar consenso y sumisión bajo el nombre de “amenaza terrorista” no tuvo los efectos esperados, ya que desde su inicio quedó demostrada la implicación de los servicios secretos de varios países en las oleadas de atentados. Solo una parte de la ciudadanía creyó las explicaciones “oficiales” a pesar de que junto al discurso se legislaran un cúmulo de leyes represivas iniciadas a partir de la norteamericana “Ley por la unión y el fortalecimiento de América por medio de la provisión de herramientas adecuadas requeridas para interceptar y obstruir el terrorismo” más conocida como “Patriot Act” el 28 de octubre de 2001 y posteriormente copiadas en todo el mundo. El Presidente George Bush en el discurso sobre el Estado de la Nación el 29 de enero de 2002 inventaba un nuevo concepto estratégico para justificar cualquier cosa: “La Amenaza Inminente”, y en 2003 la “National Strategy for Combating Terrorism” definía que el enemigo a batir era “el terrorismo”, término difuso en el que se podía encorsetar a cualquier persona.

En España ya había una larga tradición de leyes antiterroristas desde el franquismo y que fueron todas homologadas por la “democracia” y aumentadas por la Ley Orgánica 1/92 (Ley Corcuera) y la última, la ley 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana (Ley Mordaza) que es la que ha estado en vigor para reprimir las personas que han disentido del discurso oficial sobre una supuesta pandemia, ley utilizada para abatir el nuevo enemigo, todavía más difuso que el terrorismo, invisible, llamado virus.

Más que nunca se aleja la revuelta, y la demostración de esta afirmación ha sido el comportamiento sumiso, masivo, ante un estado de excepción. Hecho inédito pues en los muchos estados de excepción vividos en diferentes lugares y tiempos, siempre ha habido colectivos, organizaciones que ha hecho frente, encarando las posibles represalias, incluyendo la muerte. No ha ocurrido así en este caso a pesar de la posibilidad de buscar información seria, cuantificada, confirmada y correcta, avalada por científicos que no están al servicio de las grandes corporaciones del complejo farmacéutico – militar – industrial, ni subordinados a las prebendas de los gobiernos de turno.

¿Cómo ha sido posible?

Hay que reflexionar sobre esto, puesto que organizaciones de cariz popular, aparentemente contrarias al sistema político y económico se han reunido alrededor del discurso dominante haciendo suyo un prejuicio, entendido este como la actitud tomada después de un proceso en el que se “pre–juzga” algo antes de conocer su evidencia, tal vez aceptando la persuasión de “quien” lo dice, si este es de la confianza ciega del que escucha, con independencia de su veracidad. Y quien lo ha dicho ha sido primeramente la Organización Mundial de la Salud, organización financiada fundamentalmente por los grandes consorcios químico–farmacéuticos y subordinada a ellos, han seguido los diversos gobiernos poniendo en práctica una operación cívico–militar en la cual los garantes de la salud han sido las fuerzas de orden.

Pero, más allá de la persuasión y la coerción ligada con ella, tenemos que prestar la atención en otro aspecto que ha sido olvidado o ninguneado por las organizaciones herederas de Marx que han estado, y están limitadas en el estricto campo de los procesos “objetivos” de la economía (los salarios, la carestía de la vida, el precio de los alquileres, el paro, los contratos de trabajo,…), descuidando los factores subjetivos de la ideología de las masas en su evolución y en sus contradicciones, pues tal como nos recuerda Wilhelm Reich en la “Psicología de masas del fascismo”:

