La percepción subjetiva

En enero de 2008 el Banco Mundial, a través de la Oficina del economista Jefe publicó un amplio informe analizando dos epidemias: la de Surat (India) en 1994 y la de SARS en Guangzhou (China) en 2003. Posteriormente, en The Journal of Immunology de 1 de Noviembre de 2008 se publicó un largo estudio: “Investigación sobre Enfermedades Infecciosas Emergentes y Reemergentes del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón, por el programa de Centros de Excelencia del Siglo XXI sobre Estrategias Globales para el Control de Enfermedades Infecciosas Emergentes y Reemergentes. Enfermedades Infecciosas en la Universidad de Nagasaki y por el Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología de Japón”, en el cual se analiza el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS) que se originó en China en 2003 y se extendió por 34 países mundo, sin que hubiera ninguna declaración de pandemia por parte de la OMS. En una de sus conclusiones señala que: “Los detalles del mecanismo por el cual el coronavirus asociado al síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV) causa una neumonía grave no están claros, aunque la liberación incontrolada de mediadores inmunes se ha implicado en la patogénesis del SARS, mientras que los perfiles de citocinas de los pacientes con SARS no han dilucidado la causa de la neumonía debido a su diversidad. Parece probable que los diversos perfiles de citocinas observados entre los pacientes adultos con SARS estén relacionados con la anamnesis del paciente” (1).

Concluyendo dicha investigación con lo siguiente: “Los autores llegaron a la conclusión que las respuestas sesgadas por Th2 (tipo de linfocitos) de los huéspedes vacunados después de la infección por SARS-CoV podrían agravar la inflamación pulmonar, puesto que la respuesta principal del huésped sigue siendo desconocida” (2).

Volviendo al informe del Banco Mundial empieza diciendo: “El documento analiza en particular cómo la gente forma juicios subjetivos de probabilidad sobre riesgo de enfermedad. Encuestas de opinión pública durante el brote SARS proporcionan evidencia sugerente de que la gente a veces tienen percepciones excesivamente altas de la riesgo de infectarse o, si se infecta, de morir de la enfermedad” (3).

En una encuesta en Taiwán, el 76 por ciento de los encuestados calificaron la probabilidad de muerte después de contraer SARS con una calificación de 4 sobre 5, en una escala de 0 a 5. Casi una cuarta parte de los encuestados en Hong Kong pensó que era muy probable infectarse con el SARS aunque a posteriori la tasa de infección en Hong Kong (casos probables notificados a la OMS en relación con la población) era de solo 26 por 100.000 habitantes (0,026 por ciento). Según G.M. Leung, varias encuestas realizadas durante el brote de SARS proporcionan evidencia directa sobre las evaluaciones de probabilidad subjetiva (4).

Según R.J. Blendon, en Estados Unidos, alrededor del 16 por ciento de los encuestados pensaron que infectarse ellos o su familia inmediata por SARS en los próximos doce meses era muy probable (5).

Después de ver un accidente de coche, la subjetividad de las personas aumenta en el sentido de aumentar la probabilidad de tener un accidente, mientras que subestiman otros riesgos más comunes (6).

Según investigaciones en psicología del comportamiento aplicadas en el caso de Surat y Guangzhou, bajo unas condiciones de mala información y estrés, las personas llegan a conclusiones sesgadas o erróneas y apreciaciones subjetivas sobre dichas enfermedades, lo que les lleva al pánico, con lo cual la prevalencia de la enfermedad a su vez también se verá afectada por el cambio de comportamiento de la población (7).

En el caso de China, el boca a boca sobre la enfermedad se extendió rápidamente tanto dentro como fuera de China, debido al acceso generalizado a teléfonos móviles e Internet. Se estima que “miles de millones” de mensajes de texto de teléfonos celulares con alguna referencia a la enfermedad se enviaron en el país. Del 8 al 10 de febrero de 2003, el mensaje de texto SMS “Hay una gripe mortal en Guangzhou” se envió 126 millones de veces solo en la ciudad de Guangzhou, y para el 26 de abril, los periodistas calculaban que un millón de personas abandonaban la ciudad (8).

