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Los militares han convertido el mundo en un laboratorio para realizar experimentos de todo tipo con seres humanos

Uno de los aspectos que han salido a la luz con la pandemia (en casi todos los países, excepto en España) es la conexión del Pentágono con la salud. El ejército de Estados Unidos no sólo destina ingentes cantidades de dinero a fabricar armas biológicas, sino también a vacunas, es decir, que lo mismo fabrica la enfermedad que el remedio.

Los casos de Fort Detrick y Porton Down ponen de manifiesto que un laboratorio no es diferente de un cuartel militar. Como cualquier otro armamento, los virus y las vacunas se almacenan en silos especiales. También se llevan a cabo maniobras y ejercicios con su propio “campo de batalla”. Finalmente, se manipulan, se modifican mediante ingeniería genética.

Hoy es cada vez es más difícil diferenciar entre la realidad y el laboratorio. Hay quien cree que la letalidad del coronavirus es consecuencia de su manipulación genética. También hay quien supone que la pandemia es un ensayo de laboratorio y que los seres humanos desempeñamos el papel de cobayas.

Otros recurren a los atentados de “bandera falsa”, donde los desencadenantes son las propias víctimas. A los gobiernos de las grandes potencias nunca les ha importado nada que dichas víctimas formen parte de su propia población.

A nadie debería extrañarle que estuviera ocurriendo nada de eso porque los antecedentes son muy claros. Las armas biológicas están prohibidas pero una parte creciente de la experimentación científica se basa en ellas.

Cuando esos científicos reconvertidos en mercenarios convierten al mundo en un laboratorio, experimentan con él y con los seres vivos que lo pueblan, incluido el ser humano.

El ántrax salió de un laboratorio militar del Pentágono. En 2001 se llevó a cabo un ensayo con ántrax dentro de la Operación Dark Winter y tres meses después se utilizó durante los atentados a las Torres Gemelas.

Desde entonces el ejército ha seguido realizando ensayos de pandemia, con ántrax o sin él. En 2005 organizaron el simulacro “Tormenta Atlántica”, una pandemia que afectaba a los países de la OTAN.

Ahora todos miran para otro lado, hasta que dentro de unos años alguien escriba un guión para una serie de Netflix con el que poder lavar su mala conciencia y ganar mucho dinero.

La Operación Dark Winter fue obra de Tara O’Toole y Thomas Inglesby que dos años después pasaron a formar parte de UPMC. También son los mismos que el año pasado llevaron a cabo otro simulacro parecido: el Evento 201 que ensayaba una pandemia de coronavirus.

En este tipo de experimentos biopolíticos participan siempre los mismos perros con otros collares. Inglesby que, además de su cargo en el UPMC, también dirige el Centro Johns Hopkins para la Seguridad de la Salud, fue el moderador de aquel “evento”.

Aunque nadie se atreva a mirar de frente, los objetivos de esos experimentos son siempre políticos y en ellos aparece la ley marcial para conducir al ejército a participar en los asuntos del propio país, lo cual interesa sobremanera al Pentágono.

En 2018 se llevó a cabo otro ejercicio en el que también participaron O’Toole e Inglesby: un ataque con patógenos genéticamente modificados planteaba la continuidad del gobierno y se imponía la ley marcial.

Con las elecciones de este año el asunto vuelve a la actualidad. En medio de la pandemia, si pierde, Trump ha amenazado con negarse a reconocer los resultados electorales y las centrales de inteligencia pronostican la imposición de la ley marcial. A principios de este año un alto funcionario del gobierno ha hablado de la llegada del “invierno más oscuro de la historia moderna”.

Estados Unidos va de un invierno oscuro a otro. En 2007 la Operación Dark Winter cristalizó cuando Bush aprobó la Directiva Ejecutiva 51 que actualizaba los planes de “continuidad del gobierno”. Obama siguió aprobando decretos sobre el mismo asunto que otorgan un control casi total de las infraestructuras de Estados Unidos al Departamento de Seguridad Interior.

En el momento de la firma de aquellos decretos, O’Toole era la Subsecretaria de Ciencia y Tecnología del Departamento de Seguridad Interior. Actualmente es Vicepresidenta Ejecutiva de In-Q-tel, el brazo científico de la CIA. Es la mujer que aparece en la imagen de portada.

De los atentados contra las Torres Gemelas a la pandemia actual: el ántrax como hilo conductor

En enero, antes de la actual ola de histerismo, el UPMC (Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh) ya trabajaba en una vacuna contra el coronavirus. Entonces el estado de Pensilvania, como la mayor parte del mundo, no conocía un solo caso de coronavirus.

A pesar de su nombre, el UPMC es un oscuro tinglado dirigido por Jeffrey Romoff que recauda muchos millones de dólares, tanto de fuentes privadas como públicas, incluido el Pentágono.

A pesar del nombre, la Universidad de Pittsburg no pinta absolutamente nada. Oficialmente es una organización “sin ánimo de lucro”, a pesar de que funciona como empresa de seguros médicos que se paga a sí misma por la atención a los enfermos en su red de hospitales y centros de salud.

Entre 2005 y 2017 el UPMC ha manejado 1.000 millones de dólares y hasta el fiscal de Pensilvania abrió una investigación por corrupción, tanto del centro médico como de su cabecilla Romoff, que se saldó con un apaño entre bastidores por el que el UPMC reconocía los desfalcos.

El UPMC pidió a los CDC muestras de coronavirus para fabricar su vacuna contra el coronavirus en su propio laboratorio. Fue una de las pocas instituciones que recibió muestras de coronavirus el 14 de febrero que, indirectamente, procedían de China.

Un mes después la UPMC recibió una subvención de 5 millones de dólares de la CEPI (Coalición para la Innovación en Prevención de Epidemias), una organización internacional fundada en 2017 por los gobiernos de Noruega y la India con el Foro Económico Mundial y la Fundación de Bill Gates (1).

Oficialmente la subvención se concedió a “una asociación internacional entre el mundo académico y la industria” que el Centro de Investigación de Vacunas formó recientemente con el Instituto Pasteur de Francia y el fabricante de vacunas austríaco Themis.

En mayo el monopolio farmacéutico Merck compró Themis y el 11 de setiembre comenzó a reclutar voluntarios para ensayos de la vacuna en humanos. Merck tiene lazos muy estrechos con el UPMC (2) y, en particular, con su división comercial: UPMC Enterprises (3).

Todo iba viento en popa. El 2 de abril los investigadores del UPMC publicaron un estudio en EBioMedicine, una sucursal de The Lancet, en el que informaban de los prometedores resultados obtenidos en animales (4).

En la primera ola de la pandemia, la noticia dio la vuelta al mundo. Los científicos estadounidenses estaban en vanguardia para salvar millones de vidas con sus vacunas. El UPMC pidió autorización para iniciar los ensayos con cobayas humanas.

