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Grecia anuncia que no pagará la deuda al FMI

Nikos Voutsis
El ministro del Interior de Grecia, Nikos Voutsis, acaba de anunciar que su país no pagará la deuda que mantiene con el Fondo Monetario Internacional, que vence el próximo mes de junio, debido a que no dispone de recursos para ello: “Grecia no tendrá la posibilidad de realizar el pago del próximo tramo de su deuda al Fondo Monetario Internacional, ya que el país no dispone de recursos suficientes”, ha dicho Voutsis.

El ministro ha indicado que los tramos de junio al FMI, desde el 5 hasta el 19 de junio son de 1.600 millones de euros y “este dinero no se pagará, porque no está”. Explicó que el gobierno griego debate sobre la posibilidad de un acuerdo que permita respirar al país e insistió en que existe un pacto que “dará aliento al país” y será “económicamente viable e inspirador políticamente y abrirá perspectivas”.

Grecia negocia una alianza estratégica con Rusia en medio de las tensiones con la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, debido al rescate financiero negociado entre las partes, mientras evalúan el programa económico de Tsipras, que concede prioridad a la protección e inversión social para superar la crisis económica del país.

Este primer tramo que vence en junio es de 300 millones de euros. Hasta el momento no se ha logrado alcanzar un acuerdo con la Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI.

Euro: todos engañaron a todos

Un documental de Michael Wech muestra que el euro fue desde el principio un gran fraude y una máquina de mentiras. Todos engañaron y todos mintieron para ocultar los desequilibrios monetarios de la zona euro. No sólo Grecia hizo fraude cuando recurrió a Goldman Sach para el maquillaje de sus cuentas, sino también Alemania y Francia cuando engañaron al público con cifras de falsos déficit para no trasgredir «los criterios de la estabilidad monetaria”.

El documental sigue la historia del euro desde 1996 con las primeras y tensas reuniones entre Helmut Kohl y Jacques Chirac. Desde un principio se supo que el euro debía ser para un grupo seleccionado de países y que por ningún motivo podrían formar parte de la moneda única países como Grecia, Portugal, Bélgica, España o Italia. Así se lo hicieron ver a Helmut Kohl Holanda y Austria. Pero Alemania quería tener a su lado a Francia, para borrar los horrores de la guerra, y Francia quería tener a su lado a Italia. Las trampas y apuestas por quien formaría parte de la moneda única son recreadas en esta conversación que sostienen en Verona, en la primavera de 1996, Theo Waigel, ministro de finanzas de Alemania y su homólogo griego Yannos Papantoniou:

– ¿Cómo se supone que usará este billete un ciudadano o campesino griego que no sabe latín? –pregunta Papantoniou- ¿mirando los números? ¿Estarán en griego? A lo que Waigel responde:
– Grecia no está en el euro ahora y nunca lo estará. ¿Crees que Grecia podría estar en la zonaeuro alguna vez?
– Claro que sí –replicó Papantoniou- ¿apostamos algo?

Grecia quería entrar en el euro y a Alemania le interesaba que la moneda que reemplazaría al Deutsche Mark se adoptara en la mayor cantidad de países. El euro prometía un sueño de prosperidad y todos querían ser parte del club. Para los políticos de España, Portugal o Irlanda quedar fuera de la moneda única era un rotundo fracaso ante sus ciudadanos. Todos querían ser parte de la eurozona para parecerse a Alemania, aunque los enormes desequilibrios eran conocidos por todo el mundo: en pleno 1997 el Estado griego carecía de sistemas informáticos y llevaba sus estadísticas “a mano”.

Las decisiones que se tomaron en las primeras etapas de la eurozona son presentadas en este documental desde la perspectiva de los personajes directamente involucrados: Wolfgang Schäuble, Theo Waigel, Yannis Stournaras, Hans Eichel, Jean-Claude Juncker. Por eso el trabajo de Michael Wech es una crónica fascinante de los acontecimientos que ocurrieron y que han llevado a Europa a la crisis actual. Wech reconstruye las trampas de los políticos, y cómo mintieron y se engañaron unos a otros, incluyendo al primer ministro alemán Gerhard Schröder, quien mintió sobre el déficit para no sufrir una derrota en las elecciones y ser reelecto por un segundo mandato.