Igual que en Surat (India) en 1994 en que los rumores y los informes exagerados de los medios en hacer su propia evaluación sobre la probabilidad de un brote de peste y del peligro de infección de personas y familias, desencadenó caos y pánico desproporcionado. “Del 19 al 22 de septiembre, 1994, hubo tres días seguidos de caos en la estación de tren y autobús de Surat. La gente se subía a todos y cada uno de los vehículos que podían llevárselos… Más de la mitad de los médicos también se fueron y para el 26 de septiembre se estimó que hasta una cuarta parte de los 2,2 millones de habitantes habían huido de la ciudad. Pánico se extendió a otras ciudades importantes” (9).

¿Cómo se forman en las personas estas probabilidades subjetivas?

“La infección es inseparable del hombre. Cuando se presenta una epidemia se produce una convulsión social que apenas ha cambiado con el tiempo. Tras la sorpresa inicial, los ciudadanos se sumergen en una mezcla de incertidumbre, miedo, e ira colectiva.

El miedo modula la percepción subjetiva del riesgo. No tenemos miedo a viajar o a fumar, lo que causa de miles de muertos, ¡una verdadera pandemia!, porque se supone que ejercemos un control personal. Sin embargo tememos lo desconocido, lo incontrolable. Probablemente, como el miedo a las serpientes o a la oscuridad, tenga algún componente constitutivo. El miedo es emocionante y contagioso; más cuanto más intenso. Simples rumores pueden cambiar una situación de temor individual a un pánico colectivo incontrolable. Se exigen vacunas, diagnósticos y tratamientos inexistentes, ocupación de hospitales, demandas, en fin, imposibles de cumplir. En España tenemos recientes ejemplos: recordemos el asunto de la “colza” (demanda masiva de eritromicina), la legionelosis, la última epidemia de meningitis con la agotada rifampicina y rocambolesca búsqueda de la vacuna, el problema de las vacas locas, la “bacteria asesina”, o la aspergilosis (enfermos rebeldes o redundantes de los hospitales).

Los periódicos, televisión etc., sintonizan con la sociedad “vendiendo” muy bien las malas noticias. El ciudadano espera impaciente las siguientes noticias, busca en otros medios, y se encuentra con un goteo de datos “objetivos”, comprensibles e impactantes: “Mas de 100.000 afectados”, “un muerto más”, “en 3 días se agotaron…” Interesa la noticia del riesgo que provoca las primeras reacciones. Se buscan posibles fraudes trasfondos de manipulación o bioterrorismo. Se espera el traspié en las declaraciones o medidas que tomará el ministro de turno. El morbo está garantizado (10).

Diversos psicoanalistas han reflexionado sobre las consecuencias de la violencia social extrema en la cual el discurso autoritario que emana de instituciones de poder adopta una lógica causal basada en hipótesis falsas, se sostiene en valores éticos perversos que promueven acciones corruptas. “El estado de amenaza es una situación en la que el yo pierde la capacidad de reconocer los signos que lo habilitan para percibir los peligros del mundo exterior y diferenciar entre imaginación, realidad, vida o muerte” (11).

También la ciencia, alejada de los intereses populares y al servicio de la clase dominante está preñada de una alta dosis de ufana subjetividad que se coloca por encima de todo lo existente pero excluyendo a las personas como sujetos del quehacer y arrinconándolos en un estado de simple objeto.

Como plantea Francisco Rodriguez, “el drama de una ciencia, que como la clásica, renuncia a entender al universo de otra manera que no sea en términos de procesos susceptibles de ser aprehendidos a través de leyes universales y absolutas, plantea el dilema de una ‘Razón mesiánica’ que al mismo tiempo que postula un programa de salvación de la humanidad a propósito del desarrollo de las estructuras científico–técnicas, expulsa al sujeto del reino de la empresa que esta tarea significa… podemos ver a la ciencia como cosa de sujetos que se relacionan con otros sujetos en el proceso de producción de conocimientos, por lo tanto en sí misma, relación social fundamentada en poder e intersubjetividad. Afortunadamente, estamos hoy en condiciones de abandonar esta posición epistemológica por el carácter anti-histórico e ideológico-neurótico que ha comportado. Y sin embargo, en descargo de la ciencia realmente comprometida con la vida y el hombre, podemos decir que esta posición epistemológica y esta manera de hacer ciencia, no es más que una vía en el amplio camino de la producción de conocimientos en función de la transformación social” (12).