Pero el dinero de la CEPI cambió los planes originales del UPMC, que consistían en utilizar un adenovirus como vector, mientras que la CEPI exigió recurrir al virus del sarampión.

Hasta la fecha nunca se ha autorizado ninguna vacuna de esas características (5).

Un tercer vector, que no era un adenovirus ni el virus del sarampión, saltó a la palestra de manera misteriosa y hubo que recurrir a los tribunales para saber de qué se trataba.

Al mismo tiempo el UPMC desaparecía del escenario y Themis saltaba a la palestra como fachada comercial de la multinacional Merck, a la que se fueron añadiendo otras, como el Instituto Pasteur.

Las últimas noticias dicen que el UPMC se ha asociado con el Instituto del Suero de la India para la producción en masa de la vacuna, mientras que Themis/Merck ha declarado que su vacuna se producirá en Francia.

Los documentos obtenidos en los tribunales revelan que la vacuna en la que trabaja actualmente el UPMC es un híbrido del coronavirus y el ántrax (carbunco) (6), un arma biológica que saltó a la fama tras los atentados a las Torres Gemelas de 2001.

De esa manera, para elaborar una vacuna, los laboratorios crean organismos modificados genéticamente con un virus (coronavirus) y una bacteria (Bacillus anthracis).

Por supuesto, la sola mención del ántrax retorna a la pesadilla de 2001, sobre la que ya se han escrito bibliotecas de libros que -posiblemente- más de uno creía que habían quedado en un segundo plano.

Habrá que volver sobre ello en futuras entradas.

(1) https://www.pittwire.pitt.edu/news/researchers-pittsburgh-paris-and-vienna-win-grant-covid-19-vaccine
(2) https://idctelemed.com/news/upmc-infectious-disease-spinout-acquires-merck-assets/ https://www.lifepronow.com/2020/05/20/merks-strategic-investments-from-upmc-enterprises-for-infectious-diseases-and-antimicrobial-stewardship/
(3) https://www.reuters.com/article/brief-merck-says-as-part-of-agreement-up-idUSFWN2D10MN
(4) https://www.thelancet.com/pdfs/journals/ebiom/PIIS2352-3964(20)30118-3.pdf
(5) https://www.statnews.com/2020/09/24/here-come-the-tortoises-in-the-race-for-a-covid-19-vaccine-slow-starters-could-still-win-out/
(6) https://www.thelastamericanvagabond.com/wp-content/uploads/2020/09/UPitt-IBC-Minutes-from-July-2019-to-June-20201_Redacted.pdf

Más información:
– Esas epidemias que se ensayan previamente para que luego nada sea una sorpresa: el caso del ántrax
– El hilo distópico: del 11 de septiembre a la histeria de Covid
– El Pentágono esconde las vacunas, antídotos y medicamentos del ejército en silos estratégicos

La percepción subjetiva

En enero de 2008 el Banco Mundial, a través de la Oficina del economista Jefe publicó un amplio informe analizando dos epidemias: la de Surat (India) en 1994 y la de SARS en Guangzhou (China) en 2003. Posteriormente, en The Journal of Immunology de 1 de Noviembre de 2008 se publicó un largo estudio: “Investigación sobre Enfermedades Infecciosas Emergentes y Reemergentes del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón, por el programa de Centros de Excelencia del Siglo XXI sobre Estrategias Globales para el Control de Enfermedades Infecciosas Emergentes y Reemergentes. Enfermedades Infecciosas en la Universidad de Nagasaki y por el Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología de Japón”, en el cual se analiza el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS) que se originó en China en 2003 y se extendió por 34 países mundo, sin que hubiera ninguna declaración de pandemia por parte de la OMS. En una de sus conclusiones señala que: “Los detalles del mecanismo por el cual el coronavirus asociado al síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV) causa una neumonía grave no están claros, aunque la liberación incontrolada de mediadores inmunes se ha implicado en la patogénesis del SARS, mientras que los perfiles de citocinas de los pacientes con SARS no han dilucidado la causa de la neumonía debido a su diversidad. Parece probable que los diversos perfiles de citocinas observados entre los pacientes adultos con SARS estén relacionados con la anamnesis del paciente” (1).

Concluyendo dicha investigación con lo siguiente: “Los autores llegaron a la conclusión que las respuestas sesgadas por Th2 (tipo de linfocitos) de los huéspedes vacunados después de la infección por SARS-CoV podrían agravar la inflamación pulmonar, puesto que la respuesta principal del huésped sigue siendo desconocida” (2).

Volviendo al informe del Banco Mundial empieza diciendo: “El documento analiza en particular cómo la gente forma juicios subjetivos de probabilidad sobre riesgo de enfermedad. Encuestas de opinión pública durante el brote SARS proporcionan evidencia sugerente de que la gente a veces tienen percepciones excesivamente altas de la riesgo de infectarse o, si se infecta, de morir de la enfermedad” (3).

En una encuesta en Taiwán, el 76 por ciento de los encuestados calificaron la probabilidad de muerte después de contraer SARS con una calificación de 4 sobre 5, en una escala de 0 a 5. Casi una cuarta parte de los encuestados en Hong Kong pensó que era muy probable infectarse con el SARS aunque a posteriori la tasa de infección en Hong Kong (casos probables notificados a la OMS en relación con la población) era de solo 26 por 100.000 habitantes (0,026 por ciento). Según G.M. Leung, varias encuestas realizadas durante el brote de SARS proporcionan evidencia directa sobre las evaluaciones de probabilidad subjetiva (4).

Según R.J. Blendon, en Estados Unidos, alrededor del 16 por ciento de los encuestados pensaron que infectarse ellos o su familia inmediata por SARS en los próximos doce meses era muy probable (5).

Después de ver un accidente de coche, la subjetividad de las personas aumenta en el sentido de aumentar la probabilidad de tener un accidente, mientras que subestiman otros riesgos más comunes (6).

Según investigaciones en psicología del comportamiento aplicadas en el caso de Surat y Guangzhou, bajo unas condiciones de mala información y estrés, las personas llegan a conclusiones sesgadas o erróneas y apreciaciones subjetivas sobre dichas enfermedades, lo que les lleva al pánico, con lo cual la prevalencia de la enfermedad a su vez también se verá afectada por el cambio de comportamiento de la población (7).

En el caso de China, el boca a boca sobre la enfermedad se extendió rápidamente tanto dentro como fuera de China, debido al acceso generalizado a teléfonos móviles e Internet. Se estima que “miles de millones” de mensajes de texto de teléfonos celulares con alguna referencia a la enfermedad se enviaron en el país. Del 8 al 10 de febrero de 2003, el mensaje de texto SMS “Hay una gripe mortal en Guangzhou” se envió 126 millones de veces solo en la ciudad de Guangzhou, y para el 26 de abril, los periodistas calculaban que un millón de personas abandonaban la ciudad (8).