El euro ha arrastrado a Europa a una trampa. Todos mintieron, engañaron y perdieron por la moneda única. Una vez más sólo ganó el capital financiero. Por maquillar las cuentas griegas, esconder el gasto militar y trasladar gastos al futuro, Goldman Sachs se embolsó 500 millones de dólares. Es la fría transformación del mundo en interés del gran capital.

Se multiplican las visitas de Tsipras a Moscú

A fin de echar un velo sobre el replanteamiento de las relaciones entre Grecia y Rusia, la prensa europea, fiel portavoz de sus amos imperialistas, ha calificado de “simbólica” la visita de Tsipras a Moscú, no habiendo obtenido resultados concretos. Por el contrario, la revista griega Prothema ha destacado de ella cuatro aspectos importantes, que merece la pena consignar.

El primero es la prolongación del corredor energético “Turkish Stream” que convertirá a Grecia en una plataforma para la distribución del gas ruso en Europa y del que obtendrá 500 millones de euros anuales. Como consecuencia de ello, los ministros de Asuntos Exteriores de Hungría, Serbia, Grecia y Macedonia se reunieron el 2 de abril para firmar una declaración de apoyo al proyecto greco-ruso.

El segundo es que Grecia y Rusia van a constituir empresas conjuntas para eludir las sanciones impuestas por Bruselas a Moscú. Dichas empresas tendrán su sede en Moscú y permitirán a Grecia continuar con sus exportaciones a Rusia.

El tercero es que ambos países van a colaborar en al comercio, las finanzas, el turismo y la cultura, y las empresas rusas podrán acudir a las subastas de las empresas griegas que sean privatizadas, así como a la construcción de infraestructuras. Las empresas rusas están interesadas por el puerto de Salónica y por las vías ferroviarias.

El cuarto es que las empresas rusas participarán en los sondeos de 20 pozos petrolíferos en el Mar Jónico y en el sur de Creta.

Estos acuerdos demuestran, en palabras de Tsipras, que Grecia se dispone a desarrollar una “política exterior multipolar”. Grecia ni es un país mendigo ni una colonia deudora sino un país soberano que tiene un derecho indiscutible a “explotar su papel geopolítico”.

Syriza está llevando a cavo un replanteamiento estratégico de la posición de Grecia en Europa. El segundo día de su estancia en Moscú, en un discurso pronunciado en la Facultad de Relaciones Internacionales de Moscú, Tsipras aseguró que el acercamiento de Grecia a Rusia no ha sido por motivos oportunistas sino que formaba parte de un viraje estratégico en materia económica y energética.

En su discurso el primer ministro griego afirmó también que “es imposible construir la seguridad europea sin Rusia, y mucho menos contra ella”, lo que acompañó con un llamamiento dirigido a la Unión Europea para que restablezca su diálogo con Rusia, e pesar de las discrepancias existentes entre ambas partes sobre Ucrania.

Tsipras ha vuelto de su viaje a Moscú, pero se dispone a regresar otra vez en mayo para participar en las conmemoraciones del 70 aniversario de la derrota del fascismo en Europa y después habrá un tercer viaje a fin de que participe como invitado de honor en Foro Económico de San Petersburgo.

Las visitas a Tsipras a Moscú se van a convertir en una rutina que, por cierto, son mucho más que simbólicas.

Estados Unidos también presiona a Grecia

Por si no tuviera bastante con las presiones financieras procedentes de Bruselas, también Estados Unidos aprieta las clavijas a Grecia, según ha denuciado el ministro de Energía de Syriza Panagiotis Lafazanis.