Tucídides, en la “Historia de la Guerra del Peloponeso”, alude a una plaga en Atenas en los años 429 y 430 a.n.e., y que a partir de ella, con la derrota de Atenas y el triunfo de Esparta se realizó un cambio radical en el reparto de poder de la antigua Grecia y con él un cambio en las costumbres y la política: el fin de la democracia ateniense y el ascenso del militarismo espartano (13).

La militarización de la pandemia, el autoritarismo rampante, la censura de cualquier medio que ponga en tela de juicio el discurso oficial, paralelo a un incremento de la represión y la propagación del terror mediático mediante el cual diariamente se bombardea la población con la aseveración de que su vida corre peligro, que el amigo, vecino, compañero de clase puede ser el enemigo mortal, solo puede conducir a una situación como la descrita por Tudícides.

(1) La anamnesis es el proceso de la exploración clínica que se ejecuta mediante el interrogatorio para identificar personalmente al individuo, conocer sus dolencias actuales, obtener una retrospectiva de él y determinar los elementos familiares, ambientales y personales relevantes. Para aprender a interrogar al paciente y obtener una historia clínica adecuada se requiere de una guía organizada y objetiva. Solamente así se puede evitar la elaboración de historias ambiguas, superficiales, desorganizadas, artificiosas y redundantes.
(2) J Immunol 1 de noviembre de 2008, 181 https://doi.org/10.4049/jimmunol.181.9.6337
(3) http://documents1.worldbank.org/curated/en/101511468028867410/pdf/wps4466.pdf
(4) Leung, GM, S. Quah, LM Ho, SY Ho, AJ Hedley, HP Lee y TH Lam. (2004). “Historia de dos ciudades: vigilancia psicoconductual comunitaria y otros Impactos en el control de brotes en Hong Kong y Singapur durante la fase de la epidemia de síndrome respiratorio”. Control de Infecciones y Epidemiología Hospitalaria. vol. 25. núm.12
(5) Blendon, RJ, J. Hazel, CM DesRoches, SARS en Toronto y EE. UU. Proyecto sobre Seguridad Biológica y el Público, Escuela de Salud Pública de Harvard y Health Canada. 6 de junio de 2003 http://www.hsph.harvard.edu/press/releases/blendon/TorontoSARS.doc
(6) Slovic, P. y EU Weber, Percepción del riesgo planteado por eventos extremos, Conferencia sobre Estrategias de gestión de riesgos en un contexto incierto, Nueva York, 12-13 de abril de 2002
(7) Philipson, Gersovitz y Hammer, Modelo elástico de prevalencia del comportamiento en el contexto de un modelo epidemiológico estándar SIR
(8) Washington Post, 26 de abril de 2003. Pomfret, J. SARS: Funcionarios de Beijing intentan detener a los viajeros. El recuento final de la OMS para el SARS fue de 8.096 casos probables en todo el mundo
(9) Ramalingaswami, V. Los efectos psicológicos del brote de peste de 1994 en Surat, India, Medicina militar, diciembre de 2001; 166, 12, pág. 29
(10) José Prieto. Médico. Universidad Complutense de Madrid https://www.esferasalud.com/especialidades-sanitarias/microbiologia/infecciones-epidemicas-arrastran-epidemias-conducta
(11) Guillermo Bodner. Psicoanalista didáctico y ex presidente de la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP-IPA) https://www.temasdepsicoanalisis.org/2012/01/01/la-subjetividad-en-tiempo-de-crisis/
(12) Francisco Rodríguez. Subjetividad en la ciencia: crítica a la razón neo-positivista
(13) https://helenika.files.wordpress.com/2014/04/tucidides-historia-de-la-guerra-del-peloponeso.pdf

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