Estados Unidos también presiona a Grecia

Por si no tuviera bastante con las presiones financieras procedentes de Bruselas, también Estados Unidos aprieta las clavijas a Grecia, según ha denuciado el ministro de Energía de Syriza Panagiotis Lafazanis.

En declaraciones a la prensa rusa el ministro griego ha manifestado el interés de su país por la prolongación del gasoducto que la empresa rusa Gazprom va a tender hacia Turquía, denominado “Turkish Stream”. Sin embargo, ha reconocido que sus intenciones no son del agrado de Washington, desde donde están recibiendo presiones para disuadirles del proyecto.

“Ejercen una presión muy fuerte”, dijo Lafazanis al diario Ria Novosti tras una conferencia de prensa en Moscú. Pero no parece que las presiones hayan surtido efecto hasta la fecha: “Nosotros consideramos que se deben abrir todos los corredores [de gas] para Rusia”, añadió.

El ministro griego precisó que no consideraba que el gasoducto “Turkish Stream” compitiera con con el transadriático (TAP) porque éste no podría cubrir las necesidades europeas de gas natural.

El gasoducto no está al margen de los problemas financieros de Grecia, por lo que Lafazanis ha reconocido que Grecia pretendía obtener de Rusia una reducción de las tarifas del gas suministrado a partir del año que viene, así como una reducción de los volúmenes comprometidos según los contratos ya cerrados entre ambos países (“take or pay”) o, dicho con otras palabras, los anteriores gobiernos griegos firmaron contratos con Rusia para que los griegos pagaran unas determinadas cuotas mínimas de gas, tanto si lo consumían como si no.

A finales del año que viene Gazprom tiene previsto poner en funcionamiento una nueva tubería que llegará hasta la frontera greco-turca, un proyecto que compensaría en parte el abandono europeo del proyecto “South Stream”.

En febrero el consejero diplomático de Putin, Yuri Uchakov, declaró que en varias ocasiones Moscú y Atenas habían abordado conjuntamente cuestiones como la guerra en Ucrania y el abandono de proyecto “South Stream”, es decir, dos asuntos que conciernen a la Unión Europea en su conjunto, así como su independencia energética.

Putin felicitó a Syriza por su reciente victoria en las urnas e invitó a Tsipras a visitar Rusia con un ojo puesto en un proyecto que en el Kremlin también consideran estratégico.

En diciembre del pasado año durante una visita a Turquía el presidente ruso anunció la suspensión del gasoducto “South Stream” y la alternativa prevista ante ello, que consiste en conducir el gas por Turquía hasta las mismas puertas de Grecia.

El gasoducto “South Stream” debía unir a las costas rusas del Mar Negro con Italia sorteando el paso por Ucrania, por donde hoy circula la mitad del gas ruso que llega a Europa y que ya ha padecido varios cortes de suministro a causa del impago de Ucrania, del desvío y del robo.

En Bruselas no hicieron más que poner excusas para frenar el tendido de la tubería “South Stream”, que ya estaba comprometido desde hacía muchos años, lo que suscita dos cuestiones. La primera es que la construcción de la tubería del sur se paralizó cuando Alemania ya tenía la suya propia por el norte, que le asegura el suministro de gas ruso de manera discriminatoria y absolutamente injustificada.

La segunda es que si ahora Grecia sufre presiones de Estados Unidos para que le llegue gas ruso procedente de un gasoducto más bien modesto, como es “Turkish Stream”, cabe sospechar que esas presiones acrecentadas también estuvieron presentes en la decisión de Bruselas de paralizar un proyecto mucho más ambicioso como “South Stream”.

El gran beneficiario del cierre de “South Stream” es Turquía que deja un enchufe de su línea justo en la frontera de Grecia como un caramelo delante de la boca del niño, no sólo para sus vecinos sino para la propia Turquía: si alguien como Grecia quiere engancharse al gasoducto, Turquía se lleva un seis por ciento de beneficios por el transporte, una cantidad fabulosa de dinero sin dar un palo al agua. Cuando se abra el grifo del gas, Turquía se habrá convertido en el segundo cliente de Rusia, detrás de Alemania.

La geopolítica actual está marcada por ese tipo de tuberías, como en otros tiempos estuvo marcada por las rutas marítimas. Tanto si “South Stream” prospera, como si lo hace “Turkish Stream”, Grecia habrá obtenido un triunfo significativo. Ya no será un rincón sino que se habrá puesto en medio del tablero. En esta apuesta la gran perdedora es Ucrania que, a pesar de su privilegiada situación, queda completamente fuera de juego. La geografía no lo es todo.

La presencia de las marionetas fascistas en el gobierno de Kiev y su cerrada sumisión a Washington pueden comprometer el futuro del país durante muchos años. La política sí lo es (casi) todo.

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