Igual que en Surat (India) en 1994 en que los rumores y los informes exagerados de los medios en hacer su propia evaluación sobre la probabilidad de un brote de peste y del peligro de infección de personas y familias, desencadenó caos y pánico desproporcionado. “Del 19 al 22 de septiembre, 1994, hubo tres días seguidos de caos en la estación de tren y autobús de Surat. La gente se subía a todos y cada uno de los vehículos que podían llevárselos… Más de la mitad de los médicos también se fueron y para el 26 de septiembre se estimó que hasta una cuarta parte de los 2,2 millones de habitantes habían huido de la ciudad. Pánico se extendió a otras ciudades importantes” (9).

¿Cómo se forman en las personas estas probabilidades subjetivas?

“La infección es inseparable del hombre. Cuando se presenta una epidemia se produce una convulsión social que apenas ha cambiado con el tiempo. Tras la sorpresa inicial, los ciudadanos se sumergen en una mezcla de incertidumbre, miedo, e ira colectiva.

El miedo modula la percepción subjetiva del riesgo. No tenemos miedo a viajar o a fumar, lo que causa de miles de muertos, ¡una verdadera pandemia!, porque se supone que ejercemos un control personal. Sin embargo tememos lo desconocido, lo incontrolable. Probablemente, como el miedo a las serpientes o a la oscuridad, tenga algún componente constitutivo. El miedo es emocionante y contagioso; más cuanto más intenso. Simples rumores pueden cambiar una situación de temor individual a un pánico colectivo incontrolable. Se exigen vacunas, diagnósticos y tratamientos inexistentes, ocupación de hospitales, demandas, en fin, imposibles de cumplir. En España tenemos recientes ejemplos: recordemos el asunto de la “colza” (demanda masiva de eritromicina), la legionelosis, la última epidemia de meningitis con la agotada rifampicina y rocambolesca búsqueda de la vacuna, el problema de las vacas locas, la “bacteria asesina”, o la aspergilosis (enfermos rebeldes o redundantes de los hospitales).

Los periódicos, televisión etc., sintonizan con la sociedad “vendiendo” muy bien las malas noticias. El ciudadano espera impaciente las siguientes noticias, busca en otros medios, y se encuentra con un goteo de datos “objetivos”, comprensibles e impactantes: “Mas de 100.000 afectados”, “un muerto más”, “en 3 días se agotaron…” Interesa la noticia del riesgo que provoca las primeras reacciones. Se buscan posibles fraudes trasfondos de manipulación o bioterrorismo. Se espera el traspié en las declaraciones o medidas que tomará el ministro de turno. El morbo está garantizado (10).

Diversos psicoanalistas han reflexionado sobre las consecuencias de la violencia social extrema en la cual el discurso autoritario que emana de instituciones de poder adopta una lógica causal basada en hipótesis falsas, se sostiene en valores éticos perversos que promueven acciones corruptas. “El estado de amenaza es una situación en la que el yo pierde la capacidad de reconocer los signos que lo habilitan para percibir los peligros del mundo exterior y diferenciar entre imaginación, realidad, vida o muerte” (11).

También la ciencia, alejada de los intereses populares y al servicio de la clase dominante está preñada de una alta dosis de ufana subjetividad que se coloca por encima de todo lo existente pero excluyendo a las personas como sujetos del quehacer y arrinconándolos en un estado de simple objeto.

Como plantea Francisco Rodriguez, “el drama de una ciencia, que como la clásica, renuncia a entender al universo de otra manera que no sea en términos de procesos susceptibles de ser aprehendidos a través de leyes universales y absolutas, plantea el dilema de una ‘Razón mesiánica’ que al mismo tiempo que postula un programa de salvación de la humanidad a propósito del desarrollo de las estructuras científico–técnicas, expulsa al sujeto del reino de la empresa que esta tarea significa… podemos ver a la ciencia como cosa de sujetos que se relacionan con otros sujetos en el proceso de producción de conocimientos, por lo tanto en sí misma, relación social fundamentada en poder e intersubjetividad. Afortunadamente, estamos hoy en condiciones de abandonar esta posición epistemológica por el carácter anti-histórico e ideológico-neurótico que ha comportado. Y sin embargo, en descargo de la ciencia realmente comprometida con la vida y el hombre, podemos decir que esta posición epistemológica y esta manera de hacer ciencia, no es más que una vía en el amplio camino de la producción de conocimientos en función de la transformación social” (12).

Tucídides, en la “Historia de la Guerra del Peloponeso”, alude a una plaga en Atenas en los años 429 y 430 a.n.e., y que a partir de ella, con la derrota de Atenas y el triunfo de Esparta se realizó un cambio radical en el reparto de poder de la antigua Grecia y con él un cambio en las costumbres y la política: el fin de la democracia ateniense y el ascenso del militarismo espartano (13).

La militarización de la pandemia, el autoritarismo rampante, la censura de cualquier medio que ponga en tela de juicio el discurso oficial, paralelo a un incremento de la represión y la propagación del terror mediático mediante el cual diariamente se bombardea la población con la aseveración de que su vida corre peligro, que el amigo, vecino, compañero de clase puede ser el enemigo mortal, solo puede conducir a una situación como la descrita por Tudícides.

(1) La anamnesis es el proceso de la exploración clínica que se ejecuta mediante el interrogatorio para identificar personalmente al individuo, conocer sus dolencias actuales, obtener una retrospectiva de él y determinar los elementos familiares, ambientales y personales relevantes. Para aprender a interrogar al paciente y obtener una historia clínica adecuada se requiere de una guía organizada y objetiva. Solamente así se puede evitar la elaboración de historias ambiguas, superficiales, desorganizadas, artificiosas y redundantes.
(2) J Immunol 1 de noviembre de 2008, 181 https://doi.org/10.4049/jimmunol.181.9.6337
(3) http://documents1.worldbank.org/curated/en/101511468028867410/pdf/wps4466.pdf
(4) Leung, GM, S. Quah, LM Ho, SY Ho, AJ Hedley, HP Lee y TH Lam. (2004). “Historia de dos ciudades: vigilancia psicoconductual comunitaria y otros Impactos en el control de brotes en Hong Kong y Singapur durante la fase de la epidemia de síndrome respiratorio”. Control de Infecciones y Epidemiología Hospitalaria. vol. 25. núm.12
(5) Blendon, RJ, J. Hazel, CM DesRoches, SARS en Toronto y EE. UU. Proyecto sobre Seguridad Biológica y el Público, Escuela de Salud Pública de Harvard y Health Canada. 6 de junio de 2003 http://www.hsph.harvard.edu/press/releases/blendon/TorontoSARS.doc
(6) Slovic, P. y EU Weber, Percepción del riesgo planteado por eventos extremos, Conferencia sobre Estrategias de gestión de riesgos en un contexto incierto, Nueva York, 12-13 de abril de 2002
(7) Philipson, Gersovitz y Hammer, Modelo elástico de prevalencia del comportamiento en el contexto de un modelo epidemiológico estándar SIR
(8) Washington Post, 26 de abril de 2003. Pomfret, J. SARS: Funcionarios de Beijing intentan detener a los viajeros. El recuento final de la OMS para el SARS fue de 8.096 casos probables en todo el mundo
(9) Ramalingaswami, V. Los efectos psicológicos del brote de peste de 1994 en Surat, India, Medicina militar, diciembre de 2001; 166, 12, pág. 29
(10) José Prieto. Médico. Universidad Complutense de Madrid https://www.esferasalud.com/especialidades-sanitarias/microbiologia/infecciones-epidemicas-arrastran-epidemias-conducta
(11) Guillermo Bodner. Psicoanalista didáctico y ex presidente de la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP-IPA) https://www.temasdepsicoanalisis.org/2012/01/01/la-subjetividad-en-tiempo-de-crisis/
(12) Francisco Rodríguez. Subjetividad en la ciencia: crítica a la razón neo-positivista
(13) https://helenika.files.wordpress.com/2014/04/tucidides-historia-de-la-guerra-del-peloponeso.pdf