En declaraciones a la prensa rusa el ministro griego ha manifestado el interés de su país por la prolongación del gasoducto que la empresa rusa Gazprom va a tender hacia Turquía, denominado “Turkish Stream”. Sin embargo, ha reconocido que sus intenciones no son del agrado de Washington, desde donde están recibiendo presiones para disuadirles del proyecto.

“Ejercen una presión muy fuerte”, dijo Lafazanis al diario Ria Novosti tras una conferencia de prensa en Moscú. Pero no parece que las presiones hayan surtido efecto hasta la fecha: “Nosotros consideramos que se deben abrir todos los corredores [de gas] para Rusia”, añadió.

El ministro griego precisó que no consideraba que el gasoducto “Turkish Stream” compitiera con con el transadriático (TAP) porque éste no podría cubrir las necesidades europeas de gas natural.

El gasoducto no está al margen de los problemas financieros de Grecia, por lo que Lafazanis ha reconocido que Grecia pretendía obtener de Rusia una reducción de las tarifas del gas suministrado a partir del año que viene, así como una reducción de los volúmenes comprometidos según los contratos ya cerrados entre ambos países (“take or pay”) o, dicho con otras palabras, los anteriores gobiernos griegos firmaron contratos con Rusia para que los griegos pagaran unas determinadas cuotas mínimas de gas, tanto si lo consumían como si no.

A finales del año que viene Gazprom tiene previsto poner en funcionamiento una nueva tubería que llegará hasta la frontera greco-turca, un proyecto que compensaría en parte el abandono europeo del proyecto “South Stream”.

En febrero el consejero diplomático de Putin, Yuri Uchakov, declaró que en varias ocasiones Moscú y Atenas habían abordado conjuntamente cuestiones como la guerra en Ucrania y el abandono de proyecto “South Stream”, es decir, dos asuntos que conciernen a la Unión Europea en su conjunto, así como su independencia energética.

Putin felicitó a Syriza por su reciente victoria en las urnas e invitó a Tsipras a visitar Rusia con un ojo puesto en un proyecto que en el Kremlin también consideran estratégico.

En diciembre del pasado año durante una visita a Turquía el presidente ruso anunció la suspensión del gasoducto “South Stream” y la alternativa prevista ante ello, que consiste en conducir el gas por Turquía hasta las mismas puertas de Grecia.

El gasoducto “South Stream” debía unir a las costas rusas del Mar Negro con Italia sorteando el paso por Ucrania, por donde hoy circula la mitad del gas ruso que llega a Europa y que ya ha padecido varios cortes de suministro a causa del impago de Ucrania, del desvío y del robo.

En Bruselas no hicieron más que poner excusas para frenar el tendido de la tubería “South Stream”, que ya estaba comprometido desde hacía muchos años, lo que suscita dos cuestiones. La primera es que la construcción de la tubería del sur se paralizó cuando Alemania ya tenía la suya propia por el norte, que le asegura el suministro de gas ruso de manera discriminatoria y absolutamente injustificada.

La segunda es que si ahora Grecia sufre presiones de Estados Unidos para que le llegue gas ruso procedente de un gasoducto más bien modesto, como es “Turkish Stream”, cabe sospechar que esas presiones acrecentadas también estuvieron presentes en la decisión de Bruselas de paralizar un proyecto mucho más ambicioso como “South Stream”.

El gran beneficiario del cierre de “South Stream” es Turquía que deja un enchufe de su línea justo en la frontera de Grecia como un caramelo delante de la boca del niño, no sólo para sus vecinos sino para la propia Turquía: si alguien como Grecia quiere engancharse al gasoducto, Turquía se lleva un seis por ciento de beneficios por el transporte, una cantidad fabulosa de dinero sin dar un palo al agua. Cuando se abra el grifo del gas, Turquía se habrá convertido en el segundo cliente de Rusia, detrás de Alemania.

La geopolítica actual está marcada por ese tipo de tuberías, como en otros tiempos estuvo marcada por las rutas marítimas. Tanto si “South Stream” prospera, como si lo hace “Turkish Stream”, Grecia habrá obtenido un triunfo significativo. Ya no será un rincón sino que se habrá puesto en medio del tablero. En esta apuesta la gran perdedora es Ucrania que, a pesar de su privilegiada situación, queda completamente fuera de juego. La geografía no lo es todo.