“La victoria sobre el elemento reaccionario está asegurada si se va a la raíz, si se es consciente de su proceso contradictorio, puesto que si se hace de otra forma, se cae en posiciones mecanicistas, economicistas y metafísicas, dicho de otra manera: al desastre… El ‘marxismo vulgar’ pretendía que una crisis económica de la magnitud de la de 1929-1933 tenía que desembocar ‘por fuerza’ en una evolución ideológica hacia la izquierda de las masas afectadas. Mientras que en Alemania se hablaba de un ‘auge revolucionario’, incluso después de la derrota de enero de 1933, la realidad era muy diferente: la crisis económica inició, de hecho, un viraje hacia la derecha que se apoderó de todas las capas proletarias de la población. De este modo aparecía una divergencia entre la evolución de la base económica, que empujaba hacia la izquierda y la ideología de las masas atraídas por el extremismo de derechas. Por este motivo no se ha planteado el problema de saber cómo fue posible que las masas depauperadas se pasaran al nacionalsocialismo…  el marxismo vulgar’ establece una cámara aislante entre el ser económico y el ser social, pretendiendo que la ideología y la conciencia de los hombres están determinadas exclusivamente y directamente por el ‘ser’ económico. De este modo deduce la ideología de la economía de forma esquemática y unilateral. En lugar de deducir su manera de pensar y actuar de la realidad social, transforma la realidad en su imaginación, a fin de hacerla coincidir con sus deseos”…

“… Para explicar el robo de alimentos o la huelga provocada por la explotación, no hay que recurrir a la psicología. La psicología reaccionaria se dedica a descubrir motivaciones irracionales para explicar el robo o la huelga, recurriendo a argumentaciones típicamente reaccionarias. En la psicología social, el tema se presenta de forma diferente: no se ocupa de las motivaciones que impulsan al hombre hambriento a robar o a hacer huelga, sino que intenta explicar por qué la mayoría de los hambrientos no roba, y porque la mayoría de los explotados no va a la huelga”.

Ahora tendremos que intentar explicar por qué la mayoría no se ha enfrentado al estado de excepción y ha aceptado la versión de un enemigo invisible, se ha recluido en su casa, se ha contagiado psicológicamente del discurso oficial, ha tenido miedo del vecino, del compañero de trabajo, o ha quedado impregnado de un sentimiento de culpabilidad si no hacía caso a las órdenes recibida,  pues estas anunciaban la responsabilidad personal de contagiar a otras personas.

Por un lado el individualismo, el miedo al otro, la segregación, la supervivencia del más apto, todos ellos conceptos estrechamente ligados a la concepción liberal se han puesto de manifiesto durante este ejercicio de control social, y dentro de las voces que disienten se encuentran dos concepciones totalmente antagónicas:

a) Los que hacen mención a las llamadas libertades individuales y basándonos en este principio del ideario liberal, construido desde la moral resultante del principio del individualismo, utilizan la máxima de que “el derecho de los otros empieza allá donde acaba el mío” y en este principio, la limitación del derecho individual es la presencia de  otro individuo y no la convivencia social. Estas expresiones las han llevado a cabo varios grupos de extrema derecha en varios países.

b) Los que podemos considerar una escisión ética de las formaciones regidas por lo que Reich denomina “marxismo vulgar” y por personas diversas o pequeños colectivos que, sin base organizativa y por tanto invisibles socialmente,  han sentido la necesidad de buscar información suficiente sobre este enemigo virtual,  han estado libres de “pre–juicios” y han adoptado una posición crítica una vez analizado todo el proceso y todos los datos disponibles. A medida que han pasado los días este abanico de voces se ha ido ensanchando e incorporando profesionales, científicos, técnicos de todas las disciplinas: pedagogía, medicina, biología, física, química,… y militantes comunistas consecuentes.

Lo que queda por analizar es la ceguera que no deja ver la deriva social hacia el fascismo a nivel mundial. Lo que no consiguió el NSDAP alemán y el Töhökai japonés en los años 30 del siglo pasado lo está consiguiendo la OMS, la GFATM (The Global Fund) y la “Alianza GAVI”, socios todos ellos del complejo químico–farmacéutico y en estrecha colaboración con los grandes medios de comunicación y las tecnologías de la información en un intento de conformar un macro gobierno mundial que dicte cualquier tipo de directriz de obligado desempeño. Podemos decir que es la aspiración de los grandes defensores de la total globalización aunque algunos Estados sean reticentes a esta apuesta política – económica – social y cultural, pero en este caso los ejércitos mundiales ya procurarán de convencer a los disidentes.

¿Qué datos podemos utilizar para dar un vistazo a los “ataques” de este nuevo enemigo número uno y su relación con la “gran mortalidad” anunciada?