El ejército alemán precinta los mojones de Navalny para guardarlos a buen recaudo

Nos encontramos ante uno de esos peliagudos problemas que los gringos califican “de seguridad nacional”: el ejército alemán ha guardado a buen recaudo las meadas y cagadas de Navalny. Es posible que el secreto militar se extienda también a los escupitajos y los mocos del opositor ruso, cuidadosamente recogidos por el espionaje alemán.

Los militares alemanes no sueltan prenda de sus hallazgos, ni a Rusia ni a nadie. No compartan sus tesoros con otros coleccionistas del mundo a fin de que puedan realizar sus propios análisis bioquímicos de lo que -sin duda alguna- conserva restos del atroz envenenamiento del opositor ruso.

Las expresiones escatológicas han llegado a la sesión inaugural de la ONU, donde ni los chinos ni los cubanos han sido capaces de guardar su proverbial elegancia diplomática, señal inequívoca de que algunos países empiezan a hartarse de las continuas campañas retóricas -y no tan retóricas- de los imperialistas, incluida la Unión Europea.

Por el contrario, Putin no ha dicho una palabra más alta que otra. Es posible que ya esté vacunado y se la resbale. Pero a otros rusos no les ocurre lo mismo y esperaban bastante más de su Presidente en un foro tan propicio.

En un coloquio de la primera cadena de la televisión rusa, el dirigente del Partido Comunista de la Federación, Yuri V. Afonin, cargó contra Putin por no denunciar el montaje de Navalny, ni la desestabilización de Bielorrusia. Hay que poner fin al complejo de los rusos hacia occidente, dijo (2).

En la televisión rusa el tema estrella son los pantalones de Navalny, que nada más salir del coma pidió que el gobierno ruso le devuelva su ropa. Debería haber restos de novichok en ella, por lo menos tanto como en los excrementos.

Alemania no muestra lo que tiene y Rusia tampoco. En lo que les toca, lo han pedido varios parlamentarios alemanes: Merkel debe entregar los informes clínicos “para que haya algún tipo de diálogo“ sobre el envenenamiento. Pero, ¿realmente a Alemania le interesa el diálogo o está bajo la presión de Estado Unidos?

(1) https://smoothiex12.blogspot.com/2020/09/i-couldnt-resist.html
(2) https://kprf.ru/party-live/cknews/197343.html

La manipulación de las redes sociales al servicio de la CIA con financiación de Estados Unidos

“Tengo las manos manchadas de sangre”. Con esas palabras decidieron titular los principales portales de noticias, a raíz de que hicieran pública las confesiones de Sophie Zhang, una excientífica de datos que trabajó para Facebook.

Las denuncias de Zhang se pueden resumir de la siguiente forma: Facebook conocía que se estaba usando la plataforma para manipular elecciones o intervenir en la dinámica interna de diversos países del mundo y simplemente optó por ignorar dichos datos.

Las declaraciones de Zhang llegaron poco tiempo después de que Facebook, con la misma lentitud con que lo hizo The New York Times y otros medios de difusión, declarara que se habían usado las plataformas digitales para manipular la opinión pública boliviana para favorecer los factores políticos que dieron un golpe de Estado a Evo Morales.

La empresa fundada por Mark Zuckerberg, develó en un informe que la empresa CLS Strategies, de claras y públicas vinculaciones con la USAID y la OEA, a través de sus fundadores y directivos, entre ellos Mark Feierstein y Roger Noriega, estaba detrás de 46 cuentas de esa red social emitiendo información falsa.

Entre los objetivos más recientes de CLS Strategies estaría limpiar la imagen del Gobierno de Jeanine Áñez en Bolivia, tras haber promovido el derrocamiento de Evo Morales.

Sin embargo, la iniciativa no se quedaba solo en el altiplano. La empresa, también servía para promover en Venezuela a los cabecillas golpistas, como Juan Guaidó y Henrique Capriles.

El activista Julián Macías, creador de Pandemia Digital, destapó el escándalo. En especial, las conexiones de CLS Strategies con otras organizaciones como Atlantic Council y Atlas Network, operadoras también de la USAID y la OEA, en Latinoamérica y que poseen estrechos vínculos con empresas como Exxon.

El derrocamiento de Fernando Lugo en Paraguay y Manuel Zelaya en Honduras, en 2008 y 2009, el apoyo a la figura de Enrique Peña Nieto tras unas elecciones fraudulentas en 2012 y la posterior campaña contra Pemex, el golpe de Estado a Evo Morales en Bolivia en 2019 y las campañas sistemáticas de desprestigio contra el Gobierno de Nicolás Maduro, son algunas de sus operaciones encubiertas tras la fachada de relaciones públicas de CLS Strategies.

“Lo más curioso de esta empresa, es que muchos de sus miembros han participado en organismos de cierta relevancia en la política exterior de Estados Unidos, algunos son organismos públicos como la USAID en la cual estuvo el propio director de la USAID en la etapa de Obama, Mark Feierstein, que también estuvo trabajando de vicesecretario de Estado para América Latina y también fue con Clinton funcionario de la OEA […] Y no es el único, también está Roger Noriega que también trabajó para CLS y los mismos cargos que ocupó Mark Feierstein con los demócratas, él los ocupó con el Gobierno republicano, también estuvo en la USAID, en la OEA. Y luego, aparte, incluso su fundador Peter Schechter en la actualidad es director del organismo para América Latina del Atlantic Council […] Hay un lobby geopolítico que trabaja sinérgicamente con esta empresa”, detalla Macías.

Para Macías, el entramado con el cual opera CLS Strategies se desarrolla en cuatro dimensiones. Una de ellas, dirigida a reclutar y comprar la voluntad de medios de difusión y periodistas. La segunda arista, implica la gestión de redes sociales usando cuentas falsas, que utilizan para difundir bulos, rumores y mensajes de odio.