La presencia de las marionetas fascistas en el gobierno de Kiev y su cerrada sumisión a Washington pueden comprometer el futuro del país durante muchos años. La política sí lo es (casi) todo.

Alemania tiembla ante la visita hoy de Tsipras a Moscú

El primer ministro griego Alexis Tsipras inicia hoy su viaje a Moscú, que se prolongará a lo largo de cuatro días. Tras el presidente checo Zeman, es el segundo dirigente de un Estado miembro de la Unión Europea que se acerca por Moscú en los últimos días.

El motivo de la visita es la participación en los actos conmemorativos del 70 aniversario de la victoria del ejército soviético contra el III Reich en la Segunda Guerra Mundial. Engolfados en una descarada resurrección del fascismo, los países europeos no quieren saber nada de este tipo de actos. Están peleados con la historia, o sea, con la realidad. Si pudieran reescribirla, firmarían ahora mismo la victoria de la Wehrmacht.

Ayer la prensa alemana se hizo eco de que la política exterior alemana, y por lo tanto la europea en su conjunto, ha entrado en un estado de pánico y lanza llamamientos desesperados a la unidad, bien entendido que dicha unidad consiste en que los demás países europeos, especialmente Chequia, Hungría y Grecia, se unan a la política exterior alemana y, además, que lo hagan gratis.

En una entrevista a Die Welt la diputada del Budestag por la Unión Social Cristiana, un partido reaccionario, Gerda Hasselfeldt, dice que la visita a Moscú del Primer Ministro Tsipras amenaza la “solidaridad europea”. Por si los lecttores no se habían dado cuenta, la diputada enfatiza que Grecia forma parte de la Unión Europea, la cual debe demostrar coherencia frente a Rusia hablaando con una sola voz.

Luego la diputada habla de eso que llaman “conciencia” y que tiene su costado mágico, porque es como que son los demás los que no tienen “conciencia”, es decir, no tienen la misma conciencia que uno mismo y, por lo tanto, se creen en la necesidad de indicarle lo que debe hacer o no hacer: “El gobierno griego debe ser consciente de la gravedad de la situación en Europa”, dice Hasselfeldt, y Tsipras no debería instrumentalizar su visita a Moscú para obtener más dinero de Rusia.

Es posible que la diputada estuviera pensando en el reciente viaje del ministro griego de Energía Lafazini a Moscú, donde ha firmado un acuerdo con Gazprom para que la empresa rusa lleve a cabo trabajos de exploración de posibles yacimientos de gas y petróleo en Grecia.

En una rueda de prensa, Gernot Erler, coordinador del gobierno alemán para la cooperación con Rusia, Asia central y los países orientales, ha insistido en la necesidad de que la Unión Europea sea una unidad, especialmente en lo que concierne a la guerra de Ucrania. “La Unión Europea nunca será tomada en serio si no habla con una voz única”, aunque no aclaró cuál debería ser esa voz, es decir, quién debería hablar y quién debería permanecer callado en la Unión Europea.

Sobre todo Erler advirtió que Moscú podría tratar de dividir a la Unión Europea influyendo sobre países como Grecia, Hungría y Bulgaria. Pero desde aquí nos permitimos decirle al señor Erler que no es Moscú quien divide a la Unión Europea sino que la Unión Europea no es tal unión, y Moscú se aprovecha de ello lo mismo que otros hacen lo mismo.