Quizás sea la base de datos Euromomo que reúne 24 países (Austria, Bélgica, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania(Berlín), Alemania (Hesse), Grecia, Hungría, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Malta, Holanda, Noruega, Portugal, España, Suecia, Suiza, UK (Inglaterra), UK (Irlanda del Norte), UK (Escocia), UK (Gales). Y establece unas proyecciones semanales de personas fallecidas por todas las causas. A partir de las desviaciones sobre estas proyecciones en un periodo homogéneo en cuanto a duración de los picos anuales de unas 22 semanas, que no necesariamente tienen coincidencia temporal, se pueden extraer los datos siguientes:

En el período 2016-2017, de la semana 41 de 2016, que es cuando empieza la desviación, hasta la semana 10 de 2017 que retorna a índice normales, en el grupo de los 24 países de referencia, se produjeron 1.296.145 defunciones de las cuales 959.502 (un 74,02%) correspondían a mayores de 75 años, y en el pico más alto de la serie (semana 2 de 2017) de un total de 70.692 defunciones, 52.573 (un 74,36%) correspondían a mayores de 75 años.

En el período 2017-2018, de la semana 47 de 2017, que es cuando empieza la desviación, hasta la semana 16 de 2018 que retorna a índice normales, se produjeron 1.319.312 defunciones de las cuales 944.305 (71,57%) correspondían a mayores de 75 años, y en el pico más alto de la serie (semana 1 de 2018) de un total de 66.067 defunciones, 47.765 (un 72,29%) correspondían a mayores de 75 años. En el período 2019-2020, de la semana 1 de 2020 que es cuando empieza la desviación hasta la semana 22 del mismo año que retorna a índice normales, se produjeron 1.366.265 defunciones de las cuales 988.562 (un 72,35%) correspondían a mayores de 75 años, y en el pico más alto de la serie (semana 14) de un total de 88.581 defunciones, 65,678 (un 74,15%) correspondían a mayores de 75 años.

Hasta aquí los datos facilitados por esta institución en los cuales podemos ver que del total de defunciones desde el año 2016 hasta junio de 2020, entre un 72 y 74% corresponden a personas mayores de 75 años sin muchas diferencias entre un año y otro, datos que tienen una gran lógica, puesto que se corresponde con la duración de los ciclos vitales de personas nacidas durante la segunda parte de la guerra mundial o al acabar ésta. Así pues, del análisis de estos datos podemos extraer alguna conclusión radicalmente diferente de la campaña de terror anunciada por los gobiernos europeos y por todos los medios de comunicación que viven de las subvenciones públicas o que son dependientes de grupos financieros. Del mismo modo podemos negar la “necesidad” del establecimiento de estados de excepción y control militar de la población, de los arrestos domiciliarios, del aislamiento social y de lo que ha sido más perjudicial social, psicológica y pedagógicamente hablando: el aislamiento de las criaturas y el cierre de las escuelas; y por otro lado el aislamiento y reclusión forzada sin régimen de visitas a las personas que vivían en geriátricos.

Pero la respuesta que tendremos que encontrar es por qué hijos e hijas, nietos y nietas han permitido que sus padres, madres, abuelos y abuelas se murieran dentro de los geriátricos u hospitales en plena soledad. ¿Cómo es posible que no se hayan abatido las vallas de los geriátricos y las puertas de los hospitales para poder  acompañar y despedir a los seres queridos en el último aliento de sus vidas?. ¿Cómo ha sido posible tanta deshumanización? o, ¿Esta deshumanización también forma parte del experimento de comportamiento social?, pues si una persona es capaz de mantenerse impasible encerrada en su casa, ante el hecho de saber que sus progenitores se están muriendo en la más absoluta tristeza y soledad, ¿Que no será capaz de hacer en relación con una persona extraña?