“Un tercer vértice es el cabildeo, es decir, gestionar reuniones con organizaciones que están apoyadas por financiación de Estados Unidos a través de la NED o del NDI […] Por ejemplo se sabe que una de las cosas que hizo el contrato de esa empresa con el Gobierno de Áñez fue concertar reuniones con directivos de la OEA, senadores de Estados Unidos, diferentes organismos públicos por un lado y por otra parte también desde USAID, financiar fundaciones asociaciones medios de comunicación”, puntualiza.

Las elecciones legislativas en Venezuela, serían un nuevo escenario de confrontación política dentro y fuera del país, y por lo tanto, desde este andamiaje de control mediático, acciones de desinformación tendrán lugar para tomar el control de la opinión pública en la nación bolivariana.

Para la analista venezolana y experta en redes sociales digitales, Larissa Costas, es necesario “esperar cualquier cosa”, conforme nos acerquemos a la cita electoral.

“En primer lugar porque estas empresas no actúan bajo parámetros éticos y actúan como mercenarios de la información. Están disponibles para el mejor postor. Hay un informe de TrendMicro titulado Fake News Machine: cómo los propagandistas abusan de internet y manipulan al público, en el que identifican tres elementos esenciales de la noticia falsa y las operaciones de desinformación. En primer lugar, que el propagandista conoce que está mintiendo, en un acto consciente. En segundo lugar, el uso de las herramientas para amplificar el mensaje y, por último, las redes sociales. Venezuela tiene por adversario al imperio más sofisticado desde el punto de vista tecnológico, que está tremendamente motivado ante la posibilidad de hacerse con los recursos de la nación. Por último, las redes sociales cobrarán seguramente un mayor protagonismo por el contexto de las elecciones en tiempos de pandemia”, señala.

Para Costas en lo que respecta al ataque contra Venezuela, la magnitud e importancia de las operaciones de manipulación de información en redes sociales que se ponen en marcha, son teledirigidas desde el propio Departamento de Estado.

“La campaña de desinformación, manipulación y fake news desplegadas contra Venezuela parece presentar diferentes fases o niveles para el despliegue de los datos. Por ejemplo, un nivel estaría representado por las acciones de propaganda de CLS en Facebook. Pero en el año 2019, con la marca de la política exterior estadounidense (Departamento de Estado), se desplegó la campaña #EstamosUnidosVE que cumplía con los parámetros establecidos por Facebook como descriptores de una campaña de Fake News”, apunta.

Larissa Costas hace un recuento que vale la pena destacar porque ilumina a través de los datos, el esfuerzo impreso en modificar la opinión pública en la nación venezolana, a partir de que Juan Guaidó se autoproclamara como presidente interino del país.

En 2019, en Facebook, el Departamento de Estado distribuyó publicidad para impactar a venezolanos y venezolanas entre 18 y 45 años, en la que se hacía acusaciones contra el Gobierno de Venezuela alusivas a corrupción, robo, asociación para delinquir e incluso se acompañaban con imágenes muy escandalosas en las que se maldecía al presidente venezolano.

Esta campaña también se ejecutó en Twitter: del 1 de enero al 9 de abril del año pasado recabamos 757 tuits y retuits de la cuenta oficial del Departamento de Estado en español.

En el mes de enero del 2019, casi el 75 por ciento de los tuits emitidos desde esa cuenta, en concreto 88 tuits fueron hostiles contra Venezuela, mientras que apenas el 25,4 por ciento hablaba de la relación con otros Estados (30 tuits). En febrero, la conversación sobre relaciones con otros Estados, se incrementó ligeramente en casi un 10 por ciento, y en marzo establecieron una conversación del 50 por ciento, es decir, la mitad de la voz del Departamento de Estado, gritaba contra Venezuela.

A juicio de Costas, este entramado de manipulación está comenzando a ser un verdadero problema de alcance global. “Se trata del desarrollo de herramientas prácticamente imperceptibles pero muy persuasivas para manipular la opinión y el pensamiento de las personas. Vamos rumbo a convertirnos en una realidad distópica, si es que no lo somos ya”, señala.

https://kontrainfo.com/revelan-los-nexos-de-facebook-con-cls-strategies-manipulacion-de-redes-al-servicio-de-la-cia-con-financiacion-de-usaid-y-ned/

Más información:
– Es la OTAN quien indica a Facebook las cuentas que debe censurar
– Facebook: uno de los mecanismos de propaganda del imperialismo y el sionismo
– Facebook ha creado un grupo de expertos en manipular elecciones
– Facebook reconoce que difunde propaganda política falsa procedente de los gobiernos

Las pandemias se han inventado para inflar el numero de fallecidos en ellas

Si algo ha quedado claro desde el inicio de la pandemia es que las cifras que han presentado la mayor parte de los países del mundo sobre los muertos por coronavirus son falsas o, por decirlo más finamente, “erróneas”.

También ha quedado claro que con el tiempo los métodos de recuento han ido cambiando sobre la marcha en la mayor parte de los países. Por lo tanto, o bien los datos previos son “erróneos”, o bien lo son los datos posteriores.

Las cifras que proporcionan los diferentes países no son compatibles entre sí porque cada uno de ellos certifica de una manera diferente las muertes que atribuye al coronavirus y cualquier estudiante de instituto, incluidos los epidemiólogos, sabe (o debería) que no se pueden sumar cantidades que no sean homogéneas.

Cuando se suman cantidades heterogéneas, se infla el número de fallecidos, lo cual es insólito porque en todo tipo de desgracias en masa ocurre lo contrario: para no alarmar a la población siempre se rebajan las cifras y se minimizan los daños.

Así ocurre siempre, excepto en las pandemias, donde se verifica el fenómeno inverso. Es la ley número uno de las pandemias: se han inventado para inflar el número de fallecidos en ellas.

En las pandemias una muerte tapa a otra. Como ya hemos expuesto en otra entrada, la legislación (española y autonómica) así lo establece, lo mismo que la propia OMS, que atribuye al coronavirus las muertes resultantes de cualquier enfermedad “clínicamente compatible con un caso Covid probable o confirmado. No puede atribuirse a otra enfermedad y debe contarse independientemente de las condiciones preexistentes del fallecido”.

En la inflación de muertes, los medios de comunicación desempeñan un papel fundamental porque, aunque hubiera un número insignificantes de fallecimientos, su obsesiva visibilización en las pantallas da la impresión contraria.

La muerte vende, sobre todo en los medios de intoxicación. El objetivo de la inflación de muertes y su permanente recuento en las pantallas de televisión no tiene otro objeto que alarmar a la población y, naturalmente, atraer el máximo número de espectadores, convirtiendo a una desgracia en un espectáculo de circo en el que los expertos juegan el papel de payasos.