Estados Unidos no quiere países ‘bolivarianos’ en Europa

Hasta ahora Grecia parecía un problema exclusivamente económico, una pesadilla llena de palabras como déficit, tipos de interés, austeridad, préstamos y otras parecidas.
Hasta que Tsipras anunció una visita oficial a Moscú prevista para el 8 de abril. A Victoria Nuland, que se encarga de los asuntos europeos en el Departamento de Estado, le ha faltado tiempo para visitar Atenas en la gira que estaba realizando por el Viejo Continente.
Todo esto significa que los imperialistas tienen que reordenar las piezas del tablero para una próxima salida de Grecia del euro, lo cual es una posibilidad que en Estados Unidos no ven con malos ojos y en Rusia tampoco.
Pero Grecia tiene un costado aún más amargo: su pertenencia a la OTAN, algo con lo que Washington no especula. The Guardian decía que la eurozona se estaba convirtiendo en un «juego arriesgado». Bloomberg habla de la formación de un «frente» de países europeos, entre los que incluía a España, opuestos a las sanciones a Rusia.
Es obvio que las reclamaciones de este «frente» no tienen ninguna posibilidad de triunfar, pero el hecho es que se ha formado y que ya sólo falta que Alemania adopte una posición pública menos sinuosa que -naturalmente- sólo puede estar en esa misma línea: la del final de las sanciones impuestas a Rusia, por más que Merkel haya dicho todo lo contrario.
Lo que Nuland le ha aclarado a Tsipras en Atenas, al más puro estilo de la diplomacia gringa, constituye un aviso para navegantes: Estados Unidos no va a admitir -bajo ningún concepto- un país «bolivariano» en Europa y tiene la pretensión de convertir la presencia de Grecia dentro de la OTAN en otro de esos «asuntos internos» de la Unión Europea, por no decir que lo quieren convertir en «el asunto central» por antonomsia de la Unión Europea.
En otras palabras, la pertenencia de Grecia a la OTAN tampoco es asunto de Grecia, cualquiera que sea el final de sus negociaciones sobre el pago de la deuda y sus relaciones con la Unión Europea. A Nuland no se le puede negar que ha sido muy clara: Grecia puede negociar su estatuto dentro de la Unión Europea, pero no su estatuto dentro de la OTAN.
Se puede decir lo mismo con otras palabras: Estados Unidos fuerza a los países europeos a elegir entre mantenerse dentro de la OTAN o acercarse a Rusia, pero en ningún caso ambas cosas simultáneamente.
A Estados Unidos todo se le va de las manos, pero no será porque no se esfuerza por impedirlo, es decir, por evitar que en Europa le ocurra lo mismo que en su patio trasero.

Rusia tiene una oferta que Grecia no puede rechazar

La presencia de ministros y políticos griegos en Moscú forma ya parte del paisaje corriente de la capital rusa. A principios de esta semana el visitante fue Panagiotis Lafazini, ministro de Energía, que acudió acompañado de Thanasis Petrakos, un diputado de Syriza. Pero la gran cita es la semana que viene, el 8 de abril, cuando se celebre la cumbre entre Tsipras y Putin.

En Washington están que se suben por las paredes. No hay más que leer la entrevista del diario polaco Dziennik Gazeta Prawna al incombustible Brzezinski quien, junto con Kissinger, es el ágora de la estrategia imperialista de las últimas décadas. Veamos una de sus respuestas:

“Una Grecia amiga de Moscú podría retardar e incluso paralizar con su veto la respuesta de la OTAN a una violación de la defensa colectiva. Tras la anexión de Crimea en 2014, Rusia podría dirigir su apetito hacia Moldavia, Georgia y Azerbayán, tras lo cual los países bálticos y Polonia, miembros de la Alianza Atlántica, podrían convertise en un objetivo”.

El artículo 5 del Tratado fundacional de la OTAN prevé una respuesta colectiva de la organización imperialista ante una agresión a cualquiera de sus 28 miembros, aunque en su seno está previsto que la decisión se adopte por unanimidad, lo cual significa que Grecia podría paralizar la respuesta militar, al menos durante un cierto tiempo.

Brzezinski no menciona a Ucrania porque aún no forma parte de la OTAN, pero los esfuerzos del imperialismo por introducirles dentro de la Alianza resultarían inútiles si el 8 de abril Tsipras llega a un acuerdo estratégico con Putin.