Se ha superado la máxima darwinista de “supervivencia del más apto” por la máxima neodarwinista de los nuevos brujos de la ingeniería genética encabezados por Richard Dawkins y su invento del “Gen Egoísta” (The Selfish Gene) símbolo bioquímico de la competencia feroz en todos los aspectos de la vida. Por todo ello, no son descabelladas las consideraciones hechas a comienzos de este escrito sobre la perspectiva de implementación de un fascismo global ya que no ha habido ninguna resistencia colectiva a este macro experimento de control social, y al decir colectiva es para descartar las “huelgas virtuales”, las “manifestaciones virtuales”, las “protestas virtuales”, las “reuniones virtuales” que no son otra cosa que la sumisión y exaltación del individualismo. Reencontrar de nuevo la confianza entre las personas, el contacto humano, la protesta material, y pensar qué formas organizativas y ofensivas serán las más adecuadas ante el nuevo panorama que se presenta.

‘El confinamiento es la estafa sanitaria del siglo XXI’, asegura Zelmat en un artículo científico

En un demoledor artículo científico el biólogo francés M. Zelmat pide que los funcionarios de la OMS y del Imperial College de Londres sean interrogados y, si es necesario, juzgados por imponer el confinamiento al mundo (*).

El confinamiento no es una medida apropiada para el tratamiento del coronavirus, añade.

El científico, que trabaja en el laboratorio de Biología Clínica del Hospital Center, ha publicado sus conclusiones en la revista “Evidence Based Medicine”, aunque también las ha presentado al British Medical Journal y está pendiente de revisión.

Según Zelmat, la tasa de mortalidad del coronavirus es cercana o incluso inferior a la de la gripe. Según la evidencia científica existente, el virus es benigno, el 99 por ciento de los pacientes se recupera y el 85 por ciento se ve afectado por una forma benigna, sin contar las formas asintomáticas, que alcanzan entre el 80 y el 85 por ciento de la población.

Zelmat añade que el sistema hospitalario de los países no está en absoluto desbordado porque la saturación “sólo concierne a muy pocos hospitales y esto puede evitarse adoptando medidas razonables para gestionar esta epidemia como hemos indicado y como ha hecho Suecia”.

El autor recomienda que la OMS sea investigada y se someta a una reforma radical, añadiendo que “el confinamiento es verdaderamente la estafa sanitaria del siglo XXI”.

En medicina, concluye Zelmat, el aislamiento, la cuarentena y el confinamiento de la población general no sólo son herejías (ya que no existen en la medicina, la epidemiología, la infectología o la salud pública) sino que no se basa en ninguna prueba científica.

“En medicina no podemos y no tenemos derecho a implementar un tratamiento o una medida preventiva si no se basa en pruebas”, afirma. El confinamiento es muy peligroso para la salud, la economía, la educación y la paz. Los gobiernos deben escuchar a los verdaderos expertos (que anteponen la salud pública a los intereses privados), detener inmediatamente todas las medidas de confinamiento y reabrirlo todo (economía, servicios médicos hospitalarios, educación, etc.), porque nada en este virus lo justifica.

En la población general, este virus es benigno y poco peligroso, ya que es tolerado. Causa el 85 por ciento de las formas benignas, el 99 por ciento de las personas infectadas se recuperan, no es un peligro para las mujeres embarazadas y los niños (a diferencia de la gripe), su tasa de mortalidad es similar a la de la gripe o incluso más baja y mucho más baja que la de los coronavirus que aparecieron en 2003 (10 por ciento) y 2012 (30 por ciento).

Cada año el virus de la gripe infecta a 1.000 millones de personas en todo el mundo y mata a 650.000, y la tuberculosis, que se encuentra entre las diez principales causas de muerte en todo el mundo y es mucho más contagiosa (un paciente no tratado puede infectar a 10 ó 15 personas), causa 10,4 millones de casos y mata a 1,8 millones de personas.

Casi todos los países del mundo han respondido al coronavirus utilizando una medida, desconocida hasta entonces en la medicina. Es la primera vez en la historia de la humanidad que ocurre un confinamiento de estas características.

(*) https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3600511

Más información:

– Cómo se están falsificando los certificados de defunción en Estados Unidos sobre la marcha
– La OMS pone a Suecia como ejemplo de tratamiento modélico de la pandemia por no imponer el toque de queda
– La OMS reconoce, por fín, que los tests dan falsos negativos y también falsos positivos
– El término ‘pandemia’ fue sinónimo de corrupción hasta hace muy poco tiempo
– El coronavirus no se contagia por contacto con objetos, según el último informe de la OMS

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