Cualquiera que sea la cifra de muertes que ha habido en la pandemia, es absolutamente increíble que un Estado moderno no sea capaz de contar el número de fallecidos, pero el hecho es que, a falta de datos, hay que recurrir a un medio indirecto: el exceso de mortalidad de este año en comparación con los anteriores.

Pero el exceso de mortalidad es otro baile de cifras. Las hay para todos los gustos y en España van desde las 25.000 hasta las 50.000, o sea el doble. Da lo mismo una cosa que otra porque el aspecto cuantitativo de los fenómenos interesa a muy pocos. Ante los números los espectadores dan media vuelta.

Con un número insignificante de muertos se puede provocar el mismo efecto de alarma general. Basta repetirlo una y otra vez para que el espectador sospeche que puede ser el siguiente, o quizá sus allegados. De esa manera se transforma en un sujeto temeroso, sumiso, dócil y, en consecuencia, fácilmente manipulable.

Si no hay muertes, las cifras de puede sustituir por “casos”, por “positivos” y por “contagiados” de manera que la fábrica del miedo nunca deje de producir.

Pero esa fábrica no va a parar nunca por sí misma. Alguien tiene que pararla. El problema es que quienes deberían hacerlo se han convertido en los máximos defensores del estado de guerra. Es una auténtica vergüenza.

Crisis diplomática entre Rusia y Alemania como consecuencia del montaje Navalny

El miércoles el Ministerio ruso de Asuntos Exteriores convocó al embajador alemán para entregarle una nota de protesta sobre el montaje que ha orquestado el gobierno de Berlín en torno al envenenamiento de Navalny. Dado que hasta la fecha Alemania no ha remitido ningún análisis a Rusia y dado que Navalny sigue siendo ciudadano ruso, Moscú considera el montaje como una provocación hostil, con todas las consecuencias que se derivan de ello.

Rusia hace recaer la responsabilidad de esta crisis internacional no sólo en Alemania, sino también en la OTAN y la Unión Europea.

Cuando Navalny fue enviado a Alemania, los médicos rusos informaron sobre las pruebas realizadas para que sus colegas alemanes pudieran continuar el tratamiento.

En Alemania los portavoces oficiales del gobierno declararon que Navalny había sido envenenado antes de que el laboratorio del ejército elaborara su informe, de donde se desprende que -supuestamente- aparecieron restos de una sustancia parecida al novichok, siendo el único pasajero que resultó contaminado en un espacio cerrado como un avión. Ni en el aeropuerto de salida, ni en el hospital de Omsk, ni el avión que le trasladó a Alemania hubo ningún afectado.

Es algo inverosímil, teniendo en cuenta que el novichok es un gas muy volátil.

A pesar de las repetidas solicitudes de Rusia para tener acceso a las pruebas del ejército alemán, no se ha transmitido nada. Al mismo tiempo, la presión política internacional aumenta.

Los ministros de asuntos exteriores del G7 han declarado unánimemente que Rusia es culpable.

Alemania ha denunciado el asunto a la OPAQ, ya que el novichok es un arma prohibida por el derecho internacional, por lo que se puede reproducir la misma situación que en Siria, donde el gobierno ha sido acusado del empleo de armamento químico.

El comunicado conjunto de los ministros de exteriores alemán y francés califica a Navalny como “una figura destacada de la oposición rusa”, tanto más que Guaidó en Venezuela, por más que en Rusia los sondeos de opinión no le dan ni el 2 por ciento de los votos. ¿Hay algún opositor en Alemania o en Francia o en cualquier otro país que merezca tal nombre sin llegar al 2 por ciento de la intención de voto?

En vida Navalny nunca ha tenido ningún crédito político en Rusia. Lo necesitan muerto porque haría mucho más ruido. El 2 por ciento se convertiría en el 60 por ciento.

Los bancos de alimentos son un negocio que desgrava impuestos

En España hay 54 Bancos de Alimentos que, según la ley, tienen la condición de entidades sin fines de lucro. Pero no son solidarios, ni desinteresados, ni caritativos. En una sociedad capitalista cumplen numerosas funciones, la principal de las cuales es absorber una parte de la superproducción de mercancías. Una buena parte de las donaciones tienen un origen público y se compone de los excedentes agrícolas de la Unión Europea, es decir, de producción que no tiene salida en ningún otro mercado.

Las aportaciones realizadas a dichas entidades gozan de incentivos fiscales, tanto si proceden de particulares como de empresas u organizaciones. Un donativo en dinero de hasta 150 euros desgrava hasta el 80 por ciento en la declaración de la renta.

Las empresas desgravan el 35 por ciento del valor de los alimentos que donan de la cuota del impuesto de sociedades. Para ello facilitan al Banco de los Alimentos una factura con el nombre de la empresa, el NIF, la dirección fiscal, los kilogramos de productos donados y su valor contable. Con estos datos, el Banco de los Alimentos envía a la empresa un certificado válido para realizar la desgravación.

Por ello, muchas grandes superficies y cadenas de distribución son, a la vez, Bancos de Alimentos y los mantienen en sus sedes y almacenes porque son ellas las que controlan el 70 por ciento del mercado de alimentación. Gracias a los Bancos de Alimentos las distribuidoras mantienen un precio que no es de mercado, sino más elevado, al mismo tiempo que arruinan al pequeño comercio.

Pero los Bancos de Alimentos no son sólo dinero ni alimentos, sino que también necesitan medios materiales para almacenar, manejar y conservar alimentos (p. ej: estanterías, palets, cámaras frigoríficas, carretillas eléctricas, furgonetas, equipo y mobiliario de oficina, etc.) Estas donaciones también desgravan.

No hay ni una pizca de altruismo. Los Bancos de Alimentos generan publicidad gratuita para las grandes empresas y lavan su imagen con grandes campañas que generan titulares en los medios, como “Mercadona regala 19 toneladas de leche al Banco de Alimentos de Zaragoza” (2).

También lavan la cara de la monarquía: “La Reina inaugura un banco de alimentos en Alcorcón” (2) y lo mismo ocurre con el ejército: “Las Fuerzas Armadas han apoyado a los Bancos de Alimentos desde el inicio de la Operación Balmis contra el Covid-19” (3).

A su vez, la publicidad y los lavados de imagen generan ideología, que en España es la consabida de la caridad, tradicionalmente acaparada por la jerarquía católica y el Opus Dei (4), que son quienes dirigen los Bancos de Alimentos, del mismo modo que dirigen Caritas y organizaciones similares.