Las palabras de Brzezinski contribuyen a poner la crisis griega en su verdadera dimensión que, desde luego, va mucho más allá de las deudas, el déficit, el Banco Central Europeo y la Unión Europea. Además, en el conflicto está claro que Grecia puede jugar muchas más bazas de las que Alemania sospechaba. Incluso se podría decir que esas bazas son de peso.

Syriza tiene encima encima de la mesa en Atenas un programa de cooperación ambicioso con Rusia y China que va mucho más allá de las deudas económicas y que, a buen seguro, el miércoles de la semana que viene Putin le va a confirmar y del que forma parte la posibilidad de suministrarles todas las armas que Grecia necesite.

Esa oferta es lo que explica una enigmática frase que Brzezinski deja caer en su entrevista: si Grecia firma un acuerdo estratégico con Rusia, a quien le puede interesar que salga de la OTAN es al imperialismo.

Grecia se endeudó para comprar armamento a Alemania

Marco Antonio Moreno

Mientras Grecia ha sido forzada a aplicar recortes masivos en los salarios, las pensiones y el gasto público, las presiones de la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo para que no retarde sus pagos a los proveedores de armamentos, está conduciendo al país a un empobrecimiento sistemático. Grecia es el país que más gasta en armas en Europa y durante décadas su gasto militar fue el segundo más alto de la OTAN (solo detrás de Estados Unidos). Desde la crisis que estalló en 2008 el presupuesto en defensa se ha reducido de los 7.500 millones de euros de 2009, a 5.500 millones de euros en 2014, cuando la relación gasto militar/PIB se redujo al 2,3 por ciento y Grecia, por primera vez, ocupó el tercer lugar en gasto militar tras Estados Unidos y el Reino Unido.
Antes de la crisis, el gasto militar de Grecia llegaba al 4 por ciento del PIB, y era, de lejos, el más alto de Europa. La media para los países europeos está en el 1,6 por ciento del PIB, de acuerdo a la OTAN. Ha sido este elevado gasto militar lo que ha llevado al país a la bancarrota. Con 11 millones de habitantes, Grecia tiene un ejército de 150.000 soldados y la sorprendente cantidad de 1.620 tanques, en su gran mayoría, Leopard 1 y Leopard 2, de procedencia alemana.
Si Alemania tuviera un ejército de las mismas dimensiones, con sus 82 millones de habitantes debería tener 1.400.000 soldados y casi 10.000 tanques. Sin embargo, el ejército alemán tiene 180.000 soldados y la cuarta parte de los tanques que tiene Grecia: 400 unidades. Es decir, Grecia tiene más tanques que Alemania, Francia e Italia juntas. Esto confirma que el problema de Grecia no ha sido el despilfarro público, o que sus habitantes “vivan por encima de sus posibilidades”. El gran problema de las finanzas griegas es el enorme gasto militar que le impone la OTAN, para movilizar recursos financieros hacia Alemania y Estados Unidos.
En los últimos 10 años, Grecia ha importado equipamiento militar por un valor superior a los 12.000 millones de euros. Entre los años 2005 y 2009, el país heleno fue el número 5 en la lista de los mayores importadores de armas del mundo. Estas compras benefician principalmente a las empresas de Alemania y Estados Unidos. Casi el 70 por ciento de su armamento bélico, Grecia lo adquiere de empresas alemanas y estadounidenses. Las alemanas ThyssenKrupp y Krauss-Maffei Wegman (KMW), proveen los submarinos y los tanques de batalla Leopard, mientras la estadounidense Lockheed Martin los cazabombarderos F-16, y Boeing, los helicópteros de ataque Apache Longbow. Pese a los planes de austeridad y recortes presupuestarios, Grecia sigue siendo un sólido consumidor de la industria bélica de Alemania y Estados Unidos.
Fuente: El Blog Salmón, 20 de marzo de 2015, 
http://www.elblogsalmon.com/economia/grecia-y-lo-que-no-se-dice-de-su-gasto-militar

Syriza no se baja los pantalones…

… siempre los llevó a la altura de los tobillos. Que nadie hable luego de «traición» porque Syriza nunca trató de engañar a nadie. Lo dijo bien claro desde el primer minuto. Que los demás se engañaran a sí mismos y trataran de engañar a terceros, es bien distinto.

Nada más hacerse cargo del Ministerio de Finanzas, Yanis Varufakis dijo que nadie podría forzar a Grecia a salir del euro. Es, pues, evidente: Syriza no tenía ninguna intención de abandonar la moneda única, e incluso se resistiría a ello a pesar de las presiones.

El gobierno de Syriza se ha comprometido, además, a hacer frente a la deuda contraída con el Fondo Monetario Internacional. Quieren pagar hasta el último céntimo a todos los especuladores internacionales que han comprado la deuda griega.

En fin, Tsipras, Varufakis y Syriza están llenos de las mejores intenciones. Nadie les puede reprochar nada. No quieren reformar nada porque saben que no pueden hacer nada, que las decisiones están muy lejos de su alcance, y mucho menos albergan la más mínima veleidad anticapitalista.

Entonces los problemas comienzan cuando tratan de cuadrar el círculo mágico, que al ser imposible, se queda en palabrería, en declaraciones oficiales. Ese círculo mágico lo describió Varufakis cuando hace un par de años preguntó en una conferencia cómo es posible que a un parado un banco le conceda un préstamo. Lo que el parado necesita no es un préstamo sino trabajo. Una vez que tenga trabajo se le puede conceder un préstamo.

El trabajo del parado se llama crecimiento económico, pero Varufakis también ha dicho que eso no depende de Grecia, sino de la Unión Europea y, naturalmente, para que la Unión Europea crezca Alemania tiene que cambiar su política económica, que es el caballo de batalla del reformismo que centra sus iras sobre Merkel. Si Alemania lanzara un plan de reactivación económica, el problema de la deuda quedaría resuelto en toda Europa.

El planteamiento me parece algo extraordinariamente llamativo, el mundo al revés: no se trata de que Alemania presione a Grecia, sino de que Grecia presione a Alemania. “Grecia puede obligar a Europa a que cambie”, dijo Varufakis el 20 de enero en una entrevista al diario financiero francés La Tribune. ¿Hablaba en serio?

Son las famosas secuelas de aquel «Otro mundo es posible» que consiste en suponer que no es necesario cambiar casi nada porque basta con modificar la política económica, como el New Deal de hace 80 años. A su vez, para cambiar la política económica de un país basta con cambiar de gobierno. Para ello lo que debemos hacer es votar a los Syrizas locales, ese desfile de nuevos partidos que sueñan con hacerse con un hueco bajo el sol.

Para coleccionar votos hay que lanzar un mensaje bien sencillo que no falla nunca y que consiste en decir a las masas lo que quieren escuchar: que es posible un empate, o sea, que de la crisis del capitalismo se puede salir sin que nadie salga perjudicado, ni los obreros ni los capitalistas, ni los pensionistas ni los bancos, ni los acreedores ni los deudores, ni los importadores ni los exportadores… Nadie absolutamente.

Varufakis lanzó un jarro a agua fría sobre la espalda cuando nos dijo que sus pretensiones no llegaban ni siquiera a la altura del New Deal de hace 80 años. Nada de gasto público y nada de inversión pública: todo va a depender de los capitalistas particulares. A ellos debemos encomendarnos para salir del atasco, es decir, a los mismos que nos han metido en él. Por eso Varufakis siempre ha dejado claro que Syriza no tenía ninguna intención de revertir las privatizaciones, es decir, el saqueo de la propiedad pública que los gobiernos de Grecia han llevado a cabo durante años para pagar las deudas.

Cuando un nacionalista como Varufakis habla de inversión privada, se refiere a la inversión extranjera, o lo que es lo mismo: Syriza prefiere poner a Grecia en manos de extranjeras antes que en manos públicas.