(1) https://www.msn.com/es-es/dinero/noticias/mercadona-dona-19-toneladas-de-leche-al-banco-de-alimentos-de-zaragoza/ar-BB18RAK2
(2) https://www.larazon.es/local/madrid/la-reina-inaugura-un-banco-de-alimentos-en-alcorcon-CH23712725/
(3) https://www.lacerca.com/noticias/espana/robles-labor-banco-alimentos-enorme-esfuerzo-compromiso-pandemia-512398-1.html
(4) https://www.filantropofagos.com/blog/los-bancos-de-alimentos-y-el-opus-dei

A los cazadores de bulos los forma el imperialismo para reforzar la guerra sicológica

La mayor parte de los cuatro años de propaganda sobre “noticias falsas” e “interferencia rusa” han aportado al mundo exactamente lo que se suponía que debían aportar: un mecanismo eficaz para censurar internet y los medios de comunicación social.

En el centro de ese movimiento hacia el control mundial del discurso se encuentra una organización llamada el Instituto Poynter, sede de la Red Internacional de Investigación (IFCN), un organismo creado para coordinar, promover y entrenar a docenas de verificadores de hechos de todo el mundo.

El IFCN y muchas organizaciones sin fines de lucro que trabajan en el mismo campo son financiadas por los grandes “filántropos” capitalistas de nuestro tiempo, como George Soros, Pierre Omidyar, Bill Gates, e incluso los hermanos Koch… pero también por el Departamento de Estado de Estados Unidos y una sombría organización de “ayuda” de injerencia política, la National Endowment for Democracy (NED), históricamente vinculada a la CIA y a las operaciones de cambio de régimen.

Google y Facebook, que a su vez están vinculados al belicista Consejo Atlántico y a su “laboratorio de investigación forense digital”, también están asociados con Poynter mediante financiación y asociaciones destinadas a combatir las “noticias falsas” (incluida la elaboración de un programa “automatizado” de verificación de hechos).

El matrimonio entre el IFCN de Poynter, los multimillonarios políticamente comprometidos, el Departamento de Estado y la cara pública encubierta del Estado profundo, sugiere que el Instituto probablemente trabaja en lo que Nelson Poynter, su fundador, hizo durante una parte significativa de su vida: propaganda y censura para el gobierno de Estados Unidos.

Aunque esta información no está disponible en el perfil de Nelson Poynter en Wikipedia o en la página de Historia de poynter.org, su trabajo para una agencia de propaganda del gobierno no es exactamente un secreto. El parecido con su esposa, Henrietta, que también aparece en el sitio web del instituto, hace olvidar rápidamente que Poynter trabajó para la Oficina de Información de Guerra (OWI) durante la Segunda Guerra Mundial, pero su papel específico como censor y propagandista del gobierno nunca se menciona.

Sin embargo, “Hollywood va a la guerra”, un libro escrito en 1987 por Clayton R. Koppes y Gregory D. Black, es una de las muchas fuentes históricas que proporcionan detalles del trabajo de Poynter.

Nelson Poynter fue reclutado por la OWI con su esposa Henrietta, quien trabajó como asistente del gerente del programa bajo la dirección de Elmer Davis, el jefe de la agencia. Fue ella quien inventó el nombre “La Voz de América”, la famosa operación de guerra psicológica del gobierno de Estados Unidos

El proyecto de radio se estableció en febrero de 1942 y rápidamente se convirtió en la herramienta de propaganda abierta más importante de la Guerra Fría en Estados Unidos.

A diferencia del trabajo de su esposa, Poynter no considera la radio – o su anterior profesión, el periodismo – sino el cine. En 1942, la Oficina de Películas de la OWI se trasladó a Hollywood y nombró a Poynter para dirigirla. Su trabajo era actuar como enlace entre la agencia y los dueños de Warner Brothers, Twentieth Century Fox, MGM y otros grandes nombres del cine.

Elmer Davis, director de la OWI, vio las películas como “la forma más fácil de inyectar una idea de propaganda en la mente de la mayoría de la gente”, en parte porque “no se dan cuenta de que les están lavando el cerebro”.

Davis era un periodista de carrera que trabajó para el New York Times durante diez años antes de ser reclutado por el gobierno. La Casa Blanca de Franklin D. Roosevelt necesitaba que la industria cinematográfica incorporara temas específicos en sus películas, ideas que promovieran la noción de la Segunda Guerra Mundial como una guerra “del pueblo”, luchando para defender sus Cuatro Libertades.

Pero al principio, la oficina de Poynter en Hollywood tenía poco poder de veto sobre lo que la industria podía producir – para todo el mundo occidental – limitándose a sugerir cambios cosméticos aquí y allá, o a suavizar la imagen y el lenguaje reaccionario y racista, una característica inherente de Hollywood en ese momento.

Los ejecutivos de los estudios se llevaban bien con el ejército de Estados Unidos, históricamente cerca de la industria. Sus propietarios se alegraron de calificar de heroicas las guerras de Estados Unidos en el extranjero a cambio del préstamo de equipo militar, instalaciones y asesoramiento de expertos.

Pero en la mayoría de los casos, se quejó un decepcionado Poynter, la guerra sólo sirvió como “telón de fondo” para romances superficiales, comedias baratas y otras fórmulas probadas. Poynter y su jefe en el BMP, Lowell Mellett, también contrataron a un ex asistente de Harold Lasswell, un famoso científico social que dijo – en los años 30 – que la democracia necesitaba propaganda porque la gente no era la mejor juez de sus propios intereses.

Finalmente, el equipo ideó una forma de ejercer más poder sobre los indisciplinados, reaccionarios y sobre comerciales estudios de Hollywood. Decidieron pedir a la Junta de Censura de Estados Unidos que interviniera y les amenazara con la prohibición de exportar películas “ofensivas”, lo que reduciría drásticamente sus posibles ingresos.

Basado en “Hollywood va a la guerra” de Koppes y Black, fue un éxito, lo que llevó a MGM, Warner y los otros grandes nombres a entregar sus guiones a Poynter para su revisión. La BMP sabía que era importante involucrarse en esta etapa, antes de que se gastaran grandes sumas de dinero en la producción.

Poynter fue un diligente censor y propagandista, llegando incluso a sugerir diálogos para los guiones cinematográficos que revisaba, violando así “uno de los tabúes de la industria” y provocando a los poderosos magnates, según los autores mencionados anteriormente.

Cuando la guerra terminó, Poynter volvió al periodismo. Finalmente se hizo cargo del St. Petersburg Times (rebautizado como Tampa Bay Times en 2012), propiedad de su padre. También fundó el Congressional Quarterly con su esposa Henrietta, que murió en 1968. Como puedes leer en la página web del Instituto Poynter:

“Cuando Henrietta murió repentinamente a la edad de 66 años, Nelson estaba profundamente afligido. Su muerte marcó el fin de una era para Poynter”, dijo David Shedden, antiguo bibliotecario de investigación del Instituto Poynter. Comenzó a mirar hacia el futuro y a reflexionar sobre su legado. Se centró en la creación de una escuela para periodistas, que por supuesto se convirtió en el Instituto de Medios Modernos y luego en el Instituto Poynter.