¿Qué debe hacer Grecia para que los especuladores internacionales inviertan allá y no en otro país? Convertirlo en un paraíso atractivo para la voracidad monopolista con bajos salarios, despido libre, trabajo precario, reducción de las prestaciones sociales,  incremento de la jornada de trabajo, etc.

Es verdad que eso ya lo han puesto en práctica los anteriores gobiernos griegos sin recurrir a Syriza. Pero si aún queda algún margen para apretar el cinturón a la clase obrera, les corresponde a ellos ponerlo en marcha. Ese es el papel que le corresponde desempeñar a Syriza en Grecia, el mismo de siempre. El capitalismo no cambia y el reformismo tampoco.

El Banco Central Europeo se prepara para que Grecia abandone el euro

El Banco Central Europeo está llevando a cabo preparativos para afrontar la salida de Grecia del euro, incluyendo simulaciones por parte los técnicos del instituto emisor sobre cómo afectaría al resto de países de la eurozona, según una información a la que ha tenido acceso la revista alemana «Der Spiegel».
La revista alemana destaca la fuga de depósitos sufrida por las entidades del país heleno, a pesar de que desde Frankfurt el Banco Central Europeo ha desmentido la imposición de controles de capital en Grecia.
La fuga de depósitos sufrida por los bancos griegos se ha acelerado en los dos últimos días hasta superar los 1.000 millones de euros cuando apenas falta algo más de una semana para que expire el actual plan de asistencia que prestan a Grecia sus socios de la zona euro.
El Fondo Monetario Internacional sostiene que la salida de Grecia de la zona euro sería manejable, después de que los europeos hayan levantado en los últimos años los cortafuegos necesarios para evitar el contagio de la crisis.    
Las absurdas noticias cotidianas acerca de la deuda griega, como la mayor parte de las noticias sobre economía, tienen en común que presentan a los efectos como causas y a las causas como efectos porque es la major manera que encubrir la verdadera situación de bancarrota. Lo que nadie está explicando es lo siguiente:
a) la crisis económica griega ni es económica ni es griega sino que es una crisis del capitalismo, que es un sistema mundial, o sea, imperialista

b) dicha crisis es mucho más que una crisis económica; es también una crisis política internacional que afecta, en particular a la Unión Europea, y que se manifiesta crudamente en sus eslabones más débiles, como Grecia, entre otros

c) dicha crisis tiene consecuencias sobre el capital financiero, cuya bancarrota multiplica la profundidad de la crisis

d) el capital financiero es parte integrante del capitalismo monopolista de Estado; ante el hundimiento del capitalismo el Estado nacionaliza las pérdidas y por lo tanto las deudas que se contraen para pagarlas, como hizo Grecia en 2012, por lo que parece que las deudas privadas son públicas, o sea, que quien debe pargarlas es Grecia, lo cual es falso

e) los prestamistas hacen lo mismo: ante la imposibilidad de cobrar las deudas, las nacionalizan y se comprometen a pagarlas si los deudores no las pagan, lo cual supone asegurar que el capital financiero tendrá beneficios en cualquier caso

f) la intervención de la Unión Europea, además de reforzar el círculo vicioso de la deuda, tiene un efecto enmascarador: compromete a unos Estados respecto a otros (y contra otros) por lo que parece que las responsabilidades son ajenas, exteriores; pero tanto en los deudores (Grecia) como en los acreedores (Alemania, España) no hay más que un responsable de la situación, que es político: los gobiernos respectivos
Las deudas son impagables, tanto las de Grecia como las de los demás países europeos porque la quimera que ha alimentado hasta ahora al capitalismo es eso exactamente: una quimera. Todas las ensoñaciones de la teoría económica burguesa se fundamentan en una concepción cíclica de la crisis, es decir, que nos encontramos en «los malos tiempos», una fase pasajera del ciclo económico.
Pero hace 100 años Lenin demostró que en su etapa imperialista, la crisis forma parte del propio capitalismo, que no puede salir de ahí, salvo mediante la guerra. La famosa «salida a la crisis» consiste en salir del capitalismo, para lo cual es imprescindible la revolución socialista.

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