No obstante, el historiador W.C. Bourne explica que muchos de los altos funcionarios de la OWI -como los ex periodistas Elmer Davis y Nelson Poynter- volvieron a los medios corporativos después de la guerra, pero “conservaron una fe inquebrantable en los valores de la OWI y en las posibilidades de éxito de la información internacional”.

Muchos de ellos también mantuvieron profundos contactos con el Estado y un “espíritu de colaboración” nacionalista.

El trabajo de Nelson Poynter para el gobierno terminó hace varias décadas, y sería razonable pensar que sus lazos con el gobierno de Estados Unidos y su aparato de propaganda probablemente nunca involucraron a la institución periodística que fundó años después de dejar la OWI.

Pero tenemos pruebas que apuntan precisamente en la dirección opuesta.

En primer lugar, los obvios -y abiertos- vínculos entre el instituto y la versión actual de la máquina de interferencia extranjera instalada por Estados Unidos durante la Guerra Fría (es decir, el NED). Como los periodistas independientes han señalado repetidamente, uno de los fundadores de la Fundación Nacional para la Democracia admitió una vez: “Mucho de lo que hacemos hoy fue hecho clandestinamente hace veinticinco años por la CIA”.

Segundo, los estrechos lazos entre el Instituto Poynter y el Departamento de Estado de Estados Unidos, que lo seleccionó para dirigir el “Programa Edward Murrow para Periodistas”. Este programa reúne “a más de 100 periodistas internacionales emergentes de todo el mundo para examinar las prácticas periodísticas en Estados Unidos”.

En otras palabras, para ser adoctrinados en el periodismo empresarial y la cultura occidental y para entrar en una relación con un posible líder de opinión extranjero.

El Programa Murrow del Departamento de Estado forma parte de la Oficina de Asuntos Educativos y Culturales (ECA), un organismo dedicado a la “diplomacia cultural”, que ha estado estrechamente vinculado a la inteligencia y la política exterior desde mucho antes de la Guerra Fría. Los participantes que serán entrenados por Poynter son seleccionados por las embajadas de Estados Unidos en el extranjero.

Un informe de 2017 sobre el éxito histórico de la agencia de intercambio educacional declaró que: ”…565 ex participantes en programas de ECA son actuales o ex jefes de estado o de gobierno, y 31 ex participantes son jefes de organizaciones internacionales.

En tercer lugar, el Instituto Poynter también ha establecido una notoria lista negra de sitios de “noticias falsas”, con la intención de marginar y, en este caso, privar a muchos de ellos de cualquier forma de publicidad.

Para esta operación, lanzada el 30 de abril de 2019, Poynter unió fuerzas con el resto del “cartel” de verificación de hechos, por así decirlo.

El instituto reunió las listas negras y los análisis realizados en los últimos años por Snopes, Fact-check.org, Politifact (propiedad del Tampa Bay Times y Poynter), OpenSources y el Fake News Codex, y los utilizó para crear la madre de todas las listas negras, nombrando 515 sitios de noticias “poco fiables”.

Se retractó poco después de su publicación el 2 de mayo, después de ser criticado por “falta de fiabilidad y mala metodología”. ¡Qué irónico! Y esto debe entenderse como una acusación de todo el grupo. Como señaló un crítico de la Universidad George Washington: “Si una lista que resume los resultados de la verificación de los hechos y que ha sido verificada por los verificadores de los hechos es retirada finalmente por los mismos verificadores de los hechos por falta de rigor, se pone de relieve la cuestión de por qué debemos confiar en algo de la comunidad de verificadores de los hechos”.

Para añadir el insulto a la injuria, la dudosa lista de Poynter de “sitios web poco fiables” tenía por objeto causar daños financieros a los que se nombraban en ella, orientando a los anunciantes y a las aplicaciones de la tecnología publicitaria a negarles la publicidad.

Después de la retractación, Stephen Gutowski, editor de uno de los sitios web en cuestión, Free Beacon, escribió: “Qué asqueroso ejercicio de mala fe por parte de una organización que se supone que debe mejorar y promover el periodismo. En cambio, crean tabloides para calumniar a los periodistas sin ofrecer ni una sola prueba. Qué vergüenza, @Poynter”.

Philip Klein, del Washington Examiner, también citado, opinó lo siguiente: ”…es preocupante pedir a los anunciantes que pongan a las organizaciones de noticias en una lista negra, especialmente dada la opacidad del proceso y la arbitrariedad de muchas de las sentencias” [sic].

La mayoría de las organizaciones sin fines de lucro que están detrás de la lista negra de Poynter comparten sus patrocinadores, con la excepción de la controvertida Snopes, que opera con menos subsidios que los ingresos por publicidad.

La Red Internacional de Investigación y sus más de 100 verificadores de hechos “asociados” -subordinados- más pequeños en todo el mundo también están financiados por los mismos “filántropos”, como Bill Gates, cuya fundación ya está financiando decenas de grandes organizaciones de noticias empresariales con decenas de millones de dólares, como reveló recientemente la Columbia Journalism Review.

En cuanto a Poynter y Gates, en particular: ”…la vicepresidenta principal de Poynter, Kelly McBride, dijo que el dinero de Gates se ha canalizado a sitios de verificación de hechos de los medios de comunicación, incluido Africa Check, y señaló que está “absolutamente segura” de que no ha surgido ningún sesgo o punto ciego de este trabajo, aunque admite que no lo examinó ella misma.

En un flagrante conflicto de intereses, estos mismos verificadores de información a menudo tratan de desmitificar la información sobre la Fundación Gates, al igual que una agencia privada de relaciones públicas.

Muchos pequeños jugadores en la constelación mundial de verificadores de hechos también son financiados directamente por George Soros y su Open Society Foundation, la Fundación Ford, la Embajada de Estados Unidos y/o la NED.

Al “verificar los hechos”, los miembros de este consorcio público-privado a menudo se limitan a copiar/pegar de sus fuentes “madre”, como Politifact y Poynter’s Snopes.

Como escribieron recientemente Emil Marmol y Lee Mager para el Proyecto Censurado, la operación psicológica de “noticias falsas” era poco más que un “caballo de Troya para silenciar las noticias alternativas y restaurar el dominio empresarial sobre la información“: “La falsa histeria noticiosa creada por los miembros del gobierno y recogida por los medios de comunicación de masas es explotada y utilizada como pretexto para suprimir la disidencia y las opiniones contra-hegemónicas, al tiempo que se restablece la preeminencia de la prensa de masas como único proveedor y fabricante de la opinión pública”.

La pandemia del Covid-19 ha acelerado el proceso de degeneración bajo el pretexto de “protegernos”, impulsando a los gobiernos democráticos a tomar caminos peligrosos, como el arresto de ciudadanos por promover marchas callejeras en Facebook.

Internet ha abierto un mundo de información al ciudadano común; debemos mantenerlo abierto para que más de nosotros pueda echarle un vistazo.

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